Los Amamiya

Capítulo 25: El principio del fin.

La vista de Tomoyo vagó entre la fina porcelana distribuida sobre el amplio comedor, mientras miraba ausente los exquisitos platillos que adornaban aquel almuerzo y las caras sonrientes de los cuatro ocupantes de la mesa que conformaban aquella variopinta y especial familia a la que pertenecía.

Desde el momento en que los Kinomoto y los Amamiya hicieron las paces de manera definitiva hacía varios años, era natural que se desarrollara aquel cálido escenario siempre que el abuelo tenía un rato libre e iba de visita a la mansión, y por lo general aquello la llenaba de tanta alegría que terminaba insistiendo en guardar aquel recuerdo en su cámara, pero ese día, a pesar de sentirse aliviada al tener al abuelo allí con el alta medica, no podía evitar reparar constantemente en el asiento vacío justo frente a ella y sentir un inmenso pesar al recordar la ausencia de aquel sexto participante que para bien o para mal llevaba en sus venas la sangre Amamiya y quien inevitablemente era la razón de su inquietud.

Desde aquella conversación que habían tenido frente a la puerta de aquella habitación no habían cruzado demasiadas palabras entre ellos, y es que el Touya que iba en el asiento delantero del taxi que los llevó al aeropuerto, aquel que había atravesado medio planeta sentado justo en el asiento a su lado sin siquiera mirar en su dirección y había esperado junto a ella a que llegarán a recogerlos una vez pisaron suelo nipón, definitivamente no era el mismo que la había sujetado entre sus brazos y le había besado con mucha más pasión que lo que lo había hecho nadie antes tan solo la noche anterior, y eso no hacía más que confirmarle lo que se había esforzado por negarse a sí misma aquellas últimas semanas: Todo aquello que había sentido junto a él, aquella magia que hizo aletear su corazón mientras se perdía en su mirada, que la hizo sentir que el mundo giraba a su alrededor, que hizo que en su estado de embriaguez estuviera dispuesta a entregarse al completo a él, todo aquello no era amor, jamás había sido amor, ella solo fue una persona que coincidencialmente había aparecido en medio de su dolor y a quien había utilizado para sentirse mejor, una simple vendita que cubrió una herida que aún no había terminado de sanar y que por tanto debía ser desechada al no cumplir su cometido.

Reconocía que al darse cuenta de ello quiso llorar, maldecir su suerte, pedirle una explicación al respecto pero al darse cuenta de que había vuelto a tener aquella expresión llena de frialdad que siempre le había mostrado, aquella indiferencia que hacía que sus ojos que usualmente eran de un atrayente café claro ahora lucieran casi negros, no fue capaz de hacerlo. Todo era bastante claro, ella solo había sido un consuelo al que había recurrido para paliar sus sentimientos por Yukito y ahora que él había comprobado que hacerlo era inútil, deseaba que todo quedara en el olvido, que tanto él como ella hicieran como si no hubiera pasado, como si no hubiera tenido ninguna importancia lo ocurrido y eso le dolía… dolía demasiado.

Agitó su cabeza intentando desviar sus pensamientos al darse cuenta de que sus ojos empezaban a cristalizarse sin remedio y entonces levantó la mirada al escuchar a Sakura gritar alarmada mientras intentaba cubrir con una servilleta el dedo anular izquierdo de su padre que según parecía acababa de hacerse alguna herida. El señor no dejó de sonreír ni decir que solo era un rasguño pero por la manera en que el improvisado vendaje se teñía de un intenso carmín debido a la abundante hemorragia, era obvio que no era tan leve como el presumía y que en realidad si necesitaba asistencia inmediata. Sin dudar ni un segundo se puso de pie y le pidió amablemente que le acompañara para darle los primeros auxilios, cosa a la que el señor no se resistió siguiéndola fuera del comedor mientras los demás se quedaban allí almorzando por su propia petición.

Pronto ambos se hallaron a solas en la terraza y después de indicarle que le esperara allí, la amatista salió en busca de un botiquín médico y poniéndose manos a la obra retiró con cuidado la servilleta que cubría la herida comprobando entonces que tal y como temía se trataba de una cortada bastante profunda, demasiada grande para haber sido un accidente con un cuchillo de mesa ligeramente afilado.

-Según parece se me pasó un poco la mano. Supongo que aún no he aprendido a dominar mi fuerza.- Comentó de repente Fujitaka mientras la veía desinfectar la herida y ella no pudo menos que mirarlo confundida intentando determinar si acaso había escuchado mal, cambiando su expresión a una de completo terror al comprobar que lo que había oído era justo lo que él había querido decir.

-¡¿Se ha hecho esto a propósito?!- Preguntó intentando disimular lo mucho que aquella idea la perturbaba recibiendo una sonrisa de parte del señor que comenzó a rascar su nuca algo apenado.

-La verdad es que quería crear una cuartada para poder hablar a solas contigo, pero en realidad no esperaba que doliera tanto.

A pesar de seguir profundamente aturdida por las palabras del señor, Tomoyo se quedó en completo silencio mientras guardaba el líquido antiséptico en el botiquín y en cambio sacaba un rollo de vendaje para cubrir la herida ahora que la hemorragia se había detenido, mientras sentía los ojos avellanas de Fujitaka observando cada uno de sus movimientos. Estaba segura de que en realidad había notado que estaba a punto de ceder a las lágrimas y había actuado con rapidez antes que los demás se percataran. De hecho estaba segura de que tan pronto los vio en el aeropuerto había notado la distancia entre ella y su hijo y había intuido que había algo que no andaba bien, algo que era la razón por la que estaba a punto de perder por completo su resistencia.

-Tomoyo, no necesitas fingir conmigo. Se que algo sucede.- Lo escuchó señalar con voz gentil mientras tocaba la mano que se disponía a sellar el vendaje y la miraba con cierta tristeza, y casi al instante una lágrima rodó por su mejilla humedeciendo el vendaje mientras ella llevaba su mano derecha hasta su boca al sentir que a pesar de su esfuerzo los sollozos estaban a punto de salir de su garganta, haciendo que él la aferrara a su pecho en un abrazo paternal que buscaba brindarle algo de seguridad y confianza para desahogarse. Cosa que evidentemente había funcionado pues tan solo unos instantes después Tomoyo se sacudía levemente mientras las lágrimas salían con ímpetu de sus ojos y su garganta reprimía los dolorosos gemidos que dejaban claro lo profundo de su pena.

-Me imagino que lo último que quieres es hablar de lo ocurrido, pero necesito saber que ocurre para poder ayudarte. Esto tiene que ver con Touya ¿no es así?

Un simple asentimiento fue lo único que recibió como respuesta a su pregunta pero fue suficiente para confirmar sus temores al ver la expresión en el rostro de su hijo y escuchar la conversación de Masaki por teléfono antes de salir del hospital. Algo muy malo había pasado y de una u otra forma las cosas se habían tornado aún más complicadas que como estaban antes de viajar a Londres.

La escuchó dejar salir un sollozo intentando serenarse y entonces soltó contra su pecho lo único que jamás se esperó escuchar en toda aquella conversación. "Touya aún lo ama". Fujitaka no pudo evitar tensarse al escuchar su afirmación y entender que hablaba de Yukito pero aun así se quedó en silencio unos segundos como si intentara determinar cuál sería la mejor reacción en ese instante, que podía decir para abrir las puertas del diálogo y entender por que de repente la misma chica que había aceptado con decisión aquel boleto de avión apenas tres días dispuesta a acompañar a su hijo en aquel tortuoso viaje pasara lo que pasara ahora estaba allí entre sus brazos llorando como jamás le había visto hacerlo. Nakuru había sobrevivido ¿no? ¿Acaso había pasado algo más de lo que no estaba enterado?

-¿Crees que haya alguna posibilidad de que sea un malentendido? Es decir, ¿Estás cien por ciento segura de ello?

-En realidad, una parte de mi corazón se niega a creerlo. Es que… todo estaba bien hasta que Nakuru dio a luz, hubo un momento en que estaba completamente segura de sus sentimientos por mi, pero después de que habló con el joven Yukito, simplemente Él…

-Ya veo… Gracias por decírmelo. – Murmuró mientras la sentía volver a llorar profusamente como si decir aquello le hubiese hecho recordar algo especialmente doloroso y entonces comenzó a acariciar la coronilla de su cabeza para intentar transmitirle calma una vez más, sintiendo como unos segundos después levantaba la cabeza para separarse de él sintiendo que ya había abusado demasiado de su empatía. Al verla con los ojos enrojecidos y aquella fatiga emocional dibujada en todo su rostro tuvo que hacer un esfuerzo enorme por no decirle que estaba seguro de que su hijo sentía lo mismo que ella y que debía haber una explicación para lo que sea que le había hecho pensar lo contrario. Pero aquello no era lo correcto, su intervención en ello sin conocer todos los detalles solo conseguiría tensar aún más las cosas en vez de ayudar en algo y es que aunque confiaba plenamente en el criterio y los sentimientos de su hijo, reconocía que había una posibilidad latente de que aún no tuviese todos los detalles y su hijo estuviese ocultándole algo al respecto, por eso necesitaba conocer su versión antes de emitir cualquier juicio, sobretodo después de que aquella situación había sido en esencia su culpa. -Has tenido unas horas muy intensas así que creo que deberías descansar. Yo me encargaré de excusarte con los demás.

Sugirió y entonces la vio asentir ante su sugerencia comenzando a avanzar de inmediato en dirección a las escaleras auxiliares mientras con su mano intentaba retirar las lágrimas de sus ojos para evitar que alguien de servicio la viera e informara a su madre de ello. Lo que menos necesitaba era que se armara un alboroto a su alrededor por algo que simplemente no podía explicar en sus condiciones, sobretodo cuando se cernía sobre ella otro problema igual de complicado.

Aun no tenía todos los detalles pero al verla sostener con fuerza la gema violeta que ahora colgaba de su cuello mientras apretaba sus labios no pudo evitar sentir un mal presentimiento. Debía darse prisa o aquello terminaría terriblemente mal para su hijo.


-Toc, toc.

-No tienes que hacer esos sonidos si ya estás dentro Kinomoto. No tienes cinco años ¿sabías?.- Refunfuñó Masaki mientras entornaba los ojos al ver caminar hacia él con una inmensa sonrisa a su nieto político quien tal y como había prometido había ido por él bien temprano para completar el papeleo para que saliera del hospital.

-Lo lamento. Solo quería llamar tu atención. Llevo un rato aquí y aun no me habías notado. Estás algo pensativo.

-Si, lo estoy.- Reconoció en medio de un suspiro mientras aceptaba la mano de Fujitaka para ponerse de pie y comenzar a cambiarse. -Me siento preocupado por Kurogane.

-¿Pasa algo malo con el joven Ou? ¿Problemas en el trabajo?

-No. Su trabajo está bien. Se trata de otra cosa. Sabes… Kurogane está interesado en Tomoyo.- Miró fijamente a Fujitaka mientras lo veía sacar de una bolsa la ropa que usaría notando así que no se inmutó para nada ante su anuncio.

-No pareces muy conmocionado.

-No lo estoy, de hecho lo sospechaba ¿Y que piensas tú de eso Masaki?

-Me agrada la idea. No podría elegir a alguien mejor para mi nieta, pero… ella no parece sentir lo mismo que él. De hecho… Kurogane me dijo que le había rechazado en el día de ayer.

-Ya veo. Te preocupa que esté deprimido entonces.

-Al contrario, lo que me preocupa es que no lo esté. De hecho parece aún más determinado a convencerla que antes. Por lo que sospecho… que hay otro tipo involucrado.- Fujitaka se detuvo un segundo al escucharlo decir eso mientras veía a Masaki poner los botones de su camisa sin saber si sentirse más conmocionado por la reacción del joven Ou ante la negativa de Tomoyo o por la posibilidad de que Masaki sospechara acerca de lo que le había motivado a rechazarlo.

-¿Otro tipo? ¿Tienes idea de quien puede ser?

-Tengo mis conjeturas. Pero eso tampoco es lo que me preocupa.

-¿Y entonces?- Fujitaka no pudo disimular demasiado lo mucho que le preocupaba el que Masaki le estuviera dando tantas vueltas al asunto. Él no era una persona de andarse con rodeos pero ese día estaba alargando el tema más de lo necesario y eso le asustaba, después de todo por donde quiera que lo viera eso no era buena señal.

-Digamos que Kurogane puede ser algo sádico cuando se lo propone. Creo que está tan determinado a sacar a esa persona del camino que haría lo que sea para lograrlo. Hasta algo que haga que Tomoyo lo odie si lo descubre.

Fujitaka se quedó mirándolo mientras con algo de dificultad Masaki se sentaba en el sillón cerca de su cama y extendiendo las manos le pedía sus zapatos, como si lo que estuviera diciendo no le causara ni la más mínima preocupación, a pesar de que aquella era una seria sospecha.

-¿No deberías pararle entonces?

-No es tan sencillo, jamás tuve tanto poder sobre él, si así fuera viviría conmigo aquí en vez de estar solo en Inglaterra. En otras palabras he desatado un desastre que no puedo detener, y la verdad tampoco quiero hacerlo.

El anciano se puso de pie al decir aquello último y como si no hubiese notado el terror que ahora estaba dibujado en el rostro del imperturbable señor de ojos avellanas comenzó a caminar dispuesto a salir de la habitación donde había estado recluido por casi una semana, deteniéndose al escuchar un porque casi mudo salir de la boca de él. Soltó apenas un "eso es un secreto" que no dejaba lugar para decir nada más y salió de la habitación dejándolo con una angustia similar a la que llevaba aquel caluroso día en llegó a su casa para anunciarle su relación con Nadeshiko. Por qué si, cuando se lo proponía no había nadie más sádico que el mismo Masaki.


Touya miró una vez más el delgado pedazo de papel que llevaba en su mano mientras dejaba salir un hondo suspiro. La verdad no era consciente de la última vez que le fue tan mal en alguna prueba o de que algún maestro le había llamado personalmente para hablar de sus calificaciones. Siempre había sido una persona con una muy buena memoria y en general sacaba buenas notas desde la primaria pero aquel día simplemente su mente estaba en otro lado y no fue capaz de acertar ni una sola vez en aquel examen. En síntesis le había ido mal porque todo su cuerpo se sentía mal, porque su cerebro no estaba en condiciones de concentrarse en cosa alguna.

Aquella era la misma razón por la que no había salido en su moto aquel día. Cómo si pudiese sentir el estado mental de su dueño y percibiera que con lo distraído que se encontraba lo único que conseguiría sería tener un accidente, esta no había querido encender y la verdad él tampoco estaba de humor para intentar repararla. Su padre y hermana llegarían en cualquier momento de la tarde y si estaba allí para entonces no tendría manera de evitar el interrogatorio de su progenitor, de hecho aún no sabía cómo se libraría una vez llegara por fin a su hogar. Así que hay estaba, recorriendo a pie con extrema lentitud la distancia que había desde la parada de autobuses hasta su casa, viendo sin mirar al cielo estrellado que era ligeramente opacado por las luces de los faroles que alumbraban la acera mientras era incapaz de dejar de pensar en ella, en todo lo ocurrido, en lo difícil que era lidiar con aquella distancia entre ellos y lo mucho que lo lastimaba el recuerdo de verla con aquel sujeto.

Levantó la vista al escuchar una serie de objetos cayendo a poca distancia mientras una voz femenina dejaba salir un quejido y al fijar su mirada en la figura que yacía sentada en el suelo mientras masajeaba su pelvis y la caja enorme desparramada a pocos centímetros de ella, no tardó en entender lo que había ocurrido y en parte para alargar aún más el tiempo de llegada a su hogar decidió acercarse para prestarle su ayuda.

-No debería cargar todo eso sola. Podría hacerse daño.- Señaló una vez estuvo junto a ella mientras la veía extender la mano para alcanzar los objetos desparramados, quedándose sorprendido al reconocer el rostro de aquella delgada mujer que lo veía con la misma sorpresa que tenía dibujada en el rostro mientras tomaba su mano para levantarse. Su pelo caía más allá de sus hombros y era más alta de lo que recordaba pero su rostro no había cambiado nada en todos aquellos años.

-¿Yoko?

-Cuanto tiempo sin verte Touya. Disculpa las molestias.

-Descuida. ¿A donde llevabas todo esto?- Indagó mientras recogía los objetos que habían caído y los colocaba dentro de la caja notando que su contenido no era más que un montón de libros.

-A mi departamento, en el segundo piso. Son unas cosas que pedí prestada en el trabajo para preparar mi programa de enseñanza.

-¿Enseñanza? ¿Eres maestra?- Preguntó él mientras tomaba la caja en brazos dejándola sólo con un par de libros que aún tenía en las manos, caminando en dirección a la escalera de aquel complejo de apartamentos.

-Si, de arte. Ya sabes que siempre me gustó el teatro y la música así que ahora me dedico a enseñar a niños lo básico de ambas cosas.

-Si, ¿cómo olvidarlo?... fue tu idea lo de esa molesta obra después de todo.- Acusó en medio de un cansino suspiro mientras recordaba aquel incordio de hace diez años. No podía recordar como terminó metido en semejante lío pero jamás olvidaría toda la vergüenza que le produjo aquella dramatización que le hizo decidir que jamás le haría caso a Yukito.

¿A quien podía ocurrírsele que un tipo como él sería una buena cenicienta?

-Lamento haberte causado tantos problemas. Creo que en su momento fue la única manera que encontré de acercarme a ti.- Reconoció ella mientras introducía la llave en el orificio de la puerta y la abría en un solo movimiento mientras cierta melancolía adornaba su hasta ese momento sonriente rostro, haciéndolo sentir culpable al recordar lo ocurrido entonces.

Después de él tortuoso final de la obra en la que ambos estuvieron en peligro, Yoko se había acercado y con gran nerviosismo le había confesado sus sentimientos hacía él, en ese momento sabía que no podía querer a otra persona que no fuera a Yukito, y a simple vista ella lo había aceptado de buena gana aunque no conocía todos los detalles, pero con todo lo que le había ocurrido últimamente estaba seguro de que nadie podría pasar por algo así sin sentirse profundamente herido y algo en su expresión le indicó que aquella herida aún le escozaba en el fondo.

-En fin, bienvenido a mi humilde hogar. No es muy espacioso pero esta cerca de mi trabajo y me dicen que es un vecindario muy tranquilo, así que me siento cómoda por ahora. Estoy a punto de preparar un curry, ¿qué te parece si me acompañas en agradecimiento por tu ayuda? Será una buena oportunidad para ponernos al día.

A pesar de que su voz expresaba mucha amabilidad algo dentro de él le indicó que aquella no era una buena idea, y con tacto rechazó su oferta mientras colocaba la caja en un espacio libre del piso para luego marcharse después de desearle las buenas noches.

Descendió las escaleras mientras cierta incomodidad abordaba su cuerpo y entonces vio tirado en uno de los peldaños lo que parecía ser una foto que seguramente se había caído mientras transportaban los libros. La tomó en su mano, le dio la vuelta y entonces sintió un agudo dolor de cabeza mientras imágenes de intensas luces doradas rodeando un enorme árbol de cerezo en medio de la noche y una niña agitando su mano a lo lejos volvían a su mente.

Era la misma niña que había en aquella foto, la misma que había recordado en las otras ocasiones en que había sentido la misma molestia. Si aquella foto realmente era de Yoko ¿Significaba eso que ella era la niña de sus recuerdos?


-¿Puedo pasar?- Indagó Masaki luego de dar un par de toques a la puerta abierta, observando a Tomoyo levantar la mirada hacia él sonriéndole al reconocerle.

-Claro abuelito, ¿necesitas algo?

-No en realidad. Solo deseaba pasar unos minutos con mi nieta antes de irme a dormir, pero pareces estar muy ocupada.

-Descuida, sólo estoy dándole los últimos toques al vestido de novia de Sakura. Puedo dejarlo para más tarde.

Masaki dio un rápido escaneo al espectacular atuendo frente a él y no pudo menos que sentirse transportado a otra realidad. Aquel vestido parecía haber sido sacado de algún mundo de fantasía, de un blanco que iba más allá de lo inmaculado y con una pedrería que aunque escasa estaba cuidadosamente colocada de tal manera que no le hacía ver ostentoso pero añadía tanta luz como irradiaba su dueña. Siempre supo que su nieta tenía un talento especial para la costura pero al observar aquel hermoso atavío no podía menos que percibir el inmenso amor con el que lo estaba confeccionando, aquel amor tan puro y desinteresado que solo ella sabía entregar a las personas. Sintió como Tomoyo tiraba con ligereza de su mano guiándolo hasta la cama para que tomara asiento allí y sentándose sobre la alfombra colocó su cabeza en su regazo mientras el deslizaba sus dedos por sus cabellos como ya era una costumbre desde que era niña y observaba su, en esos momentos, desordenada habitación.

No sólo habían todo tipo de instrumentos de costura sino que varios cuadernos se hallaban abiertos sobre un escritorio esperando a que ella completara algunas tareas de la universidad y por otro lado la luz de una laptop encendida mostraba algunos archivos en edición en los que parecía haber estado trabajando para el día siguiente. Fujitaka había dicho que ella se había quedado en su cuarto para descansar pero era obvio que aquello era lo último que había hecho en todo ese tiempo.

-Hija… ¿en serio estás bien con tantas cosas? No has descansado nada desde que llegaste de vacaciones.

-No te preocupes abuelito, soy una Amamiya, adoro estar ocupada.

-Eso lo sé. Pero… ¿no crees que ahora que solo te quedan poco más de dos semanas aquí deberías intentar tomarte un respiro? Tal vez dejar que Kinomoto y Marc se hagan cargo del proyecto.

-No lo sé. Estamos en un momento crucial y hemos perdido el día de hoy con todo esto del viaje. Me gustaría al menos esperar hasta que Touya consiga un buen asistente. Él es hábil y sé que podría hacerse cargo solo, pero es del tipo de personas que no conoce sus propios límites. Ya me lo imagino haciéndolo todo sin descansar ni un segundo.

Masaki sintió la tentación de señalar que le recordaba a cierta persona que tenía a su lado, pero él tampoco era el más indicado para juzgar a alguno de los dos. No recordaba la última vez que se tomó realmente un respiro o unas vacaciones mientras se sentía saludable así que en realidad su mal ejemplo era el que había creado en su nieta el hábito de querer hacerlo todo por ella misma.

-Entiendo. Aunque si cambias de opinión en el futuro sabes que no tengo ningún conflicto. Ahora que estaré aquí aburrido me vendría bien algo de compañía.

-Siendo así, lo pensaré.- La calidez del beso que depositó en su mejilla le hizo sentir cierta vitalidad que no era capaz de explicar, pocas cosas le hacían sentir tan orgulloso como saberse ligeramente responsable del crecimiento de aquella magnífica joven de corazón tan altruista. Era un viejo cascarrabias y algo egoísta pero cuando estaba con ella no podía sentir nada más que un deseo inconmensurable de entregarle cualquier cosa existente en el universo. Siguió acariciando su cabeza al verla colocarse nueva vez en la misma posición y siguió observando su creación mientras pensaba en como se vería ella misma vestida con un atavío similar. Jamás le había escuchado hablar de que quisiera casarse o hacer una familia pero no creía que una persona pudiese tener tal imaginación para esas cosas si no hubiese deseado verse a sí misma así alguna vez. De hecho aún si no estaba en sus planes, verla pasarse el resto de su vida sola no era una idea que le agradara en lo absoluto y justo por ello estaba allí aquella noche.

-Por cierto querida, Kurogane llegará esta madrugada y se quedará aquí mientras esté en reposo, perdona por no comentártelo antes fue algo de último momento, de repente cambió de opinión con respecto a venir a Tomoeda.

Un profundo silencio se cernió sobre ellos ante su anuncio pero comprendió de inmediato que su nieta cuidadosa y sensata como era estaba evaluando cual sería la mejor respuesta. Kurogane seguía siendo médico después de todo y ella jamás le negaría la salud a su abuelo solo por no exponerse a una situación que resultara ser incómoda para si misma.

-Está bien, descuide. Será como en los viejos tiempos.

Aunque aquellas palabras buscaban encontrar algo positivo en ello la verdad es que era obvio que le hacía sentir cierta incertidumbre. Si bien el cariño que tenía hacía Kurogane seguía intacto ¿Realmente podía verlo y tratarlo de la misma manera ahora que sabía que cuando la miraba no veía a la niña a quien juró proteger sino a una mujer a quien deseaba amar.

-Tomoyo… ¿Qué piensas de Touya?

-¿Touya?... ¿Por qué lo preguntas?- Indagó la amatista extrañada no solo por ser la primera vez que escuchaba el nombre del moreno de su boca sino por lo repentina de su cuestión.

-Bueno es que aunque es mi bisnieto no lo conozco demasiado, pero tú has pasado más tiempo con él que yo, así que me gustaría saber tu opinión de él.

-Bueno…- Tomoyo levantó la cabeza unos segundos mientras pensaba en la mejor manera de explicar algo así y entonces sin quererlo una leve sonrisa llena de melancolía se dibujó en sus labios mientras volvía a colocar su cabeza sobre su regazo a la vez que pensaba en la personalidad de aquella persona que hasta hace unas semanas era casi un misterio para ella. -El es un chico serio y desconfiado que puede ser algo arisco a veces pero en el fondo es alguien muy dulce y considerado que haría cualquier cosa por las persona que ama. Creo… creo que es exactamente como usted.

Aunque la posición de su cabeza le impedía ver su expresión en su totalidad, Masaki solo pudo limitarse a dejar salir un profundo suspiro al observar los ojos de su nieta y el ligero carmín de sus mejillas, hasta cierto grado se sentía culpable de que las cosas hubieran llegado a tal punto pero a estas alturas ya no había nada más que hacer.

-Es muy molesto para mi pero estos medicamentos ya me están provocando sueño. Tal vez sea mejor que me vaya a mi cuarto y sigamos hablando otro día.

Tomoyo lo observó mientras decía esto y quedándose allí sentada sobre la alfombra lo vio ponerse de pie y avanzar hacía la puerta con ayuda de su bastón. Su abuelo siempre había sido alguien enigmático y reservado a quien era difícil de leer, pero si algo sabía es que si cortaba una conversación de manera tan brusca era porque lo que había escuchado no era para nada lo que deseaba oír.

-Abuelo ¿que piensas tú de él?- Se animó a preguntar y entonces lo vio detenerse en silencio antes de cruzar la puerta.

-Creo que es territorio apache. Aún necesito conocerlo mejor para tener alguna opinión.

-Eso no es un "no me agrada".- Sentenció ella divertida ante su escueta respuesta y casi pudo jurar que una especie de bufido había salido de su boca antes de cerrar la puerta a sus espaldas, tal y como seguramente hubiera hecho el moreno si hubiera tenido una conversación similar con respecto a su abuelo.

Ya a solas en aquel inmenso espacio que era su habitación observó con algo de tristeza el vestido casi terminado y su corazón no pudo menos que entristecerse al recordar el roce de los dedos de Touya mientras le indicaba los detalles que creía podían hacer aquel vestido ideal para su hermana y la calidez de su sonrisa al verla realizar dichos trazos mientras imaginaba a su amiga llevándolo el día más importante de su vida. En ese momento, pensó en que él sería la primera persona a la que le mostraría su obra maestra, en que lo haría un poco más escotado solo para verlo sobresaltarse, y que luego daría el golpe de gracia haciendo algún comentario sobre lo importante que era abrir el apetito para la noche de bodas, y así verlo arder de la rabia contra el pobre Shaoran a quien claro está, defendería con uñas y dientes de ser necesario, pero en esos momentos aquello no parecía más que un sueño lejano.

Por eso no entendía porque aun así, aún después de haber sentido los labios de Kurogane contra los suyos, a pesar de sentirse profundamente turbada por haberle herido con su incapacidad de corresponderle, aunque supiera que el seria incapaz de hacerle daño, aún no podía evitar estremecerse con solo recordar los momentos algo difusos que le hacían revivir todas aquellas sensaciones que la recorrieron mientras él la besaba de aquella manera tan pasional. De hecho, justo en ese momento podía sentir como su piel se erizaba con solo imaginar la calidez de su paladar recorriendo su cuello con ansiedad. ¿Por qué simplemente no podía querer a quien le quería? ¿Por qué no podía tomar la ruta rápida hacía la felicidad si la oportunidad se restregaba contra su cara intentando llamar su atención?

Kurogane estaría bajo el mismo techo a partir de entonces y por más que lo intentaba no podía pensar en una manera de hacer de aquella convivencia algo más o menos normal pues era obvio que él no estaba dispuesto a aceptar una posición neutral de su parte.

¿Él o yo? Esa era la pregunta que le planteaba y su viaje no era más que la manera de demostrar que hablaba muy en serio.

Abrumada por sus pensamientos y por lo que se sobrevenía apoyó su cabeza contra la base que servía para elevar el maniquí de costura y allí envuelta entre los volantes de encaje de la falda del vestido y miles de sueños rotos de manera efímera antes de darse cuenta se quedó dormida pensando en el enorme problema que se cernía sobre ella.


-Buenas noches padre. - Soltó Touya tan pronto levantó la mirada y vio a su progenitor sentado en los pequeños escalones de la entrada de la casa contemplando las estrellas. Habían sido pocas las ocasiones en que había llegado a casa a tan altas horas de la noche pero todas aquellas veces su padre le había esperado despierto sentado en uno de los sillones de la sala de estar resguardado del frío de la noche, así que verlo sentado allí envuelto en su bata de dormir había sido una verdadera sorpresa.

-Bienvenido hijo. Sakura a hecho un estofado muy rico esta noche. Si quieres puedo calentarte un poco en el microondas.

-No, no tengo hambre, gracias.

A pesar de percibir la mirada ausente de su padre, Touya continuó avanzando atravesando la cancela de la entrada dispuesto a ingresar a la casa y perderse en su cuarto donde pretendía enviar la foto que había encontrado a Yukito para que le confirmara si aquella era la misma persona de los recuerdos que había perdido.

-Sabes… hoy he hablado con Tomoyo. No se veía nada bien, pero no me fue posible descubrir el porque, ¿sabes algo al respecto?- Lo escuchó preguntar mientras empujaba la puerta haciendo que se tensara un poco al notar que su padre no estaba por andarse con demasiados rodeos ni dejarle pasar aquello esa noche. Para ser sincero lo supo tan pronto lo vio esperándolo allí donde los oídos de su hermana no podrían escucharlo pero aun así debía probar suerte antes de darse por vencido.

-Si no quiso decirte debe ser algo muy personal.

-Eso pensé, aunque por otro lado sospecho que se debe al joven Ou. Masaki me dijo que le había rechazado mientras estaba en Inglaterra y conociéndola imagino que hacerlo la perturbó bastante, no es del tipo de persona que le guste herir a otros. Aunque no creo que eso sea razón suficiente para llorar como lo hizo.

La mente del moreno se quedó paralizada justo en el momento en que su padre dijo la palabra rechazo. ¿Rechazarlo? ¿Acaso…?

-¿Estás seguro de eso? En serio… ¿Tomoyo le rechazó?

Fujitaka se puso de pie al notar que había captado la atención de su hijo y aunque sabía que la seriedad de su rostro lo decía todo, prefirió dejar bien claro que Masaki no mentiría con algo semejante para que no existieran malinterpretaciones, notando que una hecatombe de emociones que iba desde la sorpresa, el alivio hasta un completo terror se alternaban en la cara de su hijo. Si así era, lo que le había dicho, la manera como la había tratado… acababa de cometer el peor error de toda su vida.

-Deberías hablarle. Antes de que Sakura se durmiera la escuché decir que Tomoyo trabajaba en su vestido de bodas. Tal vez aun esté despierta. No se que ha pasado estos días pero… a veces la soledad y la tristeza nos hacen elegir los brazos equivocados y no creo que al joven Ou le importe ser quien le brinde dicho calor.

Oír aquello de boca de su padre fue el empujón que necesitaba para atravesar el umbral con extrema rapidez maldiciendo el momento en que en su desconcierto decidió dejar su teléfono en casa para no ser contactado. En ese momento le pareció la mejor manera de conservar su tranquilidad pero ahora anatematizaba cada uno de los tortuosos escalones que lo separaban de su objetivo.

Había sido tan estúpido que le había dicho a Tomoyo que todo lo que había hecho esos días solo habían sido una consecuencia de su despecho, cuando la verdad era que cuando la tenía a su lado ni siquiera recordaba haber amado a nadie más.

¿Y si ella había decidido aceptar el amor de Kurogane? ¿Y si, en su propia amargura había terminado intentando olvidarlo fijándose en aquel sujeto? Entonces sus celos, sus malditos celos terminarían por arrebatársela de manera definitiva.

Cerró la puerta a sus espaldas y abriendo su cajón encendió el teléfono escarneciendo los 15 segundos que tardó en encender y entonces marcó su número con el corazón en la palma de la mano.

Escuchó el primer repique, un segundo y otro tercero y entonces pensó en que tal vez ni siquiera querría hablarle. Tal vez era demasiado cobarde intentar aclarar las cosas por un simple celular. Lo que le había dicho había sido cara a cara, y tal vez la manera en como debía resolverlo era de la misma manera. Aunque esperar a la oficina era perder mucho tiempo, tal vez debía usar la noche para intentar reparar su moto, tal vez recogerla en su casa era lo más adecuado, así podría conversar con ella con tranquilidad, así podría ver la tristeza de su rostro y darse cuenta de lo miserable que le había hecho sentir. Le pediría que le perdonara, se arrodillaría ante ella de ser necesario. Le haría saber lo mucho que había sufrido con solo pensar que quería a otro y que estaba dispuesto a hacer lo que deseara si eso recompensaba lo ocurrido.

Retiró el teléfono de su oído comprendiendo que lo mejor era esperar al día siguiente notando que la llamada se abría de repente antes de que pudiese colgar, siendo un "diga" lacónico y áspero lo que escuchó del otro lado de la línea de una voz que claramente no era la de Tomoyo.

Por simple reflejo miró el nombre del contacto con la esperanza de haber cometido alguna equivocación pero fue inútil, aquel era el celular de ella y aquella voz, sin lugar a dudas era la de Kurogane.

Respiró profundo intentando serenarse antes de volver a hacerse una idea equivocada, después todo ni siquiera sabía si Kurogane estaba en Tomoeda, y tal vez Tomoyo había olvidado su teléfono en el hotel y le había pedido que lo recogiera.

-Deseo hablar con la señorita Daudoji. ¿Está cerca suyo?

-Hasta hace unos segundos dormía plácidamente a mi lado hasta que un inoportuno a quien le colgaré en este instante amenazó su descanso. – Lo escuchó decir con total fastidio y a pesar de que el sonido de la llamada finalizada retumbó en su oído un "espera" lleno de angustia salió de forma ahogada de su garganta. La verdad no tenía idea de que iba a decirle si hubiese continuado en línea, para ser sincero solo estaba pensando en voz alta, solo se estaba exigiendo a si mismo no pensar lo peor. Tomoyo se había quedado dormida a su lado en muchas ocasiones sin que pasara nada en lo absoluto, aquello no tenía que ser diferente. No era diferente. Por su salud mental no debía ser diferente.

Ella jamás dejaría que aquel sujeto la tocara, y si así era…

…pues simplemente terminaría por enloquecer.


Una vez hubo acomodado su equipaje dentro del baúl de aquel taxi, Kurogane miró su reloj de mano para asegurarse de que fuese la hora correcta.

Su vuelo saldría a las 6:15 am así que aún le quedaba tiempo suficiente para llegar al aeropuerto, hacer el papeleo y dormitar un poco antes de abordar. Tan pronto le había dicho a Masaki que había decidido volver a Tomoeda este había movido cielo y tierra con tal de conseguirle un pasaje para el día siguiente y a cambio no había tenido más remedio que contarle lo ocurrido con Tomoyo aunque obviamente le ocultó el detalle de los sentimientos de ella por su bisnieto.

Paseó su mirada a través de la ventanilla del vehículo contemplando las luces de las calles que comenzaban a apagarse ante la inminente llegada del alba y allí a lo lejos avistó la enorme verja de lo que alguna vez fue su hogar.

Era una hermosa mansión de amplios jardines llenos de magnolias, hortensias y azaleas que el mismo Masaki había ordenado plantar y que daban un aire increíblemente elegante a aquella construcción georgiana que había ocupado hasta que comenzó la universidad.

Aun recordaba bien la primera vez que atravesó aquellas puertas y conoció a Tomoyo. Tenía 10 años entonces y acababa de perder a sus padres en un aparatoso accidente por lo que en nombre de su estrecha amistad con su progenitor quien fue su guardaespaldas por décadas Masaki le había llevado a vivir con él y su familia.

La amatista entonces era una diminuta y delgada niña de casi cuatro años con unos grandes ojos violetas, piel pálida y corto pelo negro que hablaba muy poco pero lo miraba con gran curiosidad. Dado su personalidad arisca y en exceso reservada, pasó mucho tiempo antes de que cruzara alguna palabra con ella, pero aún así ella siempre le regalaba una sonrisa cuando sus miradas se encontraban, una sonrisa que por alguna razón le hacía sentir menos sólo.

Fue entonces cuando a Masaki se le ocurrió la idea de convencerlo de convertirse el guardaespaldas de su pequeña nieta. Le había explicado que Tomoyo era como una princesa y necesitaba un valiente caballero que le protegiera y él, obsesionado como era con las historias de héroes antiguos aquella idea no hizo más que cautivarlo. Antes de darse cuenta se hallaba acompañando a Tomoyo por cada rincón de la casa y cuando tuvo la suficiente sabiduría para entender que aquello había sido más que una treta de Masaki para sacarlo de su agujero y hacer que cultivara una amistad con Tomoyo, ya le había tomado demasiado cariño a aquella pequeña que no hacía más que decir su nombre de manera incorrecta.

Tomoyo continuó creciendo y se convirtió en una niña temeraria y sabionda que estaba obsesionada con el arte en todas sus facetas, aunque más que todo amaba las fotografías y hacia lo que fuera por conseguir una buena foto de todo a su alrededor. Aun recordaba claramente una ocasión en que al regresar del colegio la había encontrado llena de cortadas y raspones. Al principio ella se había negado a decirle como se había hecho todo aquello, pero después de amenazarla de decirle a Masaki que le quitara su cámara, le había explicado que al ver a una mariposa volar entre uno de los rosales, se le había ocurrido la idea de meterse en él para tomar una buena foto de la misma. Obviamente la rezongó por ello y a propósito le colocó alcohol en cada una de sus heridas para castigarla, pero de repente después de patalear un rato le había preguntado que haría cuando fuera un adulto.

-Seré guardaespaldas como papá.- Había sido su respuesta pareciéndole lo más obvio del mundo, pero Tomoyo no se vio nada feliz con aquello, solo eso podía explicar el enorme ceño fruncido que se escondía tras su flequillo.

-¡Eso es muy peligroso, podrían hacerte daño de verdad!

-Si, pero es necesario para conservar la vida de las personas importantes.

-Pero si lo que quieres es conservar la vida de las personas... ¿Por que no te haces doctor? Los médicos son geniales y hacen que los demás se sientan bien. Te querría más si te hicieras médico que guardaespaldas.- Aseguró con una tierna sonrisa, aunque sus palabras fueron infantiles e inocentes su corazón de niño se lo tomó muy en serio. Lo único que querría en el mundo era que su princesa le quisiera así que si ser médico era lo que lo ayudaría a lograrlo pues justo eso haría.

Desde entonces aquella idea siguió rondando su cabeza hasta volverse una meta. Para cuando empezó la secundaria ya se había decidido a llevar consigo un caleidoscopio en vez de un arma y aquello había hecho muy feliz no sólo a Tomoyo si no a Masaki quien comenzó a sufragarle todo tipo de artefactos y libros con tal de que aquella meta se hiciera realidad. Fueron años bastante tranquilos y felices, hasta que la parte de la empresa que estaba en Japón comenzó a sufrir una gran crisis y para resolverla Sonomi había decidido regresar a Tomoeda con Tomoyo.

Se esforzó mucho por mostrarse conforme con ello pero la verdad es que la idea de estar lejos de ella lo destrozaba. Apenas le faltaban dos años para terminar la escuela así que no podía irse a Japón junto a ellos, lo único que le quedaba era luchar por convertir su sueño en realidad y hacer que Tomoyo se sintiera orgullosa de él mientras se mantenían en contacto.

Pasaron los años y antes darse cuenta las cosas comenzaron a cambiar y a crearse una enorme distancia entre ellos. Tomoyo poco a poco fue creciendo y haciendo nuevos amigos, y por su parte el estaba cada vez más ocupado. Volverse un adulto era complicado y prepararse para la inminente vida universitaria hacía que cada vez tuvieran menos en común para conversar.

Entonces, notando que hablar por teléfono no era para nada útil, Tomoyo tomó la resolución de enviarle fotos y videos acerca de sus logros y experiencias para que estuviera al día, videos que casi siempre giraban en torno a una niña de ojos esmeraldas que según había sido descrita por ella, fue su primera amiga en la escuela y que por azares de la vida también resultó ser su familiar. Tomoyo seguía absorta en vivir al máximo junto a sus amigos mientras él se hallaba inmerso entre libros y prácticas, y cuando se había dado cuenta tenía meses sin tener una conversación real con ella o de ver los videos que le enviaba.

A pesar de su falta de respuesta o ausencia de interés Tomoyo no dejaba de contarle las cosas que le iban ocurriendo y de enviarle felicitaciones y regalos en cada festividad, pero él continuaba absorto en su mundo, en sus problemas, en su soledad.

Su vida amorosa también resultó ser un desastre y no porque no tuviese ninguna relación, pues por alguna extraña razón la idea de un aspirante a médico taciturno y reservado era algo realmente atractivo para la mayoría de las chicas a su alrededor, pero aquellas con las que había aceptado salir no habían conseguido realmente calar en su corazón, claro está era agradable su compañía y liberador terminar cada cita entre las sábanas de su cuarto, pero ellas al final terminaban cansándose de tal rutina y abandonándolo.

Aquello no era como si le afectara demasiado, después de todo, aunque no lo dijera en voz alta aquellas relaciones solo eran para él un mero pasatiempo ocasional. Terminó por no creer en el amor, por pensar que el asunto de las mariposas en el estómago no era más que simple poesía romántica proveniente de la experiencia de personas que no habían terminado de madurar. La vida de adultos era más complicada, menos profunda, la idea de ser dependiente de alguien a quien uno sentía necesitar para ser feliz era mera patraña fantástica. O al menos lo creyó hasta ese día.

Aun recordaba cada segundo de ese momento, la manera en como ella yacía de espaldas conversando con aquel par de personas, como su pelo azabache se elevaba en una alta coleta, en que sus perfectas curvas delimitaban su cuerpo y su voz, su voz más adulta y aterciopelada pero igual de agradable, igual de amable relataba con algo de preocupación el estado de Sonomi.

Antes de darse cuenta su garganta había soltado aquel mote que tenía décadas sin usar y al verla girarse y sonreírle al reconocer su voz, pues todas sus teorías se fueron por los suelos. No era capaz de respirar, su corazón latía con demasiada rapidez, sus ojos eran incapaces de mirar a otro lado, se sentía tan feliz y asustado al mismo tiempo, tan dichoso y abrumado a la vez. Ella era la razón por la que era el mismo, la única persona quien conocía su corazón desde adentro, ella, su princesa, su musa, a quien deseaba proteger, era la única a la que había amado y a la que creía podía llegar a amar.

Se adentró en la inmensa mansión mientras era escoltado por una de las sirvientas y halló la sala de estar completamente vacía. Apenas era media noche pero todos parecían estar dormidos ya.

-Su habitación está arriba al final del pasillo.- Le anunció la ama de llaves que había aguardado su llegada por petición de Sonomi, y después de darle las gracias y pedirle que le mostrara la habitación de Masaki antes de llevarlo a la suya, revisó que este estuviera correctamente medicado. En la etapa tan avanzada de su enfermedad necesitaba grandes cantidades de tranquilizantes para poder dormir así que era importante asegurarse de que no hubiese más de la cuenta en su sangre.

Al finalizar su labor liberó de sus obligaciones a la señora para que pudiera irse a dormir también y entonces al mirar en la dirección en que se había perdido observó una luz salir de detrás de una de las puertas. Había visitado escasamente aquella mansión pero por el color con que estaba pintada la puerta una parte de él percibió que se trataba de la habitación de la amatista e impulsado por su curiosidad no pudo evitar empujar su mano contra la puerta para ver si aún estaba despierta, haciendo que esta se abriera ante la ausencia de seguro dejándolo ver aquella figura que yacía dormida bajo aquel blanco vestido. Caminó adentro y tomándola en brazos la colocó sobre su cama para que descansara en una mejor posición y se quedó a su lado solo observando su rostro. Tomoyo había cambiado bastante desde lo que recordaba pero algo en ella seguía conservando aquella esencia que no podía evitar amar.

Se levantó de la cama dispuesto a apagar las luces y marcharse, cuando vio una luz parpadear en la mesilla junto a la cama. Estiró su mano dándose cuenta que se trataba de su celular recibiendo una llamada pero no pudo evitar que al leer el nombre en la pantalla una gran amargura se apoderara de su cuerpo. Aquel sujeto era el único obstáculo en su camino, el único que impedía que pudiese recuperar a Tomoyo y eso jamás conseguiría perdonárselo.

Se alejó unos centímetros tomó la llamada y tergiversó la verdad ante el silencio desconcertado del sujeto que escuchaba del otro lado de la línea seguro de haberle creado enormes dudas. Ahora sólo tenía que alimentar esas dudas y dejar que la naturaleza desconfiada y rencorosa de aquel sujeto hiciera lo demás. Tomoyo lo odiaría si sabía lo que había hecho pero cuando decía que no lo dejaría tenerla con tanta facilidad hablaba muy en serio.

Con un par de toques a la pantalla eliminó el registro de la llamada y después de poner el teléfono justo en su lugar se acercó a la aún dormida joven que como si le invitara a llevar a cabo su plan, ahora tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha dejando su cuello completamente al descubierto.

Sólo bastó un fugaz acercamiento y una leve succión de su blanca piel para poner la cereza del pastel a su trinchera y sintiéndose satisfecho se dio la vuelta mientras salía de su cuarto sin dejar más evidencia que aquel círculo enrojecido que seguramente terminaría de sacar de quicio a Touya.


Y hay está, perdonen la tardanza. Estaba en medio de un bloqueo creativo pero creo que ya he vuelto a las andadas. Les pido mil disculpas a los fans de Kurogane por si mi descripción de él no es tan fiel al personaje.

Confieso que no he tenido la oportunidad de darle tanto seguimiento como para hacerme una idea clara de como actuaría en estas situaciones pero he tratado de ser lo más equilibrada posible.

Con respecto a esto de las confusiones, por si no teníamos muchas ha aparecido un nuevo personaje que parece ir a convertirse en un obstáculo más. ¿Qué pasará a partir de ahora?

Síganme en el próximo capítulo para descubrirlo.

Les mando un abrazo enorme y nos leemos pronto.