Las semanas siguientes mis sueños empeoraron.

Todo por culpa de haber dejado que se acercara a mí y me besara, no podía haber sido más tonta.

Ahora tenía que empezar todo el proceso desde cero y tener cuidado de no volver a cruzarme con él.

Seguí evitando pasar por el parque, no podía arriesgarme y que él estuviera por allí otra vez.

Cuando llamé a Tomoyo para contárselo se sorprendió mucho, no sabía que su primo había vuelto.

Por lo que nosotras sabíamos todavía le quedaba un año más estudiando en china hasta que terminara la carrera y volviera.

Seguramente había venido de visita y ya se habría marchado.

Al llegar septiembre, volví a la facultad a empezar mi tercer año con pocas ganas, estudiar en el mismo sitio que estudió Shaoran su primer año me dificultaba más las cosas ahora que no podía dejar de pensar en él ni en nuestro beso.

En todo este tiempo todavía no había pisado la biblioteca ni una vez porque me recordaba demasiado a él.

El primer día después de las presentaciones de los profesores salí a la puerta a esperar a Eriol, habíamos quedado en que vendría a comer conmigo.

Lo vi llegar y aparcar su moto al lado de la entrada.

Nos abrazamos y entramos en el edificio.

-antes de comer necesito ir al baño, ¿me esperas aquí?- me preguntó.

Asentí y me apoyé en la baranda que había en el centro del edificio mirando hacia arriba, desde ahí se podía ver las cuatro plantas que tenía y el gran péndulo, siempre en movimiento pasara lo que pasara.

-hola, Sakura-.

No podía ser verdad.

Me giré lentamente para encontrarme con la figura de Shaoran.

-¿qué haces aquí?- pregunté enfadada.

-yo también estudio aquí-.

Volví a darme la vuelta fijando la vista en el péndulo y respondí -no, tú estudias en China-.

-ya no-.

Se me hizo un nudo en el estómago.

-¿por qué no?-.

Lo miré de reojo y vi como suspiraba.

-he decidido volver y estudiar mi último año aquí-.

Me giré para verlo, no me hacía ninguna gracia que ese curso tuviera que estar evitando encontrarme con él en la facultad.

-¿y eso por qué?- le pregunté frunciendo el ceño.

-irme fue un error, nunca debí hacerlo-.

Algo doloroso me bajó por la garganta y me revolvió el estómago aún más.

Shaoran dio un paso hacia mí y añadió -no he podido olvidarte, créeme lo he intentado pero ha sido imposible-.

Maravilloso, justo lo que necesitaba, que me dijera que se había acostado con cientos de chicas en China.

-¿con cuántas has intentado olvidarme? estoy segura de que has pasado dos años geniales- escupí entre dientes.

-te equivocas, he estado con algunas chicas pero ni así conseguía dejar de soñar contigo todas las noches-.

Me estremecí al escucharle. ¿él también soñaba conmigo?

Dio otro paso hacia mí y yo di uno hacia atrás chocando con la baranda.

De repente Eriol apareció y se puso entre nosotros, miraba a Shaoran con mala cara.

-porque estamos en un lugar público sino te las verías conmigo... ¡aléjate de ella pero ya!- dijo mi amigo.

Shaoran dirigió sus ojos a él con odio y respondió -si quiere que me vaya que me lo diga ella misma-.

Me miró y yo bajé la vista al suelo, no quería verle más.

-vete- dije con rabia.

Escuché unos pasos y Eriol pasó su brazo por encima de mis hombros acercándome a él.

Al levantar la vista Shaoran no estaba por ninguna parte.


Después de comer, Eriol decidió saltarse sus clases esa tarde para estar conmigo.

Fuimos en su moto hasta un mirador que había en lo alto de una pequeña montaña desde donde se veía toda la ciudad.

Allí había un par de bares para que pudieras tomar algo mientras admirabas las vistas.

Nos sentamos en una mesa y mi amigo pidió unas bebidas.

-¿ya te encuentras mejor?- me preguntó.

Asentí y él me observó con preocupación.

-al menos ya has dejado de temblar, en la comida he estado a punto de llevarte a rastras al hospital-.

Suspiré y le dije -eres un exagerado-.

Él se cruzó de brazos y me miró con rostro serio.

-no estoy dispuesto a dejar que te pase otra vez lo mismo-.

Sabía bien a lo que se refería.

Cuando Shaoran se marchó, los primeros días sin él estuve muy mal, apenas podía comer y siempre estaba temblando como si estuviera muerta de frío.

Adelgacé tanto que mis padres temieron que me hubiera vuelto anoréxica, incluso me llevaron al médico pero simplemente mi estómago no me pedía que lo alimentara con regularidad.

Mis amigos tuvieron que intervenir para sacarme de aquel abismo, recordaba a Tomoyo llorando sin parar y a Eriol tan enfadado que llegó a darme una bofetada.

Después de esa pelea con ellos me obligué a mí misma a comer y me esforcé por intentar que mi vida volviera a la normalidad, pero los temblores me duraron unas semanas más hasta que mis niveles de ansiedad bajaron.

No podía estar así de mal por alguien que se había ido sin mirar atrás y del que no había vuelto a saber nada.

Aprendí a dejar fluir mi angustia escuchando música, por eso empecé a aficionarme a las canciones de rock tristes y dolorosas que ahora tanto me gustaban.

Gracias a eso empecé a aparentar ser una chica normal, aunque los sueños con Shaoran no me dejaban dormir tranquila.

Cuando conocí a Rei todo empezó a mejorar, conseguí dejar de revolcarme en mi dolor y salir de esa espiral sin salida. Ella me ayudó a centrar mi atención en otras cosas, a divertirme y dejar de pensar en él.

Guardé todos mis sentimientos por Shaoran en una cajita y la escondí en un rincón de mi mente bajo llave.

Volví a ser feliz, incluso cuando conocí a Kaito y él se interesó por mí pensé que tal vez había llegado mi oportunidad para que el amor volviera a mi vida.

Pero tras casi un año con él, mis sueños con Shaoran no cesaron y por Kaito no sentía nada más que cariño y algo de atracción.

Fui una gran estúpida al pensar que si nos acostábamos tal vez me surgirían sentimientos hacia él, pero el rostro de Shaoran aparecía en mi mente y no pude hacerlo.

Entonces supe que nunca podría amarlo, por eso no me quedó más remedio que romperle el corazón y dejarlo.

No era justo para él estar conmigo, se merecía a alguien que lo quisiera de verdad.

Y por lo que sabía Kaito había encontrado a esa persona especial, me alegraba mucho por él.

Después de eso y de mi charla con Eriol unos días después de romper con él, decidí que no volvería a acercarme a ningún hombre hasta que olvidara completamente a Shaoran, tardara lo que tardara.

Y así había pasado los últimos seis meses, feliz con mis amigos y mis estudios hasta el maldito día en el que me crucé con el dueño de mis pesadillas.

Pero ya no era aquella chica ingenua de dieciocho años, no dejaría que me volviera a pasar lo mismo.

No dejaría que ver a Shaoran me afectara.

-te prometo que no volverá a pasar, ahora soy más fuerte-.

Eriol asintió y me dijo -lo sé, además él no se merece ni una lágrima más-.

Sonreí mientras mi amigo me acariciaba la mejilla con su mano.

-no existe mejor amigo que tú-.

Eriol sonrió de forma triunfal y respondió -es cierto, has tenido mucha suerte conmigo-.

-tienes razón pero que no se te suba a la cabeza- respondí sacándole la lengua.

Él soltó una risita y se acercó para abrazarme.

-tampoco podría encontrar a una amiga mejor que tú-.

Cerré los ojos y lo apreté más entre mis brazos. Realmente era muy afortunada.


Los días pasaron, poco a poco descubrí las zonas de la facultad por las que Shaoran se movía y me dedicaba a evitarlas.

Aun así a veces lo veía observándome de lejos.

Era miércoles por la tarde, salí de la facultad y escuché una voz femenina gritar mi nombre.

Me volví extrañada y vi a Meiling apoyada en la verja que rodeaba el edificio haciéndome gestos para que me acercara.

Se me hizo un nudo en el estómago, desde que Shaoran se fue no volví a tener relación con ella, aunque siempre que nos habíamos visto me saludaba con una sonrisa pero no habíamos hablado ni una vez.

Me acerqué sin saber bien lo que me esperaba.

-me gustaría hablar contigo- dijo ella cuando estuve a su lado.

Abrí los ojos sorprendida y le pregunté -¿sobre qué?-.

Vi como miraba nerviosa las puertas de la facultad y respondió -mejor vamos a otro sitio-.

Empezamos a andar en silencio hasta que llegamos al parque que tanto evitaba, estaba bastante cerca del campus universitario.

Meiling se sentó en un banco y me invitó a sentarme junto a ella.

Aquello me daba mala espina pero me senté a su lado.

-verás, creo que hay ciertas cosas que deberías saber- dijo ella.

Mi cuerpo se tensó, no quería saber nada de Shaoran.

-solo escúchame, ya verás cómo te interesa-.

Dejé salir un resoplido y asentí con gesto serio.

-no sabes bien las razones por las que se fue... desde que se enteraron que estabais juntos sus padres se dedicaron a convencerlo de que para poder dirigir la empresa familiar era necesario ser el mejor y terminar sus estudios en china, sino no podría hacerse cargo y tendrían que venderla. Lo presionaron para que pidiera la beca Shihaido, es muy exclusiva y solo se la dan al mejor estudiante de japón. Cuando se la concedieron no nos lo podíamos creer, era casi imposible-.

Apoyé la espalda en el banco sin decir nada y seguí escuchando.

-también le decían que tú eras demasiado joven y que confundías la atracción que sentías por él con amor, así que en unos meses seguro que te cansarías de él y se arrepentiría de no haberse marchado-.

Noté cómo empezaba a enfadarme.

-si él se creyó todas esas cosas es su problema- murmuré entre dientes.

Meiling asintió.

-tienes razón, no debió creérselo pero estuvieron meses sembrando esas dudas en su mente y al final le afectó-.

-¿de verdad era tan importante que estudiara en China?- pregunté con curiosidad.

Ella negó con la cabeza.

-no, era una excusa para alejarlo de ti. la beca Shihaido la controlan sus padres, por eso se la dieron a él tan fácilmente... pero eso tardamos mucho en descubrirlo-.

Abrí los ojos sorprendida.

-tampoco sabes como han sido estos dos años para Shaoran, lo ha pasado bastante mal- añadió Meiling.

Fruncí el ceño y respondí -para mí tampoco ha sido un camino de rosas-.

-lo sé pero déjame que te lo cuente por favor-.

Durante un buen rato Meiling se dedicó a explicarme cómo había sido la vida de Shaoran, ella lo sabía bien porque habían hablado casi a diario durante los dos años que estuvo fuera.

Me dijo que los primeros meses siempre le dolía la cabeza, casi todas las noches soñaba conmigo y eso lo torturaba durante el día en sus clases y a la hora de estudiar.

Fue aprobando sus asignaturas con mucho esfuerzo y pasó algunas noches íntimas con varias compañeras de su universidad que iban detrás de él creyendo que así dejaría de pensar en mí, pero lo único que consiguió fue que sus sueños conmigo fueran más intensos.

Al darse cuenta, se volvió una especie de robot que solo vivía para sus estudios y nada más que salía de su cuarto en la residencia para ir a clase o a los exámenes.

Cuando terminó el primer año Meiling intentó convencerlo para que regresara pero sus padres le seguían presionando para que siguiera allí con la beca, además Shaoran se había enterado de que yo estaba saliendo con Kaito y eso lo destrozó más todavía.

Pensar que ya lo había olvidado convirtió sus sueños conmigo en pesadillas donde cada noche me perdía una y otra vez.

Ella fue a china un mes para estar con él y ayudarlo a sentirse mejor pero Shaoran se pasaba los días furioso y sin querer hablar con nadie.

A mediados del segundo año Meiling escuchó a escondidas varias conversaciones entre los padres de Shaoran donde decían cuánto se alegraban de haber conseguido alejarlo de mí gracias a la beca y de que ahora su hijo tuviera la oportunidad de encontrar a una chica que estuviera a su altura.

Cuando le contó a su primo que todo había sido una mentira para alejarnos y que podría haber seguido estudiando en japón sin ningún problema, Shaoran estuvo a punto de abandonar sus estudios.

Ella lo consiguió convencer para que terminara ese curso y después volviera a japón.

En cuanto hizo el último examen, Shaoran preparó todo el papeleo para su traslado de vuelta a la universidad de Tomoeda sin decirle nada a sus padres y alquiló un apartamento donde poder mudarse usando el dinero que su abuelo le había dejado como herencia.

Nada más aterrizar fue al piso de sus padres, les dijo que renunciaba a sus derechos en la empresa familiar y que se olvidaran de él para siempre.

Recogió todas sus cosas y se marchó, desde entonces no había vuelto a ver a sus padres ni quería hacerlo.

Cuando Meiling terminó de hablar yo tenía la respiración agitada.

-como puedes ver las cosas no son como tú pensabas- añadió antes de levantarse.

No pude responder nada porque me había quedado sin habla.

-por favor no hables con nadie sobre esto, Shaoran me matará si se entera de que te lo he contado- dijo y se marchó dejándome sola intentando asimilar toda esa información.