Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /


Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Capítulo 19

EPOV

El silencio que Bella deja detrás es ensordecedor y pesa lo suficiente para hacer que mi pecho se sienta como si estuviera a punto de derrumbarse. Pero lo que es incluso más doloroso es la postura de Trey. Tenso, intentando camuflarse con la jodida pared, viendo a todas partes menos a mí – soy la última persona con la que quiere hablar.

Pero Bella tiene razón. Si no me abro sobre lo avergonzado que estoy, será como si estuviera intentando ignorar una parte de la vida de Trey. Al insistir en dejar esto en el pasado, no le estoy permitiendo que lo supere. No sólo eso, pero le estoy haciendo creer que es débil por necesitar un cierre, así que levanta un muro frente a él.

Yo soy el débil.

Sin embargo, creo que lo que más me sacudió de lo que me dijo Bella hoy fue que él me escuchó decir que sería más fácil si Trey tuviera los mismos pasatiempos que yo. Puede que haya dicho algo así mientras estaba frustrado y derrotado luego de una pelea con él, pero, carajo, no lo decía en serio a la larga.

—Nunca lo dije en serio, cabeza dura —digo en voz baja, aclarándome la garganta—. Esa mierda sobre que sería más fácil si no fuéramos diferentes.

—Bien. —Sigue mirando el piso y aprieta los puños a los costados—. ¿Podemos irnos ya? Le diremos a Bella que ya todo está bien.

—No. —Niego con la cabeza y me acerco más. Él se tensa, pero yo sigo adelante sin importar lo mucho que eso duele—. Hablo en serio, Trey. No me importa una mierda lo que te interese; siempre y cuando lo compartas conmigo. Podrían gustarte las Barbies, las jodidas hadas o… lo que sea. No me importa. No me importa si eres gay o hetero, religioso o no… sólo quiero que dejes de alejarme. Déjame presumir sobre mi hijo sin que pienses que me estoy burlando de ti. Porque no es así. —Suelto un suspiro, frustrado. De alguna forma, tengo que hacerlo entender—. Sé que digo mierdas estúpidas y lo siento. Pero enséñame. Enséñame en lugar de asumir lo peor de mí. Ya no soy una mala persona… —me aclaro de nuevo la garganta, mis ojos arden—. Puedo ser ignorante, ¿de acuerdo? ¿No eres tú quién dice que la cura es el conocimiento?

En ciertas formas, hemos tenido exactamente la misma crianza. Sin un modelo femenino, hogar dividido, rodeados de un intenso estilo de vida de motos, crimen y vicios. Pero también somos diferentes y Trey siempre ha estado muy por encima de todo eso. Papá lo puso en una buena escuela. Tenía un consejero que sé que lo tomó bajo su protección, lo cual me ponía jodidamente celoso.

Mi hijo llegaba a casa de la escuela y decía algo al azar, y cuando no lo entendía, se burlaba y decía: "Lo siento, no lo entenderías" o "Chiste local" o "Sólo algo que el Sr. K me dijo".

¿Sabes lo insignificante que me hacía sentir eso?

Y a partir de ahí él creció por su cuenta. Tiene una mente más grande de lo que puedo imaginar, es malditamente brillante y creativo.

Yo soy práctico. Hago mierdas. Él es un ingeniero; toma mi práctica, la reconstruye y encuentra una mejor manera.

Le digo todo esto a Trey – lo estúpido que me hacía sentir cuando él llegaba a casa de la escuela. Ahí estaba ese hijo de puta que conocía a mi hijo mejor que yo y sin importar que tanto me esforzara, Trey no me incluía en su vida. Sigue sin hacerlo.

—Era más fácil así —murmura—. Siempre eres este tipo duro y estoico con actitud de no me jodas. Y te alteraste cuando descubriste lo de mi cómic, papá. Imagina cómo actuarías si supieras todo sobre mí.

—No tenemos que imaginar jodidamente nada —señalo cuando finalmente alza la vista para encontrarse con mi mirada. Hay una tormenta de emociones desbordándose en sus ojos y eso me mata—. Podrías sólo decirme y darme una oportunidad. Y esta mierda con el cómic; no me alteré. Me agarró desprevenido. Estaba sorprendido y admito que yo lo hice todo más incómodo porque…

—Porque no soy normal —termina, bajando la mirada de nuevo.

—No digas esa mierda —espeto—. Normal es sólo otra palabra para común. Déjalo en paz. No estoy interesado en un niño modelo. —Qué me jodan, tengo que calmarme—. Mira —me pellizco el puente de la nariz—, ¿sería más fácil si te interesara las motos como a papá y a mí? Jodidamente sí, pero no serías . Y me gusta cuando me enseñas cosas, como la vez que me enseñaste a usar mi computadora.

Me hace sonar muy anciano, pero nunca antes había tenido que usar una computadora. Soy un mono grasiento. Yo no me encargo de las finanzas en el taller y estaba bien pagando los recibos con cheques hasta que Trey me hizo comprar una laptop.

Quiero más de eso.

—Pero ¿yo estoico? —sacudo la cabeza y me rasco la ceja—. No podría estar más lejos de la verdad. Probablemente soy el padre más inseguro del planeta, siempre dudo de mí cuando se trata de ti y lloro como bebé casi todas las veces que tú y yo peleamos.

—¿Lloras? —alza la cabeza de golpe al escuchar eso y agranda ligeramente los ojos cuando puede notar por qué mi visión está borrosa. Tose y aparta la vista, moviéndose inquieto—. Vaya —susurra.

Sin ser capaz de seguir soportando la distancia, me acerco y lo jalo a un abrazo, y mi muslo grita de dolor.

—No hagas eso —digo con voz ronca cuando se tensa—. Por favor, no lo hagas.

—Perdón. —Se queda parado totalmente inmóvil por un momento antes de relajarse lentamente—. No, uh, no estoy acostumbrado a esto.

—Tampoco yo. —Lo abrazo con más fuerza, triste por los años que he perdido. Dejó de ser ese pequeño enano que abrazaba mi muslo, y ahora es incómodo y es casi tan alto como yo—. Es tu culpa. Cada vez que intentaba abrazarte, tú te ibas del cuarto.

—Porque… —exhala temblorosamente y me abraza con lentitud, lo cual saca el jodido llanto que hay en mí—. Creía que no era algo genial —murmura con voz ahogada—. Y creía que tal vez querría abrazarte muy seguido y tú pensarías que era patético.

Jesús.

Mi corazón se aprieta.

Debemos ser los mejores coleccionistas de malentendidos en el planeta.

—Jamás. —Presiono los labios en su sien y aprieto los ojos. Tengo un nudo en la garganta y puedo sentir las lágrimas cayendo por mis mejillas—. Dios, nunca, Trey. A veces desearía que todavía tuvieras seis años para poderte decir bebé, acurrucarme contigo y ver caricaturas.

Mis breves periodos de sobriedad cuando Trey era pequeño son algunos de los mejores momentos de mi vida. Luego me iba a joderlo todo con cocaína, oxis; cualquier cosa que pudiera conseguir.

—¿En serio? —su voz suena un poco más alta.

—No tienes idea. —Suelto una risa ahogada y sin aliento, y lo abrazo con más fuerza. Si me suelta ahora, no sé qué haré conmigo.

Parece que relaja más los hombros y espero que esa sea una buena señal.

Puedo oír afuera a alguien preguntando por qué Bella está parada afuera del baño. Reconozco la voz de uno de mis hermanos de Oregón.

Hay una fuga ahí —responde Bella a la ligera—. Mi papá es plomero y me pidió que vigilara la puerta mientras él va por sus… cosas.

Sonrío y beso el cabello de Trey; o supongo que más bien su gorro.

¿Qué tipo de fuga? —pregunta suspicaz—. Yo puedo revisarla.

Es una fuga muy rara. —Mi chica piensa rápido—. Es de dos de las cañerías lagrimosas.

Trey y yo nos reímos roncamente y Bella le dice al tipo que se vaya mientras él murmura que nunca ha escuchado sobre cañerías con ese nombre.

Tal vez no es el tipo más listo del mundo.

Tampoco yo…

Suspiro.

Trey empieza a soltar su agarre, así que niego con la cabeza y digo:

—Todavía no.

—Bien.

Gracias.

Tengo mucho de que disculparme y gracias a Bella ya no tengo tanto miedo. También tengo mucho que aprender. Al esconder mis propias debilidades he hecho creer a Trey que él también debería esconderlas – cuando en realidad no son debilidades para nada.

—Por cierto, no soy gay —murmura.

—Bien. —La verdad me importa una mierda.

Traga.

—Ni hetero.

—Bien… —Ahora estoy confundido—. ¿Hay algún otro género del que no sé? Oh… —creo que ya lo entiendo—. ¿Te gustan ambos?

—No, no me interesa ninguno.

¿Eh?

Desconcertado, rompo el abrazo – aunque me quedo cerca – y frunzo el ceño mientras me limpio rápidamente las mejillas.

—¿A qué te refieres?

Se encoje de hombros y aparta la mirada.

—Supongo que soy asexual.

Pero toma largas duchas. Tiene el mismo equipo que yo.

Miro su entrepierna.

—¿Está rota tu polla?

—¡Qué carajos! —me mira boquiabierto—. No, dios, papá, no está jodidamente rota.

—Pues, ¿qué demonios sé yo? —extiendo los brazos, perdido—. La mía ha estado rota, así que es una pregunta valida.

Eso no entra en el tema —escuchamos a Bella quejarse.

Ignoro eso por ahora.

—No estoy bromeando —le digo a mi chico—. Cuando estaba en mis veintipocos, me echaba tantas Viagra como pastillas recetadas.

En parte porque no muchas mujeres me excitaban, pero más que nada porque tenía demasiado veneno en mi cuerpo para funcionar.

Bien pude haber nombrado a mi hijo Cialis.

—No… es lo que quería escuchar. —Hace una mueca y aprieta la mandíbula—. Como sea, es este tipo de cosas lo que no te he dicho. Cosas que me hacen todavía más diferente de ti y el abuelo. Quiero decir, ustedes llegan a casa y gritan la palabra con R y la palabra con N, reparan sus catorce mil motocicletas… y cuando invitan a sus amigos del CM para parrilladas y esas cosas; carajo, son todo un montón de cabrones racistas e ignorantes. Es coño, dinero, toques, más motos, más coño. Y aquí estoy yo como un maldito extraterrestre.

Lo miro con el ceño fruncido. Primero que nada, no soy racista, pero entiendo lo que está diciendo. Mi hijo es políticamente correcto y yo apenas puedo deletrearlo.

Sin embargo, así es cómo son los CM. La raza juega un gran papel y los insultos son lanzados como puñetazos.

—¿Recuerdas cuando estaban buscando una nueva caridad? —pregunta.

Carajo, sí lo recuerdo. Eso no resultó muy bien.

—Lo recuerdo.

La verdad es que los CM ilegales están involucrados en muchas caridades locales para cubrir las apariencias. Muchas veces son orientadas a familias y otras tantas son para reunir dinero para hospitales e iglesias; mierdas como esa. Y Trey sugirió un grupo juvenil con todas esas letras que involucran gay, lesbianas y lo que sea.

Ni siquiera pude pasarles la sugerencia a los chicos cuando estábamos en Reno.

Se habrían alterado.

Y Trey se alejó de mí – otra vez.

—Fui un cabrón contigo. —Entierro la cara en las manos y gimo ante mi propia estupidez.

—Somos… muy diferentes, papá. —Suspira—. Mira, conozco todo de tu vida; conozco a los hombres con los que andas. No te pido que vueles una jodida bandera del orgullo, pero sería agradable un poco de consideración porque siempre me siento de mierda. Cuando tú actúas todo macho y esas cosas, yo me pregunto que demonios está mal conmigo. Y… y a cambio supongo que puedo intentar incluirte más. Sólo tengo miedo de que vaya a ser demasiado-

—No lo será —digo rápidamente porque tiene que sacarse eso de la cabeza—. Nada que hagas podría avergonzarme jamás. Dios, hijo, quiero presumir como lo hacen todos los otros papás. Y que no seas un deportista o no te interese la mecánica no significa que no me sienta orgulloso. No tienes ni jodida idea de lo orgulloso que estoy de ti. Tú haces tus cosas sin importar lo que otros digan y no muchas personas son así de valientes. Y si te he hecho sentir como un extraño, yo… no puedo decirte lo mucho que lo siento.

Me tallo los ojos, mi piel pica, mi pulso retumba y mi corazón roto se abre por completo.

—Bien —susurra, aclarándose la garganta—. Por cierto, no te pido que cambies. Si tienes que interpretar un papel para ser el VP hijo de puta en el CM, lo entiendo. Pero cuando esté solo yo…

—No lo entiendes, cabeza dura. —Lo jalo hacia mí de nuevo y lo abrazo con todas mis fuerzas—. Siempre soy yo. Sólo espero aprender más de ti; tal vez aprender también algo sobre mí. Y no te escondo mierdas. Ya no más, al menos. La próxima vez que busquemos caridades, acudiré a ti. Lo discutiremos como adultos. —Apartándome un poco, tomo su mentón y busco sus ojos; demonios, veo su cara. Es aterrador lo mucho que se parece a mí—. Nunca fingiré seguirte la corriente con nada porque cuando te pregunto, de verdad quiero saber. Aprecio demasiado tu opinión para sólo fingir que me importa y conozco mis limitaciones. Puede que no sea un Einstein, pero soy lo suficiente inteligente para escuchar a alguien que es más inteligente que yo.

Él sonríe; es pequeña y vacilante, pero la tomaré.

—Me esforzaré más en no tomarme siempre tus comentarios de forma tan personal —promete en voz baja—. Sé que probablemente a veces he empeorado las cosas.

—Y yo estoy seguro que mi pasado te lo facilitó —murmuro—. No sé cuánto vale mi palabra, pero eres lo mejor que he hecho en mi vida. Cuando estaba en mis momentos más bajos y me sentía como un jodido fracaso, pensaba en ti. Pensaba, tal vez hay esperanza, porque aquí está este increíble pequeñito que viene de absolutamente nada y es brillante.

Probablemente es la primera vez que lo veo sonrojarse de algo que yo he dicho.

—De acuerdo. —Traga con fuerza y baja la vista—. Um. Creo que herí a Bella hace rato. Antes de que se fuera.

Sintiendo que ya ha tenido suficiente de cosas pesadas por ahora, asiento y retrocedo un paso. Juro disculparme más después – y abrirme de por qué nunca he querido hablar sobre prisión y rehabilitación – pero tal vez ambos necesitamos un descanso. Y tenemos un montón de mierdas por hacer. Probablemente debería revisarme de nuevo la pierna.

—Hablaremos más de esto pronto, ¿de acuerdo? —le aprieto con gentileza la nuca.

—Sí, está bien. —Me lanza una rápida sonrisa—. Entonces, te tomabas muchas píldoras azules cuando eras joven, ¿eh?

Este niño.

—No estoy viejo. —Bajo la voz—. Tengo suficiente tiempo para darte hermanitos que te molesten hasta la mierda; sin las píldoras azules.

Bufa, luego ladea la cabeza.

—¿Ese es el plan?

—No hasta que me sienta como un mejor padre para el único hijo que importa justo ahora. Pero de cualquier forma no le digas a Bella. Ya es un milagro que no haya dejado mi culo. Estoy dispuesto a apostar nuestra casa que está aquí por ti.

—O por los zapatos que le prometiste.


Este es por mucho mi capítulo favorito, me encanta Edward en su faceta de papá (por eso abunda mis traducciones con Daddyward).

Espero que les haya gustado, no olviden dejarme sus comentarios y decirme qué les pareció ;)