Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo veintidós

Katie estuvo molesta de que Emmett y Jasper se hayan ido sin despedirse, pero eso era esperable. No había forma de que ellos fueran a quedarse toda la noche sin llorar, pero había sido decidido entre los adultos que sería mejor para Emmett y Jasper que se fueran cuando Katie estuviera distraída. Era una ruptura tan limpia como iban a conseguir.

Después de eso, vinieron dos semanas difíciles. Edward y Bella le habían pedido a Emmett y Jasper dos semanas. Dos semanas donde tendrían a su hija para ellos mismos, donde no podría ver a sus papis anteriores. De hecho, se supone que todos debían mantenerse alejados. Nada de abuelos, tíos, tías. Simplemente, Bella y Katie, así podían acostumbrarse a ser su propia unidad dentro de su gran familia.

Fue entretenido en algunas formas. Más de una vez, Katie había sonreído con travesura cuando ella lograba "engañar" a Edward y Bella para dejar que hiciera algo que ella no debía hacer. Ella pensaba que estaba saliéndose con las suya cuando le permitían beber soda o mirar televisión por la tarde. En realidad, Edward y Bella simplemente creían en la moderación en vez de negar algo por completo.

Por el otro lado, ella había despotricado contra reglas que no había tenido antes. Katie era ligeramente mimada. Ella guardaba sus juguetes, pero no había tenido otras obligaciones bajo el techo de Emmett y Jasper. Edward y Bella eran de los que pensaban que los niños debían limpiar lo que ensuciaban. A veces, a Katie le gustaba treparse sobre su pequeño banco así podía no solo lavar su plato, sino el de sus padres también mientras todos ayudaban a limpiar la cocina. Otras veces, cuando ella no quería limpiar el desastre que ella antes no había tenido que hacer, lloraba, gritaba y les rogaba que le dejaran hablar con Emmy y Jasper, seguramente para quejarse por lo mal que la estaban tratando.

—Me hace desear que tuviera a cenicienta —Bella le dijo a su padre en el almuerzo un día. Su tono era irónico, pero sonrió con cariño—. Ella es tan dramática a veces.

—Mike tuvo una época dramática cuando tenía tres años más o menos —dijo Charlie—. Cada vez que rompía algo, lo cual era hora por medio algunos días, se lanzaba al suelo suplicando por merced. Se colocaba de rodillas y con sus manos enlazadas decía "No me odies, papi, por favor." —Charlie rio, sacudiendo su cabeza—. Jamás supe si reír o llorar.

—Eso es fuerte.

—Eso es la paternidad. —Charlie inclinó su cabeza, analizándola—. La maternidad te queda bien, Bells. Jamás te he visto así de feliz.

Bella se sobresaltó. ¿Estaba feliz?

La mayoría de los días se sentía abrumada más que todo. Constantemente dudaba de sí misma, especialmente cuando Katie estaba molesta o triste. Ella seguía preguntándose si su hija alguna vez la miraría con toda la confianza y el amor que los niños les entregaban a sus padres. Katie sí la amaba, pero no la miraba cómo lo hacía con Emmett y Jasper. No era lo mismo, y eso era peor para Edward.

Pero…

Su bebé venía de la escuela y corría a contarle todas las cosas que había hecho ese día, le mostraba su arte y sus proyectos. Ella se trepaba al regazo de Bella para hacerle un sinfín de preguntas y charlarle sobre todas las cosas de niña que llenaban su cabeza. Ella no le había dicho a Bella que la amaba, pero la abrazaba, la besaba, y se acurrucaba junto a ella cuando todos veían la televisión juntos.

Sobre todo, después de muchos años, de muchas noches preguntándose qué le había pasado a su bebé, Bella jamás dejará de maravillarse de saberlo. Ella siempre sabía dónde estaba su hija ahora, y la mayoría de las veces, simplemente podía verla si quería.

Bella no pudo evitar sonreír.

Estoy feliz. Es difícil. No sé lo que estoy haciendo, pero es como… —Se frotó las manos, considerando sus palabras—. Quería ser mejor por ella. Cuando estaba embarazada, solía hablarle y decirle que sería una buena madre, una buena persona.

Bajó la mirada hacia la mesa, incapaz de mirar a su padre a los ojos.

—No sé qué hubiera pasado si no hubieras estado allí. Ella me salvó primero, mi bebé. Estaba metiéndome en cosas muy malas. —Ella había comenzado a beber, a automedicarse con drogas, comenzó a juntarse con las personas incorrectas—. Cuando quedé embarazada, dejé de hacerlo porque quería ser mejor para ella. Si no hubieras estado allí, hubiera vuelto, creo. Dios, quería hacerlo. Quería olvidar por un momento, dolía demasiado. —Se frotó el pecho, aliviando el dolor que solía ubicarse allí.

—Pienso en ello todo el tiempo. Si no la hubiera perdido, ¿qué tipo de madre hubiera sido? ¿Qué tipo de madre puedo ser ahora? No le puedo dar todo lo que Emmett y Jasper le daban. —Bella dejó caer sus manos mientras levantaba su mirada hacia su padre—. Pero sí mejoré. Incluso sin tenerla, mejoré contigo, con Karen y los niños. Creo que he sido mejor madre incluso cuando no la tenía. Ahora que lo hago, es como si… No quiero decir que me siento completa, porque eso suena como si fuera perfecta, y no lo soy. —Rio—. Para nada, pero es como si construí mi nueva vida alrededor de este hueco del tamaño de Katie y ahora ella simplemente encaja. ¿Acaso eso tiene sentido?

—Por supuesto que sí. Creo que la mayoría de los padres se construyen respecto a lo que quieren transmitir, la persona que quieren que sean cuando crezcan. —Charlie señaló vagamente a su alrededor—. Esto es madurar.

Bella miró a su padre y sonrió.

—Un curso intensivo, ¿eh? Tuve que madurar rápido cuando quedé embarazada a los diecisiete años.

—Oh, cariño. Creo que maduraste mucho antes que eso. —Charlie frunció sus labios—. Si tu madre me hubiera dicho… —Sacudió su cabeza—. Como sea. Al final, tuve un hueco del tamaño de Bella toda mi vida y no lo sabía. No puedo imaginar mi vida sin ti, pequeña. Tú, mi hermosa nieta, e incluso puedo apreciar a Edward. Ya sabes… un poco.

Bella sonrió.

—Él es bueno con nosotras.

Charlie gruñó, pero asintió.

—Hablando de eso, ¿la niña sigue con su trampa para padres?

—Ella se asegura que hagamos cosas juntos, e insiste en dormir con nosotros dos. —Bella se sonrojó un poco. Charlie la había visto en su peor momento, después de todo. ¿Qué era hablar con su padre sobre estar en la misma cama que el papá de su bebé?

—Deberías comenzar a acostumbrarla a dormir sola pronto.

—Lo sé. Simplemente es bueno tenerla ahora mismo. Han sido solo dos semanas. —Ladeó su cabeza, pensando—. Además, es más fácil para Edward y para mí conectarnos. Todo el día estamos trabajando o ocupados con Katie. Ese pequeño momento después de que Katie se duerme es cuando podemos hablar sobre cómo vamos con ella.

Charlie le dedicó una mirada sardónica.

—Esa es una ventaja de dormir en la misma cama que tu pareja. A veces, es el único momento que tienes para hablar.

Él la estudió por un momento, y entonces exhaló con un bufido. Bella se tensó. Él tenía una expresión en su rostro que decía que iba a hablar de algo con lo que no estaba cómodo.

—Voy a decirte esto no porque crea que necesites mi bendición, sino porque sé que puedes meterte en tu cabeza que no eres capaz de lidiar con ciertas cosas después de todo por lo que has pasado. He visto cómo miras a Edward.

—Papá —dijo Bella con un gruñido.

—Y he visto cómo te mira él. Es muy natural. Viven juntos. Tienen un bebé.

Bella escondió su rostro entre sus manos.

—Oh, diablos.

—Todo lo que digo, Bella, es que si lo que te detiene es la posibilidad de arruinar las cosas, no te preocupes. Los dos tienen la cabeza en su sitio, y eso es mucho más de lo que muchas parejas tienen.

~0~

Era sorprendente lo rápido que la vida se convertía en una rutina.

Bella encontró un trabajo fijo en atención al cliente los primeros días de enero, así que las mañanas eran agitadas. Hasta hace un mes antes, Edward y Bella eran de los que desayunaban en la barra. Ahora tenían que bajar el ritmo lo suficiente para asegurarse de que Katie estuviera vestida, lista para el colegio, y enviarla con el estómago lleno.

Después del colegio, Katie se quedaba con Edward en su salón hasta que él estuviera listo para volver a casa. Las noches se dividían entre tareas, juegos, y la cena. A Katie le leía un cuento Bella o le cantaba una canción Edward, recibía besos y abrazos de sus dos padres, y le aseguraban que el velador estaría prendido durante toda la noche. A veces se quedaba en su cama. A veces, ella terminaba con uno de ellos. A veces, todos terminaban en la misma cama, una pequeña familia acurrucada junta.

Los fines de semana usualmente era una mezcla de tiempo compartido entre ellos o con la familia. Ellos veían a Emmett y Jasper por al menos unas horas. Juntos. Edward y Bella no confiaban todavía en dejarlos solos con Katie.

Un sábado a la mañana en febrero, Edward fue al centro comercial para tener un tiempo de padre e hija. De todas las relaciones, la suya era la más tensa. Ella era amigable con él, pero se acercaba más a Bella. Ella seguía refiriéndose hacia él como "mi papi" en vez de llamarlo "papi".

Aun así, ella confiaba en él. Aferraba su mano y se pegaba a su lado cada vez que alguien le sonreía o le saludaba. Edward acarició su cabello en consuelo, llevándola hacia el directorio del centro comercial.

—¿Qué quieres regalarle a tu abuela por su cumpleaños?

—Mmm. —Katie dio unos golpecitos en sus labios, observando el letrero—. ¿Cuál es este? —Señaló a uno de los recuadros grandes.

—Nordstrom, y eso se nos va de presupuesto.

Ella estiró su cuello para mirarlo.

—¿Qué significa eso?

—Es mucho dinero, cariño. Intenta otro.

Katie miró las tiendas y señaló uno al azar.

—¿Qué tal ese?

—Bath and Body Works. Eso se puede. ¿Quieres regalarle a la abuela un lindo jabón perfumado?

—Eso es aburrido.

—Mala mía. Mala mía. —Despeinó su cabello—. Quizás deberías decirme qué tipo de cosa quieres regalarle. —Señaló a una tienda—. ¿Libros de Barnes and Noble? ¿O quizás algo de Things Remembered? Puede que le guste eso. Una caja plateada para sus joyas que tenga grabado "abuela". —Edward sonrió. Seguía siendo algo bizarro pensar que su madre era una abuela—. O podemos grabar "Abuela Esme".

—¿Es sofisticado? La abuela es una señora sofisticada.

Edward rio y bajó la mirada hacia su hija.

—¿Qué significa eso?

—Bueno, su cabello siempre está hermoso, y su maquillaje nunca está corrido. Ella es muy limpia. Nunca se ensucia. Y trabaja en casas sofisticadas.

—Eso suena muy sofisticado. —Le ofreció su mano de nuevo—. ¿Por qué no vamos a Things Remembered y vemos si hay algo que te guste?

Katie estuvo de acuerdo.

—¿Qué tal para día de San Valentín? —preguntó ella mientras caminaba.

—¿Qué hay con eso?

—Mami es tu amor, ¿no? Y los que se aman deben regalarse cosas en día de San Valentín. No tarjetas o dulces como en el colegio, sino algo especial. Y deberían salir a cenar también. Y regálale flores.

—Mmm. —A pesar de su diversión, el estómago de Edward comenzó a removerse de los nervios—. ¿Y si quiero que tú seas mi amor este año?

Katie sacudió su cabeza.

—No. Eso no funciona. Amas a mami, ¿no?

Edward suspiró. Él y Bella habían asumido que esto iba a pasar, pero no era una conversación que él quería tener.

—Por supuesto que amo a tu madre, pero sentir amor y ser una pareja no son lo mismo. No somos una pareja como lo son el abuelo y la abuela o Emmett y Jasper.

Llegaron a la tienda, y Katie se distrajo con las cosas lindas y brillantes. Después de mucha discusión y debate, Katie eligió una caja de mensajes secretos, una caja para joyas en forma de almohadón con una mariposa en la tapa. Estaba fascinada con la idea de cualquier palabra que deseara podía ser grabada en una hoja de metal que se escondía adentro de la caja.

—Ella va a amarlo —le prometió Edward cuando Katie le preguntó por cuarta vez. La pequeña a veces seguía estando insegura de su nueva familia. A ella también le gustaba hacer sonreír a los adultos en su vida—. ¿Qué tal algo para almorzar?

—De acuerdo, yo… ¡Oh! —Katie tiró del brazo de Edward, dirigiéndolo hacia otro lado—. Ya sé. Esto es perfecto.

Edward pensó que Katie era algo joven para Hot Topic, pero claramente algo le había llamado la atención. Rio cuando ella corrió hacia una pared de Funko Pop.

—Mami le dijo a la tía Alice que ella necesitaba juguetes para su escritorio. A ella le gusta este tipo. —Tomó una figura de Jack Skellington de El Extraño Mundo de Jack—. Deberías regalarle esto. Si le compras esto y le das una flor hermosa, apuesto a que sería tu amor.

—Katie —dijo Edward con un suspiro exasperado.

—Está bien. Sé cómo tratar a una dama.

Edward tuvo que tapar su boca con una mano para camuflar su risa.

—Esto tengo que escucharlo.

—¿Ves? Tienes que ser encantador. —Se llevó un dedo a los labios, como si estuviera pensando—. Tienes que vestir tu mejor ropa y tu perfume super especial. El que te hace oler muy masculino, pero bien. No a sudor masculino. Y tienes que darle una flor y un regalo. Excepto que no puede ser algo tonto. Tiene que ser considerado. Si le das esto y le preguntas si puede ser tu amor, ella dirá que sí.

—¿Dónde aprendiste todo esto? —preguntó Edward, completamente divertido.

La sonrisa de Katie se esfumó y bajó la vista hacia sus pies, tironeando de su camiseta.

—Emmy solía bromear con Jasper a veces. Dijo que tienes que trabajar mucho para hacer sentir a tu chico o chica especial. —Llevó su mirada hacia Edward, inclinando su cabeza—. Ya dejas que mami duerma en otra habitación. No quiero que se vaya más lejos.

A Edward le costó tragar saliva alrededor del nudo que apareció en su garganta. Nunca se le pasaba por alto que él y Bella la habían apartado de unos padres amorosos. Fácilmente podría imaginarla sentada en la cama mientras Emmett le contaba cómo iba a arreglar las cosas con su marido. Y él podía entender por qué ella temía que haya otro cambio.

—Está bien, tú ganas. —Miró el juguete de Jack Skellington en sus manos—. Cautivar a mami. Bueno, esto será interesante. Eres una pequeña muy inteligente, ¿sabías eso?

Ella se alegró y le sonrió.

—Lo sé.

Él rio, revolviéndole el cabello. Tomó la figura de Baymax Pop que Katia había estado mirando de reojo.

—¿Qué tal esto? ¿Qué tal si tú y mami son mis amores? ¿Y todos podríamos ir a cenar?

Ella pareció estar tentada, pero sacudió su cabeza.

—No. No lo creo. Creo que el día de San Valentín no es para niños como yo. El abuelo y la abuela pueden cuidarme. Tú y mami necesitan un momento de adultos.

—¿Piensas que tus abuelos no tienen planes?

Katie consideró esto.

—No. Creo que mis abuelos son muy viejos para ese tipo de cosas.

—Me aseguraré de contarles que dijiste eso. —Sacudió su cabeza. Hablando de ser cautivado. Su hija lo tenía envuelto en su pequeño dedo—. Estoy seguro que estarán felices de tenerte por unas horas.

—Pero puedes igual comprarme un Baymax por San Valentín. Eso estaría bien —dijo Katie, poniendo una expresión de inocencia pura.

Edward resopló.

—Ah. Qué bueno que sepas todas las reglas de San Valentín, pequeña. Estaría perdido sin ti.

Al final, terminó comprando a Jack, Sally, y Zero para Bella, y un Baymax y Honey Lemon para Katie. Lo que sea para sus amores.