—¡Mételo ya, de una puta vez! —demandó Yuri, comenzándose a impacientar.
—Pe-Pero… —Katsuki lo miró dudoso, al parecer no creía buena idea la orden del menor—. Te haré daño.
Yuri chasqueó la lengua para luego encogerse de hombros. Se acomodó mejor en el lugar y volvió a darle una mirada asesina a su compañero. Realmente estaba perdiendo la poca paciencia que poseía. ¿Por qué rayos Katsuki era tan indeciso?
—¡Agh! Ya te dije que no importa, solo hazlo —repitió el ruso agravando su voz.
—Pe-Pero, Yuri…
—¡Ya!
Katsuki lo quedó viendo con duda pero después de unos segundos asintió decidido a acatar las palabras de su invitado, no obstante la vacilación seguía en su rostro. Yuri al ver su aceptación apretó los labios y las ganas de seguir gritándole se fueron.
Ambos chicos dirigieron sus cabezas hasta la televisión frente a ellos y con concentración volvieron a mover sus dedos sobre los controles del Xbox One donde jugaban un juego de fantasía que tenía fascinado a los dos, pero a la vez los ponía tensos y nerviosos pues estaban pasando una etapa bastante difícil donde ya habían muerto muchas veces.
Katsuki siguió las órdenes de Yuri y al hacerlo el personaje de Plisetsky salió herido tal como había dicho Katsuki. Este último pareció arrepentido pero nada pudo decir ya que rápidamente tuvieron que ponerse alerta por la aparición de enemigos en el videojuego provocando el game over de Yuri.
—¡Aaah! —gritó disgustado Yuri al ver su personaje muerto por octava vez—. Esto es una jodida mierda. ¡Tú juego está malo!
Katsuki soltó un suspiro de derrota para luego sonreír con timidez.
—Lo siento, creo que fue mi error —se disculpó transportando una mano hasta su sien para rascársela con su índice. Su personaje también había muerto.
—Por supuesto que lo es —secundó Yuri, dejando el mando a un lado a la vez que veía la pantalla.
Ya llevaban un par de horas jugando y todo el tiempo había sido entretenido. Para la sorpresa de Yuri, su compañero era muy bueno jugando y le había enseñado varias cosas importantes del videojuego que él no sabía.
Sentados en el suelo frente a la televisión se quedaron enmudecidos sin saber que decir. Yuri ya no deseaba seguir con ese juego pues estaba frustrado por lo mal que lo habían hecho que necesitaba un respiro. Yuuri por su parte miraba algo nervioso la pantalla y a su contrario, parecía querer decir algo, sin embargo no se atrevía. Yuri notando su inquietud rodó los ojos cansado de su timidez, ya llevaban un tiempo hablando y por eso pensaba que debía dejar su actuar tan retraído con él.
—¿Ti-Tienes hambre? —preguntó Katsuki a los segundos interrumpiendo las futuras palabras de Yuri, el cual lo iba a regañar por su actitud.
—Hum, algo —contestó relajándose a la vez que cruzaba sus piernas como un indio.
Katsuki puso un gesto pensante llevándose una mano al mentón.
—Bueno, falta un poco para el almuerzo, es mejor esperar a que esté listo y así comer con ganas —comentó Katsuki con una sonrisa.
Yuri no satisfecho con esas palabras se llevó las manos a su estómago y sintió como este rugía por comida. Katsuki quizás percatándose de ello sonrió algo divertido por lo que Yuri se sonrojó medianamente. La verdad es que moría de hambre.
—Por mientras ¿Quieres más refresco?
—No —Yuri miró el vaso ya vacío a su lado y oprimió sus labios.
La chica llamada Yuko que era prima de Yuuri les había traído amablemente aquellos refrescos antes, y después de eso no la volvió a ver más pues Yuko debió hacer otras cosas. Pensó que fue un alivio no verla más, ya que ese pequeño encuentro había provocado que se sintiera inquieto y que su mente se revolviera mucho más de lo que ya estaba, pues al verla a ella y al sentir esas pequeñas cosquillas en su estómago recordó sin querer a Otabek. Ahora realmente se sentía más confundido y perdido, sin embargo rápidamente recordó las palabras de Leo y decidió no comerse más la cabeza por cosas que no comprendía por ahora.
Volvió a poner sus ojos jades sobre el nipón que lo veía con detenimiento tras sus lentes de marco azul. Se preguntó que hacer ahora, ya no quería seguir jugando más y no sabía que hablar con Katsuki. Normalmente siempre hablaban de juegos o de algo respecto a la clase, más de eso no había entre ellos y por eso ahora comenzaba a sentirse un poco encerrado. No era bueno sacando temas y al parecer su compañero tampoco. Sentía que estaban en un punto muerto.
—Entonces… —habló Yuri, haciendo una mueca en su rostro a la vez que miraba la habitación buscando un motivo para conversar, al ver unos cuantos posters de caricaturas japonesas o como eran mejor conocidas: Anime, Yuri creó rápidamente las palabras en su mente para después soltarlas—. ¿Te gusta el anime?
Al acabar de preguntar se sintió un poco tonto ya que la respuesta era muy obvia, no obstante mantuvo su expresión muy seria.
Katsuki le dio una mirada rápida a su habitación como percatándose de que sus posters y algunas figuritas que Yuri no sabía de qué trataban, eran estuvieran ahí, y luego asintió.
—Es entretenido —dijo encogiéndose de hombros, manteniendo su rostro un poco tenso. Yuri pensó que a su compañero le incomodaba hablar de eso—. Aunque no soy tan fanático… hum, hay buenas historias.
—Está bien, debe ser entretenido —dijo Yuri despreocupado viendo nuevamente los posters.
Yuuri lo quedó viendo con un poco de sorpresa para luego juntar sus dedos índices.
—Hum… ¿Tú no has visto ninguno? —preguntó el dueño de casa con la voz empequeñecida.
—No… De pequeño solo veía caricaturas que daban por televisión, quizás vi alguna alguna vez, pero no me percaté, además yo prefería jugar más con mis juguetes que ver la tv —respondió Yuri recordando rápidamente instantes de su infancia.
Recordó en esos segundos como antes con su abuelo en la casa armaban castillos de cartón y jugaban los dos por horas y horas con muñequitos de acción o animales que el mayor le compraba a su nieto. Sonrió fugazmente por aquella memoria y se preguntó cuándo fue que dejó de jugar a así con su familiar, no lo recordaba. Definitivamente crecer era una mierda ya que te volvías un aburrido.
—Oh entiendo… cuando yo era pequeño prefería ver televisión a que jugar… hum, realmente no era muy bueno jugando con otros; solo jugaba con Yuko o a veces con mi hermana cuando estaba de ánimos —contó Katsuki, sonriendo con nostalgia.
Yuri lo observó en silencio y llegó a la conclusión de que Katsuki y él en cierta medida fueron o eran iguales. Al parecer ambos tenía problemas para sociabilizar y mantener relaciones con los demás, aunque el problema de Yuuri era su timidez junto con su inseguridad y el problema de Plisetsky era su puta mala actitud con todos los demás, no obstante nadie podía echarle la culpa, ya que por los errores de los demás al molestarlo siempre por su apariencia, él adquirió su fuerte personalidad la cual ahora era su medio de defensa contra el mundo y así nadie pasaba a llevarlo.
—¿Cuáles tienes que sean buenos? —preguntó a los segundos Yuri, sorprendiendo demasiado a Katsuki, el cual lo miró con los ojos muy abiertos, como si no se creyera las palabras del ruso. Percibiéndose un poco incómodo por la reacción del nipón, Yuri se apresuró en proseguir—. No me mires así y responde.
—Eh… tengo varios —Yuuri se levantó del suelo y fue rápidamente al estante a su derecha para sacar unos cuantos pequeños libros y unos cd's muy bien cuidados para luego volver con su invitado y poner las cosas entre ellos.
Yuri vio las portadas de todos muy interesados, reconoció algunos famosos que quizás vio en televisión de pequeño o que había visto por otro lado, sin embargo no pudo reconocer ninguno por su nombre ya que todos los títulos estaban completamente en japonés.
—Están todos en chino… —soltó perdiendo el interés y siendo consciente de sus palabras. Sabía que todo eso venia de Japón pero realmente seguía encontrando lo japonés junto a lo chino lo mismo.
—Oh… —Katsuki miró su colección a la vez que reía tímidamente—. Con la emoción no me acordé de que todo lo que tengo viene directo de Japón… Lo siento, si estuvieran en tu idioma te los podría prestar, pero así… no entenderías nada.
Yuri se encogió de hombros restándole importancia para darle un último vistazo a la colección. Había muchas imágenes de protagonista con poderes raros y colores de cabello mucho más extraños. Sus ojos verdes saltaron de portada tras portada dándose cuenta que el gusto de Katsuki no era tan alejado al suyo, ya que podía apreciar que al nipón le gustaban las historias de fantasía con acción mezclada. Pensó que era una pena no poder leer o ver esas historias que se veían tan buenas, sin embargo ese pensamiento se esfumó de inmediato cuando se fijó en una historieta —manga llamado en Japón— donde salían aparentemente dos hombres adultos muy cerca el uno del otro… casi besándose, acompañados con el fondo de colores pasteles.
Con una fuerte curiosidad y creyendo que se había equivocado al ver, acercó su diestra al libro y lo aproximó a él para cerciorarse de que efectivamente se trataban de dos hombres juntos, de manera muy íntima. Su rostro en ese instante se tensó y miró a su contario el cual miraba sus cosas y hablaba sobre algunas historias sin percatarse de lo que veía Yuri.
—Este es Code Geass, es un anime de acción, Mecha y de Ciencia fic… —Katsuki hablando del manga que tenía en su mano, levantó la vista para dirigirse mejor a Yuri, sin embargo cuando se percató de lo que su invitado miraba con extrañeza y trauma, su rostro pálido tomó el color escarlata en cuestión de milisegundos.
—¿Qué mierda es esto? —preguntó Yuri dispuesto a abrir el manga que tenía en sus manos, sin embargo no logró hacerlo ya que Katsuki se había apresurado en abalanzarse contra él para arrebatarle el objeto.
—¡N-No! ¡No veas este! —chilló enrojecido el nipón, apoderándose del libro a la vez que caía encima de Yuri aplastándolo ya que se había movido con demasiado impulso.
—¡AHHH! ¡¿Qué rayos te pasa, idiota?! ¡Aléjate! ¡Aléjate! —gruñó Yuri debajo de Katsuki. Se había golpeado la cabeza contra el suelo y se sentía demasiado aplastado por su contrario—. ¡Qué te alejes maldición! —Yuri puso su mano izquierda en el rostro de Katsuki, el cual estaba a centímetros del suyo, y lo empujó para atrás tratando de alejarlo de su espacio vital.
—L-Lo siento —dijo Katsukí tras la mano del ruso.
—¡Solo aléjate! —rugió enfadado Yuri, empujándolo con más fuerza hasta que el nipón cayó para atrás así dejando libre su cuerpo.
Yuri ya separado de su compañero soltó un profundo suspiro y se levantó dispuesto a golpearlo por haber invadido su espacio personal, pues no permitía que nadie en el vida invadiera su metro cuadrado y le quería dejar en claro aquello al nipón, sin embargo en ese instante la puerta que permanecía cerrada se abrió tras unos pequeños golpes y eso interrumpió su futuro ataque contra Katsuki.
—Yuuri, el almuerzo ya está listo, pueden… —la voz de Yuko se escuchó en el lugar tensando por completo el cuerpo del ruso—. Oh… ¿Qué pasa?
—Na-Nada —respondió Yuuri levantándose muy torpemente del suelo, a la vez que escondía el extraño manga tras de su espalda—. Gracias, Yuko, estaremos abajo luego.
Yuko los quedó viendo algo extrañada, no obstante a los segundos asintió para luego retirarse con una sonrisa, gesto que hizo inquietar más a Yuri provocando que este desviara nuevamente la cabeza a otro lado para no avergonzarse.
—E-Entonces… ¿Vamos a comer? —preguntó Yuuri, notablemente nervioso.
Plisetsky teniendo en cuenta de que su compañero estaba inquieto por aquel extraño manga, simplemente asintió con la cabeza dando por terminado aquella pequeña discusión. Realmente no sabía si quería averiguar de qué trataba ese libro, por eso solamente hizo que se le olvidara.
Bajaron después de haberse lavado las manos en el baño y se sentaron juntos en la mesa del comedor. En la casa solamente estaban la madre de Katsuki junto a Yuko, las cuales servían con entusiasmo el almuerzo. Una vez listo todo, se sentaron los cuatro a comer aquel raro platillo para Yuri, se preguntó de que se trataba pero no estuvo mucho tiempo con la duda pues su compañero le informó con las mejillas enrojecidas debido a la emoción de que se trataba del famoso Katsudon del cual él había hablado mucho anteriormente.
Se llevó la primera probada a la boca sintiendo que todos lo miraban con atención. No entendía por qué los demás se mostraban tan ansiosos en saber su opinión de aquel platillo que se veía de lo más común, no era nada del otro mundo que hubiera visto; sin embargo cuando los ingredientes tocaron por fin su boca y pasaron por su lengua, Yuri se quedó sin respiración por unos segundos. Aquel balance de ingredientes, más su exquisita esencia lo dejaron sin palabras que no creyó que fuera real, por eso tuvo que comer otra porción más para asegurarse de que tenía el cielo en la boca.
—¡Woh! ¡Esto está exquisito! —soltó asombrado mirando su plató frente a él. El sabor de Katsudon era casi tan exquisito como los Pirozhki que hacía su abuelo.
—¿Te ha gustado, querido? Estoy tan contenta —habló la madre de su compañero llamada Hiroko Katsuki. La alegría se mostraba en su rostro como corazón.
—Hum… ¡Sí! Es una de las mejores cosas que he probado —confesó Yuri, mirando a la mujer frente a él. Sus ojos brillaban tanto por la emoción como hace mucho no lo hacían.
—Entonces come, adelante, puedes comer más si lo deseas —lo animó Hiroko mientras Katsuki y Yuko asentían con una sonrisa.
Yuri sin tener ganas de parecer el chico frío y antipático, afirmó con la cabeza con una sonrisa en los labios y comenzó a comer junto a los demás. Por alguna razón llegó a sentirse muy cálido, estar con esas personas que lo trataban amablemente sin tener la obligación de hacerlo, lo hizo sentir cómodamente.
Después de comer la primera porción y de hablar de varias cosas, Yuko le preguntó a Yuri si deseaba comer más. El ruso ante la pregunta tan directa de ella y al tener esa mirada suave sobre él, asintió apretando los labios mientras su corazón se mecía rápidamente en su interior. Al apreciar aquel sentir le nació de forma grande querer conocer más a aquella chica, sin embargo, sabiendo que ahora no era el momento para aclarar sus dudas, se centró en lo que decían los demás mientras esperaba su otra porción de Katsudon.
◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎
La siguiente semana Yuri después de la escuela volvió a asistir al club de boxeo. Leo al verlo lo recibió más que feliz y le dijo que debían comenzar a trabajar duro para recuperar los días perdidos. Yuri sin quejarse por nada obedeció cada una de sus palabras e hizo un esfuerzo enorme para escaparse de los abrazos ninjas y fugases de Emil —el cual también estaba feliz de verlo nuevamente— y de ignorar lo más que podía a Jean, quien por algún motivo también se alegró de verlo y ahora trataba de hablar un poco más con el ruso, aunque Yuri no dejaba que se le acercará a más de cinco metros de distancia.
Su interacción con Otabek fue constante todos los días. Yuri aún seguía sintiéndose arrepentido por haberlo ignorado un tiempo por sus inseguridades, sin embargo al ver a su amigo actuar muy normal tras la pantalla, relatándole todo lo que hacía, Yuri no se siguió comiendo la cabeza con eso, por eso no le costó para nada hablar con el kazajo y narrarle de todo un poco sobre su día. A pesar de que su relación de amistad iba muy bien y de forma relajada, Plisetsky no podía negar ni evitar sentir su corazón latir demasiado rápido cada vez que se trataba de Otabek; una llamada, un simple mensaje o una imagen que subía él a sus redes sociales, provocaban que algo dentro de él se emocionara y sonriera como un adolescente enamorado, no obstante, aunque se seguía asustando por sus reacciones no hizo ninguna estupidez más, ya que Yuri había decidido seguir las palabras de Leo y gracias a ellas no llegó a percibirse más sofocado por sus dudas e incógnitas en su interior.
Con su compañero Katsuki sintió que su relación se estrechó un poco más después de esa visita a la casa del nipón. Hablaban más y ahora por algún motivo no le molestaba demasiado su presencia, ni su actitud tímida ya que Yuuri de apoco se iba soltando más con él, no obstante, a pesar de eso Yuri seguía mostrándole su actitud pesada y pasaba regañándolo cada vez que el nipón se quedaba callado.
Así, llevando sus jornadas normales en la casa, la escuela y en el club, Yuri no se percató que el fin de esa semana al fin se hacía presente. Después de un día pesado en la escuela, por lo dolores y por tener que soportar las clases aburridas de física aplicada del profesor Nikiforov, Yuri llegó al club rezongando por lo bajo ya que nuevamente su cuerpo dolía como el infierno gracias a los duros ejercicios con Leo. Mirando todo a su alrededor caminó hasta los vestuarios y una vez ahí se cambió con lentitud para no sentir tanto el dolor muscular.
—¿Qué tal estás, Yuri? —repentinamente le llegó la voz de Leo, el cual entraba a los vestuarios con su sonrisa relajada.
Yuri se dio la vuelta para verlo ya vestido con su ropa de ejercicio y con su cabello en una coleta.
—Bien —respondió volviendo a su labor de cambiarse de ropa. Solo le faltaba ponerse su chándal y así saldrían a trotar como en el día pasado; al pensar en eso sintió que su estómago daba vueltas. "Supongo que hoy también terminare agotado", pensó.
—Ah, por fin es viernes —suspiró Leo. Yuri escuchándolo asintió sin decir nada, para él también era un alivio la llegada del fin de semana—. ¿Harás algo mañana?
—¿Huh? —Yuri se dio la vuelta a la vez que se subía el cierre de su chándal—. Dormir… dormir mucho, como un oso.
Leo le sonrió.
—Como me gustaría poder hacer eso, pero no puedo hasta el domingo—Leo cerró los ojos viéndose muy cansado.
—¿Por qué no puedes? —preguntó Yuri, curioso.
—Estudios… Tengo clases en la mañana y en la tarde un pequeño trabajo ayudando a un carpintero, me ofrecí a ayudarle, ya no puedo echarme para atrás —respondió el mayor serenamente.
Yuri pestañeó rápidamente al escucharlo, ahora que lo pensaba poco y casi nada sabía de Leo de la Iglesia. A pesar de todo lo que habían pasado, de lo que sabía el moreno de él, Yuri no tenía la menor idea de quien era realmente el amigo de Otabek… y quizás ahora también su amigo.
—¿Estudias…? —preguntó arrastrando sus palabras, no quería que su contrario se diera cuenta de la curiosidad por su persona—… ¿Qué cosa?
—Kinesiología —contestó Leo, con una sonrisa rebosante—. Ya es mi segundo año, asisto en las mañanas a las clases y también los sábados. Es agotador pero vale la pena si es lo que te gusta.
—Vaya… no sabía que estudiabas —comentó Yuri cruzándose se brazos mientras miraba al moreno tras su cabello largo.
—¿Y que pensabas que hacía? ¿Qué pasaba todo el día en el club como un vago?
—Eh… —Yuri se enderezó quedando rectamente parado y desvió la mirada, no sabía que contestarle, no es como si se hubiera preguntado aquello, aunque sí le hubiesen preguntado hubiera respondido que sí, que se pasaba toda la vida en el club, pero no podía responder eso; sin embargo no tuvo que pensar mucho ya que la risa de Leo llamó su atención.
—No te pongas tenso, Yuri, es normal que no lo supieras. Tampoco ando hablando de esto todo el tiempo. Aunque me gustaría que sí dudas de algo me preguntes, somos amigos después de todo, ¿no? —Leo lo miró amablemente, cosa que siempre hacía sentir extraño a Yuri, pues aún no se acostumbraba por completo a la gentileza de Leo.
—Sí… supongo —dijo Yuri apenas separando los labios, como un niño pequeño.
Leo volvió a reír y luego le dijo que se apresurará para comenzar ya a entrenar.
Como lo había presentido, salieron a trotar después de un previo calentamiento en el cual quedó más agotado que el día anterior y le dieron ganas de nunca más acercarse a Leo para no pasar por ese entrenamiento nuevamente, sin embargo, permaneció a su lado hasta llegar nuevamente al club.
—Ten, toma un poco de agua —Leo le pasó una botella sellada—. ¿Te has estado alimentando bien? —preguntó cuándo terminaban de hacer ejercicios para enfriarse y relajar su ritmo cardiaco—. Debes seguir una buena alimentación si te estas entrenando así, supongo que Ota te lo comento alguna vez.
—Sí, me lo dijo varias veces —contestó Yuri abriendo la botella para beber con desesperación. Cuando sintió el líquido pasar por su garganta se notó en el cielo—. Cada vez que hablamos me recuerda que debo alimentarme bien… es un poco molesto en ese sentido —recordó con una pequeña sonrisa como Otabek le acordaba muchas cosas al hablar por celular o por video llamada.
—A veces parece una mamá —soltó Leo—, no se queda tranquilo hasta ver que todo va bien.
—Hum, quizás… —Yuri cerró la botella sintiéndose algo incómodo por aquella palabra usada por el mayor, por eso habló rápidamente—. A mí me recuerda más a mi abuelo cuando se pone así, él también es muy insistente en que todo marche bien y Beka no se queda atrás.
Continuaron con su ejercicio relajador hasta ya calmarse por completo. En el momento que Leo le dijo que podía irse a cambiar ya que el entrenamiento del día había llegado a su conclusión la puerta de entrada se abrió dejando pasar el frío del exterior llamando la atención de todos. Yuri con sus ojos azulados miró a esa dirección rezando para que no sea el idiota de JJ el cual no había asistido al club aquel día, y se sintió aliviado cuando no lo vio a él, no obstante, se percibió un poco extrañado al ver la figura de una mujer de buen porte mirando para todos lados con una sonrisa confiada luciendo un hermoso cabello rojizo.
Yuri iba a decirle algo a Leo ya que nunca había visto a una mujer en el club, pero no logró hablar nada ya que a los segundos Leo, sin preocuparse de nada se fue a paso rápido donde ella con una gran y rebosante sonrisa en el rostro.
—¡Mila! —gritó Leo.
La chica nombrada que portaba unas gafas completamente negras impidiendo ver así sus ojos, giró hasta quien le hablaba y sonrió a los segundos.
—¡Oh, Dios! ¡Leo! —dijo ella dejando salir su voz de adulta para luego abrazar al nombrado.
Yuri en eso percibió como varios chicos del club dejaban sus actividades para dirigirse a la recién llegada, entre ellos pudo notar a Emil con una alborozada expresión y junto a él Michele quien para su sorpresa sonreía también.
"¿Quién es esa?", se preguntó sin entender nada. Pensó en acercarse para averiguar por qué tanto alboroto por ella, sin embargo prefirió irse a los vestuarios para cambiarse de ropa y largarse de una vez de ahí, no le gustaba la multitud ni los espectáculos. Sí esa chica llamada Mila era importante en el lugar eso no significaba que para él debería serlo también.
En el momento que estuvo listo en los vestuarios, dispuesto a irse, sintió su móvil vibrar en el bolsillo de su mochila. Sin apuro alguno, pues no había nadie a su alrededor, buscó su aparato entre todo su desorden para encontrarse con una llamada de Otabek. Sonrió sin poder evitarlo, contestó sin querer hacerlo esperar más sintiendo el corazón aglomerado en su pecho.
—Beka —saludó alegre, como de costumbre.
—Yura, ¿Cómo estás? —le habló su amigo con su característica voz neutral, sin embargo se notaba un poco de suavidad en ella.
—Muy cansado… Leo me hizo correr mucho más hoy, ¿Qué clase de entrenamiento le pediste que me diera? Ya ni me puedo las piernas —se quejó Yuri dejándose caer en la banca donde reposaba su mochila.
—Uno que sé que puedes soportar tú —contestó el kazajo sin inmutarse.
—Ahh… creo que ya no puedo mucho más con esto, hasta los estúpidos dedos de los pies se me duelen, quiero relajarme aunque sean tres días seguidos —prosiguió esperanzado de que Otabek le dijera a Leo que disminuyera un poco el entrenamiento.
—No puedes relajarte, Yura. El entrenamiento que estas teniendo con Leo no es nada comparado al que te daré yo, él solo te está preparando para mí. Cuando vuelva a la ciudad me aseguraré de darte un buen entrenamiento para que tu cuerpo se fortalezca más.
Yuri al escucharlo se quedó completamente tenso, realmente no quería imaginarse el duro entrenamiento que lo sometería Otabek. Sin evitarlo recordó las palabras de Leo, el cual una vez le dijo que Otabek era el que practicaba más duramente en el club. Al rememorar eso una sensación fría pasó por su espalda.
—Si me dices eso creo que prefiero quedarme con Leo y que tú te quedes allá… bien lejos —dijo Yuri pensando en el futuro dolor de su cuerpo por culpa del kazajo.
Escuchó una pequeña risa de su amigo y contagiado por eso también sonrió.
—Eso no va a poder ser posible, recuerda que a quien le pediste que te hiciera un hombre fue a mí y no a Leo, y yo pretendo cumplir aquello —habló a los segundos Otabek provocando que Yuri se trapicara con su saliva.
—¡Ehhh! ¡¿Qué dices?! —soltó sulfurado Yuri cuando logró recuperar el aire—. ¡No lo digas así!... Suena tan mal… —murmuró enrojecido hasta las orejas. Sintiéndose pequeño por la vergüenza se tapó su cara con su mano libre agradeciendo mentalmente que Otabek no estuviera frente a él para verlo en ese estado.
Todas sus malditas palabras hacían que se sintiera más y más extraño.
—Pero si fuiste tú el que dijo eso primero —se defendió Otabek, no ayudando para nada a Yuri. Su corazón estaba a punto de abandonar su pecho.
—Ya… lo sé, solo cállate… maldición —susurró el ruso, ya no pudiendo más con la conversación.
Volvió a escuchar la risa de Otabek y lo maldijo por estar disfrutando de la situación. Quiso decirle algo para que ya no prosiguiera en molestarlo, no obstante el kazajo después de unos segundos volvió a hablar ya más sereno cambiando por completo el tema.
—Yura, ¿Aún estas en el club?
—Sí, aunque estoy por irme —respondió Yuri volviendo a respirar, ya relajándose.
—Qué suerte —soltó Otabek notándose aliviado— ¿Tienes la llave de mi casillero?
—Sí —contestó de inmediato el ruso, recordando que Leo le había pasado la llave días atrás para que guardará sus cosas y pusiera el chándal que usó de Otabek en el—, ¿Por qué?
—Bien, ¿Me harías un favor o no? —ante la pregunta de Otabek Yuri asintió sintiéndose curioso—. En mi casillero hay un pendrive azul que se me olvido sacar, ¿Puedes llevártelo a casa y extraer del pendrive unas pistas que luego te diré para que me las envíes? Las necesito para esta noche y no encuentro las copias en mis archivos. Me salvarías la vida si lo haces.
Yuri se levantó de la banca con la pequeña llave en mano y abrió el casillero. Ignorando el olor a perfume de Otabek que invadió su nariz buscó lo pedido para encontrarlo en una esquina del lugar.
—Ya lo tengo —informó, estudiando el pequeño pendrive azul en su mano—. Entonces solo tengo que enviarte unas canciones.
—Sí, solo eso, pero si no puedes dale el pendrive a Leo y él… —Otabek no logró concluir ya que Yuri lo interrumpió con una voz agravada.
—¡Lo haré yo! No me molesta, puedo hacerlo —dijo Yuri enojándose un poco al escuchar que su amigo sugería pasarle la misión a Leo.
—Gracias, Yura, confió en ti, te enviare los nombres de los archivos por mensaje, son cuatro —comunicó Otabek.
—Vale.
—Ahora te dejo, debo volver a trabajar. Saludos a tu abuelo —se despidió Otabek.
—Bueno, Davai, Beka, hablamos más tarde —se apresuró en hablar Yuri.
—Por supuesto. Davai, Yura.
Cortó la llamada guardando su móvil en el pantalón. Sus ojos se posaron en el objeto que todavía tenía en las manos y sonrió. Por alguna razón le agradaba la idea de hacerle algunos favores a Otabek, sentía que así de cierta forma podía devolverle la mano, ya que el kazajo hasta ahora había sido alguien muy bueno con él y Yuri no había tenido oportunidad alguna para devolverle los favores. Ahora con el corazón relajado se aseguró de cerrar bien el casillero y de guardar la llave junto al pendrive en un lugar seguro de su mochila, Otabek ahora dependía de él y no quería fallarle, debía apresurarse en llegar a casa para hacerle el favor.
Al salir de los vestuarios observó que ya el lugar estaba en su normalidad, los otros miembros del club, con los cuales Yuri no hablaba, seguían en lo suyo y la aglomeración que causó la llegada de aquella mujer se había dispersado. Sin querer perder nada de tiempo se puso a caminar hasta la salida manteniendo solo una cosa en mente, que era llegar luego a casa, sin embargo cuando divisó a Leo en una esquina del recinto pensó que debía despedirse al menos de él.
—Yuri —lo nombró Leo cuando el ruso llegó a su lado. Leo estaba junto a la mujer llamada Mila, la cual lo miró de forma indagadora, cosa que hizo poner inquieto a Yuri haciendo que levantará de inmediato sus murallas de indiferencia.
La mujer tenía un hermoso cabello rojizo corto y ondulado que le daba un aire de absoluta seguridad. Poseía unos impresionantes ojos azules profundos que parecían ver mucho más allá de lo normal. Era alta, delgada y con un lindo físico bien cuidado que podría tratarse de alguna modelo. Yuri le calculó aproximadamente unos, quizás, veintidós años y presintió que ella era alguien sumamente confiada, su mirada tan llena de curiosidad y sin nada de pudor la delataban.
—¿Ya te vas? —preguntó Leo, haciendo que Yuri despegará la mirada de la mujer.
—Sí, ya acabamos por hoy —respondió él, desviando sus ojos verdes a Leo.
—Hum, no sabía que teníamos más integrantes en el club —habló repentinamente ella acallando las futuras palabras que iba a decir Leo. Los ojos de ambos hombres recayeron en ella.
Yuri mantuvo su fuerte mirada al ver una expresión demasiado seria en el rostro de la mujer.
—Oh —Leo como si recordará algo importante se apresuró en ganarse al lado de ambos—. Veamos, Yuri, está chica es Mila Babicheva, es un miembro del club como también amiga nuestra; ah, también es ahijada de Celestino —la presentó elevando un poco su mano izquierda hacia ella.
—Hola… —susurró Yuri, un poco incomodó al notar que ella solo lo veía sin pestañar, era como si lo estuviera analizando en completo silencio. Eso lo inquietó—. ¿Qué miras tanto? —gruñó a los segundos sin poder soportar más la situación.
En eso Mila se llevó una mano a su mentón y siguió mirándolo insistentemente. Yuri sin entender nada le dio una fugaz mirada a Leo, el cual solo sonreía a su lado como si ya estuviese acostumbrado al raro comportamiento de ella.
—Te pregunte, ¿Qué rayos mi…? —no logró Terminar Yuri, puesto que Mila de un segundo para otro derrumbó los pocos metros que los separaban y dejó descansar ambas manos en los hombros de Yuri para luego acercar su rostro al de él y mirarlo más fijamente a solo centímetros.
Con eso, al verse tan vulnerable sin percatarse y al tener el hermoso rostro de ella a escasos centímetros del suyo, Yuri sintió como su cara se tornaba roja y los nervios junto a las ganas de querer escapar nacieron.
—¿Qué mierd…? —soltó Yuri, ya pensando alejarse de Mila.
—¡Eres una preciosura! —expresó Mila cortando las palabras de Yuri, para luego rodear al ruso entre sus largos y delgados brazos levantándolo así del suelo. Como su diferencia de altura era notable, Yuri no tocó el piso por varios segundos.
—¡Ah! ¿Qué te pasa maldita, bruja? ¡Suéltame! —rugió Yuri sin saber qué hacer, normalmente hubiera golpeado a su agresor, pero como se trataba de una mujer no sabía cómo escapar, pues sus principios dictaban jamás golpear a una chica.
"Agh… Es malditamente fuerte", pensó viéndose completamente atrapado por ella. Mila pese a su apariencia delicada y femenina tenía una fuerza brutal que ya lo estaba dejando sin respiración.
—Esto no creo que sea buena idea eso, Mila —dijo Leo mirándolo a ambos pero sin llegar a hacer nada, Yuri no entendió como se veía tan relajado.
—¿Por qué no me dijeron que entró otra chica al club? Ah, al fin ya no me sentiré tan sola —expresó ella sin apartar a Yuri, el cual al oírla sintió como la vena de su frente palpitó con rabia.
—Eh… tampoco creo que deberías decir eso… —Leo en ese instante sí pareció ponerse algo tenso.
—¡¿A quién mierda le dices chica?! ¡Te voy a golpear, me importa una mierda de que seas una mujer!... ¡Ahhh ya bájame, maldición! —rugió Yuri moviéndose desesperadamente entre los brazos de Mila.
La chica ante sus palabras pareció reaccionar ya que lo bajó a los segundos para luego quedarlo viendo de forma confundía. Yuri, ofuscado por todo le devolvió aquel gesto sin pestañar, ya estaba planeando miles de situaciones para acabar con ella.
—¿No eres una chica? —preguntó ella, mostrándose muy extrañada.
Yuri tuvo el impulso de gritarle otra vez, sin embargo no alcanzó ya que Leo volvió a ponerse al lado de los dos.
—No lo es, Mila —Leo parecía algo inquieto, aunque su sonrisa seguía en su rostro—. Mujer, siempre te adelantas con todo, déjame presentártelo —suspiró llamando la atención de Mila—. Él es Yuri Plisetsky, es nuestro nuevo compañero que entrena con nosotros hace unas semanas.
Ya menos enfadado Yuri siguió viéndola con detenimiento, parecía un gato atento por si corría peligro o no, estaba completamente erizado y ahogado con todo.
—Eh, pero parecer una chica —comentó ella volviéndolo a sacar de quicio.
—¡Que soy un hombre, maldita bruja!
—Ya, eso dices pero… —Mila pareciendo muy confundida dibujó un pensativo gesto en su rostro.
Yuri ya cansado solamente pensó en darse la vuelta e irse, ya había perdido mucho tiempo con ella y sinceramente le valía una mierda si no se convencía o no, sin embargo sus planes nuevamente no resultaron ya que las manos de Mila sobre su pecho lo dejaron completamente petrificado.
—Hum, plano —dijo ella palpando su pecho en busca de pechos de mujer.
—Oye, ¿Qué demonios crees que haces? —inquirió Yuri, volviéndose muy serio mientras era toqueteado por ella. Estaba conteniéndose para no golpear a nadie. Ya su enojo llegaba a límites increíbles.
Mila no pareció afectada por su tono de voz asesino, por lo que siguió con su labor de investigar, hasta que llegó al principio de su pantalón y tiró de este dejando ver levemente el boxer negro de Yuri. Leo como Yuri bajaron su mirada a donde Mila había recién visto y en ese instante, al percatarse de lo que Mila observaba todos los colores existentes se adueñaron del rostro de Yuri. Avergonzado de un rápido manotazo y de unos movimientos con sus pies, Plisetsky se echó para atrás reajustando su pantalón apenas movido separándose notablemente de aquella rara mujer.
—¡¿Qué crees que miras, maldita bruja pervertida?! —chilló Yuri, colocando ambas manos en su entrepierna como modo de protección.
—Sí que eres un chico —soltó ella irguiéndose y sonriendo como una niña ante su descubrimiento, al parecer no le importaba en absoluto lo cometido.
—Mila, lo que has hecho se puede catalogar como acoso a menores… —anunció Leo.
—¿Eh? —la nombrada lo miró.
—Yuri solo tiene dieciséis años —le informó Leo de lo más relajado.
—¿Qué? —ella volteó nuevamente donde Yuri, el cual seguía rojísimo por lo vivido—. Oh mierda… ¡De verdad lo siento! —juntó sus manos frente a su rostro, ahora sí se veía preocupada—. Debí asustarte con mi actitud, a veces soy muy descuidada y la curiosidad puede conmigo… perdón, Yuri, realmente pensé que eras una chica, de verdad, de verdad ¡perdón!
—¡Aunque hubiera sido mujer no debiste tocar así! ¡Maldita, bruja…! —gritó Yuri alejándose más de ella. Ahora sí que estaba espantado por esa mujer.
Mila en ese segundo asintió dándole la razón a Yuri en todo, pero eso no bastó para que el ruso borrara de su mente y su cuerpo lo pasado.
—Tienes razón, pero no te enojes tanto que te saldrá una ulcera… después de todo no pasó nada. ¡Sigues siendo muy lindo, Yuri!
Ahora sí que quiso abalanzarse contra ella y descargar su rabia, pero nuevamente Leo, el cual se ponía entre ellos, salvaba la situación.
—No interven… —reclamó Yuri de inmediato, pero sus palabras se cortaron al sentir su móvil vibrar en su bolsillo.
Recordando lo que debía hacer sacó rápido su móvil para ver un mensaje de Otabek donde le indicaba los archivos que necesitaba.
—Maldita sea, solo perdí mi tiempo aquí… —murmuró comiéndose la rabia contra ella. Ahora debía centrarse en otra cosa, ya después vería que hacer con esa molesta mujer que lo había hecho sentirse ultrajado en cuestión de segundos—. Me tengo que ir, Beka me necesita —dijo por lo bajo no esperando más.
—Oh, bien. Nos vemos el lunes, Yuri. Mándale saludos a Ota —se despidió el moreno mirando como Yuri caminaba a paso pesado hasta la salida del recinto ignorando a todos.
—¿Eh? Ahora que lo dices, ¿Dónde está, Ota? —preguntó ella a Leo, Yuri no se percató de esa pregunta pues se apresuró en salir para tomar aire y recomponerse de todo lo vivido.
Una vez afuera, llenado sus pulmones con aire frío y calmando el calor de sus mejillas llegó a la conclusión de que definitivamente no se iba a llevar para nada bien con esa bruja. En pocos minutos había logrado sacarlo de sus casillas y eso significaba un gran odio para ella.
—Ah… se hace tarde —masculló, alejando sus pensamientos para ponerse al fin en marcha.
◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•
El fin de semana para Yuri fue algo extraño. El día sábado después de comer en casa había vuelto a ir a la casa de Katsuki para terminar ese bendito juego que lo alteraba por su dificultad, ese día después de horas intentándolo e intentándolo al fin lograron llegar a la parte final ya sintiendo los ojos cuadrados, pero eso no le importó a ninguno ya que habían logrado avanzar considerablemente ese videojuego. Sintiéndose satisfechos por el momento al dejar atrás su martirio, se tiraron en el suelo a descansar, no obstante el descansó poco duró cuando el teléfono de Yuuri comenzó a sonar insistentemente y el nipón se vio nervioso por ello. Yuri no comprendiendo por qué su compañero no contestaba el móvil y hacia lo posible por ignorarlo decidió arrebatarle el aparato para poner fin a aquel molesto ruido, pero se quedó extrañado al ver el nombre de la pantalla, no comprendió nada el nombre escrito pues estaba en japonés, pero lo que le llamó la atención fue el corazón puesto al lado de los caracteres extraños.
—Ehh, ¿Qué es esto? ¿Te está llamando tu novia? —inquirió burlón Yuri, mirando la pantalla dispuesto a contestar.
Yuuri estaba completamente nervioso y le pedía casi rogándole que le devolviera su móvil. Yuri cansado de no saber que pasaba con su actitud solo lo ignoró esquivando sus intentos de recuperar el móvil y contestó la llamada simplemente para molestarlo un poco. Yuuri al ver eso se quedó de piedra, su rostro estaba pálido.
—Sí, ¿Con quién habló? —soltó Yuri, mirando a su contrario con una sonrisa de malicia. Katsuki estaba viéndolo al borde de lágrimas, asustado.
—Eh… ¿Yuuri? — la voz en la línea dejó al ruso confundido, pues él se había esperado que le contestará una mujer hablando cosas en chino, sin embargo la voz que le respondió era de un hombre adulto que le pareció algo familiar.
—Yuri, por favor devuélveme el móvil… —le pidió Katsuki con la voz empequeñecida.
—Espérate, Katsudon —ordenó el ruso, llamándolo por el apodo que le había puesto días atrás a Katsuki. La voz en la línea lo tenía estupefacto.
—Yuri… —Katsuki comenzó a mover las manos de forma nerviosa.
—¿Me podrías pasar con Yuuri, por favor? —dijo el hombre en la línea, al escucharlo nuevamente reconoció la voz pero no se le vino nadie a la mente, quedó pensando por segundos donde había escuchado ese molesto tono que le encrespaba todos sus vellos.
—No, primero dime quien er… —Yuri no logró terminar ya que Katsuki desesperado le arrebato el celular y cortó la llamada para luego tirar el aparato sobre la cama—. ¿Qué rayos haces, maldito Katsudon?
—L-Lo siento, Yuri, será mejor que te vayas ya —pidió su compañero agravando su voz pero aun viéndose muy tímido.
Yuri quedó sin habla ante aquella petición, antes Katsuki jamás le había hablado así, por eso solo lo quedó viendo sin comprender nada. Se veía enojado como nervioso, pensó en que no era buena idea seguir molestándolo.
—¿Estás enojado? —preguntó sin creérselo.
—No… bueno… solo vete, hablamos en la escuela —Katsuki se acercó a él y lo comenzó a empujar de forma lenta hasta la puerta, sus ojos estaban cristalizados cosa que hizo preocupar un poco a Yuri.
—Espera… Oye, Katsudon, ¿Estás bien? —inquirió ya fuera de la habitación volteándose para ver a su compañero.
—Estoy bien, solo estoy algo ocupado, nos vemos Yuri y gracias por venir —Yuuri al terminar de hablar le cerró la puerta dejando solo el silencio en el lugar.
Yuri quedó viendo la puerta cerrada. Sin duda a Yuuri le pasaba algo pero no sabía qué y tampoco sabía qué hacer ante una situación así. Encontró extraño el sentir de querer hacer algo sobre lo que pasaba, de querer saber que lo había puesto de esa manera. Suspirando miró el pasillo de la casa y pensó que era mejor darle su espacio al nipón. Comenzó a caminar hasta que recordó que no llevaba sus cosas encima; por lo que se devolvió y tocó la puerta llamando.
—¿Quién? —escuchó la pequeña voz de Katsuki tras la puerta.
—Yo… sabes, no puedo irme sin mis cosas —informó Yuri sintiendo un poco tonto hablarle a una puerta.
—Oh, tus cosas…
Después de unos segundos la puerta se abrió solo un poco y por ahí Katsuki le entrego su mochila. Yuri la tomó sin decir nada y se sintió un tanto enojado cuando Yuuri sin hablar le volvía a cerrar la puerta en silencio. Aquello no hizo más que aumentar su curiosidad por lo que le pasaba al japonés. También se preguntaba de quien era esa voz de hombre que le parecía tan familiar.
—¿Yuri? —la voz de una chica tras él lo alejaron de sus pensamientos.
Yuri volteó para encontrarse con Yuko, la cual lo miraba fijamente con su tierna sonrisa en el rostro. Ante eso, de inmediato su corazón se movió alterado.
—¿Qué haces aquí? ¿Yuuri no está? —Yuko se le acercó hasta quedar parada a su lado. En eso Yuri sintió un olor dulzón proveniente del perfume de ella.
—Hum, sí está… pero me echó de su cuarto —respondió desviando sus ojos a la puerta. Tenía sus mejillas levemente sonrojadas.
—¿Se han peleado?
—No sabría responderte con exactitud… él es muy extraño. No sé qué ha pasado —contestó Yuri tratando de concentrarse en el problema.
La chica se quedó pensando sobre eso unos segundos hasta que suspiró.
—Lo siento por Yuuri, de verdad. Intentaré hablar con él para ver qué ocurre… él es así de pequeño, cuando tiene algún problema suele encerrarse —habló ella mirando directamente a Yuri—. No te preocupes, ¿Sí? No creo que este enojado contigo. Hablaré con él y te haré saber cómo esta.
—Vale… entonces me voy —anunció Yuri colgándose su mochila en el hombro para luego darse la vuelta y alejarse de ella ya que con cada segundo estaba más nervioso.
—Yuri —Yuko lo detuvo y él la miró sobre su hombro—. Gracias por ser amigo de Yuuri —expresó ella con una tierna sonrisa.
Sin tener ganas de decir nada pesado ya que con ella no podía hacerlo, solo asintió y se retiró del lugar. Una vez afuera quedó pensando en lo ocurrido y suspiro rendido dándose cuanta de dos cosas después de lo pasado.
La primera era que Yuko definitivamente no le era indiferente y la segunda fue que, Yuuri, a pesar de que aún le seguía pareciendo un tipo molesto, este se había ganado de apoco su confianza y ahora lo podía considerar como una especie de amigo; no como Otabek o como Leo, pero definitivamente ya no se sentía estoico al verlo mal y cada que compartían sentía que no era tiempo perdido. Volvió a suspirar sin poder negar aquello y comenzó a caminar hasta casa. A pesar de sus descubrimientos no iba admitir nunca que le comenzaba a agradar el japonés.
El domingo pasó lento, para su sorpresa recibió un mensaje de Yuko en la mañana que le decía que Yuuri ya estaba mejor pero que no podía decirle su malestar pasado. Yuri algo emocionado por eso solo le respondió de una manera superficial y grabó su número asegurándose de que no se le borrara. Al tener el número de ella sentía que podían hablar más y conocerse de una manera no tan personal donde él podía actuar normal con Yuko. Por la tarde pasó tiempo con su abuelo y su gato después de hacer tarea y ya en la noche se comunicó con Otabek por un par de horas contándole todo lo que pasó con Yuuri y Otabek le decía que se mantuviera tranquilo por el momento, ya que no era bueno presionar a nadie a hablar si no lo deseaban.
—¿Entonces tú trabajo ya está acabando por ahí? —preguntó Yuri olvidándose del tema anterior para centrarse en algo más importante para él, que era el regreso de Otabek.
—Sí, ya solo quedan las últimas presentaciones esta semana y ya el jueves volveré a San Petersburgo —respondió Otabek mirando la pantalla ya que se veían por video-llamada. Se mostraba cansado, pero feliz.
Aquella noticia puso sumamente feliz a Yuri que no pudo evitar sonreír con emoción y acercarse un poco a la pantalla. Con solo pensar que en menos de cuatro días volvería a estar con su mejor amigo sentía que podía gritar de la emoción. Santa mierda, sí que lo había extrañado un montón que se sentía asustado como jodidamente alegre.
—Qué bueno, Beka, ya sentía que no regresarías más… ha sido un mes largo —le confesó Yuri, poseyendo sus mejillas acaloradas por la emoción.
—También ha sido largo para mí. Y no digas eso, debo volver por varias cosas y por ti —dijo Otabek con una sonrisa. Yuri al oírlo percibió con esas palabra como su corazón dio un remezón muy fuerte, pero de inmediato se controló para no hacerse ideas tontas por su estúpido sentir.
—Lo sé… me debes entrenar —soltó Yuri tratando de calmarse, aunque decir aquello no le gustó, se sintió un poco afligido, no obstante de inmediato volvió a sonreír—. ¿Sabes a qué hora llegaras por aquí?
Otabek al parecer miró lo hora y pensó por unos segundos.
—Creo que cerca del mediodía, viajare en la madrugada así que por esa hora llegaré allá, quizás antes.
—Te iré a buscar —anunció Yuri volviendo a estar emocionado.
—¿De verdad?, ¿No tienes clases ese día? —Otabek alzó una ceja.
—Que se jodan las clases, quiero verte… di-digo ir a encontrarte —se corrigió pensando que quizás sus palabras sonaban mal.
—Bueno, me gustaría que fueras, pero no vayas si eso te causa problemas. Primero pregúntale a tu abuelo, no quiero que él se enoje contigo por mi culpa —le aconsejó Otabek, dejando ver su parte sobreprotectora y correcta.
—Sí… se lo diré. Tú no te preocupes más que en dar buenas presentaciones y en llegar aquí —respondió Yuri.
—Lo haré.
Después de conversar un poco más tuvieron que cortar la llamada por lo tarde que se hacía. Yuri se alistó para dormir y yendo a buscar a Potya le contó a su abuelo la buena nueva. Nikolai se puso contento y le acarició el pelo diciéndole que al fin se reencontraría con su amigo. Yuri alegre solo le respondió afirmativamente y se fue a la cama sin preguntarle si podía ir a su encuentro o no, ya tendría tiempo luego. Ahora solo quería disfrutar de la noticia que el moreno le dio.
Otabek regresaría muy luego.
◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•
Los días restantes fueron casi un martirio para Yuri. Katsuki desde aquello sucedido en su casa se mostró más cerrado de lo que era y por alguna razón comenzó a evitar a Yuri. Los almuerzos se volvieron solitarios sin la compañía del nipón y eso lo irritó en gran medida. Trató de hablar con él para saber que le ocurría pero no consiguió nada por lo tanto terminó enojado con el japonés. No le gustaba que lo ignoraran ni menos que le rechazaran la ayuda cuando él trataba de hacer algo bueno por alguien. Yuko ese mismo día se contactó con él para pedirle que no se enojara con Yuuri, ya que no estaba pasando por un buen momento y que solo necesitaba tiempo, Yuri hastiado de todo eso pero comprendiendo un poco ya que sabía que existía cosa que eran difíciles de pasar en la vida, le dijo a ella que no se preocupara que ya vería que hacer respecto a su compañero.
Después de eso los dos comenzaron a hablar más y con eso Yuri se sintió feliz al saber más de ella, pues con cada cosa que aprendía de Yuko notaba que el sentimiento de curiosidad por ella aumentaba más. No podía negar que era una chica increíblemente genial que quizás le estaba comenzando a interesar mucho más que antes y pensar en eso realmente lo calmaba.
En el club pasó mucha rabia por culpa de Emil, JJ y ahora se le sumaba al grupito aquella mujer llamada Mila, entre los tres sacaban a Yuri fácilmente de quicio y los únicos que impedían que cometiera un asesinato era Leo junto a Michele que llegaban justo en los momentos exactos para detenerlo y para serenar a los tres restantes que parecían tener mucha… demasiado energía en sus cuerpos. Yuri se enojaba con ellos pero no era porque Mila y los demás fueran pesados con él, solo era porque Yuri no podía comprender el sentido de humor de esos tres y tampoco podía con las muestras de afecto que le daban, como por ejemplo los abrazos repentinos y el interés por su persona. Yuri en esos pocos días hizo lo posible para escapar de ellos.
Cuando llegó a casa el día miércoles por la tarde, Yuri no perdió el tiempo y fue donde su abuelo para preguntarle sobre mañana. Él deseaba con todas sus fuerzas ir a buscar a Otabek que estaba algo nervioso ya que sabía que a su abuelo no le gustaba que faltara a clases ningún día.
—¿Ir por Otabek? —inquirió Nikolai dejando la taza de té en su platillo.
Yuri asintió con la cabeza de forma frenética. Tenía el corazón en la garganta por lo nervioso que estaba.
—Hum, no lo sé. Perderías un día de clases, ¿Acaso no tienes algo importante mañana en la escuela?
—No… Abuelo, solo será un día, no he faltado ningún otro desde que comencé el año, no seas malo y déjame ir —pidió Yuri, apretando sus manos en puños. Su abuelo no se veía para nada convencido.
—Pensé que nunca más irías al aeropuerto, Yuratchka —comentó Nikolai, colocando un gesto melancólico.
Yuri al oírlo se quedó tenso y pensó en ello. Era verdad, él se había prometido no ir nunca más a un lugar así en su vida por los malos recuerdos que se le venían a la mente, pero rápidamente pensó en Otabek y esa indecisión que lo invadió por segundos desapareció.
—Lo sé… sé que dije eso en el pasado pero… pero creo que ya debo dejar ese miedo de lado. ¿No crees? —Yuri juntó sus manos relajadas. Su mirada se había apagado un poco.
Nikolai en ese instante se levantó de la silla y rodeó la mesa para abrazar a su nieto. Yuri sin dudar hundió su rostro en el reconfortante pecho de su amado abuelo.
—No estoy convencido de que vayas solo, te puede dar ansiedad y… —Nikolai se vio interrumpido por su nieto, el cual rompió el abrazo y miró al mayor con determinación.
—Puedo hacerlo, abuelo… Esta vez, gracias a Beka… creo que podré hacerlo. Realmente quiero ir a buscarlo —confesó sintiendo confianza en sus palabras.
—¿No quieres que te acompañe? —preguntó Nikolai con afecto. Yuri negó con la cabeza.
—Debo enfrentar esto por mi cuenta, abuelito. Confía en mí, ya estoy grande.
Nikolai trazó una sonrisa en sus labios viejos, para luego volver a abrazar a su nieto.
—Inmenso, Yuratchka. Confió por completo en ti, lograras enfrentar ese miedo sin problemas.
◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•◎•
Al llegar la mañana Yuri se levantó temprano. Debía arreglarse y desayunar ya que el trayecto hacia el aeropuerto era muy largo. Se bañó y luego de elegir por minutos su ropa, la cual consistió en pantalones negros y la chamarra que le regaló su abuelo para su cumpleaños, bajó a desayunar junto a su familiar y Potya. Hablaron animados y Yuri le contó que Otabek le había dicho en la noche que era seguro que llegaría a medio día. Cuando acabó de comer hizo un poco de tiempo jugando con su gato para después tomar sus cosas e ir a la puerta para despedirse. Nikolai le deseó suerte y le envolvió su bufanda roja en el cuello, como Yuri estaba tan nervioso se le había olvidado ponérsela.
Una vez fuera puso música de su celular y escuchando algunas canciones de Otabek junto a otras de sus bandas favoritas como Iron Maiden, Guns N' Roses o Rammstein, etc, se fue hasta el metro para luego tomar un bus que lo llevaría al aeropuerto donde llegaría su amigo.
Después de una hora de viaje se encontró tras las puertas del gran aeropuerto principal de la ciudad y de inmediato sintió como la ansiedad empezaba a recorrer su cuerpo. Hace más de doce años que no pisaba aquel lugar y no pudo evitar que los recuerdos de esos días tan lejanos invadieran por completo su mente. Sintió el dolor y el miedo vivido cuando era niño provocando que el corazón se le apretara. Pensó que quizás fue mala idea ir solo al lugar. Quiso volver sobre sus pies para largarse de ahí y olvidarse nuevamente aquellas memorias que ahora lo torturaban como si fueran cuchillas filudas.
Notando su pecho apretado volteó mirando en dirección a la calle, aun podía retirarse y decirle a Otabek que se encontraran en otro lugar, alejado de todo ese caos de personas y maletas, pero de inmediato, justo como ese sentir llegó, otro más fuerte se instaló en su pecho. Le había prometido a su abuelo que iba a ser capaz de superar aquel trauma que le tenía al lugar y le había dicho a su amigo que lo iría a buscar justo donde estaba ahora. No debía acobardarse y tenía que afrontar y derrotar sus miedos. Debía ser como aquellos caballeros de los cuentos de su abuelo que se enfrentaban a feroces bestias para conseguir lo que deseaban, y él ahora deseaba derrotar la sombra del miedo que lo abrazaba y reencontrarse con el kazajo. No había nada más en su mente.
Tomando aire y controlando los temblores de su cuerpo Yuri entró al fin al lugar. Pasó entre personas que entraban y salían con grandes bultos y buscó, tratando de no recordar más su pasado, la parte donde Otabek arribaría. Localizó después de unos minutos el vuelo del kazajo y para su sorpresa este decía que el avión ya había tocado tierra. Se sorprendió pues ya era mediodía ¿Cuánto tiempo se había quedado fuera el aeropuerto dudando si entrar o no? Miró el reloj de su muñeca para no sacar su móvil que seguía con la música y sintiéndose ansioso por todo lo que pasaba se quitó de forma brusca los audífonos.
Ahora solo debía concentrarse en localizar a su amigo que llegaría por la puerta que miraba. Su corazón le palpitaba tan rápido por culpa de una mezcla de emociones que no sabía cómo permanecer de pie, no sabía si era mejor ir a buscar un asiento o ya de plano sentarse en el suelo. Se estaba comenzando a ahogar con el ambiente, miró a sus lados notando que había varias personas esperando como él… Recordó a su abuelo doce años más joven parado en el mismo lugar mirándolo con tristeza. Pensó que quizás estaba en el mismo lugar donde se vio por primera vez con su familiar.
Abrió los ojos cuando se dio cuenta que los había cerrado. Exhaló para luego mover la cabeza de forma negativa, no tenía que seguir recordando aquello, no podía amargarse y preocupar a su amigo. Debía sonreír, aunque fuese, esforzarse en hacerlo.
Pasaron unos minutos, muy tortuosos para Yuri, en los cuales tomaba aire desesperadamente y miraba para todos lados rezando para que su amigo se apresurara hasta que no aguantó más. Debía salir de ahí ahora o presentía que se desmayaría. Vio la salida con el corazón muy apretado que llegaba a dolerle, quiso caminar hasta ella y alejarse, pero sus movimientos se petrificaron cuando las puertas por donde llegaba la gente del vuelo de Moscú se abrieron. Volvió su vista al frente y sin darse cuenta como los malos sentimientos se desvanecían como el humo, empezó a buscar con desespero a Otabek. Necesitaba verlo, apoyarse en él… hacer que Otabek se llevara todos sus miedos e inseguridades. Quería al kazajo ya y no estaba dispuesto a esperar más.
Sin saber lo que realmente hacia comenzó a caminar unos pasos más adelante y pasó algunas personas que llegaban, no lo veía, ya sentía su corazón al borde de su cuerpo.
—Beka… —susurró llamándolo con pequeña voz.
Miró para atrás para ver si no se le había pasado, pero nada; por eso volvió a girar y en eso sus ojos verdes algo cristalizados hicieron conexión con unos ojos castaños que le cortaron de inmediato la respiración.
Otabek estaba a unos metros frente a él mirándolo con ternura. Yuri apretó en ese instante la mandíbula comiéndose la ansiedad y dibujó una sonrisa en sus labios. Sin pensarlo sus piernas comenzaron a avanzar más rápidamente hacia el kazajo y luego saltó contra él para terminar colgado en su cuerpo. Otabek tuvo que soltar rápidamente sus maletas para poder agarrarlo de la cintura y así atraerlo por completo a su anatomía.
—¡Beka! —dijo Yuri, rodeando a su amigo con sus brazos y piernas. Se miraron unos segundos a los ojos hasta que Yuri terminó por cerrar el abrazo y hundir su cabeza en el hombro del contrario—. Ya llegaste…
—Ya estoy en casa, Yura —le susurró Otabek, sujetándolo con seguridad de la cintura mientras acariciaba con la otra mano su cabellera rubia.
Al fin, después de tanto tiempo volvía a estar entre los brazos de él.
Lo había extrañado tanto que ahora se daba cuenta cuanta falta realmente le había hecho.
Estaba tan feliz de tenerlo nuevamente de regreso.
—Beka…
.
.
.
¡Oh, cielos… al fin he vuelto!
¡Hola gatitos! ¿Me extrañaron? Yo a ustedes una inmensidad, no saben cuánto.
¡Estoy tan feeeliz de regresar y volver junto a Otabek!
Ahora sí que sí se nos vienen cosas chidas 7u7
Quería decirles que hace un tiempo hice un grupo de facebook sobre este fanfic, subiré muchas cosas respecto a mis trabajos y a la historia..
Realmente lo siento por no haber contestado los comentarios del cap anterior, aquella vez andaba muy ocupada que apenas y podía comer, ahora sí volveremos a como antes y estaré para ustedes como siempre. Agradezco todas sus lindas palabras de apoyo, mi salud ya está muchísimo mejor y di mis exámenes muy bien.
Sin querer aburrirlos más, les doy nuevamente la bienvenida a la historia y muchas gracias por la espera. Son un amor.
Nos vemos en la siguiente semana.
Bye!
.
Perdón si hay muchos errores, he perdido el toque para escribir D:
