Una semana pasó desde que Senku y Kohaku volvieron de su luna de miel, y para el lamento de todos, ambos volvieron con demasiada energía. Senku ya estaba planeando un nuevo tipo de avión con capacidad para al menos seis personas, dado el éxito del biplano; y Kohaku por otro lado buscaba entrenar con toda alma luchadora que se le cruzaba delante. Que Ginro huyera despavorido poniendo mil excusas para escabullirse no sorprendió a nadie, así que soportar su ímpetu fue tarea de Kinro, Kirisame, Matzukaze y Tsukasa. En realidad, Kohaku se sentía más cómoda entrenando con Kinro, porque era con el que mejor se llevaba y en quién más confiaba, pero la realidad era que Kirisame era una increíble luchadora, y Tsukasa ni que hablar, hasta había resultado ser bastante accesible y amable, aunque no diera esa imagen en un principio. Matzukaze era muy buen luchador también, pero demasiado caballeroso y correcto, y Kohaku sentía que no terminaba de pelear en serio con ella, cosa que Kirisame logró empezar a cambiar cuando luchó sin piedad con él y le pateó el trasero completamente, para sorpresa de todos.

Sin embargo, parecía que Kohaku gastaba demasiada energía en sus entrenamientos, porque tenía más sueño que de costumbre, y más de una noche durante esa semana se quedó profundamente dormida apenas terminaban de cenar, lo cual frustraba un poco los intentos de Senku de intimar, y más ahora que era "todo legal" por el matrimonio. De hecho, en toda esa semana, sólo habían tenido una noche de pasión, lo cual era un contraste demasiado grande comparado con la maratón de la que venían durante su luna de miel.

Pero como era de esperarse, la suerte no estaba del lado de Senku, ya que mientras estaba en el laboratorio trabajando con Ryusui en el diseño del plano del nuevo avión, Ruri se acercó, agitada. Era raro que ella fuera a buscarlo directamente, pero aún más verla con cara de preocupación.

- ¡Senku! ¡Senku, ven por favor!

- ¿Qué sucede Ruri?

- No lo sé, Kohaku está mal. Ahora está descansando, no se siente bien, cuando vino a verme me pidió si podía recostarse un poco. Me dijo tuvo náuseas y hasta vomitó en el camino. ¿Y si la comida que almacenamos estaba en mal estado? Eso sería un peligro para todos.

- No, eso es imposible, sino todos estaríamos descompuestos a esta altura, comemos de las mismas reservas. Se veía bien estos días, salvo porque está más cansada que de costumbre, es probable que se haya exigido demasiado y finalmente su cuerpo le está recriminando eso. Vamos.

Cuando llegaron a la choza de la sacerdotisa, vio a Kohaku en el pequeño colchón al ras del piso, y estaba realmente pálida y demacrada.

- Te ves horrible leona, ¿en qué momento te pusiste así?

- Gracias Senku, siempre tan caballero…aunque a poco de conocerte ya perdiste ese título –bufó molesta-. Esta mañana en especial, fue insoportable, pero la verdad es que venía con algunos mareos desde hace tres o cuatro días.

- No sisees, leona. ¿Por qué no me dijiste a mí, o a algún médico de la aldea? Mira que eres descuidada. Espera… ¿en qué momento te venían los mareos?

- ¿Eh…? No sé, no es como si llevara la cuenta. Pero creo que por la mañana, al levantarme, o después de desayunar. Pero al rato se me pasaban, así que no me preocupé.

Una sospecha asaltaba ya la mente de Senku, quién se tensó visiblemente ante esa respuesta. Esperaba que no que fuese casualidad… Siempre se cuidaban con los condones, no tuvieron ningún desliz, así que parte de él quería descartarlo inmediatamente. Por supuesto que no era perfecto, estaba hecho artesanalmente, pero había probado ser eficaz y eso alcanzaba. Y que se haya enterado, no hubo ningún accidente con eso…

- Mierda…esto es grave.

- Oh vamos, siempre tuve muy buena salud, puede ser porque estaba entrenando intensamente y viene haciendo mucho calor estos últimos días. No iba a preocuparme por eso, además sólo me pasa de a ratos, ya te lo dije, no debe ser una enfermedad.

- ¿Entrenando intensamente? –Senku se puso pálido – Toda la semana…y muchos de esos entrenamientos fueron con Kirisame y Tsukasa, mierda…Realmente te estás ganando el título de idiota descuidada.

- ¿Qué demonios? Toda mi vida entrené mucho, y lo sabes, de hecho, te aprovechaste de eso desde que nos conocemos, así que no te entiendo. Así lo hice toda mi vida.

- Solo que quizás esta vez no es sólo tu vida –murmuró, apretando las manos en puños, muy tenso.

- ¿…Qué? Claro que es sólo mi vida. A ti no te afecta si yo entreno más o menos. Casarnos no significó que cambiara nada de nuestras costumbres, incluso lo hablamos en nuestro viaje cuánto extrañábamos todo. Estás realmente extraño Senku, me parece que el que está mal aquí eres tú.

- No digas tonterías, voy en serio. Estos síntomas…sueño, cansancio, mareos, náuseas, vómitos… y hace unos días que nosotros…puede que estés… –no…no…el que sintió unas repentinas náuseas fue ahora él.

- No es propio de ti hablar con tantas dudas –contestó un poco irritada- de hecho, ahora tendrías que estar explicando todo perfectamente como si fuese obvio.

- Embarazada.

El tiempo se detuvo entre ellos. Los ojos de Kohaku comenzaron a abrirse desmesuradamente, mientras Senku la miraba muy serio y apoyando unos dedos en su cabeza.

- ¿Que Kohaku está QUÉ?

Otra voz en la entrada fue la que pronunció esas palabras, y ambos voltearon a ver a Ruri, cubriéndose la boca muy sorprendida. Oh, mierda, se había olvidado que ella estaba ahí, obviamente preocupada por su hermana y esperando el diagnóstico. Pero en ese momento el científico tenía sus propias preocupaciones en mente. ¿Sería posible…? Se cuidaron cada una de las infinitas veces que tuvieron relaciones, esto no debería estar pasando. Y aun así… todo cerraba, en especial que una leona llena de energía como ella se quedara dormida todos los días, y que no tuviera ganas tampoco de intimar con él. Pero además de lo que lo aterraba esa posibilidad, ahora se sumaba lo que le había dicho Kohaku. Él mismo la había visto toda sudada y embarrada, producto de su intenso entrenamiento con los otros luchadores, y seguro había recibido un par de golpes, aunque no fueran agresivos intencionalmente.

- Senku…¿Cómo…? Si nosotros… –ella estaba igual de pasmada que él, apenas había podido articular esas pocas palabras.

- Sí, lo sé, es absurdo. Nos cuidamos siempre, por más molesto que a veces era, nunca nos olvidamos. Pero es mucha casualidad que tengas esos síntomas, y ahora lo que me preocupa es otra cosa. ¿Tuviste algún tipo de pérdidas?

- ¿Pérdidas? ¿De qué?

- De sangre, ¿de qué va a ser? O dolores abdominales, calambres…Si llegas a estar embarazada…y con todos esos movimientos bruscos que hiciste al entrenar…

- No, no que recuerde, nada de eso. ¿Qué…? –Pero se calló al ver que a Senku le temblaban las manos, que estaban apretadas en forma de puño. Lo miró a la cara, y lo vio fruncir profundamente el entrecejo, claramente no se veía feliz. Tampoco era como si ella lo estuviera, si llegaba a ser verdad que estaba embarazada…eso no se lo esperaba. Sí, ya sabía que seguramente sería madre algún día, dentro de unos años, al menos cuatro o cinco, ¿pero ahora? ¿Y si Senku estaba conteniendo su enojo? ¿Y si no sabía cómo decirle sin hacerla sentir mal que no quería tener un hijo en ese momento? Ya había sido muy claro todas las responsabilidades y planes que tenía con la civilización, antes de formar una familia completa.

- Ruri –la voz de Senku sonó débil, pero seria, mientras se levantaba y la miraba a los ojos– No digas una palabra de esto a nadie, ¿entendido? A nadie, esto no sale de acá.

- S-sí…pero…

Senku no la dejó terminar, sin decir una palabra más se fue a paso lento de la choza, sin voltearse a decirle nada más a ninguna. Miles de imágenes y de dudas pasaban por su mente, volviendo todo confuso, y sentía una presión en el pecho que le dificultaba un poco hasta respirar. Estaba aterrado, totalmente aterrado. No sólo de la ridícula posibilidad de haber embarazado a Kohaku contra todo pronóstico, y del hecho de que quizás se convertiría en padre, sino que en ese caso no tenía la menor idea de cómo iba a lidiar con eso y con su misión. Y codo a codo con eso, se sumaba la otra preocupante posibilidad de que con su entrenamiento haya dañado al embrión, y pudiera sufrir un aborto espontáneo. Si Kohaku llegaba a contraer una infección interna a causa de eso, por no decir el daño psicológico que podría tener, su vida correría peligro. No podía contener el temblor de sus manos, y sus piernas parecían hechas de gelatinas, ni supo cómo logró mantenerse en pie para llegar hasta el laboratorio. Por suerte Ryusui se había ido, y estaba solo, así que dejó de luchar contra su cuerpo y cayó de rodillas al suelo.

Tenía una mezcla horrenda de sentimientos confusos dentro de él, y no podía hablarlo con nadie. No podía decirle a Kohaku nada de lo que pensaba, y ni él tenía en claro lo que pasaba por su mente. Por primera vez en su vida, se le había ido todo de las manos, ni siquiera su ciencia fue tan certera como esperaba, y no podía hacer nada para solucionarlo. Esa impotencia se convirtió en ira, y logró alcanzar un frasco de barro que tenía al alcance de su mano, y lo arrojó con fuerza contra el piso, estallándolo, mientras soltaba un grito cargado de amargura. Pensó que se estaba descargando solo, pero no contaba con que Kohaku se había levantado para seguirlo, preocupada por su reacción, y aunque todavía estaba a una buena distancia, su perfecta vista 11.0 alcanzó a ver la cara amargada de su esposo, gritando y cómo reventó el frasco con todas sus fuerzas, y se tiraba del pelo con ambas manos.

El corazón de Kohaku se estrujó ante la imagen, quizás era como ella pensaba, que él se estaba conteniendo, y que ahora que estaba solo podía liberar sus verdaderos sentimientos. Una nueva oleada de náuseas la acechó, y no pudo contener una arcada que le dio, y devolvió en el piso. En ese mismo momento, su padre justo estaba volviendo a la aldea, y corrió a ver qué le sucedía.

- ¡Kohaku! Hija… ¿qué te sucede? –Ella sólo le respondió con otra arcada que le dio– Ven, te llevaré conmigo, y mandaré a alguien a buscar a Senku.

- No…no lo hagas –Su padre la miró extrañado, y sorprendido ante la mirada angustiada de ella– No lo preocupes. Sólo… sólo es un mareo, entrené muy fuerte justo después de desayunar, y se me revolvió el estómago. Acompáñame a mi choza… ¿sí? –Trató de forzar una sonrisa, para tranquilizar a su padre.

- De acuerdo, pero me quedaré contigo hasta que mejores, no puedes estar sola si te sientes así.

A Kohaku le tomó un par de horas recomponerse, de las náuseas y de la horrible sensación que tenía por la imagen de ver a Senku tan enojado y frustrado. No podía decirle nada a su padre, no era seguro todavía que estuviera embarazada, y ahora se sumaba la incertidumbre de la situación con lo que pasaría con Senku. Dudaba que fuera tan desalmado como para no quererlo, él no era alguien que le escapara a los problemas. "Problemas", ja…qué mala elección de palabra, no lo sentía así, pero problemas podrían ser los que devinieran de eso. Pero de sólo recordar cómo se fue de la choza de Ruri, y su reacción después cuando lo vio en el laboratorio, francamente la asustaba y la ponía nerviosa. Esperaba que esto no tuviera un impacto grave o negativo en su relación, aunque no había sido culpa de ninguno, habían tomado las precauciones necesarias. Pero si Senku era tan determinado como para no querer que lo tengan…no quería ni pensarlo. Siguió dándole vueltas al asunto, pero lo único que lograba con cada minuto que pasaba, era angustiarse más y más. La sola idea de pensar que tenía un hijo dentro suyo, instantáneamente borró todas sus dudas, lo iba a proteger y criar con su vida, sin importar las consecuencias. Se acordó de la frase que Senku le había dicho un día, que "una leona siempre protegía a su familia". Bueno, esta vez estaba de acuerdo con el apodo desde el fondo de su corazón.

Senku volvía a su choza, unas horas después, cuando llegó a escuchar desde donde estaba unos fuertes sollozos, de una voz que conocía demasiado bien. Asustado, echó a correr, y lo primero que vio cuando entró fue a Kohaku sentada en la cama, abrazándose con ambas manos el vientre. El mundo se detuvo por un momento para el científico, temiendo lo peor.

- ¡KOHAKU! Kohaku… ¿qué pasó? –se acercó a ella, miró y revolvió desesperado las sábanas, buscando algún rastro de sangre que confirmara sus temores, pero no encontró nada, por suerte– Por favor, dime lo que te pasa, por favor, leona…

Pero ella lo abrazó con todas sus fuerzas, haciéndolo caer en la cama a su lado, mientras lloraba en su cuello, lo cual lo angustió terriblemente.

- Perdóname…perdóname, no me odies.

- ¿Qué pasó? ¿Qué…hiciste?

- No puedo…–apenas podía hablar entre sollozos– no quiero perderlo. Por favor…no me pidas que lo rechace.

- ¿Que rechace qué? Ah, maldición, no te entiendo. No me asustes así.

- Si es verdad que estoy embarazada… quiero tenerlo. Y tú no…

- Espera, ¿por qué dices eso? ¿De dónde lo sacaste? –Todas las alarmas se prendieron en su cabeza, si no había dicho una palabra a nadie, ¿por qué pensaba eso?

- Te vi… vi tu expresión cuando estábamos con Ruri, y cómo temblabas. Y alcancé a verte cuando estabas en el laboratorio porque me tu preocupó tu reacción y quería hablar contigo.

- Ah, ¿viste eso? –Se tapó los ojos con una mano, mientras sonreía tristemente– Lo lamento, seguro que no fue una buena imagen, y es lo que te llevó a esas tontas conclusiones.

- Oye…

- No, escúchame ahora, porque estás comenzando a decir cosas ilógicas, que ya quisiera que te arrepientas de soltar –Era verdad que no había reaccionado de forma ideal, pero que ella llegara a pensar que él le iba a pedir que lo rechace…lo hizo estremecerse de punta a punta. Ahora fue él el que la abrazó con fuerza– Me preocupa que a esta altura tengas esas ideas de mí, cuando ya te dije varias veces, en los votos nupciales incluidos, que también quiero que algún día agrandemos la familia. Sólo que no me esperaba ni un milímetro que ese algún día sea ahora.

- Oh, ¿o sea que…?

- Si te soy sincero, no tengo idea cómo manejar esta situación, diez billones por ciento seguro que no me lo esperaba, y quiero que sepas que si estoy enojado, es conmigo mismo. Porque evidentemente si hubo una falla en los condones, fue responsabilidad mía. Tampoco se podría haber hecho nada, fue demasiada mala suerte que por una sola vez que fallaron, es probable que te haya embarazado. Como sea, ya está –respiró hondamente, y suspiró– Que no me entusiasme la idea de ser padre en este momento, no significa que esté resentido contigo, o que vaya a odiar a nuestro...hijo –Mierda, por primera vez decir "hijo" ya no era una sola palabra o idea, esta vez era algo muy real, y eso le produjo un remolino de emociones– No lo pienses ni por un segundo.

- Senku, no sabes lo que me tranquiliza escucharte decir eso. Gracias, aunque en el fondo sabía que podía confiar en ti, que no ibas a ser ese tipo de hombre. Pero me asusté, verte así de nervioso y lamentándolo, no pude evitar pensarlo. No sé por qué, pero en el momento en que se volvió real la posibilidad estar embarazada, no dudé en querer protegerlo, aunque eso me costara la relación contigo.

- ¿Ves? Esos son tus instintos de leona, te lo dije. Sólo que, a partir de ahora, deja de hablar en singular. Lo protegeremos, estamos juntos en esto –le sonrió, un poco más tranquilo ya, y le dio un beso en la frente, gesto que sorprendió mucho a Kohaku por la inocencia y la dulzura– Y prepárate para tener un esposo insoportable que se preocupe todo el día por ti, te tendré bien vigilada para que no hagas tonterías. Vas a tener que cuidarte mucho en varios aspectos a partir de ahora. Sin embargo, todavía trata de no decir nada a nadie, hasta que estemos seguros.

- Me armaré de paciencia entonces, aunque me da mucha tranquilidad que me vayas a cuidar tanto –Se acurrucó contra él, todavía abrazados– De acuerdo, ¿y eso cómo lo sabremos?

- Lamentablemente no tengo el equipamiento científico necesario para hacerte una ecografía, o algún estudio. Así que tendremos que esperar hasta que des otras señales, o sencillamente hasta que te crezca un poco la panza.

- Ya veo –Inconscientemente se tocó el vientre, y sonrió suavemente– Bueno, tal como se hizo en la aldea por generaciones, dejar que la naturaleza siga su curso.

- Si bien sé mucho de química y anatomía humana, y todo eso hace a la ciencia, nunca me preocupé mucho por los detalles específicos de un embarazo, así que en eso por primera vez admito una pata floja. Pero con lógica y deducción, podremos resolver todas las dudas, y buscar la forma que mis conocimientos nos ayuden. Aunque una vez que se confirme, para mayor seguridad no habrá nada mejor que preguntarles a las madres de la aldea, y si tienen curanderos o parteras aquí, aún mejor.

- Sí, eso será lo mejor. Mi padre podrá ayudarnos también. Oh, mi padre…cuando se entere…

- Se va a reír, él fue el que nos hizo la broma de que podríamos volver con un nieto suyo en el camino, y que no le molestaría. Al final, con toda la charla que di sobre los condones, y ahora esto, ya veo venir los comentarios.

- No digas eso, durante meses fueron muy útiles…eso él no lo sabe, pero es la verdad.

- Bueno, la buena noticia de todo esto es que, si estás embarazada, no tendremos que usarlos por un buen tiempo –se rió, aunque con amargura– aunque no los dejaremos hasta que estemos seguros, no vaya a ser cosa que esto es una falsa alarma, y de verdad te embarazo por confiarnos.

Eso terminó por sacarle una risa sincera a ambos, aunque era más de nervios que de auténtica felicidad. Habiendo hablado sinceramente el tema, y como Kohaku ya se sentía mejor de los mareos, ambos salieron para seguir con el trabajo. En el camino se encontraron con Kinro, que se extrañó que la rubia no le pidiera de entrenar ese día, y le preguntó si tenía ganas, pero Kohaku se excusó con que no lo había hecho porque se sentía un poco descompuesta, aunque no era grave.

Pero fue inevitable que los próximos días sus otros compañeros de entrenamiento se dieran cuenta que algo raro pasaba con ella. De pedirles para entrenar constantemente, a no hacerlo más fue algo muy evidente, pero a eso se sumaba que cuando sí entrenaba, lo hacía conteniéndose, algo que no era propio de ella. Logró disimular por unos días, diciendo que se estaba recuperando de ese día en que todos se enteraron que sufrió mareos, pero ya tendría que poner otra excusa. Kohaku no terminaba de entender por qué no podía decirles, aunque no fuese seguro, estaba segura que todos la entenderían y podrían encontrar la forma incluso de hacer entrenamientos más ligeros.

El único que parecía que no creía del todo las excusas, fue Tsukasa, aunque sólo la miraba fijamente sin decirle nada. Había notado que Kohaku evitaba con mayor energía todos los ataques que iban dirigidos a su pecho y abdomen, prefiriendo cubrirse con sus brazos y piernas, y en otras ocasiones girándose de espaldas directamente, lo cual era una pésima idea de lucha. Pero como sabía que si se lo preguntaba directamente ella lo iba a negar, optó por otra estrategia. Le dijo a Kohaku que tenía pensado probar un entrenamiento para afinar los reflejos cuando tuviera la guardia baja, pero que no debía vivir alerta o preocupada esperando un ataque. Y así lo hizo, con pequeños ataques sorpresivos, aunque relativamente fáciles de evitar para ella. Y una mañana, cuando casualmente estaban cerca del laboratorio, y vio que Senku estaba medianamente cerca de ellos, comentando los detalles finales del plano del avión con Chrome, Ryusui y Kaseki, hizo su movida principal: Cargó directamente contra ella, rápido e imponente, en un movimiento muy obvio y visible para todos, pero no por eso menos peligroso. Pero lo curioso no fue que Kohaku se haya asustado o preocupado, más bien con su agilidad estaba lista para saltar a un árbol o a un tejado fácilmente, sino que el grito que resonó bien claro fue el de Senku.

- ¡NO! ¡KOHAKU! –La cara de pánico en su rostro fue evidente, lo cual llamó la atención de sus compañeros.

- Oooh, lo sabía –Tsukasa se detuvo inmediatamente, y abandonó en un instante su actitud de lucha, pero en cambio una sonrisa asomó a su rostro.

- ¡¿Qué demonios estás haciendo, Tsukasa?! ¡¿Estás loco?!

- Senku…está bien –Kohaku intercedió, tratando de disimular el extraño arranque protector del científico– Es parte de un entrenamiento, no iba a lastimarme.

- Me importa una mierda, ¿y tú accediste a eso? ¿Tienes la menor idea de lo peligroso que podía ser para…? –Finalmente se dio cuenta que se le había soltado la lengua más de lo que hubiera querido, y aunque se calló a tiempo, la sonrisa de Tsukasa le había dicho que era demasiado tarde.

- Tenía mis sospechas, pero con esto lo confirmo. Nunca antes te preocupaste de esa forma por ella, Senku, tú más que todos confías en sus habilidades. ¿Kohaku está embarazada?

- ¡¿EEEEEEH?! –Gritaron Ryusui y Chrome al unísono.

Senku no lo confirmó, ni lo negó, sólo lo miró a los ojos con mucha seriedad, mientras que Kohaku miraba de uno a otro, sin saber qué decir tampoco.

- Kohaku, puedo asumir que no lo dijiste porque podría ser muy pronto para confirmarlo, pero fue demasiado arriesgado e irresponsable de tu parte disimular y seguir con los entrenamientos como si nada, aunque tú sí hubieras tomado recaudos, no creas que no lo noté desde el principio.

- Tsukasa…yo…

- No tienes que explicarme nada a mí. Sólo espero que ambos sean más maduros al respecto a partir de ahora, y que sepan que pueden confiar en sus amigos. No es una noticia menor ni para tomarse a la ligera, menos teniendo en cuenta que la salud es muy frágil en nuestra situación. No sé cuánto tiempo pensaban seguir así con esto, pero si no lo hacen ustedes, me encargaré yo de que todos lo sepan.

- Vaya sermón –Senku reconoció, sonriendo de costado– Pero tienes razón. Ya lo hablamos con la leona, todo cambiará de ahora en adelante, y no podrá entrenar ni trabajar de la misma forma tan temeraria suya, pero si no lo dijimos fue para no crear falsas esperanzas, sólo pasaron un par de días desde que nos enteramos de la posibilidad que esté embarazada, y desde entonces los síntomas que la molestaban disminuyeron. Sólo queda esperar y prestar atención a cada reacción de su cuerpo.

- De verdad lo lamento Tsukasa, acepto mi error – Le contestó Kohaku, mirándolo con seguridad– Nosotros lo diremos, pero por ahora sólo a las personas cercanas que realmente necesiten saberlo, como mi familia, el equipo de lucha, y los amigos más cercanos.

-Está bien. No tengo más que decir. Me imagino que no debe ser fácil para ustedes, pero les aseguro todos los vamos a apoyar y proteger, y ayudarlos de todas las formas que podamos –Finalmente sonrió suavemente, aflojando el clima tenso que se había creado– Me gustaría felicitarlos de todas formas, pero entiendo que es un poco apresurado.

- Sí, gracias – contestaron ambos, devolviéndole la sonrisa.

Después de ese último comentario, Tsukasa miró detenidamente a Ryusui, y después a Chrome, dándoles a entender que esperaba que ellos tampoco se entusiasmen demasiado o cometan alguna imprudencia, o les caigan encima con preguntas a sus amigos, sino más bien que sean considerados y discretos. Sin necesidad de palabras, los dos generales asintieron, y sólo obsequiaron una fina sonrisa de apoyo a Senku y Kohaku, respaldando las palabras del luchador. No estaban solos, pase lo que pase, eso era lo más seguro.

Buenas! Qué tal? Primeras reacciones y acercamiento a la posibilidad de leoncito en camino. Espero que lo hayan disfrutado, tuvo sus momentos de tensión, pero hay que confiar en esos dos, además de sus buenos amigos, en las buenas y en las malas. Hasta el próximo capítulo! Los leo a ustedes ahora jaja xD