Los personajes usados le pertenecen a Masashi Kishimoto NO a mí. La historia SÍ es mía y NO la pueden copiar.

OoC tal vez. Universo Alterno (AU)

Advertencias: CONTENIDO, LENGUAJE SEXUAL Y ADULTO. LEMON, LIME, Y TODO LO QUE QUIERAN IMAGINAR. (avisados quedan)

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Condenada al demonio

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Capítulo 25: Promesa

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En los días posteriores Sakura entró en un letargo emocional que la alejó de los demás, inclusive de Naruto, quien se alertó del estado deprimente de la chica, en sus ademanes forzados y vacías sonrisas. Trató de ayudarla, de recapitular el momento y volvió a pedirle disculpas por la insensibilidad al revelarle el secreto. "Sí, lo entiendo, no eres culpable" le decía ella con invariabilidad en su cara, "la que tiene que pedirte perdón soy yo", añadía con gesto afligido. Siguió intentándolo hasta que se vio obstruido por una muralla de auto lamentación que alzó la fémina entre ellos dos, por las noches cuando se encontraban compartiendo el futón la joven buscaba con sus manos, tocarlo y besarlo con una ansiedad inigualable. Varias a veces, terminaba por montar al amante, estrangularlo entre sus pequeñas caderas y dejarlo sin opción a negarse. La mayoría de las ocasiones la médica se movía hasta percibir el orgasmo cerca, mas el trayecto al éxtasis se veía ofuscado por los recuerdos de la historia de Naruto y se convertía en un amargo instante que concluía con lágrimas y congoja.

Naruto se quedaba viendo el techo de la remcara hasta que se anunciaba la madrugada por la ventana, de reojo observando la figura durmiente de Sakura darle la espalda.

—Tiene todo el derecho a estar así —la anciana hizo una pausa, tirando granos a las gallinas que rodeaban una parte del patio trasero—, fuiste un idiota. El más grande. Un verdadero tonto, insensible —agregó realmente molesta—, ¿no pensaste que quizás sus antepasados estuvieron involucrados a favor o en contra de tu muerte? Ella lo debe ver de ese modo y no hay otro —preguntó, frunciendo el ceño. Naruto la miró en silencio aceptando la reprimenda—, si decide dejarte y marcharse con el corazón herido bien merecido lo tendrás.

El hombre entreabrió la boca, turbado—. Sakura no me dejaría, además le pedí disculpas... yo...

Chiyo se limpió las manos sonoramente.

—Ella las aceptó para no hacerte sentir culpable de lastimarla, pero tu pasado la está matando lentamente. ¿Es que no lo ves? —preguntó—. Saber que su aldea estuvo implicada en la época de la matanza, de tu nacimiento, la incertidumbre terminará por volverla loca —dijo con cierta congoja—. Arréglalo o permítele ser libre de escoger si sigue a tu lado o no —agregó después de unos segundos, pasando por su lado y dando por finalizada la conversación.

Naruto examinó el horizonte, el cielo celeste y desprovisto de toda nube. Bajó la mirada hacia su mano, callosa y seca. Recordó las múltiples veces que la chica entrelazaba sus dedos con los de él, sonriéndole de manera afectuosa.

No podía perderla.

Se giró en dirección a la posada, recorriendo los lugares en que podía estar la chica. La buscó en la habitación que compartían, pensando encontrarla acostada en el futon leyendo el libro erótico de Jiraiya con las mejillas sonrojadas y la mirada verde atenta, mas no fue así, el vacío en la recamara le hizo imaginar que Sakura podía desear escapar del dolor y alejarse de él en cualquier momento. La visualizó caminando hacia el camino que la llevaría fuera de la aldea y detenerse para mirarlo por encima del hombro, casi con menosprecio.

—No —gruñó, corriendo hacia la primera planta. Se encontró en el camino con Sasame y le preguntó por la joven de cabello coral—, ¿la has visto? —estaba asustado.

La ayudante de Chiyo se asombró de primera.

—Ah, sí, estuvo en la cocina preparándose un té y luego dijo mencionó algo sobre ir a... —no terminó la frase porque el Naruto salió disparado hacia la entrada principal—, ir a la zona de la pileta —dijo al aire. Se alzó de hombros, restándole importancia y continuó con su camino.

La encontró media hora después, sentada cómodamente en las escalinatas bebiendo liquido de un recipiente.

Se acercó jadeante, había corrido hasta el camino que daba a la aldea y volvió cuando no percibió la presencia de la chica lejos.

—Sakura.

La nombrada se giró intrigada, después le sonrió a modo de saludo.

—Hey.

—Desperté solo de nuevo —la regañó, mientras se sentaba a su lado—, ¿hablaremos del tema? llevas días esquivándome y no lo permitiré más —dijo con un grado de autoritarismo.

Haruno movió la cabeza lentamente, rehuyendo la mirada azul, guardando silencio por unos segundos.

—Durante la mañana te miré dormir y comencé a pensar en mi rama familiar —narró con suavidad, pero con aprehensión—, imaginando que pudieron estar de acuerdo con el sacerdote en sacrificarte a cambio de paz y abundantes cosechas. A ti, un bebé recién nacido que no tenía culpa de nada —se le quebró la voz. Naruto suavizó el rostro al escucharla—, de solo suponer que fuera así, te veo a la cara y observo mis manos y siento que se manchan con sangre inocente, con la tuya, es como si yo estuviera ahí matándote —apretó los labios en una delgada línea—. Lo siento, no quería llorar, sé que mi comportamiento... —murmuró en un sollozo.

El hombre demonio no dijo nada, únicamente la atrajo hacia él y suspiró totalmente sobrepasado.

—No digas más.

—Pero —lloriqueó.

—No —se negó a seguir escuchándola—, lo que sea de tu pasado, no me importa. Estás aquí conmigo. No te odio, maldición, cómo podría hacerlo —manifestó, estrechándola otro poco.

Sakura se apartó con levedad para mirarlo a la cara, con la punta de la nariz roja a causa del frío y los orbes enrojecidos en llanto.

—¿Por qué me quieres a pesar de todo?

Naruto dejó escapar una minúscula risa y le acarició el corto cabello rosa como si se tratase de un infante—, ¿es que no lo entiendes todavía, tonta? Tú me haces sentir que soy una mejor persona, aunque no sea así —expresó con toda naturalidad, sin tapujos ni titubeos—, me haces volar muy lejos de aquí y olvidarme por un segundo lo que soy, de la maldición que arrastro. Cuando te toco o te beso sólo pienso en ti, Sakura-chan, no dejaré que arrastres el pasado, así que sonríe de nuevo como antes —susurró, al tiempo que le acariciaba con el dedo el labio inferior, separándole de forma ligera la boca. Ella lo observó sorprendida, incrédula aún por la inesperada confesión.

Él se agachó lo suficiente como para atraparla en un beso, recibiendo la joven el contacto como el analgésico indicado para sus recientes malestares. Dejó la taza con té de hierbas a un lado y enredó los brazos alrededor del pecho masculino, afianzándose a la figura de igual manera que lo haría con el último salvavidas de un barco que se hundía en lo profundo del mar. El corazón palpitante de Naruto se sentía a través de la gruesa yukata, Sakura lo percibió al instante y no supo identificar si también el suyo se unía la loca carrera.

—Sabes amargo —mencionó el chico una vez se separaron. Ella se quedó abrazada a él, disfrutando de la cercanía, sus mejillas seguían sonrojadas. Las azucaradas palabras del joven seguían calando en su cabeza, provocando que el cerebro liberara cantidades gigantescas de dopamina.

—Sí, lo siento, es el té.

—¿Qué estás bebiendo? déjame probar —se inclinó hacia el recipiente antes que Sakura lo pudiera detener. Dio un sorbo y al segundo tuvo que pararse y escupirlo sobre la nieve. Tosió un par de veces sintiéndose ahogado por la viscosidad—, qué demonios es esto —preguntó asqueado. Observó interrogante a la mujer.

La nombrada sonrió nerviosa.

—Té... una mezcla de hierbas —explicó cada vez más exaltada.

—¿Estás enferma? —le devolvió el envase, arrugando la nariz—, de verdad el sabor es repugnante, ¿te duele el estómago? —consultó preocupado.

Sakura acomodó cabello atrás de la oreja—. Es una mezcla de hierbas para días peligrosos —Naruto alzó ambas cejas, no comprendiendo—. Mis días fértiles están cerca—continuó avergonzada—, para evitar la concepción... ¡Para no quedar embarazada, idiota! —gritó y apenas lo hizo, se lamentó, ocultando su vergüenza ladeando la cara hacia un costado.

Naruto abrió la boca, aturdido, no encontrando frase que añadir.

—Ah, ya veo.

—No has sido precavido en ninguna ocasión en la que hemos estado juntos y estoy en una edad extremadamente fértil —murmuró sofocada, él solo la miraba atento—, ¿qué me miras tanto? —frunció el ceño.

El muchacho se inclinó hacia la chica, quedando cara a cara, la tomó por los bordes de la yukata y la jaló hacia él con brusquedad.

—Tal vez quiero dos o tres hijos —articuló demandante—, quiero verte con el vientre abultado y saber que cargas con nuestros bebés, mi descendencia —añadió con una certidumbre brillando en los ojos azules, que la joven aldeana estuvo a punto de sucumbir de conmoción al percibir que hablaba en serio.

—N-naruto —balbuceó, con la garganta cerrada.

El nombrado la soltó de pronto y se carcajeó—. Debiste ver tu cara. Oye vamos adentro, muero de frío y huelo un sabroso almuerzo siendo preparado.

Sakura pestañeó un par de veces antes de caer en cuenta que el chico demonio se reía de ella con descaro, se colocó de pie y le dio golpecitos en la espalda, puños que el atacado sintió como un relajante masaje a las vértebras.

—¡Eres un idiota, un tonto cabeza rubia y estúpido, estúpido, estúpido! —declaró con enfado y bochorno.

—Sí, sí, vamos adentro y luego nos iremos a dar un baño.

La cogió de la mano, Sakura aún exclamaba prefijos para nada cariñosos, y se adentraron en la posada.

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Kabuto caminó por los solitarios pasillos del santuario, llevando en la mano una lámpara encendida que apenas iluminaba el lúgubre recorrido. Las sacerdotisas encargadas del lugar debían por orden de los superiores, permanecer en un claustro y no merodear los alrededores bajo ninguna circunstancia. El de cabello blanco se internó en una habitación sellada con llave, de su bolsillo sacó el artefacto y lo incrustó en la cerradura, abriéndola en el acto. Miró para ambos lados antes de internarse en una recamara rodeada de almohadones y elegantes estructuras de oro basadas en la religión que proclamaban, obras pertenecientes al sacerdote que guiaba a la aldea.

—Señor.

Alzó la lampara para iluminar un rincón de la habitación.

—Kabuto —el pálido rostro del guía espiritual emergió de la oscuridad—. ¿Noticias buenas? —la voz siseante del hombre se arrastró dificultosamente entre los labios resecos y rotos. El sacerdote parecía haber envejecido aún más.

El aludido hizo una leve reverencia.

—Excelentes —informó sonriendo—, Sasuke los encontró. A él y a la chica, muy pronto señor, muy pronto tendrá el cuerpo del mismo demonio de nueve colas a su disposición.

El sacerdote levantó ambas manos, enterró las uñas en su propio rostro y comenzó a retirar a jirones la carne, despedazándola. Escasa sangre manchó el suelo dando hincapié a que el cuerpo llevaba tiempo en un proceso de descomposición. Una inmundicia de carne, tejido muerto y vello facial resbaló por los ropajes blancos que vestía el anciano.

—Ya comenzaba a aburrirme tener que usar esta mascara repugnante —con la misma vestimenta se limpió los vestigios del rostro y una mirada color ámbar, colmada en una total depravación, observó con cinismo al ayudante—, dime Kabuto, ¿a qué sabrá un niño? Tengo mucha hambre —una lengua bífida se saboreó los bordes pronunciarlo.

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—¿Estás seguro de que podemos estar aquí?

Después de disfrutar de un almuerzo abundante, ella y Naruto se habían escapado a la zona de los baños. No estaba permitido que fueran mixtos a cierta hora del día por órdenes de la propia dueña. No obstante, el muchacho había insistido y terminó por convencer a Sakura de infringir el decreto e internarse en las cálidas y burbujeantes aguas que colmaban la tina redondeada. El chico, con una toalla alrededor de la cintura, se sentó al borde y únicamente introdujo las piernas en el interior (el vapor comenzó a marearlo y tuvo que salirse a los minutos) y la joven que había optado por permanecer adentro; apoyó ambos brazos en el suelo con el fin de sostener la cabeza afuera del agua y que el resto del cuerpo disfrutara de la sensación térmica

—Ni idea. Anda, bebe —le sirvió licor de arroz en el recipiente y la instó a dar un sorbo—, relájate. Después me fregaras la espalda y yo a ti.

La chica recibió entre sus manos la fuente y bebió a duras penas del sake, acostumbrándose al fuerte sabor.

—¿De dónde sacaste esto? —preguntó curiosa.

—Lo compré en el mercado, no se compara con los de Jiraiya, pero cumple su función —explicó rápidamente, luego movió una mano hacia abajo y acarició la cabeza de la mujer recostada cerca de sus piernas—, ¿ya estás mejor? Mañana podemos ir a una tienda de dulces y postres, puedes comer lo que quieras —prometió con agrado. A la médica le encantaba esa faceta preocupada, la hacía sentirse como una niña mimada.

Sonriendo levemente le contestó—, me encantaría.

Los dedos de Naruto le acariciaron otro rato más, masajeando a veces el cuero cabelludo, enredando los hilos rosados y soltándolos después. El joven descendió la mirada y le quedó viendo el cuello desnudo. Sakura ya casi dormitaba en un estado de trance.

—Me gusta cómo te queda —le dijo, indicando la melena rosada, sin apartar la mirada de la piel femenina. Llevándose de nuevo el recipiente con licor a la boca.

—A mí también —murmuró bajito. Entreabrió los orbes y respondió a Naruto en la complicidad que solo ellos dos entendían—, ¿quieres que lo hagamos? —él se atragantó al escucharla, se sonrojó furiosamente y tosió un poco—. Vaya, mira nada más pareces un tomate de lo rojo que te has puesto —se burló, apoyando el codo derecho en la superficie y afirmando la cara al mismo tiempo.

Naruto aclaró la voz—, no logro acostumbrarme a que seas tan directa.

—Si quieres animarme es la única forma —mencionó tajante—, tú decides.

—¿Es un chantaje?

—Una advertencia. Podría querer vengarme por arruinar la cena del otro día con Shikamaru, podría marcharme lejos de aquí y no sé, buscar otro amante más amable —dijo tranquilamente, examinándose las uñas con minuciosidad. Sabiendo de antemano que al hombre demonio le molestaría la sugerencia.

El rubio arrugó la frente con indudable disgusto—. Sakura...

—O quizás quiero ser como la heroína de los libros de tu padrino y acostarme con muchos hombres a la vez —continuó complaciente—. ¿Qué piensas, lo imaginas? Uno por atrás y el otro...

—¡Ya para, está bien, ven acá! —la tomó del antebrazo, cogió la delgada bata y enrollo la figura femenina con la prenda al sacarla del agua. La observó irritado—, me has puesto de mala, no esperes que sea gentil en esta ocasión.

Sakura lo enfrentó alzando el mentón.

—No he pedido que lo seas.

Azotó la puerta de la habitación al cerrarla con fuerza, no se molestó en ver si realmente estaba asegurada ante un invitado inesperado. Sus manos no esperaron para aventurarse hacia la yukata que Sakura había abrochado antes de salir de los baños, la piel de ella todavía estaba húmeda y oliente a jabón de menta, cuando la prenda finalmente cayó hasta los pies de la fémina creando un bulto de género el chico demonio la besó de manera tosca, buscando la lengua del opositor al instante. Mientras tanto la joven médica desató el nudo de la vestimenta masculina, despojándolo y luego lo atrajo de la cintura hacia su menudo cuerpo en un hábil movimiento que acabó por sorprenderlo, un suspiro deleitoso resbaló de su boca cuando Naruto se arrodilló frente a la joven, descendiendo acentuados ósculos a medida que bajaba. Uno tras otro. Los pequeños pechos, los pezones, el vientre plano. Saboreó a la muchacha de cabello coral, todo lo que la lengua le permitió mojar, entre los muslos especialmente.

—N-no —jadeó la fémina, posando una mano en la cabeza rubia del amante con el propósito de detenerlo.

Él la afirmó de la cadera con energía y la forzó a mantener la postura, entre tanto enterraba la cara en el sexo femenil. La torturó durante unos prolongados minutos hasta que sintió el agarre en su nuca desmesurado en impaciencia; lo que le indicaba que la amante se encontraba el límite del orgasmo. Se detuvo, mas no por mucho puesto que la arrastró hasta las mantas del futon, dejándola boca arriba y la obligó a abrir las piernas para él exhibiendo el núcleo carnoso. Sakura apretó la boca fuertemente al notarse en desventaja.

—Te devuelvo el favor de la otra vez —resopló Naruto terminando de desnudarse y acomodando los muslos de la chica sobre los suyos, quedando él erguido sobre las rodillas, la tomó por debajo para atraerla y la penetró en una precisa estocada. Ambos gimieron el encontrarse unidos, más Haruno quien se llevó las manos a la boca evitando provocar ruido que evidenciara lo que hacían dentro la recamara a plena luz de día—, no hagas eso me gusta oírte —articuló el hombre demonio entre dientes, sujetándola por las piernas y sin detener el meneo de las caderas.

Para la aldeana le fue dificultoso mantener el mutismo y de un instante a otro tuvo que soltar múltiples gritillos de forma sofocada. Naruto estaba siendo un cruel verdugo que la martirizó durante toda la acción, conservando la agonizante candencia de las embestidas y empujando justo en el punto fibroso que pronto la llevaría al deseado orgasmo. Percibió a lo lejos los quejidos masculinos al límite, que clamaban por una urgente y pronta liberación. Sakura se afirmó de los fornidos brazos del joven que ahora estaban cada uno apoyados en el suelo a la altura de su cintura y con las piernas lo apremió a abrazarla, a encontrarse en la posición adecuada para aferrar el clímax en una sola sensación, finalmente él se encorvó lo necesario tanteando aprisionar lo tangible y ella lo rodeó con las extremidades hundiéndolo en su cuerpo, si era humanamente posible.

Se besaron con vigor, extinguiendo el característico bullicio que se emitía al saborear el éxtasis.

La viscosidad le rebosó el útero a una gran escala. La de cabello rosado sintió temblar al amante contra ella, con espasmos incontrolables.

—Te amo, Sakura-chan —escurrió de la garganta de Naruto, en un soplo áspero, con el sudor empapándole la frente.

No le contestó en palabras, sino que en una maniobra: lo abrazó con ansias y lloriqueó conmovida.

Se acomodaron entre las mantas desechas una vez la médica terminó de sollozar. Él estiró el brazo para que la joven lo usara de almohada y así lo hizo, apoyando la cabeza de medio lado. Lo observó contenta, recuperando el aliento paulatinamente.

—Ya no puedes retractarte, lo dijiste.

El hombre se ladeó hacia la silueta femenina, acariciándole con la mano libre la mejilla derecha.

—No tengo más opción. ¿La tengo? —preguntó con voz suave, fingiendo estar doblegado.

Sakura se rió.

—Uhm, no. Si vamos a estar para siempre juntos tendrás que acostumbrarte a decírmelo a menudo —pidió entusiasmada—, sabes que me gusta el romanticismo.

Naruto aplastó los labios contra la frente de la muchacha—. No vuelvas a alejarte de esa manera.

Ella levantó la cara con gesto curioso al cambio abrupto de tema.

—¿Oh?

—Aislarte del mundo, de las personas... de mí —dijo, refiriendo al distanciamiento que se había originado antes—. Promételo ahora —exigió angustiado.

La vehemencia de las palabras le hicieron asentir con la cabeza en un vago movimiento—. Vale, prometido.

Se acurrucaron juntos, deleitándose con el calor corporal emitido, la joven bostezó preparándose para dormir.

—Sakura —la llamó al rato en un tono pensativo—, ¿qué harás? —preguntó sin esperar a que ella le respondiera. La aludida apoyó el brazo y se incorporó para mirarle confundida—. Volver a tu aldea o quedarte conmigo aquí en Konoha, tengo una casa a las afueras. La compré años atrás a un anciano que se mudó a otra nación —explicó, girado el rostro hacia el techo—, es pequeña y necesita arreglos, bastantes. Pero el terreno tiene árboles frutales alrededor, y un pequeño riachuelo cruza la zona, hay tierra para sembrar...

—Sembrar verduras y algunas hortalizas —lo interrumpió imaginándose el escenario—, podría terminar mis estudios médicos y trabajar para el hospital. Temari me habló del déficit medicinal que está sufriendo la aldea, me encantaría ser parte de un equipo y ayudar a la gente —informó convencida, acariciándole con los dedos el rubio cabello al hombre—, ¿qué dice a mi propuesta señor Naruto? —añadió burlona.

Él la observó descolocado, más tarde tragó saliva y asintió torpemente—, sí.

Haruno se inclinó hacia adelante y lo acunó entre sus brazos de una manera casi maternal, la reciente barba masculina le rozó el cuello provocándole cosquillas.

—Sigues siendo malo para las palabras, gatito —dijo al oído. Naruto suspiró contra su piel—, tendremos que trabajar en ello.

—Ya sabes que no me gusta que me llames de ese modo —reclamó con fingida molestia, disfrutando al mismo tiempo le sensación de verse acompañado.

—Está bien, está bien, gatito —repitió el apodo con gracia—, solo pido que mamá y papá estén conmigo. Ino también. Yo no quiero volver a ese lugar, nunca más. Nunca.

Se acomodó sobre el brazo del amante de nuevo y le miró suplicante.

—Veré el modo de traerlos, tú no te preocupes —su boca tiritó al declararlo, tenía que hablar con Shikamaru antes de realizar un movimiento inesperado—, duerme un poco y después iremos a comer ramen a un puesto que conozco —ofreció dentro de la somnolencia que de pronto lo embargó.

La joven aceptó la invitación de la misma manera, se taparon con las mantas hasta arriba, entrelazaron las piernas y se durmieron con la idea de un futuro esperanzador en sus corazones

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CONTINUARÁ...


Me hice una auto promesa: de terminar la historia si o si.

Gracias por leer, infinitamente. Disculpen la -eterna- tardanza. Ahora si que no los abandono ;_;