Que hable el corazón
(nota: los capítulos anteriores de este fic son el 1,"Sentimientos prohibidos"; el 10, "Una inesperada unión"; el 25, "Si solo son amigos" y el 27, "Tras cancelarse el plan")
Toshiko iba caminando por las calles de la ciudad. Sin prisa. Donde iba sabía que siempre sería bien recibida. Yuuko Yagami, su amiga con privilegios. Y qué deliciosos privilegios. Había decidido ser un poco osada aquel día. Era laborable. Ellas solo se veían en fines de semana, pero ansiaba poder verse con ella. Desde la tarde que ambas habían podido compartir con Tai (y de paso quitarse de encima el peso de tener que ocultar la relación que existía entre ambas.
Podría haber hecho el camino con los ojos cerrados. Pero no le apetecía arriesgarse a ser atropellada por un coche, de modo que fue observando bien el panorama y no tardó en llegar a los apartamentos donde vivía la familia Yagami. Era temprano. Pero así podían disponer de más tiempo para sus juegos. Se arriesgó a sacar la llave que tenía. Yuuko se la había proporcionado hacía algún tiempo. Por si las moscas.
Entró en el piso, que a priori estaba vacío. Qué cosa más rara. Yuuko solía escribirle al menos una vez al día y le contaba si pensaba salir de casa. Y no le había dicho nada de que fuera a salir. Al contrario, su mensaje rezaba «Hoy voy a aburrirme. Taichi e Hikari han quedado con los demás». Ella lo sabía, de hecho, porque Sora también había quedado. Todos habían quedado para comer. Y esa era su intención. "Comer" con su amiga.
Así que anduvo sin hacer ruido y asomó la cabeza al dormitorio de Yuuko. Y sonrió. Su amiga se encontraba tumbada en la cama, completamente desnuda. Tenía los ojos cerrados. Y su mirada se posó sobre el colchón. Estaba completamente empapado. Mujer traviesa. Se acercó a ella de puntillas, pero se sorprendió cuando, al hacerlo, esta le saludó.
—Hola, Toshiko —dijo. No abrió los ojos. Por su tono de voz, ella pensó que se encontraba triste.
—Hola, Yuuko. ¿Cómo estás?
Yuuko no habló. Continuaba tendida. Toshiko pensó que lo mismo se estaba durmiendo y se acachó para darle un beso en la mejilla. El rostro de su amiga giró para atrapar sus labios con los propios, dándose un tierno beso.
—Te he oído entrar —dijo Yuuko, en tono suave—. Perdona que no te llamase.
—¿No te encuentras bien?
—La verdad, no mucho.
—¿Qué te ocurre?
—Es complicado. Todo lo que ha pasado últimamente… Me trae de cabeza. Han pasado muchas cosas, y yo no contaba con ninguna de ellas… Necesito pensar.
—¿Sabes que si necesitas hablar puedes hacerlo conmigo? —preguntó Toshiko.
—Claro que lo se —sonrió Yuuko—. Pero ahora mismo no me apetece. Me gustaría solo quedarme en tu compañía.
—¿De verdad?
—Claro. Siempre es un placer ver el cuerpo de mi gran amiga —dijo Yuuko, intentando sonreír—. ¿Por qué no te acomodas? Mi cama es grande —dijo, girando para hacer hueco a Toshiko.
Esta sonrió y empezó a quitarse la ropa. Se sintió observada por los ojos de Yuuko, y sonrió. Le gustaba sentirse mirada por ella. De modo que dejó el suéter y la falda volar. Se desabrochó el sujetador e hizo que sus bragas cayeran al suelo. Se tumbó en la cama y se echó de costado para mirar a su amiga. Con ninguna sutileza, le acarició el vientre y bajó hacia su sexo.
—He visto cómo está el colchón… ¿Has tenido sexo con tu marido antes de que se fuera a trabajar… o tal vez con Taichi?
—Con los dos —confesó Yuuko. Cerró los ojos. ¿Por qué Toshiko tenía que jugar con su vagina en un momento así? Sostuvo su mano con delicadeza—. Como te comenté, hablé con Hikari después de la tarde que tuvimos con Taichi. Es mi hija, tenía que saberlo. Ella debía entender que yo necesitaba a alguien en mi vida. Y a pesar de lo… obsesionada que parece estar con su hermano, aceptó que él y yo pudiéramos tener relaciones. Casi a diario, mi hijo me atiende. Ella se suele unir también.
—Qué bonito —comentó Toshiko. Le gustaba saber que su amiga estaba tan bien cuidada. Los hijos también deben ocuparse de sus madres—. Aunque me hubiera gustado que me contaras antes que tu hija sabe lo que hay entre nosotras.
—Perdóname… Pero como me dijiste que ibas a hablar con Sora, pensé que mi niña también tendría el derecho de saber que…
Toshiko no quería hablar más, de modo que se subió al cuerpo de Yuuko y empezaron a besarse. Ella tembló. Sentía los pezones de Toshiko contra los suyos. La envolvió con sus brazos. Le gustaban aquellos arrebatos que tenía la mujer.
—Pues hablar con Sora fue también muy liberador —dijo Toshiko, apoyando la cabeza entre los pechos de Yuuko—. Y hemos empezado a intimar bastante también… como tú acaparas a Taichi —añadió con una risita—, algunas noches viene a dormir conmigo. Después de una sesión de ardiente sexo.
Ambas se echaron a reír.
—Me alegro de que le contaras a Hikari lo que hacemos. Así podremos vernos con más frecuencia sin necesidad de escondernos de ellas. Bueno, está tu marido, claro, pero sabes que nunca me acerco si él está…
El rostro de Yuuko se ensombreció ligeramente. Toshiko lamentó haber dicho aquello. En el fondo, ella estaba casada. Era normal que se sintiera culpable por engañar a su marido. Aunque este no estaba disponible habitualmente para hacer vida de casados. Por eso la había admitido en su vida, en el fondo.
—¿Sabes, Yuuko? He traído algo para jugar contigo y creo que puede animarte y relajarte.
—¿Qué es?
Pero Toshiko no respondió, sino que giró y se levantó de la cama. Buscó algo dentro del bolsillo de su pantalón, y lo tapó con la mano sin dar tiempo a su amiga a ver qué ella. Luego, tendió la mano a Yuuko, y ella se levantó también. De la mano, sin molestarse en cubrirse, se encaminaron a la bañera.
—Pues sí me vendría bien un baño —dijo Yuuko, mientras Toshiko empezaba a llenar el gran vaso.
—Me lo imaginaba. Por eso he traído esto —respondió Toshiko, y le mostró lo que se había guardado antes en la mano: unas sales de baño—. Son aromáticas, y relajantes. Creo que nos vendrá bien.
—Tengo mucha suerte de tener una amiga como tú —dijo Yuuko y se agachó para abrazar y besar a su amiga. Total, tenían tiempo mientras la bañera se llenaba, pero era agradable el ambiente con el vapor y el calorcito.
Cuando la bañera estuvo a punto, Toshiko espolvoreó los polvos en la bañera, que pronto empezaron a oler de maravilla. De ese modo, entraron de la mano y se dejaron caer poco a poco dentro del agua. Suspiraron. Aquello era la buena vida. No dijeron nada por unos momentos, saboreando la situación.
—Eres la mejor —suspiró Yuuko.
—Qué tonterías dices…
—En absoluto. Necesitaba esto y tú me lo has traído. Eres mi ángel de la guardia —dijo con una sonrisa—. Pero me acabo de acordar de que no te he preguntado. ¿Cómo te ha dado por venir hoy? No suelo esperarte si no es fin de semana… No me malinterpretes. Te podría haber esperado un poco más visible.
Para ellas, estar visibles era ponerse un picardías que no hacía más que aumentar el deseo antes de dar rienda suelta a la pasión que a ambas las unía.
—La verdad, me gustaría pedirte algo. Es importante, pero este no es el momento. Cuando salgamos de aquí podemos hablar…
—Pero, ¿de verdad vas a guardar silencio? ¡Pensaba que nos lo podíamos contar todo!
—Te lo hubiera contado antes, pero… cuando he mencionado a tu marido te ha cambiado la expresión. Así que deduzco que no es un buen momento para decírtelo.
—Oh… así que es por eso —dijo Yuuko.
—Sí. Pero no quiero hacerte daño, si ha pasado algo… Igual necesitas que me aleje de ti si tienes problemas con tu marido. Puedo aceptarlo. Esta sería una bonita última vez.
Pero Yuuko negó con la cabeza.
—Creo que es más complicado que eso. O a lo mejor, más simple —empezó Yuuko—. A lo mejor no saber por qué no te he escrito en estos días. El caso es que Susumu, mi marido, me ha abandonado —le contó. Toshiko se quedó ojiplática. ¿Qué le acababa de decir? Y además, ¿por qué no se la veía más afectada? Pero Yuuko se dio la vuelta y antes de darse cuenta, se había apoyado sobre su cuerpo. La rodeó con los brazos—. Todo empezó el lunes…
»Llegó de la oficina un poco antes de lo normal, yo me sorprendí mucho. Pidió a los chicos que se fueran a dar una vuelta, pues quería hablar conmigo… Cuando nos quedamos a solas, me dijo:
»—Tengo una noticia mala… y otra peor…
»—¿De qué se trata?
»—Mi empresa me ha cambiado de oficina… Quieren que me pase un año fuera de Japón. La sucursal de Nueva York no termina de funcionar, y por los años que llevo aquí quieren que me vaya allí a ponerlo en orden.
»—Bueno… yo podría ir contigo, Taichi e Hikari deberían quedarse, tienen que seguir sus estudios y…
»—¡No! ¡No puedes venir! ¡No puedo pedirte algo así!
»—¿Por qué no?
»—Porque te he engañado… Te estoy engañando —se corrigió.
»Claro, yo en aquel momento no entendía qué me estaba diciendo. ¿Engañándome? Bueno, yo tampoco había sido sincera con él, así que podría confesarle.
»—Susumu…
»—¡Sayuri está embarazada! —me dijo entonces.
»—¿Tu secretaria…?
»—Sí… Lo siento. Lo siento, soy un mierda… Pensé que sería algo pasajero pero antes de darme cuenta, la dejé embarazada… Y no puede seguir ocultándolo. Queremos empezar una nueva vida en América.
»—Pero… —intenté hablar, pero parecía que él había estudiado sus palabras y no me dejaba intervenir.
»—Soy lo peor. Te juro que yo no quería, pero… el corazón no entiende de esas cosas. Ella quiere tener el hijo y no me lo quiero perder… Solo quería contártelo a ti primero antes de hablar con Taichi e Hikari. Entiendo que me odien, pero al menos te tendrán a ti. Han salido mejores que yo… Solo espero que algún día puedas perdonarme…
»En realidad a mi me había quitado un peso de encima. La culpa que yo podía sentir por lo que quería decirle desapareció. Simplemente interpreté un poco mi papel de mujer dolida. Hizo las maletas esa misma noche, después de hablar con los chicos.
»Al día siguiente, fui yo quien habló con Taichi e Hikari. Les dejé clara una cosa. Por mucho que su padre no estuviera, este debía seguir siendo un hogar decente. Y desde entonces, han dormido conmigo para asegurarse de que yo estaba bien. ¿No te has fijado en que ya no llevo mi alianza? —preguntó Yuuko, mostrando su mano desnuda—. El caso es que no tengo un luto que llevar por mi relación. Le quería, pero no estaba enamorada. De él.
—¿De él? —preguntó Toshiko.
—Quiero muchísimo a mis hijos. Son lo mejor que me ha pasado. Especialmente Taichi. Él es todo un hombre, y me ha completado las noches que me ha faltado su padre. Si no fuera mi hijo, no me importaría tener una relación con él. Hikari podría participar todo lo que quisiera. Pero eso es imposible.
—Claro. Taichi es tu hijo… —dijo Toshiko, intentando asimilar las palabras de Yuuko. Pero ella no había terminado de hablar.
—Y hay una persona aún más especial —añadió, dándose la vuelta. Miró directamente a su amiga—. Tú. Llevamos mucho tiempo viéndonos. Lo nuestro empezó muy tontamente… un poco de alcohol, unos besos, una noche de sexo desenfrenada. Te empecé a querer como una amiga, pero ahora mismo no puedo decir que eso sea así. Te amo… Y me dolería mucho que saber esto te alejase de mi…
Toshiko se abalanzó a por Yuuko, sacando la mitad del agua de la bañera. Pero no importaba. Besós sus labios, acarició su cuerpo sin controlarse. Un par de lágrimas recorrieron sus ojos antes de poder mirar a los de su amiga.
—Yo también te amo —confesó—. Había venido con la intención de decírtelo. Podría soportar, incluso, que quisieras que me quedase como tu amante —dijo—. Pero la noticia sobre tu marido me alegra. ¡Sí, me da alegría egoísta! ¡Porque si él no está quiero que seas mi esposa y yo ser la tuya! ¡Podemos ser felices! ¡Montar una familia!
—¿Te acabo de confesar lo que siento y ya me pides que me case contigo?
—¡Sí!… ¿Es que te parece mal?
—Me parece perfecto… hazme el amor, por dios… lo necesito.
Y Toshiko se dispuso a ello. Volvieron a besarse, y sus manos empezaron a acariciar el cuerpo de la otra. Pronto, la pelirroja atacó los pechos de Yuuko. Tenían un sabor delicioso. Ella gimoteó. Era genial cómo se lo hacía. Conocía perfectamente la presión que necesitaba para excitar sus pezones, cómo succionar sin hacerla daño, cómo jugar al mismo tiempo con sus nalgas firmes.
—¿Así que mi amor se siente bien? —preguntó Toshiko, que rodeaba a Yuuko con una mano mientras con la otra empezaba a acariciarle su sexo. Esta gimió.
—Tu amor se siente muy bien… —respondió con un hilo de voz.
—¿Sabes que esto me encanta? Escucharte gemir… Quiero que me digas que me quieres —pidió mientras hundía un dedo travieso en el sexo de su amada.
—Toshiko… yo teeeeeeh —gimió Yuuko. No podía hablar bien con aquellas maravillosas sensaciones en su intimidad.
—¿Tú me qué?
—Yoooo… Yo te quiiiiiih —maldita. Toshiko aumentaba la intensidad cada vez que intentaba hablar.
—¿Qué me dices?
—¡Te amo, Toshiko! —gimió Yuuko. Y esa era toda la señal que necesitaba ella para besarla apasionadamente mientras sus manos se movía libremente, masturbando a la persona que más amaba y la hacía llegar al orgasmo. Sintió sus fluidos manchando toda su mano, pero no le importaba en exceso. Era lo mejor, la recompensa por saber darle placer y poder probar el sabor de aquello que había escurrido por entre sus dedos—. Eres la mejor…
—Sí, la verdad —bromeó su amiga—. ¿Crees que puedes hacerme sentir bien?
—Sí, aunque no se si tanto como mereces…
Toshiko tomó posición sentándose en el borde de la bañera con las piernas separadas. Yuuko se situó en cuatro frente a ella. Sabía lo que debía hacer. Bueno, no estaba forzada, pero se sentía en la obligación de devolverle todo el amor que había recibido. De modo que hundió la cabeza entre aquellas piernas y empezó a lamer su intimidad.
Sintió en la cabeza la mano de Toshiko, que se sentía bien en realidad. Le indicaba que le gustaba lo que había, en ningún momento presionó solicitando que se esmerase más. Simplemente le gustaba tenerla ahí. El sabor de los jugos de Toshiko siempre le había parecido excelente. Pero en ese momento, era algo más. Era el derecho pleno a acceder a su zona más privada. Y aquel acceso solo se debía a hacerla sentir bien. Conseguir que alcanzase un orgasmo gracias a ella. Una maravilla que logró acabar en el momento culmen del placer.
Salieron de la bañera para cruzar sus piernas la una con la otra. Sus sexos estaban en perfecto contacto y empezaron a someterlos a una fricción muy placentera. Gimotearon y se miraron a los ojos. Empezaron a competir. Debían conseguir que la otra llegase al orgasmo en primer lugar. Pero estaba complicado. Ambas eran especialistas en lograr que la otra llegase al clímax y lo hicieron a la vez.
—Entonces, oficialmente, somos novias, ¿verdad? —preguntó Toshiko. Volvían a estar en la bañera, y Yuuko se había vuelto a acomodar sobre su cuerpo. Con la diferencia de que ahora sus manos le sujetaban los senos.
—Sí. Si te parece bien, claro.
—Me parece estupendo, mi amor. Por fin podemos estar juntas. Deberíamos plantearnos si vivir aquí o en mi casa…
—Es prematuro eso —opinó Yuuko—. Deberíamos pensar qué va a pasar con… nuestra relación con nuestros hijos.
—Yo pensé en eso antes de venir —confesó Toshiko—. Si tú y yo estamos juntas… no me importa si Taichi o Hikari lo hacen contigo. Y tampoco me importaría continuar dejando a Sora darme placer… Es una situación extraña, pero no hay nada habitual en lo que hacemos, ¿no?
—Tienes razón. No pasa nada si mi hijo le da placer a mi novia. Ella se lo merece, ¿sabes? —bromeó Yuuko, y se ganó un suave apretón en los pezones.
—¿Y no crees que deberíamos… probar con nuestras hijas? —propuso Toshiko—. Sora no sabe lo que es estar contigo, y me gustaría poder acercarme un poco a Hikari si voy a ser la novia de su madre.
—Pues creo que tienes razón. Taichi puede que nos de placer ambas, pero merecemos probar con nuestras pequeñas…
—Oye, hoy es jueves. Nuestros hijos comen fuera y no volverán hasta la noche. ¿Podemos ir a tu habitación? —preguntó Toshiko—. Tengo ganas de seguir gozando…
—Sí, pero lo primero…
A mucha distancia de allí, Taichi e Hikari, que estaban pidiendo en el restaurante, rodeados de sus amigos, recibieron un mensaje. «Ha venido Toshiko. ¿Os importa quedaros el fin de semana con Sora». Y apenas unos momentos después, su amiga la pelirroja recibió otro mensaje similar. «Hija, ha pasado algo con Toshiko y me voy a quedar con ella el fin de semana. Pórtate bien con Taichi e Hikari.»
¡Hola a todos! Este finde he ido actualizando fanfics y no podía dejar este de lado :)
Sí, ha sido muy breve el lime, pero realmente aquí había poco sexo de donde sacar (consecuencia de los muchos que ya he escrito) y sobre todo me interesaba el desarrollo de los personajes. Espero que os haya gustado, esta pequeña saga aún no ha terminado :)
honter11: Pues sí, al final es lo que busco en los fics, que los personajes sean felices. Tal vez escriba aquella historia, pero ya he hecho bastantes Mimi-Taichi como para ser original :(
Burakku 283: Me alegro que te gustara :) El Junsuke no me es ajeno, ya he leído gente que ha juntado a esos hermanos. Por tus peticiones deduzco que eres fan de Daisuke, ¿no? Algo me animaré a escribir.
DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Me alegro que te gustada :) Yo, como digo, nunca diré que cierro del todo el género, pero sí que quiero probar con otros géneros y que el lemmon sea parte de la historia y no el centro de la misma ;)
MAZINGER-TAIORA: Pues sí, todo bien por aquí. Y yo también creo que Koushiro se fijaría antes en Mimi. Pero Yolei... ya se fijaba en Mimi xD (no es invent, solo hay que ver 02 para darse cuenta de cómo la admiraba). Y creo que si el pelirrojo no tuviera ese grupo de amigos posiblemente habría acabado así. Lo del embarazo me pareció un buen toque al final. Una noche loca, un descuido, peor que les haga felices. Espero que te haya gustado el cap. Salud y saludos!
Con esto cierro hasta el siguiente fanfic. Nos leemos por estos lares. Lemmon rules!
