Orni
Me despertó un delicioso olor a comida. Aún medio dormida, y mientras me frotaba los ojos, descubrí a Link cocinando en nuestra hoguera.
"He hecho huevos.", dijo, tendiéndome un plato.
"Gracias, Link."
Comí con la vista perdida en la columna de piedra del poblado orni. A simple vista apenas había cambiado, no parecía que Ganon hubiera logrado penetrar en su interior. Eso sí, había guardias orni en cada puente colgante, una medida de seguridad mayor que antaño.
"La sastrería orni está dentro del poblado.", comentó él, mientras apuraba su plato.
"Oh, bueno. Imaginaba que sería así."
"No es necesario que vengas conmigo si no quieres. Puedes esperarme aquí con Lobo y los caballos. O incluso puedes alojarte en la Posta Orni, si te resulta más cómodo."
"¿No quieres que vaya contigo?"
"Vamos… no es eso", dijo, dibujando una mueca. "Es que pareces tensa o… enfadada, puedes relajarte durante un día tú sola y yo haré lo mismo."
"No estoy enfadada."
Bueno, sí lo estaba un poco, aunque el enfado se iba apagando cada vez más. Sí me desconcertaba un poco que él quisiera alejarse, y no sabía muy bien cómo encajar la idea.
"Además, en el poblado orni tengo muchos amigos a los que he de visitar. Se lo prometí hace tiempo.", prosiguió él, con un plan que parecía haber elaborado durante la noche.
"Aún… ¿aún vive lord Tyto?"
"Sí."
Tragué saliva y clavé la vista en lo más alto de la elevación. Lord Tyto era el patriarca de los orni, uno de los cuatro grandes jefes de Hyrule. Padre y él habían sido amigos desde siempre.
"Le hablaré de ti, pero no hace falta que te presentes ante él si no estás preparada para hacerlo. Creo que es justo que sepa lo que ocurrió con Ganon, y una vez sepa que estoy en el poblado, será lo primero que me pregunte."
"Lo entiendo. En algún momento querré volver a verle, pero no sé cuándo."
Link sonrió y se puso en pie, brazos en jarra, mirando también él hacia el poblado.
"Este viaje nunca ha sido algo obligatorio, Zelda. Puedes pensar si quieres continuar o no, puedes elegir la libertad que tanto trabajo nos ha costado ganar."
"Link, yo-
"Escucha", me interrumpió, volviendo la vista hacia mí, "pasaré todo el día y la noche en el poblado. Tienes rupias y todo lo que necesitas, y sobre todo, puedes correr a avisar a aquel orni de allí si necesitas mi ayuda", dijo, apuntando con el dedo al primero de los custodios del puente orni, a lo lejos. "Usa ese tiempo para decidir si aún quieres continuar el viaje o no. Si la respuesta es que no, pediré a Lord Tyto que mande una comunicación a Kakariko y… ya veremos."
"¿Y si la respuesta es que sí?"
"Entonces iremos a un sitio donde hace mucho, mucho frío."
"No estoy enfadada, ni necesito tiempo para relajarme.", reiteré. Empezaba a enfadarme otra vez. Lo único que necesitaba era que no me ocultase su estúpida herida como si fuese el padre de todos los misterios.
"Pero yo necesito que vuelvas a pensarlo", insistió él, "creo que te arrastré de la aldea cuando apenas empezabas a recuperarte. Ahora sabes de qué va esta aventura, y puedes volver a decidir con más tiempo."
Soy una completa cobarde. Quería pedirle que me contase la verdad y decirle que todo volvería a estar bien, pero al elevar la mirada hacia el poblado me imaginé teniendo entrevistas con los líderes orni, dando explicaciones y… y volviendo un poco a mi antiguo rol. Mi nueva vida era mucho más atractiva: libertad ilimitada para explorar e investigar, visitar sitios en los que nunca había estado, aprender mucho más del nuevo Hyrule… en el momento en que entrase en política, los demás líderes también querrían verme y… no. Prefería alargar más esta sensación de libertad. Estiraría mi buena suerte tanto como fuese posible.
También tenía clara la respuesta que iba a dar a Link, después de todos estos días de convivencia me resulta impensable ir a ninguna parte sin él por mucho que quiera abofetearlo a veces.
"De acuerdo. Esperaré aquí con Lobo mientras tú vas a por lo necesario para el viaje."
"Siempre me has dicho que no haga nada por obligación hacia la princesa de Hyrule", dijo, con la mirada perdida en alguna montaña lejana, "te pido lo mismo. Piensa qué quieres hacer."
"Lo haré."
"Y no te metas en ningún lío.", añadió. Esa fue su despedida.
Link salió apenas terminó el desayuno. Hizo un mínimo equipaje y se llevó bastantes rupias, aunque también me dejó una cantidad generosa por si decidía ir a dormir a la posada.
Yo invertí casi toda la mañana en documentar un poco los cambios que lograba apreciar en los alrededores. He iniciado un diario paralelo donde hago anotaciones de otro tipo, como la proliferación de algunas especies vegetales y animales en determinadas zonas. O cómo algunas infraestructuras se han dañado de manera irremediable tras estos cien años. Eso me mantuvo absorta durante horas, pero dos cosas me devolvieron a la realidad. La primera es que mi segundo diario tiene muchas menos páginas que el diario personal. Es más bien un cuaderno que me llevé de la habitación de Pay en Kakariko y ya me he quedado sin páginas en blanco. La segunda fue mi estómago, que empezó a rugir de hambre.
Como Lobo me había abandonado para ir a cazar algo por su cuenta, pensé que podría ir a comer a la posada, aunque volvería a dormir a nuestro campamento, donde me siento mucho más tranquila.
Había un ambiente animado en la posada. Alguien estaba tocando música y la gente aplaudía y jaleaba mientras disfrutaban de la comida. Yo me senté en una mesa libre, un poco alejada del bullicio. Todas las demás mesas estaban repletas de gente. Una posadera ya entrada en años se me acercó para atenderme, y su acento me hizo gracia. Había olvidado cómo hablan las gentes del lago ornitón y de la región de Hebra.
"No tenemos sheikah por aquí. Es muy raro ver alguno, y si lo vemos, es sólo porque trae correspondencia o algo similar.", dijo la mujer, inspeccionándome con suspicacia.
"Sólo quiero quedarme a comer."
La mujer me tomó nota y dio instrucciones al cocinero, que estaba asando pescado en una parrilla en el exterior. Pronto tuve mi propia ración de pescado, pan y un tipo de vino típico del lugar. Seguro que a Link se le haría la boca agua con esta comida, aunque imagino que no comerá mal en la aldea orni. Dijo que tenía a muchas personas que ver allí, me pregunto de quién se tratará. Estaba tan ofuscada con nuestra conversación sobre mi "enfado-no-enfado" que no se me ha pasado por la cabeza preguntarle quiénes serían esos conocidos suyos que están esperando volver a verle.
De repente, mi atención se centró en la música que sonaba alrededor. El músico era un orni alto de plumas de colores y estaba tocando una melodía que otros comensales le habían pedido.
La canción narraba la historia del monstruo de Tanagar. Yo la había escuchado antes, de niña, pero había olvidado casi por completo la historia. Además, la versión infantil que yo conocía no tenía nada que ver con esta. En esta versión el monstruo no era más que un muchacho que de joven cayó de cabeza al cañón, y milagrosamente logró salvarse. Pero su rostro y cabeza quedaron deformados, y al tratar él de volver a su hogar en la aldea de Idilia, el pueblo lo repudió y lo llamó "monstruo". Desde entonces se refugió en los alrededores del cañón, y robaba y asaltaba a cualquier incauto que se pusiera a tiro, pero no lo hacía porque fuese un monstruo malvado como me contaron de niña, sino por necesidad. Necesitaba comer y abastecerse, y cuando asaltaba, lo hacía intentando no dañar a nadie en la medida de lo posible. Después el monstruo conoció a una joven que solía cantar cuando iba a lavar la ropa al lago Ornitón. Quedó prendado de su voz, y desde sus múltiples escondites, logró entablar una amistad, tratando de hablar con ella desde las sombras, fingiendo ser un espíritu del lago. Pero el monstruo supo que ella estaba prometida, y el día justo antes de su matrimonio con un joven de las aldeas de las montañas, ella desapareció. Todos pensaron que el monstruo se la había llevado para siempre.
La historia acabó ahí, y la verdad, me dejó con la intriga, ya que el final no era el mismo que yo conocía.
Al parecer el músico decidió tomarse un descanso y el posadero le ofreció comida. Mi mesa era la única con espacio libre, así que la mujer que me atendió lo acomodó conmigo. Eso sí, pude oír cómo le preguntaba por lo bajini con su acento de las montañas "que si le importaba mucho tener que comer con una sheikah".
"Espero que no te importe, no quedaban más mesas libres.", me dijo el músico.
"Lo entiendo, no hay problema."
Durante unos minutos comimos en silencio, pero me sentía animada y curiosa, y me apetecía conversar.
"La historia que has contado antes, yo no la conocía así."
"¿La del monstruo de Tanagar? Es una historia antigua y muy popular por aquí."
"El monstruo de mi historia secuestró a la chica para devorarla, y luego lo hizo con más chicas y niñas que iban solas al Lago Ornitón. Supongo que era una especie de fábula infantil para que las niñas no nos fiásemos de los desconocidos."
"Nunca había oído esa versión.", dijo el orni, inspeccionándome con más cuidado que al principio.
"Bueno, de donde yo soy se cuenta así."
"¿Eres de la región de Necluda? Imagino que sí, es allí donde viven todos los sheikah."
"No soy del pueblo sheikah, estas ropas son un arreglo temporal."
No tengo ni idea de por qué le dije la verdad al músico, podría haberle dicho cualquier otra cosa, o admitir que sí era de Necluda para evitar más preguntas.
"Sin duda es tan extraño ver a un sheikah en la posta orni como ver a un zora en pleno desierto de Gerudo."
"No salen mucho de la aldea, es cierto."
"Su batalla con los Yiga los ha confinado en Necluda.", dijo el músico, retomando su comida, "las gentes dejaron de confiar en los sheikah desde que los Yiga se expandieron y comenzaron a asaltar los caminos de cualquier región. No distinguen entre unos y otros y por tanto temen a ambos casi por igual."
"Oh, no es cierto. La gente desconfiaba de los sheikah mucho antes de eso. Nunca han gozado de popularidad."
"Una joven con ropas sheikah que además los conoce tan bien como si fuese de la tribu. Empiezo a creer que es posible ver a un zora en el desierto."
Sin querer se me escapó una carcajada. El tipo me cayó bien, y además me parecía de lo más interesante.
"No voy a dar muchos detalles de quién soy ni por qué estoy aquí", le advertí, "no es seguro ir contando esas cosas. Yo podría ser la joven incauta que canta en el Lago Ornitón pensando que no hay peligro y tú podrías ser un monstruo disfrazado de músico."
"No has entendido para nada la historia, o puede que esa versión que conoces te tenga confundida."
"¿Y cómo es la historia entonces?"
"La joven, en realidad, creó un fuerte vínculo con el monstruo. Y ese vínculo se convirtió en ese tipo de amor, ya sabes, y al final, cuando se vio atrapada por las obligaciones y no tuvo elección más que o renunciar a sus sentimientos o aceptar cumplir con lo establecido, decidió escaparse con el monstruo en lugar de casarse con su prometido."
"¿Qué tipo de amor?"
"El amor a veces se manifiesta de las más extrañas maneras. No todo son canciones románticas y atardeceres. De hecho, eso no es lo habitual. A menudo se presenta ante nosotros disfrazado y es complicado de reconocer. Así que mi historia se refiere a ese tipo de amor que las personas no se admiten ni a sí mismas."
Oh, claro. Me resultaba enormemente familiar, porque ya había pasado por ahí yo también y cuando me di cuenta, era demasiado tarde. Pero tampoco le iba a contar eso al músico.
"Hay que ser valiente para escaparse con un monstruo."
"Los actos de amor son los que conllevan mayor valentía, y a menudo un sacrificio. Parece poético, pero la mayoría de los que están aquí sentados hoy ignoran por completo lo oscuro que eso puede llegar a ser."
"El amor es algo espantoso", dije, casi sin pensar. "Te hace sentir mal la mayor parte del tiempo, y te hace cometer estupideces. Es horrible."
Esta vez fue el músico el que dio una enorme carcajada, tan fuerte que llamó la atención de algunos a nuestro alrededor.
"Eres demasiado joven para pensar así."
"No tanto como tú crees."
"O puede que sea justo el exceso de juventud el que te hace ver sólo esa parte.", murmuró el músico, ignorando mi comentario.
Después cambiamos de tema y él me estuvo contando que había viajado por todo Hyrule. Que había llegado incluso a los acantilados del sudeste, un lugar dominado por los vientos y donde los lizalfos se reproducían como enjambres. Y me habló de islas misteriosas que habían permanecido alejadas de las garras del Cataclismo, pero donde también proliferaba la tecnología ancestral. Cuando le pregunté por qué había viajado tanto si quedándose en las postas de los alrededores del poblado podría ganar suficiente, me confesó que buscaba toda la información posible sobre las leyendas alrededor del Tapiz Sagrado, del Héroe de Hyrule y la princesa del Destino. En fin, casi me atraganto cuando me lo dijo.
"Me encantaría ver los acantilados del sudeste.", dije, tratando de desviar un poco la atención sobre el tema.
"Es un viaje largo, no deberías hacerlo tú sola."
"No estoy sola, viajo con alguien."
"Oh.", el músico levantó la vista y miró los alrededores.
"No está aquí. Ha ido al poblado a por unas cosas", aclaré, "no quería que le acompañase y… en realidad tampoco quería acompañarle. Es complicado."
"Entiendo. Me pregunto si será esa persona la responsable de que el amor te parezca tan horrible."
Me removí incómoda en mi asiento, no estaba preparada para hablar de eso con nadie, ni siquiera conmigo misma.
"Yo también he de ir al poblado", dijo el orni, poniéndose en pie, "mi familia me espera. Ha sido un placer compartir mesa contigo."
"Lo mismo dijo.", sonreí.
"¿Cómo te llamas?"
"Zel-… Zel."
"Zel-Zel, es un extraño nombre. Me gusta preguntar el nombre de todos los amigos que conozco, es importante para un contador de historias como yo."
"No, es Zel a secas."
"Zel, de nuevo un placer. Cuídate mucho si vas a los acantilados, y… sé paciente. El amor puede parecer algo horrible, pero sólo uno de sus muchos disfraces."
El músico se marchó y yo pasé el resto del día en los bosques de alrededor, acompañada de Lobo. Le enseñé que hay algunas setas y hierbas a las que no debe acercarse, y él lo entendió todo… creo.
Al caer la noche encendí el fuego y nos acurrucamos en nuestro campamento, con las lejanas luces de la gran columna de piedra orni brillando como estrellas artificiales.
Cuando vuelva Link le diré que lo sé todo y que, si pretende que sigamos viajando juntos, no puede haber más secretos. Él también tendrá que decidir.
Medio dormida, en el campamento junto a la posta Orni,
-Zelda B.
Nota:
Lectores: ¿Es que nunca va a haber Zelink en esta historia?
Nyel2: La paciencia es un don.
Cuidaos mucho y a los que vivan en España como yo, disfrutad de este enorme regalo de poder salir para ver de nuevo un amanecer. Yo lo hice y fue como si fuese Navidad ;)
