Epílogo. Parte III: Destrucción.
Cuando se materializó en el denso bosque de abedules que formaba parte de la frontera de Rusia con Finlandia, Harry se hallaba tan cansado por las sucesivas desapariciones y apariciones a las que su cuerpo había sido sometido, que se vio obligado a hincar una rodilla en tierra, intentando estabilizar el ritmo de su respiración para recuperar un mínimo de fuerzas. Enmascarado por el sonido apresurado de una fuerte exhalación distinguió, sin embargo, lo que había sido, sin duda, una rotura de ramas tras de sí. Quedó estático, alerta, mientras extraía con total disimulo la varita que había ocultado en un bolsillo de su chaqueta. No disponía de ángulo alguno en el que apuntar a aquel, o aquello, que le estuviera acechando por la espalda. Mas en su fuero interno deseó tener que enfrentarse a uno de los malditos magos renegados que estaban reteniendo a su hijo, o a un molesto y traicionero nogtail. Y no a un descomunal oso finlandés. Probó suerte, pues. Y armándose de todo el aplomo que sus numerosos años de experiencia como auror de élite le habían otorgado, amenazó:
—Ni un paso más; o saldrás de aquí con los pies por delante.
Un fuerte respingo procedente de su acechador desconocido fue lo único que necesitó para revolverse como una rápida y destructora ashwinder y apuntar su varita directamente a su nariz.
—¡Merlín me lleve una y mil veces! ¡Me has dado un susto de muerte! —una mujer rubia, de mediana edad, menuda y de mirada ágil aunque atónita, le reprochó en voz muy baja, con enfado—. ¿De qué narices vas vestido? He creído que un inmenso matojo muy raro aparecía ante mis narices, cobrando vida después.
—De eso se trata —respondió del mismo modo—. ¿Así que el susto te lo he dado yo? ¿Quién demonios me estaba acechando por la espalda, Aliosha? —preguntó a su vez, sin rastro alguno de disculpa en el tono de su voz.
Aliosha, aparentemente ofendida, se cruzó de brazos, comenzando a avanzar hacia él.
—Ni un paso más. ¿Quién me asegura que tú no eres la traidora?
—Tú sigue así, bonito de cara. Y aunque seas el auror más diestro de toda Europa, nada ni nadie podrá impedir que yo te patee ese culo sexy que tienes —lo amenazó—. Qué pena que tu Albus tenga novia; tiene el mismo culo sexy que tú —rezongó, aún molesta.
Sin poder evitarlo, Harry rompió a reír y tuvo que taparse la boca rápidamente con las manos para no delatar la posición de ambos con aquella risa, al imaginar la inmensa vergüenza que había sentido su hijo, si aquella mujer descarada y pizpireta le había ido con el mismo cuento. Sin duda, su rostro había enrojecido hasta no poder más. Le habría gustado verlo, pensó. Aliosha: "La noble" en significado ruso. Decidió confiar en ella, pues parecía no haber cambiado desde que una misión conjunta entre el Ministerio de Magia Finlandés y el Inglés, que ambos llevaron a cabo hacía más de una década, les obligó trabajar en equipo —lo que fue un auténtico placer laboral para él, todo sea dicho—. Total, tampoco tenía muchas más opciones habiendo sido descubierto, si no quería "silenciarla".
—Creía que iba a hacer esto solo —declaró con suspicacia, sin embargo—. No creo que el Ministerio de Magia Finlandés esté dispuesto a arriesgarse a contraer una enemistad manifiesta con el Ministerio de Magia Ruso, simplemente por prestar ayuda al Ministerio de Magia del Reino Unido.
Ella desechó la idea rápidamente con un gesto de la mano.
—Y no lo está. Digamos que… tengo intereses personales en este asunto.
Harry iba a preguntar cuáles, cuando Aliosha, tras ordenarle un escueto "sígueme", comenzó a correr como alma que lleva el diablo en dirección al interior de la estepa rusa. Así que, se vio obligado a emprender una carrera desenfrenada en pos de la mujer. Estaba claro que ella conocía a la perfección la parte de aquel bosque que ambos estaban atravesando y su destino, porque no titubeó ni un sólo segundo, siquiera. Se abrieron paso, incansables, entre una zona de altos matorrales, que se alzaban casi un metro alrededor de los abedules y, tras casi media hora de intensa carrera, la mujer se detuvo en seco sin previo aviso, logrando que Harry casi chocase con ella por la inercia de su propia frenada.
—Agáchate —le ordenó entre susurros, mientras echaba cuerpo a tierra.
Inmediatamente, él la imitó.
—Me ha parecido ver a uno de los hombres de Skolov merodeando a varios metros frente a mí. No sería la primera vez que su equipo se adentra en la espesura para asegurarse de que la cabaña no está siendo amenazada. Y mejor prevenir que curar —declaró, una vez segura de que el peligro había pasado, poniéndose en pie con cautela.
—¿Skolov? ¿Él es el cabecilla de esta operación? Por Merlín... —se lamentó, dándose perfecta cuenta de que había dejado la cabeza de la serpiente en su propia casa.
—Y tanto. El Ministerio de Magia Ruso quiere que vosotros dejéis de meter las narices, de una vez y para siempre, en lo que considera, tan sólo, un asunto de su incumbencia —declaró con paciencia.
—¡Por amor de Merlín! —casi gritó sin poder evitarlo, indignado—. Que un grupo de magos integristas rusos lleve asesinando sin tregua, durante años, a todo aquel mago europeo que osa establecerse pacíficamente en su país, incluidos los magos ingleses, ¿no es asunto nuestro? Si este no hace nada, tendremos que hacerlo nosotros, digo yo.
—Un ruso siempre es un ruso, haga lo que haga; y tiene preferencia sobre cualquier oriundo de otro país. Y la ropa sucia rusa se lava tan sólo en Rusia —declaró, solemne—. Ese es el único parecer del Ministerio de Magia de este condenado país.
—Por eso ha ordenado retener a Albus y a su equipo; ya lo sé. Para presionar al Ministerio de Magia Inglés a alcanzar un tratado con este que le obligue a dejar de intervenir, si su intento de asesinato hacia mí no surte el efecto deseado —argumentó, desolado.
—¿Rusia quiere acabar contigo? —preguntó, asombrada.
—Eso parece…
—¿Y aún así, has venido a su casa? ¿Para ponérselo fácil?
—Ja, ja.
—Ahora, muy en serio. Tú no sabes nada, en absoluto. No existe ningún "Albus y su equipo". Hace días que el único que permanece vivo para contarlo es tu hijo, como Capitán de su escuadrón que era. Y no sé durante cuánto tiempo más lo hará, ya que la negociación no suele formar parte del modus operandi del Ministerio de Magia Ruso. Ya lo sabes.
Harry se vio obligado a apretar los puños con fuerza para no proferir un grito desgarrado de dolor y frustración. Se arrodilló e hizo que Aliosha lo hiciese también, la cogió por ambos brazos con fuerza y, mirándola a los ojos fijamente, suplicó:
—Ayúdame a salvarlo, por favor.
Ella asintió con firmeza, decidida.
—Para eso estoy aquí; imaginé que serías tú quien vendría a rescatarlo. Te conozco demasiado bien. Y me acompañan unos amigos, quienes también te ayudarán.
Sin esperar comentario alguno, hizo salir un silbido de sus labios que, aunque fuerte, se confundió con el trino de los pájaros a la perfección; tanto, que tan sólo quien estuviera bien entrenado para distinguirlo hubiera podido hacerlo. A los pocos segundos, los dos aurores se vieron rodeados por una veintena de hombres y mujeres que les observaron con amabilidad.
—¿Quiénes son? —Harry preguntó a Aliosha, a la defensiva, poniéndose de pie en actitud amenazadora.
En cambio, no fue ella quien le ofreció una respuesta, sino un hombre fornido, ya entrado en años, que lo miró con curiosidad afable.
—Magos de bien, a los que ese maldito de Skolov ha arruinado la vida sin remedio. ¿En verdad tú eres el famoso Harry Potter?
Él asintió.
—Alvar Korhonen, a tu servicio. Este es… Comenzó a presentar a todos ellos, uno por uno, y cada aludido le sonrió mientra lo observaba con gran admiración.
Harry sonrió también, al darse cuenta de que, entre aquella buena gente, por los nombres y apellidos que aquel hombre amable le iba presentando, había tanto finlandeses como rusos.
—Bien. No esperemos más —Alvar anunció, una vez concluidas las presentaciones—. Podemos tomar la cabaña al asalto en cuanto vosotros queráis.
El resto asintió con la cabeza, enardecido. Pero Harry negó con la suya.
—De eso, nada. Por nada del mundo, voy a arriesgar las vidas de gente inocente para salvar a mi propio hijo.
—¿Y cómo quieres hacerlo, entonces? —Le dedicó una mirada de profundo escepticismo.
—Vosotros cread una distracción fuera, capaz de alejar de la casa al mayor número de captores posible. El resto, dejádmelo a mí.
—¿Y cómo pretendes entrar tú? Aunque logremos distraer a la mayoría de ellos, siempre quedará la guardia encargada de vigilar los accesos a la casa. Ten por seguro que esta no va a mover un dedo fuera de allí, siquiera. Y después están los vigilantes de dentro; uno por habitación, al menos. La suerte que tenemos, es que esta gente confía demasiado en sus propias facultades y en el miedo que causan en ambos países limítrofes, como para establecer barreras mágicas de protección. Su infinita arrogancia nos vendrá bien, en este caso.
—Tan sólo, encargaos de todos y cada uno de los vigilantes de fuera sin poner en peligro vuestras propias vidas. ¿Alguno de vosotros ha estado dentro de ese lugar? —Los miró uno por uno, inquisitivo.
Rápidamente, un joven asintió con cierta vergüenza.
Al mirarlo, Harry calculó que debía tener dieciocho años, a lo sumo.
—¿Me lo puedes describir con detalle? —le pidió con urgencia. Pero el chico no respondió—. ¡Por todos los demonios! No te estoy pidiendo que me cuentes tu vida; sólo que me describas la casa. Los motivos que te hayan llevado a entrar allí en el pasado me traen sin cuidado —añadió, impetuoso.
El chico asintió de nuevo, aún más avergonzado.
—Creo que tu hijo debe estar retenido en la habitación central de la casa —afirmó, convencido, una vez se hubo decidido a hablar—. Ese lugar no es como los demás; es una fortaleza sin ventanas.
—¿En qué sentido? —preguntó, enarcando una ceja.
—La disposición de las habitaciones es absolutamente concéntrica, con cada una de las puertas exactamente enfrentada a la inmediatamente exterior y a la inmediatamente interior, de modo que no resulta posible acceder a la habitación más interior, la central, sin antes haber atravesado las tres habitaciones que forman los anillos exteriores y que, por supuesto, estarán fuertemente custodiadas por un pasillo de guardias. No podrás con todos —declaró con pesar, abatido.
—Eso, déjamelo a mí —repitió, decidido—. Tú descríbeme el interior de la casa de un modo tan exacto que, cuando hayas concluido, pueda parecer que yo también he estado en ella —le ordenó.
El joven le dedicó una mirada de conmiseración, pensando que la captura de su hijo le había hecho enloquecer. En cambio, hizo exactamente como le pedía.
Media hora después, Harry detuvo a Aliosha cogiéndola por una mano —pues ella iba a marcharse a la carrera en pos de todos sus compañeros, quienes ya habían tomado posiciones de cara al comienzo de la distracción que le permitiría llevar a cabo su plan con las mayores garantías posibles, que no eran muchas—, le dio un abrazo cariñoso de agradecimiento y afirmó:
—Nos vemos cuando todo esto acabe.
Ella se mostró conforme con un fuerte asentimiento de cabeza y se marchó sin mirar atrás.
Más debilitado de lo que estaba dispuesto a admitir, Harry inspiró hondo para concentrarse. Pronto, una fiel imagen del punto exacto donde deseaba aparecer se formó en su mente, totalmente nítida. Tras exhalar el aire que contenían sus pulmones, sereno, su presencia desapareció del lugar donde, hasta ahora, había permanecido a salvo de miradas hostiles.
Tal y como el joven había asegurado, el anillo exterior de la casa había sido habilitado para el almacenamiento de todo tipo de trastos y enseres; se hallaba en semipenumbra. Al aparecer en este, Harry deseó con todas sus fuerzas no tener la mala suerte de haber caído encima de cualquier objeto que pudiera delatarle. Así que, con sumo cuidado, no se decidió a mover ni un solo músculo hasta haberse asegurado de que, al hacerlo, no causaría un estruendo que, inmediatamente, delatara su presencia. Miró a ambos lados, bajo sus pies y sobre su cabeza; tan sólo una rata trató de huir de su lado, chillando con indignación. Una rata… Aquello le dio una idea.
Ejecutó un "Homenum Revelio" mientras atrapó a la rata con una mano, intentando que esta no le mordiera. Con ello delató su presencia también, pues como era de esperar, su varita emitió, además de vibrar, una luz titilante. Inmediatamente, las dos presencias delatadas por su hechizo —una a varios metros hacia su derecha y la otra a un escaso metro a su izquierda— se giraron, dispuestas a dar la alarma y a neutralizarlo. Pero él estaba preparado.
—"Aresto Momentum" —pronunció.
El tiempo pareció detenerse frente a sí, enormemente ralentizado por su hechizo. Vehemente, lanzó la rata al vigilante que tenía a su izquierda, lo que le dio tiempo para neutralizar al más lejano mediante un "Desmaius". Inmediatamente después, una rápida sucesión de un "Palalingua" y un "Incarcero" dejaron fuera de combate a su otro oponente.
Había resultado muy fácil, pensó, si no fuera porque los hechizos habían mermado, aún más, las escasas fuerzas que aún conservaba. Debía superar dos círculos más hasta llegar a Albus, con el consiguiente desgaste de energía. Y tras ello, rescatarlo. Negándose en rotundo a perder la concentración debido a la angustia, rogó a Merlín o a quien demonios en el Universo pudiera escucharlo, que le ayudase a conservar el vigor suficiente para liberar a Albus. . El resto ya no era importante para él. Tomó aire con fuerza y se puso en marcha de nuevo.
Caminando con relativa seguridad, gracias a las indicaciones que el joven ruso le había proporcionado, halló la puerta que daba paso al segundo anillo. Mediante un "Orchideous" conjuró un ramo de orquídeas e hizo sonar sus nudillos contra la puerta. Dos golpes rápidos; un golpe largo, otro golpe largo, y dos golpes rápidos —exactamente, el número de vigilantes que debía haber por anillo: dos en el anillo exterior, uno en cada anillo de los dos siguientes, y dos protegiendo el círculo central—. Si su informador le había proporcionado los datos correctos, todo debía marchar a la perfección. Y si no… Negó con la cabeza, desechando cualquier idea negativa al respecto. Y aguardó. Demasiado tiempo sin recibir respuesta. Demasiado tiempo…
De pronto, la puerta comenzó a abrirse con un suave ruido. Y él esperó.
—¿Qué demonios pasa? Esta no es la hora para dar novedades —una mole rusa, malcarada, le reprochó con malos modos antes de que la puerta se hubiera abierto del todo, siquiera.
—Esto es para ti.
Sin darle tiempo a reaccionar, Harry le puso el ramo de orquídeas en las manos.
El hombre, quien no había prestado demasiada atención a su interlocutor hasta aquel momento, miró las flores, atónito, y aún más atónito miró a Harry. Antes de que pudiese dar la alarma, ni de que fuese capaz de reaccionar, Harry ya le hubo estampado un fuerte puñetazo en medio de la cara. Tambaleante, el hombre mostró una mueca arrogante; se estaba reponiendo del golpe con demasiada rapidez. Con fastidio, Harry le estampó un nuevo golpe, aún con más fuerza; tras lo que agitó la mano bruscamente para mitigar el fuerte dolor que la taladró de inmediato. Sin remedio, el hombre dio con sus huesos en el suelo.
—Por todos los demonios... —Harry maldijo para sí. Aquella mano iba a causarle problemas.
Las cocinas.
"Si este es el cocinero, ¿cómo demonios será el armero?", se lamentó con fastidio.
Caminó en línea recta hacia la siguiente puerta. Iba a repetir el mismo código de golpes cuando saltó una alarma en su interior. Algo andaba mal. Concentrado, repasó las indicaciones que el chico le había dado; palabra por palabra. No eran sus palabras las que él no recordaba bien. Algo fallaba en todo aquello; su instinto se lo decía. Urgió a su mente en busca de aquello que fallaba; no disponía de tiempo para pensar.
De pronto, lo supo: no era el código, el que había sido establecido acorde con el número de vigilantes que había en cada anillo de la casa, como podía parecer en un principio. Él ya se había topado con ese código en otra ocasión, en otra casa que nada tenía que ver con aquella, durante otra misión. Era un código usado por los magos renegados rusos, sin más. Por tanto, la secuencia siguiente debía ser: dos golpes rápidos; un golpe largo y dos golpes rápidos. La aplicó, rogando con todas sus fuerzas no haberse equivocado en su apreciación.
En esta ocasión le interesaba armar tanto ruido como le fuera posible, con intención de distraer la atención de los dos últimos vigilantes, quienes custodiaban a Albus, hacia él. Para que abrieran la puerta por propia decisión. Con uno de ellos que intentara salir, le bastaba para entrar. Así que —que Merlín le perdonara—, utilizó la maldición "Imperio" para apoderarse de la voluntad del siguiente vigilante: un hombre menudo, de ojos vivaces, quien inmediatamente intentó resistirse a aquella posesión; aunque no lo logró. La voluntad de Harry lo arrolló como si del Autobús Noctámbulo se tratara.
Por tan sólo un instante, Harry se detuvo; las fuerzas comenzaban a abandonarlo. Aunque no podía permitírselo. Con mirada resuelta, ordenó al hombre que tirase, rompiese, destrozase, todas las armas y objetos custodiados en aquel anillo de confinamiento. Y él mismo ejecutó un estruendoso "Confringo", cuyas explosiones estallaron por doquier.
Mientras, en la habitación central, el hombre que acababa de romper el labio superior de Albus de un cruel puñetazo, detuvo su siguiente asalto para girarse, sorprendido, hacia la puerta, ahora cerrada, que conectaba con el círculo inmediatamente inferior. Su compinche, quien había estado contemplando la escena con auténtico placer, apoyado cómodamente en la pared, lo imitó.
Sentado en una destartalada silla y maniatado como estaba, Albus no pudo más que escupir la sangre que llenaba su boca de un regusto férreo y pastoso. Aquel golpe brutal había estado apunto de hacerle perder la consciencia. Pero él no iba a perderla tan rápidamente; sabía que no podía permitirse hacerlo. Ahora, no. Y no lo haría. Por fin había obtenido un pequeño cristal, de una de las botellas que, con saña, aquel degenerado solía romper a su lado, para que toda el agua que esta contenía se derramase a sus pies sin que él pudiese probarla, siquiera. Y llevaba horas cortando con él las cuerdas que inmovilizaban sus manos. Cuando lo lograse, aquel sadismo sería el propio fin de semejante escoria, se juró.
No sabía qué era lo que estaba sucediendo del otro lado de la puerta; pero fuera lo que fuese, beneficiaba sus planes. Así que, aprovechó todas las fuerzas que había podido conservar para terminar de cortar las cuerdas y, cuando lo hubo logrado, rápidamente cogió la varita que su captor siempre guardaba en el bolsillo trasero de sus vaqueros. El hombre se revolvió y, por un momento, dudó entre dirigirse a la puerta o enfrentarse a su rehén.
Su compañero todavía no era consciente de lo que allí estaba sucediendo; había decidido encaminarse hacia la puerta para preguntar:
—¿Qué cojones está pasando ahí?
No obtuvo respuesta alguna. Ambos hombres se miraron, dubitativos.
—Apáñatelas fuera. Yo me encargaré de este desgraciado —el otro le ordenó.
El hombre, dándose cuenta de lo que acababa de suceder con el reo, lo miró, dubitativo.
—Haz lo que te digo —insistió con voz amenazadora.
Y miró a Albus con despiadada crueldad, anticipando el enorme placer que iba a resultar para él acabar con su vida.
De pronto, su compañero profirió un grito desesperado de dolor. Al echar mano al pomo de la puerta para abrirla, se había abrasado con este, que ardía, incandescente. Inmediatamente después, un "Bombarda máxima" destrozó la puerta, ya abierta, desde fuera, lanzando al hombre al otro lado del cuarto. Sin embargo, no fue suficiente para noquearlo.
Furioso, el hombre extrajo su varita y apuntó a Albus, decidido. Si él debía morir, no lo haría solo.
Sin embargo, Albus fue rodeado, inesperadamente, por una barrera mágica creada mediante un "Partis Temporus". Bien entrenado como estaba, el joven no perdió tiempo para lanzar un "Flipendo" al hombre que aún tenía delante, lo que le proporcionó el margen suficiente para poder abalanzarse sobre él y dejarlo inconsciente de varios puñetazos. Aún así, no puedo evitar que quien le había ayudado desde la puerta, fuese alcanzado de lleno por un potente "Sectusempra".
Albus, revolviéndose como una furiosa serpiente, corrió hasta alcanzar al vigilante que aún quedaba en pie, aunque maltrecho; hizo que se plegase sobre sí mismo de una fuerte patada en el estómago y, cogiendo la silla donde él mismo había permanecido atado, la estampó en su cabeza con todas sus fuerzas. El hombre se desplomó como un peso muerto.
Aún sin conocer la identidad de quien, tan heróicamente, le había ayudado, Albus corrió hacia la entrada para agradecérselo y lograr que ambos se marchasen de aquel maldito lugar sin perder ni un segundo más. Pero aquello que vio le encogió el corazón en un puño: era su padre, su propio padre, quien sangraba profusamente a través de numeras heridas que el "Sectusempra" le había provocado.
—Sabes lo que has de hacer —Harry llamó su atención con voz débil, severo—. Hazlo.
Superando la infinita angustia que atenazaba su pecho y su garganta, Albus asintió, con fuerza.
Se concentró, despejó su mente de todo aquello que no fuera ejecutar el hechizo que bailaba en su mente, ansioso por salir.
—"Vulnera Sanentum" —pronunció con voz clara y firme, dirigiendo la varita que había incautado hacia su padre.
Aquella no era su varita; no sabía si usarla causaría el efecto sanador suficiente como para salvar la vida de aquel hombre, al que adoraba. Con los ojos anegados en lágrimas, se dejó caer junto a Harry y sostuvo su cabeza en su regazo con mimo.
—Papá, no mueras. No te me mueras; por lo que más quieras. Papá, Papá… —suplicó en medio del llanto.
No recibió ninguna respuesta.
Sintiéndose completamente derrotado, deseó haber muerto en aquel momento; en aquel lugar.
"Hola, Al", escuchó una voz que se abrió paso entre todo su dolor, con firmeza.
Sintiendo el mayor alivio que había sentido jamás en su vida, miró a su padre de nuevo.
Allí estaba él, sonriéndole con cansancio.
—¡Estas vivo!
—Gracias a ti.
Envolvió a su padre en un abrazo de oso, que inmediatamente le fue devuelto con fuerza. Para su infinita sorpresa, Harry no tuvo problema para incorporarse segundos después.
—¿Pero cómo…? —Albus no pudo evitar preguntar.
A cualquier otro, la pérdida de sangre lo habría dejado postrado en una cama durante días.
—Piel de graphorn, hijo —su padre explicó, intuyendo qué estaba pasando por su cabeza—. Aún así, yo habría muerto si tú no me hubieses sanado. Cuando el hechizo me ha golpeado, ya no me quedaban fuerzas para ejecutar un hechizo de sanación por mí mismo. Así que, la pérdida de sangre sufrida allá donde el chaleco no ha resultado eficaz para protegerme, habría terminado por acabar conmigo.
—¡Oh, Dios! ¡Me alegro tanto de verte! —Al exclamó, abalanzándose sobre su padre para abrazarlo de nuevo—. ¿Pero qué narices haces tú aquí?
—¿Tú qué crees? ¿Acaso pensabas que yo iba a dejar morir a mi hijo, sin dar mi vida para tratar de impedirlo?
—Pero el Ministerio de Magia no…
—¡Al Infierno con el Ministerio de Magia! ¡Tú eres mi hijo, Al! Pero es cierto que, ahora que tú estás a salvo, el Ministerio de Magia nos necesita. Tu madre y Cathy nos necesitan.
Al escuchar ambos nombres, los ojos de Albus se abrieron de un modo desmesurado.
—¿Qué tienen que ver Cathy y Mamá con el Ministerio de Magia? —exigió saber a voz en grito, alarmado.
—Ellas se han visto envueltas en un intento de asesinato contra mi vida, en parte debido a la operación encubierta que tu equipo y tú habéis llevado a cabo hasta ahora —declaró—. Siento profundamente la muerte de tus compañeros; nuestros amigos —añadió, compungido—. Sus familias recibirán todos los honores que ellos merecen—. Mas pronto retomó la explicación sobre aquello que urgía, ahora—. Edward las está protegiendo. Pero no le vendría mal un par de refuerzos. Unámonos a la fiesta.
—¡ебать! ¡Me cago en todo lo que se menea! —Albus gritó con todas sus fuerzas, cabreado, indignado y alarmado—. ¡Tenemos que proteger a Cathy y a Mamá de esos hijos de…!
Pero su padre no le dejó terminar.
—Alto ahí, jovencito. ¿Desde cuándo te has convertido en un mal hablado, como yo? ¿Hasta blasfemas en ruso?
—No me jodas, Papá. Tenemos que protegerlas ya mismo. No hay tiempo que perder.
Harry palmeó la espalda de su hijo con tanta alegría impetuosa, que casi le hizo caer.
—Cógete de mi brazo.
—Perdona que te lo haga notar; pero estás hecho polvo —Al afirmó, totalmente escéptico.
—No más que tú. Pero tienes toda la razón. Salgamos de aquí; buenos amigos nos están esperando. Ellos nos ayudarán a reponer las fuerzas, que ambos necesitamos, rápidamente. ¿Qué te parece si tu y yo nos turnamos para llevar a cabo los sucesivos traslados? Sé que tú puedes hacerlo tan bien como yo; incluso mejor. Y que conoces todos los destinos intermedios a la perfección. Estocolmo, Oslo, Copenhague, Amsterdam, Bruselas y Londes —enumeró—. Yo empiezo.
Albus le dedicó una enorme sonrisa, henchido de orgullo al sentir semejante muestra de confianza por su parte y asintió.
Sorteando los cuerpos, armas, mobiliario y numerosos cascotes que hallaron en su camino, ambos hombres abandonaron aquel maldito lugar, ahora destrozado. A pocos metros lejos de allí, Aliosha y su grupo los aguardaban con angustia e impaciencia. Y al verlos llegar, inmediatamente los rodearon con intención de prestarles toda su ayuda, necesitaran lo que necesitaran. Pero también de hacerles infinidad de preguntas curiosas sobre lo que había pasado dentro de la casa. De los guardias que habían vigilado el exterior, no había rastro; y ninguno de ambos quiso preguntar al respecto.
COMENTARIOS DE LA AUTORA
¡Por Merlín!... Las escenas de asaltos a castillos, fortalezas, etc., de luchas y de peleas, en fin... de estrategia, siempre me cuestan un montón de imaginar y de escribir. Ayer, cuando terminé de escribir la parte II del Epílogo, temí que la próxima parte se me atragantase por causa de la "escenita" del asalto de Harry a la casa donde Albus permanecía retenido. Así que, decidí no postergarla más. No fuera que transcurriese todo un año más hasta publicar el próximo capítulo, siendo que tenía muy claro, en esta ocasión, lo que quería escribir. Me dejo de rollos. Aquí tenéis el rescate de Albus. Ahora, me queda por escribir la nueva "escenita" de lucha en el Ministerio de Magia Inglés. Por Merlín... dónde me he metido...
Dedico el capitulo a carlos29, quien me ha dejado un review al capítulo anterior.
Sinceramente: no podéis ni imaginar cuánto nos pone las pilas, a los escritores, recibir buenos comentarios. ¡Gracias de todo corazón, carlos29!
Hasta muy pronto.
Rose.
