¡YAHOI! Bueeeeeeeeeeno, seguimos con los capis diarios. No tengo ganas de decir nada. Ya me he puesto de mala leche con lo que ha pasado en mi ciudad.

¡ESTÁBAMOS YA LIBRES, JOLÍN! ¡MALDITOS MADRILEÑOS DE M! ¡QUE NOS HABÉIS PUESTO A TODOS EN JAQUE, CABRONES!

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!

Prompt de hoy: diablita y ángel.


Ángel perverso


―¿Estamos todos de acuerdo, entonces?―Los veinticinco alumnos de tercero A de bachillerato del Instituto Konoha murmuraron un asentimiento casi al unísono, aliviados de que al fin la tediosa reunión para ver qué hacían en el que iba a ser su último festival escolar.

Finalmente, a media tarde, habían logrado llegar a un acuerdo: iban a hacer una especie de espectáculo, contando cuentos e historias, algunas inventadas y otras basadas en leyendas. Lo habían echado a suertes para escoger los papeles de cada uno. Todos iban a participar, en mayor o menor medida. Y a diferencia de otros años a ninguno le disgustaba aquel festival escolar. Iba a ser el último, al fin y al cabo, y querían dejar su pequeña huella en el colegio.

Solo había uno que estaba ligeramente molesto. Pero un ratio de uno entre veinticinco tampoco importaba mucho. Siempre había ovejas negras, decían.

―Dobe. ―El aludido, un atractivo rubio de ojos azules con unas curiosas marcas en las mejillas y de piel bronceada, frunció el ceño en dirección a su mejor amigo, que era el que lo había llamado―. Quita esa cara. Ya está hecho. ―Resopló, molesto e irritado con toda la situación.

―Déjame en paz, teme. No eres tú el que va a ir con un ridículo par de alas a la espalda'ttebayo. ―El otro suspiró.

―Las chicas están bastante emocionadas con el tema, por el contrario―dijo, señalando con la barbilla hacia un grupito de tres excitadas féminas que no paraban de cuchichear y que eran sus amigas más cercanas.

Haruno Sakura, Yamanaka Ino y… Hyūga Hinata.

Hacia esta última se deslizaron los orbes azulados del rubio, fijándose en la pequeña y curvilínea figura. El cuerpo femenino, como si sintiera su intensa mirada, se estremeció y se volvió un segundo, lo justo para cruzarse durante unos instantes con la mirada azulada, sonrojarse y regresar nuevamente la atención a la conversación que mantenía con sus amigos.

Una lenta y perezosa sonrisa se instaló en su rostro. Ah, Hinata… qué mona era… y una buena persona, también. Aunque bajo toda esa bondad…

―Espabila. ―Sintió un dolor repentino en la nuca y levantó la vista, molesto.

―¡¿Qué diablos, Sasuke?!

―¿Te traigo un babero?―Un marcado sonrojo se adueñó de las bronceadas mejillas masculinas.

―Vámonos. Tengo hambre'ttebayo. ―Se levantó, cogieron ambos sus mochilas y se las echaron al hombro mientras salían del aula.

―¡Sasuke-kun! ¿Ya te vas?―Sakura dejó momentáneamente de hablar con sus amigas para volverse hacia el mencionado, que se detuvo un momento para asentir.

―Sí. Mañana quedamos a primera hora, antes de clase, para ver cómo hacemos. ―Sakura asintió.

―De acuerdo. Quedamos mañana. Nos vemos. ¡Hasta mañana, Naruto!―El rubio sonrió ampliamente a su compañera y amiga.

―¡Hasta mañana, Sakura-chan!―De reojo, vio cómo un par de orbes perlas se clavaban en él durante un momento, brillando con algo muy parecido a la irritación.

Él no pudo evitar sonreír para sí mientras salía definitivamente de la clase.

Quitando la molestia de los ensayos y el ridículo disfraz, puede que hasta se lo pasara bien.

Pero que muy bien.


Murmuró una maldición cuando, por enésima vez en el día, tropezó con la túnica blanca excesivamente larga y las alas hechas con papel maché se le engancharon en el décimo extintor del día.

―¡Será posible! En buena hora me tocó hacer de un estúpido ángel pijo. ¿Por qué no puedo ser el demonio malévolo? Jodido teme suertudo… ―Suspiró y reanudó el camino de vuelta a su clase.

Los pasillos estaban vacíos a esas horas de la tarde. Solo él y su grupo estaban echando más tiempo en el instituto a causa del dichoso festival escolar. Entendía que para la mayoría los últimos tres años habían sido buenos y querían cerrar aquella etapa con broche de oro, pero para él solo eran memorables los últimos seis meses…

Un ruido proveniente de uno de los baños que había en el pasillo así como la apertura apresurada de una puerta lo hizo detenerse en seco.

No, no fue el sobresalto, fue la hermosa―y sexy―visión de una preciosa chica enfundada en un insinuante disfraz de diablita saliendo del cuarto de baño lo que lo hizo pararse.

Ella quedó congelada al verlo. Naruto la recorrió de arriba abajo, recreándose especialmente en sus blancas piernas y en el escote que dejaba a la vista parte de sus redondos pechos, esos pechos que podían hacer que un hombre se volviese loco de deseo…

Hinata se ruborizó hasta las raíces del pelo al percatarse de la ardiente mirada que él le estaba dirigiendo. Se aclaró la garganta para tratar de llamar su atención.

―Naruto-kun, hola. Ve-veo que ya… ya estás cambiado… ―Él pestañeó. Ladeó la cabeza con una sonrisa pícara mientras la miraba.

―Sí, y, por lo que veo, tú también. ―Hinata se rascó el brazo con nerviosismo.

―S-sí. ¿Va-vamos yendo? L-los demás ya…

―No hay prisa―dijo él, apoyándose en la pared todo lo que las molestas alas de su disfraz le permitieron―. Ven aquí. ―Hinata se sonrojó pero obedeció, colándose entre sus brazos extendidos. Naruto los cerró en torno a su cintura y la apretó contra él, bajando acto seguido la cabeza para robarle un beso que los dejó a ambos temblando. Le acarició la mejilla y sus ojos se volvieron cálidos cuando la miraron a la cara―. ¿Te he dicho hoy lo guapa que eres y lo bien que te queda ese disfraz? ¡Maldita sea, todos los babosos van a desearte!―Hinata se acurrucó contra él y le dio un cariñoso beso en el cuello.

―So-solo me interesa que tú me veas―susurró, con el rostro ardiendo de vergüenza por haberle confesado algo como eso. Naruto la apretó fuertemente contra él, escondiendo la cabeza en su cabello.

―Créeme, mi diablita sexy. Te veo. ―Deslizó las manos por su cintura hasta su espalda y de ahí a su bonito trasero, que amasó y apretó con deleite. Hinata dio un respingo al sentir la atrevida caricia.

―¡Naruto-kun! ¡E-estamos en el instituto!―Naruto hizo una mueca para luego sonreír, negándose a no poder disfrutar de aquel momento a solas con su chica favorita.

―Venga, Hina. Llevas una semana ignorándome. ―Ella apartó la vista, sintiéndose culpable por su acusación, que era cierta.

―L-lo siento. Papá está en casa y… ―Naruto la calló con otro beso.

―Lo sé. Pero eso pronto cambiará'dattebayo. ―Hinata cerró los ojos y se acurrucó todavía más contra el pecho masculino, sintiendo la felicidad burbujear en su interior.

―Sí… ―Porque en cuanto acabara el curso pensaba hacer las maletas y marcharse de su casa, a vivir una nueva vida junto al chico al que amaba. Le pesase a su padre o no, ella amaba a Naruto Uzumaki, y quería disfrutar de todo el tiempo que pudiera junto a él.

Además de forjarse su propio camino, sin normas de etiqueta ni asfixiantes reglas que le dictaban qué vestir, qué comer, qué estudiar o qué compañías frecuentar.

―¿Hina?―Ella le pasó los brazos por el cuello y lo besó. Naruto gruñó y le devolvió la impetuosa caricia.

―Te amo. ―Naruto sonrió ampliamente.

―Lo sé. Hum… ¿Qué te parece si… ya sabes… nos escapamos un ratito?―El carmesí volvió a teñir el pálido rostro de la chica.

―E-eres un ángel perverso―dijo ella, sabiendo que, quisiera o no, él se saldría con la suya. Siempre lograba convencerla de estar con él, se aprovechaba de su amor y de su deseo.

Naruto rio y la abrazó, acariciándole sus preciosas piernas y subiendo un poco la falda del mini vestidito rojo que ella llevaba puesto.

―Soy tu ángel perverso, Hina. ―Se inclinó hasta rozar sus labios con los de ella―. Solo tuyo―le susurró antes de volver a juntar sus labios en otro arrollador beso.

Porque sí, él podía ser todo lo perverso que quisiera.

Siempre y cuando solo lo fuera con ella, claro…

Solo con ella.

Fin Ángel perverso


Tengo sueño y mientras escribo esto estoy hablando por el móvil (soy multitarea, sí; habilidad que se aprende con la maternidad xDDD), así que mejor os dejo, que me están bombardeando a mensajes.

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Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.