Pov. General
Los arduos trabajos sucios que realizaba Sai, por fin daban sus frutos.
Cada vez estaba más cerca de Danzõ, el líder, y eso le generaba más adrenalina.
Hubo noches que no pudo conciliar el sueño debido al arrebato de vidas inocentes.
Se sentía fatal, desgarrado interiormente.
Apenas llegaba a su habitación de hotel, corría hacia el baño para devolver lo poco que cenó.
Había adelgazado mucho y su palidez era aún más notoria que antes.
Realmente estaba pasándola muy mal...
Cuando creyó estar acorralado por las pruebas, rompió su celular luego de que su actual "jefe" se lo descubriera.
En un acto veloz de ocultar las evidencias que lo vinculaban a la policía, apretó con fuerza la pantalla del móvil para que se dañara el táctil.
Danzõ, al notar que ése ya no servía, decidió conferirle otro para mantenerse en contacto.
Es por ese motivo que no llamó a Shikamaru para relatarle lo sucedido en Suna.
Se sentía solo, a la deriva...
Había realizado muchas misiones de infiltración pero esta era la primera vez que Shikamaru no estaba a su lado, apoyándolo y sosteniéndolo en momentos de total vulnerabilidad.
Habían pasado semanas, incluso un par de meses que no retornaba a Konoha. La hostilidad de Suna era cada vez más alta y precisaban de sus servicios con frecuencia.
El reto más peligroso fue cuando se produjo la inauguración del shopping.
Tanto Obito como Zetsu y Konan, estaban al frente de ese gran evento.
La presentación del lujoso edificio fue el primer día hábil del mes de julio.
El invierno era bastante crudo a comparación de la ciudad vecina. La nieve fue el principal atractivo de la zona.
El trabajo que le encomendaron a Sai y a su hermano fue la de mantener la seguridad de Obito, alertando de cualquier anomalía en cuanto a los visitantes.
—Shin...¿Hasta cuándo creés que seguiremos así de ocupados?
—No puedo asegurarlo. Desde que el "Señor" llegó a la ciudad, los encargos están muy solicitados.
—Necesito volver a Konoha.
—Tranquilo, da una imagen intachable a Danzõ y podrás pedirle hasta las llaves de su casa—Bromeó.
—Seré paciente. Aunque esa cualidad no sea propia de mi personalidad.
Escondidos tras la escenografía, fuera de la vista de los desconocidos, los hermanos observaban el panorama que se desarrollaba con total normalidad en la fría mañana de Suna.
Obito llevaba puesto un traje negro impecable, debajo traía una camisa blanca y en su mano, un portafolios.
Como era de esperarse, Zetsu tomó el mando de la organización del evento que se llevó a cabo en el estacionamiento descubierto del edificio.
La joven que lo acompañaba, era la misma que deambulaba todas las noches con su típica sonrisa malévola.
En ese momento, estaba cuidadosamente peinada y maquillada como Temari.
La muchacha, de cabello azul oscuro, se había tomado el tiempo de teñirse de rubio como la mujer del Uchiha.
De hecho, ella fue quién dio la bienvenida a los nuevos comerciantes y a los futuros clientes.
Ese movimiento fue lo que dejó desconcertado a Sai.
—Shin... —musitó, captando la mirada de su hermano.
—¿Qué pasa? No quiero que nos vean hablando mucho...
—Esa chica... es decir, creo que se llamaba Konan si no me equivoco.
—Si, estás en lo cierto.
—Bueno, ¿Por qué adoptó el aspecto de la mujer de Obito?
—Siendo franco, no lo sé. A mí también me llamó la atención.
Al quedar inconforme con la respuesta de Shin, decidió restarle importancia a ese detalle.
Fuera de esas inquietudes, todo marchaba bien. No había absolutamente ninguna actitud fuera de lo normal.
Tras el acoso de los periodistas y fotógrafos, encargados de buscar la entrevista de la falsa Temari, Obito se escudaba bajo la máscara de Anonymous. Tal como muchos de los futuros comerciantes.
Estaban incómodos y entonces determinaron que finalizaran lo antes posible.
Gracias a su vínculo laboral, la cercanía que obtuvieron los hermanos hacia el Uchiha, era cada vez más estrecho.
Llegó el momento que todos esperaban.
El reloj marcaba las 10 de la mañana en punto y Konan, con la ayuda de una gran tijera que le proporcionó Zetsu servida en una bandeja, cortó con sutilidad la cinta que daba por culminado el acto inaugural de SaTem Shopping.
Los aplausos se hicieron eco en el lugar y a partir de ese momento, se les cedió el paso para que puedan circular con libertad.
Cuando creían que su trabajo por fin estaba terminado, un ensordecedor ruido acabó con el sereno clima.
El estruendo se desató en la zona de los anfitriones del evento, generando un pánico entre todos los asistentes. Comenzaron con el lanzamiento de unas bombas caseras y gas lacrimógeno.
Los visitantes se dispersaron rápidamente y, entre la confusión, los hermanos corrieron a cumplir su trabajo. Había gritos, llanto y corridas que provocaban choques entre ellos mismos.
Entre el caos y la locura generalizada, consiguieron divisar a Obito, que se encontraba escondido entre dos automóviles dentro del estacionamiento cubierto.
—Tardaron demasiado.
—Lo siento señor. Hay mucho revuelo aquí fuera y se nos complicó identificarlo rápidamente.
Sai no soltó ni una sola palabra. Quedó perplejo ante la revelación de su identidad, quitándose la máscara.
—Me comentó Danzõ que ustedes son sus empleados más fieles y por eso me tomé el atrevimiento de contratarlos para que me cuiden el pellejo.
El muchacho estaba tan pálido, que no se podría distinguir si era por su color de piel o por la contemplación de tal delincuente frente a sus narices.
—Ey, muchachito—llamó su atención, cediéndole un revólver cargado—. No dudes en usarlo.
—A... así será—lo tenía en sus manos y rápidamente lo guardó en su bolsillo.
—Necesito un favor. Traeme mi portafolios, creo que quedó cerca de donde estábamos realizando el evento.
—Enseguida.
Shin corrió hacia el lugar indicado, dejando a Sai a solas con Obito.
Sudaba, temblaba. Rogaba que todo acabara para poder estar cómodo en su casa, viendo películas o tomando un baño tranquilo.
—Vamos hacia mi vehículo—corrió delante de su guardaespaldas, sin medir las consecuencias.
El joven trató de seguirle el paso, pero el Uchiha estaba tan acostumbrado a escapar que sus piernas ya estaban adaptadas a la situación.
Un disparo al aire exaltó a los hombres, obligándolos a retroceder.
Un policía había acorralado a Sai, que era amenazado por el revólver mientras Obito huía despavorido.
—No des un solo paso más, Obito Uchiha—mostró la pistola que cargaba en su otra mano.
Sai quedó consternado. Esa voz le era bastante familiar...
¿Sería su salvación?
—Malditos policías, ¿Creen que podrán atraparme tan fácilmente? Con esta joyita de guardaespaldas que tengo, se te hará imposible—lo miró—. Recordá la orden—impuso.
Sai apuntó con su revólver. Miraba a los ojos de aquel agente que llevaba un casco y chaleco antibalas. Todo parecía indicar que era él pero no podía perder la confianza que el Uchiha había depositado ciegamente.
Sin dudarlo, el policía también se posicionó para disparar, esperando que fuera su contrincante quién efectuara el primer tiro.
—Estás acorralado, Uchiha—quitó el seguro.
—Dispará, YA—ordenó el delincuente.
Las manos de Sai sudaban, dudaban, temblaban.
En un intento de dar una buena impresión, efectuó un disparo al chaleco. Estaba consciente de que no sería mortal y también le daría tiempo a Obito de huír.
A pesar de perder sangre, el oficial se lanzó hacia Sai para quitarle el arma, propinándole un golpe en el rostro.
Mientras ambos se enredaban en una gresca confusa y violenta, llega Shin para ayudarlo.
Mediante una balacera que impidió que dejaran inconsciente a Sai, lograron que ambos subieran al auto rápidamente.
De forma veloz, Shin los acompañó sin quitar el arma que lo apuntaba.
El oficial que estaba detrás de ese traje, comenzó a disparar al vehículo, sin obtener resultados positivos.
Estaba consciente de que ese balazo fue porque necesitaba acorralarlo en un sitio seguro. Por eso lo dejó ir...
Pov. Shikamaru
Perdí la oportunidad de atrapar a Obito.
Estaba tan cerca y ahora lo dejé escapar para resguardar la seguridad de mi amigo.
Observé cómo el vehículo se alejaba a gran velocidad, pasando por alto todos los objetos a su paso.
Estaba petrificado, sentado en el suelo sosteniendo la herida que Sai realizó en mi cuerpo.
En el fondo de mi corazón, sabía que podría confiar en él.
—Shikamaru, ¿Estás herido?—un grupo de colegas corrieron hacia donde me encontraba.
—Eso creo. Sólo tengo esta patética herida—señalé.
—Vamos para que te atiendan—uno de ellos extendió su mano para ayudarme.
—Gracias—me levanté lentamente.
—¿Qué sucederá con Obito ahora?—Izumo miraba la salida del estacionamiento con preocupación.
—No te preocupes, tendremos otra oportunidad de "cazarlo".
Pov. Temari
Horas antes...
¿Qué es esto? Es... ¿Calor? No. No es el ambiente, sino una chimenea.
Abro mis ojos y veo frente a mí a una muchacha de un aspecto similar al mío.
Estaba cuidadosamente sentada en el respaldo de la silla, pintándose las uñas de color púrpura.
—Hasta que despertás, perra.
Vaya forma de expresarse.
—¿Quién sos? ¿Dónde estoy?
—Pues... lamento informarte que no podré revelarte mi identidad y..-soplaba lo que había pintado recientemente—Tampoco te diré dónde estamos.
Su tono soberbio demostraba que podría ser una de las empleadas de Obito.
—Él me dejó aquí, ¿No es así?
Se bajó de la silla y apoyó el esmalte en la mesa de noche. Mi cuerpo hormigueaba y no tenía fuerzas para moverme.
Se colocó a mi lado, se acercó a mi oído y dijo:
—Digamos que si no fuera porque quería tus huellas dactilares para finalizar su plan, ya estarías muerta—exclamó sin pelos en la lengua.
—Maldita.
—Lamento decirte, querida Temari, que hoy tomaré tu lugar. El sabor de los labios y el cuerpo de Obito ya los he degustado. Supongo que nos parecemos mucho en eso y me dio mucha curiosidad saber qué tan delicioso sería tener sexo con tu amante. Eso me excita...
Mordí mi labio inferior, manifestando la rabia interior.
—Ni se te ocurra, maldita perra—grité.
Me sentía impotente, desganada.
Quería partirle la cara, pero mi cuerpo no respondía.
—Ay primor, estoy apurada. Luego te cuento lo sabroso que fue estar en su cama. Bye, bye.
Salió de aquella habitación, cerrando con llave. Dejando un sabor horrible en mi mente.
A cada minuto recordaba, lo sucedido en mi departamento, cuando la mentira fue descubierta...
