DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.

.

¡Hooola de nuevo!

No me creo ni yo el ritmo que está volviendo a coger las actualizaciones del FIC jaja. Una semana más estoy aquí y espero que estéis todas bien. Daros, como siempre, las gracias por vuestro apoyo. Sois maravillosas, me sigue sorprendiendo que haya gente al otro lado de sus pantallas leyendo mis historias.

Al final os dejo unas aclaraciones sobre el FIC.

Sin más os dejo con Bella ;)

.

SIGUE SIENDO TÚ

BPOV

.

La comida se convirtió en merienda y ésta en cena. Edward y yo nos quedamos solos alrededor de las doce de la noche. Aunque podría estar cansada por todos los acontecimientos de este intenso fin de semana, la adrenalina corría por mis venas.

-¿Estás preparada para ver qué hay en ese sobre? – preguntó Edward mientras descansaba, apoyada en su cuerpo dejándonos llevar por el agua de la piscina.

Finalmente nos habíamos bañado desnudos. Edward era demasiado persuasivo y ahora mientras sus manos trazaban caricias en mi espalda quería usar ese poder para que abriera el sobre que me había traído su padre.

-Sí y no. – confesé porque por muchas ganas que tuviera también estaba muerta de miedo.

-Podemos hacer un trato… - propuso Edward mientras sus labios vagaban por mi cuello provocándome escalofríos.

-Aja… - contesté ansiosa por que ese pacto acabara con él encima de mí.

-Abro el sobre, le echo un vistazo y si veo que va a ser demasiado para hoy lo dejamos… Mañana compramos unas botellas de vino, cocino pasta con la mejor salsa boloñesa que has probado jamás y nos enfrentamos a ello. – expuso como si estuviera hablando con nuestros inversores defendiendo nuestro proyecto estrella.

-¿Estás sacando tus armas de negociación conmigo? –contesté algo afectada. Edward sabía tocar mi punto más débil; voz grave que atacaba directamente en mis entrañas.

-¿Funcionan? – preguntó con su mejor arma, sus ojos verdes mirándome profundamente. Mi criptonita fundiendo mi alma.

-Sabes demasiado bien que sí. – sentencié haciéndolo sonreír satisfecho.

Nos tomamos nuestro tiempo para salir de la calmada agua salada de la piscina. Edward salió antes que yo para buscar nuestros albornoces. No tardó en entrar en la casa y regresar. Era increíble como en tan pocas horas se había adaptado a este lugar moviéndose como si fuera su hogar durante años.

Al cruzar las grandes puertas que daban al despacho de papá un escalofrió cruzó todo el cuerpo. Edward cerró delicadamente los ventanales porque, aunque no era el tiempo lo que había provocado esa reacción nuestros cuerpos mojados, las no tan cálidas noches de setiembre no acompañaban.

Me senté en la butaca de papá mirando el sobre cerrado con atención. Edward lentamente, midiendo sus actos sin perderme de vista, lo cogió con delicadeza y tal como había prometido miró lo que contenía.

En los ojos de Edward apareció una leve chispa de preocupación. Si hubiéramos vivido esta situación hace dos meses hubiera sido incapaz de notarlo pero ahora era capaz de identificar hasta el menor cambio en el semblante, siempre seguro, de Edward.

Miró los papeles con la misma atención con la que yo lo observaba a él. Perdí la noción del tiempo, todo mi mundo se había parado. Centrándome en los precisos movimientos de Edward me olvidaba de lo que contenía ese sobre.

En silencio estiró su mano que resguardaba un sobre negro con únicamente mi nombre escrito en el reverso.

Conocía la letra. Era la de papá.

Quería huir pero sabía que no podía hacerlo. Debíamos acabar con esta situación, me lo debía y se lo debía a mi familia, mi verdadera familia. Pero sobretodo se lo debía a Edward. Desde la muerte de Charlie él había estado firme a mi lado. Merecíamos un descanso y poder disfrutar de nuestra relación sin problemas que nos impidieran ser completamente felices.

-¿La abres por mí? – pregunté a media voz haciendo alusión a nuestra broma privada.

Edward me miró fijamente.

-Siempre. – afirmó seguro mientras volteaba el escritorio para moverme suavemente en la butaca y sentarse detrás de mí. Quedé apoyada en su pecho, ambos acurrucados en este pequeño mueble pensado para uso individual.

Edward posó un beso en mi cabeza antes de pasar sus brazos por mi cintura y abrir el sobre de tal manera que la carta que contenía quedó delante de mí.

La cogí con la mano trémula. Respiré profundamente antes de atreverme a comenzar a leer las palabras de papá.

"Mi pequeña,

Mucho me temo que si estás leyendo esta carta tu corazón estará roto y eso hace más difícil aún escribir estas palabras.

Mi dulce Bella llegaste a mi vida para iluminar mis días y para darme una nueva razón para vivir. Te he querido tanto que había días en los que me costaba creer que pudieras llamarme papá. Ha sido un honor poder ser tu padre. Eres todo lo que jamás me atreví ni a desear.

Lamentablemente tu pasado no fue fácil. Soportaste más dolor en siete años de vida que la mayoría de personas en toda una vida. He intentado alejarte de todo lo que pudiera herirte pero cuando tu hermano tocó por primera vez a mi puerta supe que siempre sería una lucha a contracorriente. Hice todo lo que pude para que jamás tuvieran contacto contigo. Sé que no te habrá gustado mi decisión, siempre has sido muy terca, pero no me arrepiento. Eres demasiado buena persona para la maldad que destilan sus ojos.

En este sobre está toda la información que he podido recabar sobre tu familia biológica si lo necesitas no dudes en usarla pero, pequeña, no lo hagas sola. Busca ayuda, apóyate en tu familia… Sigue a tu corazón y sé valiente. No te cierres al amor de quienes te rodean, no te cierres a tu amor por Edward. Lucha por él, sé que luchará por ti aunque puedas pensar que es imposible.

No te olvides nunca de soñar.

Y mi pequeña… Yo te quiero más."

Sin darme cuenta estaba inundada en lágrimas. Edward me estrechó en sus brazos haciéndome sentir acompañada en este duro momento. No me presionó, simplemente se mantuvo a mi lado hasta que fui recuperando la calma y mi respiración se acompasó al vaivén del pecho de Edward.

-Hay algo más. – me dijo Edward pasándome un papel que parecía bastante antiguo, se observaban las dobleces que delataban el paso del tiempo e incluso algunos de sus lados estaban resquebrajados. Lo abrí curiosa.

Sé fuerte para que nadie te derrote. Sé noble para que nadie te humille. Sé humilde para que nadie te ofenda, pero sobre todo, sigue siendo tú para que nadie te olvide. (NA1)

A diferencia de otra carta, no reconocía la letra de ésta. No era la de Charlie, definitivamente. Se la mostré a Edward aunque no era necesario ya que con su cara apoyada en mi hombro estaba atento a todo lo que contenían las cartas.

-Creo que es de Amelia, mira. – dijo señalando una A prácticamente borrada en uno de los márgenes del papel.

Amelia había sido la mujer de Charlie. Había muerto después de una larga lucha contra el cáncer años antes de que yo llegara a la vida de papá.

-Seguro que era muy especial para él. Lo guardaré conmigo. – aseguré acurrucándome de nuevo sobre el pecho de Edward con las cartas de papá entre mis brazos como si fueran la más preciada posesión que tendría jamás.

Mi mente se quedó en blanco, me focalicé en sentir lo que me habían provocado todos los recuerdos. No podía continuar sin afrontar el hecho que papá estaba muerto.

Suspiré llenándome de valentía antes de salir corriendo.

Edward me siguió en cuanto se repuso de mi acto espontaneo. Me dirigí a mi coche. Abrí el maletero y allí seguía.

El regalo del último cumpleaños de papá. Lo cogí con cuidado y volví a su despacho.

Edward seguía observándome en silencio. Atento a cada movimiento pero respetando mi espacio.

Saqué del envoltorio la curiosa caña de pescar, casi una reliquia imposible de encontrar, y con mucho cuidado la coloqué encima de la estantería principal. Al lado de tocadiscos. Era el lugar preferido de papá.

Lo contemplé orgullosa.

No era lo que pensé cuando recorrí kilómetros para comprarla pero era lo que la vida me había deparado e iba a encarar mi camino valiente.

Cogí aire girándome para contemplar al hombre que se había convertido en mi energía estos meses.

-Vamos a machacarles. – sentencié y los ojos de Edward brillaron emocionados por el desafío y seguridad de mis palabras.

Habían pasado dos meses desde el gran fin de semana de las revelaciones, como acuñamos Edward y yo a esos días en los que mi hermano biológico decidió aparecer en mi vida.

Pasamos varios días analizando y actualizando la información que contenía la investigación que Charlie había llevado a cabo sobre mi familia biológica. No nos pasó desapercibido que había datos desde antes que yo llegara a la vida de papá. Sin duda, Charlie Swan no había dejado nada al azar.

Era descorazonador ver todos los aspectos turbios en los que Phill Dwyer y Anthony habían estado envueltos durante años. Fue extraño como mi mente había olvidado sus nombres hasta que los vi escritos en todos esos papeles que desvelaban todo tipo de actividades ilegales; drogas, maltratos, robos, transgresiones de casi cualquier ley habida y por haber. Nuestros abogados se pusieron a trabajar con todo ese material centrándose en Anthony. Prefería ignorar a mi padre. No quería levantar su interés, estaba segura que los argumentos de mi hermano eran solo una excusa para acercarse a mí. Jamás se interesó por sus hijos, si quisiera haber accedido a mí lo hubiera hecho mucho antes, de la misma manera que lo había hecho él, chantajeando a Charlie.

Edward se cerró en banda cuando le pedí que acabara con la locura de tener seguridad privada a mí alrededor. Fue imposible hacerle retroceder así que llegué a un pacto con él. Se dedicarían a investigar si Anthony tenía alguna ayuda de dentro de la empresa.

No había sido capaz de compartir mis sospechas sobre Jessica pero había acabado haciéndome amiga de Paul, el jefe de seguridad que Edward había contratado. Era un hombre fuerte, grande y con aspecto algo rudo a pesar de su traje oscuro perfectamente planchado pero había accedido a investigar a Jessica sin decirle nada a Edward.

Pero a pesar de todos nuestros esfuerzos seguíamos sin novedades en este aspecto.

Legalmente habíamos conseguido alejar a Anthony de mí pero seguía más presente que nunca, dejándose ver en los medios de comunicación continuamente que ávidos de un buen drama familiar no paraban de entrevistarlo o hacerle fotos que comparaban con las mías buscando similitudes o diferencias cual entretenimiento.

Había días en lo que todo era más difícil de asimilar y me derrumbaba, solo el apoyo de Edward conseguía que quisiera salir de la fortaleza en la que la gran casa Swan se había convertido para nosotros. Ese lugar se había convertido en nuestro hogar. Habíamos hecho varios cambios para adaptarlo a nuestro gusto y aunque no lo habíamos hablado tenía el sentimiento que habíamos encontrado nuestro lugar en el mundo. Mi apartamento llevaba vacío meses y comenzaba a plantearme ponerlo en alquiler.

-Mi fortuna por tus pensamientos. – la voz profunda de Edward hizo que mi mente volviera a la realidad.

Teníamos reunión con el equipo comercial y estaba esperando pacientemente a que todo el mundo llegara a la gran sala de reuniones. Edward me había avisado una llamada urgente con el equipo de Nueva York lo iba a retrasar pero, aun así, había llegado antes que el resto. No esperaba menos del equipo de James. Se había propuesto sacarme de las casillas pero no le iba a dar ese gusto.

-No sé si valen tanto. – contesté mirándolo olvidando todos los problemas para centrarme en todo lo que me provocaba.

-Para mí siempre serán lo más valioso. – afirmó con una sonrisa de lado que me hizo temblar por sus implicaciones. Se acercó hasta que sus labios rozaron los míos dejando un suave beso.

Un beso que era una promesa de todo lo que haría cuando no estuviéramos esperando a que nuestro equipo de comerciales impresentables entrara por la puerta en cualquier momento.

-Chafardero. – le tenté tirando de su labio entre mis dientes antes de separarme de él.

Edward no protestó sino que se sentó cómodamente en su lugar. A mi derecha. Una de sus piernas reposaba sobre su rodilla en una postura que había identificado como la de falsa tranquilidad.

-¿Cómo ha ido la reunión con Nueva York? – pregunté mientras repasaba las cifras de venta de la nueva interfaz de Carl Y Ernest. Eran realmente buenas, excepto las de James que sin ser desastrosas no eran ni la mitad de cuantiosas que las de sus compañeros. Siempre había estado en contra de este proyecto y, claramente, lo estaba saboteando.

-Tengo algo interesante que contarte…- le miré interrogante al ver que no continuaba. Estaba serio así que lo más seguro es que fueran más problemas. – Hablamos luego. – añadió rápidamente señalando con su mirada la llegada de James y los demás.

James entró el primero desprendiendo cierto aire de poder. No me gustaba, desde la noche en el bar estaba en mi lista negra y cada vez que compartíamos espacio estaba más segura que James y Jessica acabarían siendo mi primera prueba de autoridad en Swan's.

El resto del equipo, cuatro comerciales más, se sentó alrededor de la mesa una vez lo hizo su cabecilla. No eran malas personas pero James se había erguido su líder y nadie había sido capaz de alzar su voz para llevarles la contraria. Eran un extraño departamento. Miraba sus caras e intentaba trazar un plan de renovación. Tendría que hablar con Edward, necesitábamos actuar rápidamente si no queríamos que James les comiera el coco con sus astucias.

La reunión se mantuvo en una tensa exposición de datos sobre su departamento.

-Bien. – concluí después de escucharlos con atención. - Sólo me gustaría saber por qué sus vendas del nuevo sistema son tan bajas en comparación a la de sus compañeros. – le pregunté directamente a James que se había encargado de ocultar magistralmente esos datos inflando sus meritos en otras áreas. Olvidaba quien era la presidenta de esta empresa. No necesitaba de su trabajo manipulado para controlar las cifras de venda.

-Supongo que los clientes no están tan interesados como creímos. – simuló encogiéndose de hombros como si eso fuera explicación suficiente.

-¿Y no es ese el trabajo de un comercial? Hacerle creer que necesitan su producto aunque no sea así – increpé teniendo dificultades para controlar mi tono después de todos sus desplantes.

-¿Vas a decirme cómo tengo que hacer mi trabajo? – contestó amenazadoramente posando sus manos en la mesa para impulsarse hacia delante.

-Si no lo haces bien, sí. – respondí sin amedrentarme. Noté a Edward tensarse a mi lado.

-No sabía que mi trabajo estaba en entredicho. – rebatió una vez más.

-Lo está, igual que tu actitud. No me gusta que boicoteen mi empresa, mucho menos desde dentro. – sentencié haciendo que la sala quedara en un silencio tan tenso que provocó que varios de los presentes se movieran incomodos en sus asientos.

-No insinúes nada, dilo claramente. – atacó James quien no quedaba duda buscaba un claro enfrentamiento conmigo. Llevaba meses buscándolo y ésta era su ocasión.

-¿Nos podéis dejar a solas con el Sr. Witherdale?- Edward interrumpió nuestra lucha con un tono al filo del autocontrol que hasta a mí me había puesto los pelos de punta.

Todos hicieron caso a su petición sin dudarlo ni un segundo. Si yo estuviera en su lugar me hubiera levantado tan rápido de mi silla que hubiera conseguido entrar en el libro Guinness de los récords.

-Solo te voy advertir algo. Una falta de respeto más y estás despedido. – dijo Edward tensó haciendo que la mirada amenazante de James se desviara por primera vez de mí.

-Cuanta hostilidad… - se defendió algo más inseguro. James no me consideraba suficiente rival para él pero el que Edward se uniera a la lucha le había hecho perder parte de su pavoneo.

Observé a Edward, atentamente, estaba nervioso. Presionaba el puente de su nariz con los dedos y su frente estaba arrugada aguantando tensión. Disimuladamente busqué su rodilla por debajo de la mesa y la apreté intentando relajarle. Edward desvió sus ojos hasta mí cabeceando.

-Te doy dos minutos para que te expliques. – intervino Edward crípticamente. Definitivamente había algo detrás de esto. Le dejé llevar las riendas de esta nueva conversación.

-Vaya, no solo mi trabajo está en entredicho sino que esto es una especie de tribunal inquisitivo. – se defendió pero comenzaba a lucir como alguien acorralado.

-Está bien, comenzaré yo… - continuó Edward con una sonrisa de lado que no auguraba nada bueno. – Quizás quieras explicarnos porque Marcus Walker asegura que le pagaste una gran cantidad de dinero para presentar esa denuncia de plagio… - expuso Edward dejándome tan sorprendida que estuve a punto de tirar el vaso de agua que sostenía en mis manos.

Mi mente iba a explotar.

¿Des de cuando sabía esto Edward? ¿Sería lo que tenía que contarme antes de comenzar la reunión?

-Será su palabra contra la mía, o acaso no tengo derecho a defenderme. – contraatacó James manteniendo fija la mirada retadora en Edward.

-Una palabra muy documentada. – se defendió Edward pasándole su ipad a James. No se molestó en mirar lo que le enseñaba así que la cogí para comprobar que había extractos del banco y copias de nuestra base de datos con planos para ser falsificadas.

Sin duda todo esto explicaba la aparición de la nada de Marcus, después de tantos años de haber roto su amistad con Carl y Ernest y haberse distanciado de su proyecto. No me podía creer lo que estaba leyendo. Alguien de nuestra propia empresa había conspirado para cargarse nuestro proyecto estrella. ¿Pero de dónde había sacado todo esto?

James guardó silencio. Estaba serio pero no había arrepentimiento en su gesto. Solo orgullo.

Cabeceé a Edward. Sabía lo que iba a hacer y no podía estar más de acuerdo con él. Era el momento de comenzar a tomar decisiones.

-Estás despedido. Puedes pasar por el departamento de recursos humanos, te están esperando con la documentación preparada. – informó Edward.

James me miró con tanto odio que casi sentí como mi corazón se estrujaba. No entendía la razón para que lo llevo a estar en mi contra desde el primer día. Nunca me dio la oportunidad y su odio había llegado hasta el punto de perjudicar a la empresa que pagaba su más que generosa nómina.

-¿Por qué? – pregunté aprovechando que su atención estaba puesta en mí.

-Porque no soporto a los arribistas que llegan a los sitios sin haber luchado por ese lugar… por mucha monada que seas… - añadió cambiando su mirada a una llena de lujuria que me dio ganas de vomitar.

-Vete. – se adelantó Edward antes de que pudiera hablar. Sus manos estaban apretadas en un puño y sus nudillos blancos reflejaban la fuerza que estaba haciendo con ellos. Llevé mis manos hasta las suyas intentando deshacer esa maraña de dedos tensionados.

-¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo, Edward? – preguntó irónicamente después de ver nuestro gesto.

Advertí a Edward silenciosamente. No quería que las provocaciones de James tuvieran el fruto que buscaban. No le íbamos a dar el placer de perder los nervios.

-Te lo diré igualmente, tú te la has follado y ahora no eres capaz de ver más allá. – añadió con una sonrisa ladina y mirada maligna.

Edward se levantó de su lugar con furia, tan rápido que casi no tuve tiempo de detenerlo.

-¡Edward, no! – chillé interponiéndome entre él y James.

- ¡Sal de mi vista y no vuelvas a poner un pie en esta empresa o te juro estarás acabado! – chilló Edward alterado mientras me tomaba de la cintura para ponerme detrás de él dejándome fuera de la vista de nuestro ya exempleado.

Lo siguió con su mirada a través de las paredes acristaladas hasta que desapareció por el ascensor que le llevaría a la planta inferior, dónde estaba el departamento de recursos humanos.

Cuando el rastro de James desapareció dio un golpe sobre la mesa.

-¡No soporto que nadie te hable así! – gruñó enfadado. – He estado a punto de partirle la cara y no me hubiera arrepentido ni un solo segundo. – declaró mientras tiraba de mi brazo para acercarme a él y resguardarme en sus brazos.

Lo sentía respirar aceleradamente, inhalaba mi aroma con su cabeza escondida entre mi pelo mientras sus brazos hacían fuerza a mi alrededor. Le di su tiempo para calmarse igual que él hacía siempre conmigo.

-Mi amor… Tranquilo, las palabras de ese imbécil no pueden herirme. – le tranquilicé.

- Esta mañana cuando me he enterado casi voy directo a su mesa a partirle la cara… - confesó. – Era de eso de lo que teníamos que hablar, pero todo se ha acelerado. – explicó apartándome un poco de él, cogiendo mi cara entre sus manos para mantenerme cerca.

-Confío en ti, no tienes que darme explicaciones. – le aseguré. Sabía que Edward no había querido ocultarme nada. Solo había tenido delante un problema y lo había solucionado con la inmediatez que requería.

La culpa me golpeó.

Edward asintió apoyando nuestras frentes. Cerró los ojos respirando profundamente.

- Seguramente no sea el mejor momento para explicarte esto pero por favor déjame acabar antes de interrumpirme. – le pedí.

-Te lo prometo. – aseguró antes de dejar una caricia en mi cara.

-Rose y yo llevamos tiempo sospechando que Jessica está actuando al margen de la empresa. Este verano, durante sus vacaciones, se conectó al servidor desde la casa de sus padres…- puntualicé sabiendo que era suficientemente inteligente para unir cabos. - No entendíamos nada pero después de saber todo esto me parece sospechoso que semanas después apareciera esa falsa demanda de plagio. –

Me sentía mucho más tranquila ahora que me había quitado ese peso de encima. Confesarle a Edward algo que tendría que haberle explicado mucho antes me hacía sentir más ligera.

Edward me miraba atentamente. Odié su silencio.

No quería que me mirara, necesitaba que me dijera si le parecía absurdo mi planteamiento. Si pensaba que era una novia celosa incapaz de aceptar que tenía un pasado con otras mujeres o por el contrario que pensaba igual que yo y Rose.

-¿Desde cuándo sospecháis? – preguntó cuidadosamente midiendo sus palabras.

-Poco después de volver de Nueva York. – contesté intentando trasmitirle toda la información en la manera más neutral posible.

-¿Y no has encontrado ningún momento hasta ahora para contármelo? – preguntó de nuevo aun sin demostrar qué pensaba al respecto. Edward era un maestro de las negociaciones y como todo experto dominaba la cara de póquer a la perfección. Ahora lo estaba haciendo conmigo.

-Mi vida ha sido un poco loca y… bueno… Hemos estado muy ocupados… y… - intenté buscar alguna escusa coherente pero la realidad era que estaba demasiado preocupada por si Edward iba a acusarme de ser una bruja loca.

-¿Y….? – repitió aunque esta vez una chispa divertida cruzó su profunda mirada verde.

-¡No te rías de mí! – acusé pegándole en el pecho. – No quería que pensaras que estoy celosa de Jessica, ¿Vale? – le expliqué algo ofuscada porque siempre conseguía salirse con la suya.

Intenté separarme pero Edward no me dejó salirme con la mía.

-Como siempre tu cabeza llegando a la conclusión más complicada. – me acusó divertido.

Mis ojos casi se salieron de sus órbitas procesando sus palabras.

-¡Te estoy hablando en serio! – me defendí intentando liberarme de nuevo. – Nuestras sospechas están fundamentadas no son una conclusión al azar.

-Estate quieta. – pidió acomodándome mejor entre sus piernas impidiéndome aún más el movimiento. – No hablaba de eso sino de que pensaras que lo único que se me ocurriría era que tú estabas celosa. – aclaró para acabar dándome un beso.

-Ohhh... – dije algo confundida, pero contenta, cuando nos separamos.

-Oh – me imitó. – Si me lo hubieras contado antes quizás hubiera tenido la oportunidad de explicarte que Jessica lleva meses chantajeándome para que no la despidamos. – me explicó dejándome helada por su declaración.

-¿Cómo? – boqueé.

-El día de la mudanza… ¿Te acuerdas? – asentí recordando las horas que Edward había estado desaparecido. Lo había llamado miles de veces después que la noticia de mi hermano saliera a la luz pero él no respondió apareciendo horas después en casa de sus padres. – Intentó tenderme una trampa.

-¿Qué clase de trampa? – cuestioné inmediatamente. Me había costado mucho tiempo dejar de pensar en su desaparición y ahora todas las dudas que había tenido volvían a asaltarme.

-Se abalanzó encima de mí, me besó prácticamente desnudándose delante de mí. Me costó separarla y aunque no usé fuerza si hubo algo de forcejeo, más del que me hubiera gustado. Al parecer lo gravó y pretendía denunciarme si la despedía. – me explicó sin rastro de la diversión anterior.

-Necesito un descanso. ¿¡Es que todos se han unido en nuestra contra o qué!? – exclamé en voz alta lamentándome de la mala suerte que estábamos teniendo.

Y en ese momento todo tuvo sentido.

Miré a Edward sabiendo que él había llegado a la misma conclusión que yo.

Habíamos sido unos idiotas y ahora todas las piezas estaban sobre la mesa parecía tan claro y sencillo que era increíble que no hubiéramos unido cabos antes.

-Eres brillantes… Jodidamente brillante. – me alabó Edward feliz alzándome en brazos.

Habíamos sido unos estúpidos al pensar que la falsa acusación de plagio y la llegada de Anthony habían sido hechos separados cuando seguramente ambas acciones estaban estrechamente ligadas. Una siendo la consecuencia del fracaso de la otra. Al no tener éxito con Marcus sacaron la artillería pesada a la que sumaron sus boicots internos con un trabajo que menguaba los beneficios de la empresa tanto Jessica desde el departamento financiero y James en el comercial. Un ataque por todas bandas, personal y profesional para Edward y para mí.

-Paul no ha encontrado nada al respecto pero seguro que esto le ayuda a saber dónde buscar. – pensé en voz alta dándome cuenta tardé que había vuelto a meter la pata. Yo sola me había delatado y tendría que explicarle a Edward lo que había estado planeando a sus espaldas con Paul.

¡Estúpida bocota!

-Veo que es todo un pozo de secretos Señorita Swan… - replicó Edward divertido sabiendo que me había pillado en otra mentira.

-¿Te invito a cenar esta noche? – propuse inocentemente haciendo que Edward riera a carcajadas por mi infructuoso intento de desviar la atención.

.

[**]

.

NA:

Primero, como siempre que uso algo que no es mío en la historia, citaciones: NA1: La nota de Amelia no es mía, el AUTOR ES PAULO COHELO.

Segundo, preguntáis cuantos capítulos quedan. No creo que me alargue más de los 35. Como podéis deducir con la lectura de este capítulo todo se va aclarando y no tendría mucho sentido alargar mucho más el fic. Como voy escribiendo cada semana no sé el total como otras veces. Sin duda estamos ante la fase final de esta historia de Edward y Bella.

Como siempre, subiré el próximo capítulo tan pronto como lo tenga.

Muchoooos saludos a todos

Nos leemos en el próximo ;)