El día después.
Dormitorio de los Briefs-Vegeta. Saga de Magin Boo.
El saiyajin abrió sus ojos y de inmediato su vista se fijó en la mujer que dormía plácidamente a su lado, volteada hacia él, con una de sus manos bajo la almohada.
Frunció un momento y con algo de indecisión, movió lentamente su mano derecha hasta tocar la espalda de ella, como comprobando que no estaba soñando. La noche anterior se habían entregado el uno al otro como hace mucho tiempo no lo hacían, a pesar de sus heridas y del cansancio. Recordaba perfectamente que no se habían dicho nada al llegar al lecho, todo había ocurrido en silencio y de una manera tan apasionada como si no se hubiese visto en mil años, pero a él aun le parecía como si hubiese sido un sueño.
Una media sonrisa de alivio se dibujó en sus labios al tiempo que se erguía lo suficiente para apoyarse sobre uno de sus codos, con el fin de poder observar mejor a su compañera. Con cuidado llevó la misma mano hacia el rostro de ella y retiró hacia un lado un mechón de cabello que cubría su frente. La observó un momento más para luego inclinarse y depositar un beso en su mejilla. Vio que ella reaccionaba a su acto, abriendo apenas sus ojos para preguntarle - Mmm… ¿Ya te vas?
-Si… - le respondió con suavidad - Tú sigue durmiendo… Estaré de vuelta enseguida…
Vegeta se levantó y se dirigió al baño, pero su mujer le preguntó, deteniéndolo – Vegeta… ¿Te sientes bien?
Él se sonrió y le respondió – Por supuesto – para luego desaparecer por el pasillo.
Se miró al espejo y se descubrió aun sonriendo. Supuso que se debía a que se sentía realmente dichoso. Por fin había podido comprender que la extraordinaria fuerza de su rival no se debía solo a sacrificar incluso su vida por sus seres queridos, sino que eran ellos, con su amor, quienes lo hacían superarse cada vez, sin importar el oponente. Pero no había sido tan sencillo, para ello había tenido que morir y volver a la vida, otra vez. Sin embargo, en esta ocasión no solo había muerto él, esta vez también había perdido a su mujer y a su hijo, cosa que lo había casi hecho enloquecer. Tanto así que había llegado a aceptar fusionarse con el idiota ese con tal de vengar sus muertes.
-Me las pagaras, Kakaroto… Ese fue un truco demasiado bajo… Aunque debo admitir que funcionó a la perfección… ¡Maldita sea! ¡Ahora no puedo sacar de mi cabeza lo que sentí cuando me comunicó lo de sus muertes!... No creo que pueda soportarlo nuevamente si volviese a ocurrir… ¿Cuándo demonios me volví tan patético? – Miró fijamente su reflejo mientras la respuesta llegaba sola a su mente "Fue cuando admitiste que no podías vivir sin ellos"
Trató de no pensar más en el asunto y volvió donde su mujer, pero de tan solo verla no pudo resistirlo y se recostó junto a ella, abrazándola con fuerza medida y aspirando con fuerza, casi como suspirando. Ella se despertó de inmediato y exclamó, con algo de preocupación - ¡Vegeta! ¿Qué ocurre?
El saiyajin ocultó su rostro en el cuello de ella y le susurró - Nada… Pero no te malacostumbres…
Bulma respondió al abrazo, sin poder evitar que un par de lágrimas se escaparan de sus ojos somnolientos. Sin embargo, éstas aumentaron cuando se percató de que no era la única que lloraba. No le dijo nada, solo llevó una mano hacia el cabello de su esposo y lo acarició, dándole a entender que ya todo había pasado.
..
Fin.
