Capítulo 36

Barbra

—Hola ¿Cómo estás?

Silencio.

Quinn no pudo continuar con su pregunta porque los labios de Rachel se posaron sobre los suyos con un rápido gesto que conseguía dejarla sin habla—Ok, ¿y ésta bienvenida? —susurró tras separarse de la chica.

—Lo siento, Quinn—se excusó aún bajo el umbral de la puerta—Fue un impulso—sonreía.

—Oh, ok, vamos, pasa… Te estaba esperando—balbuceó tratando de recuperar la compostura.

Eran las 20:30 de la noche, y la cita que habían planeado estaba a punto de comenzar tras la llegada de Rachel al hogar de Quinn.

Aquel beso fue la mejor opción que encontró Rachel para saludarla tras ver cómo le abría la puerta. Y fue la mejor opción, porque desde que la vio abrazando a Matt en el gimnasio aquella misma mañana, un pequeño nudo se adueñó de su estómago.

Confiaba plenamente en ella, sabía que Quinn no le haría esa jugarreta, pero eso no significaba nada. Matt si tenía sentimientos hacia ella, y ambas lo sabían. Besarla no hacia otra cosa más que confirmarle que lo que había entre ellas era real. Solo eso, no pretendía nada más.

Bueno sí, también saciar las ganas por los besos que tantas veces deseó robarle días atrás.

Quinn lo agradeció.

Sabía que aquella cita iba a ser algo más que una simple cena. Había muchas cosas de las que aún tenían que hablar, sobre todo después de lo sucedido aquella mañana, y la actitud de Rachel lograba calmar su inquietud. Una inquietud que había estado ocupando su mente durante todo el día.

—¿Qué tal Emily? —volvía a hablar tras ayudarla a desprenderse del abrigo.

—Bien. Se acaba de quedar dormida. Brody ha insistido en que podía dejarla un poco más despierta, pero me quedo más tranquila sabiendo que ya está dormida. —Le explicó—Espero que no se despierte y exija mi presencia.

—Brody lo hará bien—murmuró—¿No te ha preguntado nada acerca de esta cena?

—Eh, no, la verdad es que no. Supongo que una cena entre amigas no es tan extraña, y precisamente él lleva ya bastante tiempo echándome en cara que no quede contigo. Supongo que ya se habrá quedado tranquilo—añadió sin poder evitar lanzar una mirada a su alrededor.

—Supongo—musitó Quinn—vamos pasa, la mesa está lista.

—¿Velas? ¿Champán? —cuestionó sorprendida.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué te sorprende?

—No sé, no esperaba que fueses tan romántica…

—Es una cita, y no quiero que sea como una cena entre amigas.

—Ok, pero es demasiado típico, ¿no crees?

—¿No te gusta?

—Sí, si claro que me gusta—respondía rápidamente—Es sólo que no lo esperaba.

—¿Qué esperabas? Dijimos que íbamos a dejarnos llevar y a hacer las cosas que nos apetecía, sin pensar en…

—Quinn—la interrumpió acercándose a ella—Me encanta—susurró—Es la cita perfecta.

—¿Lo dices en serio? —preguntó dudosa.

—Mira esto—lanzó una mirada a su alrededor—Un maravilloso loft en mitad de Manhattan, una mesa con dos velas y una botella de champán, una cena que huele de maravilla, a pesar de que te dije que debíamos pedir la comida—miró hacia la cocina— Nueva York tras esos ventanales y la compañía de Superman, no necesito más, créeme.

—Te has olvidado de dos detalles más.

—¿Dos detalles? —volvía a mirar a su alrededor—¿Cuáles?

—Yo y la voz de alguien muy especial que nos va acompañar—espetó sonriente ante la curiosa mirada de Rachel, que ya la observaba acercarse hasta un reproductor de música.

Los primeros acordes de Woman in love de Barbra Streisand comenzaban a sonar, y Rachel ampliaba su sonrisa al máximo.

—Barbra —susurró— Déjame adivinar, ¿puse que era fan de ella mi perfil de esa app en la que nos hemos conocido? —se burló, y Quinn sonrió caminando hacia la mesa.

—Mas o menos. Pensaba contratarla a ella, a la mismísima Barbra, pero todavía no me pagan lo suficiente. Tal vez dentro de un par de años pueda hacerlo. —Le dijo separando la silla donde Rachel debía tomar asiento.

—¿Harías eso por mí?

—No te haces una idea de las locuras que soy capaz de hacer. Incluso cocinar—volvía a bromear, provocando la sonrisa en Rachel—¿Te parece bien que nos acompañe mientras cenamos? —preguntó y la morena asintió sin dudarlo—Perfecto. Vamos, siéntate.

—No, tendré que echarte una mano con la cena primero.

—No, ni hablar. La cena es en mi casa, soy yo la que se ha empeñado en cocinar, así que tú solo siéntate y disfruta.

—Pero Quinn…

—Pero nada, vamos—volvía a señalarle la silla con la mirada—siéntate, vuelvo enseguida.

Obedeció. Rachel terminó sentándose en una de las dos sillas que flanqueaban la mesa y observaba como Quinn ya se disponía a tomar la cena para servirla.

Realmente aquello era especial.

Quinn se encargó de apagar algunas de las luces y dejar solo las necesarias para que las dos velas, que ya había encendido, iluminasen tenuemente la estancia. La música sonaba baja, creando el mejor ambiente que podía imaginar para una velada así, y mucho más si era Barbra quien se dejaba escuchar. Y por supuesto, Quinn.

Rachel la observaba en el interior de la cocina completamente concentrada en sacar algo del horno que olía deliciosamente.

Aún no conseguía creer que aquello estuviese sucediendo de verdad. No podía perder detalle de sus gestos, de alguna que otra mueca de frustración al no poder llevar a cabo algo que se le escapaba de las manos en la cocina, y la sonrisa de satisfacción tras conseguirlo. Era perfecta. Físicamente Quinn era perfecta, pensó. No había conocido a ninguna chica con los rasgos tan perfectos como ella, y eso que había trabajado con muchísimas actrices y conocido a otras tantas. No había nadie sin maquillaje que luciera igual que Quinn, y en aquel momento, podía corroborarlo.

La rubia solo llevaba puesto un jersey de lana blanco y unos ajustados pantalones de un gris oscuro, conjuntados con unas pequeñas botas de esas que dejaban ver un cálido y agradable ribete de lana en la zona alta. Nada más. Quinn no llevaba nada más, solo su pelo suelto con algunas ondas y un poco de rubor en sus pómulos, algo que juraría que era más producto del cálido ambiente de aquel lugar, que por obra del maquillaje. Sencilla y natural, esas eran las características de la rubia en aquella cita, y Rachel juraría que podría haber desbancado a cualquier súper estrella que se interpusiese en su camino.

Tan ensimismada estaba observándola que no fue consciente de cómo ésta ya se acercaba a ella con los platos y la cena.

—¿Qué miras que no paras de sonreír? —cuestionó al percatarse de su actitud.

—Eh, oh, no, nada, solo, solo miraba esos platos—se excusó al tiempo que Quinn dejaba el suyo sobre la mesa—Huele de maravilla.

—Lo que huele bien aún está en el horno, éste es el primero. Una ensalada.

—¿Una ensalada?

—Ensalada de otoño con vinagreta de frambuesas—espetó sonriente.

—Ok, eso suena a restaurante de cinco estrellas—dijo sorprendida observando el colorido plato— voy a tener que venir más a menudo a cenar aquí.

—Puedes venir cuando quieras—sonreía tomando asiento frente Rachel.

—Lo haré, no te quepa duda. ¡Oh!, ¡Memory! —exclamó al escuchar la siguiente de las canciones que ya sonaban en el delicado hilo musical.

—Sabía que iba a ser buena idea—espetó Quinn sonriente.

—Lo es, Barbra siempre es una buena opción—añadía Rachel, que ya se disponía a probar la cena. Lo hizo tras recibir el beneplácito de Quinn. Y a partir de ese instante, todo lo que salió de sus labios eran halagos hacia ella, y comentarios curiosos sobre cada canción que sonaba de su querida Barbra.

Y mientras, Quinn la escuchaba, prestaba atención a cada cosa que decía y la miraba completamente absorta, sabiendo que aquel tiempo era oro para ella. Sabiendo que debía disfrutar como nunca lo había hecho de ella, antes de contarle lo que había estado torturándola durante todo el día.

Cinco canciones dejaron pasar, hasta que se decidió a hacerlo.

—Algún día cantaré esa canción con Barbra—volvía a hacer mención a la canción que en ese instante sonaba, y que les dejaba escuchar la voz de Céline Dion junto a la de la estrella neoyorkina—Tell him es maravillosa. ¿Sabías que Barbra sacó Higher Ground en homenaje a Virginia Clinton Kelly? Sí, a la madre Bill Clinton. Eran muy amigas, y cuando murió, en su funeral escuchó On Holy ground, y se emocionó tanto, que decidió grabar un disco para ella. Ahí, en ese disco está Tell him, que es una clara referencia a Dios, y a como…

—Rachel —Quinn la interrumpió sabiendo que probablemente le iba a molestar que lo hiciera, pero veía que no iba a detener su monologo hasta que no terminase la última de las canciones y no pudo aguantar más. —Tengo algo que contarte. —Añadió provocando su atención.

—Dime—Le dijo preocupada al ver el gesto serio que empezaba a dibujarse en su rostro.

—Verás, esta mañana sucedió algo cuando te marchaste del gimnasio—fue directa.

—¿Sucedió algo? —balbuceó un tanto asustada. La imagen del abrazo entre ella y Matt, aún rondaba por su mente.

—Sí, con Matt. —Añadió y Rachel casi se atraganta con su propia saliva al escucharla. — ¿Estás bien? —le preguntó y la morena asintió mientras trataba de aliviar la tos con un poco de agua. —Ok. No sé si lo viste, pero Matt llegó justo cuando tú te marchaste—comenzó a explicar tratando de mantener la calma—Así que aproveché para hablar con él, ya sabes por todo lo que sucedió con Henry.

—Ajam…

—Me he podido disculpar con él.

—Oh, pero eso está bien, ¿no? Es, es eso lo que querías, ¿verdad?

—Sí.

—¿Y lo ha hecho? ¿Te ha disculpado?

—Sí, pero después de explicarle que no quería hacerle daño. Ya sabes, él me gusta y yo no quiero que esté mal conmigo.

—¿Te gusta? —interrumpió mirándola fijamente a los ojos.

—Sí, ya, ya sabes.

—No, no lo sé—espetaba seria—¿Te gusta, Matt?

—Sí—respondía con tranquilidad hasta que descubrió la confusión en su rostro y volvía a hablar—No, no Rachel, no de esa forma—aclaró—No como me gustas tú, claro.

—¿Ah no? ¿Entonces?

—Me gusta como persona. Ya sabes, como amigo. Durante todo este tiempo se ha portado muy bien conmigo y no quiero que eso cambie. Por mí y por ti.

—¿Por mí?

—Claro, es mi compañero en la obra, tengo que trabajar con él a diario y no creo que tener mala relación sea bueno para el musical y para ti.

—Oh, cierto—susurró sin convicción.

—Rachel, no sé qué estás pensando, pero sea lo que sea, quítatelo de la cabeza—volvía a añadir tras ver como regresaba la mirada al plato—Ya te lo he dicho muchas veces, no me gusta Matt en ese sentido.

—Sí, lo sé—respondió tratando de mostrarse más segura—¿Y bien? ¿qué pasó entonces? ¿Te ha perdonado?

—Sí, pero creo que solo me creyó porque le tuve que confesar algo.

—¿Confesar? —balbuceó volviendo a aguantarle la mirada. Ver cómo esa vez era ella quien, hacia uso de un sorbo de agua para aclarar su garganta, la puso en alerta—¿Qué sucede, Quinn?

—Verás, Rachel. Le, le dije que me fui con Henry porque creía que necesitaba aclarar mis, mis dudas.

—¿Dudas? —susurró.

—Rachel, ya sabes que yo estaba mal aquel día—suspiró—, y que me fui con Henry para sacarte de mi cabeza—confesó— Y eso es lo que le he dicho a Matt.

—¿Qué? —se alteró dejando caer el tenedor sobre el plato—¿Le has dicho a Matt que te acostaste con Henry para sacarme de tú cabeza? Quinn ¿¡Estás loca!?

—¿Qué? No, no Rachel, no para sacarte de mi cabeza. Quiero, quiero decir, no le dije que eras tú, obviamente, le dije que era una chica y que sentía que necesitaba cometer ese error—aclaró.

—¿Le dijiste que te gustaba una chica?

—Sí. Y que, por esa estupidez, por no querer aceptarlo, me fui con Henry para… Para volver a sentir lo que era estar con un chico.

—Oh dios… ¿Le dijiste eso?

—¿Qué quieres que le diga? No me iba a creer si no le doy una excusa sensata. Esa noche podría haberme acostado con él si hubiera querido, pero ya sabes cómo son… La excusa de que lo quiero tener como amigo, no les convence.

—No, no puedo creer que hayas tenido que decirle eso para que te disculpe.

—Rachel, ¿qué querías que hiciera? He sido honesta, en parte claro, porque también podría haberle dicho que ese día estaba completamente aterrada porque creía que te seguías acostando con Brody, y porque me sentía como la mierda pensando que podía destrozar tu familia. Pero no creo que eso hubiera sido mejor.

—No, no, definitivamente no era la mejor opción, y la verdad, ni siquiera yo quiero oírte decir eso de nuevo. Me hace mal que pensaras así.

—No soy tan segura como crees—soltó.

—No se trata de ser segura o insegura, Quinn. Se trata de que creías que podías destrozar mi familia—repetía volviendo a dejar caer el tenedor sobre el plato—Mi familia perfecta… Eso es lo que me molesta.

—No entiendo…

—Quinn, ¿por qué piensas que Brody, Em y yo somos una familia perfecta? Deberías saber que para mí la familia perfecta nada tiene que ver con un padre y una madre—espetó molesta—para mí la familia perfecta es tener a los seres queridos a mi alrededor—sentenció.

—Lo siento, Rachel. Y no, no lo digo porque seas una mujer y él un hombre, es solo que estaba asustada y, bueno, incluso compartís cama y yo pensé que, a pesar de no estar con él, seguía existiendo algo. Que se yo—bajó la cabeza avergonzada—Lo siento Rachel.

—Brody y yo dormimos juntos porque Emily se empeña, nada más, Quinn—explicó—y los otros días lo hacemos porque o bien sus padres o los míos, han utilizado las habitaciones libres, pero te aseguro que no ha pasado nada entre nosotros, ni pasará.

—Lo siento, siento haber pensado así —susurró. —Pero de veras, ponte en mi situación.

—¿Qué situación?

—Lo que viví ese día cuando fui a tu casa. Yo, yo iba decidida a preguntarte si el mensaje que estaba en el dibujo era para mí. Y me encuentro con una escena jodidamente adorable.

—Oh dios…

—Rachel, yo no quería ser la amiga que llega después de Navidad con un regalo para Em, yo quería ser quien bajase por tus escaleras con ella entre mis brazos mientras discutía contigo por saber a quién le tocaba hacer la cama. —Le confesó y la imagen de Quinn a punto de llorar con el jersey la fotografía entre sus manos, apareció de repente en la mente de Rachel.

—Lo, lo siento Quinn—se disculpó cambiando el tono de su voz—Yo no quería que sintieras mal, de hecho, aquel día me moría de ganas por verte y por darte ese regalo—lanzó una mirada hacia la imagen—Yo quería que supieras que ya eras parte de mi familia porque pensaba que no iba a poder tenerte de otra forma, como ahora.

—¿Pensabas eso? —preguntó incrédula.

—Quinn, ya te he dicho que esto, esto que me sucede contigo no es algo de un día ni de dos, llevo sintiéndome extraña desde que llegaste a Nueva York, pero evidentemente, no me había dado cuenta o quizás, no he querido darme cuenta.

—Vaya—susurró.

—¿Cuánto tiempo hace que te sucede a ti?

—Pues, pues no sabría decírtelo, supongo que ha sido poco a poco, no sé, cuando llegué estabas tan rara que me obsesioné con acercarme a ti—respondía recuperando la calma—y había tantas cosas que no comprendía y que quería averiguar que cuando quise darme cuenta, todos mis pensamientos en el día iban dirigidos hacia a ti.

—No te voy a negar que eso me abruma, y me suena casi a ciencia ficción.

—Pues no lo fue. Ha sido real, y nada sencillo. No te haces una idea de la de cosas que he pensado que te sucedía ¿Y sabes qué? creo que la que más me impactó ha sido la que me ha provocado toda esa curiosidad que me ha llevado a interesarme por ti.

—¿Y cuál es?

—Creer que estabas con Kate—musitó sonriendo tímidamente—Pensar que Rachel Berry estaba con otra chica me provocaba una curiosidad casi enfermiza.

—¿En serio?

—Sí.

—Vaya, es curioso. Yo creo que a mí me ha sucedido lo mismo.

—¿Cómo? Yo te dije que no estaba interesada en las chicas cuando me mostraste ese foro en Internet.

—Ya, pero luego todo me hacía indicar lo contrario.

—¿Lo contrario? ¿Todo?

—Quinn, primero tu actitud con Kate, según ella te pusiste muy nerviosa cuando se te acercó en la calle, y sí, sé que es porque te dio un poco de miedo y pensabas que era una psicópata, pero también pensaste que porque ella me tomó del brazo mientras nos marchábamos, significaba que estábamos juntas.

—Pero eso fue…

—Segundo—interrumpió sin dejar que Quinn pudiese explicarse—cuándo me besaste en el ensayo.

—Error—interrumpía esta vez Quinn—Te recuerdo que fuiste tú quien me beso—amenazó con el tenedor.

—Ok, da igual quien diese el paso, lo importante es que nos besamos y tu actitud al día siguiente era muy extraña conmigo. Se lo comenté a Kate y me dijo que quizás estabas un poco mal por haberme tenido que besar siendo… Porque tal vez te gustaban las chicas.

—¿Qué? Espera, ¿Kate piensa que de verdad que me gustan las chicas? —cuestionó sorprendida.

—Está totalmente convencida, aunque le extrañó verte boxear con Matt—recordó—pero estoy segura de que sigue pensándolo.

—¿Me ha visto boxear con Matt? —preguntó desconcertada, y Rachel supo que había hablado más de la cuenta— ¿Cuándo?

—Pues, no sé, alguna vez pasa por el gimnasio cuando vuelve del laboratorio, y me comentó que te había visto con él—Le explicó quitándole importancia— Y gracias a eso, tiene dudas acerca de tu orientación. Pero básicamente está convencida de que lo eres.

—Oh, ok. Ahora lo entiendo, por eso está registrada en ese foro ¿Verdad?

—¿Registrada?

—Una vez coincidimos saliendo de casa, y me pidió permiso para publicar la foto que nos hicimos juntas la primera vez que nos vimos. Y justo ahí me confesó que sabía de la existencia del foro y que ella era una más de mi ejercito—hizo una pausa—Espera, ¿lo hizo para provocarme?

—No tenía ni idea de nada de eso Quinn, pero supongo que sí, té lo diría solo para ver tu reacción. Dudo que esté registrada en ese foro. Ella es así, a mí también me lo ha hecho alguna que otra vez.

—¿A ti? ¿También cree que te gustan las chicas?

—No, de mí directamente sabe que me suceden cosas contigo.

—¿Sabe? ¿Se lo has confirmado?

—No ni hablar, no pienso confirmarle nada de esto ni a ella ni a Brody.

—Pero ¿Brody también lo sabe? —preguntaba completamente confusa.

—Mira Quinn, por fortuna o por desgracia, vivo con dos personas que me conocen a la perfección—musitó segundos antes de dar un nuevo sorbo a su vaso de agua—Kate se extrañó de que yo hubiese discutido contigo por el simple hecho de que no me aceptaras una llamada, y me dejó caer que algo me sucedía, evidentemente yo se lo negué, y lo cierto es que no sé si me creyó o no. Luego está Brody, que me conoce mucho más que Kate y que se extrañó de mi obsesión por recibirte como te mereces el día de Navidad, bueno, la verdad es que resulté demasiado evidente, porque pasé dos horas cambiándome de ropa solo para ti—espetó provocando la sorpresa en Quinn—Que por cierto, tengo que recordarte que ni siquiera me dijiste nada de mi vestido—recordó molesta.—Pero eso no es lo importante, lo importante es que ellos sospechan de mí y yo como buena actriz, consigo confundirlos y que duden.

—¿No se lo vas a decir? —cuestionó aún con la sonrisa en su rostro tras escuchar como Rachel le reprochaba el hecho de que no se hubiese percatado de su vestimenta el día de Navidad. Y sonreía porque ella sí se había fijado en ese detalle. En su vestido negro y su pelo perfectamente peinado para la ocasión. ¿Cómo no percatarse de ello no era capaz de sacársela de su cabeza?

—Por ahora prefiero guardarlo—respondía mostrándose más seria—Si se lo digo ya empezaran a preguntarme, a molestarme con bromas y demás cosas que no quiero que hagan, al menos ahora. Quizás más adelante, cuando, cuando esto…

—Funcione—acabó la frase de la morena.

—Exacto, si te soy sincera, y no es que tenga dudas, me resulta tan extraño todo esto que ni siquiera lo termino de asimilar, y dudo que pueda convencerlos a ellos si yo me siento así.

—¿No estás convencida de esto?

—Sí, no, quiero decir—hizo una pausa—Yo estoy convencida de lo que me sucede contigo Quinn, me gustas, muchísimo, pero las dos nos conocemos, sabemos de nuestras personalidades, y tú al igual que yo también eres consciente de que nunca hemos podido llevarnos tan bien como quisiéramos.

—Entiendo…

—Eso no quita que me sienta la persona más afortunada del mundo, Quinn—sentenció eliminando cualquier pequeña duda que pudiese permanecer en la rubia—Nunca antes me había sentido así de ilusionada por alguien, y tú lo has conseguido, y más después de ésta estupenda ensalada—espetó divertida.

—Te ha gustado mucho por lo que veo—sonreía al tiempo que observaba el plato vacío de la morena—¿Quieres más?

—No, si como mas ensalada, no voy a poder con eso que tienes en el horno.

—Y el postre. Porque también hay postre.

—Pues no sé si voy a poder con todo, suelo cenar ensaladas muchas veces y ésta tenía suficientes proteínas como para considerarlo un plato único—sonrió.

—Pues prepárate, porque ahora viene lo especial—le respondió al tiempo que abandonaba la mesa para regresar a la cocina.

—Ahora si me dejarás ayudarte, ¿no? —le cuestionó justo cuando Quinn recogía su plato, y le regalaba una nueva sonrisa que respondía a su preguntar—Ok, soy la invitada. Mejor espero aquí.

—Así, es. Tú disfruta de Barbra—le guiñó uno ojo al tiempo que volvía a meterse en la cocina.

Y eso fue lo que hizo.

Esa vez fue Quinn quien se quedó completamente embelesada en ella, tras varios minutos preparando el que sería el plato principal de la cena. Y lo hizo porque Rachel no tardó en dejarse llevar por la música, y casi sin ser consciente de ello, comenzó a tararear la canción que sonaba en aquel instante, mientras perdía la mirada en las decenas de luces que de los edificios colindantes se colaban por el ventanal.

La había escuchado cantar miles de veces a lo largo de su vida, pero verla allí sentada en calma, disfrutando de la tranquilidad y cantando entre susurros, era algo completamente nuevo para ella. Una nueva experiencia que no todo el mundo podía tener en su vida.

La admiraba. Sin duda la admiraba y la respetaba por su capacidad artística. Se había convertido en una especie de ídolo para ella, y eso le hacía sentirse aún más importante. Mas especial. ¿Cuántos fans había en aquella ciudad o en el resto del mundo que estuviesen dispuestos a cualquier cosa por una simple cena con ella? Pensó. Ni siquiera Rachel era consciente de lo que podía llegar a provocar, o de lo que la gente seria capaz de hacer por ella.

—¿Qué sucede? —cuestionó le preguntó al descubrir que Quinn la miraba.

—La próxima vez no voy a poner a Barbra.

—No, ni hablar, prefiero cenar y que Barbra nos cante. Aunque la próxima vez, me gustaría que me deleites con la música que a ti te gusta.

—A mí me deleitas tú—susurró dejando el planto frente a la morena—Risotto de champiñones con un toque de trufa blanca—añadió Quinn.

—Oh dios—musitó—¿Quién deleita a quién? —cuestionó mirando la comida—Esto huele de maravilla.

—Espero que sepa igual.

Sabía igual o mejor, al menos eso era lo que demostraba Rachel desde el primer instante en el que probó aquel risotto que había sido capaz de elaborar solo para sorprenderla. Toda la tarde preparando la cena y esmerándose en hacer algo que pudiese convencer, gustar y sorprender a Rachel. Supo que lo había logrado al ver su reacción.

—¿Y tú se lo vas a decir a alguien? —cuestionó Rachel tras varios minutos en los que dedicó todo clase de halagos a su elaboración.

—¿El qué?

—Lo nuestro—aclaró tras ver como Quinn había perdido el hilo de la conversación que mantenían.

—Ah, pues, pues no lo sé—se excusó.

—¿No se lo vas a decir a Santana? —soltó sorprendiéndola. Quinn no esperaba que fuese precisamente ella quien metiese a su amiga en la conversación, y fue gracias a ello que recordó que había algo que seguía llenándola de curiosidad entre ellas.

—No, no creo que deba hablar de eso ahora mismo con ella.

—Ok.

—Por cierto, ya que lo mencionas—añadió—me gustaría preguntarte algo acerca de ella.

—¿De Santana? ¿Qué quieres preguntarme de ella? —se mostró más seria.

—Igual no es algo que de lo que quieras hablarme, y lo entiendo, por supuesto. Si no quieres hablar de ello, pues no lo hacemos, pero la verdad es que siento bastante curiosidad por…

—Quinn, ¿qué sucede? ¿Qué quieres saber? —la interrumpió.

—Pues… ¿Qué es lo que pasó entre vosotras?

—¿Entre nosotras?

—Sí, ¿por qué no os queréis ni mirar? ¿Por qué estáis así?

—¿No te lo ha dicho ella?

—Ella me ha dado su versión, pero me gustaría conocer la tuya.

—¿Para qué? ¿No es suficiente con la suya? —volvió a bajar la mirada hacia el plato.

—Conozco a Santana y sé que es capaz de llevar al extremo algo que no tiene esa importancia. Realmente me sorprendió vuestra actitud, no, no tenía ni idea de que fuese así.

—Quinn, no tiene sentido darle más importancia. Cree lo que ella te haya dicho, es más que suficiente.

—Ella es mi amiga—le interrumpió— Y tarde o temprano va a terminar sabiendo lo que me sucede contigo, o ¡qué diablos! Ella ya sabe lo que me sucede contigo.

—¿Qué? —la cuestionó cambiando rápidamente su gesto—¿Cómo que lo sabe? Me acabas de decir que no se lo ibas a decir por ahora.

—Que yo no se lo confirme, no significa que ella ya no lo sepa.

—Oh Dios ¿Y sabe que yo siento lo mismo?

—Me temo que sí.

—¡Oh dios! No, no, ¡Quinn! —exclamó cubriéndose el rostro con ambas manos—¿Por qué se lo has dicho ya?

—No le he dicho nada—insistió—Se ha enterado por casualidad, y yo por supuesto no se lo he confirmado.

—¿Casualidad?

—Sí, igual que Kate o Brody pueden intuir sobre ti, ella intuye que a mí me sucede lo mismo. Pero no tienes que preocuparte, no va a decir nada.

—Que intuya que lo que a ti te sucede puede ser normal, Quinn. ¿Pero por qué sabe Santana que a mí me pasa lo mismo? —repitió tratando de controlar que los nervios no regresaran a ella.

—Porque vio el dibujo de Em—confesó—Porque justamente estaba aquí cuando yo descubrí ese mensaje, y ella lo leyó también.

—Oh dios…

—Rachel, cálmate. Yo no le confirmé nada, está todo en su imaginación. ¿Ok?

—¿Y qué más da que esté en su imaginación? ¡Es Santana! Ambas sabemos cómo es, y de lo que es capaz descubriendo algo tan suculento como lo nuestro.

—No, olvídate. Santana ya no es así, créeme. Puedes confiar en ella más de lo que te imaginas.

—Me odia, quizás por ti no diga nada, pero estando yo, ¡Oh dios! —volvía a lamentarse—puede utilizarlo en mi contra.

—Basta Rachel—interrumpía molesta—Es mi amiga y no va a decir nada que pueda perjudicarme, ni a ti tampoco. Confía en mí, sé de lo que hablo.

—¿Y por qué estás tan segura?

Quinn respiró profundamente y alargó su respuesta mientras recapacitaba y pensaba en si responder o no.

Claro que lo sabía, claro que confiaba en Santana, siempre lo había hecho y eso no iba a cambiar ahora, pero el detalle que le hizo estar tan segura fue saber que conocía el mayor secreto que guardaba Rachel y ni siquiera se lo había dicho a ella antes de confirmarlo.

Había guardado aquel rumor acerca de su embarazo, y ahora que sabía por lo que estaba pasando Rachel, no iba a delatarla. La cuestión era saber si Rachel iba a aceptar aquella confesión y no recriminarle que no se lo hubiese dicho antes.

—¿Quinn que sucede? —cuestionó al ver el dilema que presentaba la rubia y el nerviosismo que comenzó a apoderarse de ella.

—Rachel, Santana lo sabe todo.

—¿Cómo? ¿Todo? ¿Qué es todo? —preguntó confusa.

—Santana sabe que… Que Emily es tu hija—balbuceó sin dejar de mirarla.

Su piel.

El color de piel de la morena comenzó a tornarse pálido y sus ojos parecían querer salirse de las órbitas.

No hubo palabras. Rachel dejó caer el tenedor y se levantó rápidamente de la silla dispuesta a abandonar el apartamento, ante el aturdimiento de Quinn, que pudo reaccionar a tiempo y logró detenerla justo cuando se disponía a recuperar su abrigo.

—Rachel, ¿qué haces?

—Déjame Quinn, déjame marcharme si no quieres que grite—masculló en voz baja.

—Rachel, yo no se lo dije—le dijo rápidamente tratando de calmarla mientras seguía sosteniendo su brazo—Escúchame, por favor. Déjame que te lo explique.

—¿Qué tú no qué? —le replicó ignorando su petición—¿Entonces quién diablos le va a decir algo así?

—Su madre—soltó aferrándose aún más a su brazo—Fue su madre, Rach…

—¿Su madre? ¿Me estás jodiendo?

—Ella te vio en Lima, cuando estabas embarazada.

—¿Qué?

—Lo que oyes. Su madre te vio embarazada, Rachel. Y se lo dijo a ella.

—Oh dios… No, no puede ser verdad—se lamentó deshaciéndose de ella, y regresando a la mesa, donde tomó asiento de nuevo y ocultó su rostro con las manos.

—Rachel, Santana no quiso creer a su madre, pero aun así ella optó por guardar silencio. —Continuó explicándole—Podría habérmelo dicho entonces, podría habernos cuestionado a los demás, y sin embargo no dijo nada.

—Ya, claro… ¿Y ahora?

—Rachel, el otro día, cuando os vio… Básicamente le confirmaste lo que su madre le había dicho, y me lo confesó a mí. Me dijo que dejara de mentirle y hacerle creer que Emily era hija de Kate, porque ella sabía que Emily era tu hija—suspiró—Por eso te digo que no tienes que temer.

—¿Qué no tema? —cuestionó aturdida.

—Rachel—susurró acariciando el brazo de la morena—confía en mí, ella te va a respetar.

—¿Por qué no se lo negaste?

—Lo hice, por supuesto que intenté quitarle esa idea, pero ya sabes cómo es, y sus conclusiones eran irrefutables. Em y tú sois dos clones ¿Cómo voy a hacerla cambiar de opinión si la prueba es evidente?

—Pues no sé, como sea… Da igual, pero tendrías que haberlo conseguido, Quinn. No eres consciente de lo que todo esto puede suponer y…

—Ella sabe que me importas mucho—la interrumpió— Rachel, Santana sabe que a mí me pasan cosas contigo, aunque no se lo haya confirmado, y si te ha respetado antes, si lleva todo este tiempo guardando ese secreto, ahora sí que no nos fallará.

—Dios, no puede ser cierto—volvía a lamentarse de nuevo cubriéndose el rostro.

—Escúchame—repitió buscando de nuevo su atención—Santana es sensata, es una mujer adulta, no la adolescente que teníamos que sufrir en el instituto. Y si por si te tranquiliza más, te diré que ella ni siquiera quiere mencionarte. No, no quiere tener nada que ver contigo.

—¿Tanto me odia?

—Dímelo tú ¿Por qué debería odiarte? —volvía a cuestionar tratando de entender que es lo que había sucedido entre ellas.

—Traté mal a Britt—bajó la mirada avergonzada.

—¿Cómo?

—Britt vino a Nueva York justo cuando yo me quedé embarazada—se lamentó—y no podía dejar que me viese así. Se presentó en mi apartamento y ni siquiera la dejé entrar en casa, Quinn. Le dije a través de la puerta que no quería saber nada ella, ni de nadie del McKinley. Le dije estúpida y todas esas cosas que sabía que le hacían daño.

—Oh dios…

—Fui muy cruel con ella, pero lo hice por su bien. No podía involucrarla en mi vida—susurró tratando de contener las lágrimas—Prefería que me odiase a que tuviese que guardar mi secreto y mentir por mí—Añadió—Unas semanas después recibí una llamada de Santana que me dejó helada.

—¿Qué te dijo?

—Que nadie hacía llorar a Britt mientras ella estuviese viva, y que yo había muerto para ellas—suspiró—Entiendes que no pueda confiar en ella ¿Verdad?

—Lo entiendo, pero tú tienes que confiar en mí. Ella, ella no va a decir nada ¿Ok?

—Dios… —volvía a lamentarse—Esto no debía de estar sucediendo, no aún. —Añadió y el silencio las invadió durante algunos minutos, en los que el temor se apoderaba de Rachel, y la frustración de Quinn.

La frustración por sentir que había vuelto a destruir un momento especial y único a su lado, y no encontraba la manera de revertir la situación.

Fue gracias a Barbra. Fue la cantante quien la hizo reaccionar al escuchar las primeras notas de la siguiente canción que sonaba, regalándole una idea que ni siquiera sabía si iba a funcionar.

—Rachel—musitó tomando de nuevo su mano—Tienes que confiar en mí. No va a suceder nada, ¿Ok? Santana jamás me haría daño, y ahora sabe que formas parte de mí. Ven—le dijo obligándola a levantarse de su asiento, tras no recibir respuesta alguna.

—¿Dónde vamos, Quinn? —Le preguntó, pero la rubia no respondió. Tiró de ella sin soltar su mano, y la llevó justo al centro del apartamento, donde se detuvo frente a ella. —¿Qué hacemos? —insistió.

—Vamos a bailar—susurró tomándola por la cintura con delicadeza.

—¿Bailar? —repitió confusa—¿Crees que me apetece bailar ahora mismo?

—Vamos Rachel, sé que se te han quitado las ganas de cenar, al menos déjame que pueda disfrutar de un baile contigo.

—Pero Quinn…

—Por favor—suplicó regalándole una de aquellas miradas que conseguían derrotar a todo un ejército—Vamos, ¿a qué esperar para abrazarme? —le dijo esbozando una tímida sonrisa, mientras sus ojos seguían destruyendo cualquier mínimo atisbo de duda.

No supo si lo hizo del todo, pero Rachel terminó llevando a cabo aquel abrazo que Quinn le suplicaba, tratando de dejarse llevar por el momento.

Unos segundos más tarde, ambas se hallaban en mitad del salón, completamente abrazadas e inmersas en sus propios pensamientos mientras la música las hacía moverse con lentitud, sin que sus pies apenas se movieran. Aquel baile duró lo que Barbra marcó que durase, y el silencio entre ellas los volvía a destruir Quinn. Que, de nuevo, lograba lo imposible en el estado anímico de Rachel.

—¿Sabes? Desde que llegué a Nueva York tuve la certeza de que todo iba a salir bien, y no me equivoqué —susurró Quinn buscando sus hombros como apoyo—Te dije que el musical iba a ir bien y ya ves, todo parece que toma forma. También te dije ibas a terminar conquistando a Broke, y lo has hecho—Añadió buscando su mirada—Te dije que confiaras en mí, me contaste lo de Em y me has hecho afortunada. Ayer nos besamos junto a Central Park, y te dije que todo iba a ir bien. Rachel, ahora estamos bailando en mitad de mi apartamento, abrazadas y con Barbra cantándonos solo a nosotras, y te lo vuelvo a decir, todo va a ir bien. —Concluyó asegurándose que sus ojos siguieran conectados— ¿Confías en mí? —No pudo hablar. Rachel dejó escapar un pequeño suspiro y asintió—Así me gusta—susurró de nuevo con una leve sonrisa dibujada en sus labios—Y ahora, ven—se deshizo del abrazo para tirar con suavidad de la morena hasta la cocina.

—¿Ahora qué, Quinn? ¿Con qué me vas a sorprender? —musitó sin demasiada convicción, aunque un tanto más relajada.

Aquellos minutos abrazada a ella le habían servido para eliminar parte de la preocupación que se adueñó de su mente, y que había conseguido acabar todo el entusiasmo con el que había llegado a aquella cita.

—Estoy viendo que se acerca la hora y pronto me vas a decir que te quieres marchar, así que voy a obligarte a probar el postre, aunque me digas que no tienes apetito.

—Quinn, no quiero sonar desagradecida—espetó al ver como colocaba un pequeño bol encima de la isla, frente a ella—pero no tengo mucho…

—Shhh, solo un poco ¿Ok?

—¿Qué es? —balbuceó tras ver como Quinn tomaba la iniciativa, y hundía la cuchara en el bol.

—Mousse de chocolate con almendras—le dijo ofreciéndole un poco—Chocolate para veganos, claro. Lo hice yo, y créeme, esto si lo he probado y está delicioso, así que vamos—insistió ofreciéndole la cuchara—Necesito tu crítica gastronómica para saber si realmente tengo futuro como Chef.

Rachel volvía a suspirar, esta vez con un intento de sonrisa en su rostro al ver como Quinn acercaba la cucharilla hasta ella, y pretendía hacerla probar aquel postre, que definitivamente, sí parecía estar exquisito.

No se equivocó. El postre era perfecto, como ella. Como todo lo que hacía y lo que le rodeaba. Quinn era perfecta, y estaba allí dispuesta a que su vida también lo fuera. Arruinar lo que estaban empezando por culpa de sus inseguridades no era justo. Ni para ella ni para Quinn. Ambas necesitaban un regalo como aquello que había surgido entre ellas, y tenía que hacer todo lo posible por disfrutarlo lo máximo posible.

—¿Te gusta? —le preguntó, y Rachel le arrebató la cucharilla para volver a tomar del postre —Ok, eso es un si—añadió sonriente.

—Me encanta.

—Me alegro—le respondió Quinn, que no perdía detalle de sus gestos mientras disfrutaba del chocolate.

—Deberías comer tú también si no quieres quedarte sin nada.

—¿Te lo vas a tomar todo? —cuestionó acercándose más a ella, tratando de averiguar lo que quedaba en el bol.

—Si no lo evitas, es probable.

—Ok. Pues todo para ti.

—¿Todo para mí? ¿No vas a acompañarme?

—No, yo estoy esperando a mi postre.

—¿Tu postre? —cuestionó incrédula. — ¿Has hecho otro?

—No… —Volvía a sonreírle divertida, y sin dejar de mirarla—mi postre eres tú—confesó al tiempo que se acercaba lo suficiente como para lograr robarle un pequeño beso. —Este es mi postre—susurró a escasos centímetros de sus labios, y Rachel no tardó en reaccionar, tras dejar caer la cucharilla en el interior del bol.

Fue el primero, pero no el último.

Ya lo habían hecho antes. Ya se habían besado en los ensayos, de forma divertida bajo el muérdago, o con la tensión cohibiéndolas tras haber confesado sus sentimientos, pero ninguno de aquellos besos podía compararse como el que emprendieron en aquel instante.

No había timidez, ni dudas ni nervios.

Pasión e intensidad.

Esas eran las palabras capaces de describir aquel beso que las mantenía apoyadas sobre la isleta, y que las iba a mantener ocupada durante bastantes minutos.

Un beso que trasladaron hasta el sofá, donde no dudaron en tomar asiento para poder disfrutarlo con más calma, con la única intención de conocerse de una forma como nunca habían imaginado. Con Barbra sonando, con las luces de Manhattan colándose por la ventana y con Superman de testigo.

Quinn sabía que Rachel debía regresar pronto a su hogar. Su responsabilidad con Emily estaba por encima de todo, a pesar de que Brody estuviese con ella, y no iba a permitir que se marchara de su casa con la angustia por saber que su secreto ya no era solo suyo.

Su único objetivo en aquel instante era que el último pensamiento antes de irse a dormir, estuviese relacionado con aquel beso que se entregaban.

Y no fue mal encaminada. De hecho, logró provocar algo mucho más intenso.

Rachel no solo se dejó llevar para sacar de su cabeza la preocupación. La intensidad de aquel beso, a pesar de ser pausado, consiguió encender algo en lo que aún no se había detenido a pensar, y que, probablemente, iba a conseguir que perdiese el sueño aquella noche, y las que estaban por llegar.

Quizás para Quinn solo era un beso, una forma de avanzar y descubrirse mutuamente, pensó al tiempo que ya llegaba a su casa casi una hora después de aquella despedida en su sofá, pero para ella era algo más.

Era el despertar de una sensación que casi había olvidado desde que se quedó embarazada, algo en lo que no había vuelto a pensar desde que estuvo por última vez con Brody en la cama, y que comenzaba a ponerla nerviosa, a pesar de su edad y de todas las experiencias vividas.