Holaaa

Que alegría que les este gustando la historia :3 Y esta adaptación la realizo con gusto XD Ese es el objetivo una buena historia tiene que ser siempre compartida jeje

Gracias por sus comentarios.

Les dejo el nuevo capitulo que como el resto me encanta!


PASADO DE COPAS

Cuando el Ikon de Kohaku se detuvo la cobardía volvió a invadirme, si no hubiese sido por él me hubiese quedado dentro. Caminé lentamente a su lado, arrastrada más bien por su mano que jalaba de mi muñeca con firmeza por el jardín que su madre cuidaba con tanto ahínco, cruzamos por el camino de piedras hasta el porche, abrió con su llave y entramos.

Adentro estaba más fresco que la noche bochornosa que se cernía sobre la ciudad además olía a canela y vainilla, una mezcla que iba muy bien con las orquídeas blancas que adornaban la mesa ratona.

Sentía el corazón golpearse con fuerza contra mis costillas, desarmarme cada intento por respirar rítmicamente mientras recorríamos el alfombrado hasta el salón de estar.

Oí una risa pomposa de mujer que sobresalió desde el salón, al instante los puños se me cerraron. Sobre el sofá individual estaba mi futuro suegro, frente a él, Sara Asano sonreía con despreocupada coquetería al cruzar la pierna que quedaba al descubierto a través de la abertura de su largo vestido azul. No entendía el punto del escote si se le veía del muslo hacia abajo.

Mis ojos volaron de inmediato hacia el cabello plateado de Sesshomaru, se servía una copa de espaldas a nosotros. Llevaba una camisa azul cielo y pantalón caqui que se ajustaban perfectamente a su cadera, ciñéndose a sus piernas.

Ella fue la primera en notarnos.

-Creo que tienes intrusos, Naraku—sin dejar de sonreír, nos señaló sutilmente con su largo dedo. Uñas pintadas de rojo intenso que combinaba con su cabello castaño.

El interpelado se volvió a nosotros.

-Kohaku—dijo. Sesshomaru se volvió entonces sosteniendo la licorera todavía. Nuestras miradas se cruzaron durante un segundo antes de bajar la mirada, avergonzada, y tomara a mi prometido por la mano. Sus ojos ámbar endurecieron el gesto y, en silencio, siguió sirviendo.

-No los esperábamos—admitió Naraku desde su lugar.

-Esta sigue siendo mi casa también ¿no?—replicó Kohaku con desdén—Queremos hablar con mi tío—sentenció mirándolo duramente. Se me hizo un nudo en la garganta.

-Más respeto, Kohaku—regañó su padre. Le apreté los dedos significativamente, esperando que comprendiera y nos fuéramos de ahí.

Sara se volvió a medias a Sesshomaru y luego a nosotros.

-¿Quién es el guapo jovencito?

¡Zorra!

-Tal parece que es mi sobrino—Sesshomaru interrumpió a Naraku de lo que decía, se dio la vuelta sosteniendo dos copas cargadas de alcohol.

Le extendió uno de los tragos a la mujer quien lo aceptó dedicándole la sonrisa más melosa que había visto en mi vida. Aparté la mirada.

-Y bueno, Kohaku—retomó con tono orgulloso, superior—Aquí estoy—agregó dando un sorbo ligero.

Sentí que sus palabras tenían una connotación escondida y me llené de pánico; carraspee y me volví a mi prometido.

-Tal vez deberíamos irnos—musité con disculpa—Están a mitad de algo y no queremos…interrumpir—sin querer le eché una mirada a Sesshomaru y esta vez fueron mis palabras las que escondían otro significado.

-No tomará mucho—replicó Kohaku echándose a andar hacia el salón.

El aire se me escapó, por fortuna Kikyo apareció desde la cocina.

-¡Rin!—me sonrió con calidez mientras se acercaba para besar a su hijo-¿Se quedan a cenar?

-Nosotros íbamos a…

-Solo vinimos a hablar con Sesshomaru—me interrumpió Kohaku. El interpelado dio otro trago sin perder el gesto severo. Me sentí debajo de la lupa y un bochorno me invadió.

-Pondré dos lugares más en la mesa—insistió mi futura suegra acariciándome el brazo. Naraku miró con dureza a Kohaku.

-Ya hablarán en la cena entonces—dijo

Vi la mueca de descontento cruzar fugaz el rostro de mi novio pero no me sentía fuerte para apoyarlo en ese instante, no con Sesshomaru cerca y mucho menos con su cita.

-¿Necesita ayuda en la cocina?—pregunté a Kikyo y ella aunque negó, terminó por ceder ante mis insistencias.


Doblé la servilleta por cuarta vez para ver si ahora sí me quedaba tan simétrica como las que preparó Kikyo. No fue mi mejor hazaña pero al menos quedó mejor que las últimas tres veces.

Las carcajadas de Sara eran audibles hasta el comedor de cedro y presentía que las seguiría escuchando en mi cabeza durante días. El corazón seguía latiéndome con fuerza mientras acomodaba las copas para brindar.

Apoyé las palmas sobre la mesa aspirando profundo.

Oí unos pasos ahogados y recompuse la postura con la mejor sonrisa que pude fingir, la misma que se desinfló cuando vi a Sesshomaru pasar frente a mí sin mirarme; pese a haber decidido previamente no hacerlo, lo seguí con la mirada al dirigirse hasta el bar, sacar una botella y leer la etiqueta.

Sacudí mis cabellos recuperando los cubiertos para colocarlos a cada lado del juego de platos. Oí el sonido de la botella al regresar a su sitio y el de otra al ser extraída del hueco.

No sé por qué pero al poner la cuchara en su lugar me asaltaron los recuerdos de él sacándose la camisa frente a mí, su aliento caliente contra mis labios y la bofetada. Esa sobre todo.

Me encogí suavemente previniendo mis rodillas temblar.

-¿Qué quieres beber?—preguntó de la nada. Alcé la cabeza vivazmente mirándolo casi con miedo.

-No sé nada de eso—replicó la voz de Kikyo detrás de mí, con un gemido juguetón—Son cosas de hombres, primo.

¡Qué tonta, Rin! ¿Por qué te hablaría luego de lo que pasó?

-¿Inuyasha podrá llegar?

-No.

Sesshomaru tomó la primera botella y salió de vuelta al salón, sin mirarme.

No supe que me lastimó más si su indiferencia o la mía.


En cuanto Sara Asano puso un pie en el comedor las luces del candelabro iluminaron su ostentoso vestido de satín que, aunque no quiera admitirlo, le iba muy bien. Seguía viéndose como la cuarentona desesperada por un hombre y sexo, pero al fin y al cabo, le iba bien.

Mis celos aumentaron de la misma manera que mi autoestima decayó estrepitosamente: a su lado mis zapatos bajos, la camiseta y los pantalones de mezclilla blancos no lucían alentadores. Vaya, ni mi atuendo de universitaria me daba un aspecto fresco en comparación con su maquillaje profesional y su sonrisa libidinosa.

Nos sentamos al comedor, Kohaku a mi lado y junto a él su madre; Naraku en la punta de la mesa (solo porque era su casa), Sesshomaru y la mujer ésa frente a nosotros.

La plática fue tan incómoda como superficial, ni una mención sobre la familia y temas acaparados por las vivencias de Sara, como conoció a Sesshomaru y su deseo callado, que sorprendentemente no era casarse (nadie lo creyó, lo sé). Sara Asano quería tener hijos.

Apenas terminó la frase se me escapó una risa burlona mal disimulada. ¡Hay que ver! La mujer quiere tener descendencia con Sesshomaru Taisho. Ningún chiste le pudo haber salido mejor.

Sentí varios pares de ojos mirándome, el gesto socarrón se esfumó de mi cara, sustituido por la pena.

De todos los presentes solo Sesshomaru no me miraba, mantenía sus gélidos ojos dorados fijos en su copa de vino. No me detuve a identificar la resolución de cada Taisho ahí, mi atención se acaparó por la expresión ofendida de Sara Asano.

-Yo…-balbucee—Lo siento, estaba pensando en algo y me acordé…

Sesshomaru alzó los ojos de pronto, atravesándome con la mirada.

-Ya sé quién eres—Sara sonrió de lado inclinándose al frente, su escote se pronunció apretando los pechos. Hubiera querido mirar a Kohaku para asegurarme que sus ojos no la estuvieran mirando cuando ella volvió a hablar—Estudias medicina. Me parecía que te había visto antes. ¿Eres amiga del atractivo jovencito de aquí?—la forma con la que dijo "amiga" fue burlona. Como si de antemano estuviese riéndose de mi pobre aspecto físico.

Naraku frunció los labios y Kikyo carraspeó incómoda. Solo Sesshomaru se mantuvo impasible, mirándome.

-Es mi prometida—exclamó Kohaku con desdén—Y sobre eso queremos hablar. Ya cumplimos con el protocolo al hablar de sinsentidos todo este tiempo—agregó, fastidiado—¿Tienes una fecha disponible para el examen profesional de Rin?

Sara se volvió a su cita.

-Sí—repuso, altivo—La próxima semana. ¿No te lo dijo tu prometida?

Se estaba burlando. Seguía enfadado, lo conocía bastante como para ver su ego herido a kilómetros de ahí.

Kohaku afiló la mirada.

-Necesitamos que la cambies—demandó.

Sus padres lo miraron con el ceño fruncido.

-Kohaku ¿a qué viene esto?—exigió saber Naraku.

-Tenemos planes para ese día.

Esa no era suficiente respuesta pero en la voz de Kohaku pareció más bien una sentencia.

Hubo un silencio general.

-¡No!—Asano junto las palmas apretando el escote. ¡Dios! Qué alguien le ponga más tela a su vestido—Van a fugarse—sonrió ampliamente.

El ceño fruncido de mis suegros se acentuó ahora también con una pizca de confusión. Yo me tensé de inmediato sintiendo los colores abandonarme la cara.

-Kohaku…

-¿Así es?—completó Kikyo, preocupada.

-Tenemos planes—repuso como si nada. Tuve algo parecido a un alivio momentáneo cuando no les dijo en qué consisten esos planes.

-¿No pueden esperar esos planes?—intervino su padre—Es el examen profesional de la muchacha.

No tenía que llamarme así pero lo apoyaría esta vez.

-No—demandó mirando de nuevo a su tío—Estoy seguro que habrá otro día ¿no le parece?—le sonrió de lado a Sara, confiado. Ella captó al instante y movió el brazo hacia Sesshomaru. Su palma estaba apoyada sobre su muslo.

No procesé muy bien lo que ocurría, simplemente quería salir.

-Disculpen—musité poniéndome de pie—Necesito ir al servicio.

Hui mientras oía la pregunta de Kikyo sobre mi salud, creo que asentí mientras recorría el pasillo alfombrado hacia el sanitario. Por primera vez odie que la casa de los Taisho fuera así de grande porque parecía una especie de laberinto a pequeña escala de uno real; doblé sobre el corredor y bajé los tres escalones hacia el pasillo y por fin, me encerré dentro del baño.

No quise ir directo al wáter porque sería como derrumbarme y seguro lloraría, en lugar de eso solo me sostuve del lavabo mordiéndome los labios.

Me maldije por haber dejado mi bolso en el comedor, ahí estaba mi móvil y la posibilidad de buscar a alguien a quien contarle, al fin, de principio a fin lo que ocurría. Hasta Shippo sería una buena opción ahora, ese muchacho siempre ha sabido levantarme el ánimo y darme fuerzas cuando las pierdo. Hace lo que un mejor amigo hace: apoyar.

Empero, en esta ocasión era imposible.

Me miré en el reflejo y supe que además de los celos había otra sensación invadiéndome con su nocivo dolor, que despertó cuando Asano habló con su voz lasciva sobre tener una familia.

Las piernas me temblaron y estuve a punto de caer. Gruñí, yo también estaba molesta.

No estuve segura de cuantos minutos necesité para recomponerme, al salir me encontraría con Kohaku y debía estar de su mismo lado en el fuerte para conseguir otra fecha. Era lo correcto.

Me eché un poco de agua en el rostro y tras secarme, salí del sanitario.

Di dos pasos alisándome la camiseta cuando lo vi. Sesshomaru estaba de brazos cruzados repantingado contra el muro. Automáticamente retrocedí.

-¿Qué haces aquí?—balbucee. En el pasillo estábamos solos y lo suficientemente alejados de su familia y mi prometido como para que mis rodillas quisieran traicionarme.

Despegó la espalda de la pared y se dirigió hacia el sanitario, me aparté de su cercanía como si huyera de un depredador. La analogía no podía ser más acertada.

-Creí que nunca saldrías—dijo.

-¿Estabas esperándome?—la voz me tembló.

Sus ojos me miraron con cruel soberbia.

-Voy a usarlo—dijo, como si hablara con un retrasado mental.

Fruncí los labios y quise arrojarle mi zapato, sin embargo, comenzar a desvestirme no era la mejor opción. Sacudí esos pensamientos de mi cabeza y me eché a andar de vuelta; no había subido al segundo peldaño cuando tuve que decirlo.

-Cambia mi fecha.

-No.

Me volví de golpe bajando el único escalón. Aspiré el oxígeno, incrédula con su tono tajante.

-Cualquier otro día—pedí tratando de sonar paciente—Sé que estás ocupado pero…

-Lo estoy y como todos los alumnos ya tienes un día—replicó en tono fastidiado—Si no puedes presentar no es problema mío.

Cerré los puños que me hormigueaban como para golpearlo.

-Sé que tienes tiempo—apunté. Yo también podía ser grosera—Nunca fuiste el "Señor Ocupado" cuando cogías conmigo.

Siempre odié esa palabra, con toda mi alma y repulsión, sin embargo, era la indicada cuando hablaba con él. Sesshomaru volvió su atención total a mí por primera vez, sus ojos dorados-altaneros pero furiosos-me revelaron que obtuve lo que buscaba al decirlo. No podía culparme: eran sus propias palabras.

Dio un paso hacia mí y tuve que retroceder el cuerpo aunque me mantuve en mi lugar.

Estaba enojado hasta el núcleo, podía verlo en la forma con la que se contenía para responderme.

-Esa fecha es importante—hablé al fin, sin soportar ese silencio, abrazándome a mí misma y evitando su penetrante mirada.

-Vas a casarte ese día.

Lo miré vivazmente.

-¿Lo sabes?—apenas y pude hablar.

-Con su escenita de hace un momento no es difícil saberlo—replicó recuperando la pose autosuficiente. Otra vez con el tono superior que tanto me fastidia.

El enchufe se encendió en mi cabeza con una revelación que me estremeció.

-No—murmuré—Ya lo sabías—Sesshomaru se detuvo a punto de entrar al servicio, giró el rostro de nuevo sin perder el gesto severo—¿No es cierto? Tú pusiste la fecha sin siquiera avisarme y luego fuiste a rechazar ser mi asesor para que me mandaran a llamar y me enterara.

Soltó una carcajada de burlón desdén.

-Madura, Rin—dijo, cruelmente divertido-¿Crees que me tomaría tantas molestias? ¿Y para qué?

Me encogí en mi lugar, hundida por los quilates de sus hirientes palabras; sin embargo, esta vez no sería yo quien iba a ceder.

-Por supuesto—murmuré—Tú, el "poderoso" Sesshomaru Taisho no tendría por qué tomarse molestias con una de sus parejas de paso—me odié por insultarme—Pero la verdad es que el infantil eres tú—di unos pasos al frente. A saber de donde estaba sacando el valor, a lo mejor de mi furia.

Sesshomaru se volvió a mí bruscamente dando un par de pasos hacia mí, enfrentándome con toda la imponencia que irradiaba; me pegué al muro de inmediato con mi fuerza de voluntad flaqueando. Apoyó el brazo contra la pared y se inclinó lo suficiente como para percibir su aliento y su aroma a cítricos. Aspiré hondo y se me anudó el estómago.

El corazón se me desbocó de nuevo con ondas de adrenalina que desembocaban en cosquilleos por mi cuerpo que ahora mismo estaba luchando contra mi enojo para sobreponerse.

Sabía que venir era mala idea.

-¿Crees que estoy siendo infantil?—se burló. Me apreté contra el muro—Te enseñare qué es ser infantil—ronroneó con amenaza implícita-¿Viste a esa mujer?

No respondí.

-Sí, la viste. La conoces—agregó—Esta noche va a estar en mi cama.

El aire se me escapó y al instante quise salir de ahí, las piernas me temblaron cuando las obligué a moverse; Sesshomaru me sostuvo con su mano libre devolviéndome al muro.

Su tacto me ardió en la piel.

-Voy a quitarle ese asqueroso vestido porque imaginármela desnuda me excita—gruñó contra mi oído. Temblé. No quería seguir oyéndolo—Voy a estar en ella toda la noche—pasó su brazo por mi espalda baja, pegándome de golpe a su torso. Me estremecí tratando de huir— Va a gritar mi nombre y voy a tirármela tantas veces pueda—me apretó contra su cuerpo. Lo empujé por los hombros aunque nuestras fuerzas no tenían comparación, no me moví ni un ápice, así que solo pude evitar seguir mirando ese par de ojos dorados.

-¿Quieres saber lo que voy a hacerle?—habló contra mi oído. Su hálito me estremeció y negué todavía intentando zafarme de su fierro agarre—Voy a penetrarla tan fuerte y a cogérmela mientras tú duermes en el departamento donde te acostaste conmigo.

Otra vez pasó, mi mano se elevó hacia su mejilla aunque esta vez no llegó a tocarlo: me sujetó la muñeca con fuerza.

Vi la furia hervir en sus ojos.

-Te permití que lo hicieras una vez—advirtió.

Tiré de mi mano hasta que me soltó. Respiraba agitadamente y el pulso rebotaba detrás de mis orejas. Temblaba.

Sus orbes eran feroces.

Ahí descubrí que lo odiaba tanto como lo deseaba.

Su palma bajó por mi espalda hasta el trasero, pegándome a su entrepierna; me estremecí luchando por alejarme.

-Suéltame.

Su otra mano me tomó por el brazo y en un segundo me vi de cara contra el muro, me sostuvo la espalda con una palma mientras la otra bajaba por mi vientre, yendo por mis muslos y separándomelos con violencia.

Mi negativa no llegó a materializarse.

Su cuerpo se pegó a mí y reconocí la erección palpitante debajo de su pantalón.

Cerré los ojos, detrás de unas paredes estaba Kohaku, mi prometido.

-¿Quieres otra fecha?—gruñó contra mi oreja mordiéndome el lóbulo—Pídelo de nuevo—empujó su cadera contra mí.

Temblé ante lo ofensivo de sus palabras.

-Basta—pedí débilmente, cerrando los ojos. Está molesto por la cachetada pero esto es excesivo.

-Pídelo como esa zorra se va a ganar estar en mi cama.

Apreté los dientes y reconocí las lágrimas correr por mis mejillas. No entendía por qué tenía que ser tan cruel ni el motivo exacto por el cual lloraba. Si por mi debilidad o su actitud.

Y de pronto me soltó. Pude haberme caído de rodillas de no ser porque Sesshomaru me devolvió espalda contra el muro. Me abracé al instante con la loca idea de que de no hacerlo, me rompería en muchos pedazos.

-Eso es ser infantil—dijo escondiendo sus ojos en las sombras que se proyectaban debajo de su cabello argentado.

Podría decirle que no, que eso era intento de violación pero nada salía de mi garganta anudada.

Gimotee sintiéndome otra vez estúpida y pequeña. Indefensa. Lo peor del asunto era saber que solamente había una persona que lograba que ese estado se esfumara. El hombre frente a mí.

El pecho de Sesshomaru subía y bajaba erráticamente.

-Elige el día que quieras—exclamó de pronto dando unos pasos atrás para dirigirse hacia el corredor.

Alcé los ojos pero él ya estaba alejándose.

-Te odio—susurré sollozando bajo. No quería que Kohaku ni nadie me escuchara.

Se detuvo ladeando la cabeza sobre el hombro, apretó los labios y siguió su camino. Me cubrí la boca con una mano para ahogar mi llanto y otra vez quise que Sesshomaru Taisho desapareciera de mi vida.


-Tengo que hablar con Miroku—dijo Kohaku con la vista fija en el camino. No había escuchado bien nada desde que volví a la desastrosa cena, le avisé a mi prometido que no me sentía bien y lo saqué de la casa.

Sesshomaru ni siquiera me miró aunque tampoco estaba interesado en las caricias indiscretas de Sara Asano.

Kikyo se ofreció para cuidarme pero su esposo la frenó aduciendo que era responsabilidad de Kohaku, el hombre esperaba que su hijo menor hiciera algo bien por primera vez en su vida (no lo digo yo, lo dijo él) y nos dejó partir.

Tampoco intenté subirle el ánimo a Kohaku o quitarle el mal humor por el comentario de su padre, ni cuando le dije que se detuviera en un supermercado. Mucho menos al pagar las dos botellas de vodka ni ahora que decidí darle un sorbo.

Kohaku interrumpió su monólogo entre dientes sobre pedirle a Miroku que hablara con su madre para que olvidara el asunto de una posible boda prematura y me miró fijamente.

-Deberías ver el camino—dije limpiándome las gotitas de licor que escapaban por mis labios.

-¿Qué estás haciendo?

-Celebro—respondí. La garganta me quemaba. Él frunció el ceño volviendo su atención a la carretera.

-¿Y se puede saber qué estás celebrando, Rin?—el tono era reprobatorio.

Lo pasé por alto, sonriéndole a mi propia embriaguez futura y probable obnubilación mental.

-Tu tío me dijo que podía elegir…-me frené perdiendo todo atisbo de mi ánimo fingido. Apreté los labios tanto como el cuello de la botella—Elegir entre hacer el examen o no presentarlo—mentí a punto de decirle que había cedido.

Kohaku afiló la mirada antes de mirarme.

-¿Y por eso estás celebrando?—estuvo a nada de decirme "torpe" o tal vez "tonta". Lo sé.

-No—solté el aire.

Si Sesshomaru iba a pasársela de lujo con esa mujerzuela de pechos públicos…

-Celebro porque si no me voy a casar contigo ese día—inhalé profundo. Venga, Rin, dilo—Adelantaré tu regalo.


Entramos dando tumbos en medio de la oscuridad de su departamento, Kohaku sabía a vodka tanto como yo. Mordió mi labio y me estremecí.

Oí el portazo detrás de nosotros, casi tropiezo así que él me levantó en vilo, le rodee la cintura con las pantorrillas mientras avanzaba trémulamente hasta su cuarto. Rebotamos sobre el colchón, acomodándonos sobre la superficie mullida hasta llegar al centro de la cama.

Mi reacción no era la mejor ahora que la habitación daba vueltas y tenía los sentidos embotados, adormecidos por el calor del alcohol que hervía en mi sistema en ese momento. Nunca me había terminado una botella de vodka con tan poca ayuda por parte de Kohaku y ahora me daba cuenta porque.

Parpadee un par de ocasiones cuando mi prometido introdujo sus manos debajo de mi camiseta, sacándomela de una sola vez. Sentía el cuerpo pesado y apenas lograba identificar el rostro fiero de Kohaku frente a mí, sus labios bajaron por mi mentón hasta el cuello y ahí se refugiaron. Gemí sin querer cuando sus palmas aferraron el borde de mis tejanos.

Lo abracé hincando los dedos en su espalda, luchando contra el dobladillo de su playera hasta que logré desvestirlo. La prenda salió volando hacia algún punto de la habitación.

El calor había inundado mi entrepierna de forma molesta para la presión de la mezclilla y supuse que él estaba igual dado que se apretaba contra mí, revelándome la erección atrapada.

Me besó. Kohaku olía a hierbabuena no a cítricos.

Un acceso de confusión asaltó mi mente y aunque rompí el contacto él se ocupó de besarme la garganta bajando por el sostén; pasó sus brazos detrás de mi espalda y me levantó de la cama. Me acomodó sobre su regazo haciendo más notoria su excitación. Los dedos de Kohaku bailaron por el broche del brasier hasta que logró zafar los ganchillos.

Temblé contra su pecho desnudo.

Bajó sus palmas por mi espalda hasta la cadera, dejando estelas de calor a lo largo de mi espina dorsal, enterró las yemas en mi trasero empujándome hacia su entrepierna.

Se le escapó un jadeo grave y al instante mordió mi garganta. Abrí los ojos aspirando hondo, la habitación entera estaba borrosa.

El cuerpo lo sentía pesado aunque todavía era capaz de darme cuenta de lo que ocurría.

La puerta de entrada rebotó gracias a las aporreadas. Kohaku gruñó, siendo el único de los dos más o menos sobrio, fue el primero en darse cuenta.

No sabía quién estaba del otro lado de la puerta que llamaba con tanta insistencia. Me aferré a su cuerpo antes de que él desabotonara mi pantalón.

Los golpes se repitieron y él soltó una maldición. Casi al mismo tiempo mi móvil timbró desde algún punto del departamento.

Entre los llamados bruscos y la musiquita chillona terminé por desembotarme.

-Kohaku…-musité, oí mi voz arrastrada. Él me empujó de vuelta a la cama, aferrando con una mano mis muñecas por sobre la cabeza y mordiéndome el cuello de nuevo.

Arquee la espalda en su dirección percibiendo mis senos irse endureciendo.

Sesshomaru.

Su otra mano bajó intrusa dentro de los vaqueros. Temblé a punto de humedecerme.

El agarre contra mis muñecas se hizo más estrecho, más fuerte, me estaba lastimando. Gemí al abrir los ojos. Los ojos negros me devolvieron la mirada fijamente.

-Te…te…-el aliento se me escapaba. Tenía que decírselo, sacármelo de una buena vez y dejarlo ir. Que se follara a quien quisiera, a Sara Asano o… ¡Un segundo!

Los cabellos eran negros y cortos aunque igual de rebeldes y sus facciones no eran altivas; Kohaku estaba enfadado.

Chasqueó la lengua y me soltó de mala gana. Me incorporé sobre las manos, el vértigo casi me devuelve la cara a la cama.

Vi a Kohaku salir hecho una fiera de la habitación.

Tantee el piso con los pies hasta lograr ponerme de pie, me tambalee recogiendo la playera de Kohaku.

No llegué a salir, me detuve del marco de la puerta preguntándome si de verdad mi mente era tan estúpida como para jugarme una broma de tan mal gusto. ¿Imaginarme a Sesshomaru? ¿Otra vez? A punto estuve de abrir la boca y cometer una estupidez.

No. A quien iba a confesarle es a Kohaku.

La vocecita chillona de Shippo inundó el silencio seguido de algunos pasos, Kohaku lo corrió de la casa. Mi teléfono seguía sonando. Arrastré los pies hacia el salón.

-Solo tomará un momento, mal nacido—decía Shippo—Ya hice planes con Mizuki.

-Entonces ¡lárgate!

Otras voces replicaron con fastidio.

-¿Quieres calmarte?—Shippo se oyó como si se hubiera encogido de hombros—O me obligarás a darte un golpe para quitarte lo tarado. Trato de ser un buen amigo.

-Shippo…

-Solo te traigo estos para que elijas el…-mi amigo se interrumpió al verme llegar. Sus ojos verdes parpadearon un momento antes de que sonriera ampliamente.

Había una especie de pantalla plástica entre nosotros porque no lograba escucharlo bien.

-¡Eso debiste decirme, Kohaku!—se rio, molestando a Kohaku—No sabía que estabas aquí, Rin—se volvió a mí.

Hasta ese momento descubrí que el rubio venía acompañado, Ginta me miraba desde debajo del dintel sonriendo con burla.

Kohaku frunció los labios.

-Lárgate, imbécil.

-Mi…teléfono—alcancé a balbucear andando a tientas por el salón. Sosteniéndome por la pared.

Shippo se alarmó.

-¡Rin! ¿Estás bien?—dio unos pasos hacía mí.

Creo que asentí.

-Está ebria, Shippo—se rio Ginta. Kohaku le dio un empujón y se acercó también.

-¡Quítate, Shippo!—ordenó.

-¿Cómo dejaste que bebiera así, idiota?—mi amigo trataba de ayudarme a caminar.

El celular no se callaba.

-¡No es tu maldito problema!

Ginta se reía.

El teléfono sonaba.

-Móvil…-musité. Las piernas me fallaron al mismo tiempo que un ardor incómodo subió por mi garganta, apretándome el estómago.

Perdí el equilibrio y de pronto había vomitado.

Shippo hizo una mueca de asco pero me sostuvo a medio camino de irme de bruces contra el suelo.

Kohaku retrocedió un par de pasos antes de que lo ensuciara, gruñó y se dirigió hasta mi móvil, lo tomó y lo respondió.

-¡¿QUÉ?!

Alcé la mirada con un nuevo mareo, ignorando las palabras de Shippo.

-¿Por qué le llamas a esta hora?—exigió saber afilando la mirada oscura—Ah…eso. Bueno, que pena, se va a casar conmigo.

Un ataque de pánico me asaltó antes de que mi poco aguante al alcohol me traicionara de nuevo.


Gemí escondiendo la cara contra la almohada. Si existía un nivel más alto para el dolor de cabeza de una resaca: era este.

La garganta me ardía con la falta de hidratación y el malestar general se concentró en mi cabeza al punto de una posible migraña.

El aroma a cafeína me obligó a abrir los ojos; Kohaku depositó la taza frente a mí en el buró.

-No te vayas—pedí cuando él se dispuso a salir.

Kohaku me miró sobre el hombro frunciendo los labios con desdén.

-Lo siento—dije luchando contra los martilleos contra mi cerebro, me incorporé hasta sentarme sobre la cama y me hice con el café.

El brebaje estaba delicioso.

-No debiste beber tanto si no soportas el licor.

Fijé los ojos en las ondas líquidas dentro de la taza.

-No tenía planeado vomitar—admití acordándome de su piso y su playera, que seguro estaba ya en la basura.

Él se sentó frente a mí clavando su acusadora mirada oscura en mí.

-¿Por qué lo hiciste?

Admitir que quería coger valor sería, posiblemente, un error; así que me limité a encogerme de hombros.

-¿Qué haremos?—inquirí. Él resopló.

-Tú, primero tienes que ponerle un alto a la paranoia de Hojo antes de que lo haga yo.

Torcí los labios, cuando había llamado la noche anterior me asaltó un ataque de pánico: por un instante creí que se trataba de Sesshomaru aunque la idea sonara ridícula.

Para ese momento estaría revolcándose con Sara Asano.

Me sentí asqueada de nuevo.

No esperaba que la relación fraternal entre mi primo y Kohaku mejorara jamás, sobre todo porque el carácter apático chocaba con el de mi prometido.

-Hablaré con él—dije. ¡Si acaso tengo el valor de hacerlo!

Kohaku alzó el mentón quitándome el café de las manos, fruncí el ceño con un puchero estirando las manos para obtenerlo de vuelta.

-Necesito saberlo—dijo él dejando la taza en el buró.

-¿De qué hablas?—me pasé la mano por mi desastroso cabello.

-¿Ya elegiste?

Alcé los ojos directo a él, tensándome con pánico. Los labios me temblaron y por un segundo creí que la resaca me había abandonado al fin.

-Sí—balbucee—Te elegí a…

-Olvídalo—se recostó contra la cabecera dejándome confundida.

-¿Kohaku?

Me miró de refilón con desinterés.

-Anoche hablé con Miroku—exclamó, eso debió ser mientras estaba perdida en el mundo de los ebrios—Dice que tienes razón: debemos esperar.

Resoplé imitándolo contra el muro. ¿Estaba diciendo lo que creo?

-¿A qué te refieres?

-Harás tu examen el miércoles y nos casaremos en la fecha planeada.

El cuerpo me quedó flojo al escucharlo, de pronto no estaba segura de cómo me sentía-dejando de lado la revuelta en mi cabeza-.

Me mordí los labios al pensarlo, Sesshomaru me había dado carta abierta para elegir una nueva fecha para mi examen profesional y eso implicaba que podría casarme la siguiente semana con Kohaku.

-¿Puedo preguntarte algo?—inquirí en voz baja. Él solo me miró fijamente- ¿Por qué? ¿Por qué querías casarte antes?

-Creí que eso ya estaba claro.

Asentí en silencio. Si alguien sabía la razón dentro de esa habitación estaba claro que no era yo.

Sus labios se posaron en los míos fugazmente antes de que Kohaku volviera a recostarse contra la cabecera, mis músculos se movieron por sí solos y aunque quise recostarme contra su pecho y perderme en el sonido de su corazón…preferí deslizarme fuera del colchón hacia el salón.

Kohaku me siguió con la mirada aunque no dijo nada.

Me detuve frente al comedor, tomé mi móvil e ignoré las llamadas perdidas de Hojo; teclee directamente hacia un número enviándole un mensaje de texto a Sesshomaru Taisho.

Imaginaba que lo vería cuando saliera de la ducha, posiblemente acompañado por la desnudez de Sara Asano, tal vez, durante el almuerzo que es su hora preferida para revisar su e-mail y mensajes atrasados. O hasta lo leyera ahora que lo recibe, mientras está desnudo y enredado en la melosa mujerzuela de cabello castaño.

Me mordí los labios cerrando los ojos y acordándome del sueño frustrado de la docente, me abracé a mí misma con un sollozo repentino; lo ahogué inhalando profundamente y esperando que en cuanto lo leyera diera por sentado que el punto muerto había sido sobrepasado muchas semanas atrás.

Dejé botado el aparato y me volví por el camino seguido hacia Kohaku.


¿Qué les pareció? Sesshomaru fue muy cruel? Rin merece un par de cachetadas? O todos? jajaja

Déjenme saberlo en sus comentarios XD

Nos vemos en el próximo!