La historia es una adaptación del libro de Tijan y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Veinticinco

Apenas me quedé dormida cuando escuché un suave golpe.

Sentándome, sentí el brazo de Jasper apretarse alrededor de mi cintura y me quedé quieta. Su respiración todavía era constante. No lo había despertado. Deslizándome cuidadosamente fuera de su brazo, salí de la cama.

Había dos luces de noche acomodadas en el pasillo, una en cada extremo, así pude caminar hacia la habitación de mis padres si necesidad de encender una luz.

Temblores bajaron por mi espalda mientras me alejaba de mi habitación.

¡Golpe!

—Mierda.

Hice una pausa. Ese era mi padre. Frunciendo el ceño, me acerqué. Su puerta no estaba cerrada. Estaba abierta como diez centímetros. Una de las lámparas estaba encendida y mientras echaba un vistazo hacia el interior, mi papá pasó junto a mí, dirigiéndose hacia el baño.

La cama estaba hecha. Nadie estaba durmiendo. En cambio, montones de ropa estaban encima por todas partes con un montón de cajas acomodadas alrededor de la habitación. Algunas estaban abiertas y algunas ya estaban cerradas. Había sido movidas más cerca de la puerta, como si estuvieran listas para ser recogidas.

Mi papá regresó de su baño, sus brazos llenos de artículos de aseo. Los dejó caer dentro de una de las cajas y arrojó algunas de sus camisas en la parte de arriba antes de cerrarla.

—¿Qué estás haciendo? —Entré, abriendo más la puerta.

Mi papá maldijo, dándose la vuelta. Pasó una mano por su rostro.

—Santa mierda, Isabella. Advierte a papá la próxima vez, ¿podrías?

Lo ignoré, concentrándome en las cajas.

—¿Qué estás haciendo?

¿Nos íbamos a mudar?

Sabía que no lo haríamos.

No habría tenido sentido.

—Oh, cariño. —Toda una nueva voz vino de él, la que escuché cuando me dijo que nos mudaríamos a Portside.

Comencé a negar.

—¿Dónde está mamá? —pregunté.

—Ella... —Respiró, mirando alrededor y su mano fue a su cabello—. Puedo ver lo que esto parece, pero...

—¿No es eso? ¿No te estás mudando?

Mis ojos encontraron los suyos y supe que eso iba a suceder.

Podía sentir a Irina detrás de mí, pero estaba en silencio. Por una vez en la vida.

—No. —Sus hombros se hundieron de repente. Su mano cayó a su costado. Una mirada de tristeza destelló en sus ojos.

No sentía pena por él.

Una sensación de temor se asentó en el fondo de mi esternón. No se movía para que pudiera respirar más fácil. Lo estaba bloqueando todo y sentía como si fuera a vomitar.

—¿Qué estás haciendo? Sin tonterías, papá.

Miró alrededor de la habitación una vez más y me dio la mirada más extraña, como si me estuviera viendo de adentro hacia afuera.

—Me voy a mudar.

No sabía si debería estar aliviada o triste. No estaba ninguna. Solo estaba. Asentí, mirando hacia otro lado.

Eso tenía sentido.

El duelo dividía familias. ¿No me dijo eso un folleto una vez?

Me abracé, medio girándome.

—¿Estás dejando a mamá o nos estás dejando?

No respondió al principio y supe la respuesta.

Quise girarme por completo, darle la espalda, pero no pude atreverme a hacerlo. Podía sentir su mirada.

—Me voy a mudar más cerca de Seth.

Así que simplemente nos iba a dejar a mamá y a mí.

Sabía que Seth estaba en la escuela y que parecía estarla disfrutando. Sabía que probablemente era bueno para él no estar viviendo en esta casa muerta, pero eso también estaba mal. Debería estar en casa. Mi mamá también debería estar aquí. Mi papá no debería estar yéndose.

No debería estar siendo dejada sola.

—¿Bella?

Y el premio para la mejor sincronización del mundo era para Jasper.

El suelo chirrió desde el otro lado del pasillo

—¿Quién es ése? —exigió mi papá bruscamente—. ¿Ese es un chico?

Quise poner mis ojos en blanco. Me contuve. Apenas.

—Nos vas a dejar. ¿Qué te importa?

Su boca se cerró de golpe y su manzana de Adán rebotó. Pude verlo pensando en ello y ahí fue cuando noté el cabello encanecido en sus sienes. Había más alrededor de sus orejas. Las bolsas bajo sus ojos eran épicas y podía haber jurado que sus arrugas se habían duplicado desde ese verano.

Mi papá no era un hombre viejo, pero estaba cerca de parecerse a uno.

—¿Bella? —El susurro de Jasper fue mucho más audible. Estaba justo afuera de la puerta.

—¿Quién eres? —exigió mi papá.

Jasper abrió la puerta y lo miró, pero no hubo reacción. Sabía a lo que estaba entrando.

—Jasper Whitlock, señor. Usted trabaja con mi padre. —Sus hombros eran firmes y no vaciló cuando hablo. No se iría a ninguna parte.

Ahí fue cuando lo supe con seguridad. Había venido por mí, sin importar lo que sucediera después de esto.

—Oh. —Mi papá perdió toda su pelea—. Es correcto. Tu padre habló conmigo, mencionó que tú y mi hija eran amigos. —Miró entre nosotros dos, deteniéndose para contemplar mi camiseta de tirantes y pantalones cortos antes de pasarse a los pantalones holgados que vestía Jasper. Se había puesto una camiseta.

Mi papá frotó una de sus cejas.

—¿Estabas durmiendo aquí, Jasper?

—Sí, señor.

—¿Está durmiendo contigo, Isabella?

Asentí.

—Sabes que sí.

—No. No lo sabía. —Su tono era tranquilo—. Tu madre ha estado en contacto con Nan. ¿Estoy asumiendo que eso es de lo que hablabas? ¿Tu madre sabe?

Asentí de nuevo. ¿Por qué sentía como que si ya no pudiera tragar?

El silencio llenó la habitación y Jasper se acercó más a mí.

—¿Estás bien?

Mi papá comenzó a reírse y se giró hacia una de sus cajas.

Negué, mi mirada fija en la de Jasper, pero dije:

—Mi papá va a mudarse más cerca de Seth.

Jasper no respondió. No estaba ahí para obtener detalles. Todavía estaba esperando por mi señal, si necesitaba que se quedara o si podía irse.

No había tomado una decisión, así que no respondí.

Mi papá siguió empacando, sus hombros tensos y levantó una mano, pasando su corbata por encima de sus hombros.

Todavía estaba vestido para ir a la oficina. No había registrado eso antes. Parecía pertinente por alguna razón.

—Son casi las tres de la mañana —murmuré, medio preguntándome—. ¿Por qué no te has cambiado de ropa?

¿Había ido a algún lugar después del trabajo? ¿Iba a entrar a trabajar temprano?

Irina resopló detrás de mí. Dudo que siquiera vaya a ir a trabajar, hermanita. No estás prestando atención. Huele, Bella.

¿Oler qué?

A él. No llevas puesto ningún perfume de vainilla y no creo que tu querido tampoco lo

haga.

Me sentí ahogarme, como si alguien me hubiera alcanzado y apretado su agarre alrededor de mi garganta. Tenía razón.

Había un olor distintivo, pero no era vainilla. Era lavanda. Olía a flores.

Me giré hacia Jasper

Mi mamá utilizaba un perfume cítrico. Odiaba la lavanda.

—Mamá dijo que querías reunirte en la ciudad. ¿Tenía puesto algún perfume cuando la viste? —De alguna manera dudaba que fuera de ella. Mi mente estaba sumando dos más dos más rápido de lo que podían hacerlo mis emociones y me sentía tambaleándome sobre mis pies.

Jasper se acercó más, apoyando su mano en mi cintura. Su toque me estabilizó lo suficiente para evitar que me cayera.

—Estás viendo a alguien más.

Mi papá se giró de nuevo hacia nosotros. La sangre se drenó de su rostro y luego sus ojos encontraron la mano de Jasper.

—Quita tu mano de ella.

Lo ignoré y me moví rápidamente hacia adelante.

—¿Quién es? ¿Por quién nos estás dejando?

—Cariño. —Se encogió como si lo hubiera abofeteado en el rostro.

—¿Mamá lo sabe?

Sus hombros se derrumbaron y su cabeza cayó. Hizo una bola con la camisa en su mano, sosteniéndola contra su pecho.

—Lo sabe.

No podía mirarme.

No solo estaba dejándonos; se iba con alguien más.

Una nueva familia.

Irina y yo pensamos lo mismo al mismo tiempo.

Mi estómago se retorció y pude sentir la bilis elevándose.

—¿Quién?

—No la conocerás, cariño.

Él hablaba en susurros. Yo no. Mi voz se hacía más firme con cada pregunta que hacía.

—¿Quién? —Podría no conocerla, pero quizás Jasper sí—. ¿Es alguien con quien trabajas?

Tenía que serlo.

Solo trabajaba desde lo de Irina. E iba a ver a Seth, pero eso era con mi mamá. ¿Cierto? ¿Iban juntos?

—Isabella, podemos hablar de eso más...

—¿QUIÉN?

No necesitaba que Jasper me ayudara a sostenerme. La rabia lo estaba haciendo por sí misma.

—Isabella, cariño...

Mis fosas nasales se expandieron.

—Dije quién. ¡Quiero saber quién!

Su boca se cerró. Sus manos fueron a sus caderas, la camisa también y me miró. Era como si el aire se hubiera vuelto sólido entre nosotros y mi pregunta era como tratar de atravesarlo sin ayuda.

Que así fuera. No le tenía miedo a la sangre. Ya no.

Di un paso más cerca.

—¿Quién, papá?

—Este no es el momento de hablar sobre eso.

—Me dices o haré de tu maldita vida un infierno.

Nuestros ojos se fijaron y pareció estar sopesando si iba en serio con mi amenaza. Lo hacía. Claro que lo hacía.

Dejó salir un suspiro.

—Su nombre es Sue Clearwater. Y sí, trabaja conmigo.

No miré hacia atrás, pero sentí la sorpresa de Jasper.

—¿Te vas a mudar con ella?

—Yo... sí. Al menos por un rato. Tu madre y yo hablamos sobre ello esta noche.

No podía comprender algo de esto. Mi mente estaba en blanco y presioné más. Necesitaba obtener tanta información como pudiera.

—¿Dónde está mamá en este momento?

—Está en un hotel cerca de Seth.

Eso estaba a tres horas de distancia. Yo no iría a ningún lugar mañana a excepción de la escuela.

—¿Y eso era una mentira? ¿Que me dijeras que ibas a mudarte más cerca de él?

—No. Bueno, sí. La casa de Sue está más cerca de la ciudad y más cerca de Seth. —Tosió—. No creo que tu madre vaya a venir a casa mañana. ¿Estás, tú sabes...?

Levanté la mirada. Estaba viendo a Jasper con una dura expresión.

—¿Qué?

—¿Estarás bien arreglándotelas sola? ¿Al menos por algunos días?

Me reí entonces.

Sabía todo lo que necesitaba saber.

No habría Seth mañana.

No habría mamá mañana.

No habría papá hasta quién sabía cuándo.

No le respondí a papá. Me di la vuelta, mis manos rozándose contra las de Jasper cuando lo hice. Era como si hubiera estado observándonos desde el exterior de mi cuerpo. Éramos nosotros tres de nuevo.

Me fui.

Jasper se fue detrás de mí.

Irina venía al final.