Capítulo 21
Las horas que los jugadores tenían libres las aprovechaban para pasar un rato agradable con sus novias, pero ese rato no estaba siendo exactamente cómo Azumi había pensado
Ella había pensado qué pasarían el rato hablando de planes de futuro, o tal vez hablando del partido que estaba por jugar, o ¿por qué no? besuqueándose como dos adolescentes. Pero nada de eso. Misaki le había comentado de dar un paseo dar y ahora estaban los dos sentados en las gradas del campo. Azumi miró a su novio, quien taciturno y callado miraba seriamente al césped. Era como cuando jugaba, y algo no iba como él quería.
- ¿Qué piensas Taro?- Preguntó suavemente- ¿Te preocupa irte al PSG?... No te preocupes. Sé que lo harás bien- le dijo dándole un beso en la mejilla y tomándolo del brazo con cariño.
- No es eso- le respondió suavemente- Eso me hace mucha ilusión.
- Pues ¿Qué es? si algo te preocupa… lo que sea… podemos compartirlo. Somos novios, ¿verdad? Y eso es algo más que besarse y salir juntos a cenar.
- Me han pedido un favor- confesó Taro- que no sé si seré capaz de hacer.
-Si no quieres hacer algo no lo hagas, Taro- replicó firmemente la muchacha- No tienes que hacer todo lo que te digan los demás, lo sabes ¿verdad?
Misaki se revolvió el pelo, y dudó un momento- Este es un favor diferente. Puede que de él dependan nuestras posibilidades de ir a las Olimpiadas… pero no sé si podré hacerlo
- Debes hacer lo que tú consideres… ¿Puedo preguntar de que se trata?
- ¿Sabes qué? Le dijo sin responder a su pregunta, dándole un beso con suavidad, y dando una palmada como para finiquitar el asunto - Tienes razón. No merece la pena preocuparse más. Durante el partido, según como vaya la situación, decidiré si debo de hacerlo o no.
- ¿Es que acaso es un favor que tienes que te pidieron durante el partido? preguntó extrañada Azumi.
Misaki asintió con la cabeza, y miró su reloj- Vamos a dentro Azumi, que ya es la hora de cenar.
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La Ciudad Deportiva dormía. Los entrenamientos de Kira dejaban realmente agotados a los jugadores.
Además todos sabían lo importante qué era el descanso.
Pero había una persona que no podía dormir. Igawa se sentía con demasiada energía como para tal cosa, por lo que antes que quedarse en la cama dando vueltas y poniéndose nervioso por el partido de la noche siguiente, decidió salir a correr salir a correr. Siempre que estaba estresado lo hacía. El ejercicio físico le despejaba la mente.
Mientras corría en el campo de entrenamiento pensaba en su hija, y en su mujer fallecida. En su hermano… En todas las personas que le habían dado un segunda oportunidad. No podía fallar a sus compañeros, quienes confiaban en él después de lo ocurrido en Australia. No podía fallar al entrenador ni al señor Gamo. No podía fallar a Lisa ni a Katherine.
Si no lograban el objetivo, se había prometido a si mismo dejar el futbol. Amaba el fútbol, pero había hecho una promesa. Por lo que la única opción era ganar.
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Desde la ventana del tercer piso, Kira lo observaba. El entrenador tampoco dormía. Pensaba la mejor forma de afrontar el partido. Había pensado varios modelos de alineación… Tal vez la única solución para un gol rápido e inesperado fueran los Tachibana… Debían de tener cuidado con él potencial físico de Australia. Eran más altos, por lo que no esperarían que les vencieran por el aíre… y los Tachibana eran perfectos para tal misión. Además estaban decididos.
Soga había rehusado ir a la selección, y era una pena pero según él le faltaba nivel… Pero podría competir con el poderío físico Australiano. En cuanto al llamado grupo de Europa… Akai llevaba tiempo lesionado. Ya había rehusado llamar a ninguno de Europa. Y no se arrepentía de la decisión. Lo que sí que había hecho era llamarlos por teléfono, para decirles que se verían en Julio.
Mirando el reloj, vio que eran más de las 12. Igawa aún corría, pero ahora conduciendo el balón. Con un último vistazo, dejó la ventana abierta para que entrara algo de aire, y se fue a dormir.
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El día anterior de cada partido, todos los jugadores tenían ciertas manías o costumbres que les servían para estar tranquilos y concentrados. Eran pequeñas cosas que les hacían estar más relajados.
Ahora mismo, durante la noche anterior al partido Jun Misugi estaba solo en su habitación, visualizando la victoria. Por la tarde había estado un rato con Yayoi, aunque no había sido mucho tiempo, tan solo una media hora en la que su novia le había deseado toda la suerte del mundo.
Habían sido unos meses muy duros, entre la Facultad, la selección y el Tokyo FC, pero ahora estaba en lo que él llamaba él llamaba "La gran final" o "El examen final". Esos meses de tanto trabajo, habían culminado con una semana de infarto, en la cual Kira les había hecho entrenar al sol, para ganar resistencia al calor. El entrenador estaba determinado a que la selección ganara. Misugi entendía que el entrenador no sólo se estaba jugando el pase a las olimpiadas (que ya era mucho) si no también su puesto. No habría matices ni misericordia. Lo único válido era la victoria. La remontada. Por otro lado, recordaba como Kira había sido tajante, defendiendo a los jugadores con los mismos contaba el equipo, y desechando cualquier posibilidad de qué los jugadores que estaban en Europa vinieran a salvarlos.
Matsuyama había estado de acuerdo con esa intención. Ishizaki, por otro lado no tanto. Misugi no sabía la posición de ningún otro compañero, puesto que nadie más se había pronunciado en secreto. Por él, lo que decidiera el entrenador estaba bien. Sabía que él jugaría.
Asomado a la ventana, contemplaba la noche. La luna estaba llena, y oía los lejanos ruidos de la gente. Cerró los ojos, pensando en mañana. Veía la victoria: La alcanzarían.
El sonido de un mensaje interrumpió la paz de Jun, quién abrió los ojos, y tomó el móvil. Al abrir el mensaje vio que era de su madre: mucha suerte hijo. Iremos a verte ganar. Con amor.
Jun sonrío, apenas sin darse cuenta, por la buena disposición de su madre, y recordó lo que habían hablado hace apenas una semana. Antes de que Kira les encerrará, para que estuvieran plenamente concentrados
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El momento de contarles a sus padres que se iba a jugar al extranjero fue extrañamente, uno de los momentos más difíciles de la vida de Jun. Obviamente no por su padre, quien siempre lo animaba a dar lo mismo lo mejor de sí mismo en todo lo que hiciera, tanto en el campo de juego, como en la medicina y con su familia y Yayoi, quien ya era de la familia, aunque no estuvieran casados.
Lo difícil fue contárselo a su madre. Seguramente fuera por su corazón debilitado hasta la operación, y por la larga enfermedad que había arrastrado desde que era pequeño que la Sra. Misugi había sido siempre muy sobreprotectora. De pequeño, estaba seguro que si no hubiera sido por su padre, su madre no hubiera permitido que jugara al fútbol, o siquiera que fueran a jugar con él a casa. Ella lo había hecho pensando siempre en su bien, de modo que Jun siempre le había agradecido que cuidara tanto de él, y cada vez que su madre hacia una pequeña o gran concesión (Jugar en el Musashi fue la primera y la más grande) se lo agradecía como mejor creía: dándolo todo en el campo.
En la mente de Kata Misugi, Jun iba a ser médico y llevar los negocios de su padre, y el fútbol por mucho que fuera ya un jugador profesional, de los mejores de su generación, seguía siendo un hobby.
Pero Jun sabía que no podía permitir que sus padres se enterasen por televisión, aunque era imposible que no escucharan rumores sobre su futuro. Estaban a la orden del día.
Jun decidió que eran sus padres y Yayoi, después de la gente de los clubes por obvias razones, quienes debían ser los primeros en recibir la noticia oficial de su traspaso. Le pidió a su representante un día de margen antes de hacerlo público.
De tal manera, que ahora estaban los cuatro cenando en la casa de los Misugi. Como hacia una noche tan calurosa, la señora Misugi ordenó poner la mesa en la terraza de la zona de atrás de la casa, y disfrutaban de la suave brisa de la noche, mientras cenaban.
La conversación transcurría ligera, cambiando fácilmente de un tema a otro. Jun preparaba el terreno para la gran noticia.
Notó la mano de Yayoi bajo la mesa. Su novia, quien ya sabía que les quería decir que se iba al extranjero, le animaba así.
- Papá, Mamá- llamó Jun con formalidad- tenemos que hablar.
Sus padres dejaron de cenar, y le observaron. Su madre se puso tensa. ¿Ya sabría algo? Claro… los rumores.
- He firmado por un club extranjero- simplificó- Ya vinieron los directivos del equipo, los médicos… todos. Ya está hecho.
Kata se levantó. No quería que nadie le viera las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos.
A jun, aunque la esperaba, le dolió la reacción de su madre. Su padre, sin hacer caso de su esposa, lo felicitó con efusividad, y empezó a preguntar detalles.
Kata, caminaba por el jardín, y aun desde la mesa, la veían.
Con un gesto, Yayoi le indicó a Jun que hablaría con ella.
- Señora, perdone que la moleste.
- No molestas querida. Es solo que yo… ¡No me lo esperaba!... Bueno sí… lo llevo oyendo semanas en la televisión, pero creía que no… que… que eran solo rumores. ¡Hay tantos!- Se volvió a u nuera- ¿Qué piensas tú Yayoi?
- Es el sueño de Jun- le dijo suavemente su nuera- alegrémonos por él.
La señora Misugi la miró con curiosidad. Parpadeó y finalmente preguntó:
- ¿Cómo lo haces?
- ¿El que, señora?
- Estar tranquila. Sé que quieres a mi hijo, se te nota que le quieres mucho. Entonces no entiendo… no entiendo… como puedes estar… ¡Oh Yayoi!... ¿Cómo se hace?
- Yo siempre estoy preocupada por Jun- le confesó en voz baja- Incluso ahora que el médico dijo que estaba perfecto. Incluso así me sigo preocupando… Ya es una costumbre- añadió sonriente, y contagiándose de la sensibilidad de su suegra.
Esta la obsequió con una sonrisa llorosa.
- Jun es feliz jugando al fútbol- susurró- Y muy bueno.
- Lo sé- respondió la señora en el mismo tono- Debería aprender a alégrame por él. Lo hago, ¿sabes? No soy tan mala como creéis… Pero me preocupo.
- Es usted su madre. Por supuesto que lo hace. Todos los hacemos. Pero esto que acaba de pasar es uno de los sueños de Jun.
Kata asintió con la cabeza.- ¿Irás con él?
- Por supuesto.
-Bien. Me alegro. Le cuidas muy bien.
Yayoi le sonrió con afecto. No le había querido comentar que el médico había dicho que estaba bien, pero la enfermedad del corazón podía revertir en cualquiera momento. Debía ser Jun quien lo dijera, si es que quería hacerlo.
La señora sacó un pañuelo, y se secó los ojos, realizó unas pocas respiraciones profundas para calmarse, y cuando estuvo presentable volvió a la mesa. Allí aún estaban sentados su marido y su hijo. Su Jun.
- Jun- llamó y éste lo miró.
Kata hizo un esfuerzo y dijo: Felicidades. Me alegro por ti. Iremos a España a menudo a verte… a veros…
- ¡Bueno!- dijo una palmada en la mesa - ¿Quién quiere tarta? Debemos celebrarlo.
ooOoo
La gente no hablaba de otra cosa. En el trabajo, en la escuela, en las calles, en supermercados…El único tema de conversación era la gran final, que tendría lugar esa noche el Estadio Nacional de Tokio.
Parecía como si el país hubiera paralizado, y todos estuvieran únicamente pendientes de aquella gran final. ¿Quién iría a decir, hace tan solo unos pocos años, que una final de una clasificación de fútbol paralizaría Japón?
Pero también, ¿Quién iría a decir, hace tan solo unos años que un grupo de chicos revolucionarían el fútbol japonés, qué pasaría de estar en pañales a tener opción de luchar por un trono mundial?
La fiebre por el deporte rey había llegado al país nipón, gracias no solo a Tsubasa Ozoora, sino a todos los demás miembros la Generación Dorada.
Las calles se llenaron de banderines animando a la selección, carteles con el mismo motivo y gente vestida con los uniforme de la selección, con bufandas. El ambiente era de optimismo, pese a que sabían que tendrían que ganar por al menos 3 goles de diferencia, para poder clasificar Madrid
Las entradas se habían agotado rápidamente, y ahora algunos trataban de conseguir una en la reventa, aunque a precios bastante desorbitados. Nadie quería vender su entrada. Muchos se conformaron finalmente con verlo a través de las pantallas gigantes que el ayuntamiento había puesto en algunos lugares. O
Los afortunados que sí que habían conseguido entradas a través de taquilla o a través de Internet, se agrupaban ordenadamente en filas, esperando que el guardia de turno les diera paso.
Finalmente el partido iba a comenzar
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Los jugadores, escuchaban a la megafonía desde el túnel de vestuarios. Oían el alboroto del campo. Parecía estar lleno.
Matsuyama se colocó bien la cinta. Era la que le había regalado Yoshiko, hace tanto tiempo, y la que tanta suerte le había traído siempre. Hoy no podían hacer otra cosa que ganar.
El capitán dio un par de saltos, animándose. Todos salieron entonces al césped, y una multitud de 65000 personas los recibió. Los focos del estadio estaban encendidos, dándole un aspecto imponente.
El megafonista anunciaba las alineaciones.
- Con un 4-1-3-2, sale en la portería, el numero 21: Morisaki, defensas centrales: con el 4; Ishizaki, con el 8 Izawa, laterales: con el 5 Igawa, con el 7 Soda. Mediocampistas: con el 30 Sawada, con el 14 Misugi, con el 12 Matsuyama, y con el 11 Misaki. Delanteros: Número 2 Masao Tachibana, y número 3, Kazuo Tachibana.
Cada vez que decían el nombre de un jugador, la grada jaleaba, dedicándole piropos. Pero con el nombramiento de los gemelos se quedaron fríos. ¿Por qué no jugaban Nitta y Wakashimazu? ¿Qué hacían los gemelos de delanteros? La gente murmulló. No les había gustado la decisión.
Australia sale con un 4-2-3-1. Por Australia salen de portero Malic , línea de cuatro en defensa para el 2 Alophard, con el 3 Thwaide, 6 Daje, y con el 5 Glen. Centrocampistas: con el 7 Shooker, con el 10 Konwell, 4 Brescias, 11 salatis y 4 Zevic, y como único delantero, el 9, Duviga.
Tras escuchar los himnos, los jugadores se colocaron en sus posiciones. Sobre el césped. Ambos capitanes se saludaron, y por fin empezó el partido.
Notas:
Capitulo cortito, pre-partido. Siento haberlo dejado así, pero el siguiente será solo el partido. Espero poder hacerlo en un capitulo, aunque ya se verá.
Sé que Misugi aquí no tiene el 14, pero es que para mí Misugi ES el 14. ¿Me dejáis esa pequeña licencia? Un saludo
