DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.

.

¡Hooola de nuevo!

Aquí estamos una semana más con un nuevo capítulo que espero que disfrutéis. Me emocionáis mucho con vuestros comentarios sobre la historia. Siempre os digo que cada historia se crea como una pequeña familia y mis personajes no son solo míos sino también un poco vuestros, así que MIL GRACIAS sin vosotras no sería posible creo que ninguna historia de este lugar.

Os dejo unas explicaciones en NA por si os interesa leer

Sin más os dejo con Bella ;)

.

VOY A CUIDAR DE TI.

BPOV

.

-¡No me lo puedo creer! ¡Explícamelo otra vez! – insistió nuevamente Alice como una niña que no tiene suficiente con que sus padres le expliquen una vez su cuento preferido antes de ir a dormir. Aunque Alice estaba muy lejos de querer aventurarse en los brazos de Morfeo y menos ahora que acababa de llegar la nueva ronda de cosmopolitan.

Rose, Alice y yo habíamos salido a celebrar una nueva noche de chicas, esta vez con un motivo que provocaba algo más que euforia a las tres. El despido de Jessica Stanley. Rose se negó a marcharse a casa cuando se enteró de tan esperado acontecimiento y había urdido una gran noche para celebrarlo.

Después del despido de James todo se había precipitado. Más si cabe. Los rumores y los corrillos entre nuestro personal eran inevitables. Todos se habían enterado no sólo de la marcha de James sino también su discusión con Edward y, obviamente, como guinda del pastel, nuestra relación ya era completamente de dominio público.

Tanto Edward como yo sabíamos que no podíamos evitar ni las habladurías ni tampoco lo que venía a continuación; El despido de Jessica. Era el paso más delicado. Teníamos motivos para hacerlo pero necesitábamos justificar y argumentar legalmente muy bien nuestra decisión si queríamos evitar demandas sobre ilegalidades en su despido.

Nos llevó varios días y mucho trabajo por parte del equipo de Paul y nuestros abogados recopilar minuciosamente todas las pruebas. Mi cuerpo volvió a acusar la tensión igual que pasó los primeros días que pisé estas oficinas pero, para mi suerte, Edward sacó a relucir su vena más dulce cuidando de mí y de mis agarrotados músculos.

-Quiero hacerlo sola. – insistí a Edward que negaba efusivamente mientras echaba chispas por los ojos. No me había dejado ni argumentar porque no quería que estuviera presente en la reunión con Jessica. En cuanto adivinó lo que iba a pedirle se había cerrado en banda. – Está todo perfectamente justificado no va a poder rebatirme… y…-

-¿Hasta cuándo voy a tener que escucharte antes de decirte que no? – me interrumpió mientras se apretaba el puente de la nariz con sus dedos e inhalaba profundamente en un infructuoso intento de calmarse.

-No he terminado de explicarte.- intenté hacerlo pero Edward no estaba por la labor de ser paciente conmigo.

-No deberías ni haber empezado. – continuó sin dejarme acabar.

Le miré severamente hasta que levantó sus manos en señal de rendición.

-Déjame acabar. – le amenacé antes de se atreviera a interrumpirme de nuevo. – Esto siempre ha sido algo personal entre nosotras así que me parece justo tener esa responsabilidad. Además, quiero protegerte. No quiero que nada te salpique, ya tienes bastante con tenerme a mí y a mi mugrosa familia biológica en la prensa rosa cada día.

-Así que quieres protegerme ehh… - dijo melosamente después de respirar profundamente y calmar sus nervios. Edward y sus cambios de humor. Aun así, cabeceé asintiendo. – Te lo agradezco pero no. Y no entra en discusión. Tú no me dejaste solo ante James y yo no lo voy a hacer con Jessica. Fin de la discusión. – concluyó sin darme más opciones.

Me dirigí a mi sillón para pedirle a Sue que llamara a Jessica.

Había llegado el momento.

-Y Bella… Nunca más vuelvas a insinuar que me molesta nada que tenga que ver contigo. Lucharía mil veces contra tu hermano si eso supusiera estar a tu lado. – declaró seguro justo antes de dejar un rápido beso en mis labios.

Sus palabras me tranquilizaron igual que su presencia justo detrás de mí. No nos veía pero por la cara de Jessica debíamos proyectar una imagen realmente impactante.

No me había dado cuenta que había llegado hasta que sentí un leve gruñido.

-Toma asiento, por favor. – le dije al ver que se había quedado paralizada justo al entrar.

Caminó lentamente hasta una de las sillas que quedaban delante del imponente escritorio que había heredado de papá. Había hecho cambios a lo largo de mis días como presidenta pero la gran mesa de madera seguía siendo la misma.

-Veo que habéis decidido regocijaros en mi desgracia. – atacó ácidamente Jessica en cuanto pareció recordar dónde estaba y quien tenía delante. Iba a morir peleando.

Edward permaneció en silencio dejándome a mí las riendas de la situación.

Con Jessica siempre tuve muchas dudas. Entre su actitud y trabajo actual y lo que había sido antes de mi nombramiento como presidenta. De algo estaba convencida, si bien, su labor nunca había sido excelente tampoco había sido mala igual que su comportamiento. Papá estaba contento con ella y Edward era su pareja así que poco más se podía añadir pero todo había cambiado. Había hecho de la envidia y los celos su bandera y de sus acciones rastreras su arma contra mí.

-Todos sabemos porque te hemos llamado. – dije sin muchos rodeos acercándole las carpetas que documentaban nuestra decisión – Estás despedida y aquí tienes los motivos. – anuncié sin maquillar el mensaje. –

Jessica tuvo el descaro de mostrarse sorprendida al comprobar que teníamos pruebas que la implicaban en robo de material confidencial de la empresa o su colaboración en una falsa demanda de plagio por no decir del registro de llamadas y mensajes con Anthony. Había sido ella la que se encargó de localizar a mi hermano para aliarse en mi contra.

-¿Cómo sabías de su existencia? – pregunté algo que llevaba días asaltándonos a dudas. Ni Edward ni yo nos lo explicábamos.

Jessica levantó su vista de los papeles con una sonrisa irónica mirando a Edward con superioridad.

-He sido tu pareja durante dos años. – concluyó como si eso fuera explicación suficiente.

-¿Y eso te da algún tipo de poder telepático? – gruñó Edward. – Jamás he compartido nada contigo sobre Anthony. –

-No. – concordó Jessica que poco a poco iba recuperando su esencia. Permanecimos en silencio porque era más seguro que decirle lo que realmente pensaba de ella. – Pero solo tenía que tener dos ojos en la cara para ver como cada cierto tiempo había algo que te sacaba de tus casillas. Nunca le has dado importancia pero hasta el simple toque provocaba que saltaras de lo tenso que estabas esos días…Tus reuniones con Charlie se volvían eternas y tu única prioridad. Cuando llegabas a casa te encerrabas en tu despacho y solo te calmabas cuando montabas esas estúpidas maquetas que ella te regalaba. – explicó sorprendiéndome. – Hacías de esos rituales tu rutina hasta que de repente todo volvía a la calma. Me costó unir cabos pero después que un día dejaras tu ordenador encendido no fue tan difícil sumar dos más dos.

-Veo que tu costumbre de meterte en asuntos ajenos viene de largo. – puntualicé aun pensando en la preocupación de Edward en un momento en el que no cruzábamos más de dos palabras.

-Igual que tú en parejas ajenas. – me atacó Jessica.

-No ha tardado en salir a la luz la razón de tu comportamiento. – me defendí.

-Éramos felices hasta que tú viniste a mi vida a destrozarla. – me acusó poniéndose de pie con sus manos apoyadas en la mesa. Edward se acercó a mí. Fue tan poco lo que movió su cuerpo que para cualquier persona hubiese sido imperceptible pero yo que podía sentir su presencia hasta con los ojos cerrados lo noté.

Mantuve la calma por mí pero sobre todo por Edward. Una de las cosas a las que más pavor tenía era que todo este escándalo le salpicara. Podía soportar a la prensa metiendo sus narices con Anthony, él no me importaba lo más mínimo pero Edward era mi vida e iba a luchar por él.

-Te entiendo. – dije con calma. Pude ver sorpresa en su rostro ante mi afirmación lo que aproveché para continuar.- No es fácil ver que la vida que querías y tenías desaparece pero eso no es justificación para hacer lo que has hecho. – puntualicé firme. – Me dan igual tus motivos personales, cuando salpican a mi empresa no me tiembla el pulso. Te lo advertí aquel día en el ascensor. Si no tomaste mis palabras en serio, no es mi problema.

Jessica me miró con odio y al contrario de lo que pensaba volvió a sentarse en la silla que había ocupado anteriormente.

Guardó silencio. Parecía que estaba poniendo en orden sus pensamientos o quizás eran sus emociones.

-¿Alguna vez te ha explicado qué hizo ese día? – me preguntó señalando a Edward. Negué con la cabeza. – Claro que no… - se lamentó. - Me dijo que lo mejor era dejarlo. Que no quería estar con alguien que te dañaba injustamente. – explicó con la vista perdida como si de repente Edward no estuviera presente. – ¡En cuanto ella entró por esa puerta te olvidaste de mí! – chilló reprochándole a Edward con lágrimas en los ojos.

Después de tantos años compartiendo tiempo con ella finalmente la veía afectada por algo. Sin su fachada de mujer perfecta. Había dolor en su rostro y en sus ojos.

-Puedes buscar culpables en otras personas o aplicar la autocrítica. Te lo he dicho miles de veces, nuestra relación se mantenía por la comodidad no por el amor. – le contestó Edward. Cerré los ojos sintiéndome una intrusa en presenciar una conversación tan íntima.

-¡Siempre he estado a su sombra! Y lo peor de todo es que no te dabas ni cuenta. Y cuando ella llegó aquí, todo tu tiempo era para Bella Swan. ¡Hasta pasabais vuestras noches encerrados en la oficina! ¿Te has parado en pensar alguna vez en lo difícil que ha sido para mí? – volvió a acusar Jessica perdiendo el poco control que le quedaba.

Tenía razón en algo, nunca me había parado a pensar en cómo debió vivir ella el cambio de actitud de Edward y el consiguiente desmoronamiento de su relación. Siempre la vi como alguien que se aferraba a su relación pero no pensé en el sufrimiento de decir adiós a algo que no querías que se acabara. Pero mi lástima y comprensión acababan cuando pensaba en todo lo que había ideado.

-No justifica tus actos. – reprochó Edward decepcionado. Me permití mirarlo y pude ver en él lo mismo que sentía cuando pensaba en Anthony y mi falsa creencia en la bondad ajena.

-¡Para ti nada lo haría! Te olvidaste de nuestra relación con tanta facilidad que duele, Edward… Duele mucho. – acabó en un sollozo dramatizado de más.

Decidí intervenir al notar el nerviosismo de Edward.

-No estamos juzgando tus sentimientos, pero como trabajadora es inadmisible lo que has hecho. – sentencié. Finalmente mi voz sonaba como lo que debía ser la presidenta de una gran empresa. Me había costado pero lo había conseguido. – Recoge tus cosas y márchate. Si prometes no volver y no crear más escándalos no presentaremos ninguna acción legal. No tendrás carta de recomendación pero tampoco un ningún delito a tus espaldas. – expliqué mientras Jessica asentía algo sorprendida.

Supongo que para alguien que tiene el corazón recubierto de venganza es difícil de asimilar que te puedan perdonar semejantes acciones.

-Agradéceselo a Edward, él ha sido quien ha velado por ti. – creí oportuno explicar después de todas las acusaciones que había recibido.

Jessica se levantó después de firmar los papeles que tenía delante.

-Te quise más que a nada. – dijo Jessica cabizbaja.

-Yo también te quise pero no fue suficiente. – respondió Edward seguro.

-¡Es una hipócrita! –chilló Alice indignada mientras Rose coincidía con una mueca severa en su delicada cara.

-¿Qué clase de dignidad tiene? Si un hombre no te quiere, está bien. Déjalo y quiérete tú misma. ¡Ni que fueran lo único importante en el mundo! – añadió Rose haciendo que todas brindáramos por sus certeras palabras.

-¿Habéis vuelto a tener noticias de ella? – preguntó curiosa Alice.

-No. Creo que se asustó bastante cuando se dio cuenta que podíamos tomar represalias legales y finalmente la cordura volvió a su ser. O la cobardía. –expliqué a mis dos amigas a las que tanto había echado de menos durante estas semanas en las que solo había tensión a mi alrededor.

-¿Y Edward cómo se lo ha tomado? – esta vez fue Rose la que tomó el turno de Alice para preguntar. Por la cara de interés de mi pequeña amiga estaba muy orgullosa de la interrupción de Rose.

La pregunta nuestra rubia amiga no era fortuita. Me aparté ligeramente de Alice temiendo acabar llena de bebida. Este vestido me gustaba demasiado para que se estropease.

-Bien… Se calmó en cuanto acepté su propuesta de escapada romántica. – expliqué con una sonrisa en a cara al recordar lo persuasivo que se había mostrado Edward ante mi inicial negativa.

Nuestros problemas no estaban extinguidos sino parcialmente controlados. No me sentía cómoda desconectando del mundo aún. Además, tenía muchas cosas pendientes que necesitaban de cobertura telefónica para llevarlas a cabo.

-¡AHHHHHH! – chilló Alice controlando magistralmente su bebida pero no sus decibelios. - ¡Te lo dije! – me dijo pagada de ella misma con ese gesto orgulloso que compartía con su hermano.

-Alice dices muchas cosas… Deberías especificar si quieres que sepa a qué te refieres. – le tomé el pelo haciendo que su mirada se estrechara intentando intimidarme.

-Te dije – reanudó su discurso cansinamente. – Que ni tú ni Emmet llegaríais solteros a fin de año... Y vuelvo a tener razón. – acabó señalando su sien como siempre que pretendía convencernos que tenía alguna clase de don premonitorio.

Estallé en risas.

-Alice calla que aún nos gafarás y no quiero pasar fin de año sola. – interrumpió Rose obligándola a tomar un trago de su copa mientras chocaba una mano conmigo.

Fue una noche tranquila pero llena de diversión y de esas confesiones que solo haces cuando estas con tus amigas. Esas reflexiones en ocasiones absurdas que solo tus amigas comprenden y no juzgan. Las necesitaba y por la manera en la que Alice se aferraba a no dejarnos ir también le hacíamos falta, así que le concedimos algún que otro secreto para compensarla por el tiempo que pasábamos entre papeles y no con ella.

Era jueves y aunque al día siguiente era laborable no impidió que llegará a casa un poco más tarde de lo habitual y, definitivamente, más achispada de lo acostumbrado.

Me costó tanto meter la llave en la cerradura que estuve muy tentada de llamar al timbre para que Edward viniera a salvarme pero después de pasarme toda la noche criticando a Jessica por aferrarse a un hombre que no la quería lo suficiente no iba a ser yo la que fuera a ponerse a llorar porque, de repente, la cerradura de su casa era imposible de abrir.

Cuando finalmente conseguí poner un pie en el recibidor todo estaba a oscuras y en silencio. Bufé decepcionada, después de todo el ruido y el titánico esfuerzo Edward no se había tomado la molestia de bajar a socorrerme. Si lo llego a saber minutos antes hubiera tocado el timbre hasta fundirlo. Subí con cuidado las escaleras dejando mi chaqueta y mi bolso olvidado en las escaleras.

Abrí dramáticamente la puerta de mi antigua habitación que se había reconvertido en la habitación principal. Ninguno de los dos nos habíamos visto con corazón de mudarnos a la de papá por no mencionar que no quería ni imaginar teniendo sexo con Edward en el lugar al que siempre acudía a acurrucarme con mi padre. Definitivamente, eso no estaba en discusión. Cambiamos los muebles y la adaptamos como un gran vestidor y sala de estar adjunta a nuestra habitación.

Edward estaba estirado en la cama leyendo despreocupadamente.

Una de las cosas que había descubierto de Edward era que usaba gafas cuando estaba en casa y era extremadamente sexy. Mucho más ahora que solo tenía puesto unos pantalones de pijama y la gafas de montura negra. El toque de su pelo despeinado hacía que mi cuerpo ardiera en llamas.

Me quité los zapatos y me dirigí hasta él intentando parecer sensual aunque Edward me miraba calculando si tenía que levantarse corriendo para evitar que acabara en el suelo.

-Hola… – dije arrastrando mis palabras mientras me sentaba a su lado sin perder el contacto visual.

Por su atuendo sabía que se había quedado despierto esperándome. El pijama y Edward eran dos cosas que no acostumbraban a ir juntas. Era tierno.

-Hola.– Respondió haciendo que mi intento de seducción quedara completamente ridiculizado.- Pareces feliz y algo achispada. – observó con una sonrisa y su mano posándose en mi cintura.

Asentí porque en mi estado tampoco iba a ocultar que el formar oraciones con sentido era un trabajo arduo complicado.

-Me gustan tus gafas. – alabé después de quedarme mirándolo fijamente más tiempo del necesario provocándole una carcajada.

-Vaya, gracias señorita Swan… A mí me gustas tú. – me devolvió el halago ayudándome a pasar por encima de él para llegar hasta mi lado del colchón. Cambié de planes quedándome sentada a horcajadas en su atlético cuerpo.

-Y me gusta que me esperes leyendo…- expuse algo perdida en sus ojos verdes. Tenían pequeñas motas marrones que los hacían más especiales.

-Me he acostumbrado a tenerte pegada a mí y te necesito a mi lado para dormir. – confesó haciéndome sonreír como una idiota. – ¿Te lo has pasado bien con las chicas? –preguntó divertido.

-Mucho. Las necesitaba. – contesté.

-Me alegro… aunque mañana voy a tener que lidiar con una presidenta y una directora de finanzas con dolor de cabeza. – comentó riéndose.

No le respondí, me limité a quitarle las gafas. No quería que se rompieran, le sentaban demasiado bien para perderlas.

Edward seguía atentamente mis movimientos. Sin duda le estaba afectando, lo notaba en su cuerpo presionado contra el mío.

-Bella has bebido…- recordó Edward mientras mis manos y boca se entretenían con la piel expuesta de su pecho. Estaba cayendo en mis redes, su tono y su respiración demostraban que lo tenía dónde quería.

-No tanto para no saber lo que estoy haciendo. – rebatí notando como sus manos se colaban por debajo de mi blusa.

-Deberíamos dormir. – dijo en tono lastimero que sonó más a pregunta que a una afirmación firme.

-Después. – aseguré atacando su boca dispuesta a acabar con esta cháchara que ni él ni yo queríamos tener.

Nuestras lenguas rápidamente lucharon por dominar el beso mientras nuestras manos calentaban nuestros cuerpos con deliciosas caricias. Edward aprovechó para desvestirme con tanta delicadeza que casi no me enteré de la perdida de ropa.

Los gemidos y la respiración entrecortada colmaron el ambiente. Todo se aceleró, nuestros movimientos acompasados, las caricias cada vez más impacientes y besos sedientos. No había calma ni deleite en los pequeños gestos, solamente necesidad de saciar nuestras ganas.

Edward consiguió voltearnos quedando encima de mí. Su sonrisa de lado cubría su rostro victorioso.

-Eres maravillosa. – susurró en mi oreja antes de darle un mordisco tirando de ella.

-Y tú. – intenté decir pero no logré entender que salió de mis labios… Estaba completamente inundada en lo que Edward me provocaba.

Sus manos certeras me acariciaban justo en los lugares que sabía que eran mis puntos más débiles.

-Edward te necesito… Esto es demasiado para aguantar. – le supliqué.

-Shhhh…. – contestó brevemente antes de centrar su atención en el punto más débil e íntimo de mi anatomía.

-¡Joder!- exclamé notando como mi cuerpo estaba a punto de estallar. – Tengo que salir más con las chicas.

-Cuando gustes. – dijo justo antes de hacerme estallar.

Había estado con más hombres que Edward durante mi vida sexual pero con ninguno había sentido esta conexión casi mágica y mucho menos había conseguido encender mi cuerpo como él hacía.

Edward reptó hasta que nuestros rostros se encontraron.

-Te quiero. – dije segura. Era extraño como no podía parar de decírselo una vez lo había aceptado como algo tan natural como respirar.

Finalmente me atrevía a decirle a Edward Cullen, mi sempiterno amor platónico que le amaba y él me correspondía. Parecía una película mala de amor de instituto.

-Estás intoxicada de placer pero te tomo la palabra y no voy a dejar que te desdigas cuando las hormonas no corran por tu cuerpo. - me tomó el pelo mientras me miraba tan intensamente que las palabras no eran necesarias para saber sus sentimientos.

-Idiota, eres un completo idiota Cullen. – bromeé con él mientras volvía a sentarme encima de él, esta vez sin ninguna intención de dejarlo tomar el control hasta que no hubiéramos alcanzado el cielo.

Me había costado más de lo habitual despertarme debido a toda la actividad de la noche pasada. Entre las chicas y Edward me habían dejado sin energías pero me había jurado que al día siguiente no buscaría escusas para ir a trabajar. Algo que Edward no había reparado en recordarme esta mañana mientras se burlaba de mis quejidos al notar los rayos de sol en mis sensibles ojos. Por suerte, aparte de reírse de mí por ser más zombie que persona, me había preparado un café bien cargado con un croissant de chocolate que no tenía ni idea dónde lo había encontrado teniendo en cuenta que era primera hora de la mañana y vivíamos en una urbanización algo lejos del centro de la ciudad.

Había sido un viernes realmente duro pero ya eran las casi las ocho de la noche y había conseguido superar el día de trabajo sin quedarme dormida, lo que consideraba uno de los mayores logros de mi vida adulta.

-¿Sigues trabajando? – me preguntó Edward apoyado en el marco de la puerta del despacho.

Estaba espectacular sin la corbata que le había acompañado todo el día y con el pelo despeinado después de una larga jornada laboral. Después de tantos meses trabajando juntos Edward seguía viniéndome a buscar cada noche para asegurarse que descansaba y no forzaba de más.

Siempre cuidándome.

-Ya no. – aseguré. – Soy toda tuya. – dije cogiendo mis cosas y dirigiéndome hasta él.

Le di un suave beso, aunque no quedaba nadie en la empresa a estas horas de un viernes me separé rápidamente. Me seguía dando un poco de vergüenza las muestras de afecto delante de nuestros trabajadores por mucho que nuestra relación no fuera ya un secreto. Edward tomó todos los recientes acontecimientos como la señal que necesitaba para conseguir lo que llevaba tanto tiempo deseando, hacer lo que le viniese en gana sin inhibiciones.

-Maravilloso. – coincidió apretándome contra él manteniéndome cerca. – Este fin de semana no te escaparas de mi vista. – añadió misteriosamente guiñándome un ojo. ¡Maldito embaucador!

-¿No piensas decirme a dónde ni qué vamos a hacer? – pregunté sin mucha esperanzas que me revelara nada.

Negó antes de bajar sus labios hasta los míos para hacerme olvidar con un beso hasta de mi nombre. No se separó hasta que me tuvo temblando por más. Era el rey de la anticipación.

-No, pero a cambio te esperaré en la entrada con todo preparado. Solo tendrás que dejarte llevar. – contestó negándome más información igual que llevaba haciendo durante una semana. - Te dejo unos minutos para que te encargues de tus necesidades vitales. Te conozco y me harás parar a cada rato y no quiero que se nos haga tarde. – puntualizó haciéndome rodar los ojos.

-¡Idiota! –me defendí dándole un manotazo.

-Te quiero, no tardes. – dijo sin inmutarse dirigiéndose al ascensor.

Decidí hacerle caso y tomarme unos minutos para ir al lavabo y refrescarme un poco para quitarme todo el cansancio y olor de oficina acumulado durante el día. Me había acostumbrado al silencio de última hora en Swan's Networks. Durante este tiempo había conseguido entender mucho más a papá. Como por ejemplo, la magia de esta quietud con solo la luz de la ciudad colándose por los ventanales del edificio.

Bajé por el ascensor. Edward había insistido en que lo esperara en la puerta de entrada y no en el parking y yo había optado por no preguntar. Dejaría que me sorprendiera. Si había dedicado tanto tiempo en planificarlo no iba a ser yo quien echara a perder su esfuerzo.

Miré el espejo y me devolvía la imagen de alguien feliz. Una sonrisa cubría mi cara y mis ojos brillaban. Parecía imposible cuando llegué con Edward por primera vez, nerviosa, convertida ya en la presidenta de Swan's Networks. Reí al recordar nuestro encuentro en el notario. Si él supiera. Reí sabiendo que llegaría mi turno para sorprenderlo. Me costaba guardar secretos pero lo estaba consiguiendo y cuando las tornas giraran lo disfrutaría igual que Edward lo estaba haciendo ahora.

Saludé a Levent animada quien me devolvió el gesto de la misma manera. Cuando salí a la calle respiré profundamente. No era el aire más puro del mundo, además, la humedad de la lluvia se intuía en el ambiente, pero esto era Seattle, era lo más cercano a la pureza que podíamos obtener. Caminé tranquilamente por la calle buscando la entrada del parking que estaba al otro lado de la manzana.

Iba tan pendiente de buscar el coche de Edward que no noté que alguien aparecía de un callejón hasta que sentí un fuerte tirón de mi brazo. No pude chillar porque una mano me tapó la boca con fuerza mientras me inmovilizaba.

-Mira lo que me haces hacer para hablar contigo….Hermanita. – noté la voz ronca de Anthony en mi oído haciéndome temblar.

.

[**]

.

NA:

¡BOOOOOM!

¿Os ha gustado? Espero que sí…

Muchas me preguntabais por Jessica… ¿De verdad pensabais que os iba a dejar sin el placer de presenciar su caída después de todo lo que nos ha hecho pasar?

La conversación con Jessica revela mucho de nuestro Edward, huérfano de POV en este fic. Siempre he puntualizado que no lo juzgarais por las interpretaciones que hacía Bella, que la pobre era muy obtusa. Varias veces Edward menciona (en su fiesta de cumpleaños, por ejemplo) que tendría que haber hecho algo cuando estuvo a tiempo, igual que había dejado caer la importancia de su colección de maquetas…

Finalmente os puedo informar que he pautado los capítulos y si no me enredo la historia TENDRÁ 33-34 CAPÍTULOS, aún me estoy decidiendo cómo enfocar el capítulo final. Eso será lo que decantará el número total. Así que esta historia se acaba. Estoy triste pero también súper emocionada y algo nerviosa… Me cuesta mucho cerrar las historias para intentar que no queden cabos sueltos, solo deciros que lo estoy haciendo con mucho cariño y espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Como siempre, subiré el próximo capítulo tan pronto como lo tenga.

Muchoooos saludos a todos

Nos leemos en el próximo ;)