Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


Cap. 19


Un destello de comprensión estalló dentro de Naruto.

Atrajo a su preciosa esposa y la mantuvo cerca, bajando la mirada hacia los suaves ojos grises, y luego habló en voz alta así como a través de su vínculo mental.

—Eso es lo que me decía a mí mismo. Creía que mi lobo se sentía posesivo contigo, que él deseaba protegerte a toda costa —dijo cuando la comprensión cayó sobre él.

—¿Tú y tu lobo son seres tan diferentes? —preguntó ella suavemente con nuevas lágrimas brillando en sus ojos—. Sakura no habla de Sasuke como si él y su lobo fueran seres diferentes.

—No lo son. Mi lobo y yo no lo somos. Somos uno, pero en mi deseo por protegerme de no cometer los errores de mi padre, intenté separar mis sentimientos como laird de los de mi lobo. Eso no funcionó. Te amo con cada pedazo de mi naturaleza de lobo, pero eso aún es más cierto como hombre porque mi lobo no puede compartir físicamente la consumación física de nuestro emparejamiento.

—¿Me amas?

—Más que a mi propia vida. Tanto que la vida no vale la pena vivirla sin ti en ella.

—No quieres decir eso. No puedes.

—Puedo. Lo hago. Por favor, créeme, dulce esposa. Mi precioso ángel. —La observó con nada menos que desnudo deseo—. No me abandones a la soledad que conocí antes que a ti.

—Tenías a todo un clan antes de que yo llegara.

—Pero ni uno era el verdadero compañero de mi alma. Se necesitó a una inteligente mujer inglesa para llenar ese lugar dentro de mi corazón, para completar la otra mitad de mi espíritu Kage.

—Dijiste que ya no soy inglesa.

—No lo eres.

—Soy tuya.

Y yo tuyo.

Él pronunció las palabras en su cabeza lo que hizo que ella recordara su emparejamiento.

—Pronúncialas para mí, esta vez di los votos con verdad en tu corazón.

—Lo hice la primera vez. No sabía lo que decía, pero en mi corazón te entregaba todo mi ser.

—Pero...

—Te dije que había cambiado mis planes una vez que nos casamos. Ya no quería reunirme con mi hermana más que nada. Quería quedarme contigo.

—Querías decir los juramentos que pronunciaste —repitió él maravillado, necesitando absorber la verdad para curar las heridas en su corazón.

—Absolutamente.

—Eso está bien porque nunca podré dejarte ir.

—Nunca.

—¿Dejarás que mi lobo impregne mi aroma en ti?

Ningún miedo se mostró en sus ojos perlas grises.

—Sí.

Cayendo a cuatro patas, dejó que su lobo tomara el control. Sus sentidos ya agudos se volvieron más fuertes, y el olor de las emociones de su compañera se mezclaron con aquellos del bosque. Ella le sonrió, amor y aceptación brillaba en sus hermosas facciones.

Echó la cabeza hacia atrás y aulló de alegría, enviando el sonido de este a través de su vínculo mental.

Su sonrisa se volvió una carcajada.

—Tu lobo es feliz.

Soy feliz.

Te amo, Naruto, dijo ella dentro de su cabeza con una convicción que las palabras dichas no podían expresar.

¿No me temes en esta forma?

Nunca.

Resopló con felicidad cuando frotó la cabeza contra ella.

Quítate la ropa, tengo que impregnar tu piel.

Riéndose tontamente con claro placer, Hinata se desnudó.

Aunque la vista del cuerpo desnudo de su esposa siempre afectaba su libido, la emoción más apremiante que sintió fue la de alivio. Y alegría. Finalmente, podría impregnar su aroma en ella correctamente.

Le frotó el vientre, dejando su olor para que todo Kage supiera que ella era suya.

Ella le acarició con las manos ambos lados de su cabeza, la sonrisa acechaba en su mirada.

A que no me pillas, dijo ella con diversión en su voz mental. Entonces se dio la vuelta y corrió.

Saltó tras ella, acariciando con el hocico su espalda cuando la alcanzó. La naturaleza juguetona de su lobo se impuso y él se dio la vuelta en un círculo y se alejó, diciendo:

Tu turno.

No fue demasiado rápido, sabiendo que ella corría con la desventaja de tener sólo dos piernas. Lo agarró en el borde del claro, saltando ante él. Él le permitió que lo hiciera rodar, oyendo la risa llena de maravilla en su cabeza. A su compañera le gustaba jugar, y por eso le daba gracias.

Él tenía un lugar para disfrutar con las cosas buenas que la vida entregaba. Continuaron con el juego de corre que te pillo y fingida lucha hasta que su cuerpo le recordó que había otras cosas que le gustaba hacer con su compañera mucho más que jugar. Permitió que su forma humana resurgiera cuando la hizo rodar bajo él.

Su boca cayó de golpe sobre la de ella y Hinata respondió como si lo hubiera estado esperando. La boca femenina era dulce néctar, no podía tener suficiente. Su lengua saqueó la boca de Hinata, pero ella respondió a cada caricia de su lengua con una propia.

Sus brazos le rodearon el cuello, aferrándose a él tan fuertemente que Naruto pensó que tendría problemas para soltarse de ella. Si es que quisiese hacer eso.

Nunca te dejaré ir, dijo él en su mente.

Nunca. Eres mi esposo, mi verdadero compañero. Una risa irónica sonó en su cabeza. Creí que me veías como una amiga.

Eres mi mejor y más auténtica amiga.

Como tú lo eres para mí, pero un día me vengaré de ti por dejarme parlotear sobre ser amigos cuando sabías que estábamos casados del modo Kage.

Debidamente anotado. Y un día confiarás tanto en mí como lo haces con tu hermana.

Ya lo hago.

La seriedad se infiltró en su felicidad.

Me estabas abandonando.

Iba donde mi hermana en busca de consejo para saber cómo conservarte.

Humillado porque hubiera querido luchar por él aunque no se hubiera mostrado digno del esfuerzo, rompió el beso para encontrar la límpida mirada.

Gracias. Entonces no pudo evitar añadir: Pero si me hubieras hablado, te habría dicho que siempre seré tuyo.

Estaba enojada. Me habías negado a tu lobo y la intimidad de esta clase de conversación. Me dolió tanto saber que podías guardar deliberadamente algo a lo que yo daría la bienvenida.

Lo siento. Esperaba que ella pudiera sentir su sinceridad porque no había palabras que pudieran expresar la profunda pena de privarla de su comunicación mental. Estoy avergonzado al decir que nunca pensé que te haría tanto daño.

No consideré que te heriría cuando descubrieras que te había ocultado mi sordera. El amor no siempre nos hace brillantes.

O valientes.

Ella le rozó los labios con los dedos.

Saber que me amas me da todo el coraje que necesito.

Así es como debe ser.

Bésame.

¿Cómo podía oponerse a eso? Presionó sus labios contra los de ella, su cuerpo renació con renovada pasión con esa pequeña caricia de sus bocas. Él acunó un pecho, amasándolo gentilmente y rozando su pulgar sobre el hinchado pezón.

Ella gimió contra el beso mientras un quejido femenino sonaba en la cabeza de Naruto. ¿Cómo pudo haberse negado a compartir esa íntima comunicación? Él no lo sabía, pero sabía que nunca lo haría otra vez.

Las pequeñas manos soltaron el agarre sobre su cuello para vagar por su cuerpo, y él se deleitó con cada toque. Necesitando estar dentro de ella, los hizo rodar hasta que Hinata estuvo encima.

Móntame, mi dulce esposa. Por favor.

No se opuso sino que se deslizó hacia abajo hasta que sus sedosos pliegues húmedos encontraron la punta de su erecto pene para luego sumergirse. Fuego aterciopelado envolvió su polla, y Naruto aulló en éxtasis.

Una salvaje sonrisa digna de cualquier mujer lobo Kage arrugó los encantadores rasgos de Hinata. Lo montó con una pasión sin trabas, más libre de lo que jamás había sido con él, y Naruto se dio cuenta de que al compartir su lobo con ella había llenado ese último vacío entre ellos.

Su orgasmo se formó tan rápido que lo tomó desprevenido, pero Hinata estaba allí mismo con él, gritando su placer en su cabeza mientras su lobo aullaba. En ese momento, realmente realizaron la promesa de emparejamiento Kage de ser uno en cuerpo, mente y espíritu.

A la mañana siguiente, Naruto encontró un pequeño riachuelo para que Hinata se bañara antes de vestirse y regresar a la playa.

Haku y Zabuza estaban concentrados en un beso, sus brazos alrededor del otro. La belleza de su pasión le quitó el aliento. Así se lo dijo a Naruto a través de su comunicación mental.

Eso es amor.

Sí.

No puedo menos que notar que ambos están vestidos.

Aye.

¿Dónde consiguió Zabuza el plaid?

De la cueva. Guardamos allí algunos junto con las barcas.

Estoy segura de que hay uno para ti también, ¿no es así?

¿Me estás diciendo que no quieres cazar desnuda conmigo?

Cuan astuto de tu parte captar lo que quiero decir.

Naruto echó la cabeza hacia atrás y se rió. Hinata notó que él había enviado cada sonido por su vínculo mental de tal forma que ella pudiera compartir todo con él.

Ella se giró hacia él.

Te amo tanto, Naruto.

Te amo, mi precioso ángel.

Haku se apartó de Zabuza, sólo para ser atraído junto al gran guerrero. Manchas rosas cubrieron sus pómulos.

—Buenos días, mi señora. Mi laird.

—Buenos días, querido amigo. Pareces feliz.

Haku alzó la vista hacia Zabuza, el guerrero con cicatrices le dirigía la sonrisa más deslumbrante de la que ella le había creído capaz.

—Lo soy. Mucho.

—Estoy tan contenta.

—Gracias. ¿El laird y vos habéis solucionado ya vuestras diferencias?

—Sí. No dejará que su rey me envié lejos.

Haku asintió con aprobación.

—Por supuesto que no. Sois nuestra señora.

—Y vosotros estáis emparejados —dijo Naruto.

Los toques de rosa se convirtieron en un rubor total que bajaba hasta el cuello de Haku.

—Lo estamos.

—Todo este tiempo él no ha tenido miedo de mí —dijo Zabuza, dirigiendo sus palabras a Naruto.

Las cejas de Naruto se unieron con confusión.

—Sus acciones...

—Me deseaba. —Vaya si Zabuza parecía orgulloso—. Tanto que temblaba ante mi presencia. Siempre evitaba estar cerca porque temía que me diera cuenta de su deseo secreto.

—Los secretos mantienen apartados a los compañeros —dijo Naruto con certeza.

Zabuza asintió, algo pasaba entre ellos dos indicando que su comunicación era más profunda que las meras palabras.

Zabuza se arrodilló delante de Hinata.

—Os debo una sincera disculpa, mi querida señora y amiga.

—¿Aún soy tu amiga?

—Sí. Si me perdonáis. —Bajó la mirada como si estuviera avergonzado y luego levantó la cabeza para que ella pudiera leer sus labios otra vez—. Estaba celoso.

—Del tiempo que Haku pasaba conmigo —adivinó ella, entendiendo todo por fin.

—Sí. Creí que se había enamorado de vos y, aunque sabía que él nunca traicionaría a nuestro laird, estaba furioso por la envidia ya que parecía que encontró en vos lo que no podía ver en mí... el Kage señalado por Dios para ser su compañero.

—Su amor por ti nunca vaciló.

—En secreto —dijo Zabuza con expresión conmovida.

Ella se inclinó y besó la mejilla con cicatrices de su primer amigo entre los Kage.

—Te perdono y espero que me perdones por esconder mis propios secretos.

—Siempre.

—¿Amigos?

—Hasta la muerte.

Tardaron dos días en volver a la fortaleza, Naruto y Zabuza insistieron en cazar para proporcionarles alimento a sus compañeros a lo largo del camino. Hinata no se oponía porque eso le daba tiempo para hablar con Haku.

—¿Qué dijo Zabuza sobre los besos de Sâra? —preguntó ella tan pronto como creyó que los dos guerreros estaban lo suficientemente lejos.

—Me dijo que ella lo besó. Él se lo permitió porque me vio salir de la cocina. Pensó que eso podría hacerme sentir celos. Entonces se dio cuenta de cuan estúpido era, pero ya era demasiado tarde para detenerlo. Vio el dolor en mi rostro y eso le dio la primera esperanza desde que fue consciente de que yo era su compañero.

—¿Cuándo se dio cuenta de eso?

—Hace mucho tiempo. —Todo el comportamiento de Haku mostraba su frustración—. Mi miedo de revelarme y el suyo de asustarme nos mantuvo apartados.

—Se supone que el amor perfecto expulsa al miedo.

—Supongo que lo hace cuando lo admites.

—Pero cuando tú estás decidido a ocultarlo...

—Sólo causa dolor.

Hinata asintió y luego dijo:—Hagamos un pacto de no lamentar el pasado, y de alegrarnos por nuestro presente y futuro.

—Hecho. —Haku extendió la mano.

Hinata la estrechó.

—Hecho.

Cuando regresaron a la fortaleza, Zabuza no hizo ningún esfuerzo por esconder su afecto de tanto tiempo a Haku. Hinata estaba encantada de descubrir que los Highlanders eran mucho más tolerantes del amor entre los dos hombres de lo que sus padres o sus compatriotas hubieran sido. Todos salvo Sâra.

Hinata sabía que algo tendría que hacerse con la otra mujer, pero eso tendría que esperar. Naruto le había dicho que debía mostrarle algo. Ella lo esperó en el gran salón mientras él y Shikamaru discutían los deberes de los guerreros para el día.

Finalmente, todos se fueron y los únicos que quedaron en el salón fueron Naruto y ella.

Naruto se detuvo delante de ella, mirándola de arriba abajo y haciendo hormiguear su piel en todos los lugares por los que viajó su mirada.

—No puedo creer que seas mi compañera. Eres tan perfecta para mí.

—Siento lo mismo.

Compartieron un beso, pero cuando este empezó a ponerse apasionado, Naruto se apartó.

—Ven conmigo.

—A cualquier lugar.

Él sonrió, tomándole la mano firmemente. La llevó a uno de los almacenes. Recorrió con la mirada la habitación en penumbra, pero no vio nada en particular que imaginara que su marido quisiera mostrarle. Él encendió una antorcha, aunque apenas estaba oscuro para hacerlo necesario. Entendió mejor eso cuando él cerró la puerta y deslizó una barra para cerrar el lugar.

Tan raro como tener una cerradura por dentro de un almacén. Le habría preguntado sobre ello, pero parecía tan decidido, que dudó si decir algo.

Se dirigió hacia la pared más lejana y presionó algo entre los anaqueles que guardaban las vituallas para el torreón. Los anaqueles se balancearon como una puerta pesada para revelar una apertura en la pared de aproximadamente un metro veinte de alto y medio metro de ancho.

Él trasladó la antorcha a su mano izquierda y extendió la derecha hacia ella.

—Vamos.

Ella le tomó la mano y dejó que la guiara por la apertura oscura. Bajaron por una sección de escaleras hasta un cuarto secreto bajo el torreón. Todas las paredes, e inclusive el techo, estaban reforzadas con piedra.

—¿Qué es este lugar?

—El cuarto del Tesoro Real.

—¿Tesoro Real?

Naruto asintió, tirando de ella hasta un cofre de piedra grabado con la talla de lobos por todos los lados y la tapa.

—Mi padre era un descendiente directo de uno de los siete linajes reales Kage por el lado de su padre. Cuando MacSennin mató a todos los príncipes de nuestra raza, asesinó a aquellos que habían heredado la sangre real a través del linaje de su madre, como era nuestra tradición. Los linajes masculinos no fueron considerados hasta que se hicieron necesarios guardianes para el tesoro. Entonces siete hombres descendientes de las siete tribus Kage fueron elegidos para custodiar nuestros últimos dones reales. Este era el tesoro que el barón amante de Mei intentó tomar cuando trató de incendiar nuestro torreón y matar a nuestros guerreros.

—¿Y me lo estás mostrando?

—Sí. Confío en ti con todo lo que soy. —Él puso la antorcha en un soporte y le tomó ambas manos—. El único que sabe del tesoro es el protector y ayudante elegido. Mi madre no conocía su existencia, ni lo hace mi hermana Ino. No sé como Mei se enteró de este por mi padre, pero lo hizo. Su primero era la única otra persona que lo sabía.

—El padre de Zabuza.

—Sí. Cuando mi padre me habló sobre el tesoro en su lecho de muerte, decidí compartir el secreto con Zabuza, en vez de su hermano mayor. Mi lobo le eligió como mi compañero para la protección del tesoro como él te eligió para ser mi compañera.

—¿Tu propia madre no lo sabía?

—No.

—Gracias por decírmelo.

—Todo lo que soy es tuyo.

—Lo dices de verdad.

Él asintió. Y luego giró hacia el cofre.

—¿Deseas verlo?

—Si tú deseas mostrármelo.

—Lo hago.

Él levantó la tapa del cofre de mármol. Dentro había huesos, una gran cruz como la que los sacerdotes usaban durante la misa, una cruz más pequeña en una cadena, una modesta corona y una espada sin filo con un mango enjoyado.

—Éstos son tesoros del corazón, no de oro.

Él sonrió, claramente complacido de que ella entendiera.

—Los huesos de la mano derecha de San Columbus, el santo guerrero.

—La mano que sostuvo su espada y su pluma.

—Exactamente.

—¿Y los otros huesos?

—El cráneo y la mano derecha de Uven, hijo de Oengus, el último rey sobre todas las tribus Kage. La espada y la corona son suyas también. La cruz de la izquierda perteneció a Columbus, y la que está a la derecha es la que Uven usaba en batalla.

—Tu madrastra era una tonta. Por este tesoro vale la pena morir protegiéndolo, pero no vale la pena matar para robarlo. Su valor vive en los corazones de las personas para quienes esto representa su historia.

—Eres una mujer asombrosa, Hinata Namikaze. En verdad, mis secretos están seguros en tus pequeñas manos.

—Y mi corazón está seguro en tus grandes manos, aunque fuertes, son suaves con él.

—Siempre. —Entonces la saludó como un guerrero, con el puño derecho sobre su corazón.

Ella sonreía cuando se lanzó a sus brazos para besarlo. Había encontrado más que un lugar seguro en el mundo desde que cumplió diez años; había encontrado el verdadero amor y a un compañero sagrado. Ninguna mujer podría querer más.

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-Fin-