Capítulo 20

Hinata volvió a gritar mientras luchaba contra las bandas que la retenían. Su piel temblaba y picaba mientras se esforzaba por romper las correas alrededor de sus muñecas y tobillos.

¡No dejaría que él la tocara!

Prefería morir antes que dejar que cualquier otro hombre la tomara.

Hinata sintió una repentina oleada de vertiginoso calor a través de ella. Apenas notó la súbita quietud de Madara mientras sus ojos se abrieron sorprendidos durante el proceso de desabrochar sus pantalones.

Su aliento salió y se dio cuenta de que la oscura habitación empezó a parecer más clara. Podía distinguir el áspero y quebrado techo alto de una cueva y las formaciones iniciales de estalactitas.

De repente, las correas sosteniendo sus tobillos se rompieron y ella fue capaz de girarse sobre su estómago.

Mientras tiraba de las correas que sostenían sus muñecas, vió aparecer en sus brazos unas escamas azul pálido, oro y blancas. Sus manos comenzaron a curvarse y ella miró con una mezcla de horror y asombro como comenzaron a formarse garras donde habían estado sus dedos.

Hinata cerró los ojos y dio la bienvenida a la nueva ola de fuego que corrió a través de ella, invitando a la ola cuando sintió su cuerpo reorganizarse y cambiar.

Lisas escamas se formaron sobre su cuerpo. Hinata arqueó su espalda cuando sintió estremecimientos propagándose. Podía sentir una sensación de desgarro cuando se formaron sus alas, empujando hacia fuera en una perfecta extensión de cuero, con pequeñas garras formadas en las articulaciones.

Hinata giró la cabeza hacia Madara y dejó escapar un gruñido bajo mientras las correas que antes sostenían sus muñecas se rompieron como una banda elástica estirada demasiado lejos.

Madara dejó escapar un grito mientras se tambaleaba hacia atrás cayendo sobre una roca y aterrizando sobre su espalda. Se arrastró hacia atrás, no estando preparado para enfrentar a un enfurecido dragón Bijuu.

—¿Qué? ¡Esto es imposible! — exhaló. —¡Tú no eres una verdadera Bijuu!

La cara de Hinata también había cambiado. Su frente se había ampliado para aceptar los cambios en sus ojos, que estaban protegidos por pestañas largas y negras. Su nariz y su boca se alargaron, conteniendo filas de pequeños dientes afilados. Su garganta ardía.

Estrechó su mirada en la figura caída de Madara, las imágenes de Naruto tendido indefenso en el suelo flotaban en su mente y, con un fuerte rugido, abrió la boca y dejó escapar un chorro de fuego de dragón antes de balancearse alrededor y moverse rápidamente hacia la apertura de la cueva.

Madara dejó escapar un grito mientras rodaba tratando de escapar del fuego del dragón. Una franja larga de su piel a lo largo de su espalda humeó y se cubrió de ampollas mientras el fuego pasó sobre él antes de que pudiera conseguir estar totalmente cubierto.

—¡Matadla! ¡Matadla!— gritó mientras su piel ardía.

Hinata se movió torpemente hacia la entrada, dejando escapar otra corriente de fuego de dragón para hacer retroceder a la ola de hombres que llegaban corriendo desde la entrada.

Mientras retrocedían, Hinata pudo sentir los músculos de las patas traseras tensarse como si estuviera a punto de saltar. Con un empuje descendente de sus alas, Hinata se apartó de la entrada elevándose mientras lo hacía. Sintió un pinchazo en la pierna izquierda y otro cerca del hombro mientras los hombres en tierra abrieron fuego.

Dejándose ir, dejó que el dragón dentro de ella se hiciera cargo, esperando que supiera qué hacer. Hinata se retiró en su interior queriendo escapar a un lugar donde podía entender y donde se sintiera segura.

Sin Naruto, ya no le importaba lo que pasara.

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Shikamaru hizo señas a Sai, Obito y Naruto para seguir adelante con sus hombres. Recibieron la ubicación de Madara del informante de Shikamaru. La última transmisión había sido dos horas antes. Pasaron las dos últimas horas luchando contra la espesa vegetación del bosque que llevaba a los comienzos de las Montañas Ocultas, al oeste de la ciudad de Bijuu. Los transportes fueron capaces de dejarlos a lo largo del río, casi diez kilómetros al sur del lugar.

Debido a la espesa vegetación, no habían podido cambiar a su forma de dragón y debido a la vista desde las cuevas, no podían volar directamente sin ser vistos.

Además, no podían arriesgarse a usar la transferencia de energía desde la nave de guerra por temor a que Madara leyera las señales de energía. Eso los dejó sin otras opciones; tuvieron que cortar a través y por el bosque a fin de no ser vistos.

Si Madara no había tomado a Hinata, tendrían solo que arruinar el infierno fuera del lugar. Naruto maldijo en silencio mientras él y su grupo de cinco hombres se adelantaron a través de una sección particularmente tupida.

No podía soportar la idea de pensar lo que Hinata tenía que estar pasando. Por lo más justo, si Madara le había hecho daño, si la había tocado de cualquier manera, Naruto le despedazaría en pequeñas piezas.

¿Por qué tiene que suceder esto justo ahora?

Finalmente sentía como Hinata estaba empezando a aceptar estar aquí en Bijuu. Que finalmente aceptaba estar aquí con él. Había estado muy preocupado por ella, mientras estaban en la nave de guerra, pero en las últimas semanas parecía disfrutar estando aquí.

Quería mostrarle lo hermoso que era; mostrarle lo hermosa que era ella y finalmente, finalmente… ¡mostrarle en lo que se había convertido!

La humedad quemó el fondo de sus ojos mientras pensaba en lo impotente que se sintió cuando Madara sacó a Hinata lejos de él y apretó sus labios con los de ella.

Un feroz susurro llamó de nuevo.

—¡Naruto!

Naruto volvió la cabeza para mirar a Sai. Tenía que dejar de pensar y volver a lo que estaba ocurriendo aquí y ahora o no sería de ningún bien para Hinata. Sai miró con calma a Naruto por un momento antes de asentir.

Con un movimiento de su mano, Shikamaru señaló que él y sus hombres estaban moviéndose por el lado oeste de la montaña y que Naruto tomara el este. Obito y Sai les seguirían tan pronto como Hinata fuera asegurada.

Naruto dio una leve inclinación de cabeza y le indicó a los hombres que lo siguieran. Con sigilo mortal, se trasladaron hasta la montaña mientras el sol empezaba a ponerse en el segundo día de cautiverio para Hinata.

La subida llevó casi una hora. Naruto no tuvo problemas para ver cuando el cielo comenzó a oscurecerse.

Solo cambió su visión para poder encontrar sus manos y pies sosteniéndole cuando necesitaba impulsarse hacia arriba y sobre la estrecha cornisa que corría hasta las cuevas. Empujándose hacia atrás lo más que pudo para mezclarse con la ladera de la montaña, no esperó a los otros hombres antes de seguir adelante hacia el débil brillo de las luces.

Se movió rápida y silenciosamente detrás de un hombre y con un rápido movimiento, le rompió el cuello. Tirándolo hacia un lado, empujó el cuerpo hacia las sombras aún más lejos. Se movió hacia el frente de la cueva.

Madara debió sentirse más seguro de lo que debería. Sólo había dos guardias en el frente. Él se encargó de uno y Shikamaru se hizo cargo del otro. Naruto echó un vistazo a su hermano y asintió. Cada hombre cambió a su forma de dragón, sus Simbiosis formando armaduras alrededor de ellos cuando se agacharon.

Naruto echó un vistazo alrededor de la cueva tomando nota de la posición de cada hombre, diez en total, sentados o tumbados alrededor de pequeños fuegos artificiales. Los ojos de Naruto se estrecharon sobre una figura en particular, Madara, quien estaba sentado sin camisa cerca del fondo de la cueva.

Los ojos de Naruto estrecharon con odio mientras miraba a otro hombre utilizar un escáner de medicina en la espalda de Madara.

Madara se sacudió, maldiciendo violentamente al hombre antes de colocarse lentamente de pie.

Naruto pudo ver una larga línea de piel rosa con cicatrices corriendo un sendero desde el hombro derecho de Madara través de su espalda y hacia abajo a su cadera.

La piel parecía nueva y aún se podían ver rastros de sangre.

Los labios de Naruto se curvaron hacia atrás.

Madara tendría más antes de que terminara la noche. Naruto frunció el ceño cuando no pudo encontrar ningún signo de Hinata. Volvió su mirada alrededor y antes de que pudiera detenerse, un profundo gruñido brotó de su garganta cuando vió a Madara rígidamente agacharse y recoger lo que quedaba de la ropa de Hinata y arrojarlo a uno de los fuegos.

La cabeza de Madara se sacudió cuando oyó el gruñido. Con un grito, tomó un desintegrador de su cadera.

Naruto cargó hacia adelante, confiado en que su hermano no estaría muy lejos de él. Con un fuerte rugido, Naruto y Shikamaru dejaron escapar cada uno un chorro de fuego de dragón sobre los hombres más cercanos a ellos.

Los hombres no tuvieron tiempo para levantar sus escudos antes de que se convirtieran en cenizas. En cuestión de minutos, la pelea había terminado. Obito y Sai les siguieron rápidamente con los diez hombres que tenían Naruto y Shikamaru y rápidamente cayeron sobre el pequeño grupo de Madara.

Madara dio una ráfaga a su pierna y Naruto le quemó sobre el pecho y el brazo. Mientras se le acercaba, Naruto cambió a su forma humana, excepto una mano.

Envolviendo su garra en el cuello de Madara, gruñó profundamente apretando el cuello y sujetándolo hasta que la punta de su uña perforó la piel.

—¿Dónde está ella?— gruñó Naruto amenazadoramente.

—¡Muerta!— dijo Madara con una desagradable sonrisa. —Pero no antes de que la probara. ¿Quieres escuchar cómo gritó cuando la tomé?

Naruto sintió el rugido de dolor e indignación de su dragón. Incapaz de controlar el dolor inimaginable construyéndose en su interior, dejó caer a Madara y cambió a su dragón, dejando que el dolor saliera de él en forma de fuego de dragón. Hizo caso omiso de los gritos de Madara cuando le quemó hasta las cenizas.

Naruto cambió de nuevo antes de volverse entumecido y caminar a la entrada de la cueva. Se quedó mirando a ciegas hacia el cielo nocturno. No entendía cómo podía incluso estar de pie todavía. Era como si su cuerpo ni siquiera existiera.

¿Era posible que el cuerpo estuviera vivo mientras que el resto de él estaba muerto?

Ni siquiera saltó cuando sintió la mano en su hombro.

—¿Naruto?— dijo Obito en voz baja. —Ella está viva.

Naruto se volvió y miró fijamente a Obito.

—¿Qué?

—Mi informante dice que la hembra está viva.— repitió Obito en voz baja.

—¿Dónde está él?— dijo Naruto, sus ojos comenzaron a brillar.

Obito hizo señas a un joven hombre Akatsuki de unos veinte años para que se adelantara.

—Este es Haku. Se ha arriesgado mucho para ayudarnos. Estaba aquí cuando la hembra escapó.

Naruto miró al joven que le devolvió la mirada calmadamente.

—¿Tú viste su huida?

—Si mi Lord. Sin embargo, ella tenía la forma de un dragón. Madara la había llevado a la parte posterior de la cueva para...

Haku se aclaró la garganta.

—No había nada que pudiera hacer para salvarla de eso, mi Lord. Madara nos había ordenado permanecer fuera. Lo siento.

Naruto cerró los ojos luchando contra la humedad.

Apretando la mandíbula, abrió sus ojos y asintió a Haku para que continuara.

—Continúa.— dijo Naruto con voz ahogada.

—No mucho tiempo después, oímos gritos. Madara gritó órdenes de que matáramos a la hembra. Cuando llegamos a la entrada de la cueva, un pequeño dragón azul pálido, oro y blanco apareció escupiendo fuego de dragón. Ella voló hacia el norte, sobre la montaña.— terminó Haku.

Naruto dio una profunda respiración. Hinata estaba viva y se había transformado. Lo único que importaba era que estaba viva. Sintió el cambio, mientras su dragón rugió el derecho de encontrar a su compañera.

Dejaría que su dragón se hiciera cargo. Él sería capaz de sentir dónde estaba su compañera y no pararía hasta que la tuviera segura bajo sus alas.

—Una cosa más, mi Lord.— le llamó Haku. —Ella fue herida. No sé como de grave será.

El gruñido de Naruto se convirtió en un rugido cuando se elevó, volando directamente hacia arriba hasta que pudo girar hacia el norte. Su dragón olfateó el aire, captando el ligero olor de la sangre de su compañera.

Naruto habló en voz baja a su dragón.

—Pronto, mi amigo, ella pronto estará con nosotros y nunca la dejaré fuera de nuestra vista de nuevo.

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Hinata no sabía dónde estaba. Voló lo más lejos que pudo antes de que la combinación de pérdida de sangre y cansancio la obligaran a aterrizar en la primera abertura disponible. Finalmente se había vuelto un poco más consciente de lo que estaba pasando con ella.

En la cueva, Hinata como persona, se había retirado tan dentro de sí misma que la parte de su dragón se hizo cargo.

Sin embargo, cuanto más voló, más curiosa se volvió en cuanto a lo que le estaba sucediendo.

Al principio, ¡estaba aterrorizada! Cuando se dio cuenta que estaba volando, Hinata gritó, asustando a la parte de su dragón, causando que cayera una y otra vez antes de enderezarse a sí misma.

Su dragón se rió ante la reacción de Hinata. Cuanto más lejos volaron, comenzó a darse cuenta de que su dragón se parecía mucho a un niño pequeño mirando a un nuevo mundo por primera vez. Finalmente comenzó a disfrutar de la sensación del aire fresco de la noche en la cara y las alas y el brillo de las estrellas en el cielo nocturno. Podía ver en la noche tan bien como durante el día.

Con el tiempo, la quema de sus heridas comenzó a filtrarse en su conciencia y el cansancio tiró de ella hasta que finalmente comenzó el lento descenso. Aterrizó en un valle montañoso que contenía una larga y estrecha pradera.

Hinata cojeaba, gimiendo por el dolor ardiente en su pierna trasera y adelante en el hombro.

Levantando la cabeza, olfateó el aire por peligro. Todo lo que olía en la suave brisa era el aroma de las flores silvestres. Inclinando la cabeza, oyó el suave sonido de gorgoteo de agua cercana.

Cojeó hacia el pequeño arroyo y enterró la nariz en el agua helada. Tomando un profundo trago, bajó lentamente a lo largo de la orilla y comenzó a lamer las heridas en su hombro y su pierna trasera. La hemorragia se había detenido, pero ambas todavía picaban.

Colocándose de vuelta sobre su costado, Hinata levantó la mirada hacia las estrellas y dejó escapar una serie de pequeños sonidos de tos. Sabía que su dragón estaba llamando a su compañero por ayuda.

Hinata no tenía corazón para dejar que su dragón supiera que su compañero no vendría. Lo único que podía hacer era una y otra vez a su dragón que todo estaría bien, aún mientras su propio corazón se rompía en pedacitos.

Su dragón lo sabía mejor, por supuesto. Ellas eran una sola y su dragón podía ver la imagen de Naruto en el prado, impotente.

Grandes lágrimas plateadas brillaron y entonces corrieron lentamente por las mejillas de color azul pálido, oro y blanco cayendo como diamantes en la suave hierba púrpura mientras el dragón de Hinata seguía llamando a su compañero en el viento.

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Naruto voló en aquella noche sin luna, desacelerando de vez en cuando para desviarse hacia atrás y adelante cuando su dragón perdía el rastro del olor de su compañera. Era extraño, pero por primera vez, sintió la conexión total de su dragón, la Simbiosis y él, puesto que los tres tenían dificultades para no estar abrumados.

Había cubierto casi doscientos kilómetros desde la cueva cuando su dragón de repente se sacudió como si le hubieran disparado. Podía sentir su corazón tronando cuando le alcanzaron los suaves sonidos de la llamada de un dragón.

La alegría estalló a través de él al reconocer las llamadas del dragón de Hinata. Eran los mismos ruidos, como de tos suave, que hizo cuando su dragón estaba tratando de emerger mientras estaban haciendo el amor durante la semana pasada.

Barrió con sus ojos hacia atrás y adelante, mientras volaba entre dos picos y comenzó un descenso hacia abajo en un valle largo y estrecho. Mientras volaba más bajo, los sonidos del suave grito de duelo de un dragón lo alcanzaron.

Había tanto dolor y tristeza en ese grito que el dragón de Naruto tuvo que responder. Dejó escapar un largo estruendo de alegría, llamando a la hembra.

Contestó con una mezcla de gruñidos y ruidos profundos para transmitir su necesidad de amarla y protegerla.

Cuando sus ojos destellaron sobre la figura inmóvil del pequeño dragón posado en la suave hierba púrpura, sintió su corazón hincharse con amor por lo hermosa que era.

Con un fuerte barrido descendente de sus alas, aterrizó a unos pocos pasos de donde Hinata estaba tendida. Se movió rápidamente hacia aquel lugar donde yacía ese pequeño dragón, bajando la cabeza para tocar suavemente su hocico con el de ella.

Cuando el cansado dragón de Hinata levantó la cabeza para frotarse contra él, Naruto ya no pudo contener las lágrimas de alivio.

Con suavidad y ternura trasladó su cuerpo más cerca de Hinata y extendió sus alas para envolverla lo más cerca que pudo contra él.

Envuelta en sus alas, bajó la cabeza y la puso sobre su cuello protegiéndola mientras ella finalmente se sumía en un profundo sueño.

Continuará...