Kitty Trouble
Por Phoenixmaiden13
Traducción por Alyssa S.
Capítulo 21
El Ministerio de Magia tenía tanta actividad como de costumbre cuando llegó Tom al lugar. Las personas le daban un breve vistazo más continuaron con su camino; en algunas de estas, se podía vislumbrar un breve interés y otras con curiosidad. Ciertamente, era muy diferente al usual pánico masivo que se formaba después de su llegada, donde tropezaban, caían y chocaban entre ellos intentando escapar mientras gritaban como locos llenos de terror. Una parte de él lo extrañó. Sin embargo, ignoró ese pensamiento; no era el tipo de pensamientos que uno tenía cuando estaba a punto de tener una reunión con el ministro para parar todo ese asunto de asesino en masa.
Salió del ascensor y acercándose al mostrador de recepción, llamó la atención de la recepcionista.
—Disculpe.
Esta levantó su mirada e inmediatamente, la expresión de aburrimiento que había tenido se esfumó.
—¿E-en qué puedo ayudarle? —La bruja tartamudeó, observando al atractivo hombre delante de ella.
Tom mostró una sonrisa encantadora y la bruja parecía derretirse ante sus ojos.
«Sí, todavía lo tengo.»
—Tengo una reunión con el ministro.
—Su nombre, por favor. —La mujer se sonrojó mientras bajaba su mirada hacia la agenda en su escritorio.
Tom estuvo tentado a decir 'Lord Voldemort' sólo para ver su reacción.
—Tom Ryddle.
Revisando el librito, encontró su nombre y asintió.
—Espere un momento. —Se levantó y se dirigió hacia un pequeño pasillo antes de golpear la puerta encontrada en este. Se detuvo para escuchar algo antes de asomar su cabeza dentro de la habitación tras la puerta, segundos después la cerró y regresó a su lugar—. El ministro le atenderá.
—Gracias, Victoria. —Tom le dijo, tomando el nombre de la plaquita posada en el escritorio. Dicha bruja se sonrojó mientras le dio otra encantadora sonrisa antes de encaminarse a la puerta. Al abrirla, vio a Cornelius Fudge detrás de un majestuoso escritorio y a Albus Dumbledore sentado en una silla frente a él. También notó con humor a los diversos Aurores presentes en la habitación con ellos.
Dumbledore se levantó de su lugar y se giró para mirarlo, sonriendo con sus ojos azules brillantes.
—Tom, me alegro de verte. —Le dijo.
Tom frunció el ceño ante su saludo, pero contestó.
—No podría decir lo mismo de ti. —Puede que haya renunciado a la guerra, pero aún odiaba con todo su ser a Dumbledore. Su vista se dirigió hasta Fudge—. Ministro. —Reconoció, dando un leve cabeceo en saludo. Fudge se removió nervioso en su asiento antes de contestarle.
—Sr. Ryddle.
Tom miró a su alrededor antes de comentarle, irónico.
—¿Esto es realmente necesario?
Dando un leve vistazo en la mente de un Auror, descubrió que no sabía por qué estaban allí. Estaban bastantes confundidos en cuanto a por qué tenían que estar allí en primer lugar, resguardando al ministro de un caballero aparentemente razonable, y no amenazante. No era como si fuera el Señor Oscuro o algo así.
Volteando a ver al ministro, levantó una ceja, interrogante.
Fudge pareció sudar bajo la mirada de Tom.
—Sí, bueno... precauciones generales. Tu entiendes.
Tom tarareó suavemente y se adentró más a la habitación. Fudge se sentó más recto mientras lo hacía, Tom sonrió en su interior ante esa acción. Sacó su varita y le complació ver a Fudge estremecerse, pero todo lo que hizo el elegante hombre de oscuros cabellos fue evocar una silla cómoda antes de sentarse sobre esta.
—Sí, lo sé. Pero no creo que le gustaría que alguien más sepa sobre esto...
—Sí, Cornelius. No creo que todo esto sea realmente necesario. —Dumbledore le dijo.
—Pero- —Dumbledore le miró por encima de sus gafas y Fudge bajó su vista en derrota—. Ok. Está bien. —Le hizo un gesto a los Aurores para que se retirasen de la habitación, estos cumpliéndola al instante.
—Y ahora —Dumbledore comenzó dirigiéndose hacía Tom—. ¿Confío en que Harry y los mellizos están bien?
—Sí, lo están. Y mucho. —Tom respondió.
Dumbledore se rió y le dio una mirada cómplice.
—Parece que no has podido dormir bien desde hace un tiempo.
—No creo que estemos aquí para hablar sobre mis hábitos de sueño. —Tom dijo al instante.
Dumbledore asintió con un movimiento de su cabeza antes de continuar.
—Estaba muy sorprendido cuando recibí una carta tuya, y mucho más por su contenido. Necesito asegurarme, ¿realmente vas a renunciar a la guerra?
Tom se quedó en silencio por un minuto y echó un vistazo al ministro que estaba inclinado hacia delante en espera de una respuesta.
—Sí.
Fudge se echó para atrás y dejó escapar todo el aire que había estado conteniendo.
—¿Por qué?
—Tengo mis razones —Tom sonrió—. Pensé que quería que la guerra acabase.
—¡Por supuesto que sí! Yo solo... solo... —Se esforzó por encontrar las palabras.
—Lo que Cornelius está tratando de decir es que fue una sorpresa que te hayas dado por vencido después de todos estos años.
—Cosas suceden—Tom dijo con un encogimiento de hombros. No estaba demasiado ansioso por compartir sus pensamientos o motivos con esos dos, prefiere terminar esto lo más rápido y pronto posible. Por no decir que ambos eran idiotas por lo que a él respecta.
—Sin duda. Bueno, vamos a ir al grano. En tu carta tenías una lista de condiciones que nos pediste. El ministro y yo hemos acordado que pueden hacerse.
—Bien.
—Pero nos gustaría añadir algunos de tus seguidores en la lista que nos otorgaste.
—¿Oh? —Dumbledore le entrego un pergamino con unos pocos nombres agregados en ella, así como las razones por las que los pidieron—. Creo que será posible, con excepción de uno: Lucius Malfoy.
—Dijiste que podríamos añadir cualquier nombre. —Fudge dijo acaloradamente.
Tom lo miró antes de apoyarse contra su silla.
—Y lo hice, pero solo si encuentro una razón que lo contradiga.
—¿Puedes explicarte? —Dumbledore preguntó.
—Es sencillo. En los últimos meses, Harry se ha apegado mucho a Lucius. No creo que esté muy feliz si lo encarcelaran. —Tom explicó, sonriendo en su interior al recordar el nuevo apoyo que Harry le puso al patriarca de los Malfoy. Lucius no se veía muy feliz cuando Harry le empezó a llamar Lucy, pero eso era una buena señal de confianza por parte de Harry.
—Ya veo. —Dumbledore miro fijamente a Fudge cuando este parecía que iba a decir algo, cerrando efectivamente la boca del otro hombre—. Bueno, ¿hay algún otro problema?
—No, no veo ninguno. —Tom comentó después de darle una ultima mirada a la lista.
—Bueno, ahora pasemos a otras peticiones. Cornelius ha aceptado absolver completamente a todos los seguidores que no se encuentren en la lista con una sola condición.
—¿Y esa es? —Tom preguntó.
—Que cada uno de ellos... contribuyan a la comunidad mágica de alguna manera—Le dijo Fudge mientras tomaba unos papeles para no tener que mirar a Tom—. No compensará todo el daño que han hecho a lo largo de los años, pero es algo.
—Eso no sería un problema. —Tom respondió después de dar un asentimiento con la cabeza.
—También, accediste a ser castigado. —Fudge soltó, y no disimulo la alegría en su rostro. Dumbledore le dio una mirada de advertencia, misma que fue ignorada.
—Sí, lo hice. —Tom dijo lentamente.
—Propongo que seas despojado de tu magia indefinidamente—Fudge dijo con una expresión de suficiencia.
—¡Cornelius! —Dumbledore le siseó, obviamente eso no siendo parte de lo acordado.
—No. —Tom dijo con frialdad. Vio lo que estaba tratando de hacer. Si no tenía magia, no podría defenderse si Fudge decidía tenderle una emboscada cuando se fuera y así, encerrarlo. No había ninguna maldita manera que abandonara a sus gatitos, dejándolos sin un padre.
—¿Qué? —Fudge gritó poniéndose de pie, claramente luchando por mantener su infame temperamento bajo control.
—Ya me ha escuchado, ministro. —Tom se burló—. ¿De verdad creías que iba a renunciar a mi magia como si nada? Me parece que no.
—¡Tú estuviste de acuerdo en que debes ser castigado! —El rabioso hombre rugió.
Tom se levanto lentamente de su lugar tratando de controlar y no perder los estribos.
—Necesito recordarle que me rendí a esta guerra de buena manera. No tengo reparos en salir y continuar lo que empecé. Si tengo que matar a cualquiera que se atreva a alejarme de proteger a mi familia, lo haré, incluyéndolo.
—No puedes-
—¡Cornelius, ES SUFICIENTE! —Dumbledore gritó, y el mencionado hombre calló. Tom tenía que darle crédito al anciano, podía darle miedo a una persona si lo intentaba—. Ahora, Cornelius, no tenías derecho a hacer una proposición. El Sr. Ryddle vino aquí por su propia voluntad para hablar de esto como hombres civilizados, y actuarás como tal. Además, ya habíamos acordado cuál... sería el castigo del Sr. Ryddle. —Dumbledore volteó a ver al ex Señor Oscuro antes de desenrollar un pergamino y entregárselo—. Habíamos decidido que devuelvas cualquier objeto y artefacto oscuro que tengas en tu posesión al Ministerio.
Tom no pudo ocultar la sorpresa en sus ojos mientras miraba a lo largo del pergamino en sus manos. Era un contrato en el que, a cambio de no ser perseguido por el Ministerio y sus Aurores como criminal de guerra, estaba dejando su título de Lord Voldemort y rindiéndose a la guerra. También, que estaba de acuerdo en renunciar a todos los artefactos oscuros en su poder y cedérselos al Ministerio como castigo. Su primera reacción fue decir no.
«Después de todo el problema y esfuerzo que fue conseguirlos, ¿quieren que tire todo eso a la basura? ¡Ni siquiera he terminado correctamente de revisarlo todo!» Tom pensó desesperadamente, pero no podía idear otra cosa para solucionar la situación. Se supone que este era un castigo apropiado, como diría Harry. Tom frunció el ceño antes de contestar.
—Bien. —Dijo de manera cortante—. Pero ¿puedo saber por qué?
—Por supuesto que puedes. Es sólo una simple cuestión de que estarían mejor a manos del Ministerio.
—Quieres decir que no confían en mí. —Tom replicó rotundamente.
—No, no. No quise decir eso. —Dumbledore trató de apaciguar la situación—. Es solo que nos sentiremos más seguros si los artículos no están... en tu posesión. Sé que tienes una gran cantidad de objetos oscuros que has acumulado a medida que los utilizaste contra nosotros en el pasado. También, queremos obtener el conocimiento de estos en caso de que alguien decida usarlos.
—Ya veo. Está bien.
Los ojos de Dumbledore brillaron fuertemente ante este hecho.
—Excelente. Si puedes firmar en la parte inferior del contrato...
Tom tomó una pluma y volvió a mirar el contrato. Colocó el pergamino sobre la mesa y procedió a firmarlo. Pensó que sentiría algún remordimiento por renunciar a una parte de sí que había estado con él la mayor parte de su vida, o al menos sentir algo; pero no lo hizo. En cambio, sintió una abrumadora sensación de alivio. A pesar de que extrañaría todo el caos que se formaba, con personas gritando y tratando de escapar de él, la sensación de volver a casa con Harry y sus hijos anularon enormemente aquel sentimiento y con mucho gusto, firmó el contrato sin pensarlo más.
—Sí eso es todo, me retiraré. —Tom dijo colocando la pluma en el escritorio y acomodando sus ropas.
—Bueno, sí lo es. Pero hay una ultima cosa que debemos de tratar.
—Ah, ¿sí? ¿Y cuál sería? —Tom preguntó con una leve molestia escuchándose en su voz y arqueando una ceja.
—A pesar de que te rendiste, Lord Voldemort... —Al decir ese nombre Fudge se estremeció, haciendo a Tom sonreír— ... no puede desaparecer como si nada, no se sabe hasta qué punto el pánico podría envolver a la multitud después de años de terror ante tu ausencia repentina y por tanto, tu aparente e inevitable retorno. —Dumbledore le explicó.
Tom asintió en consideración antes de responder a la inquietud del mayor.
—Veo tu punto. Si Voldemort va a desaparecer completamente, algo tendrá que pasar. Asumo que tienes una idea en mente para resolver este problema, ¿no?
Dumbledore le miró a cambio, sus ojos brillando con algo casi similar a la malicia.
—Creo que tengo uno.
xxx
Cuando Tom llegó a su casa, estaba completamente agotado. Hablar con ambos, tanto el maniático de Dumbledore como el idiota incompetente de Fudge, podía dejarte así. Nunca había estado tan contento de regresar a su casa.
Harry entro por la puerta de la entrada llevando una canasta entre sus brazos cubierta con una manta. Tom lo miró con curiosidad, pero Harry simplemente colocó el objeto entre sus brazos en el suelo y arrastrando los pies, se le acercó.
—¿Cómo te fue? —Harry preguntó mientras le daba un beso en la mejilla y acomodaba su camisa, nunca mirándolo a los ojos.
—Todo ha ido bien, hasta que Fudge decidió que quería despojarme de mi magia.
Ante esto, Harry levantó su vista rápidamente.
—¿Qué? —Concentró su propia magia y se acercó a Tom, sintiendo la magia de su compañero reaccionar a la suya—. Todavía está allí. —Harry soltó, aliviado.
—No iba a dejar que me la quitara. Pero la forma en que lo dijo, como si no tuviera ninguna otra opción. —Tom dijo acercando a Harry y aspirando su aroma.
—¿Destruiste algo? —Harry le preguntó acurrucándose contra él.
Tom se apartó un poco de él y le dio una mirada que decía «¿Me veo como una persona que hace eso?»
—No, no lo hice.
—Bien. ¿Así que, todo fue bien? —Ante el asentimiento de Tom, Harry sonrió. —¡Eso es maravilloso! —Entonces, se dio cuenta de la mirada sombría en su rostro—. ¿Qué?
—Como mi castigo, Dumbledore quiere que entregue todos mis objetos oscuros.
—Ah. ¿Todos ellos?
—Sí, todo.
—¿Y?
Tom inhaló bruscamente, antes de responder.
—Lo acepté.
Los ojos de Harry se abrieron al igual que sus orejas se alzaron de la sorpresa.
—¿En serio?
—Sí. —Tom dijo con voz derrotada.
—Yo, no sé que decir—Harry dijo agachando un poco sus orejas—. Siento que tengas que hayas tenido que renunciar a todo eso, pero hay un montón de cosas por toda la casa que son peligrosos para los mellizos si llegan a ellos.
—Sí, pensé en eso. No quiero deshacerme de ellos, pero valdrá la pena si eso significa que mi familia se mantendrá a salvo. —Harry sonrió y lo volvió a abrazar—. Pero aun deseo que no me quiten todos. Me gustan algunos.
—Deja de quejarte, bebé grande.
Tom se rió ante el apodo, antes de comentar.
—¿Los mellizos están dormidos?
Harry aflojó su agarre contra Tom y retrocedió un paso.
—Uhm... sí...
—Ya veo. —Tom dijo y miró a la canasta. Había algo moviéndose dentro de esta—. ¿Qué hay dentro de la canasta? —Preguntó, y dio un paso hacia ella. Harry saltó delante de él bloqueando su camino.
—¡Espera! H-hay algo que tengo que decirte.
Tom entrecerró sus ojos y lo miró. Harry se había visto cansado, pero ahora parecía repentinamente preocupado y al borde de la histeria.
—¿Qué pasa?
—Pues, bueno... Hoy...—Harry comenzó a hablar, retorciendo sus manos mientras hablaba y el pecho de Tom la agitación creía—-. Nosotros estábamos, me refiero a Severus, Ray, los gemelos y yo, en el jardín haciendo un picnic. Estábamos platicando, pero luego... y luego... ¡Y ahora...!
—Harry. —Le dijo tomando firmemente los temblorosos hombros de su amante con sus manos, hablando por encima de la cabeza inclinada del más joven—. Cálmate, ¿qué pasó? —Tom no pudo evitar sentir un miedo acumularse en su estómago.
—E-es un poco extraño, en realidad. —Dijo Harry con una leve risa nerviosa.
—Harry. —Tom dijo ligeramente en señal de advertencia. Ante ello Harry se removió antes de continuar.
—Bueno... ellos...—Harry se detuvo, dándose la vuelta para recoger el cesto tras de sí antes de hacerle un gesto a Tom con ella para que mirara dentro.
Alternó su mirada entre Harry y la canasta repetidamente antes de levantar suavemente la suave manta que la cubría.
... Y se llevó el susto de su vida.
Una cabecita peluda de tono negro con enormes e inocentes ojos verdes y azules apareció y le maulló alegre. Era un gatito, dos en realidad.
—¿Qué diablos ocurrió? —Tom preguntó con voz ronca. Cautelosamente recogiéndolos de la canasta con los ojos abiertos. Ellos comenzaron a lamer sus dedos y se retorcían en sus manos. Félix incluso llegó hasta su camisa donde se aferró a él con sus garras.
—Bueno...—Harry lo llevó a la sala donde le explicó todo—. Tratamos de revertirlo, intentamos hacer que vuelvan a estornudar, pero no funcionó. No quiero darles nada por si acaso algo llegara a ocurrirles. También llamé a Allie, pero tampoco sabe como deshacerlo. Dijo que solo tenemos que esperar hasta que decidan regresar a su forma.
—Así que... ¿no se quedarán de esta forma?
—No. —Harry le contestó, relajándose cuando se dio cuenta de que Tom no estaba enojado con él—. Van a regresar a su forma original. Es como lo que puedo hacer, convertirme en un gato y luego en humano. Pero no es como si necesitaran una poción para regresar a su forma como me pasó a mí, porque todo esto— Hizo un gesto hacia sus orejas y cola—Fue provocado por una poción en primer lugar. Los gemelos, a diferencia mía, nacieron así.
—¿Por qué no han regreso entonces? —Tom preguntó, sin dejar de mirarlos con los ojos abiertos mientras jalaba con cuidado a un inquieto Félix con un sonido parecido al velcro.
—Aun no tienen control de sus poderes para hacer eso. Así que, por ahora, estarán atrapados en esa forma. Allie dijo que sólo era un poco de magia accidental.
—¿Magia accidental? —Tom preguntó, incrédulo—. ¿Tan pronto?
—Sí, lo sé. —Harry dijo con orgullo—. Por lo general, los niños mágicos no empiezan a mostrar signos de magia hasta que tengan al menos dos años, pero los mellizos solo lo hicieron con tan solo unas pocas semanas de edad.
—Wow. —Tom susurró recostándose en el sofá luchando por controlar a los imperativos gatitos. Félix parecía querer quedarse encima de la mano de Tom o enredarse contra esta mientras una de sus patitas unida a la camisa de su padre.
Harry asintió, sonriendo ante la vista.
—Ahora sé cómo te sentiste.
—¿A qué te refieres?
—Estos dos no se quedan quietos. Antes no se podían mover porque eran bebés humanos. Pero ahora son gatitos con cuatro patas, y los gatitos aprenden a caminar muy rápido. Y una vez comprendieron eso, han estado disfrutando muy bien de su nueva libertad. Los he estado persiguiendo durante todo el día.
Tom miró a los gatitos que ahora estaban en su regazo, tan pequeños que cabían en una sola de sus manos, mirándolo mientras balanceaban sus colas alegremente y tratando de trepar por él a través de su camisa.
Y simplemente se echó a reír. Tan fuerte que ni siquiera podía respirar.
—¡No es gracioso! —Harry formó un puchero en su rostro en su queja.
—S-sí lo es. —Tom le dijo—. Es tan irónico.
—Sabes que son dos ahora, sin incluirme—Harry le espetó.
Tom inmediatamente dejó de reír al comprender todo lo que aquello implicaba.
—¿En qué me he metido? —Comentó en parsél.
Harry se rió antes de contestarle en el mismo idioma.
—Conssssideralo como tu propio casssstigo privado. —Siseó.
Ambos bajaron su mirada cuando sus hijos maullaron felizmente a ambos, sus pequeñas patas delanteras clavadas en la camisa de Tom y saltando con sus patas traseras tratando de impulsarse hacia delante. Tom hizo una pausa y luego les siseó.
—¿Pueden entenderme, pequeñosssss?
Ambos pares de orejas se movieron inmediatamente y dirigieron su mirada hacia su padre, comenzando a maullar aun más, casi como si les estuvieran afirmando.
—¿Crees que pueden hablar parsél? —Harry les preguntó recogiendo a Félix y acariciando sus orejas. Sus ojos azul-verdosos se cerraron en dicha y ronroneó.
—Con dos padres hablantes de parsél, diría que es muy probable. —Tom sonrió con orgullo—. Estos dos van a ser muy poderosos cuando crezcan.
Harry asintió y se acurrucó a un lado de Tom dejando que los gatitos se correteen entre ellos sobre los regazos de ambos.
—Ellos ya son poderosos. Me pregunto qué más pueden hacer.
Con la sensación de patitas gatunas jugueteando sobre su regazo, Tom inclinó su cabeza hacia atrás y rodeó a Harry con su brazo, abrazándolo con fuerza, una sonrisa de satisfacción se colocó en sus labios mientras cerraba sus ojos.
—No lo sé, tendremos que esperar y ver.
Nota de traductor:
Nos vemos en Kitty Paradise.
