Como una pareja
Shirabu tenía la tentación de golpear a alguien.
No, estaba mintiendo, no era solo a una persona, eran específicamente a seis y lo hubiera hecho perfectamente si no estuviera aún atrapado en la burbuja de felicidad que era el que por fin su amor fuera correspondido. Haber sostenido la mano de Ushijima entre las suyas lo hizo sentirse en la comodidad de las nubes a miles de metros sobre el suelo, casi a punto de ser arrastrado por los ángeles en el camino de la alegría infinita.
Dios, incluso se habían besado.
Ya no podía culpar de nada a las protagonistas de las películas de su madre, después de todo, sentía que nada podía acabar con su felicidad en esos momentos...
No, esperen, probablemente su alfombra si podía.
Volvió la atención a las seis personitas que se hallaban frente a él en pose arrepentida, aún cuando tuvieron el descaro de intentar huir segundos atrás. Agradecía aún tener los reflejos de la preparatoria y ser lo suficientemente rápido para atraparlos con la cuerda que se había traído en recuerdo de cuando había amarrado a Goshiki y Taichi a la reja de acceso a Shiratorizawa después de haber fallado como coartada cuando había viajado a Tokio.
—Bien, les daré la oportunidad de explicarse porque soy una persona bondadosa— Ignoró la mirada escéptica que le brindaron para seguir hablando— Me van a decir porqué mi alfombra está toda carbonizada o-
—No toda—Dijeron los reprendidos a la vez, quedándose callados al ver el rostro del castaño.
— TODA carbonizada— Repitió con enfado— También el porqué los bomberos están en el departamento en el que no los dejé más de un par de horas solos...y de paso también la razón por la que Tendou-san ya no tiene cabello— Añadió observando al mayor, quien efectivamente ya poco y nada tenía de su cabellera pelirroja.
—Es complicado— Dijeron con rostros que parecían evitar recordar el peor trauma de sus vidas.
—Tengo tiempo— Les dijo sentándose en una de las sillas.
—Gracias por su trabajo— Ushijima despedía tranquilamente a los bomberos desde la puerta.
—Bien, pero tienes que prometernos que no matarás a nadie— Empezó Taichi.
Shirabu hizo un gesto de más o menos con las manos.
—Algo es algo— Dijo dirigiéndose a los demás.
—¿Recuerdas que estábamos jugando Jenga?— Dijo Hayato con tono nervioso.
—No entiendo cómo de jugar Jenga pasaron a un atentado contra el departamento— Comentó Shirabu.
—Nosotros tampoco— Murmuraron.
Semi carraspeó la garganta dispuesto a tomar la palabra.
—Bueno, habíamos acordado que cuando llegaras con Wakatoshi te cantaríamos con las velas del pastel, pero...
—Tardaron demasiado— Se quejó el ahora ex pelirrojo.
—Si, bueno— Shirabu no pudo evitar ver a Ushijima de reojo, avergonzado de recordar el motivo de la tardanza, pero volvió a su carácter empoderado poco después— Eso no responde la pregunta.
—Estuvimos esperando con las velas por horas— Continuó Semi, tapándole la boca a Tendou para evitar que dijera algo que apresurara su muerte a manos del castaño—, Tsutomu empezó a jugar con ellas, después se le unió Satori y Hayato hasta que llegamos a un punto en que todos empezamos a jugar a Harry Potter con ellas...— Murmuró avergonzado, aunque culpaba en parte a las cervezas que se había tomado en la espera.
—Apagadas supongo— Comentó Kenjiro, a lo que se hizo el silencio.
—Es que eran de las velas que lanzaban chispitas...— Replicó en voz baja Goshiki.
—Ejem, como decía, al final Satori dijo que haría el hechizo más grande de todos...— Siguió diciendo como con temor a contar el resto—, tomó las velas que quedaban en el paquete...
—Las juntó todas...— Se sumó Hayato.
—Las prendió a la vez...— Siguió Reon.
—Y ¡Bum!— Exclamó Taichi— Explosión.
Volvió a hacerse el silencio en la sala.
—¿Y cómo lo pasó nuestro cumpleañero?— Soltó Tendou en el momento de distracción del de cabellos ceniza.
Todos lo vieron en una súplica silenciosa para que no empeorara las cosas, dando un sobresalto al ver al castaño levantarse de donde estaba con aura sombría.
—Veamos si les quedarán ganas de quemar cosas después de qu-
—¡No, piedad!— Chilló Goshiki hablando por todos.
—¡Prometiste que no matarías a nadie!
—¡Espera, Shirabu! Podemos pagarte la alfombra en cuotas de-
—Shirabu— Ushijima interrumpió la escena justo cuando el armador estaba por golpearlos con uno de sus zapatos, haciendo que los demás también lo miraran ocultos tras su sacrificio (háblese de Goshiki)— Haré algo de té.
—¿Eh? Yo puedo hacerlo, no tiene que preocuparse— Dijo bajando su arma letal, para alivio del resto y el desmayo de Goshiki al estar tan cerca de la muerte.
—No es necesa...— El zurdo se interrumpió al ver los gestos y señas que le hacían los demás detrás del castaño— O tal vez si.
—Bien— Le dijo con una sonrisa inusualmente dulce, la cual hizo que Ushijima parpadeara sorprendido.
Se dirigió a la cocina tarareando una canción ante la mirada aún algo atontada de Ushijima y la muy asustada de los demás.
—Enloqueció— Anunció Taichi.
—Tengo miedo, Semi-san— Dijo Goshiki apenas recobró la conciencia, aferrándose a la chaqueta del armador mayor como un cachorro asustado.
—Yo también, Tsutomu— Admitió el de cabellos ceniza— Al menos Reon se mantuvo firme por todos— Señaló al mayor, quien se mantenía en silencio.
—Se equivocan— Dijo con tono serio el líbero a su lado— Se desmayó cuando vio que levantó el zapato.
Efectivamente, Ohira se hallaba con la vista al frente, pero sin ninguna reacción, lo que Tendou aprovechó para ponerse a escribir sobre su rostro.
—Nos envenenará— Fue el entusiasta comentario de Kawanishi— Pretende acabar con nosotros con ese té, nunca perdonará que arruináramos su alfombra. Es como la vez que Goshiki arruinó su cubrecamas con jugo de naranja y lo dejó amarrado a la puerta del gimnasio por dos días.
—No, no de nuevo— Decía Tsutomu recordando las tantas veces que había pasado.
—O la vez en que Satori le hizo una broma con chicle picante y se alió con las cocineras para que le pusieran picante a su comida por semanas— Recordó Semi, haciendo que un escalofrío recorriera la espina dorsal del pelirrojo.
—No creo que les haga nada malo— Comentó Ushijima, obteniendo una mirada incrédula de los demás.
—Esperen, esperen, obviando el tema de nuestra pronta muerte— Dijo Tendou dirigiéndose al zurdo y ahora pasándole el marcador a Hayato— ¿Funcionó el plan?
Ushijima lo observó tratando de entender a qué se refería hasta que recordó.
—Si, logré confesarme— Asintió en parte orgulloso por ello.
Todos sonrieron, tratando de disimular su alegría para no llamar la atención de quien preparaba el té/veneno en la cocina.
—No puedo creerlo, solo hace algunos días estábamos enseñándote a decir "Me gustas" de forma no robótica viendo novelas coreanas— Recordó conmovido Semi.
—No olvides los mangas yaoi de mi inventario, esos también fueron imprescindibles— Agregó Tendou.
—¿Qué son los mangas yaoi?— Preguntó Goshiki, a lo que Hayato puso una mano en su hombro y negó, dándole a entender que no tenía que saber sobre ello aún.
—Creo que es la primera vez que uno de nuestros planes funciona— Mencionó Taichi, levantándose de donde estaba y recordando sus tardes de estrategia por videollamada.
—Deberían llamarnos los cupidos de Shiratorizawa— Asintió Tendou.
—¡Oh!— Exclamó entusiasmado Goshiki.
—Pero, ahora que lo pienso— Meditó Kawanishi—, ¿que pasó con los otros balones escritos?
—Ah, sobre eso...— Respondió Semi con gesto nervioso.
—Por supuesto, como Guardianes del balón que éramos Semisemi y yo, nos ocupamos de preservar la discreción de la confesión— Asintió orgulloso Tendou.
—¿De verdad?
—No— Dijeron ambos a la vez.
—Perdimos todos los balones— Añadió Semi con un suspiro.
—Me sorprende que aún no se haya dado cuenta de eso— Comentó Taichi refiriéndose a la persona que se hallaba en la cocina.
—Considerando que nosotros seguimos respirando, es que aún debe estar procesando la información— Respondió Semi, sumando una nueva cosa a la lista de cosas por las que Shirabu los mataría en un futuro.
—Entonces, ¿Shirabu-san y Ushijima-san son novios ahora?— Preguntó inocente el menor del grupo, aún tratando de unir los hilos y considerando que sus senpai ya habían tratado de explicarle todo en su viaje de Miyagi a Tokio.
Ante su pregunta, dirigieron la mirada a uno de los principales involucrados, el mismo que parpadeó confundido como quien no tiene idea de lo que le estaban hablando.
—¿Pedirle ser novios es distinto a decirle que me gusta?
—Creo que las novelas coreanas no fueron suficientes— Suspiró Semi mientras a su espalda Taichi y Hayato se entretenían tratando de armar una torre de jenga sobre la cabeza de Reon.
—Hum...supongo que es como la diferencia entre un partido amistoso y uno oficial— Intentó explicar Tendou— Algo así como el grado de compromiso entre ambos.
—Compromiso...— Meditó Ushijima con seriedad.
—Si, es el compromiso y los derechos adjuntos— Dijo con un tono insinuador, a lo que Semi le dio un codazo.
—Aún es muy pronto, no le metas ideas en la cabeza— Le reclamó, pero Ushijima parecía atrapado en su propio mundo.
—Entiendo, así que un compromiso— Divagaba, pero antes de que pudieran decirle algo más, Shirabu hizo su aparición en la sala con una bandeja de té y galletas.
—¿Qué están haciendo?— Preguntó al ver lo que antes era Reon.
—Nada— Dijeron los implicados de forma inocente, dispuestos a levantarse para comer.
—No tienen veneno, ¿verdad?— Tanteó Taichi tomando una galleta, la misma que el armador le estrelló en la boca— Tan amoroso, gracias.
—Ushijima-san, ¿no quiere una?— Se acercó a ofrecerle al rematador, sacándolo de sus pensamientos para verlo de forma seria.
—Shirabu.
—¿Si?
—Casémonos.
Muchos se atoraron con el poco té que habían logrado ingerir, Goshiki viendo asustado cómo Taichi ya casi no respiraba entre la tos que le causaron las migas de la galleta que se estaba comiendo.
—No, no— Trató de detenerlo Semi—, eso no era lo que intentábamos dec-
—De acuerdo.
Semi interrumpió su intento de explicación para ver sorprendido en dirección al castaño, quien parecía igual de serio que Ushijima en torno al tema.
—Pero debe ser después de terminar mi carrera, no me gustaría depender adquisitivamente de usted.
—Bien— Aceptó Ushijima.
—¿Q-qué? No pueden solo hacerlo así— Reclamó Semi.
—¿Por qué no?— Preguntaron Ushijima y Shirabu a la vez, al parecer, auténticamente confundidos.
Semi se quedó sin palabras mientras Tendou solo se dedicaba a reírse, tratando de decirle entre carcajadas a Hayato que lo grabara todo.
—Son tal para cual— Comentó Taichi, ya repuesto de su segunda casi muerte.
—¡Oh! ¡Yo quiero ir a la boda!— Exclamó emocionado Goshiki.
—¿Boda? ¿Cuál boda?— Al parecer Reon acababa de volver en sí, haciendo caer la torre sobre su cabeza.
—¡Pido ser el padrino!— Profirió Tendou.
—¡No es justo, Tendou-san!— Alegó Goshiki.
—¡Es verdad! ¡Yo igual quiero!— Pidió Yamagata.
—Ya basta— Los interrumpió Semi— No pelean por cosas innecesarias...— Dijo con seriedad— Después de todo, ya es seguro que yo seré el padrino.
—¡Ese es mi Semisemi!
—¡Yo lo soporté por más años! Lo merezco— Se sumó Taichi.
—¡Duelo a muerte con velas!— Propuso Tendou.
—¡No!
Indiferentes a la gran lucha que se estaba armando en plena sala, la tranquila pareja aprovechaba de terminar su té en la mesa.
—Siento lo de la alfombra— Mencionó Ushijima.
—Está bien— Dijo calmado Shirabu.
—Mañana podemos ir por otra.
El castaño dejó su té para observarlo, sus labios moviéndose nuevamente en una sonrisa que estaba seguro permanecería por mucho tiempo más.
—Bien.
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—¿Realmente podrán hacerse cargo de todo?— Fue la pregunta de Shirabu al entregarle de vuelta el lienzo de Shiratorizawa a Yamagata antes de que entraran al tren que los llevaría de vuelta a Miyagi.
—No hay problema— Sonrió el líbero.
—Si, ya planeamos enrollar a Goshiki en el lienzo y dejarlo en la entrada del gimnasio como ofrenda de paz al entrenador antes de irnos corriendo de ahí— Mencionó Taichi con un asentimiento serio, a lo que la futura víctima no pudo reclamar nada al ir completamente dormido en la espalda de Reon, puesto que no estaba acostumbrado a madrugar.
—Y así dices que yo soy el ser malvado sin sentimientos.
—Sigues en el top one— Rió Kawanishi, aprovechando que los otros estaban distraídos para decirle:— Me alegro por ti, te dije que nunca fue del todo unilateral.
Shirabu parpadeó confundido por sus palabras hasta que recordó su conversación aquella sombría mañana tras su confesión.
—Me haces pensar que ya sabías algo que yo no para ese entonces.
—No soy como Tendou-san— Sonrió a medias— Solo era cosa de mirarlos, Ushijima-san podrá ser muy denso para muchas cosas, pero eso no quitaba el hecho de que contigo tenía una expresión diferente.
—¿Una expresión diferente?
—Ah, se me olvidaba que eres igual de denso que él— Evadió el puñetazo que el armador dio en su dirección para encaminarse a donde estaba el resto— Eso me recuerda, si llega alguien diciendo que Ushijima-san se le confesó con un balón, tú solo tienes que negarlo todo.
—¿Qué?— Frunció el ceño confuso, pero Kawanishi ya estaba subiéndose al tren.
—Ah~ Fue muy divertido— Comentó Tendou con porte relajado hasta que notó la mirada atenta de Semi puesta en él— ¿Pasa algo, Semisemi? ¿Haz quedado prendado de mi inigualable belleza de nuevo?
—No, es solo...— Meditó viéndolo con gesto pensativo— Se me hará extraño tener un novio calvo desde ahora.
Tendou se sujetó dramáticamente su pecho, a lo que varios comenzaron a reír, siendo interrumpidos por el último llamado de los altavoces para subirse al tren.
—Será hasta la próxima vez que nos veamos— Se despidió el armador mayor con un tinte nostálgico.
—Gracias...supongo— Murmuró Shirabu, obteniendo una sonrisa de Hayato y Reon.
—Que tengan buen viaje— Les deseó Ushijima, a lo que asintieron, siguiendo a Taichi dentro del vagón.
Los cuatro se despidieron de sus compañeros hasta que el tren desapareció de su vista, Shirabu notando la mirada apagada de Semi hasta que Tendou lo tomó de la mano y volvió a iluminarse con una sonrisa.
"Mis padres se opusieron a mi relación con Satori"
Suponía que ese era un tema que era mejor no volver a sacar a la luz por el momento.
—Bien, nosotros llegamos hasta aquí— Dijo Tendou una vez salieron de la estación— Ustedes deben aprender a comportarse como una pareja, por lo que el deber de las haditas madrinas ha llegado a su fin.
Tanto Ushijima como Shirabu se miraron algo consternados por la palabra, aún asumiendo que efectivamente eso eran.
—No tienen remedio— Rió Semi— Llámennos si necesitan cualquier cosa.
—Ah, Semi-san— Lo llamó antes de que se encaminaran por el camino contrario— Ustedes también...quiero decir, si necesitan algo, supongo que pueden llamarnos— Intentó decir con el tono más afable que pudo conseguir mientras Ushijima asentía a su lado.
Semi lo miró perplejo por unos segundos, como si estuviera asumiendo que quien había dicho esas palabras era el mismo kouhai que tantos problemas le había causado en la preparatoria.
—Claro— Dijo con una gran sonrisa.
Los vieron irse en silencio, quedando ambos frente a la estación sin saber muy qué hacer, ya sin todo el ruido que los rodeaba hace solo unos momentos.
—Shirabu.
—¿Si?
—¿Sabes qué cosas hacen las parejas?
El castaño hizo un gesto pensativo.
—Ushijima-san.
—Si.
—Yo tampoco lo sé.
Ambos volvieron a quedarse en silencio ante la mirada curiosa de la gente que los observaba al pasar.
—Es extraño— Meditó Ushijima— Se supone que ahora es cuando empezaría la guerra contra el imperio o aparecería alguien que intente separarnos.
—¿Un imperio...?
—Si, así era en las novelas que analicé.
Shirabu no pudo evitar que una sonrisa divertida se formara en sus labios, la tentación a besarlo de nuevo aún más fuerte de lo que había sido su instinto asesino por su alfombra y eso ya era mucho decir.
—Ushijima-san, sinceramente no creo que un imperio nos ataque.
—Entiendo.
—Pero...supongo que podemos ir descubriendo las cosas sobre la marcha— Propuso algo avergonzado de la situación.
El mayor lo vio removerse nervioso, recordando lo bien que se había sentido tener su mano entre las suyas, animándose a hacerlo de nuevo ante las mejillas sonrojadas del armador.
—Podríamos ir a almorzar— Propuso Ushijima, a lo que Shirabu solo atinaba a asentir, tratando de impedir que los mismos ángeles de ayer se llevaran su alma lejos.
Comenzaron a caminar en dirección al centro de la ciudad, Ushijima notando a ratos muchas miradas puestas en ellos, haciendo que se preguntara si había algo mal en su vestimenta o rostro. Observó al castaño, sin embargo, éste no parecía tomarles mayor importancia, por lo que optó por hacer lo mismo.
Se detuvieron en la cafetería en la que habían comido juntos ya hacía meses, teniendo que separar sus manos, a su pesar, para poder sentarse. Pidieron algo ligero, así mientras preparaban su comida, comenzaron a hablar de la nueva alfombra que tendrían que buscar, a lo que Ushijima notó que el armador ya estaba usando la libreta que le había regalado, formando una sutil sonrisa.
—Esto es malo— Comentó Shirabu sacándolo de sus pensamientos.
—¿Pasa algo?
—Me temo que nuestro presupuesto no es suficiente para una alfombra nueva— Dijo con un suspiro, después de todo, ya se había gastado gran parte de su mesada la última vez que compró las cosas del departamento y el sueldo de Ushijima estaba en su despensa en forma de mermeladas y arroz.
—Hum...tal vez este sea el obstáculo del que hablan las novelas— Volvió a meditar con seriedad Ushijima.
—¿Algo así como el imperio capitalista?— Preguntó Shirabu formando una media sonrisa— No lo creo.
—Aunque cosas como éstas si aparecen— Comentó el mayor viendo a su alrededor.
—¿Cosas como éstas?
—Salir y comer juntos, es algo que hacen las parejas, ¿no?
Shirabu volvió a sentir el rojo adueñarse de sus mejillas, maldiciendo su vasodilatación capilar por ser tan sensible a todo lo que haga o diga el rematador.
—Aunque no parece muy distinto a lo que hacíamos antes— Analizó el zurdo.
El armador imitó su acción y recorrió el lugar con la vista, sonriendo por inercia al recordar cómo estuvieron sentados en esa misma mesa meses atrás.
—Yo creo que si hay algo que está cambiando— Comentó, obteniendo la mirada curiosa de Ushijima.
Terminaron de comer mientras hablaban del nuevo fichaje de los Adlers, Shirabu sintiéndose en un conflicto consigo mismo al alegrarse de que fuera un gran armador y, a la vez, amargarse de escuchar nuevamente el nombre de Kageyama Tobio en su camino.
—El armador de Karasuno será un aporte para el equipo.
—Supongo que no puedo negárselo— Respondió el de cabello cobrizo, tratando de distinguir si los celos que tenía eran a nivel personal o deportivo.
El celular del mayor interrumpió su conversación, a lo que salió a contestar después de hacerle un gesto de que volvería pronto. Shirabu se quedó sentado disfrutando de lo último que quedaba en su plato mientras escribía en su libreta su planificación de clases para esa semana. Estaba en eso cuando sintió una mano posarse sobre su hombro, dirigiendo su característica mirada enfadada a quien lo había hecho hasta que se percató que era un rostro conocido.
—¿Kawatabi-san?
—¡Sabía que eras tú, Shirabu!— Sin poder atinar a responderle ya estaba siendo estrechado en un efusivo abrazo.
—Es-espere, Kawatabi-san, no puedo respirar.
—¡Ah! Lo siento, es que siento que no te veía hace milenios— Rió sentándose en frente de él— ¿Qué haces en Tokio?
—Podría hacerle la misma pregunta— Dijo curioso.
—Vine por el cumpleaños de mi hermana— Explicó con gesto cansino— ¿Tú también estás de paso?
—No, estoy estudiando aquí.
—¡¿En serio?! ¿Qué estudias?
—Medicina.
El mayor hizo una expresión sorprendida y después se largó a reír.
—Calza bien contigo, siempre fuiste tan estudioso y dedicado.
El castaño no pudo evitar que una sonrisa se formara en su rostro al ver que su senpai seguía igual que siempre hasta que notó la figura de Ushijima volver a entrar a la cafetería, acercándose a la mesa sin apartar la mirada de quien seguía hablando en el que antes era su asiento.
—Wakutani Minami— Pronunció Ushijima reconociéndolo por su peinado y uno que otro partido de la preparatoria.
El aludido dio un sobresalto, volteando a verlo asustado, en tanto Shirabu notaba extrañado que su tono parecía ser un tanto más serio que el habitual.
—E-es Ushiwaka— Señaló alejándose por reflejo.
—Lo siento, Shirabu, ¿tardé mucho?— Preguntó, a lo que el menor negó con la cabeza.
—B-bien, se me hace tarde para el cumpleaños— Dijo el de Wakunan al comenzar a sentirse incómodo por la mirada que le daba el más alto— Fue bueno verte de nuevo, Shirabu.
—Si, lo mismo digo, Kawatabi-san— Lo despidió con una ligera sonrisa.
Lo vieron irse en silencio, Shirabu pidiendo la cuenta poco tiempo después mientras notaba a Ushijima un tanto extraño.
—No sabía que se conocían— Mencionó el zurdo cuando ya estaban saliendo del lugar.
—Fuimos compañeros en la secundaria— Dijo el armador sin darle mayor importancia, recibiendo un asentimiento del contrario.
Caminaron a paso tranquilo por unos minutos, hasta que Ushijima se detuvo repentinamente haciendo que Shirabu chocara su rostro contra su espalda y lo mirara confuso.
—Mira, Shirabu.
Tuvo que esforzarse en tratar de distinguir a lo que apuntaba su mano, abriendo sus ojos en entendimiento cuando pudo leer el "80% de descuento" y "alfombras" en un mismo cartel. Ambos se miraron con un brillo entusiasmado en los ojos, dirigiéndose hasta la tienda a paso decidido.
Apenas llegaron, optaron por separarse para encontrar más rápido una alfombra que se adecúe a su departamento, Shirabu dándole una última mirada mientras esperaba que las señoras que batallaban por obtener la oferta no pudieran ganarle a Ushijima.
Registrando los pasillos fue que, prácticamente, escuchó el coro de ángeles sonar cuando vio la alfombra ideal, el color y calidad incluso superando a su predecesora. No perdió mucho tiempo más en llegar hasta ella, sin embargo, cuando tomó una de las esquinas fue que otra mano también la agarró.
—Yo la vi primero— Le dijo al chico que no se alejaba mucho de su edad, pareciéndole familiar por unos segundos.
—Escucha, llevo registrando la tienda durante horas, tengo más derecho a ella— Se quejó el rubio halándola con más fuerza a su lado— No me hagas esto, si no reemplazo pronto la alfombra del departamento de Aran-kun que arruinamos con mi hermano, Kita-san...Kita-san...no me hagas imaginarlo.
—No recuerdo habértelo preguntado— Le replicó, enfadado de recordar una situación similar, pero sucedida el día de ayer y con otras personas, aunque él estaba en la posición del dueño de la alfombra dañada. Estaba en eso cuando recordó donde había visto su rostro antes—: ¿No eras el armador de Inarizaki?
—¿Qué? ¿Me conoces?— Se sorprendió por unos segundos— Quiero decir, por supuesto que me conoces, ¿quién no lo hace? Ahora dame la alfombra.
Shirabu volvió a hacer fuerza, negándose a entregársela, lo que sólo molestó más al rubio. Lo que empezó como un pseudo juego de tirar la cuerda, terminó con ambos prácticamente luchando a los puños sobre la alfombra ante los ánimos de los empleados de la tienda.
—¿Shirabu?— Escuchó que lo llamaban de repente — ¿Y el armador de los Black Jackals?
Ambos detuvieron su "duelo a muerte" por la alfombra, Shirabu notando la mirada sorprendida de Ushijima, dándose cuenta de que se encontraban en una posición un tanto comprometedora, considerando que el rubio estaba completamente sobre él sosteniéndolo de una de sus muñecas mientras con la otra mano intentaba evitar una de sus patadas.
—¿Ese no es Ushiwaka de los Schweiden Adlers?— Dijo pálido Miya, preguntándose si era el día de encontrarse gente en la tienda de alfombras o algo así— ¿Vienes con él?— Le consultó al castaño bajo suyo.
—Eh, si...— Dijo algo indeciso al ver a Ushijima acercarse con porte serio.
—Soy su novio.
El silencio se hizo en la tienda, incluso las señoras combatiendo por las últimas alfombras se quedaron calladas. Miya Atsumu sabiamente dejó libre al de cabello cobrizo, cayendo en cuenta de la situación en la que se encontraba, levantando las manos en señal de completa rendición.
—En mi defensa, no soy de Tokio y puedo jurar solemnemente que mis intenciones eran nobles— Dijo como recitando algo que se había aprendido con anterioridad— Eso es lo que Kita-san nos dijo que teníamos que decir cada vez que estuviéramos en problemas.
Shirabu se dijo que el tal "Kita-san" debía ser una persona muy sabia y que, al parecer, no era la primera vez que Miya Atsumu y su hermano se metían en problemas.
—Shirabu, nos vamos— Ushijima no pareció prestarle mayor atención a sus palabras, incluso parecía algo enfadado.
—Pero, ¿y la alfombra...?
—Está bien, ya sé cómo conseguirnos una.
Se vio en la obligación de asentir, siguiéndolo a la salida de la tienda, viendo de reojo cómo el armador de Inarizaki ahora se enfrentaba a dos señoras.
—¿Te hiciste daño?
Apartó la mirada de Miya Atsumu siendo amarrado con cintas de embalaje por sus intimidantes rivales, para observar al mayor, quien lo miraba con un tinte preocupado.
—Estoy bien— Le respondió con una media sonrisa, a lo que Ushijima asintió.
Caminaron a casa en un silencio que se le hizo extraño, viendo de reojo que el mayor parecía perdido en sus propios pensamientos.
Cuando llegaron, Ushijima fue a tomar otra llamada mientras el castaño optaba por sentarse en el sofá y revisar los mensajes de sus senpai avisando que habían llegado con bien a Miyagi, solo que estaban atrapados en el entrenamiento como castigo del entrenador, aún cuando la mayoría ya se había graduado. El zurdo se sentó a su lado minutos después, Shirabu esperando pacientemente al notar que parecía querer decirle algo, pero parecía indeciso de hacerlo.
—Lo siento— El castaño parpadeó confundido a sus palabras, pero prefirió esperar a que Ushijima continuara hablando— No me había dado cuenta que podía ser tan egoísta.
—¿A qué se refiere, Ushijima-san?— Se atrevió a preguntar, no entendiendo muy bien a lo que iba.
—Cuando te vi sonriendo con el rematador de Wakunan o al estar tan cerca del armador de Inarizaki...sentí algo amargo junto al pensamiento de no querer que te apartaras de mi lado— Trató de explicarse con una ligera mueca avergonzada— Lo siento si te causé problemas.
Shirabu lo vio con incredulidad, miles de ideas habían pasado por su mente respecto a su inusual comportamiento, pero jamás algo como eso. Aún cuando parecía algo tan simple, un sentimiento al que parecía haberse acostumbrado después de tantos años escuchándolo desear tener a otro armador.
Una leve sonrisa se instaló en sus labios, esta vez el tomando la iniciativa de acercarse a él y apoyar su cabeza en su hombro ante la sorpresa del más alto.
—Está bien, Ushijima-san, no tema decirme sus pensamientos, yo jamás lo juzgaré por ellos— Dijo entrelazando sus manos con delicadeza, liberando la tensión de los músculos del contrario poco a poco— Me quedaré a su lado todo el tiempo que usted quiera.
Ushijima tomó parte de su rostro con su mano libre, observándolo con un tinte en los ojos que no supo muy bien a qué asociar.
—¿De verdad?
—De verdad.
Lo sintió acercarse hasta sus labios, avergonzándose de cuanto había esperado para volver a besarlo, a pesar de no haber pasado ni siquiera un día completo desde la última vez. Estaba casi rozando su boca cuando el celular del mayor comenzó a sonar, sobresaltándolos a ambos.
—Hoy si que lo están llamando— Comentó aún con el corazón en su mano, viendo cómo el más algo se alejaba para contestar, también reponiéndose del golpe de adrenalina.
—De acuerdo, si, nos vemos— Cortó la llamada, para después posar su mirada interrogante en él— Shirabu, ¿tienes algo que hacer el próximo sábado?
—No que yo recuerde— Respondió curioso por la repentina pregunta.
—Bien, así podremos ir a buscar la alfombra juntos.
—¿La alfombra?
—Si, justo hoy hablé con mi madre y recordé que tiene una alfombra muy parecida a la que teníamos— Comentó tranquilo— Le pregunté al respecto y dijo que no tenía problema en que la trajera aquí.
Shirabu se quedó callado procesando la información por unos segundos.
—Espere, entonces el lugar al que quiere ir la otra semana es...
—A mi casa.
Ahora que lo pensaba, tal vez si prefería la guerra contra el imperio.
¡Holaaaa! ¡Nuevo cap!
Esta vez si que me tardé, es que ni yo me había dado cuenta lo muy llena que estaba de cosas. Prácticamente soy más ojeras que persona T-T
El próximo capítulo volvemos a Miyagi
F por los sábados de Shirabu.
¡Muchas gracias a todos los que leen! ❤️
