Los personajes y lugares fueron creados por J.K. Rowling, yo sólo cambio la historia.
Por esta ocasión el formato tendrá un cambio, Draco será representado por letras negritas para evitar confusiones en algunas partes.
Ahora sí...
¡A leer!
Arrepentimiento
Arrepentimiento era la palabra que constantemente rondaba por mi cabeza, a pesar de que mis ansias presentes durante la semana se apaciguaran, nuevos conflictos habían llegado para dar batalla. Y justo por eso la razón debe dominarme, justo por eso mis impulsos deben ser silenciados.
En algunos otros momentos mi mente se iba por un camino que resultaba desconocido para mí. El camino egoísta en el que sólo pensaba en lo bien que se sentía el simple hecho de recordar lo que había pasado, cosa que se veía inmediatamente interrumpida con la culpabilidad y la típica frase de "Hermione tú no eres así" que cada vez sonaba más fuerte con el propósito de juzgar.
- Lo volviste a olvidar – aparté mi vista de la página que podría llevarse el premio a la página que más he tardado en leer de la historia, y ni siquiera estaba repleta de letras… - Comienzo a pensar que lo estás utilizando como excusa para volverme a ver- bufé y cerré el libro de golpe. No tenía sentido intentar leer.
En la mesa, justo a un lado del trasero de Malfoy que, por cierto, le estaba faltando el respeto a la propiedad de la institución, se encontraba el libro con la portada color azul marino y detalles dorados que ha sufrido mi abandono en repetidas ocasiones, cosa que era evidente debido a la suciedad que lo cubría.
Me puse de pie para depositar el libro en el estante correspondiente, el cual había decidido catalogar en mi mente como "no tan interesante", teniendo en cuenta, pero tratando de ignorar, que por el momento no tenía cabeza para pensar en esos temas.
- ¿Cómo supiste que estaría aquí? - ¿en serio pregunta eso?
Comencé a seguirla por entre los pasillos rodeados de libros, cosa que me trae recuerdos del inicio de este juego. Juego que debo admitir que jamás creí que llegaría a ser tan divertido y entretenido y que cada vez se ponía mejor.
- Veamos… San Potter, Weasel y la niñita pelos de zanahoria están en práctica de Quidditch… - comenzó a contar con sus dedos y fue ahí que noté que traía puesto su uniforme de entrenamiento de Quidditch. -… es domingo y… eres Hermione Jean Granger – dijo saboreando mi nombre con una media sonrisa y mostrándome sus tres dedos medio cubiertos por los guantes negros que utilizaba para Quidditch. No pude evitar sonreír así que me cubrí media cara con el libro que tenía en mis manos y el cual ya no recordaba de dónde lo había sacado. Pude notar un brillo extraño en sus ojos y me giré para continuar con la búsqueda de un buen lugar para el libro "no tan interesante".
- Malfoy, sobre lo de ayer… - comencé con un tono más serio mientras él caminaba muy cerca de mí.
-… "estás muy arrepentida", "eso no debió pasar nunca", "esa no eres tú", "tienes un novio" que, por cierto, es muy poco agraciado y crees no poder conseguir a alguien mejor así que finges quererlo sólo por tu miedo irracional a terminar sola en este mundo cruel y mi favorita… "eso no volverá a pasar" – dijo haciendo comillas al aire y ofendiéndome como nunca.
- ¡Oye! - tomé el libro que llevaba en sus manos y comencé a adentrarme un poco más en los angostos pasillos del lugar hasta perderla de vista, cosa que no tenía planeada en lo absoluto.
Como si se tratara de un laberinto, comencé a toparme con pasillos sin salida y la diversión se estaba convirtiendo en frustración. ¿En qué momento me convertí en el idiota que se pierde en la biblioteca?
Cuando el acomodar mi cabello hacia atrás ya no funcionaba para calmarme, la estúpida idea de gritar "¡¿Granger?!" comenzaba a sonar como algo congruente y la solución al problema que jamás imaginé que tendría.
-Granger… - susurré sintiéndome todo un idiota. Una risita bastante molesta se escuchó a mis espaldas y yo giré de inmediato.
Granger me observaba desde el otro extremo del pasillo recargada en un estante. A pesar de que la venda en su brazo y su cabello enmarañado la hacían ver torpe, la sonrisa y su seguridad me recordaban que estaba en su hábitat natural.
Comenzó a acercarse a mí tratando de borrar todo indicio de nerviosismo, recuperando a cada paso su seguridad y levantando el rostro que gradualmente fue endureciendo sus facciones. ¿En qué momento el pasillo se convirtió en una pasarela?
- ¿Me buscabas? – dije sin poder borrar la boba sonrisa que me había provocado. Él levantó su brazo y depositó el libro en un espacio que estaba justo a la altura de mi oreja y recargó su mano en ese mismo lugar, como si estuviera tratando de evitar que el libro volviera a salir o, pensándolo bien, tratando de evitar que yo pudiera huir…
Llevé mi mano derecha a su cuello y su sonrisa se borró sin dejar ningún rastro. Sus ojos se abrieron como los de una lechuza, pero más que sorprendida, estaba expectante. Me acerqué, rocé sus labios con los míos y ella no mostró ninguna oposición. Llevó su mano buena a mi pecho, tomó los cordones de la pechera de mi uniforme y tiró de ellos, pegándome más a ella.
El beso se empezó a intensificar y justo como en la noche anterior, me hizo olvidar la hora, el día, el lugar y quién era…
- Pero tú no eres así Granger, dijiste que esto no volvería a pasar… - dijo con confusión ficticia y no pude evitar reír. Volví a tirar de los cordones para acercarlo a mí.
- No pongas palabras en mi boca Malfoy… -
Lunes y todos aún dormían, nos encontramos en la entrada del gran comedor. Sí, había olvidado el libro de nuevo…
Martes y nos encontramos en el rondín de prefectos. Granger no sabía que los alumnos irresponsables tenían un lugar secreto para hacer fechorías detrás de una estatua así que la lleve a inspeccionar…
Miércoles y me desocupé tarde de la biblioteca, Malfoy me distrajo…
Jueves y ella quiso volver a mi lugar favorito…
Viernes y él necesitaba ayuda en una materia que acababa de inventar...
Sábado y… nada. Todos dormían, pero ella no apareció. Regresé un libro a la biblioteca y esta vez no me perdí entre los pasillos. Recorrí los jardines y no había dejado libros olvidados en el césped.
-Siento que tengo años sin verte – dijo Blaise dando una palmada en mi espalda para después sentarse a mi lado en el gran comedor.
- Eso suena a un "te extraño" – contesté desganado.
- Eso quisieras – no, de hecho, no quiero que me hables… - Se te han puesto las cosas difíciles ¿eh? - dijo al notar que no podía apartar mi mirada de la mesa de Gryffidor.
- No sabes lo que dices – bufé. Los recuerdos de nuestros encuentros durante la semana me hicieron sentirme confiado y no pude evitar sonreír. Tuve que llenarme la boca de tarta de calabaza para que Blaise no notara mi estúpida sonrisa que no podía contener.
- Lo que sé, es que van exactamente 22 días – dijo sonriendo.
- ¡Wow!, sabes contar… - Blaise se limitó a alzar las cejas y morderse la lengua.
- No es por presionar, pero… te quedan ocho días – sonrió y se llevó una cucharada de pudín a la boca. - ¡Mmmh! – exclamó mientras veía con asombro el pudín de chocolate y comenzó a preparar una segunda cucharada. – La verdad es que no he visto mucho avance – frunció el ceño, pero no apartaba la vista de la abundante cantidad de postre que tenía frente a él hasta que llevó a su boca una monstruosa cucharada de la dulce sustancia. Desagradable…
- ¿Ya terminaste con eso? – dije molesto. Alejó el recipiente con restos de pudín y se limpió con una servilleta las comisuras de los labios.
- ¿Cuándo sabré que perdiste la apuesta? – dijo con una falsa seguridad. Esperé unos minutos para contestar, como si en este momento estuviera ideando un plan cuando realmente ya lo tenía pensado desde hace días.
- Le pediré que me busque en la casa de los gritos a horas inadecuadas – Blaise me observó sin decir nada.
- Oh… ¿eso es todo? – bufé. – Eso no demuestra nada – se burló.
- Granger preferiría morir antes de romper las reglas así nada más. Con los únicos que lo hace es con Potter y Weasley porque le importan. Sí lo hace por mí… - me encogí de hombros.
- Bueno… - dijo Blaise dudando un poco. - …tendrías que ser muy tonto para hacer eso, Granger no es tonta – contestó no muy seguro de lo que le estaba planteando. El "Granger" me hizo recordar que había dejado la mesa de Gryffindor sin vigilancia por lo que eché un vistazo y… nada.
- Granger es una Gryffindor, una "leona". Los Gryffindor confunden la estupidez por valentía y, además, Granger está loca por mí – Blaise mostró todos sus dientes en una sonrisa que a veces me parecía un poco tenebrosa.
- Entonces tú y yo nos ocultaremos detrás de los arbustos que están cerca del sauce boxeador. Sí Granger no entra al pasadizo secreto que lleva a la casa de los gritos o entra y sale en muy poco tiempo arrepentida, seré considerado cómo el ganador… -
- Realmente dudo que tú seas el ganador, pero al menos ya captaste la idea –
- Excelente – y ahí está de nuevo esa sonrisa sínica. Su mirada pasó de mí a un objeto extraño en el techo el cual se acercaba cada vez más a donde estábamos. - ¿Una admiradora? – dijo Blaise al ver que una pequeña nota caía delante de mí. Me encogí de hombros y desdoblé el pequeño trozo de pergamino. Blaise se acercó invadiendo mi espacio personal.
Sr. Malfoy:
¡Felicidades! El día de hoy cumple con su último día de castigo.
Lo espero en las mazmorras en punto de las 8:30 p.m. para la asignación de actividades.
P.D.: Agradecería enormemente su puntualidad.
Atentamente:
Profesora McGonagall
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral y no pude evitar sacudir mi cuerpo por la extraña sensación.
- ¡Ugh! Antes este tipo de notas las enviaban mujeres 100 años más jóvenes – hice bolita la nota con una mano y la lancé al plato de pudín que había dejado Blaise. – Y tenían escrito cosas más divertidas –
- Así que hoy es el gran día con Weasley eh… - ¡Maldición! Había olvidado ese pequeño detalle. Blaise rio al ver mi cara de molestia y comenzó a ponerse de pie. - ¿Te acompaño? –
- Nah, iré en un rato – Blaise se encogió de hombros y caminó hacia la salida del gran comedor.
Eché otro vistazo a la casi vacía mesa de Gryffindor y mi objetivo, como en todo el día, no fue encontrado. Pensé en levantarme, pero algo frente a mis ojos logró captar mi atención. Un pequeño recipiente lleno de pudín de chocolate estaba intacto junto a unos panecillos al centro de la mesa y, sin pensarlo dos veces, lo tomé.
Caminaba por los pasillos del castillo aún con el dulce sabor a chocolate en mi paladar. El camino a las mazmorras para cumplir con mi última condena me parecía largo, justo a la izquierda se encontraba la estatua que recientemente le había presentado a Granger y no pude evitar detenerme. Nunca le había puesto tanta atención como ahora.
¡PLAZ! ¡PLAZ! ¡PLAZ!
Se escuchaban pasos apresurados al final del pasillo, justo de donde venía, los cuales me sacaron de mi ensimismamiento. Weasley se acercaba a gran velocidad y con el rostro pálido.
- ¿No puedes estar ni un momento más sin mí Weasley? – disminuyó la velocidad y comenzó a jadear. Mi mirada rápidamente se dirigió al fondo del pasillo de donde había salido Weasley pero nadie más salió de ahí, cosa que me pareció extraño.
- De hecho, quiero evitar otro castigo – se detuvo a unos metros de mí y recargó sus manos en sus rodillas para tomar aire. - Creí que la cita era a las 8:30 – se levantó con un gesto quejumbroso mientras se tocaba la zona en la que se encuentran las costillas.
- Lo es…- dije sin entender. La respiración de Weasley se detuvo por un instante, frunció las cejas, soltó aire y comenzó a correr de nuevo pasándome por un lado en dirección a las mazmorras.
Lo observé desaparecer al final del pasillo y sin pensarlo dos veces, comencé a correr en la misma dirección en la que había desaparecido la comadreja.
- Creí haber sido clara con la puntualidad Sr. Weasley – escuché la voz de la profesora McGonagall salir de la puerta que daba al aula de clases de pociones. Me detuve en seco antes de entrar, respiré profundo, exhalé y entré al aula.
- En verdad lo siento, perdí la noción del tiempo y… - lloriqueaba Weasley.
- Sr. Malfoy, llega quince minutos tarde… – dijo la profesora McGonagall con las arrugas de su frente más remarcadas que nunca.
- Tal vez la hora no resultó ser la adecuada profesora – comentó el profesor Snape al verme llegar. La profesora McGonagall le lanzó una mirada fulminante, pero Snape no se vió intimidado. – Me enteré de que alumnos estaban realizando actividades benéficas para la institución debido a su mal comportamiento… - continúo Snape ignorando por completo a McGonagall. - Por tal motivo, esta vez solicitaré de sus servicios –
Observé el aula mientras Snape daba indicaciones y me pareció extraño que sólo estábamos presentes Weasley y yo…
- ¿Qué pasa con Granger? – Snape se detuvo y todos se giraron a verme. - ¿… y Potter? – agregué cómo si eso se escuchara menos extraño.
- La Srita. Granger y el Sr. Potter están en este momento realizando otra actividad. – contestó la profesora McGonagall - La Srita. Granger no se sentía cómoda cumpliendo un castigo en el cual constantemente se le esté insinuando la culpabilidad de actos de los cuales ella no tiene ninguna relación – continuó mientras lanzaba de nuevo una mirada asesina a Snape y el profesor comenzó a acalorarse de inmediato.
- No tengo pruebas pero tampoco dudas de que Granger es la culpable, ella estaba de guardia esa noche, cómo es que no sabe nada... -
- Ya estoy cansada de la misma discusión profesor Snape – contestó McGonagall, lo cual no tenía sentido pues ella había tocado el tema esta vez.
La comadreja y yo sólo estábamos observando la escena. Al menos ya tengo la respuesta de porqué esta vez no hubo introducción al castigo con Potter y Granger…
- Yo no descansaré hasta saber qué pasó… - dijo escupiendo las palabras. McGonagall lanzó manotazos al aire y comenzó a salir del aula dando la espalda a Snape. Qué grosera… - ¡Weasley! – gritó Snape regresando la mirada a nosotros.
Weasley observaba un pequeño frasco que había tomado de la mesa en el cual había muchísimos más.
- Yo… sólo… - tartamudeó y colocó el frasco en el lugar que estaba. Es tan estúpido.
Snape se acomodó la túnica intentando recomponerse y se acercó a la mesa que estaba repleta de frascos y tubos de ensaye.
- Cómo decía… - carraspeó. - … necesito que estos frascos estén etiquetados para posteriormente ser llenados, claro, a su debido tiempo ya que por el momento la mayoría de los ingredientes son difíciles de conseguir y… - Snape comenzó a desviarse de nuevo al tema del accidente en su bodega y yo dejé de escuchar.
Weasley tomó asiento en uno de los bancos que rodeaban la mesa y noté que me miraba de una forma acusadora. Lo miré fijamente por unos momentos y él no apartaba la vista, definitivamente lo sabía…
- ¿Entonces será escribir nombres de ingredientes y pociones para después adherirlo a los recipientes? – interrumpí para acabar con la tensión y la lastimosa conversación desviada del profesor Snape.
- Efectivamente Sr. Malfoy, el adhesivo está ahí mismo… - señaló entre los recipientes en dónde se encontraba un pequeño bote de adhesivo y un pincel. – … les proporcionaré una pluma encantada, sólo será necesario leer con voz clara el nombre del ingrediente que está en la lista y ella se encargará de escribir. Podrán notar que no confío totalmente en su caligrafía… - comentó mientras veía a Weasley de pies a cabeza con una mirada juzgona. – Hubiera preferido que el culpable se encargara de esto, pero… - Weasley me miró de nuevo mientras se mordía la mejilla interna y yo sólo me crucé de brazos y le otorgué toda mi atención al profesor Snape - … no puedo seguir retrasándome con la reconstrucción de mí bodega… - observó de nuevo a Weasley y después me miró a mí.
- De acuerdo – dije sin saber qué decir.
- Volveré en una hora – observó de nuevo con desprecio a Weasley para después salir por la misma puerta por la que la profesora McGonagall había salido hace unos minutos.
- Será mejor empezar – dije mientras me acercaba a los materiales, evitando a toda costa la estúpida mirada de Weasley.
Weasley, que ya estaba sentado cerca de la mesa, tomó la lista de ingredientes para después colocar la pluma sobre pequeños trozos de pergamino.
- Amortentia – dijo después de unos segundos de haber tomado la lista y volvió a mirarme de manera acusadora. Yo no pude evitar girar mis ojos, cosa que lo hizo mostrar una desagradable sonrisita de satisfacción.
Tomé la pequeña etiqueta, le di una pincelada de adhesivo y la coloqué en un recipiente.
Amortentia…
Flashback
- ¿Alguna idea de cómo llegar hasta ella Granger? – dije mientras veía impresionado la altura en la que la pequeña botella se encontraba.
- Mmm…- Granger volteó por todos lados hasta que su vista se detuvo en unas viejas escaleras.–Ayúdame con esas escaleras Malfoy- dijo con un tono autoritario no muy agradable para mí.
- Hazte a un lado, yo puedo solo- tomé las escaleras que resultaron ser más pesadas de lo que pensé y evitando demostrar que sufría cargando las malditas escaleras, las coloqué exactamente debajo de la poción.
- Yo detendré las escaleras mientras tú estás arriba Malfoy - ¿me cree un estúpido?
- Creo que no Granger - dije una vez que pude recuperar el aliento.
- Ah sí, ¿y por qué no Malfoy? – está muy alto…
- Será porque las escaleras están muy viejas y no podrán con mi peso…-
- No lo había pensado – por supuesto que no lo había pensado, que se muera el guapo ¿no?…
- Eh ahí el problema Granger. Yo las detengo y tú subes-
- Si, ya voy- dijo Granger no muy convencida. Colocó su pie en el primer escalón y este hizo un ruido no muy confiable. Granger me miró mordiéndose los labios buscando ánimos. ¡Cobarde!
- Estarás bien Granger, sube, qué esperas - Granger tomó un poco de aire, exhaló y comenzó a subir las escaleras, las cuales rechinaban a cada paso. Debo admitir que me siento un poco tenso…
- ¡Ya la tengo Malfoy! – comenzó a agitar la botellita con emoción y yo sostuve con más fuerza las escaleras.
- Si sí, bravo Granger, ahora baja, ya quiero irme de aquí – giré para echar una rápida mirada a la puerta.
- Esta bien, no tardo- Granger comenzó a bajar y su falda volaba a cada escalón que pisaba…
- ¡Te ves bien Granger! – y no mentía…
- ¡Malfoy! –
…
- ¡Malfoy! – gritó Weasley mientras me lanzaba bolitas de papel. – He desperdiciado tres etiquetas por decir tu estúpido nombre – dijo molesto mientras la pluma se movía de manera apresurada.
- La pluma sigue escribiendo Weasley – tomó la pluma, la miró con el ceño fruncido y yo bufé ante su estupidez. Arrugó las etiquetas arruinadas y volvió a colocar la pluma sobre los trozos de pergamino en blanco.
- Maldita cosa – susurró y la pluma inmediatamente se puso a trabajar. - ¡No, no, no! – se llevó las manos al cabello cómo símbolo de frustración. Me estiré hasta alcanzar la pluma y la tomé antes de que él la tomara de nuevo.
- Mejor yo me encargo de esto – dije al notar que definitivamente Weasley no sirve para nada. Sin decir nada, me dio la lista de ingredientes y los trozos de pergamino de muy mala gana para después tomar el pincel y el adhesivo. – Sólo no vayas a pegar tus dedos… - lo miré y él me miró. - … no pienso ayudarte si eso pasa – giró sus ojos al techo y tomó una de las etiquetas que había hecho, le dio una pincelada con exceso de adhesivo y la pegó al recipiente. A partir de ahí, decidí ignorar lo que hacía, no pensaba hacer todo el trabajo sólo porque él era un incompetente.
La hora pasó en silencio, a excepción de mi voz que leía lo que estaba enlistado y a que de vez en cuando Weasley soltaba maldiciones susurradas. Una vez que terminé de leer la lista, tomé otro pincel y comencé a pegar las etiquetas restantes.
Snape apareció en la puerta por donde había salido hace unos minutos y vio con ligera sorpresa que el deber estaba casi terminado. Tomó uno de los primeros recipientes en los que Weasley había colocado una exagerada porción de adhesivo y nos echó una mirada no muy agradable.
- Supongo que no podía esperar algo mejor – dijo mientras colocaba el frasco en el lugar de donde lo tomó y yo fulminé a Weasley con la mirada. Pegué la última etiqueta y dejé caer el pincel sobre la lista de ingredientes. – Eso sería todo – dijo Snape para después girarse y hacer volar su túnica y, sin decir más, se metió a su oficina que estaba del otro lado del aula.
Weasley y yo nos quedamos sentados por un momento esperando a que Snape volviera, pero él sólo se limitó a cerrar la puerta tras de sí y no salir de nuevo. Me encogí de hombros y me levanté de mi asiento, Weasley hizo lo mismo y se dirigió a la puerta.
- ¿Vas a besuquearte con tu noviecita Weasley? – dije en tono burlón, tratando de disimular mi curiosidad sincera.
Él sólo me miró con desprecio, agachó un poco la mirada y sin volverme a ver, salió del aula con paso firme, actitud que no era común en él después de mis comentarios sarcásticos.
Metí mis manos a los bolsillos del pantalón y me dispuse a salir del aula. Pasé por los pasillos que hace rato había cruzado a toda velocidad en un intento de no ser impuntual y de nuevo pasé por la escultura…
- ¡Psst! – dijo la… ¿estatua? - ¡Psst! – me detuve delante de ella y miré hacia todos lados. Comencé a pensar que tal vez el olor al adhesivo estaba haciendo de las suyas con mi cerebro hasta que una mano salió por un lado de la estatua, me tomó del pecho de mi camisa y me adentró al pequeño espacio que había detrás de la estructura.
- ¿Granger? – dije al ver a la Gryffindor con el cabello más enmarañado de lo normal y con manchas negras por todas partes.
- La profesora McGonagall nos hizo limpiar algunas chimeneas – dijo al notar que estaba impresionado por su aspecto y no pude evitar reír.
- ¿Dónde habías estado? – le limpié una mancha que tenía en la punta de la nariz con el dorso de mi mano y recargué mi hombro en el muro. – No es que te haya buscado todo el día, claro… - ella rio y agachó un poco la mirada, señal de que se había ruborizado. Se mantuvo un rato viendo hacia el piso, como si estuviera buscando qué decir.
- Malfoy… – dijo mirándome por un pequeño momento para después apartar la vista de nuevo. Con el dedo pulgar rocé su mejilla en la cuál tenía un poco de ceniza. – Terminé con Ron – soltó de repente. Detuve mi caricia mientras sentía como algo pesado caía en mi estómago.
Me paralicé por un momento, pasar saliva se había vuelto algo difícil y mis pensamientos no lograban organizarse.
- No me sentía cómoda… - continúo al ver que yo no decía nada. - … estar con él era muy diferente a… lo nuestro… - ¿nuestro…? La palabra comenzó a resonar en mi cabeza.
Granger continúo hablando de sentimientos y cosas que yo había dejado de escuchar debido a que estaba concentrado en controlar el helado sudor que comenzaba a emanar. Comencé a dudar de lo que estaba haciendo y si esto había llegado demasiado lejos.
Por una parte, había logrado mi cometido, alejar a la comadreja y que Granger hiciera ese tipo de estupideces por mí, pero era extraño el no sentir ningún tipo de satisfacción, sino, todo lo contrario, algo que no podía describir. El comportamiento de Weasley tenía más sentido e incluso el de Granger por desaparecer en todo el día.
Me agrada Granger, debo admitirlo, no es la persona que creí que era y, para ser sincero, jamás creí que llegaría a pensar en ella de la forma en que lo hago ahora. En un principio era divertido molestarla, la atracción a su físico era imposible de ignorar aún sabiendo la sangre que corría por sus venas. Aún sintiendo esa atracción hacia su cuerpo, no era excusa suficiente como para llegar a pensar en un "nosotros" … hasta que conocí más de ella… un momento… ¿desde cuándo llevo pensando en un "nosotros"?
Y ahora, ella deja cosas, personas e incluso responsabilidades sólo por mí… y yo… ¿yo sólo la busco por un juego?
Llevé mi mano al cuello de mi camisa que sin haberlo notado antes, ajustaba mi cuello al punto de hacerme sentir incómodo. Granger no paraba de hablar, como lo hacía cuando la llevaba a mi lugar favorito y yo la observaba sólo que esta vez era diferente, me sentía… extraño. Su voz sólo provocaba zumbidos en mis oídos sin dejarme entender sus palabras.
Sin siquiera pedirlo, el recuerdo de Granger llorando después del drama con Weasley se apoderó de mi mente y esta vez algo en mi interior comenzó a palpitar a gran velocidad. No quiero lastimarla, pero tampoco quiero perder…
Algo tiró de mi túnica y la imagen de Granger con lágrimas en las mejillas se cambió por la de Granger llena de cenizas justo delante de mí, con ojos curiosos mientras agarraba mi túnica.
- ¿Está bien? – yo sólo la miré fijamente y alcé las cejas. Me había perdido de la conversación y ella lo notó y rodó sus ojos. – Es mejor seguir con esto como secreto…-
- Deberíamos vernos en la casa de los gritos – solté sin siquiera pensarlo, traicionándome a mí mismo y sintiendo que le estaba fallando a ella, tenía que arreglar esto…
- ¿Ahora? – contestó confundida.
- El domingo… el otro domingo – dije recordando que hoy era sábado. Me sentía estúpido.
- Lo pensaré – dijo no completamente convencida. Algo andaba mal y ella lo estaba notando. – Por el momento debo irme, ha sido un día desgastante – dijo sin decir más y salió del pequeño rincón.
Yo no dije nada, no pude. Esperé a que sus pasos se alejaran para recargar mi espalda en el muro y deslizarla hasta quedar sentado en el suelo.
No quiero perder… no quiero perder… no quiero perderme a mí mismo…
Unos pasos me sacaron de mis atormentadores pensamientos y me puse alerta.
- Vaya… - dijo Blaise mientras se asomaba por uno de los orificios que dejaba la postura de la estatua. – Ahora entiendo por qué tan confiado… - me levanté lo más rápido que pude y me compuse.
Salí del rincón y comencé a caminar hacia la sala común junto a Blaise, el cual me miraba de una manera extraña.
- ¿Todo bien? – dijo con una mueca de desdén.
- Eh… sí. No puedo creer que haya sido tan fácil – reí nervioso.
- Bueno, cualquier cosa puede pasar en una semana – dijo con tono siniestro y yo no le tomé importancia.
Todo era extraño para mí. Sentía cosas que nunca en mi vida había sentido y no me gustaba, sentía…
¿Arrepentimiento?
Acabo de romper mi propio récord publicando capítulo nuevo durante tres semanas seguidas después de muchísimo tiempo ¡Qué orgullo!
Y bueno, les informo que la historia está muy cercana a su fin después de tantos años de inactividad y de estar atormentándome por dejarla pendiente. Esperando que el fanfic sea de su agrado, les solicito de la manera más atenta que me comenten qué es lo que creen que falta por aclarar de la historia. ¿Hay algún cabo suelto por ahí? ¿Alguna dudita?
También aprovecho para preguntar ¿cómo creen que terminará la historia?
La verdad el final lo tengo planeado desde el inicio, claro, con el tiempo le he ido agregando y quitando ideas pero lo principal ya está planteado y quién sabe, tal vez sus ideas me hagan cambiar el final de repente, uno nunca sabe...
En verdad espero que les haya gustado y que estén todos bien.
Nos leemos pronto;)
La ChancludaM
