Capítulo XXV: Autocontrol
XXX
XX
La lluvia no se había detenido en ningún momento desde la noche y aún así Aburame Shiro no detendría el entrenamiento.
Eran las cinco de la mañana cuando vio llegar al campo de entrenamiento a una azabache con una sombrilla y un abrigo que le llegaba hasta las rodillas.
No importaba el clima ni el horario, el entrenamiento seguiría a pesar de todo. Tsunade le había indicado no solo el estado de salud de su alumna, sino que también le había informado cómo fue el ataque que sufrió todo su equipo.
—Shiro-sensei ¿Es necesario seguir con este clima? —Se quejó Suki acercándose a su sensei que descansaba apoyado contra uno de los árboles del lugar.
—Sí.
Era súper necesario, más aún cuando el conocía a la ninja que los había atacado. Sabía que si esa mujer no pudo completar su trabajo aquella vez, regresaría para terminarlo en cualquier momento.
—De acuerdo —Se lamentó la menor dejando la sombrilla colgando de una de las ramas— ¿Qué tiene pensado para hoy?
—Aumentaremos un poco el nivel —Decidió— ¿Cuánto duró el entrenamiento ayer?
—No lo sé —La azabache rascó su coronilla mientras trataba de recordar— ¿Ocho horas?
—Fueron seis —Corrigió—. Pero veo que das más, así que haremos doce horas hoy.
—¡¿Doce?! —Chilló aterrada la menor—. Creo que se le está yendo la mano ¿No? Va a matarme.
—Todo lo contrario, vas a morir si no entrenas lo suficiente —Comentó con tranquilidad—. Comencemos.
Ambos salieron de la protección que les brindaba el árbol y, posicionándose uno frente a otro a una distancia de varios metros, dieron inicio al entrenamiento de ese día.
Fueron horas en las que Suki, manteniendo el Sharingan activo, debió esquivar el ataque de varios tipos de insectos a la vez que recibía y devolvía ataques a su sensei. Ella sabía que él estaba conteniendo su verdadero potencial, Aburame Shiro era hábil en rastreo y una bestia en enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Incluso en los momentos que ella debía detenerse porque el pecho comenzaba a dolerle, Shiro tomaba la oportunidad para mandar una ola de insectos que la empujaban de un lado a otro.
No fue hasta el medio día que cayó al suelo boca arriba, de piernas y brazos estirados, y ya no pudo levantarse más. La lluvia había disminuido hasta convertirse en una tranquila llovizna que acariciaba su rostro con cuidado.
—¿Uh? —Las pequeñas gotas se habían detenido de repente y abrió con cansancio sus ojos encontrando un rostro conocido— ¿Vienes a salvarme de esta tortura?
Shino la observó estando de pie a su lado, notando las marcas de golpes y cortes en su rostro. Levantó la cabeza y cuando sus ojos conectaron con los del mayor se atrevió a preguntar.
—¿No crees que te estás excediendo, hermano?
—No —Contesto Shiro con indiferencia—. En realidad le está yendo mejor de lo que esperé.
—¿Gracias? —Murmuró la azabache que aún no podía moverse.
Ambos la miraron unos segundos antes de que el mayor de los hermanos volviera a tomar palabra.
—¿Qué haces por aquí? —Preguntó al Aburame menor notando la caja que llevaba el otro en una de sus manos.
—Tu esposa fue a casa, me pidió traer su almuerzo ya que ella debía partir a una misión.
—Bien, podemos tomarnos unos minutos de descanso entonces —Decidió. Tomó la pequeña caja para sacar una de las bandejas y se alejó con total tranquilidad al resguardo de un árbol.
—Suki —Llamó Shino a la azabache— ¿Quieres comer?
—¿Tengo que moverme? —Renegó con un tono bajo de voz.
Sentía que estaba a nada de caer dormida allí mismo.
De pronto su cuerpo fue sujetado de la cintura y luego la alzaron, pero no se preocupó porque sabía que sería su compañero de academia, además estaba demasiado cansada como para poner algo de resistencia.
Shino la llevó con uno de sus brazos hasta estar cubiertos de la leve llovizna y recostó a la chica contra el mismo árbol que utilizaba su hermano.
—Toma, come —Dijo Shino dejando la bandeja sobrante acomodada en las piernas de la menor.
Suki se quejó, murmurando insultos y maldiciones que ninguno entendió por su mala modulación. Los hermanos la miraron con confusión, pero lo dejaron pasar al segundo.
El Aburame menor acomodó lo que restaba en la caja, eran algunas cosas que servían para tratar las heridas guardadas pulcramente en una bolsa. Una vez tuvo todo listo se posicionó a la altura de la azabache y comenzó a limpiar los cortes y manchas de suciedad, que llevaba horas acumulando, mientras ella se dedicaba a comer muy lentamente.
Le dolía hasta masticar.
—Estás muy lastimada, debes tener más cuidado o terminarás llena de cicatrices —Recomendó Shino completamente enfocado en su labor.
—No me digas a mí, tu hermano es un jodido animal —Se defendió dirigiendo una mirada acusadora a su sensei.
Shiro solo la observó, le parecía divertida esta nueva faceta de su alumna que parecía no tener filtro alguno en sus palabras.
Los minutos siguieron transcurriendo, haciendo que Shino los dejara solos una vez más para continuar con el entrenamiento.
—Vamos, que solo quedan cinco horas para terminar —"Alentó" Shiro. Suki lo miró en reproche, mas no dijo nada por miedo a que se le dé por añadir más tiempo—. Tú sabías a lo que te enfrentarías por no practicar en mi ausencia, así que ahora muévete y no llores.
Le indicó lo que tendría que hacer y en base a ello pasó las siguientes cinco horas corriendo por la arboleda espesa del lugar, intentando ocultarse y también evadir diferentes tipos de ataques tanto del Aburame como de sus insectos.
La lluvia había vuelto a caer con bestialidad cuando solo faltaba una hora para finalizar, fue sin dudas lo peor del día. Ni siquiera el Sharingan era tan eficiente cuando no podía moverse tan libremente por la incomodidad de su ropa mojada; por otro lado también le había jugado en contra con el entorno, había resbalado en innumerables ocasiones y en dos de ellas cayó desde las ramas más altas.
—Es todo por hoy, buen trabajo —Felicitó el mayor apareciendo al lado de la moribunda chica tirada en el suelo.
—¿Ya puedo morir en paz? —Bromeó con dificultad la azabache.
—Te advertí del castigo por no entrenar —Se oyó una nueva voz entrando a escena.
—Akiyoshi, cuida lo que dices o te consideraré cómplice —Amenazó Suki. Quería sonreir, pero estaba demasiado cansada y adolorida para eso.
—Espero que hayas empezado tu estudio de ninjutsu médico —Comentó su sensei haciéndola poner los ojos en blanco. Claro que no lo había hecho—. Akiyoshi, esperemos la llegada de Katsuro y empecemos con su entrenamiento.
Suki recordó lo sucedido en la madrugada, cuando encontró al azabache tras su ventana ¿Dónde habrá ido? ¿Por qué lucía tan apurado? ¿Acaso alguien lo seguía?... ¿Y quién era "él"?
No podía con eso sola, necesitaba ayuda y ella conocía a un genio.
Akiyoshi se acercó a ayudar a su compañera al notar que trataba de ponerse de pie. No debía ser detallista para ver que hasta realizar esa acción le costaba trabajo.
—Katsuro no vendrá —Les avisó la menor y rápidamente cambió de tema para evitar preguntas—. Oiga ¿Por qué a ellos los entrena por separado?
—¿Por qué no viene ahora? —Preguntó extrañado el Hyuga recibiendo un vago "dijo que tenía cosas que hacer".
Y no mentía, pero es que ni siquiera ella sabía la razón de su huida. Por otro lado, no le correspondía hablar por él. Ya volverá y se hará responsable de sus actos.
—Entrenan por separado porque sus necesidades son diferentes —Le explicó Shiro sin dar detalles de más—. Descansa antes de irte o no llegarás ni a salir de aquí antes de desmayarte. También hazte un favor y estudia.
—Sí, sí... —Respondió desganada.
Los tres salieron de la arboleda y, después de que el castaño ayudo a su amiga a sentarse contra uno de los árboles, comenzó el entrenamiento del Hyuga.
Suki se había convertido en una espectadora, analizando los ataques y defensas de cada uno, tratando de memorizar algunos de ellos con el uso de su Sharingan. Necesitaba concentrarse. Pero no podía evitar pensar en lo cargado que le resultó el día anterior.
Se negaba a cerrar los ojos, porque sabía que en la oscuridad recordaría la expresión rota de Katsuro. Y era todo culpa suya.
Pero después recordaba los labios de Shisui, su toque delicado y lo atento que fue al aparecerse en su cuarto solo para cerciorarse que esté bien. Eso la envolvía en una agradable sensación.
Necesitaba hablar con Shisui y aclarar su relación.
Y todo era trágicamente bello. Un espiral de sentimientos que no sabía controlar del todo.
Por eso mismo, cuando recuperó la energía suficiente, se despidió de su equipo y partió directo a la casa de su consejero de confianza. Necesitaba alguien que le acomode las ideas o terminaría volviéndose loca antes de que termine el mes. Culparía al clima, los días lluviosos siempre la volvían demasiado pensativa, pero ya no quería ser la misma idiota que buscaba un culpable externo para todo problema propio.
Las calles estaban vacías, algo obvio debido al clima, pero juraría haber visto algo por el rabillo de su ojo derecho mientras pasaba junto a uno de los callejones de la aldea. Sin embargo, al voltear no había nada.
"Evita por todos los medios estar sola y aléjate de cualquier extraño que intente acercarse a tí. Pero por sobre todas las cosas, no te acerques a la oscuridad, en ella él tiene el control."
Y solo eso bastó para iniciar la paranoia.
Se ajustó el abrigo, apretó la sombrilla hasta que le dolieron las manos y aumentó la velocidad de sus pasos a un punto que ni ella sabía que era capaz de alcanzar. Solo pocos minutos y ya estaba golpeando como desquiciada la puerta de la casa de su amigo.
—Suki, que sorpresa —La saludó la mujer abriendo la puerta de su hogar.
—Buenas tardes, Yoshino-san —Saludó con educación la azabache a la madre de su mejor amigo— ¿Está Shikamaru en casa? Necesitaba hablar de algo con él.
—No, pero regresará pronto, lo mandé a com... —La mayor dejó la frase al aire, comenzando a mirar con más detenimiento a la adolescente— ¡¿Pero qué te pasó?!
Suki no sabía a qué se refería exactamente, aunque tampoco tuvo tiempo de averiguarlo antes de que la mujer la metiera dentro de la casa y, después de casi obligarla a quitarse el calzado, la arrastró hasta el baño diciéndole que enseguida le traería una muda de ropa limpia y seca.
La Uchiha quedó perdida en sus dudas hasta que vio su reflejo en el espejo de pared arriba del lavado. Su rostro, que era la única parte de su cuerpo a la vista, estaba más arruinado de lo que esperaba. Marcas de golpes, barro de todas las veces que Shiro la hizo aterrizar de cara contra el suelo, varios raspones y cortaduras pequeñas le recordaban lo filosas que eran las alas de algunos insectos. Lo que más llamó su atención fue el rayón extenso desde su pómulo derecho hasta la quijada, un muy lindo recuerdo de una de las veces que cayó de los árboles.
—Shiro-sensei es, sin duda alguna, un desquiciado —Masculló pasando sus dedos cuidadosamente por todo su rostro.
Suspiró deseando que el choque del agua caliente contra las heridas no resulte doloroso y se adentró a la ducha, regulando la temperatura del agua hasta que encontró la ideal. Varios minutos después salió, notó que Yoshino había traído una toalla junto a la ropa, se secó y cambió.
Para cuando salió del baño se encontró con que la puerta del cuarto de Shikamaru estaba abierta, así que tomando eso como luz verde, entró en ella para dar con que el Nara estaba arrojado sobre su cama como el buen vago que era.
—¡Llegó por quien llorabas! —Exclamó Suki extendiendo los brazos buscando la atención de su amigo.
—¿Ahora que hiciste? —Le preguntó con suspicacia sentándose a la orilla del colchón. En cuanto lo hizo la observó de arriba a abajo frunciendo el ceño—. Además de robarme la ropa.
—¿Debería ofenderme por tu suposición? —Preguntó cruzando los brazos sobre su pecho antes de sentarse en el suelo, usando el costado de la cama como espaldar—. No es mi culpa que tu ropa me quede mejor a mí que a tí.
El chico se hundió de hombros, dejando la respuesta al aire, y recibió un golpe en el brazo por parte de su amiga.
—Mi madre dejó algunos apósitos —Recordó Shikamaru arrojando la pequeña bolsa en las piernas de su amiga—. Cúbrete esas heridas antes de que termines abriéndolas aún más.
Suki puso los ojos en blanco por lo mandón que resultaba ser su amigo cuando quería y comenzó a vendar los cortes más profundos de sus brazos, manos y piernas. Las de su estómago podían esperar, no pensaba levantarse la camiseta frente a su amigo y menos aún cuando era conciente que en ese momento no llevaba sujetador y había una cortadura que surcaba el lado de uno de sus pechos.
—¿Cómo vas con el entrenamiento? —Preguntó el de coleta y recibió la mirada confusa de su amiga—. Akiyoshi nos lo comentó ayer.
—Oh, necesito juntarme con las chicas —Murmuró para sí misma. Los chicos solían reunirse regularmente y ella hace tiempo que no se reunía con sus amigas—. Con respecto al entrenamiento... si aparezco muerta, piensa en mi sensei como principal sospechoso.
—Si apareces muerta el principal sospechoso serías tú —Se burló Shikamaru viendo lo lastimada que estaba la azabache.
—¡Shikamaru! —Gritó Yoshino quien justo llegaba con una bandeja en manos—. Discúlpalo, Suki, ya sabes como es a veces.
—No se preocupe, ya estoy acostumbrada a que haga esa clase de comentarios —Le restó importancia con amabilidad.
Pero ambos adolescentes vieron como los ojos de la mujer arrojaron cuchillas a su hijo. Shikamaru tragó con dificultad, temiendo lo que le esperaría más tarde, mientras Suki sonrió gustosa por la situación.
Yoshino les dejó la bandeja con dos tazas de té y unos bocadillos caseros. Luego se fue, pero su mirada no se despegó de su hijo hasta que desapareció por el pasillo.
—Vas a provocar que me mate —Acuso el Nara.
—Cavaste tu propia tumba, sabes que tu madre me ama —Se regocijo Suki en la reciente situación.
Ambos guardaron silencio unos minutos disfrutando de la compañía silenciosa del otro. O algo así, la azabache no dejaba de tararear por lo bajo mientras terminaba de vendar lo necesario mientras Shikamaru se acomodó a su lado para beber el té con calma.
—¿Y cómo estás? —Preguntó Suki dejando las cosas a un lado cuando terminó—. No te he visto por unos cuantos días.
—Que fastidio, no quiero siquiera pensar en eso —Bufó el chico dejando caer su cabeza hacia atrás—. La Hokage nos envió a una misión fuera de la aldea y al volver me eligió como alguna clase de guía para la hermana del Kazekage.
—¿Uh? ¿La rubia del abanico gigante? —Preguntó asombrada. Hace mucho que no veía a esa chica, recordaba admirar su actitud dominante.
—Sí, parece que es la organizadora de los examen Chunin de éste año y tuve que acompañarla por los días que estuvo presente en la aldea —Comentó el Nara con desinterés. Terminó su té de un solo trago y volvió a dejar la taza sobre la bandeja—. Se llama Temari, por cierto, no "rubia del abanico gigante".
—Que interesante —Asintió la Uchiha llevando un bocadillo a su boca para evitar la sonrisa burlesca que intentaba escapar— ¿Y para cuándo la boda con la rubia del...? Ay, lo siento, cierto que quieres que le llame Temari.
Shikamaru la observó con molestia y no dudó en dirigir un almohadazo directo a su cabeza haciéndola caer hasta estamparse de lado contra el suelo. Y en esa misma posición comenzó a reírse como toda una sinvergüenza, parecía que no le dolía el cuerpo hasta con el mínimo movimiento.
—Nunca te cansas de decir estupideces ¿No, problemática?
—¡Oh! ¡Vamos! Nunca me dijiste que alguien te haya gustado alguna vez —Reprochó Suki volviendo a acomodarse como lo estaba antes del ataque—. Ahora solo bromeaba, pero en algún momento va a ocurrir. Quién dice que esa Temari no podrá hacer arrancar ese corazón perezoso que llevas.
Shikamaru la observó con seriedad y amagó a golpearla otra vez cuando notó que planeaba volver a abrir la boca.
—Si tanto quieres hablar de este tema mejor cuéntame los avances de tu tan estable vida amorosa —Comentó el Nara con un tono de voz que aclaraba que esa estabilidad era casi nula.
—Dejé a Katsuro.
—¡¿Qué?!
No se esperaba eso, pensó que a su amiga le iba a llevar mucho más tiempo. Tardó tres semanas en confesarle que las demás chicas sabían de su relación, esperaba que le lleve mínimamente un mes el romper con el Uchiha.
—Sí, ayer —Asintió algo desganada, jugando con su taza recordando ese momento—. Fue un día de altibajos.
—¿A qué te refieres? —Inquirió recostándose más cómodamente contra el costado de la cama.
—Tsunade-sama me dijo que tengo déficit de atención, pero leve —Comenzó la azabache, enumerando con los dedos cada suceso—, regresó Shiro-sensei y comencé los entrenamientos, rompí con Katsuro, me confesé a Shisui, besé a Shisui, volví a pelear con mi padre, encontré a Shisui en mi cuarto al salir de ducharme y Katsuro golpeó mi ventana en la madrugada para decir algo que no entendí.
Shikamaru pareció quedarse pasmado, sin saber exactamente a qué de todo ello responder primero. Sus ojos escanearon a Suki con un poco de incredulidad ¿Cómo podía verse tan tranquila después de todo eso cuando antes se alteraba por la más mínima cosa que le ocurría?
—¿Qué es eso que dijo Katsuro que tú no entendiste? —Acabó preguntando mientras Suki terminaba su propio té y dejaba la taza vacía a un lado de la de él.
—Bueno... no recuerdo las palabras exactas —Pensó picando su barbilla unas cuantas veces—. Pero básicamente me dijo que no esté sola, que tenga cuidado con los extraños y algo muy raro de que me aleje de la oscuridad porque ahí "él" tenía el control.
—¿"Él"? —Frunció el entrecejo extrañado— ¿Quién es ese?
—Si lo supiera te lo diría —Se hundió de hombros largando un largo suspiro.
—Ve y pregúntale —Sentenció como si fuese lo más obvio del mundo.
—Se fue —Contó, verificando de un rápido vistazo que no haya nadie en el pasillo—. No tengo idea alguna ni dónde fue ni si se fue solo o con alguien más. Lo que sí sé es que lucía apurado, que volverá pronto y dijo que iba a "explicarme mejor".
Ambos guardaron silencio unos minutos, Suki reanudando la escena en su cabeza para asegurarse de no estar olvidando nada importante y Shikamaru tratando de resolver el rompebezas, pero aún le faltaban varias piezas para lograr completarlo.
—Debe tener alguna relación con la primera vez que desapareció —Determinó él, uniendo piezas en su mente—. Pero si ésta vez tuvo la necesidad de advertirte que tengas cuidado es porque hay alguien más implicado en ésto.
—¿Sabes? No puedo evitarlo, pero... —Suki apoyó su cabeza en el borde de la cama mientras trataba de ver el exterior pero no lograba ir más allá de las gotas incansables golpeando la ventana—. Ésto me hace sospechar de Sasuke.
Shikamaru la observó confundido, sin entender cómo había llegado a eso, pero antes de preguntar algo su amiga siguió hablando.
—No quiero hacerlo, en realidad no quiero pensar mal de nadie —Apretó los labios sintiéndose algo decaída y avergonzada por sus propios sentimientos y dejó caer su vista al suelo—. Pero Sasuke también estuvo comportándose extraño. Algunas noches desaparece, está más temperamental de lo normal y hay como una barrera invisible que nos separa pero tampoco trato de traspasar.
—¿Y no intentaste hablar con él? —Preguntó el Nara. Él no estaba al tanto de ello ya que Sasuke no solía juntarse con los demás como para notar cualquier actitud extraña.
—Hace dos noches le pregunté dónde había estado y empezó con su agresividad a reclamar que me alejara de Katsuro —La Uchiha puso los ojos en blanco, aún estaba molesta por eso.
—¿Agresividad? —Se extrañó el de coleta—. Creí que era así con todos menos contigo.
—Lo era —Bufó en respuesta—. Pero ya no me interesa, que haga lo que quiera, yo tengo a Shisui.
Shikamaru la observó de soslayo, con los ojos entrecerrados y una ceja en alto.
—¡No me mires así! —Recriminó Suki golpeando a su amigo en el hombro—. Me gusta, dijo que él también siente cosas por mí, nos besamos... —Se hundió de hombros, haciendo gestos de altivez—. Oh, y casi me ve desnuda.
Shikamaru abrió los ojos a lo grande de la sorpresa y se ahogó con su propia saliva. Suki ni lo miraba, solo estaba concentrada en alguna imágen mental del azabache que tanto le gustaba.
—¡¿Cómo puedes parecer contenta por eso?! —Exclamó incrédulo cuando al fin logró estabilizarse un poco.
—Llevo años enamorada de él, Shika —Respondió con obviedad—. Y al fin me miró ¡A mí! ¡Uchiha Suki, la que no sabía ni arrojar bien un kunai! ¿Sabes cuantos años llevo imaginando cosas con él? —Preguntó totalmente ida, dejándose llenar de la emoción que le generaba—. Ey, Shika ¿Crees que es demasiado pronto para tener sexo con él?
Ésta vez el Nara no solo se ahogó, también palideció casi de forma instantánea.
—¡¿Acaso estás loca?! —Cuestionó arrojándole un almohadazo aún más potente que el de la última vez.
—No seas anciano, deja de hacer tanto espamento —Se quejó Suki sacándole la almohada de las manos para evitar cualquier futuro ataque—. Quizás deba preguntárselo a él.
—Lo vas a matar —Murmuró Shikamaru sobándose la sien—. Que fastidio. Entiendo que lleves años enamorada y que estés en la edad de las hormonas, pero deberías al menos esperar a tener algo serio ¿No crees?
—No quiero valerme de eso —Contestó la Uchiha abrazando la almohada contra su pecho—. La cercanía a morir te hace cambiar el enfoque. A la muerte no le importa el tiempo ¿Por qué a mí sí? Decidí decir la verdad porque no quiero irme de este mundo con pensamientos presos, y ya no me importa lo que se considere correcto para los demás, lo correcto para mí es serle fiel a tí mismo y no esconder deseos que solo se volverán una carga. Si piensas algo, lo dices. Si quieres algo, lo haces.
—Eso es un pensamiento egoísta —Expresó Shikamaru con sinceridad.
—Deberías intentarlo —Animó Suki mirando a su amigo con una sonrisa.
—Bien. Me gustabas.
Los ojos negros de Shikamaru observaron con curiosidad a su amiga para ver la reacción ante su confesión. Suki, por otro lado, abrió la boca pero tuvo que volver a cerrarla por la falta de palabras, había quedado anonadada, no esperaba para nada algo como eso.
—Ya lo superé, pero sí me gustaste mucho en su tiempo —Siguió el Nara, hundiéndose de hombros como restando importancia al asunto—. También quise besarte, pero no seguiré tu consejo de hacer lo que se quiere porque Shisui me partirá la cara luego.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —Fue lo único que pudo salir de la boca de la Uchiha.
—No me pareció importante y hace un rato dijiste que nunca me había gustado nadie —Comentó con total tranquilidad—. Así que acabas de desbloquear el logro de que una problemática como tú le gustó a un genio como yo.
Esta vez fue él quien recibió un almohadazo de lleno en el rostro de parte de una azabache que reía divertida.
—Cuidado con ese egocentrismo, Shika, o comenzaré a creer que eres pariente mío —Se burló Suki.
—Ya te gustaría, problemática —Le recriminó en respuesta.
—Sí, serías el primo tonto —Rió Suki.
Shikamaru logró recuperar la almohada y lanzó un ataque doble sonriendo con triunfo.
—Vamos, que se está poniendo oscuro fuera y tu "primo tonto" va a llevarte a casa —Sentenció él poniéndose de pie e hizo señas a su amiga para que haga lo mismo.
—Déjame en casa de Shisui —Pidió Suki brincando como niña.
—Claro, él sabrá cuidar muy bien de tí.
—No es eso —Chilló Suki golpeando a su amigo totalmente ruborizada por el doble sentido que le dio a sus palabras—. Al menos no ésta vez. Hay algo que debo hablar con él.
—Bien, solo no le digas que me confesé, aún tengo muchas nubes por ver en mi vida.
Suki rió y ambos salieron en busca de la ropa de la Uchiha que Yoshino se había atrevido a lavar y secar sin esperar consentimiento alguno de la dueña.
⟨Shisui⟩
Vi la hora del reloj de pared en cuanto terminé de ponerme el abrigo, las siete de la tarde y fuera parecía ya de noche por las nubes oscuras.
Hace una hora había regresado de cumplir horario en la policía militar y no quería perder más tiempo del que me llevó prepararme no solo por fuera, sino también mentalmente. Necesitaba hablar con Itachi, y eso planeaba hacer hasta que golpearon la puerta a la vez que me dirigía a abrirla.
—¿Suki? —Pregunté con sorpresa—. Justo estaba yendo a... ¿Qué te pasó?
Llevé mis manos a su rostro y la acerqué un poco hacia mí, viendo los cortes, raspones y golpes en su piel. Pasé mi pulgar con cuidado sobre el raspón más largo y la sentí temblar bajo mi toque.
—Yo me voy —Saludó Shikamaru logrando que lo mire. Hizo una seña de despedida y se alejó acomodando el paraguas por el cambio de dirección de la lluvia—. Te la encargo, Shisui-san.
¿"Te la encargo"? ¿A qué se refiere con eso?
—Perdón por la visita inesperada —Se disculpó Suki y en cuanto nuestros ojos conectaron desvío la vista a otro lado— ¿Tienes tiempo? Quería hablar de algo contigo.
Asentí sin pensarlo dos veces. No importa cuan apurado haya estado antes, ella sin duda ocupaba un lugar importante, estaba por sobre todo lo demás.
Me hice a un lado sin dejar de analizar las leves marcas en su rostro y fui testigo de como el rubor nacía en sus mejillas mientras colgaba el abrigo y su paraguas en el perchero.
—Me pongo nerviosa si me miras tanto —Se justificó en un murmullo cuando notó que estaba mirando su sonrojo.
No pude evitar sonreir por su confesión.
—¿Por qué tienes la cara lastimada? —Pregunté con más tranquilidad entendiendo que si ella actuaba normal no era por nada malo.
—Entrenamiento —Se hundió de hombros con desinterés—. Solo ignora las marcas, son superficiales y desaparecerán pronto. No las cubrí porque si me ven con la cara vendada pensarán que es algo más grave de lo que lo es en realidad.
Asentí concordando con su comentario, si hubiese visto su piel cubierta en cada lugar lastimado me habría preocupado demasiado.
—¿A dónde decías que ibas? —Preguntó dejando su calzado húmedo donde siempre antes de comenzar a caminar conmigo siguiendo sus pasos—. Si es importante puedo esperar.
—A tu casa —Recordé que había dejado la frase a medias cuando descubrí las cortadas—. Pero puedo ir después, no tengo apuro.
O al menos lo tenía hasta que apareció en la puerta de mi casa.
Ambos nos sentamos en la alfombra frente a frente con la mesa ratona entre nuestros cuerpos. Yo me dejé caer un poco hacía atrás, apoyándome sobre mis brazos estirados a mi espalda, y seguí con atención los movimientos de Suki mientras apoyaba sus brazos en la pequeña mesa y dirigía un rápido vistazo al sillón que la hizo sonrojar, seguramente por los recuerdos.
—Trataré de ser lo más directa posible —Aclaró de antemano conectando sus ojos a los míos. Su expresión trataba de verse seria pero era fácil notar sus nervios—. Necesito que me digas en qué dirección piensas llevar nuestra relación.
—¿A qué te refieres con "dirección"? —Pregunté curioso.
—Me gustas, te gusto —Recalcó señalándo a cada uno de nosotros mientras hablaba—. Nos besamos, más de una vez, por lo que ya no hay como ocultarlo. Dime ¿Existe para tí la posibilidad de que entre nosotros haya algo? Te dije que lucharía por tí, pero quiero saber que eso no será en vano.
Suspiré dejando caer un poco la cabeza hacia atrás, pero sin quitar mis ojos de ella y su expresión determinante.
—Te dije que estando conmigo correrías peligro —Comenté con calma, buscando las palabras adecuadas para lo que planeaba decir.
—Eso no me importa —Negó ella con un movimiento de cabeza frenético.
—También debes entender que no es fácil para mí pensar en que eres la hermana menor de mi mejor amigo —Seguí, alzando la mano en petición de que aún no había terminado mi punto—. Y eso implica que eres casi diez años menor que yo.
Su ceño se frunció con cada palabra y no sabía si se sentía molesta u ofendida por lo que estaba diciendo. Entonces golpeó rudamente la mesita con sus palmas, generando un estruendo que aclaraba su molestia.
—Deja de pensar en mí como una damisela en apuros o "la hermana de" —Chilló nuevamente en oposición a mis palabras— ¡No soy una niña! ¡Soy una kunoichi de Konohagakure! Y estoy enamorada de tí.
Pude sentir mi corazón golpear mi pecho, buscando con desesperación unirse al de ella. Suspiré con el conocimiento de que con el idioma no lograría llegar a nada y de un movimiento rápido sujeté uno de sus brazos atrayéndola en mi dirección. Sus ojos me observaron con una inocencia que me atrapó y apoyé con cuidado mi mano restante en su mejilla para después unir nuestros labios en un beso dulce y calmado.
El sabor de sus labios no tenía forma de describirlo, y menos aún las emociones que me generaban. Toda la experiencia vivida desaparecía en esos momentos que solo eramos ella y yo.
Y sabía que aunque quisiera no podría jamás dejar de buscar la calidez que solo ella podía transmitir.
—Pero pese a todo lo que te dije, hay algo que me hace querer ir contra eso —Murmuré contra sus labios al separarnos—. Nada me detendrá de amarte, incluso si tengo que morir por tí —Confesé, conteniendo la creciente necesidad de volver a besarla—. Y no necesitas luchar por mí, porque ambos lucharemos por lo nuestro.
Lo había pensado, durante toda la noche debatí internamente entre lo que creía correcto y lo que quería real. Si ella llegase a correr peligro la protegería sin importar el medio, es la hermana menor de mi mejor amigo y asumiré las consecuencias que ello conlleve, hay una gran diferencia de edad que no dejaré que afecte nuestra relación.
Porque a veces el deseo nubla la razón, pero eso no es motivo suficiente para temer a dejarse llevar.
Sus ojos se expandieron, sumergiéndome en su oscuridad cálida e infinita, y la humedad se implantó en su mirada dando vida a sus emociones. Sonrió, recordándome cuan encantado me tenía de ese simple gesto, y prácticamente se arrojó por sobre la mesa ratona, empujándome con su cuerpo al suelo para terminar sobre mí.
Tuve que dejar las manos en el aire por precaución, lejos de nuestros cuerpos. Suki era una amenaza a mi autocontrol y que estemos en esta posición no sabía si era más peligroso para mí o para ella.
—No deberías hacer eso —Hablé atrapado en su sonrisa—. Es un consejo.
Consejo que no planeaba seguir, obviamente. Todo lo contrario. Apoyó sus manos a los lados de mi cabeza, sirviendo de apoyo, y se acomodó con ambas piernas a los lados de mi cadera usando como asiento mi abdomen bajo.
Agradecí internamente que no se haya sentado más abajo, aunque sí tuve que tomar unas pocas respiraciones controlando mis instintos que no debían salir... aún.
—¡Es que estoy tan feliz! —Rió alegremente y juraría jamás haber escuchado algo tan lindo como su risa—. Aunque al principio me asustaste, creí que te ibas a alejar de mí o algo.
—Aunque quisiera no podría —Sonreí recordando el día que nos besamos por primera vez—. Tampoco me lo permitiría, el que seas mía es un lujo que no voy a perder.
—¡Oh! Conque tuya ¿Eh? Algo posesivo ¿No crees, Shisui? —Susurró cerca de mi oído, erizando mis vellos con su respiración. Ese tono sugestivo destruyó buena parte de mi autocontrol y ella parecía satisfecha de saber lo que estaba provocando en mí.
—Puedes pensarme como tuyo si así lo quieres —Hablé por lo bajo ya que estaba lo suficientemente cerca para oír perfecto—. Pero el pensarte como mía es un instinto profundo que no puedo ignorar.
Ambos buscamos los ojos del otro, el brillo en su mirada era un guía que me decía que había tomado la decisión correcta. Ella se alejó un poco, pasando sus ojos por todo mi rostro y no pude evitar hacer lo mismo. Y es que me parecía tan hermosa que no la creía real a veces, una belleza que iba más alla de lo físico y lograba enloquecer mis sentidos con solo un gesto. Incluso las marcas en su piel quedaban bien. Al observar su boca sentí borbotear dentro de mí una necesidad apabullante y cuando separó sus labios buscando decir algo no pude contenerme más.
Una de mis manos se dirigió a su nuca, atrayéndola hasta chocar nuestros labios, mientras mi mano restante llegó hasta su espalda, empujando su cuerpo contra el mío buscando sentirla. Por un segundo de sorpresa se quedó estática pero rápidamente correspondió el beso, cerrando sus ojos a la vez que yo los míos. Me encantaba mirarla, pero en la oscuridad la sensación de sus labios y mi tacto sobre su cuerpo parecían incrementar.
Nuestras bocas se besaban con necesidad, luchando por dominar la contraria dejando escapar sonidos eróticos. La mano en su nuca apresó parte de su cabello en un puño y pareció gustarle la sensación, dejando escapar un sonido similar a un gemido que me obligó a morder su labio inferior mientras la apretaba más contra mí. Su cuerpo tembló sobre el mío y sentí una de sus manos buscando atrapar mi cabello mientras la otra navegaba por mi abdomen y pecho.
No sé cuanto tiempo nos mantuvimos de esa manera, pero sabía que ambos queriamos llegar a más. Por esa razón, casi coordinadamente buscamos la lengua del otro, siguiendo la batalla de poder, y su mano viajó a la piel bajo mi camisa mientras la mía entró bajo la suya conectando mis yemas con la piel suave de su espalda, cadera y cintura. Me dí el lujo de recorrer su piel sin pudor alguno, pero teniendo siempre en mente que existía un límite incluso en la atmósfera calurosa que empezaba a rodearnos por la humedad de nuestras bocas y lenguas danzando.
Y el límite llegó por mi culpa, o quizás por la pérdida casi completa de mi autocontrol. Había mordido nuevamente su labio consiguiendo ésta vez un gemido de su parte que logró hacerme perder la cordura por un segundo. Y en ese segundo, la mano que estaba disfrutando de su piel apretó con fuerza su cadera y la arrastró más abajo, rozando el peligro.
Reaccioné y me apresuré a tomar sus muñecas entre mis manos para rodar en el suelo a la vez que cortaba nuestro beso. Estando arriba de ella procuré crear distancia entre nuestros cuerpos y dejé sus manos a los lados de su cabeza, atrapados entre mis manos y el suelo.
—Fue suficiente —Sentencié con la voz entrecortada en consecuencia de mi respiración tan acelerada como mi ritmo cardíaco.
Sus mejillas estaban sonrojadas, su cabello desordenado, sus ojos más brillantes de lo normal y el color de sus labios hinchados me estaba haciendo difícil la tarea de pensar adecuadamente.
—A mi no me molestaría seguir —Pronunció con mi misma dificultad.
—Quiero hacer las cosas bien —Planteé empeñándome en nivelar mi respiración—. Necesito hablar con Itachi primero.
—¿Por qué? —Preguntó dejando lucir un tierno puchero en sus labios— ¿Quieres estar conmigo o con él?
Reí por su comentario y me puse de pie, estirando la mano para ayudarla a levantarse.
—No quiero que tengamos que escondernos, estaremos juntos sin que sea un secreto —Expliqué, notándola cabizbaja entendiendo que me refería a la relación secreta que tuvo con Katsuro—. Primero necesito hablar con Itachi, no creo que le sea fácil entender que tengo algo con su hermanita.
La verdad, no sé como puede ser su reacción. Obviamente no sería violenta, no es su estilo, pero sí podría afectarle de alguna manera.
—Entonces yo hablaré con Sasuke —Comentó aceptando mi ayuda para ponerse de pie—. Es un poco terco, pero no creo que genere ningún problema.
Asentí y cuando estaba por comenzar a caminar nuevamente a la puerta recordé algo.
—Espera —Le pedí tomándola del brazo ya que había comenzado a caminar—. Olvidé algo.
Me observó curiosa mientras la acercaba a mí y uní nuestras manos en silencio.
—Suki... ¿Quieres ser mi novia?
El rubor volvió a atacar su rostro mientras dejaba ver la sorpresa en su expresión.
—Sí, sí, sí —Asintió fervientemente y apretó mis manos con emoción.
Sonreí realmente enternecido por su reacción y solté nuestras manos para tomar su rostro con cariño.
—Eres hermosa, Suki-chan —Confesé con un tono juguetón. Sus expresiones eran fantásticas a mis ojos.
Aproveché nuestra cercanía y dejé un beso en su frente antes de depositar un beso casto y tierno en sus labios.
—Ahora vamos a cumplir nuestra primera misión de pareja —Bromeé pasando uno de mis brazos por sus hombros para dirigirnos a la puerta.
—¿Primera? ¿Cuál sería la segunda?
Sonreí por su entusiasmo en esto y ambos nos sentamos para colocarnos el calzado. Piqué su nariz en juego y la vi a los ojos con determinación.
—Hablar con tu padre.
La escuché tragar en seco con terror. Pero debo admitir que no sabía quien debía estar más preocupado por la reacción que pueda tener.
XXX
Capítulo de 6321 palabras.
Nuevo record de palabras. La verdad, me sorprendí. Creí que no pasaría las 3000.
¡Nuevo cap después de un tiempo! Pero bueno, las clases virtuales y exámenes de mi universidad no solo consumen tiempo sino que también incrementan las migrañas.
¡Nos leemos pronto!
