La reina de tus caprichos
Ya arreglados, bajamos hasta la cocina, donde todo el mundo parecía conocer al Sr. Albert Greenland, pues ¡Menuda forma de pasar desapercibido tenías!
Seguía cavilando en lo último que me dijiste ¿A quién querrías que conociera? Ya estábamos por ponernos a comer con nuestras bandejas, cuando apareció por la puerta una hermosa chica vestida de forma informal, muy similar a la nuestra, esbelta, de preciosos ojos color miel y tan alta como tú. Vino directamente hacia nosotros. Bueno, más bien hacia ti. Sin más, te abrazó por el cuello, como si fuera la cosa más natural entre vosotros.
Jamás me había sentido tan furiosa. No pude evitarlo. Apenas hacía unos minutos habíamos estado retozando juntos en nuestro camarote. Recordando tu erección y me tranquilizó ver que ya no existía el delator abultamiento, a pesar de la familiar proximidad de la recién llegada.
- ¡Albert! ¡Cuánto tiempo! –Se quedó con su brazo apoyado en tu hombro mientras mi ira iba en aumento y empezaba a estar insegura de hasta cuando sería capaz de disimular– Mi padre me ha dicho que viajabas con nosotros en este viaje… ¿Creía que estabas en Londres?
- Hace bastante tiempo que volví. Han pasado muchas cosas desde entonces –Le sonreíste con cariño, sin amago alguno de desembarazarte de su mimo-, si quieres, cuando te vaya bien, te pongo al día -¿Estabas quedando con ella? ¿Delante de mí? Mi cara debió reflejarlo todo porque al bajar la mirada, tu sonrisa se borró ligeramente y ella me miró extrañada por un instante, pero manteniendo vuestra conversación y su agarre.
- Pasado el próximo turno no tengo planes ¿Te parece bien entonces?
- ¡Eso sería estupendo! -"¿Cómo?" Yo cada vez entendía menos qué estaba pasando. Hasta empecé a temer que fuera una forma de venganza maquiavélica por tu parte, por mi tozudez… pero si era así, era muy cruel-. Mira, Glory –En ese momento me tomaste de la mano para que me levantara. Me dejé llevar dudosa–, precisamente quería presentarte a Candy, mi prometida –Sentí un alivio enorme y no pude retener mi orgullosa sonrisa, pero aún desconfiando y a la expectativa de la reacción de la otra fémina-. Candy, ella es Glory, la persona que quería presentarte -Intrigada por tu interés en nuestra presentación la salude- ¿Has comido ya Glory? ¿Nos quieres acompañar? -la invitaste.
- Sí, de acuerdo. Me uno a vosotros en un momento.
Cuando se fue no me diste tiempo a preguntar– Glory es la hija del capitán. Ella y yo nos conocemos desde pequeños, pues coincidíamos en los viajes de mi familia a Escocia. Hasta que, por diferentes motivos, ambos nos escapamos de nuestras familias –Esto último me alarmó por la posibilidad de que fuera algo más que una vieja amiga-. ¡Glory es una chica fantástica! ya verás, cuando la conozcas más, estoy seguro de que te encantará –Mucha fe tenías tú, pensé.
- ¿Por eso querías que la conociera? –Pregunté de una forma no muy amistosa, arrepintiéndome al momento, no me gustaba comportarme así. Pero no podía controlarlo, un fuerte sentimiento de territorialidad despertaba dentro de mí cuando me hablabas de ella. No lo había sentido nunca tan fuerte, ni siquiera con Susana, y entendí que, precisamente, mi sentir hacia Terry, no había llegado a ser tan profundo porque, pese a pasarlo muy mal, fui capaz de renunciar a él cosa que, en ese momento y en ese preciso lugar, con Glory, me resultaba totalmente imposible e inaceptable de imaginar. Por tu mirada vi que lo habías notado- … Lo siento Albert, no quería resultar tan arisca, pero no acabo de entender…
- ¿Estás celosa? –preguntaste entre divertido e incrédulo.
- ¡No te burles de mí! No es gracioso –me defendí.
- No me burlo, para nada –Tomaste mi mentón y, sin importar que alguien nos viera, me besaste tiernamente.
- Pensaba que me habías invitado a comer, no a ver cómo comías… -nos interrumpió Glory bromeando-. ¡Oh! Siento haberos interrumpido –agregó riendo, mientras se sentaba con nosotros y yo notaba arder mis mejillas de turbación. Todo aquello me estaba resultando muy extraño- Aunque no puedo culparte Albert, con una novia tan guapa –Añadió, dejándome totalmente desconcertada, ya que el cumplido era dirigido hacia mí ¿Eran manías mías o estaba coqueteando conmigo?
- Glory… -le dijiste en un tono entre jocoso y de advertencia–. Veo que sigues incorregible…
- Claro, como el señor ya está servido, ¿Qué más da que los demás debamos pasar hambre? –Ambos rompisteis a reír a carcajadas y yo seguía sin entender nada- ¿Y bien? No sería solo para alardear de novia que nos querías presentar ¿No Albert? –Se repuso ella, mirándome con curiosidad mientras nos acompañaba comiendo.
- Sabes que no –respondiste entre bocados-. En realidad, ella no tendría que acompañarme… pero… -Tu mirada recuperó la misma profundidad que la de nuestro erótico y, afortunadamente, fallido intento de despedida-, ambos somos, … por lo visto, … muy testarudos… –Me hiciste rememorar mi recriminación tras la ducha. El recuerdo de ambos momentos volvió a mi mente, con tal intensidad, que no pude dominar la humedad y el fuego entre mis muslos. Disimulando, preferí centrarme en mi plato, como si fuera la mayor exquisitez culinaria del mundo y no el embutido y las sencillas patatas camperas que tenía enfrente–. Candy va a acompañarme por Europa. Como no sabemos qué podemos llegar a encontrarnos y sabiendo que tú estabas aquí, he pensado que, quizás, pudieras enseñarle algunas lecciones de las tuyas.
Ahora la sorprendida fue Glory- ¿Hablas en serio? ¿A ella? –Me miró, repasando mi cuerpo de arriba abajo, con mirada valorativa– Albert, no sé… ¿Y ella está de acuerdo? ¿La ves capaz?
- ¡Ja ja ja! ¡Te sorprenderías de lo que es capaz Candy! –No sabía a qué os referíais, ni qué era lo que os llevabais entre manos y me volví a enfurecer.
- ¿En serio? ¿Estarías dispuesta Candy?
- ¿Dispuesta a qué? –contesté ya enojada del todo.
Continuará…
