Disclaimer: Todos los personajes les pertenecen a Suzanne Collins y Stephenie Meyer. Este universo alterno es una combinación de los que se presentan en todos los libros.
CAPÍTULO 16: SUEÑO O REALIDAD
POV PEETA
Su corazón pega un salto y dirige su mirada a mí. Su respiración se vuelve irregular y yo desvío la mirada al suelo intencionalmente para después volverla hacia ella.
-¡¿Peeta?! ¿Peeta? ¿Estoy soñando?
-Algunos sueños se hacen realidad.
Sus ojos se llenan de lágrimas, el embarazo hace que sus emociones estén a flor de piel.
Se levanta y yo la atajo rápidamente. La cargo entre mis brazos.
-Amor, estás embarazada. Debes tener más cuidado –guio sus manos para que ella rodee con más fuerza mi cuello. –Ya te lo he dicho.
-Tú no dejarías que nos pasara nada –murmura. –Además este es mi sueño. Puedo hacer lo que quiera ¿verdad?
Sonrío con tristeza. Ella sigue creyendo que soy un producto de su imaginación.
-¿Qué quieres hacer?
El calor de cuerpo y la cercanía hacen más difícil la tarea de controlarme, pero la batalla no está perdida.
Es entonces cuando sus labios chocan contra los míos y no puedo hacer otra cosa más que besarla demostrándole todo el amor que siento por ella. Dejo escapar aire a veces, pero contengo el aliento tanto como sea posible. Sus labios besan los míos con desesperación. Me siento en el sofá con Katniss en mi regazo. Sus manos recorriendo mi cuello y mi cabeza y jugando con mis rizos. Su vientre nos impide estar cerca, yo mantengo mis manos en su cintura delicadamente o las subo con el mismo cuidado. Esperando que una vez que se recupere de la emoción, se calme.
Cuando me detengo un par de minutos después, es porque la quemazón en mi garganta resulta tan insoportable y la sed que sentí antes corre peligro de volver. Besarla es adictivo, sin embargo, es peligroso tener a la persona que amas tan confiada y entregada a ti, sin que sepa de en un momento de confusión o por el simple hecho de dejarse llevar por tus instintos puedas llegar a matarla.
Katniss respira entre llanto, yo por otro lado no pienso hacerlo hasta que me aleje de ella. Continúa con los ojos cerrados.
-¿Aún nuestro aniversario?
-Sí.
-Quería saber cuánto había estado desmayada. Tengo miedo de abrir los ojos, despertar y descubrir que no estás aquí. Te amo, Peeta. Ese día en la arena fue el peor de mi vida… No quiero que me dejes… nunca.
-Abre los ojos, amor. Ábrelos y verás la verdad en mis ojos. Ábrelos y te convencerás de que soy real. No importa lo diferente que luzca ahora, tú supiste desde el primer día que era yo. No es una fantasía, soy ese Peeta que amas y no te dejaré nuevamente. Lamento haberme ausentado unos meses, pero era necesario. Del mismo modo que era necesario hacerles creer a todos que estaba muerto. Todos esos "sueños" fueron reales, Katniss. Cada noche a tu lado, lo fue. No temas nada… Estoy aquí contigo y nunca me iré.
Se niega a abrir sus ojos, está temblando y lágrimas corren por sus mejillas.
-Tú moriste. No puedes ser real. El Doctor Aurelius dice que estoy loca y que debo dejarte ir. Pero ¿sabes qué? No me importa, la locura es bienvenida.
Beso sus mejillas, su mentón, sus ojos y su frente.
-No estás loca –la contradigo. –Abre los ojos.
Apoyo mis manos en su rostro. No quiero utilizar mi don para someterla a mi voluntad nuevamente o convencerla de cosas que no son. Ella no merece más eso.
Ella finalmente me mira a los ojos.
-Azules… ¿son tus ojos?… aunque… hace mucho que no los veía así. ¿De verdad eres tú?
¿Cómo le voy a explicar a Katniss tantos meses de mentiras o verdades ocultas?
-No morí, Preciosa. No quiero que te pongas triste, ni te enojes. Estoy vivo… siempre lo estuve. Me oculté varios meses en el Capitolio y cuando lo creí seguro te empecé a visitar durante las noches y tus paseos cortos por el bosque. He estado pendiente de ti, aunque no lo parezca.
-¿Tú me seguías? ¿Por eso me sentía observada? ¿Cómo debo creer esto? Sólo dices lo que quiero escuchar.
-Yo te seguí cada paso, estuve al corriente de tu situación y nuestros hijos desde que lo dijiste en la entrevista. Y por eso debiste sentirte observada, pero no siempre era yo, mi nueva familia cuida de ti, también. ¿Cómo debes creer esto? Confiando en mí. Repito, esto no es un sueño. Te desmayaste después de encontrarme en las orillas del lago y acabas de despertar. Yo arreglé este encuentro para confesarte la verdad. Lo creí necesario. Durante todo este tiempo te estuve preparando para este momento.
Dejo a Katniss en el sofá y yo me alejo por el bien de ambos. Abro la ventana para que entre aire fresco. El aroma de sangre de Katniss ha impregnado cada rincón de la cabaña y me está asfixiando. Me pongo de espaldas. Y por primera vez en tal vez veinte minutos me permito respirar agradeciendo el fuerte corriente de aire que entra por la ventana, después vuelvo a contener el aliento antes de que me llegue con intensidad el delicioso y tentador aroma de sangre humana. Miro hacia un costado y veo una campera muy abrigada, por el fuerte y desagradable aroma parece ser de Jacob. Ningún vampiro necesita abrigos, Jacob y Nessie son lo más cercano a humanos que hay en mi clan.
La agarro y se la lanzo a Katniss.
-Póntela. Para que no sientas frío. Lo lamento, pero necesito mantenerla abierta. Hay otra manta gruesa detrás de ti, puedes taparte.
Vi que llegó con un tapado que le llegaba unos centímetros por arriba de las rodillas. Se lo debieron haber quitado para que no transpirara y se enfermara. Bien, no tengo tiempo para buscárselo. Además si yo veo que la cosa se pone difícil saldré por esta grande ventana y me iré.
Katniss mira la campera negra que cayó a pocos centímetros de ella sobre el sofá y después a mí.
-Abrígate –insisto.
Puedo ver la duda en los ojos de mi prometida. Ella no sabe que creer. Es muy difícil para ella entender como un día me vio morir y porque ahora vengo y le digo lo contrario.
Los Cullen y los Denali me dijeron que no sería fácil.
Ella obedece, levanta el cierre hasta que le cubre el cuello y luego se protege del frío con la manta. Por suerte, la campera le calza bien. Jacob es musculoso y a veces suele usar ropa más suelta y Katniss sigue siendo pequeña y solamente ha engordado lo adecuado para el tiempo de embarazo. Ella sigue viéndose igual de hermosa. Si tan sólo sonriera más a menudo y el brillo de vida y felicidad no hubiera abandonado sus ojos, sería uno de mis más perfectos retratos.
-¿No piensas hacerme ninguna pregunta?
-¿No tienes frío?
Yo me río un poco y Katniss me mira como si tuviera un tercer ojo. Pero el tiempo afuera es tan gélido, que es imposible que ella no note algo extraño en que esté con una fina camisa negra y ni siquiera tirite. Tomo una manta y me cubro con ella, aunque no la necesito.
-Katniss no puedo leerte la mente –empiezo a sentirme frustrado. –Di algo.
-No sé qué decir… Aún no lo creo. Moriste entre mis brazos Peeta ¿Cómo puedes estar vivo? Te despediste de mí y los bebés. Te besé, te acaricié y te grité un montón de veces después que sonara el cañón, no aceptaba que tú te habías ido, quería que regresaras. Me sumí en mi propio dolor y entré en depresión por eso. Me prometí a mi misma serte leal a pesar de todo durante el tiempo que viviera y cuidar a nuestros hijos mientras estuvieran dentro de mí, porque eran mi única conexión contigo. Todos me decían que debía ser fuerte y salir adelante, algunos me decían que debía dejarte ir.
Gruño y me muestro malhumorado sin poderlo evitar. Gale intento estorbar, le dijo entre varias cosas que debía olvidarme y que no podía seguir amando a un muerto, pero Katniss le puso los puntos y se alejó de forma definitiva cuando el cazador dejó claras sus intenciones. Por suerte para Katniss o por desgracia para él yo estaba ese día. Jugué con su mente y con todo el odio acumulado quemándome por dentro impedí que la besara contra su voluntad. Gale se quedó inmóvil varios minutos con las manos agarrando fuertemente los brazos de mi prometida y ella pudo darle una cachetada tan fuerte que no él no la olvidará en su vida, y lo empujó. Luego de algunos giros y caídas por estar en un terreno con desnivel se fue directo por una zona del bosque que estaba en pendiente para abajo.
Katniss asustada porque Gale le hiciera algo a ella o los bebés salió huyendo con lágrimas en sus ojos aunque igualmente furiosa por su atrevimiento y la fuerza aplicó sobre ella.
Fue una buena jugada, él estuvo una hora inconsciente. Edward que estaba a mi lado sentado en la rama alta de un árbol, llamó a Emmett para que estuviera pendiente de Katniss hasta que la viera entrar en su casa. Edward me dijo cuando estaba recuperando la conciencia y aproveche para advertirle que Katniss… su cuerpo, su alma y su corazón me pertenecían y no permitiría que él me la quitara. Mucho menos que pusiera sus manos en mis hijos cuando nacieran. Ellos nunca lo llamarían padre. Porque sin importar que fuera vampiro, Katniss y mis hijos seguían siendo mi familia. Para finalizar le grabé a fuego en su mente que la próxima vez que se acercara a cualquiera de los tres, o pusiera una mano sobre Katniss o incluso la mirara, sería hombre muerto. Lo acosé varios días después de eso. Tanto que llegue asustarlo, me aparecía de repente y desaparecía segundos después, le hablaba escondido y fuera de su vista. Y él creyó que estaba volviéndose loco y extrañamente empecé a notar miedo en él. Me prometió que no volvería a acercarse a Katniss si yo me iba y él lo cumplió y yo lo dejé en paz también. Mi tarea estuvo hecha.
No podía evitar sacar ese lado territorial cuando se trataba de Katniss y mis hijos. Cuando vi a Gale tocándola y proponiéndole una vida juntos, los celos se volvieron muy fuertes, pero tan pronto como él dijo eso Katniss lo rechazó. Casi hubiera sentido alivio, si no fuera porque Gale se puso furioso y intentó abusar de ella a la fuerza, aún cuando ella le gritaba entre lágrimas y le decía que la dejara en paz. Ahí los celos se convirtieron en deseos asesinos y antes de siquiera pensarlo ya estaba introduciéndome en su mente para convencerlo que se alejara de ella. Jamás había recurrido a mi don para hacerle mal a alguien, pero él se lo merecía.
Fue malo lo que yo le hice a Gale, pero nunca tanto como intentar abusar de una mujer embarazada y no respetar a la otra persona cuando claramente no quiere tener nada contigo. Lo cual me confirmó Edward posteriormente, él la quería tener sin importar que ella estuviera de acuerdo, o no. No me arrepiento, lo haría mil veces si fuera necesario.
-No escuchaba a nadie. Sólo tus cartas y regalos me obligaron a salir delante de a poco. Sólo tú tienes ese poder sobre mí.
Quiero acercarme y abrazarla pero no lo hago. Me siento en el alfeizar de la ventana a veces dejo que mis piernas se balanceen suavemente de atrás hacia delante. No mantengo la mirada fija en ella, aunque eso es lo único que deseo hacer, dejo que mi mirada se desvíe de un costado a otro y parpadeo dos o tres veces por minuto.
-Y luego empezaste a aparecer frente a mí en las noches y te juro que por esas horas era feliz. Al despertar, pasaba el día siendo "bipolar", me deprimía, lloraba, o me reía, cumplía mi papel de madre y sonreía o me lamentaba al recodar tus visitas, deseando que durante la noche volvieras. No me importaba la frialdad de tu piel, esos extraños ojos o tu palidez. Eras tú. Además tenía la loca idea de que si estabas muerto y venías a visitarme no podía percibirte de otra manera, o mi mente estaba fallada y ya había empezado a olvidar tus rasgos, el color y la textura de tu cuerpo. ¿Te imaginas lo horrible que se sentía?
Me pongo en su lugar, creyéndola muerta, olvidando cada detalle que la hacía especial, pensando que su fantasma viene a mí cada noche, o que sueño con ella. Considerando la opción que me he vuelto loco, pero no queriendo revertir la situación.
-Lo siento, amor. –Mi voz se quiebra y me doy cuenta que tengo que pedirle perdón por que el daño y la confusión que provoqué. –No fue mi intención.
Se pone de pie y se acerca a mí.
-No te acerques tanto esta vez. Necesito espacio.
Ella se detiene de inmediato y vuelve a donde estaba sentada.
-Júrame que eres real, que volviste por nosotros, que no moriste. No quiero descubrir en unas horas que he soñado nuevamente contigo y no despertar a tu lado.
-Te juro por el amor que te tengo, que no morí, todo fue una mentira necesaria. Me salvaron la vida y me mantienen oculto de todo Panem. En todo este tiempo solamente tú me has visto. Nadie debe saber que estoy vivo, Kitten. ¿Entiendes? Es peligroso. La regla era un solo ganador y se rompió ilegalmente.
-¿Qué hay de tu familia? –Pregunta.
-Es un secreto que no debe salir de aquí. Ni siquiera mi familia debe saber que estoy vivo. No puedo exponer a más personas. También debería haberme alejado de ti, pero me resultó imposible en las circunstancias actuales.
-Tú dijiste que querías que enterráramos tus cenizas cerca del lago.
-No son mis cenizas, obviamente. Incineraron otro cuerpo en mi lugar, el de un hombre sin familia que vivía en las calles del Capitolio, o al menos fue encontrado allí, nadie reclamó su cadáver.
-¿Cómo llegaste aquí? ¿Quién te salvó? ¿Por qué sonó el cañón si no estabas muerto?
Lanza preguntas atropelladamente, aún no confía del todo en mí.
-Llegue por mi cuenta, estoy aquí hace varias semanas. No te puedo decir quién me salvó realmente –más bien no puedo decirle que me salvó un vampiro –, pero hubo un error y me dieron por muerto antes... aunque estuve muy cerca. Esa persona vio posibilidades de darme una nueva oportunidad de vivir y… aquí estoy.
-¿Qué te hizo esa persona, Peeta? Esto no es natural. Nada en ti es normal.
Y ahí estaba la cuestión que no podemos discutir aún.
-¿Crees en lo que te digo? –Pregunto. – ¿O necesitas más pruebas?
-Necesito respuestas. Convénceme.
Me acerco, levanto a Katniss y la siento en mi regazo a propósito. La cubro con la manta para evitar que sienta más frío del necesario. Mi mano va a parar a su vientre y lo empiezo a acariciar, Katniss coloca su mano encima de la mía y recuesta su cabeza en mi pecho.
-¿No te incomoda mi temperatura corporal?
-No tanto.
Sonrío y beso su coronilla.
-Quiero que dejes de llorar y te concentres. Dime todo lo que sientas. Descríbeme.
Ella asiente mirándome de reojo.
-Eres hermoso.
-Eso me lo decías antes.
-No tantas veces como debí haberlo hecho. Pero por algún motivo eres aún más hermoso. Cambiaste. Tu cabello se aclaró un poco, se volvió más brillante. Tu piel es fría y suave como la seda. También palideció, en cambio tus labios oscurecieron un poco. Tu cuerpo parece estar más firme y tonificado. Tu corazón… –ella apoya su oído donde se supone que se encuentra ese órgano. – ¿Por qué ya no escucho su tranquilizador latido? Lo echo de menos. Tus ojos te los he visto rojos ¿me equivoco? Y ahora los tienes azules, como lo eran los tuyos.
Me mira dudosa creyendo tal vez que se lo ha imaginado. Como muestra busco la cajita de los lentes de contacto en mi bolsillo y la abro, me saco las lentillas azules y el alivio es inmediato. Odio usar estas cosas. Lo guardo en la cajita y Katniss reprime un grito al notar la diferencia entre un ojo y el otro. Toma la caja y observa el azul falso y mis ojos como la sangre.
-Se consiguen en las tienda del Capitolio –explico. Me saco el otro con cuidado y lo dejo sobre la mano de Katniss, y ella lo guarda. –No me ocultaré más bajo una máscara contigo. Esto es lo que soy. No soy el hombre del que te enamoraste. Cambié, pero aún no te puedo decir de qué forma.
-Si lo eres, no importa en qué te hayan convertido. Eres mi Peeta.
-¿Y si me convirtieron en un monstruo?
-Seguirías siendo el hombre que amo y el padre de estos bebés –vuelve a llevar mi mano a su vientre.
-Te amo, Katniss. Amo a nuestros hijos también. Sin ustedes no hubiera soportado estos meses... La esperanza de verlos me impulsó a superarme a mí mismo.
-Nosotros también te amamos. Ellos saben que tú eres su padre. Sólo contigo empiezan a moverse de forma tan insistente apenas empiezas a hablarles.
-Es que a ellos no les gusta que su mamá esté triste, pero eso no volverá a pasar.
-¿Me lo prometes?
-¿Qué cosa?
-Que te quedarás conmigo –me mira suplicante.
-Siempre –prometo.
Katniss se abraza a mí y sigue llorando pero esta vez de alegría. No habla, solamente se queda pegada a mí con la manta cubriéndola hasta la cabeza y yo la abrazo y acaricio con el mismo cariño de siempre.
-¿No sientes frío, verdad?
Su pregunta me toma por sorpresa nuevamente.
-Ni siquiera tiritas.
-No. Ya no sufro el calor, ni el frío. Podría no llevar ni una sola prenda y no sentiría nada. Por eso siempre procuro mantenerte abrigada a ti o verte a la distancia, tú sigues siendo sensible a esto.
-¿Y cómo es eso posible?
Sé que se refiere a todo.
-Es muy difícil de explicar… tú eres humana y lo que me hicieron a mí me convirtió en algo diferente. Físicamente no me reconozco… pero mis sentimientos e ideas siguen siendo las mismas. No quería que nada cambiara.
-¿El Capitolio te tocó? ¿Qué eres? ¿Una especie de muto? Ellos hacen experimentos raros.
Dice entre asustada y curiosa.
-En el Capitolio ni siquiera saben que sobreviví.
No estoy vivo, ni muerto. Es como algo intermedio, pero no puedo decirle a mi prometida cosas que la asusten o no comprenda.
-Y no. Nadie aliado al gobierno del Capitolio me ayudó, ni me hizo nada. Fue alguien que vive allí y me socorrió en el aerodeslizador de inmediato antes de que muriera. No soy un muto, no fui modificado por el Capitolio. Quien me salvo no tiene nada que ver con lo que piensas. Es lo único que te puedo decir. Katniss no me hagas hablar. Te quiero fuera de mis problemas.
Por primera vez luce enojada. Ella odia que le oculten cosas.
-Vienes después de cinco meses de creerte muerto y me dices que no fue así. ¡¿Y esperas que me conforme con que me no me dirás nada porque me quieres fuera de tus problemas?! –me grita.
Esa es la Katniss que conocí y recién ahora ha vuelto a salir.
-Pues te informo que tú eres mi problema. Te he llorado días y noches enteras por tantos meses hasta ahora. Estábamos comprometidos. –Me muestra el anillo que le di durante la época de los juego. Ella nunca se lo quitó. –Planeábamos salir de la arena con vida, casarnos y formar una familia. Perdí las esperanzas y ganas de vivir desde el momento que te vi agonizando entre mis brazos. –Se libera y se para frente a mí. –Sí, pensaba tener a mis hijos, dejarlos a cargo de mi familia que sabía que los cuidarían y matarme porque le iba a ser un bien al mundo y a mí. Me iba a reencontrar contigo tal vez, y de paso Snow ya no tendría porque tocar a mis hijos, si tú y yo estábamos muertos por igual. De todas formas, no podría haberlos criado sin ti. El presidente no tendría motivo para vengarse de dos tributos muertos, dos estorbos de los que se liberó. Me seguía pareciendo la mejor solución, hasta hace unos minutos. Y ahora apareces tú y me dices que sobreviviste y estuviste escondido todo este tiempo, a excepción de las veces que has ido a visitarme. ¡¿Dónde diablos estuviste?! ¿Con quienes? ¿No pudiste escribirme una carta diciéndome que estabas vivo directamente?
Katniss está realmente enojada y llora. Cuando me acerco a ella, se aleja. Me sorprende que mis anomalías no la aparten de mí, pero sí mis palabras. Ella nunca fue normal.
-En el Capitolio, con una familia que me adoptó como si fuera un hijo, o un hermano más. –Respondo. –Y era peligroso decirte que seguía en este mundo. Entiéndelo, Katniss. Sé que te hice sufrir, pero debes saber que para mí fue igual de terrible, en otras formas. Todo este tiempo tú y nuestros hijos fueron mi único pensamiento, mi única prioridad. Te dejé pistas. Los regalos, las cartas, las visitas nocturnas… todo fue una forma de prepararte para este encuentro y que no sintieras tan sola. Tú misma lo dijiste, Snow te tiene en la mira y corres peligro con él. ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si la carta en la que te contaba la verdad hubiera caído en manos equivocadas? ¿Un agente de paz? ¿O el mismísimo presidente? No sólo se hubiera descubierto mi situación, también tu vida y la de nuestros bebés estaría en peligro aún más por ser cómplice. Todas las cartas están escritas como si yo estuviera muerto. Si alguien las encuentra no vería nada raro, aún así espero que hayas deshecho de ellas.
-Las enterré. No podía quemarlas.
-¿En el bosque?
-Sí. Y en un escondite de un árbol hay una caja, con todas las respuestas a tus cartas.
-Lo sé. Leí todas y cada una de ellas.
-¿En serio?
-Sí, hace meses las vengo leyendo y siempre las volvía a dejar en el mismo lugar para que no sospecharas. Después me di cuenta que una vez que las metías allí, ni siquiera revisabas que estuvieran dentro, así que las reemplacé por sobres idénticos con hojas en blanco dentro. Y siempre las tengo a mi alcance para leerlas.
-No esperaba que las leyeras nunca. Pero el Doctor Aurelius me dijo que me ayudaría descargarme escribiendo en un diario íntimo. Y no lo hice precisamente de esa forma, más bien elegí responderte cada carta como si pudiera llegar a ti.
-Y llegaron. Me dolía mucho leerlas, darme cuenta como sufrías sin poder ir a tu lado para consolarte.
-¿Por qué no viniste antes? ¿Por qué esperaste hasta el mes pasado?
-Tenía prohibido acercarme a ti antes.
-¿Ellos te lo prohibieron?
-Ellos me lo recomendaron y yo lo consideré adecuado. Necesitaba que todo se calmara y no quería lastimarte.
-¿Cómo me lastimarías?
Desvío la mirada afuera y Katniss toma mi rostro entre el suyo y se pone frente a mí.
-No podrías herirme, cuando me sentí morir cada día sin ti.
Sí puedo. Te puedo herir más y muy rápidamente. Te puedo matar en un segundo. Pienso.
La miro con tristeza.
-Tú no lo entiendes. Y no tienes porque entenderlo ahora. Prometo que te lo diré cuando llegue el momento.
-¿Por qué tanto misterio?
-Te estoy protegiendo. Hay cosas que están fuera de mi control ahora. Corres mucho peligro por todos lados y es mejor que sepas lo justo y necesario, por tu propio bien y el de nuestros hijos. No quieres que les pase nada ¿cierto?
Niega con la cabeza.
-¿Qué tipo de madre piensas que soy? –Pregunta ofendida.
-La mejor de todas. –Murmuro. –Aunque ahora no quiero que ni siquiera consideres la opción de matarte para liberarlos del peligro o del castigo de Snow. Estoy aquí contigo, saldremos de esto adelante como la familia que somos. Los protegeré. Tú eres la razón de mi toda mi existencia. Ahora más que nunca necesito que seas fuerte, porque vienen tiempos difíciles; también que confíes en mí. Yo puedo acabar en segundos con todo aquello que está amenazando tu vida, la de nuestros hijos y tu familia, los puedo salvar. Tengo gente de mi lado ayudándome a protegerte y la rebelión está desarrollándose. Solamente debes tener paciencia y verás que dentro de unos meses todo mejorará para nosotros y te prometo que los llevaré a un lugar seguro.
-¿Lugar seguro? ¿En Panem? No puedes hablar en serio, Peeta. No hay nada.
-Sí, lo hay. De ser necesario hay muchos lugares fuera de Panem en los que puedo ubicarte a ti, tu madre y Prim.
-¿Cómo lo sabes? –Pregunta interesada.
-Panem no es único lugar habitable del mundo. Ni América es el único continente donde viven en comunidades. No estamos solos como los gobernantes del Capitolio nos hacen creer. Pero ¿podemos discutir eso después? No quiero marearte más.
Ella asiente, hasta para ella es mucha información.
-Vale. Lo acepto. Pero ¿al menos me dirás quienes son esas personas? Necesito saber si esa gente con la que estuviste o estás es buena y te han cuidado ¿Tengo derecho a saber eso?
-Claro que lo tienes. Y sí, son excelentes personas y supieron contenerme, me ayudaron todo este tiempo y me aconsejaron bien para que hoy fuera posible estar aquí contigo.
-¿Son como tú?
Asiento.
-Y tú conoces a algunos de ellos.
Edward, creo que es hora de que sepa en quien puede confiar. Pienso.
Sé que me escuchará donde sea que esté.
-¿Cómo que los conozco?
-Ahora lo sabrás –murmuro al escucharlos acercarse a la cabaña.
