Capítulo veintitrés: Mira lo que hemos hecho

"No salgas de tu casa sin darte cuenta de lo que vas a hacer, ni vuelvas a entrar a ella sin darte cuenta de lo que has hecho."

-Cleóbulo de Lindos

Épsilon se unió a India en la entrada principal, Alpha se dirigió al techo y Beta entraría al edificio luego de que ellos abrieran el camino.

Un teque no suprimía sus instintos, se abrazaba con ellos y les daba rienda suelta. No obedecía a nadie, no tenían cadena de mando o líder, eran solitarios. Bebían sangre humana como un alcohólico de su botella o un drogadicto a su vicio, y aquella dieta los mantenía más fuertes que cualquier otro demonio sin título.

No se escondieron más detrás de una forma falsa, la tela se rasgó al igual que la piel y una nueva cubierta se dio a conocer. Obsidiana, un negro con matices metálicos y aspecto a marfil. Dientes puntiagudos, parecían todos colmillos bien afilados. Nariz achatada, orejas terminadas en puntas y labios finos y negros. Sus ojos, la esclerótica negra y el iris color cian.

Anaïs arrojó dos bombas aturdidoras y ella tres bombas de humo mientras jalaba de la máscara por sobre su boca y nariz. Leopoldo ya se había arrojado al frente con su kusarigama, la cadena apuntando hacia el cuello de su enemigo para asaltarlo. Iza sacó de su cinturón dos agujas bañadas en paralizante, pero ella le hizo una señal para que las guardara, no podrían traspasar la carcasa sin antes haberlo dañado algo. Sin embargo, la más joven Estrella de su equipo mantuvo las agujas en sus manos. Leo tomó el otro extremo de la cadena, la hoz bien afilada lista para cortar carne. Ella tomó la cadena junto a él y ambos tiraron, Johnson pasó junto a ellos y se sumergió en lo más profundo del humo con su espada en mano. La pesa se desenganchó del cuello del teque y ella maldijo por lo bajo mientras tomaba sus dagas, una en cada mano.

-¡Al suelo! -ordenó Laura, de Épsilon, y nadie dudó al arrojarse cuerpo a tierra.

Johnson salió disparado, la espada protegiendo su pecho, y el humo comenzó a disiparse. El demonio tenía el cuello con marcas, pero su piel sin una gota de sangre. Sus ojos algo desenfocados, las granadas aturdidoras de Anaïs no eran ordinarias y sus secuelas permanecían por algunos minutos.

-Son… del Instituto. -masculló él y nadie afirmó o negó su suposición tan acertada- Vienen por Pía… ¿O por qué vienen? -una lengua viperina asomándose entre sus labios.

Le hizo una seña a Anaïs, tres bombas ácidas a la orden fueron arrojadas hacia su enemigo, Iza arrojaría sus agujas si observaba carne al rojo vivo.

-¡Venimos por ti!

Pero claro, Johnson no era uno para jugar en equipo y se abalanzó hacia el teque en cuanto el ácido impactó contra su cuerpo. Ella lo siguió de cerca, lista para darlo todo también.

Secretos, Eriol sintió que le estaban guardando grandes secretos. O, al menos, uno muy grande.

La arena quedó atrás y ellos aparecieron en Francia, a unas ocho calles de la torre Eiffel, en un callejón poco transitado. Él se acercó a la calle, observó a ambos lados y había gente transitando y viviendo sus vidas.

-¿Cuál es el plan? -quiso saber Amads mientras se acercaba a su lado, también observando a los transeúntes.

-Necesitamos un lugar con mucha gente. -dijo ella- Un lugar donde no puedan atacarnos abiertamente sin exponerse. La regla número uno es que nunca se enteren de la existencia del mundo sobrenatural, ¿verdad? -les inquirió, una sonrisa en sus labios corales.

-¿Por qué nos atacarían? -quiso saber él.

-…porque vamos a hacer que Ana venga a nosotros. -respondió ella.

-Todo a un radio de cinco kilómetros vendrá hacia nosotros, dulce, si es que te enciendes como un faro. -le hizo ver su caballero- Recuerda que Francia tiene un señor, también.

-Esbirros y Siervos. -agregó el mago- Siervos mejorados, Tomoyo. -ajustó sus lentes- No sólo Ana.

-Pero todos tienen la misma orden, no matarme. -les recordó, su ceño levemente fruncido.

-¿Matarte? -se jactó él- ¡Capturarte, eso harán! -gruñó él- Aaron seguro no tendrá reparos en recompensar a quien te capture y te entregue con un lindo moño.

Amads se adelantó y la tomó por los hombros, ella lo observó aún enojada.

-Dulce, es una locura. -le dijo el árabe- No lo estamos pensando con claridad.

-No lo estás pensando para nada, Tomy. -él también se acercó a ella, al fondo del callejón- ¿Por qué quieres hablar con Ana? ¿Qué crees que conseguirás con ello? Te quieren como prisionera, si no han venido por ti aún es porque Aaron no está y Pía tiene otros problemas que resolver.

-Eriol tiene razón, suficiente llamamos ya la atención en Arabia con los mestizos, dulce. -casi le rogó- Europa no va a tolerar la misma paz permisiva que Ana nos deja en casa.

Ella retrocedió dos pasos, los brazos de Amads cayeron a un lado de su cuerpo y los ojos de Tomoyo se iluminaron.

-¿Paz permisiva? -masculló ella- ¡Casi te arrebaté de los brazos de la muerte, Amads! ¿Pero alguien se preguntó si yo toleraría eso? Claro que no. -negó, cada vez más enojada- No me pidieron permiso, no me pidieron perdón y yo tampoco lo haré. Pero no importa, porque no vine aquí para plantarle cara a los señores de aquí. -les aseguró- Vine por Ana y sólo por ella, porque tenemos negocios de por medio.

Se encaminó hacia el final del callejón, ambos se hicieron a un lado para dejarle el paso libre.

-Iremos a la torre, la esperaremos allí. -les hizo saber.

Eriol observó el cielo, el naranja y el azul ciruela fundiéndose al final del amanecer, dando el paso a la noche. Las farolas se encendieron, las luces iluminaron la ciudad del amor mientras ellos escoltaron a Tomoyo en lo que parecía ser pie de guerra. Encontraron una banca no muy lejos de la gran estructura turística, él tomó asiento a su lado mientras Amads se quedó de pie, tenso y nervioso, mientras Tomoyo dejaba caer el velo que escondía su presencia y la hacía visible. Él lo sintió, su presencia era tan… luminosa, tan pura y celestial. Nunca había sentido algo así antes, la presencia de un Puen Tum.

-¿En serio crees que Ana pactará contigo? -le preguntó en voz baja, aunque sabía que Amads podía escucharlo sin problemas.

-Ana hará lo que sea para mantenerse en la posición en la que se encuentra. -dijo ella.

-…¿Destitución? -inquirió él- ¿Pueden quitarles las tierras a un señor demonio? -inquirió en dirección a Amads, antiguo Siervo de Ana.

-Hubo… hubo un caso. -respondió, parecía estar recordándolo- Fue aquí, en Europa, unos… ciento veinte años atrás, creo. -observó las luces que decoraban la torre- Era una señora, en aquel entonces, quien llevaba el mando de España y Portugal.

-Donde ahora es Welch el que lidia con las brujas. -asintió Tomoyo- Pero Meredith estuvo allí cuando Aaron dividió la Tierra entre los primeros diecisiete señores demonio, ya hace tanto tiempo.

-Paz y sus archivos, ¿no? -inquirió él, ya sabiendo la respuesta- ¿Hace cuánto tienes esa carta bajo tu manga? -tuvo curiosidad.

Ella permaneció con la vista al frente, semblante calmado y ojos brillantes; a la espera, preparada.

-No estaba en mis planes hasta que Kaios irrumpió en Arabia como un niño en una tienda de dulce… -cerró los ojos un momento- Tan fácilmente, con tanta libertad.

-Esto es porque atacó a Amads. -dijo él, sin envidia o rencor- Una venganza, ¿no?

Ella se dio vuelta entonces, observándolo a los ojos.

-Eso sería una acción egoísta. -dijo ella- ¿Alguna vez fui egoísta, Eriol?

-No, nunca. -no tardó en responder, seguro de la verdad- Creo que la única vez que has hecho algo sólo por ti fue la vez cuando te uniste con Paz. -le sonrió- Y quizás me equivoco, quizás lo hiciste pensando en un bien mayor y no personal.

Ella sonrió y él creyó que jamás podría ser egoísta, ni una sola gota de egoísmo en su alma.

-Todo lo hago por un bien mayor, Eriol. -confesó ella- Lo más parecido a egoísmo que permití en mi vida fue dejarte acompañarme con Paz. -observó hacia el otro lado, Amads la estaba viendo, los estaba viendo a los dos- Y atar mi corazón con el de Amads. -sonrió.

-Y quizás hasta todo eso fue por un bien mayor, dulce… -murmuró el moreno, una mano en el bolsillo de sus pantalones oscuros.

Ella sonrió, una sonrisa de ojos cerrados que le recordó a Eriol a la Tomoyo de su infancia, la videocámara era lo único que faltaba para el cuadro.

-…yo podría dejar que seas egoísta en la cama, dulce. -ofreció mientras sus ojos brillaban de amatista, las manos de Eriol soltaron chispas y se incorporó de su asiento- Cuando volvamos a casa, todos juntos.

No habían pasado ni siquiera treinta minutos y ya hacía acto de presencia el Siervo de París, Tomoyo permaneció sentada mientras ellos dos la escoltaban a un lado cada uno. Cabello dorado, ojos marrón oscuro y porte militar, llevaba una camisa blanca y una corbata gris plata bien ajustada, un saco a juego colgaba de su hombro sujetado por su mano.

-Mi nombre es Martin. -se presentó, una leve reverencia- ¿Es usted la joven Tomoyo, el Puen Tum?

Dos esbirros se mantenían a unos setenta metros atrás, ambos observando con fijeza el encuentro.

-Esa soy yo, así es. -asintió su amada.

-¿Me permite saber sobre sus asuntos en París, madame? -inquirió con aquella voz suya grave y formal.

-Vine por asuntos de negocios, quizás puedas ayudarme. -mencionó ella- No quiero problemas con el señor de estas tierras, estoy aquí buscando una… audiencia con Ana, la señora de Arabia Saudita.

-La señora Ana, quien gobierna sobre Arabia Saudita y otras tierras, reside en África. -comentó sin un ápice de diversión- Me temo usted se encuentra en Europa, madame.

-¡No quieras venir a enseñarnos geografía, listillo! -gruñó Amads- Sabemos que la perra de Ana está aquí, en Francia. -escupió el suelo, su postura combativa como siempre.

-Mi caballero lo mencionó con brusquedad, pero sólo habló con la verdad. -dijo ella mientras se incorporaba de su asiento- Dije no quería causarte problemas, yo tampoco le mentí.

-No malinterprete mis palabras, le pido. -dijo el Siervo- Desconozco el paradero de aquella a quien busca, si es aquí, en París, u otra parte del mundo.

Observó de reojo a Tomoyo, su amada siguió observando al Siervo con ojos brillantes y analíticos, una cualidad que desarrolló en el último año y que seguía perfeccionando cada día.

-…¿Dónde está el señor de éstas tierras? -preguntó ella, entonces.

-Mi señor Mirko me envió aquí, como su representante, puede confiar en que-

-¿Confiar? -lo interrumpió, poco común en ella- ¿Confiar en un Siervo que sirve a un señor demonio? -sonrió- Sé que dices la verdad cuando niegas conocer el paradero de Ana, pero no abuses de mi paciencia al pedirme confianza, por favor.

Él hizo sonar los huesos de sus dedos, llamando la atención del Siervo, quien vio las chispas crispando en las puntas de sus dedos. Frunció el ceño, luego observó al ex siervo y observó las garras que ocupaban el lugar de sus uñas.

-Tenemos orden de cese de almas contra usted, madame. -dijo Martin- No contra sus acompañantes, sin embargo.

-Si no quieres problemas, sugiero vayas por tu señor Mirko y me entregues el paradero de Ana. -fueron las palabras de ella- Sé que en Francia eres el único Siervo, el último de ustedes permanece en Bélgica. ¿Tu antecesor cayó bajo la mano de Luciana o la de alguien más?

-…están lejos de casa, madame, le sugiero regrese a sus tierras ahora.

Lanzó una descarga a sus pies, el Siervo no se movió ni un centímetro, lo observó con sus ojos oscuros y Eriol le devolvió la mirada.

-No queremos tu sugerencia, queremos eficiencia. -le advirtió él- Pero parece que no eres tú quien puede ayudarnos. -dio un paso al frente, las chispas cortaron el aire a su alrededor- Tendremos que dar vuelta la ciudad en busca de… alguien con más predisposición.

-Dar vuelta esta ciudad suena bien para mí, sí. -siseó Amads en apoyo.

Casi oyó sus dientes crujir, su mandíbula demasiado apretada y su ceño fruncido fueron las señales que Eriol esperaba obtener del Siervo.

-Si querías problemas, los acabas de encontrar. -fue la advertencia de Tomoyo, quien le dio la espalda e hizo dos pasos con la intención de marcharse. Eriol caminó de espaldas, Amads se quedó en su lugar y esperó hasta que Tomoyo hiciera siete pasos antes de comenzar a retroceder.

Madame, espere! -solicitó al octavo paso, Tomoyo se detuvo pero no se dio la vuelta- Necesito algo de tiempo para hablar con el señor Mirko, entienda mi lugar como simple Siervo.

-Volveré aquí a la medianoche. -dijo entonces ella- El día de mañana podrías encontrar tu ciudad de cabeza si no traes una mejor respuesta para mí. -advirtió y abrió un portal debajo de cada uno de ellos, sacándolos de allí sin peligro alguno.

Luego de un parpadeo, los tres estaban en la azotea de un edificio, la torre pequeña a sus espaldas, la presencia de ella de nuevo enmascarada.

-¿Qué le vas a proponer a Ana? -preguntó él.

Ella lo observó, sus ojos habían dejado de brillar y la sonrisa se había desvanecido de sus labios, sus hombros caídos y manos aferradas a la tela de sus pantalones de pana.

-¿Recuerdas por qué asumió Welch en el lugar de Meredith, Amads? -inquirió ella a cambio.

El mago observó al caballero, quien se encontraba asombrado, con sus ojos bien abiertos y sus labios balbuceando en silencio.

-Porque… porque un Pilar la encerró en una prisión. -dijo él- Aaron intentó traerla de regreso, pero… luego, luego apareció Welch. Mierda. -masculló- ¿Planeas tomar las tierras de Ana, dulce? ¡Es una locura!

-Es ambicioso. -estuvo de acuerdo él- No es un edificio con doscientos mestizos, Tomoyo, Ana tiene varios países a su cargo. Brujas, cambiaformas, bestias exiliadas, demonios que se escapan a atormentar y alimentarse.

-Y seres que no te imaginas. -gruñó Amads- Ana maneja los contratos de petróleo, del suministro de agua y las exportaciones e importaciones. Maneja las entradas y salidas, economía y política. ¡Carajo! -escupió- ¡Casi todos los señores demonios lo hacen en sus tierras, llevan años y años en sus países! Han visto guerras, hambrunas y plagas, y han tejido las telarañas donde ahora residen.

Pero todas aquellas observaciones no parecieron inmutarla. Es más, parecía haberlo contemplado todo, evaluado todos los puntos que ellos acababan de mencionar.

-Paz quería que nos hagamos cargo del mundo entero, ¿por qué no empezar con una pequeña parte de él? -fueron sus sabias palabras- Hasta el momento, sólo nos encargamos de obtener agua, alimentos y recobrar a los mestizos que nos arrebataron. -frunció el ceño- Ya no quiero resistir, ya no quiero sólo sobrevivir. -exclamó- Quiero sentir el sol en mi cabeza, quiero que los niños puedan arrojarse al suelo y observar las nubes, quiero… quiero ser a quien le teman, quiero ser la que maneje la libertad del resto. -les confesó su deseo- ¿Por qué no comenzar con Ana? -dio un paso al frente, decidida- ¿Por qué no derrocar a la villana?

Y él la atrajo contra su pecho y besó su coronilla, porque ella no tenía una gota de egoísmo en su ser y, por eso, él sería egoísta con ella. Quería verla en la cima, quería verla luchar por hacer realidad su sueño de un mundo mejor y, más que nada, quería estar a su lado cuando ella lo lograse.

Porque ella iba a lograrlo.

Proyección, la habilidad de crear una realidad ficticia, de engañar a la mente por sobre la materia. Ella proyectó media docena de dagas dirigiéndose hacia su enemigo por la derecha mientras ella se inmiscuía por la izquierda con la última cuchilla que le quedaba. Anaïs había acabado todo su arsenal hace quince minutos, ella le había dado una cuchilla y ordenado mantenerse a la distancia, ella era la mejor de su grupo en el área del espionaje. Podía sustraer información con facilidad, pero el combate cuerpo a cuerpo y a corta distancia eran de lejos sus mejores dotes. Iza estaba en el suelo, su pierna desangrándose con una gran herida producida con garras afiladas y, ella rezaba, esperaba que aún tuviera pulso. Leopoldo había perdido la visibilidad de un ojo, una herida en su párpado derecho no dejaba de sangrar y su enemigo no dejaba de atacarlos para darle tiempo a limpiar la sangre. Laura aún tenía flechas, estaba cubriendo a Johnson mientras él intentaba crear una abertura a la izquierda de su enemigo, donde una granada explosiva de Anaïs había impactado de lleno y creado un agujero pequeño en su carcasa.

Proyección, meterse en la cabeza de un desconocido y colocar cosas allí era como saltar al vacío sin paracaídas: no sabrías cuándo te estrellarías.

El teque fue a la derecha, ella a la izquierda y su cuchilla directamente dentro de su cuerpo. Su vista se nubló, no vio sus garras aferrarse en sus brazos ni sus dientes afilados descender hacia su cuello.

Sintió el dolor, olió la sangre y escuchó un grito, un chillido. Luego, nada.

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba dentro del edificio.

-Enciéndelos. -dieron la orden, ella lo escuchó por su auricular.

-Las bombas explotarán en tres minutos, abandonen el edificio. -fue la voz de Anika, ya no era Samid el que hablaba.

Sintió algo apretar su cuello, sus manos estaban pegajosas. Intentó abrir los ojos, observó una fuerte mandíbula y cabello azabache.

-¿Sigues viva? -inquirió el nuevo líder de Épsilon, pero ella no pudo emitir palabra- Épsilon e India fuera. -informó.

-Beta y Tango, fuera también.

-Aquí Charlie, a salvo.

-¡Aquí Echo, fuera!

Pestañeó, observó el cielo nublado y el edificio cada vez más lejos, un paso a la vez.

Pestañeó, el rostro preocupado de Johnson fue todo lo que pudo ver.

-¿Alpha, dónde se encuentran? -preguntó por el comunicador- Queda un minuto para la explosión. -informó, aún en movimiento.

-¡Anika, responde! -fue la orden de Irina, estaba lo suficientemente cerca para oírla sobre el auricular.

-¡No se detengan! -fue la orden de Samid, sus pasos rápidos sobre la acera- ¡Anika viene detrás nuestro!

Pestañeó, sintió su respiración pesada y el olor a sudor de Johnson.

Escuchó la explosión, el fuego de sol olía a miel en aquellas concentraciones.

Pestañeó.

¿Dónde estaba Alpha?

No volvió a abrir los ojos, pero escuchó la explosión.

Kero entró a la habitación con una bandeja con comida sobre su cabeza y ella sonrió, agradecida. Ninguno de los dos había vuelto a hablar luego de que Gia colgase, tampoco salieron de la habitación y nadie fue por ellos. Eran las nueve y media, ella debería estar a la diez en el punto de encuentro para recoger los explosivos.

-Tania está fuera, fue a conseguir las invitaciones para mañana a la noche. -informó el guardián- Marco está fumando en la sala, me dio esta bandeja con comida para ustedes. -explicó.

Ella sumergió un dedo en la salsa boloñesa, la probó antes de pasarle un plato a Shaoran y tomar uno ella.

-Come y descansa un poco. -sugirió ella- Mañana será un día largo, el cual comenzará demasiado temprano.

Comieron en silencio, ella ni siquiera terminó la mitad de su plato cuando se marchó de allí. Tomó la gorra de Shaoran de la mesa y su chaqueta del respaldo de la silla, Marco la observó desde su lugar en el sofá.

-¿El chico será un problema mañana? -inquirió mientras soltaba el humo.

-No será problema suyo, así que relájense. -sugirió con voz grave- Volveré con el paquete.

Bajó por el ascensor y salió por la puerta con prisas, una camioneta rosa la estaba esperando unas ocho manzanas calle abajo. 'Pastelería Dulce Amor' se podía leer en sus laterales, ella golpeó dos veces seguidas, luego tres, luego cinco.

-Vine por las magdalenas de chocolate. -agregó en un tono cantarín.

Se abrió una de las puertas, un sujeto le entregó tres cajas rosa chillón y ella le sonrió, veintiún explosivos C4 con algo cerca de los doscientos gramos cada uno estaban seguros entre sus manos. El noventa por ciento de cada explosivo contenía RDX, un explosivo concentrado utilizado en construcción, la milicia y, sorpresa, por los terroristas. El C4 era maleable, podría colocarlo en lugares estrechos, se maneja remotamente y no era sensible a movimientos bruscos o cambios de temperatura; ella también lo hubiera escogido para una misión de este estilo.

Caminó de vuelta al departamento, ella era sólo una inocente chica sonriente con dos docenas de magdalenas de chocolate. ¿Cierto?

La vuelta no fue tan apresurada como la ida, todavía no podía creer que Yue, luego de un año de reclusión autoimpuesta, le hubiese dirigido la palabra. Más que ello, se hubiese ofrecido a ayudar. Shaoran no era débil, sólo que, a diferencia de los otros niños de Gia, él tenía códigos, escrúpulos, límites infranqueables. Él evitaba dañar inocentes, asesinaba sólo si esa eran las órdenes y mantenía todo limpio, la sangre derramada al mínimo. Ella estaba bien con ello, ella era su compañera y se mantenía en sintonía, acorde con lo que él se sintiera cómodo. Pero Tania y Marco no eran sus compañeros, ellos habían sido recogidos y entrenados por Gia desde jóvenes, casi niños, como casi todos. Quizás Daisy no, según lo que ella descubrió, la bruja holandesa no había sido criada por la santa madre como una sicaria; pero una de veinticinco no decía mucho de su gran familia. Una escuela y un apartamento con seis familias, debía pensar una forma para que Yue pudiera poner a salvo ambos puntos.

Marco estaba sentado en la ventana que daba a la calle, la vio llegar desde lo alto y le abrió la puerta, revisó el contenido de las cajas mientras ella tomaba una botella de agua del refrigerador y seguía pensando y pensando en-

-Tenemos un problema. –informó Tania mientras ingresaba por la puerta- En realidad, -colocó los brazos en jarra, su ceño fruncido- Tenemos tres problemas. –arrojó su chaqueta al suelo con fuerza y pisó fuerte hasta dirigirse hacia la sala- ¡Maldición!

Ella se quedó en el umbral de la pequeña cocina, observó a su compañero caminar hacia la sala, donde Marco estaba guardando nuevamente los explosivos en sus respectivas cajas.

-¿Se te rompió una uña? –ofreció ella y vio la comisura izquierda del italiano elevarse con gracia.

-No, Saku. –respondió con ironía- Es que tu prima decidió venir a París de compras, es todo.

Tania no era divertida, para nada.

-¿Qué? –casi escupió ella- Repite eso. –ordenó.

-Está en Francia, acabo de interceptar unos mensajes con dirección a la oficina del primer ministro. –gruñó, parecía una rabieta- Mirko se reunirá con ella a media noche, todo el mundo está en alerta máxima. –dio dos palmadas irónicas- ¿Y ahora cómo se supone que vamos a volar media ciudad y secuestrar a la hija del primer ministro de Francia?

Se llevó una mano al rostro, no podía creerlo. Dejó su botella sobre una mesa y se encaminó hacia la puerta, volvió a tomar la gorra y se la colocó sobre su cabeza con la visera baja.

-¡Oye! -la llamó el mago- ¿A dónde vas?

-Voy a ver qué diablos hace Tomoyo aquí. -explicó rápidamente.

-¡Wow, wow, wow! -exclamó Tania mientras la detuvo sosteniendo su muñeca, ella se deshizo del agarre de inmediato y se plantó desafiante frente a la bruja blanca- ¿Bajo qué órdenes? ¿Siguiendo qué plan? -la acosó- Tenemos un protocolo que seguir, Saku.

Cerró los ojos, se rascó la frente mientras sonreía tensamente para luego señalarla sobre su pecho con brusquedad.

-Dime Saku una vez más y juro que-

Shaoran la estaba alejando de la bruja antes de que pudiese acabar su oración, Kero estaba sobre su hombro, conteniéndola silenciosamente. Marco dio dos pasos al frente y tomó las riendas de la situación.

-Tenemos que llamar a Kelian e informa sobre la nueva situación, conoces el protocolo. -dijo él, alternando su mirada entre ella y su compañero. Le hizo una seña a Tania, ella recogió el teléfono satelital de la mesa de café y lo tendió en su dirección- ¿Quieres hacerlo tú o lo-

-Dame esa cosa. -gruñó mientras se lo arrebataba, marcó los números sin ni siquiera verlo, sus ojos entrecerrados sobre el italiano.

El aparato sonó.

Un pitido, dos pitidos, tres piti-

-Aquí Kelian. -lo oyó decir.

-Soy yo, tenemos una situación aquí donde ya sabes. -informó- ¿Puedes hablar?

Escuchó pasos apresurados, murmullos, voces femeninas, más pasos, una puerta siendo asegurada.

-Habla. -le ordenó veintisiete segundos después.

-Tomoyo está aquí, quiere reunirse con Mirko y todo el país tiene los ojos sobre esta ciudad. -dijo ella- Estamos… esperando indicaciones, ya sabes. -les sonrió a la pareja, una sonrisa abiertamente falsa- Siendo niños correctos.

Buena chica, leyó los labios mudos del italiano.

Casi tenía todos sus recuerdos, era como una película de acción, drama y muy trágica. ¿Cuántas veces había perdido su memoria ya? Era la segunda vez, si no mal recordaba. La primera vez había sido el reinicio de Joel, sorpresa, sorpresa. Algo perdida, algo atontada y con el cerebro frito; siempre eran así los reinicios del Consejo, pero el de Joel la atrofió más que el primer reinicio que ella sufrió. No había perdido sus recuerdos como tal, era más… una oscuridad, un desvanecimiento, un lapsus. En aquel momento podía recordad algo si le daban un hilo del cual tirar. La segunda vez, sin embargo, y sin saber cómo, Joel frio cuatro años de su memoria; todos sus recuerdos luego de haber escapado de Aaron. Atorada en el Infierno de Aaron, sin saberse libre de él y arrojada a los brazos del Consejo de ancianos.

En esos cuatro años ella había tomado a Kamuy como su primer caballero, un caballero que el Consejo de ancianos dispuso para ella, había mantenido un relación carnal con Joel y tomado a Camille como segundo caballero. Luego del reinicio, tomó a Joel como su tercer caballero. También se reunió con su familia, su atípica familia. También enterró a su hermana gemela, casi al mismo tiempo descubrió que era tía.

Observó sus manos, había derramado mucha sangre en aquellos cuatro años como Pilar, también.

Había limado sus uñas esa mañana, arrastró esas uñas cuidadas por cada una de las mejillas de su caballero, quien se encontraba de rodillas frente a ella.

-Tsk. -siseó él mientras la sangre emanaba de sus heridas.

-Les dijiste a Kamuy y Camille que no puedo procrear. -no fue una pregunta, ella sabía que así era- ¿Por qué? -era la verdadera incertidumbre.

-Quería respuestas. -dijo él, aún de rodillas, aún con sus uñas enterradas en su piel- Quería… saber si lo habías averiguado con anterioridad, en el lapso de memoria que perdiste.

-Que tú me hiciste perder. -corrigió ella, un leve tono de reproche se filtró en su lengua- Querías respuestas, claro. -desenterró sus uñas, tomó un pañuelo del bolsillo de él y limpió sus manos- Para ser un perro, andas con demasiada libertad por la vida, Joel. -mencionó- Recuerda que tienes una ama. -tomó la corbata azul marino con rayas grises entre sus manos- Recuerda que tienes un collar en tu cuello, una placa con mi nombre. -tiró con fuerza, la envolvió alrededor de su palma- Eres fuerte, un activo de valor, pero no me agradas. -señaló entre dientes- ¡No me agrada que te metas en mi vida!

Tirón.

-¡No me agrada que me mires con aquellos ojos de cachorro, con adoración!

Tirón.

-¡Y NO ME AGRADA QUE DIGAS AMARME SIN REPAROS!

Tirón. Tirón. Tirón.

-L-Lu-

Él colocó una mano sobre la corbata, se estaba asfixiando.

-¡TE ODIO! -confesó en un arrebato- ¡MALDIGO EL DÍA EN QUE NUESTROS CAMINOS SE CRUZARON! -lágrimas de rabia surcaron sus mejillas- ¡EL DÍA EN QUE PUSISTE TUS OJOS SOBRE MÍ, MARCASTE TU MUERTE!

TIRÓN.

TIIIIIIIIIIIIRÓÓÓÓÓN.

-L-L-Kkkh.

Estaba violeta, el rostro de Joel estaba violeta y carmesí.

-…en todos los recuerdos de nosotros dos juntos, siempre me surge el mismo pensamiento. -le confesó, observando sus ojos desvanecerse- 'Pobre perro tonto, aún cree que podré amarlo'. -sonrió, una sonrisa condescendiente- Pobre. Perro. Tonto.

Soltó la corbata, extendió su mano y le arrebató aquel regalo que tan tontamente le confirió.

-N-N-o. -las letras se atoraban en su garganta maltrecha- L-Lu-

Abrió un portal a sus espaldas, su mano enrojeció y sus uñas se transformaron en garras como hierro caliente; llevó la mano hacia su pecho y le abrió el estómago como a un puerco. Lo tomó por sus cabellos, observó sus ojos nublados de dolor.

-Besa a Nina de mi parte, Joel. -fueron sus palabras antes de empujarlo hacia el portal, sus últimas palabras.

Lo observó desvanecerse, una parte de ella había quedado marcada para siempre por ese hombre y jamás podría deshacerla. Tendría que haberlo hecho mucho tiempo atrás, pero pensó, torpemente, que Joel sabría comportarse.

Un perro que muerde a su amo debe ser sacrificado, y la herida que él le había hecho se había gangrenado hace varios meses. Era hora de terminar con él.

Como el resto de los mortales, ellos debían alimentarse también. Tomaron asiento en un restaurante, como todos, y se dispusieron a ordenar su cena esa noche como cualquier otra. En una calle concurrida, llena de personas que transitaban una noche parisina como cualquier otra. Eriol estuvo a punto de reírse, casi que se carcajea de la normalidad de su acción.

-Casi podríamos pasar como humanos comunes y corrientes, casi. -comentó el árabe, leyendo sus pensamientos- Tú, una dulce rosa refinada, siendo adorada por dos tristes y simples brotes verdes. -espetó en tono burlón, haciendo un puchero.

Tomoyo suspiró mientras rodaba los ojos, pero él notó que cubrió sus mejillas sonrojadas con la carta.

-Brotes verdes tristes, eres tan humilde. -comentó ella- Eriol puede prestarte un libro de poesía, tus comparaciones son bastante erradas.

Él sonrió, Amads enarcó una ceja y un mozo se acercó a tomar sus órdenes.

-Con gusto, por supuesto. -asintió él- Cuando gustes, Amads.

-¿No somos brotes verdes tristes pero tú sí eres una rosa dulce y refinada, no? -se jactó el moreno, divertido, y Tomoyo les guiñó un ojo- ¿Qué clase de flores somos en tu jardín, eh, dulce? -se cruzó de brazos y se recostó contra el respaldo de su silla, él mismo entrelazó sus manos y recostó su barbilla allí, a la espera también por una respuesta.

Observó a su amada torcer los labios, pensativa. Se tomó su tiempo, evaluó las posibilidades en su mente antes de ofrecer una simple respuesta.

-Bueno, -pareció decidirse- tú serías un girasol. -respondió con sus ojos en el caballero- Una flor que parece simple, sin nada extraordinario. Demuestras tu magia a aquellos que son pacientes, a quienes se toman el tiempo para apreciarte con el correr de las horas. -sonrió, una sonrisa dulce- Buscas la luz. -hizo una pausa- No lo sé, tampoco soy una experta en el significado de las flores. -se excusó.

Él sí. Él, en su vida pasada, aprendió muchas cosas útiles como, en el pensamiento de muchas personas lo era, sobre cosas inútiles. Habían muchos mitos relacionados con las flores, historias bellas y trágicas, así como usos medicinales y culinarios. Recordaba haber estado trabajando en Burbuja cuando comenzó su libro sobre flores y hiervas. El girasol es el símbolo del Sol y simboliza el amor y la admiración. Pero también la felicidad, la vitalidad, el positivismo y la energía. En la cultura china simboliza una larga vida y buena suerte. Hay quienes atribuyen al girasol un simbolismo espiritual, pues su movimiento siguiendo la posición del sol representa un modo de vida feliz y una búsqueda constante de luz, de iluminación, de amor al sol. Para algunas religiones es un símbolo de aquel que busca permanentemente a Dios, a lo divino, ya que el astro rey simboliza a Dios…

A la confesión de Amads sobre sus sentimientos sobre Tomoyo, él podría verlo al árabe como un girasol, buscando siempre tener a Tomoyo a la vista. Como a una diosa, como la reina de un caballero.

-Tú, Eriol, -volvió a hablar ella, llamando su atención- podrías ser un lirio. -dijo- Aunque, me refiero más a una flor de lis.

-Flor de lis. -hizo eco él, extrañado.

-Es la que utilizan los scouts como símbolo. -introdujo ella- Cada pétalo representa un pilar de promesa: Dios, patria y hogar. También representa las tres virtudes: lealtad, pureza y perseverancia. -se mordió el labio, algo tímida- Creo… creo que representas esas virtudes. -confesó, luego lo observó a los ojos- La flor de lis también apunta al Norte, apunta hacia adelante, y creo- creo que, como caballero, podrías ayudarme a no perder el camino.

El camarero volvió con los tres pedidos, interrumpiendo la magia del momento. La observó desviar la mirada hacia los otros comensales, pero él y Amads no dejaban de mirarla a ella con gran intensidad. Si Amads defendía la falta de egoísmo en ella, él traería siempre su pureza innata, una característica que resaltaba su belleza más allá de lo físico. Tomoyo poseía un alma hermosa, tan pura. Pese a haber sido servidos, ninguno probó bocado. Después de un tiempo, ella comenzó a removerse sobre su asiento algo nerviosa.

-…digan algo. -pidió, acomodando la servilleta en su regazo.

El mago observó al caballero, el caballero lo observó de vuelta y ambos sonrieron. La del árabe era socarrona, divertido y algo ¿orgullosa?, tan característica de él. El inglés, por su parte, sonrió con sinceridad, una sonrisa más natural pero no menos demostrativa.

-La rosa blanca representa la pureza y la inocencia. -fue el inglés el primero en hablar, imitándola con los modales en la mesa- En el amor tienen un significado especial, pues regalar un ramo de rosas blancas es símbolo de querer transmitir a la pareja que se espera un relación amorosa sólida, estable, pura y eterna. -agregó, tomando sus cubiertos- Una rosa blanca, un lirio y un girasol. -se detuvo a observarla antes de probar el primer bocado- Hay que admitir que es un arreglo original.

Amads se carcajeó, asintiendo mientras le daba la razón sin palabras.

-…somos un grupo peculiar. -aceptó ella, tomando un sorbo de su copa con agua.

-Un trío peculiar. -fue el aporte de Amads, y Tomoyo no se perdió el doble sentido mientras evitaba escupir el agua sobre sus rostros y sus mejillas imitaban perfectamente dos tomates maduros.

Sería tan sencillo pasar por persona comunes y corrientes, ordinarios, pasando una noche normal entre bromas de doble sentido y sonrisas cómplices. Pero él lo sabía, ellos tres sabían, que no eran de ello. Y estaba bien, estaban bien con ello.

El reloj marcó las once y media y ellos se dirigieron hacia la torre nuevamente, Tomoyo ocultando perfectamente la presencia de los tres mientras mantenían sus ojos bien abiertos y nervios tensos, listos para lo que sea.

Kelian les había ordenado seguir el encuentro e informar sobre el, una misión de espionaje. No tenían órdenes de entrometerse, no podían atacar, y, como pilar fundamental, no debían ser descubiertos.

Su residencia se encontraba a unos siete kilómetros de la torre, no habían sentido la presencia de Tomoyo o la del señor de Francia debido a la distancia. Sin embargo, ahora que se hallaban a pocos metros del perímetro a investigar, la concentración de energía sobrenatural poderosa era inevitable de sentir. El nuevo Siervo, media docena de esbirros y el señor Mirko ya se encontraban allí.

-Si Tomoyo y Eriol se encuentran en problemas, ¿qué haremos? -inquirió él, la capucha de su chamarra oscura ocultando la mayoría de sus rasgos.

Su compañera estaba mordiéndose el pulgar, sus ojos fijos sobre el señor demonio. Ella aún llevaba su gorra, sus ojos esmeraldas ocultos por aquellas lentillas oscuras. Se habían separado de Tania y Marco, a él le agradaban ellos tanto como a Sakura, pero él si podía ocultarlo. O, al menos, se molestaba en mantenerlo oculto.

-Kelian dijo que no hiciéramos nada. -le recordó ella, aún con su atención a lo lejos.

-Ya. -asintió él- Porque nosotros siempre seguimos las órdenes de Kelian y Gia. -murmuró, observó a los alrededores como las personas se alejaban del lugar. Habían anunciado por unos megáfonos que estaban teniendo problemas con la energía eléctrica, deberían alejarse de la torre para no sufrir accidentes.

Entonces, ella lo observó.

-Tú siempre sigues las órdenes al pie de la letra. -lo acusó- ¿Lo olvidaste?

-¿Y ahora tú sigues órdenes porque te lo sugiere Marco? -acusó él, un tono jocoso que trataba de disimular los celos- No tenemos mucho tiempo, ¿cuál es el plan?

Ella entrecerró los ojos en su dirección, casi sin creer sus palabras. Sin embargo, prontamente se olvidó de lo que sea que estuviese pensando y asintió.

-Amads y Eriol tienen a los esbirros. -dio ella por sentado- Mirko irá por Tomoyo, tú y yo vamos por el Siervo. -le informó- Cuando ellos se libren de los esbirros, yo iré con ella por Mirko y ustedes tres desháganse del Siervo. -frunció el ceño- Acabé con los osos de París, así que este es un Siervo mejorado.

Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar su encuentro con el Siervo de China, el Siervo mejorado de China. Ella pareció leer sus pensamientos, sintió su mano sobre su muñeca y él asintió, seguro de que podría con esto.

-Entendido. -dijo- Marco y Tania-

-Ellos no nos apoyarán. -completó ella, él lo sabía de antemano.

-Lo sé. -asintió.

Pero ella estaba allí, ella era su compañera y ellos eran una pareja en el campo de batalla. Otra vez, ellos podían volver a estar conectados otra vez y él confiaba en ella para eso.

-Si todo se sale de control… -advirtió ella.

-Sólo si se sale de control. -asintió, a sabiendas.

Pocas veces se había despertado desorientada, con cables conectados a ella y el olor a desinfectante, en la enfermería del Instituto ubicada en el subsuelo del edificio Central. Aún llevaba sus ropas con olor a sangre, sudor y nieve. Estaba desarmada, descalza, una IV en su brazo izquierdo y los analgésicos atontándola demasiado. Intentó observar el daño en su cuerpo, evaluar su condición.

Su suéter había sido abierto con unas tijeras al frente, al igual que su camiseta y su sostén reemplazado con vendas en su pecho para cubrir su desnudez. Eran sus costillas derechas, las dos primeras, las de más arriba. Su cuello, sintió el tirón y el dolor sordo. Observó su ropa rasgada a la altura de ambos bíceps, las claras marcas de garras sobre su piel. Las heridas habían sido limpiadas y desinfectadas, un ungüento sobre ellas.

-Casi perforan un pulmón esas costillas tuyas.

Observó a la derecha, alguien había ingresado a la enfermería, a su habitación. Estaba vistiendo de negro, parecía neopreno con protecciones en antebrazos y piernas, una pechera reforzada y un casco polarizado. Se acercó al final de su camilla, tomó el portapapeles con su historial y comenzó a ojearlo.

-Tercera y cuarta costilla fracturadas, siete puntos en el cuello, algunos hematomas y cortes… bla, bla, bla… contusión cerebral leve. -dejó el portapapeles de nuevo en su lugar- Ibuprofeno seiscientos cada ocho horas, aunque parece que ahora te dieron algo más fuerte.

Se acercó a un lado suyo, hizo señas con su mano enguantada frente a su rostro.

-¿Estás consciente, Ailén? -inquirió, un tono divertido en su voz.

Ella pestañeó, una vez más.

-…t-tú… -logró balbucear.

No dijo nada por algunos segundos, ella siguió pestañeando y luchando contra la niebla en su mente.

-Dulces sueños. -dijo- Que sueñes con los angelitos. -murmuró, alejándose con dirección a la puerta.

Pestañeó, volvió a la inconsciencia una vez más.

Mirko tenía ojos verde esmeraldas, de un tono esmeralda salido de la ficción. Era hipnótico, antinatural, tan nítido y brillante, tan colorido que Eriol jamás podría entender cómo un señor demonio podría tenerlos, deberían de pertenecer a un ángel, a un dios.

-Mi nombre es Mirko, soy el señor y dueño de estas tierras. -se presentó, el porte y gracia de un hombre de negocios- Tengo el placer de darle la bienvenida, madame. -realizó una pequeña reverencia, la cual Tomoyo reconoció con una propia- Me informan mis sirvientes que busca aquí a Ana, la señora de África… -observó a Amads, luego a él- ¿Puedo preguntar por qué?

-Claro que puede. -aseguró ella, correcta- Sin embargo, debo reservarme el derecho a responder. -le informó- Ya que se trata sobre un asunto privado, algo que nos concierne sólo a nosotras. -una sonrisa dulce se abrió paso en su rostro- Espero pueda indicarme su paradero, señor Mirko, estoy algo ansiosa por reunirme con ella.

-…entiendo. -asintió el señor.

Pero, aún ante la certeza de haber entendido, no volvió a hablar. Transcurrieron los segundos, se cumplió un minuto, y nada de nada. Los ojos de Tomoyo se iluminaron, los dedos de él soltaron chispas.

-Sin embargo, usted ha ingresado a mis tierras, jovencita. -dijo, luego de que el trío pensara que no volvería a hacerlo- Ha amenazado con llevar el caos a mis calles, se atrevió a-

-Veo que-

Tomoyo, a sabiendas de que el paradero de Ana se le estaba siendo negado, intentó dialogar con Mirko.

-Silencio.

Pero el señor de Europa no lo permitió.

-No se atreva a desafiarme en mis propios dominios. -advirtió- Su libertad no es suya, es prestada y tiene un tiempo definido. Tiene fecha de caducidad.

Tomoyo estaba tiesa, ya sea de miedo o rabia, pero ella ni siquiera estaba pestañeando. Amads pronto explotaría, estaba seguro de que Tomoyo le había ordenado permanecer en silencio mediante su conexión mental. Él, él no estaba lejos de ellos dos.

-Sus asuntos con Ana no son de mí incumbencia, pero deberá transitar mis tierras en paz si no quiere tener más problemas de los que puede manejar. -espetó con frialdad- No sé cuál sea el trato que posee con Ana en sus tierras, pero le aseguro que no es el mismo que manejará conmigo, señorita Daidouji.

Cuando entendió que había dicho todo lo que tenía que decir, Tomoyo habló.

-Ya veo. -dijo ella- No me extraña que Europa sea la potencia, no sólo del mundo, sino de las tierras de Aaron cuando sus señores se manejan de esta manera.

Lo sintió, él sintió ese cambio, esa aura distinta en ella; la misma que sintió mientras interrogaba el esbirro en Egipto.

-Pero usted entienda que yo no quiero la paz con los de su especie. -sus ojos brillaron, ella brilló- ¡Y mi libertad la defenderé siempre!

Dos grandes alas emergieron de su espalda, una vestimenta blanco inmaculada y un vara afilada en la punta apareció en sus manos. Su postura se adaptó a una de ataque, sus ojos afilados y centrados sobre Mirko. No sabía si el señor demonio atacaría, si se burlaría o si sólo los ignoraría para dejarlos en paz, tal vez expulsarlos de sus tierras.

-Un Puen Tum guerrero. -observó el señor de Europa, observado a su amada de pies a cabeza- ¿Sabes por qué nuestro señor aniquiló a tu raza con tanta facilidad? -inquirió mientras comenzaba a desabotonar su saco, sus ojos esmeraldas se volvieron petróleo puro y su piel se tornó medianoche- Porque tu especie no nació para la guerra, porque su fortaleza no es la supervivencia.

-Tómalo como una evolución. -sugirió ella, Amads se erigía en su forma demoníaca a su lado- El cambio al que tuve que adaptarme para sobrevivir, para vivir libre.

-…tsk. -espetó, burlón, antes de escupir una bola de fuego en su dirección.

Tomoyo levantó una barrera, pero Amads y él se escabulleron por detrás para rodear el ataque y atacar por su propia cuenta, los esbirros estaban corriendo ya hacia ellos. Sus brazos soltaron chispas, dos de ellos se abalanzaron sobre él y los otros cuatro fueron por Amads, seguramente subestimándolo por sobre el caballero. Manos con garras por uñas se dirigieron hacia su cuello, él levantó su brazo y el primer demonio hizo contacto. El olor a carne quemada se sintió inmediatamente, estaba altamente cargado, no jugaría con ellos por placer o diversión. Él estaba allí para acabarlos, para eliminarlos de su camino y el de Tomoyo.

-¡Argh! -gruñó su enemigo mientras retrocedía.

Tres cuchillas de rayos aparecieron entre sus dedos, él las arrojó hacia el demonio sin perder el tiempo, su enemigo no había esperado ello para nada y la descarga lo recorrió hasta dejarlo frito. Una había caído sobre su corazón, las otras dos hubieran frito su hígado y páncreas si no hubiera detenido su corazón. El demonio cayó de rodillas, se desparramó en el suelo mientras su carne ampollada desprendía humo.

-¡Tsk!

El segundo esbirro rompió en su verdadera forma, el frente de su rostro se extendió para formar una especie de hocico. Sus vestimentas se rasgaron, cayó hacia el frente sobre sus cuatro patas y comenzó a correr hacia él mientras una lengua violácea se asomaba entre sus dientes. Él retrocedió dos pasos y calculó hacia dónde arrojar el ataque, ya que el demonio con forma de sabueso parecía correr en zigzag por él. Era rápido, decidió dar un salto y atacar desde el aire, pero el demonio leyó sus pensamientos y decidió saltar tras él. Envolvió su cuerpo en rayos, pero su enemigo abrió sus fauces y lanzó un gas a presión. Él aguantó la respiración, pero se dio cuenta que era un gas corrosivo, y no venenoso, cuando sus brazos comenzaron a arder.

-Je je je. -se burló su enemigo mientras ambos aterrizaban sobre el suelo, él más tambaleante que el demonio.

Se mordió la lengua y bajó sus brazos entumecidos, debía atacar antes de recibir más daño. El sistema nervioso podría noquearlo para resistir el dolor si las heridas empeoraban, debía ser rápido. La carne entre sus dedos hormigueó mientras volvía a formar cuchillas de rayos, su enemigo se mantuvo de pie en su lugar, sin temor a su ataque sin lanzar.

-Soy un demonio de tipo tierra. -se jactó, avanzando con pasos espaciados hacia su forma rígida- Dame tu mejor descarga, mago. -lo retó.

Arrojó las cuchillas unos centímetros por delante del demonio, el concreto estalló en una nube de humo y él saltó hacia la copa de un árbol frondoso mientras trataba de pensar por sobre el dolor sordo en sus brazos y manos. Dio un vistazo rápido, la piel había tomado un color rosado, no era una buena señal. ¿Qué elemento dañaba a la tierra?, trató de recordar.

Escuchó explosiones, Amads no se estaba conteniendo mientras rugía y destruía todo a su paso. Cuando quiso observar en la dirección de Tomoyo, algo rozó su mejilla y sintió la sangre resbalar por sobre su mentón. Agua, recordó mientras huía de su escondite, el cual se hallaba lleno de pequeñas agujas incrustadas. El demonio parecía poseer alguna especie de agujas, como los erizos, con la capacidad de arrojarlas hacia sus enemigos.

-His verbis constantes effecti sunt pluet stalactites. -murmuró mientras concentraba energía natural de tipo agua en sus manos lastimadas.

Una docena de agujas de hielo salieron disparadas hacia el demonio, quien cruzó sus brazos por delante de su pecho para aminorar el impacto. Sin embargo, dos se impactaron en su muslo derecho, una en su hombro derecho y dos más en su abdomen. A cambio, él disparó más de sus espinas y Eriol levantó una barrera para resguardarse. Las agujas se impactaron contra la barrera y se desparramaron en el suelo, inútiles. Vicioso, el demonio volvió sobre sus cuatro patas y corrió hacia el mago con la intención de embestirlo. Eriol sabía que su barrera no era lo suficientemente resistente, su única opción era esquivar el ataque mientras reunía más energía para otro ataque de agua. Al fortalecer su magia tipo rayo y tierra, el resto de los elementos requerían más energía, un pequeño gran precio que había aceptado al iniciar su entrenamiento.

Sin darle suficiente tiempo, el demonio volvió a abrir sus fauces para escupir más gas corrosivo. Él cubrió su pecho con sus brazos lastimados, pero en aquellas ocasión el ardor duró menos tiempo.

-¡Harry!

Rápido y certero, lanzó rayos desde sus dedos sensibles hacia los enemigos detrás del caballero, mientras este partía en dos el cuello de su enemigo. Los dos demonios detrás de Amads se retorcieron de dolor mientras la energía eléctrica recorría sus músculos y calentaba su sangre, su carne se cocinó desde dentro hacia afuera.

Sintió su vista desenfocarse por unos segundos, sus manos palpitaban con un dolor distinto al de la carne sensible por la magia tipo rayo.

-¡Tus amigos están aquí! -escuchó gritar al árabe, trayéndolo devuelta del dolor- ¡Tenemos que acabar con el siervo, Sakura no quita los ojos de encima sobre Mirko y Tomoyo!

-¿A-amigos? ¿Sakura? -tartamudeó, confundido.

Sus ojos deambularon alrededor del terreno, Tomoyo se hallaba en el oscuro cielo de París, Mirko también surcaba los cielos mientras ambos intercambiaban ataques; Tomoyo claramente con menos experiencia y más dificultad que el señor de aquellas tierras. Sobre la tierra, una explosión se llevó a cabo y él reconoció al siervo mejorado con el que se encontraron más temprano aquella tarde, estaba luchando contra dos oponentes. Uno de ellos llevaba un abrigo oscuro con la capucha puesta y no logró verle el rostro, la otra era Sakura.

-¡Eriol! -volvió a llamarlo, los ojos oscuros sobre sus brazos rosados- Estás herido, maldición.

-Estoy b-bien. -desestimó, dando un paso hacia el frente- ¿Qué hace Sakura aquí?

-¡Y el otro es su querido Shaoran! -masculló, aún en su forma demoníaca- Aquél siervo es rápido. -maldijo- Es malditamente rápido, no le han dado un solo golpe.

Ajustó sus gafas con manos temblorosas mientras observaba su pronto enemigo, utilizaba espadas dobles con gran agilidad y gracias mientras se enfrentaba a Shaoran, Sakura cubriendo sus espaldas mientras mantenía un ojo en el cielo, sobre Tomoyo.

-¿Puedes dejarlo ciego unos minutos? -inquirió, trabajando en una estrategia.

-Shaoran está demasiado cerca. -le advirtió.

-Yo tomaré su lugar, vamos a acorralarlo. -le informó- No sé qué planea Sakura, pero parece que quiere darle una mano a Tomoyo.

En una batalla que no podemos luchar, agregó para sí mismo. Con su sello aún vigente, no se encontraba en su máxima capacidad y Amads no podía volar para brindar apoyo. Sakura, en cambio, se encontraba capacitada y, al parecer, dispuesta a brindar apoyo.

Habían reunido información acerca de los nuevos siervos para Paz, todos habían observado y vigilado a uno de ellos para mantener un seguimiento de sus desconocidas habilidades. Él se había enfrentado al siervo de Hong Kong, daba seguridad fehaciente de su poder devastador. Ahora mismo no recordaba quién estuvo asignado al siervo de Francia, pero sí recordaba los detalles de su informe.

Velocidad incrementada.

Sentido súper desarrollado de la audición.

Habilidad para maniobrar más de un arma a la vez.

Sí, él daba fe de que aquellos datos habían sido certeros.

-¡Hn!

Se deja caer hacia la izquierda mientras Sakura toma su lugar, Espada entre sus manos, con la esperanza de tomar a su enemigo con la guardia baja. Pero no, porque Martin parece tener tres pares de ojos y estar al pendiente de los dos a la vez. Él lo rodea, su espada envuelta en llamas, mientras el siervo le arroja dos navajas a la altura de su cabeza mientras le da un cabezazo a su compañera para tomar distancia de ambos. Su enemigo parece no percatarse de quiénes eran ellos dos, Sakura cuenta con su presencia camuflada y el uso de las cartas limitadas a Espada para no revelarse.

-¿Quién los envía? -inquirió el siervo- ¿Son de la facción rebelde de brujas? -realizó algunos mandobles con sus espaldas gemelas- ¿O son del bosque, de la minoría nómada?

Sakura y él se observaron, ¿deberían responder?

-Tal vez son de-

-¡Cuánta palabrería! -espetó, burlona, su compañera- ¡Somos los que patearán tu trasero!

Arrojó Espada hacia arriba, ella sacó dos cuchillas de sus tobillos y comenzó a correr hacia el siervo, él la imitó y comenzaron a arremeter de nuevo contra el enemigo. El maldito era muy rápido, los encontraba en cada revés, en cada mandoble, en cada estocada. Él volvió a encender su espada en llamas, su compañera retrocedió y Espada cayó del cielo en forma de un arma de fuego y Sakura comenzó a disparar. Una bala tras otra, una balacera sin parar.

Entonces, él se dio el tiempo de observar a Eriol. Su amigo estaba en compañía de Amads, ambos observando en su dirección y observó el reconocimiento en los ojos del mago. Luego, observó el cielo, Tomoyo tenía un arco en sus manos y apuntaba contra el señor de Francia, parecía que estaban hablando en tono acalorado. Volvió sus ojos hacia su compañera, sus ojos enfocados en su enemigo mientras éste se movía a velocidad envidiable tratando de evitar los disparos.

Este tipo es demasiado rápido, ¡diablos!, maldijo en su mente mientras forzaba sus neuronas en un plan que se deshiciera de él. Marco y Tania, como habían esperado ambos, se habían mantenido al margen. No serían apoyo, tal vez hasta se hubieran marchado para notificar a Kelian o Gia de su desobediencia respecto a su orden de no intervenir.

-¡Agh! -se quejó Sakura- ¡Quédate quieto!

Optando por una táctica improvisada, tomó su espada con ambas manos y perforó el suelo. Luego, concentró toda la energía que pudo para liberar fuego. Las llamas causaron el levantamiento de las placas de concreto, el suelo abriéndose paso y las llamas ardientes haciéndose paso. El siervo tuvo que saltar para no ser incinerado, Sakura recalibró su puntería y comenzó a dispararle en el aire. Las balas impactaron en el objetivo, él limpió el sudor de sus sienes.

-¿Necesitan algo de ayuda? -inquirió Eriol y él le sonrió con cansancio.

-Tiempo sin verte, amigo. -saludó- Debemos dejar de encontrarnos así.

-Me robaste las palabras. -le devolvió la sonrisa.

Amads prefirió pasar de los saludos y saltó directamente hacia el siervo, Sakura guardó su arma y se acercó a ellos, lucía preocupada.

-¿¡Qué rayos hacen en París, Eriol!? -masculló por lo bajo.

-Podría preguntarles lo mismo. -mencionó, alternando sus ojos sospechosos entre ella y él- Creí que tú estabas en China. -le recordó- Que ustedes dos tenían varios kilómetros de distancia entre sí, a decir verdad. -frunció el ceño, confundido.

-Agradeceríamos tu discreción. -mencionó él, evitando sus preguntas y aquello sólo alimentó más la curiosidad de del mago inglés- Y algo de ayuda, sí.

Se volvió hacia el enemigo, Amads parecía tener problemas en seguirle el ritmo.

-Yo iré con Tomoyo. -le informó su compañera- ¿Estarás bien? -le inquirió con algo de duda en sus ojos.

Él negó una sola vez, alguien debía ayudar a Tomoyo.

-Ve. -le dijo- Ten cuidado.

-¡Y tú también! -exclamó antes de correr lejos.

Volvió a empuñar su espada, comenzó a reunir energía nuevamente mientras sentía los ojos de Eriol sobre él, había extrañado su naturaleza curiosa. Sonrío, se sentía como en los viejos tiempos.

-¿Puedes seguirme el paso, Hiraguisawa? -inquirió, en tono burlón.

Él se acomodó sus gafas, notó su piel coloreada de un rosa chillón y estuvo a punto de comentarlo, pero….

-¿Podrás seguírmelo tú, Lo?

Eriol se adelantó y él corrió tras de él para alcanzarlo.

Cuando el fuego se consumió, ella bajó su escudo y pudo observar la verdadera forma de Mirko, el señor de Francia y Bélgica. Ojos obsidiana, piel dura y medianoche, cuernos color marfil emergiendo a la altura de sus sienes y alas de murciélago rasgadas. La parte superior era la de un hombre, la inferior era la de un carnero.

-Así que esta es la verdadera forma de un demonio perteneciente a la realeza. -comentó ella, portando su arma y sus ojos brillantes- Los demonios más antiguos sobre la tierra.

-Somos… la supremacía. -dijo él, pausadamente, como si le costase trabajo mantener la calma- La cima de la pirámide, la cima de la cadena alimenticia… Somos los que reinan desde las sombras.

Ella frunció el ceño mientras comenzó a alzar vuelo, él la siguió.

-Son los que se rehúsan a caer, los que rehúyen al olvido y utilizan la fuerza y la manipulación para mantenerse vivos a pesar de los años. -fue su punto de vista- Cargando con el miedo constante a la extensión.

-¡Pequeña… zorra! -escupió mientras se abalanzaba hacia ella, garras bañadas en veneno oscuro y viscoso en alto.

Maniobró su vara para detenerlo, los músculos de sus brazos dieron un tirón ante la fuerza de su enemigo.

-¡Creyéndose tan importante, creyéndote mejor que nosotros! -acusó- ¡Todos ustedes estarían mejor muertos!

Movió el extremo afilado de su arma y el acero arañó el hombro del demonio, quien gruñó al observar la herida sangrar. Claro, todas sus armas eran objetos divinos y podían perforar la carne demoníaca putrefacta, purificarla inclusive.

-¡Yo aún sigo aquí! -exclamó y maniobró su arma para mover al demonio a un lado, en sus manos apareció su arco y ella disparó dos flechas de luz.

La primera rozó su muslo, la segunda dio en él. La luz parecía tornarse ácido al contacto con su piel oscura, el señor de Francia espetó una serie de maldiciones mientras ella preparaba una tercera flecha.

-Yo. Aún. Sigo. Aquí. -reafirmó, apuntando a su pecho en aquella ocasión.

-¡Espera a que te arroje en una jaula, maldita perra! -gruñó.

-¡Cuidado!

Dos balas fueron disparadas en su dirección, se quedó en shock al observar a Sakura, detrás de Mirko, apuntando su arma directamente hacia ella.

Todo sucedió en cámara lenta, viejas heridas sintió abrirse dentro de su ser.

...

Matt lo estaba esperando junto a uno de los tantos lagos del Bosque Blanco, lo había mandado a llamar con urgencia y no había especificado por qué. Él se mantenía en el acuífero, junto a Camille, y había estado tentado a rechazar el encuentro. Sin embargo, algo le había dicho que no podía negarse.

-Jonás estaba cazando cuando lo olfateó. -explicó mientras comenzaba a caminar, él lo siguió con curiosidad- Unos cuervos se hicieron un festín con él, pero aún puedes reconocerlo.

No comprendió sus palabras, todo se sentía extraño y fuera de foco. La culpa y la vergüenza aún lo tenían atontado, se limitó a seguir los pasos de su primo hermano.

-No hay pisadas. -explicó mientras se detenían frente a él- Parece que fue arrojado desde arriba, se llevó algunas ramas con él. -dedujo ante los restos alrededor del cadáver mordisqueado- La sangre atrajo a los cazadores.

Fue extraño ver el cuerpo de Joel frente a los ojos, el cadáver de Joel. Muerto, sus ojos devorados, su pierna rota en un ángulo anormal, sus órganos expuesto, la sangre derritiendo la nieve. Los dedos incompletos, la boca abierta con un lengua faltante. No estaba descompuesto, no podía llevar allí más de cinco horas, sino es que menos.

-Es Joel. -aclaró Matt, por si las dudas.

Él se acuclilló a un lado suyo, con las puntas de sus dedos siguió las marcas de los arañazos de Luciana sobre sus mejillas.

-…¿Crees que ella volvió a perder el control? -fue la pregunta de su primo.

No podía creerlo, Joel estaba muerto.

-No. -respondió sin dudarlo- Tal vez esté más cuerda que nunca antes. -se atrevió a agregar.

Luciana había asesinado a Joel y lo había arrojado al Zoológico, donde él lo encontraría fácilmente. Luciana le estaba dando un mensaje, ¿tal vez? ¿Una advertencia? ¿Un regalo? Lo único claro era que ella estaba sola, sin caballeros, y aquello lo preocupó. Sin nadie que la vigilara, sin nadie que la escuchase, sin nadie que se preocupase por ella… Luciana tenía una tendencia a poner su vida en riesgo, a permitirse ser herida a propósito para sentir algo, aunque fuese dolor, cuando no podía expresar sus propias emociones.

Kamuy temió por ella, temió por Luciana y por su futuro.