Dedicado a KiKaLioncourty un gran agradecimiento por su ayuda.

Una mención para LuzAlvz y su sitio.

XXVI

Charles y Erik eran conscientes de que no podrían presentar al bebé públicamente como hijo de ambos, por eso decidieron que daba la posición social del Duque y la identidad secreta de Lehnsherr, Charles lo declararía como suyo y de una madre desconocida. Erik ya no se marcharía de Westchester así que ambos lo educarían y la criatura crecería con sus dos padres juntos, pero solo llevaría el apellido Xavier.

Otra cuestión que preocupaba a Charles ahora que se acercaba al octavo mes era el parto en sí, confiaba en la capacidad de Hank pero un alumbramiento implicaba muchos riesgos, que en su caso aumentarían por su condición de hombre. No se atrevía a dialogar del tema con Erik porque cada vez que se planteaba hacerlo, leía a su amante y descubría el miedo que este tenía y era tan profundo que el mismo Erik prefería ignorarlo. Magneto, con toda su valentía y arrojo para sus misiones mutantes, no podía siquiera concebir la idea de perder a su amor. Entendía que había peligros en un parto, pero el solo pensar que si algo le ocurriera a Charles, él tendría que transcurrir el resto de la vida sin su presencia lo desesperaba más allá de la locura.

Sin embargo, como el tiempo apremiaba, el Duque escribió al doctor William Whately, que era el notario de la familia desde los tiempos del abuelo de Charles, Lord Francis, y residía en Edimburgo. Le ordenó la redacción de un documento donde quedara asentado que en caso de fallecer, sus bienes fueran heredados por ese bebé, hijo suyo y de madre desconocida, y nombraba a Sharon como su tutora legal y administradora de los bienes de los Xavier hasta que la criatura cumpliera la mayoría de edad. Cuando Charles recibió el escrito una mañana, se encerró solo en su despacho para firmarlo; después lo devolvería al letrado y el documento sería enviado a Londres para finalizar su aprobación con la firma y el sello del Rey, ya que se trataba de un asunto nobiliario.

El duque escribió su rúbrica y se echó hacia atrás en su mullido sillón. Cerró los ojos mientras pensaba que había tomado esta decisión para asegurar el bienestar de su hijo y no porque una desgracia fuera inminente. Se frotó el abdomen hinchado, ya quedaba poco tiempo y él temía que el alumbramiento se tornara peligroso. Bueno, si no podía asegurar su vida, se cercioraría de que el porvenir de su bebé quedara preparado. Se levantó con el pliego en la mano y salió a buscar a su madre. Erik estaba con su hijo en los establos observando el progreso que el joven había realizado con Lobo, y Logan y Laura habían viajado a la ciudad y volverían por la tarde.

Sharon se encontraba como cada mañana en su saloncito privado. Acababa de recibir una invitación para la boda de Moira con Shaw. La joven, seguramente desilusionada con la apatía del Duque en los últimos meses, había decidido dirigir el sobre a Lady Xavier aunque invitaba también a Charles a la ceremonia. Sharon notó que la fecha coincidía con el baile de disfraces anual de los Xavier y se preguntó si Moira no la había elegido adrede como una pequeña venganza hacia su hijo. En el fondo podía comprender su frustración y pensó si no debiera ser conveniente por el aprecio que le tenía a la muchacha y la larga amistad entre las dos familias, avisarle quién era Shaw realmente. Sin embargo, era poco lo que podía llegar a revelarle porque carecía de pruebas más allá de la palabra de Emma, y Sharon no iba a nombrar a la viuda Cassidy y ponerla en peligro. Además, Moira era la hija del general que dirigía la patrulla anti mutante de Escocia y era probable que su propio padre hubiese arreglado el enlace como parte de algún trato para perseguir a los mutantes. A pesar de la estima que le tenía a la joven, Sharon no contaba con evidencia sólida para prevenirla y no sabía hasta qué punto el general MacTaggert trabajaba con Shaw y aprobaba sus métodos. Suspiró, planteándose a modo de consuelo que no era un asunto del que debiera ocuparse por el momento. Era más gratificante recordar que pronto su hijo entraría en el octavo mes y, ya en un parpadeo, conocería a su ansiado nieto. Estaba convencida de que el parto resultaría bien porque Charles era un hombre saludable y estaba transcurriendo el embarazo sin inconvenientes.

─Madre ─ Charles golpeó respetuosamente antes de entrar.

─Adelante, hijo ─ autorizó la dama y guardó la correspondencia en el cajoncito de su mesa.

El Duque se sentó a su lado y le entregó el documento para que lo leyera.

─Se trata de algo que tengo que discutir contigo, madre, aunque más que discutirlo debo comunicártelo porque mi decisión está tomada. El doctor Whately me lo acababa de enviar y llegó con la correspondencia de esta mañana.

Sharon estudió el pergamino escrupulosamente. Lo leyó varias veces con el semblante serio y recién en la segunda lectura, se mordió el labio inferior. Después lo enrolló con cuidado y no se lo devolvió a su hijo sino que lo depositó sobre la mesita junto al tintero.

─ ¿Cuándo tomaste la decisión de esto, Charles? ─ interrogó con tranquilidad en la voz y el semblante serio.

─Lo llevo pensando desde hace tiempo pero no me comuniqué con Whately hasta la semana pasada.

─ ¿Qué opina Erik? ─ indagó Sharon aunque deducía la respuesta porque su hijo había hablado en singular cuando usualmente lo hacía en plural para demostrar la participación de su amante.

─Erik no sabe nada aun. No me atreví a nombrarlo a él tutor también porque no quiero revelar su apellido pero estoy seguro de que tú…

─ ¡Por supuesto que no lo echaría y lo dejaría participar en la crianza de este niño! ─ reprendió su madre con indignación ─. Pero, ¿por qué hiciste esto, Charles? ¿Por qué decidiste la redacción de este documento tú solo? ¿Qué significa?

El Duque suspiró sombrío.

─Pensé que contigo me sería más fácil platicar porque a Erik, cada vez que quiero hablarle y lo leo, veo cuánto lo aterra la idea.

Sharon suspiró también y musitó.

─ ¿La idea de perderte?

─Madre, es una posibilidad que tengo que plantearme. Si fallezco, no quiero que esta criatura quede a la deriva. Erik no tiene los recursos económicos aunque estoy convencido de que daría la vida por ella, y tú, en cambio, sí los tienes y sé que harías lo que fuera por protegerla.

Lady Xavier se mordió el labio otra vez. Miró a su hijo a los ojos y notó que parpadeaba pero esta vez no porque estuviera mintiendo sino porque estaba tan aterrado como debía sentir a su amante. Lo tomó de las manos, estas temblaban ligeramente. Quería consolarlo pero una angustia profunda la embargó y terminó abrazándolo en medio de lágrimas.

Aun estremecido por el miedo, Charles quedó perplejo porque su madre no era alguien que perdiera la compostura.

Sharon estaba complacida de que su hijo confiara en ella para dialogar de un tema tan doloroso pero también a ella la desesperaba la idea de que una tragedia ensombreciera ese nacimiento tan esperado.

─Es muy valiente lo que haces, Charles, pero para mí también la idea de perderte me resulta aterradora ─ la voz se le quebró ─. Me provoca pánico. Jamás me planteé el miedo de perder a mi hijo, jamás imaginé preocuparme por perderte ─ suspiró y guardó silencio porque comenzaban a llegarle las emociones que el Duque no podía controlar: sintió que ahora Charles pensaba que, entonces, su madre tampoco podría apoyarlo porque estaba tan angustiada como Erik, y él, que era el que corría peligro, tendría que seguir haciendo frente en soledad a la trágica posibilidad de abandonar a su hijo y el miedo a una muerte dolorosa por el parto. Sharon no quería eso tampoco, la halagaba que Charles se le hubiese acercado para buscar su consuelo y que hubiera pensado en ella como solución para el futuro de su hijo. Se tragó los sollozos y deshizo el abrazo, mientras sacaba un pañuelo para quitarse las lágrimas y recuperar la compostura.

Charles notó que el momento no había sido el indicado para dialogar y con tristeza quiso levantarse, pero ella lo retuvo sujetándolo de la muñeca.

─Lo siento, Charles ─ se disculpó desde el corazón ─. Yo tengo miedo pero tú debes estar aterrorado, acudiste a mí para que te ayudara y mira lo egoísta que me he comportado ─ el Duque parpadeó otra vez. Ella le acarició con los dedos la mano de la muñeca que le retenía ─. Te he pedido siempre que cuentes conmigo y ahora más que nunca me tienes. No te preocupes, hijo, no te preocupes por tu hijo porque nos tienes a Erik y a mí para ayudarte a cuidarlo.

Charles mantenía la mente bloqueada porque sus propias emociones lo estaban desbordando, pero percibía por medio de su tono la sinceridad, el dolor y el amor que su madre le tenía. La abrazó y lloró. Sharon lloró también. Había hecho a un lado su papel de dama adusta porque no podía conservarlo cuando sentía que podía perder a su único y amado hijo. Después de un rato se separaron y ella le secó amorosamente las mejillas con los pulgares.

─De cualquier manera, no olvidemos que este miedo es solo una posibilidad, no algo inevitable, Charles ─ le sonrió para consolarlo ─. Que hayas sido tan precavido al preparar este documento habla de la devoción que sientes por el bebé, y demuestra que eres un padre responsable y serás magnífico cuando lo tengas en brazos. Tienes miedo, es comprensible, pero recuerda que Hank te controla y afirma que no hay nada de qué alarmarse.

─Sí ─ musitó Charles emocionado.

─Opino que más allá del miedo entendible que lees en Erik, deberías platicar con él de esto, es importante y necesario que conversen los dos de forma abierta y con entera confianza.

─Erik está aterrorizado, tanto que niega la idea, puedo notarlo cuando lo leo.

─Está aterrorizado como lo estás tú y mira lo que has hecho al respecto: tomaste la decisión de redactar esto para proteger a tu hijo ─ le apretó la mano otra vez y lo miró a los ojos ─. Te sientes solo, Charles, el miedo te hace sentirte así pero no lo estás. No estás solo, hijo mío. Nos tienes a Erik y a mí.

El Duque la miró a los ojos emocionado. Su propio miedo que era una mezcla del temor al parto y la desesperación por tener que abandonar a su hijo, le había creado esta sensación de soledad, pero no estaba solo porque contaba con su madre y contaba con Erik.

Sharon lo notó más tranquilo.

─ ¿Cuándo vendrá Hank a revisarte nuevamente?

─En esta semana.

─Habla de tus miedos con él cuando nos visite, quítate todas las dudas sobre lo que te espera en este último tiempo y del proceso del alumbramiento, no te quedes con ninguna incertidumbre, solo así podrías superar este temor comprensible: conociéndolo y afrontándolo.

─Sí, madre ─ asintió, pensando en lo acertado que era el consejo.

─Sería importante que Erik también esté presente porque debe tener sus miedos también, diferentes a los tuyos pero que sería necesario que los dialogara con Hank. En cuanto al futuro de tu hijo, no te preocupes más de lo necesario. Es una criatura esperada y deseada por todos en esta casa, vamos a amarlo, consentirlo y convertirlo en el rey de Westchester.

Charles rio complacido, no había pensado en que su hijo antes de convertirse en Duque sería el Rey de Westchester, pero su madre tenía razón: iba a ser el centro de la casa.

Sharon le extendió el documento enrollado.

El Duque lo recogió pero no quiso retirarse. Se sentía vulnerable con la proximidad de la fecha y con la plática que había tenido. No quería regresar a su despacho y quedarse allí en soledad. Erik seguía con Peter en el establo y aquí la tenía a su madre.

─ ¿Estás ocupada con la correspondencia?

─No, Charles ─ le sonrió ─. Nada hay que no pueda continuar más tarde, por cierto, recibí la invitación de la boda de Moira y ese personaje. Por un momento pensé en advertirle quién es realmente porque la conozco desde niña y le tengo afecto, pero enseguida pensé que no tengo pruebas para hacerlo.

─Lo mejor es la discreción con los MacTaggert ─ opinó el Duque ─. ¿Me invitó a mí también? ¿Cuándo será la ceremonia?

Sharon le lanzó una mirada cómplice.

─Eso es lo interesante. Te invitó pero me dirigió el sobre a mí y la realizará en la misma fecha que damos el baile de disfraces.

─ ¿Crees que se trata de una revancha hacia mí? ─ preguntó Charles con asombro.

Su madre suspiró.

─Se nota que no conoces lo que es una mujer despechada.

─Yo no fui amable con ella y la evadí siendo mi amiga y habiéndole creado ilusiones, ilusiones que tal vez ella se creó sola pero que yo se las arruiné ─ admitió con culpa.

Sharon guardó un silencio discreto antes de responderle.

─Es cierto que tu comportamiento hacia Moira después de la fiesta no fue el adecuado para un caballero pero ─ le miró el vientre crecido ─ tuviste asuntos de qué ocuparte más importantes que ella, aunque claro que Moira no los sabe ni debe saberlos nunca.

─ Debería escribirle una carta felicitándola por la boda, ¿no crees?

─Me parece correcto, hijo. Yo también le escribiré una felicitación y podríamos enviárselas los dos en estos días, ¿qué dices?

Charles rio.

─Extrañaba esto ─ confesó con sinceridad.

─ ¿Esto?

─Platicar tranquilos y que me des consejos. Como lo hacíamos antes.

─Yo también ─ contestó Sharon emocionada.

Charles sonrió y le apretó la mano sobre la mesita.

…..

Lobo, el potrillo de Peter, había crecido y se estaba convirtiendo en un corcel espléndido. Era rápido, inteligente y tenía la postura de un Pegaso. Laura opinaba con inocencia que era tan bello que así debían verse los unicornios de los cuentos de hadas, y Peter le contestaba que sí pero que Lobo era real. El caballo reconocía perfectamente a su amo y bajaba la cabeza cuando este se acercaba para que le acariciara la zona detrás de las orejas o le peinara la crin. El joven lo entrenaba, alimentaba, bañaba y peinaba y lo vestía con la montura que le había regalado Sharon. Como el muchacho era de contextura delgada ya podía montarlo y le estaba enseñando habilidades como cabriolas y a correr a campo abierto. Esa mañana Erik lo acompañó y pudo ver las destrezas. Aplaudió con ganas y se asombró del progreso en el entrenamiento. Después dejaron a Lobo en el establo y regresaron a la mansión.

Peter subió a sus aposentos para cambiarse la ropa de jinete, y Erik se encontró con Charles. La pareja se encerró en la sala donde jugaban al ajedrez y que utilizaban cuando deseaban compartir los dos algo íntimo y estar tranquilos.

Charles tenía el pergamino enrollado en la mano. Se sentaron frente a la mesita que contenía el tablero y el Duque abordó el tema.

─Sé que es un tema difícil para los dos pero era necesario que tomara cartas en el asunto por eso ordené al doctor Whately, el notario encargado de las finanzas de la familia, que confeccionara este documento ─ le hizo un gesto a su amante para que quitara el tablero con las piezas y le despejara la mesita para desplegar el papel ─. Se trata de un testamento donde dejo asentado que nuestro hijo sea nombrado heredero mío y mi madre su tutora legal junto contigo. No pude nombrarte específicamente, Erik, porque no quise revelar tu apellido y comprometer tu identidad sin tu permiso.

Erik lo escuchó atentamente. Cruzó una pierna sobre la otra y apoyó las manos sobre la rodilla doblada.

─Aseguraste el futuro del bebé por si te ocurre algo antes de que puedas conocerlo ─ confirmó. El Duque asintió gravemente ─. Hiciste lo correcto, Charles, aunque me hubiese gustado estar contigo cuando tomaste esta decisión porque tuvo que haberte afectado mucho y la tomaste estando solo ─ aunque sonara a reproche, Erik no lo estaba reprendiendo solo lo miraba con tristeza.

─Era una cuestión que me estaba desvelando desde hacía tiempo ─ explicó el Duque y se acarició el vientre ─. Quise discutirla contigo pero sentía lo difícil que era para ti, lo que la hacía aún más difícil para mí hasta que opté por escribir a mi notario.

Erik recordó cuando meses atrás, la noche del cumpleaños de Peter y estando los dos en la cama, Charles le había planteado la idea de ese testamento y él le había rogado que no continuara hablando porque el tema le resultaba demasiado doloroso. Se sintió culpable porque de esa forma su amante había seguido con la idea y había tenido que ordenar su redacción en soledad. Ahora Erik sentía que no lo había apoyado.

Charles notó su remordimiento y le entregó el pergamino para que lo leyera.

─Ya está todo preparado, que algo trágico ocurra no es inevitable pero necesitamos estar preparados. Ya platiqué con mi madre y me aseguró que cuente con ella, me prometió que se hará cargo de nuestro hijo si algo malo llegara a sucederme, y que te mantendrá a su lado para que lo eduques.

Erik quiso leer el pliego pero estaba tan conmocionado que le costaba deducir las palabras. Prefirió dejarlo sobre la mesa. Luego alzó la vista hacia su amante.

─ ¿Tienes mucho miedo, Charles?

─No hay peligro, según Hank, pero sí ─ admitió con un suspiro profundo ─. Lo tengo. Me observo el vientre y pienso cómo saldrá de aquí un bebé completo, cuántos peligros tendremos que sobrellevar él y yo, y allí es donde me planteo si mi cuerpo estará preparado y responderá cuando deba hacerlo. Además imagino el dolor, dicen que es insoportable ─ suspiró con un estremecimiento ─. También tú tienes dudas, ¿cierto?

─Sí, amor. Cualquier nacimiento implica peligros y soy consciente de eso. Tuve mis miedos y dudas con mis otros dos hijos y los tengo ahora con este.

─Además soy un hombre.

─Hank nos aseguró que ese no es un problema porque el proceso del parto es igual al de una mujer ─ le recordó Erik con calma ─. ¿Hablaste con tu madre de esto del parto, de los síntomas, del dolor, de cómo se lleva adelante?

─No, pero voy a platicarlo con Hank y estoy comenzando a leer los libros de medicina en la biblioteca. Es un proceso natural y pienso que cuando lo conozca en profundidad, ya no tendré tanto miedo.

─Charles ─ sonrió Erik. Lo enternecía cuando su amante aplacaba sus miedos o dudas buscando el conocimiento científico. Charles Xavier era sin dudas un hombre del Siglo de las Luces ─. Siéntate aquí, amor.

Erik bajó la pierna para que se ubicara en sus rodillas. Charles, que necesitaba su afecto y contención, tomó asiento en ellas y le cruzó los brazos alrededor del cuello.

─Me parece que además de refugiarte en la ciencia, lo cual es importante, también busques la experiencia con lo que tu madre te pueda explicar, y lo más necesario para afrontar tu miedo: la compañía y el apoyo de la gente que te ama ─ le besó la frente ─. No quiero que suene a sermón lo que voy a decirte sino a consejo: actuaste en soledad, tomando esta decisión difícil y dolorosa. Me doy cuenta de que te sientes solo y no lo estás.

─No estoy solo ─ murmuró Charles, repitiendo las palabras de su madre que eran las mismas que ahora su amante le decía. Se hizo un ovillo en los brazos de Erik y apoyó la cabeza contra su pecho. Cerró los ojos.

Erik le besó la cabeza.

─No estás solo y me arrepiento de que te sintieras así porque fue mi propio miedo el que te detuvo esa noche cuando quisiste dialogar. Se necesita coraje para lo que hiciste y estoy convencido de que nuestro hijo no podrá tener mejor padre que tú.

─ ¿Piensas que todo saldrá bien?

─Estoy convencido de que todo saldrá bien, Charles.

El Duque, manteniendo los ojos cerrados, lo leyó. Erik hablaba con honestidad porque estaba seguro de que el parto no presentaría inconvenientes y que se convertirían en padres de una niña. Sonrió, recordando que su madre esperaba que tuvieran un niño y lo aseguraba por la forma puntiaguda de su vientre.

Erik continuó.

─Cada vez falta menos tiempo y cada vez siento más ganas de que llegue, la ansiedad es terrible ─ sonrió ─. Ahora comprendo cuánto sufre Peter cuando no puede contenerse. Tú, en cambio, estás tranquilo aun con tu miedo y te admiro por eso.

─Debe ser por mi educación tan de esta isla, ¿no?

─Por eso y porque te sientes protegido y contenido ─ añadió Magneto.

─ ¿Me acompañarás en el parto aunque no sea lo común que los padres lo hagan? ─ el pedido de Charles sonó a súplica esperanzada.

─Estaré contigo, Charles ─prometió y le besó de cuenta nueva la cabeza ─. Estaré a tu lado, sosteniéndote de la mano, aunque me la aprietes tanto que sé que me triturarás los dedos.

Charles rio. Había leído que las parturientas estrujaban las sábanas con tanta fuerza que las rompían o presionaban demasiado las manos de aquellas mujeres que las acompañaban hasta hacerlas gritar. Pero él era un hombre correcto y educado, y los dolores de parto no debían ser tan intensos, ¿o sí?

Erik quiso distraerlo y distraerse él también.

─ ¿Te parece que vuelva a colocar el tablero y disputemos una partida antes del almuerzo?

El Duque aceptó. La compañía de Erik era el antídoto perfecto para olvidar los dolores y el proceso del parto, su miedo y los problemas del mundo.

…..

─Laura ─ llamó Logan al entrar en la habitación donde su hija se encontraba sentada en el suelo y reunida con la colección de muñecas que le había obsequiado en Navidad y que la niña hoy había traído desde Westchester. No jugaba más con ellas como antes pero se entretenía peinándoles el pelo o acomodándoles los vestidos. Estaban fabricadas en porcelana, tenían el cabello humano y sus ajuares eran de telas exquisitas.

La niña dejó de peinar a una rubia de pelo ondulado y alzó la vista hacia su padre. Logan se sentó en el piso frente a ella con las piernas cruzadas.

─Necesito hablar contigo, lobita ─ pidió para retener su atención ─. En pocas horas regresaremos a Westchester y necesito tu opinión sobre una idea que tengo sobre objetos de esta casa.

─No te estoy entendiendo, papá ─ admitió, confundida.

Su padre se dio cuenta de que tenía que ser más claro y preciso.

─Desde que falleció tu madre, he guardado sus pertenencias o lo que ella hubiese comprado en esta casa, tengo su ropa en mi vestidor, sus joyas, su vajilla, sus muebles distribuidos por toda la casa, y hay un aparador en el pasillo que dirige hacia la cocina donde conservo hasta platos rotos porque ella los compró.

─Lo sé, papá ─ corroboró la niña ─. No has podido deshacerte de nada de ella, salvo ese reloj que le regalaste a Peter y él me lo enseñó hace unas semanas.

─ ¿Te parece algo justo? ─ pidió Logan su opinión ─. Guardar las pertenencias de alguien que ya no las necesita solo para conservar su recuerdo cuando hay personas que podrían darle un uso adecuado.

Laura frunció el ceño tratando de entender, y dejó la muñeca en el piso.

─ ¿Quieres darle a Peter los vestidos de mamá?

─ ¡No! ─ exclamó su padre entre divertido y asombrado con la pregunta ─. Me refiero a donar algunos de sus vestidos, no todos porque quiero que tú conserves algunos, tampoco sus joyas que son tuyas exclusivamente, sino el resto de sus prendas, la vajilla que no necesitemos y algunos muebles que le hayan pertenecido y ahora solo ocupen espacio en la casa.

La niña extendió las piernas en el suelo para tomar una actitud reflexiva.

─ ¿A quién se los donarías?

─A quien los necesitara, a alguna de nuestras doncellas tal vez los vestidos, muebles a algunos pajes, se lo preguntaría al señor Hyde, que debe saber quién los necesita más, pero antes de hacerlo quiero saber si estás de acuerdo, lobita.

─ ¿También donarías la vajilla rota?

─No, eso no, Laura ─ aseguró con una sonrisa indulgente ─. Si decidimos hacerlo, ¿tú me ayudarías a seleccionar las prendas, o los zapatos, o la vajilla, o los muebles para donar?

La niña lo meditó. Logan comprendió que tenía que tomarse su tiempo.

─No lo haríamos hoy ni tampoco mañana, puedes pensarlo y me lo dices más adelante, pero te aseguro que jamás tocaría yo solo nada de ella sin tu consentimiento. Esto de la donación es solo una idea que se me ocurrió y que me gustaría que comiences a pensarla tú.

─ ¿Peter tiene que ver con esto?

─ ¿A qué te refieres? ─ preguntó Howlett con sorpresa.

─Me refiero a que como estás enamorado de él, ves las cosas de otra manera ─ con un suspiro, Laura alzó su muñeca para seguir peinándola ─. Todo este tiempo guardaste las cosas de mamá porque no podías deshacerte de su recuerdo o pensabas que perderías lo que recuerdas de ella si entregabas algo, pero Peter te demostró que puedes amarlo a él y aun así recordarla, y que ya no necesitas tener más lo que conservas de ella. Ahora sabes que si regalas sus cosas a alguien que las necesite más que nosotros, no vas a olvidarla. No sé ─ se encogió de hombros ─. Esto del amor no es lo mío.

Logan quedó maravillado con su sabiduría inocente.

─Sí, lobita ─ aceptó ─. Peter me ayudó a ver las cosas de esta manera, él no sabe nada de esto, ni siquiera le he mostrado cuando estuvo con nosotros en Edimburgo todo lo que guardo de tu mamá, pero es lo que siento por él lo que me ayudó a pensar de esta forma.

─ ¿Te casarás con él? ─ interrogó la niña directa, mientras le daba los últimos retoques al cabello de su muñeca.

─ ¿Casarme con él? ¡No! ─ rio ─. Es algo imposible y lo sabes. ¿Cómo me casaría con Peter si es un hombre?

Laura se encogió de hombros con una mirada enigmática.

─Solo preguntaba pero se nota que si pudieras, lo harías.

Logan se puso de pie un tanto inquieto y se rascó la nuca. Recordó el anillo que le había regalado al joven en Navidad y se preguntó si su hija sabía de eso, o a qué se debía tan insólita pregunta.

─Bueno, Laura, te dejaré jugar un rato más mientras platico con el señor Hyde de temas de la casa. Hasta luego.

─Hasta luego, papá, y recuerda que yo no juego con las muñecas, solo las peino.

─Claro, hija ─sonrió su padre divertido y cerró la puerta a sus espaldas.

…..

Dos días después, Charles recibió la carta donde le avisaban que la casa en Irlanda estaba lista para ser habitada. Erik se puso rápido en contacto con Emma, que ya estaba reclutando mutantes y solo esperaba su aviso para comenzar el viaje hacia la isla. Hank estaba lejos de ser un tonto y la vista de los Cassidy, y, más adelante, algunos comentarios en la mesa sobre la refacción de la casa, lo obligaron a plantearle al Duque qué se traía entre manos. Charles confiaba en él y le contó la misión que estaban planeando. El médico se entusiasmó y propuso ayudar brindando atención sanitaria a los mutantes cuando llegaran a Irlanda, todo en el mayor de los hermetismos. A su amigo lo alegró la propuesta y así también Hank McCoy se integró al equipo.

Fue pura coincidencia que un par de días más tarde, Hank recibiera la invitación de Shaw para tomar el té. McCoy no olvidaba que le había prometido un encuentro en compensación por la atención frustrada a Charles y aceptó asistir. Su antiguo profesor lo recibió en su casa, él también estaba realizando refacciones ya que en pocos meses se concretaría la boda con Moira y la joven se mudaría a vivir con él. Platicaron de diversos temas, en especial de viejos recuerdos de Oxford, tocaron temas de actualidad y otros banales. Hank recordaba a la universidad con cariño y nostalgia pero no deseaba regresar. Se sentía a gusto en Edimburgo aunque Shaw le insistió varias veces que una mente brillante como la suya tenía que desenvolverse en las aulas de tan ejemplar casa de estudios.

Hank se negó educadamente. Al final, acabado el té, se marchó a su casa. Después de despedirlo, Shaw regresó al comedor donde habían estado y empujó una puerta que había dejado entreabierta todo ese tiempo. Detrás se encontraba una jovencita de dieciséis años, alta, pelirroja y de ojos verdes.

─ ¿Qué fue lo que viste en él, Jean? ─ exigió Sebastian, más que preguntar.

Ella cerró los ojos, se concentró y le envío mentalmente toda la información que había recogido de Hank cuando tomaba el té con total ingenuidad. Jean Grey era una telépata como Charles y Emma, y la vida había sido dura con ella. Huérfana de madre a los ocho años y abandonada por su padre que veía su mutación como una monstruosidad, la joven había tenido que ingeniárselas para sobrevivir desde pequeña. Trabajaba en las calles de Edimburgo, usando su poder para realizar trucos de magia y comer con las monedas que ganaba. Shaw había obtenido la información hacía un tiempo de que ella era una mutante psíquica y esa tarde la había contratado para que leyese a Hank porque había quedado herido en su orgullo cuando su antiguo alumno le inventó una excusa torpe para que no visitara al misterioso mutante preñado.

Sebastian cerró los ojos y sonrió con malicia, mientras disfrutaba de la información que la joven le transmitía: así descubrió que el mutante encinta no era otro que el reconocido Duque de Westchester y se enteró de que un grupo de mutantes liderados por Emma Cassidy Frost y su hijo Sean Cassidy, se estaba preparando para emprender un viaje hacia Irlanda, a una propiedad que el Duque poseía allí. Emma Frost, ¿por qué le sonaba el nombre? ¿Lo había escuchado en algún lugar? Le llegó la imagen de la dama que Jean había recabado de la mente de Hank: era una mujer rubia y altiva. Shaw frunció el ceño mientras trataba de asociarla. Emma… Emma Frost… Cassidy… por el origen del apellido del marido supuso que se había casado con un irlandés. No pudo hallar conexión pero el saber que una persona renombrada como el Duque de Westchester era un mutante y estaba dando alojamiento a los suyos en una de sus propiedades fue suficiente. Shaw abrió los ojos, satisfecho.

─Hiciste bien tu trabajo ─ comentó con arrogancia y le arrojó varias monedas.

Jean extendió las palmas para recibirlas y se inclinó a recoger las que cayeron al suelo. Las metió a todas en una bolsita y se la guardó en el pecho.

─Ahora vete ─ la despidió el mutante con brusquedad.

Ella se acomodó el escote y se retiró sin despedirse. Ese engreído le caía mal pero la paga había sido buena. Caminó desde el opulento vecindario donde vivía Shaw, hasta una pensión precaria en los suburbios. Entró en la pequeña habitación que le servía de vivienda y se echó de espaldas en el camastro. Cerró los ojos para concentrarse y olvidar lo que había leído de Hank porque quitarse de la memoria los datos que recibía de los demás era una tarea que hacía a diario ya que tanta información privada de las personas la abrumaba. Sin embargo, no se deshizo de todos sus recuerdos porque le pareció interesante saber que uno de los nobles más insignes de Escocia era un mutante y que existía un proyecto para ayudar a gente como ella, con poderes y desamparada, a mudarse a Irlanda y comenzar una nueva vida. Su madre había sido irlandesa y Jean no se sentía cómoda en Edimburgo porque su padre era escocés y lo detestaba por haberla abandonado.

Jean pensó que más adelante podría contactarse con esa gente, mutantes como ella, y tal vez, si la suerte al fin la acompañaba, podría comenzar una nueva vida lejos de Escocia.

…..

Hola. Disculpen la tardanza pero aquí está un nuevo capítulo. Espero que les haya gustado.

Midhiel