Espacios en blanco
*Los parrafos en cursiva representan recuerdos.
Caía.
La oscuridad que lo absorbía se sentía pesada en sus huesos, al principio la caída había sido rápida, se aferraba a él con afiladas garras que se encajaban en su cuerpo y tiraban de él con fuerza hacia la nada absoluta. Luego, mientras más profundo descendía, más cedían esas garras, más lento lo dejaban hundirse en éste abismo de negra e infinita oscuridad. Aquí no llegaba ni el más mínimo rayo de luz, ni mucho menos de esperanza. Y le asustaba, la oscuridad no le gustaba.
Le recordaba a frías y solitarias noches en la manor Blair. Levi sólo había conocido la oscuridad de su habitación cada noche, había aprendido a lidiar con ella, eso no significaba que le gustara. Y ahora, oscuridad era lo que volvía a rodearlo, también le recordó a aquella vez que casi moría. Aunque... esto no se sentía como morir, no había paz ni el consuelo de que habría una brillante luz al final de la caída. Esto era peor, era como dormir y no soñar nada en absoluto, sentir la ansiedad que desgarraba profundamente. Querer salir y no saber como.
Éste tipo de caída no se sentía bien. No como cuando caías lentamente y cálidamente porque estabas enamorado y tenías esa certeza de que después de la caída habría alguien que te atraparía. Alguien importante. Aún con su mente tan adormecida, aún con todo tan difuso, Levi sentía en lo profundo de su alma, en su núcleo, que debía aferrarse a algo. Que no podía seguir cayendo porque había lugares a los que deseaba ir, alguien con quien deseaba estar.
Esa noción fue suficiente para que un rayo de luz verde brotara de algún lugar. La luz era brillante, cálida y le recordaba al color del hogar; sostuvo esa luz entre sus manos por algunos segundos y luego ésta se fue convirtiendo lentamente en algo más. Más grande, más luminoso, más familiar. Esa luz proyectó el rostro de un joven de ojos verdes. El rostro de Eren Jaeger. Esa pequeña pizca de paz fue suficiente para recordarle a Levi por qué no podía seguir cayendo. Porque si se rendía ahora, él ya nunca más podría mirar ese rostro de nuevo. La resolución fue suficiente para frenar la caída.
Se quedó flotando ahí, en la oscuridad, con el rostro de Eren como un ancla para no seguir hundiéndose. No obstante, sus miedos regresaron cuando el rostro desapareció de la nada, volviendo a dejar todo en la más absoluta oscuridad, tuvieron que pasar varios segundos para que algo ocurriera de nuevo. Finas luces blancas emergieron de esa misma nada, yendo con rapidez de un lado a otro, como cometas que surcan la inmensidad de un cielo demasiado negro. Las luces comenzaron a agruparse y una nueva imagen emergió de ellas.
Un cielo azul adornado por blancas nubes y los girasoles floreciendo y prosperando. El césped más verde que había visto en toda su vida y al fondo de ese bello jardín, habían dos niños sentados sobre una manta azul que yacía extendida sobre el pasto. Levi actuó como por instinto al sentir curiosidad por la imagen y extendió su mano, sus dedos apenas rozaron la proyección cuando ésta ya estaba cobrando vida. Se dio cuenta entonces de que éste era un recuerdo a punto de contarle su historia.
"Era una tarde calurosa, el sol se alzaba en lo alto y el canto de las aves era bastante agradable. El viento era reconfortante en aquellas temporadas tan calurosas del año y atraía el aroma de los girasoles de su abuela y de las demás plantas en su enorme jardín. También y aunque lejano, podía escuchar el sonido que hacía la pequeña fuente cada vez que expulsaba agua y ella caía como en pequeñas cascadas que golpeaban sobre el agua que ya se había estancado.
Sobre la manta había diferentes galletas y pastelillos, algunos frutos rojos y una bonita tetera blanca con flores rosas dibujadas en ella. Unas manos enguantadas cogieron la tetera con sumo cuidado, sus ojos siguieron esas manos hasta que se encontraron con el rostro sonriente y aniñado de Mikasa. Se veía tan prolija y refinada con guantes y el pomposo vestido con flores rosadas que le llegaba abajo de las rodillas, había medias blancas que cubrían el resto de sus piernas y sus zapatos también eran de un rosado suave.
Sobre su cabeza había un sombrero que protegía su rostro de los fuertes rayos de sol, el moño que adornaba el sombrero de paja, era blanco. Mikasa sirvió un poco de té caliente en una pequeña taza de porcelana y de inmediato se la entregó al otro niño del recuerdo. Él era tan pálido como ella, tenía un trajecito verde hecho a medida y un pañuelo blanco alrededor de su cuello que lo hacía verse más elegante para un niño pequeño. También había un sombrero cubriendo su rostro, aunque el chiquillo había optado por dejar a un lado sus guantes blancos seguía viéndose tan elegante como Mikasa.
Su cabello era negro como el carbón y hacía ese enorme contraste con su piel tan clara. Su rostro era uno bastante familiar, aunque no del todo, ya que sus ojos eran del azul metálico más puro que jamás vio en nadie más. Pero además, éste rostro sonreía y reía genuinamente, su risa infantil era tan extraña por lo conocida que le resultaba y al mismo tiempo, por ser tan lejana. Ambos niños se llevaron la taza de té a los labios, su dedo meñique levantado ligeramente, en lo que parecía ser una imitación de lo que hacían los adultos de la clase alta a la hora del té."
Entonces el recuerdo se esfumó, pero otros más comenzaron a aparecer en medio de esa oscuridad, como esperando a que Levi eligiera ver uno de ellos. Hubo uno que llamó su atención, uno que hacía contraste con el recuerdo que acababa de ver, uno que de alguna forma supo que era suyo y en cuanto se enfocó en ese recuerdo en especifico, éste comenzó a cobrar vida por sí mismo, sin necesidad de ser tocado.
"Podía ver el cielo gris desde su enorme ventana, la lluvia era incipiente y mojaba el pasto amarillento de su deprimente jardín. No hacía calor, el frío siempre calaba en lo profundo en sus huesos y el sonido de la lluvia al caer era inquietante, no había sol y él nunca lo había conocido. Todo lo que sus ojos habían aprendido a conocer era un cielo demasiado triste que lloraba casi a diario.
Su habitación siempre le había parecido demasiado grande y solitaria. Mamá nunca le permitía salir de ella y la mantenía cerrada bajo llave para que él tampoco pudiera salir a menos que fuera necesario. En su librero había demasiados libros que ya se había cansado de releer y no tenía a nadie para compartir toda la montaña de juguetes que tenía guardados en su pequeño baúl de madera.
Escuchó el sonido de alguien abriendo la puerta y cuando se giró para ver de quién se trataba, vio a Mikasa. Nada quedaba ahora de la niña que había visto en el otro recuerdo; ya no sonreía y se veía cansada, los colores pasteles habían desaparecido de sus vestidos para dar paso a tonos más sobrios y oscuros, dando a entender que ya no era una niña. Sin embargo, sus ojos seguían siendo amables y cariñosos, un tipo de cariño diferente, pero todavía tan fuerte y puro que cuando había mirado al otro niño en el recuerdo anterior.
—Mikasa— Dijo el niño.— ¿Cuándo podré salir?
Ella dejó la bandeja con comida que llevaba entre sus manos sobre la mesita de noche y forzó una sonrisa. Una muy triste, pero que ya estaba acostumbrado a ver, entonces ella respondió suavemente:
—Pronto, lo prometo.
Había algo en la punta de su lengua que quería decir, pero que no pudo ser expresado porque en ese momento apareció su madre. Su figura negra tan imponente no era nada comparado con la crueldad y rabia que había en sus ojos grises; jamás comprendió por qué ella lo miraba así, a ella ni siquiera le gustaba que él la llamara madre y también se erizaba cada vez que Mikasa lo hacía. Debía tener eso alguna clase de explicación, siempre lo quiso creer así.
Los ojos de Kushel se enfocaron primero en su rostro, luego en el de Mikasa.
—Ve por Annie Leonhartd— Exclamó con dureza.— El ciclo se acaba hoy y necesitamos un nuevo bucle. Kenny le va a alterar sus recuerdos y no deseo que tú estés presente.
Mikasa le dio una última mirada llena de angustia antes de salir de su habitación. Luego Kenny apareció detrás de su madre y el niño torció los labios, no le gustaba para nada cuando su madre y su tío se encerraban con él. Kushel arrastró la silla de su escritorio hasta el centro de su habitación y con una mirada le hizo saber que debía tomar asiento allí.
Obedeció tan rápido como pudo y cuando Kenny colocó la palma de su mano sobre su frente, el niño de inmediato cayó desmayado sin más, desparramándose sobre la silla como una muñeca de trapo. Kushel miraba todo con ojos vacíos mientras que Kenny mantuvo los ojos cerrados, pero sin vacilar ni un momento en su concentración. De pronto, hubo esa sensación de que los días retrocedían, que anochecía y amanecía, anochecía y amanecía de nuevo, una y otra vez. Ambos hermanos mantuvieron sus rostros estoicos, sin ni siquiera parpadear ante el retroceso de los días. Una vez que el tiempo se detuvo, Kenny abrió los ojos y se incorporó para mirar a su hermana.
—Dormirá toda la tarde— Le informó.— Cuando despierte será como una hoja en blanco, no recordará nada de éste ciclo.
—¿Y Liviu?
—Lo mandé a dormir de nuevo— Aseguró Kenny, por primera vez, había algo más en su rostro que sólo estoicismo.— Eventualmente despertara, siempre lo hace cuando un ciclo esta a punto de terminar. Si un ciclo llegara a completarse, entonces...
Los ojos de la mujer perdieron toda la dureza que siempre mostraba, ella en realidad se abrazó a sí misma, como si estuviera dándose consuelo y lamiendo una herida profunda que nunca cicatrizaría.
—Mientras Mikasa y Annie Leonhartd sigan haciendo los malditos bucles, mi hijo no va regresar— Kushel exclamó, una mezcla de amargura, rabia y tristeza.— El único que siempre regresa es Levi.
—Y eso es un alivio para ti ¿no, hermana?— Le cuestionó el otro Ackerman, mientras cargaba a Levi en sus brazos para llevarlo a acostar.— Pudiste haber elegido que Liviu tomara el control de su cuerpo, pero estuviste de acuerdo en que Levi merecía vivir. En el fondo, éste niño también te preocupa.
—Liviu es inestable, sería un peligro dejarlo suelto y el Oráculo regresaría para quitármelo otra vez.
Se defendió rápidamente la mujer, dando instintivamente un paso hacia atrás. Pero Kenny sólo soltó una carcajada rota y negó con la cabeza, diciendo:
—Por eso es un alivio que sea Levi quien siempre regresa— Acostó al niño sobre la cama y lo cubrió con las mantas.— Al menos tienes ese consuelo de que nadie querrá quitártelo.
Ella parpadeó y no dijo nada, dio media vuelta con una floritura elegante y sus tacones resonaron por todo el pasillo mientras se alejaba. No obstante, esa misma noche regresó a la habitación de Levi, encendió la pequeña chimenea y colocó una manta extra sobre la cama de su hijo, porque el frío de esa noche estaba siendo especialmente cruel. Kushel se preguntó si algún día podría llegar a querer a Levi sin el miedo constante de perderlo.
Su hermano había tenido razón al decirle que era un alivio para ella que Levi volviera a abrir sus ojos y se mantuviera a salvo en la mansión Ackerman, sin que el Oráculo o la Orden supieran de él. Ella no quería encariñarse con éste niño sólo porque si se lo quitaban, no quería volver a pasar por ese infierno de perder a un hijo nuevamente. Su cuerpo lo soportaría, pero su espíritu se quebraría por completo. Sin embargo y a pesar de todo, esa noche, al salir de la habitación de Levi, ella no cerró la puerta con llave."
Levi vio con añoranza como el recuerdo se evaporaba para dar paso a uno nuevo. No, no era que mágicamente haya empezado a querer a su madre o la haya perdonado por todas sus faltas, porque había cosas que nunca olvidaría y nunca perdonaría. Pero al menos, ahora podía comprender ese rechazo e indiferencia, la crueldad de su mirada y de sus palabras. Ella había perdido a un hijo y eso debió de ser como perder una parte muy grande e importante de sí misma, y Levi le recordaba constantemente eso que perdió y no podría recuperar jamás.
No la justificaba, nada lo haría. Pero Levi comenzaba a sentirse en paz consigo mismo en ese aspecto que durante años tanto lo mortificó. Se sentía en paz porque al menos ahora conocía los motivos de Kushel para haber sido tan mezquina con él.
Sabía que el siguiente recuerdo que se le presentó no era suyo, que debía pertenecer a Liviu. Había un increíble contraste y marcada diferencia para distinguir uno de otro; donde los recuerdos de Liviu eran brillantes, cálidos y llenos de colores, los de Levi eran grises, fríos y faltos de vida. Después de todo, ellos eran la cara contraria de una misma moneda. Él vio todos esos recuerdos llenos de colores y olores distintos, reconoció a una gentil abuela de ojos muy azules que le hablaba sobre cosas importantes a su nieto.
«Liviu, hay una cosa importante que debes recordar, porque es la única cosa que realmente importa. No debes nunca creer lo que la gente de ésta villa, o cualquier otra diga de ti. Sólo debes creer en lo que tú piensas de ti. Tú no eres tu familia, tú no eres Corvus. Eres lo que elijas ser.»
Era lo que ella solía decirle con voz gentil cada vez que Liviu regresaba con su pequeño corazón roto porque en Erdia, todos lo habían señalado sin piedad alguna. Levi entonces comprendió por qué a pesar de pasar por tantas tristezas, los recuerdos de Liviu seguían siendo brillantes y por qué los suyos no lo eran. La diferencia radicaba en que Liviu había elegido ser luz sobre el dolor y Levi siempre estuvo conforme con interpretar el papel que los otros esperaban que hiciera y luego sentir pena por sí mismo.
Levi vio a través de cada recuerdo, escuchó a Liviu darse ánimos a sí mismo cada día, buscando una razón para seguir adelante. Había muchas razones y muy variadas, y era sólo obvio que cuando Eren nació él formara parte de eso. Que contribuyera a que esa luz no se extinguiera. Liviu era el guardián original de Eren y Levi casi tuvo que ver con pena como se le prohibía estar con él, como tenía que conformarse con robar momentos para poder ver a su médium.
Había razones para sentir tanto enojo con un mundo demasiado cruel que se había aferrado en apagar esa luz. Por eso cuando el único recuerdo sin luz, ni colores alegres, ni lleno de vida, de Liviu se le presentó a Levi como uno de los más importantes, él prestó mayor atención que a cualquier otro recuerdo.
"Él no pudo evitar que se llevaran a Eren, tenía sus manos llenas con Reiner y el propio Zeke, así que la separación había sido inevitable. Su corazón se encogió al ver a su pequeño médium pataleando y gritando que lo soltaran, un guardián no podía ser dañado con facilidad, excepto si se trataba de su médium, ese siempre era su punto vulnerable y de quiebre. Él no podía hacer nada para mantenerlo a su lado y eso era lo peor de todo. Berthold le entregó el niño a su madre y eso, al menos parecía ser un consuelo suficiente para él.
Eren continuó luchando hasta el final, hasta que Carla puso un encantamiento de sueño sobre él y el niño quedó inconsciente en sus brazos. Estaba a punto de marcharse con su hijo, huir de la caótica pelea y alejar a Eren, cuando Kenny y Kushel aparecieron y le bloquearon el paso, su madre estaba llena de furia por todo lo que ésta ofensa significaba para ella y la familia. Se suponía que la ley absoluta decía que nadie podía interferir entre un guardián y su médium, pero el Oráculo la había desechado porque se trataba de Liviu Ackerman y su despreciable familia.
Un circulo azul apareció entre las manos de su madre, algo que los viajeros conocían como Reloj de arena. Kushel fue lo suficientemente rápida para mover su mano y girar las delgadas manecillas que simulaban a un reloj de verdad; el tiempo se congeló por un instante antes de que retrocediera a la velocidad de la luz. El hechizo de Carla se esfumó y Eren regresó a su lugar original con su guardián, el niño parecía confundido, mientras que el Oráculo y Carla se recuperaban del desfase de tiempo.
Liviu no dudó, cogió la muñeca de Eren y se dirigió hasta donde estaba Mikasa, ligeramente confundida con lo que había pasado. Zeke trató de ir por él, pero entonces Kenny fue más rápido y con el sólo toque de sus manos, logró tumbar a Zeke al suelo, infligiendo un poderoso dolor mental sobre él. Pieck enseguida corrió para ayudar a su médium, lanzando bolas ardientes que estallaban como pequeñas bombas caseras. Todas ellas, no obstante, eran absorbidas por los portales de su madre.
Carla y Faye interceptaron a Liviu cuando estuvo a punto de llegar con Mikasa, quien ya estaba luchando mano a mano con Reiner y Berthold. Liviu se vio forzado a soltar a su médium y tratar de mantenerlo a salvo de todos los golpes de magia que venían de todas partes. Carla tenía una expresión llena de preocupación cuando con voz suave pidió:
—No tienes que hacer esto— Dijo, dirigiéndose por completo a Liviu.— No puedes llevártelo, aún es un niño y necesita de mí.
—Palabras injustas— Respondió a cambio.— Considerando que es la guardiana de tu esposo quien cuida de él.
Carla abrió la boca, lista para defenderse pero Faye se interpuso entre la ancestral y el guardián. Tenía el ceño fruncido y para ser el espíritu de una niña, se veía bastante amenazante. Sus manos ardieron con llamas purpuras que crujían y brillaban contra sus ojos verdes que prometían venganza por haber sido humillada antes.
—¡Suficiente de tanta insolencia!— Exclamó con fuerza, luego agregó:— Entrega al niño.
Sin embargo, no le dio tiempo a Liviu de dar algún tipo de respuesta porque las llamas ya habían formado un circulo a su alrededor para evitar que escapara con Eren. Una primer ola de fuego, como afiladas puntas de flecha le fueron arrojadas, él rápidamente las detuvo con su propio don, bolas doradas de fuego que creaba con amabas manos, una tras otra para contrarrestar los ataques de Faye.
La magia de la ancestral ya se estaba arremolinando alrededor de su hijo para protegerlo y alejarlo del fuego cruzado, literal. Una vez que se aseguró de poner a su hijo a salvo, tampoco se quedó de brazos cruzados y mientras Pieck seguía arrojando sus llamas purpuras, Carla comenzó a concentrar pequeñas porciones de magia dorada en sus manos para también atacar con ellas a Liviu.
Mikasa, quien había visto todo, fue lo suficientemente lista como para engañar al vidente y al adivino con los que peleaba. Lentamente los fue guiando a un portal abierto del que ellos no se habían percatado y una vez que estuvieron lo suficientemente cerca, sólo bastó un pequeño empujón para arrojarlos dentro de él y cerrarlo sin oportunidad de que pudieran escapar por él.
Pronto se unió a la pelea con su hermano y entre los dos pudieron hacerle frente a la ancestral y la guardiana. Cualquier hechizo que alguna de las dos lanzara en su contra era absorbido por los portales de Mikasa, aunque desde luego, la viajera había creado tantos portales que se le comenzaba a acabar el jugo. Sangre brotó de su nariz cuando creó el último portal y luego cayó de rodillas, totalmente exhausta.
Fue el turno de que Livui tratara de contener tanto a la ancestral como a la guardiana. A voluntad propia abandonó su cuerpo físico y su alma ardió con el dorado de su don, se movía tan rápido como lo podían hacer los adivinos y su fuego quemaba más que las llamas de Faye, su don, después de todo, era lo más parecido a los poderes originales de Aysun. Además, en su forma espiritual Carla no podría usar dos de sus cinco habilidades, lo cual le daba una mayor ventaja. La ancestral no podría usar hechizos contra él, ni retroceder el tiempo.
La pelea en ambos bandos estaba muy reñida, en algún punto Zeke había logrado expulsar la influencia de Kenny de su mente y ambos luchaban en un mano a mano digno de recordar, mientras que Pieck seguía en la pelea con su madre. Liviu concentró todo su poder en ambas palmas de sus manos y creó una enorme bola de fuego que iba dirigida a Faye. Su objetivo había sido el de sacar a la guardiana de la pelea, sin embargo, algo sucedió en el camino porque uno de los portales de Pieck se atravesó justo en ese momento.
El ataque había sido redirigido al otro extremo del bosque, en donde la magia de Carla había llevado a Eren para ponerlo a salvo. Todos sabían que esa bola de luz en particular estaba destinada a estallar como las de Pieck pero cien veces más destructiva y claro, todos sabían que sólo otro guardián sería capaz de contenerla. Por arte de magia todas las peleas se detuvieron y todos miraron la bola de fuego con diferentes expresiones en sus rostros. Se escuchó el grito desgarrador de Carla llamando a Eren antes de que ella también invocara un Reloj de arena, movió sus manos como si estuviera girando el picaporte de una puerta y el tiempo comenzó a ir como en cámara lenta a partir de ese momento.
Un portal invocado con la misma lentitud con la que todo se estaba moviendo. Luego, Carla apareciendo en el otro extremo del bosque, su cuerpo fungiendo como un escudo protector para un niño que veía el fuego dorado que prometía destrucción, casi con fascinación. El tiempo regresó a la normalidad justo cuando Carla logró invocar un escudo de magia dorada que estaba absorbiendo el fuego. Todos vieron con horror como la piel de la ancestral también se quemaba mientras el escudo absorbía el fuego.
Finalmente, la bola de luz explotó y por un momento cegó todo en un blanco demasiado brillante. El corazón de Liviu se detuvo ante la idea de que algo le hubiera sucedido a su médium. Pero cuando la ceguera se fue y sus ojos volvieron a acostumbrarse a la oscuridad del bosque, él vio al espíritu de Carla Jaeger lanzando un último hechizo contra su tío y su madre, antes de ser absorbida por su propio medallón que aún colgaba de su cuello chamuscado.
El hechizo había consistido en despojar temporalmente de sus poderes a sus padres. Kushel cayó de rodillas, por alguna razón tenía un profundo corte en uno de sus brazos, pero Kenny se mantuvo de pie, terco a mostrar debilidad al Oráculo a pesar de que claramente se veía muy cansado. Al final Liviu entendió que ese último ataque de Carla había servido como distracción para que Zeke, Pieck y Faye lograran llegar antes a Eren. Zeke había invocado la luz cortante tan típica entre los médiums de un rápido movimiento de manos, sin embargo, él apuntaba su propio poder contra su hermano en un intento de hacer que Liviu se rindiera. Faye parecía negarse a semejante tontería, pero de inmediato fue contenida por Pieck.
—Liviu Ackerman, es momento de que te rindas— Exclamó Zeke, entre sus brazos Eren volvía a estar inconsciente y ajeno a lo que estaba sucediendo.— ¡O el niño se muere!
—No te atreverías.— Murmuró con el corazón en la mano.
—¡Pruébame!
Dijo de vuelta Zeke, el rayo afilado de luz azul se hizo más largo y afilado, y rozó contra una mejilla magullada de su médium. Luego, Zeke hizo un movimiento brusco e hizo un corte profundo en la mejilla de su propio hermano inconsciente, como para mostrar su punto de que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. Sangre espesa, valiosa y demasiado roja brotó de la mejilla de Eren y fue suficiente para que Liviu se paralizara, todos sus poderes retrocedieron y su alma regresó con rapidez a su cuerpo; luego, con la voz rota pidió:
—No lo lastimes.
—Entrégate entonces.
Dudó por varios segundos, tiempo en el que Zeke aprovechó para apuntar su don en el estómago de su hermano. Liviu sentía que toda fuerza abandonaba su cuerpo y las piernas se le hacían gelatina, volteó a ver a su familia y Kushel como era de esperarse, ya estaba negando frenéticamente con la cabeza. Escuchó que Zeke volvía a amenazar con destripar a su propia sangre si Liviu no tomaba una decisión en ese instante. En ese momento ya no hubo espacio para dudas, su deber era proteger a su médium al precio que fuera necesario, asintió y puso las manos en alto en un gesto inequívoco de rendición.
Pieck creó otro portal, teletransportó a todos más cerca de la familia Ackerman, incluyendo el cuerpo sin vida de Carla Jaeger. Luego hubo otro portal del que Reiner y Berthold salieron y Mikasa suspiró con cansancio; ellos de inmediato sujetaron a Liviu de ambos brazos para mantenerlo quieto. Zeke entregó al niño a Pieck.
—Llévatelo de aquí— Le ordenó sin ni siquiera mirarla y agregó:— Que Isabel Magnolia cure sus heridas, más tarde trataré con sus recuerdos innecesarios.
Pieck asintió e hizo un nuevo y último portal por el que desapareció con Eren. Liviu había estado tan distraído mirando el lugar por el que se habían llevado a su médium que no se dio cuenta de que Zeke estaba cerca de él y a punto de propinarle un rodillazo en su estómago. El aire escapó de sus pulmones y ni siquiera se le permitió recuperarse cuando un nuevo golpe llegó a sus costillas. A lo lejos podía escuchar que Mikasa y Kushel le gritaban a Zeke que se detuviera.
Desde luego, las palizas no se detuvieron de inmediato, llegaron al punto en el que Reiner y Berthold ya ni siquiera necesitaban sostenerlo, porque Liviu se había desparramado poco a poco de su agarre, sin fuerza para defenderse y ahora estaba de rodillas en el suelo, se abrazaba a sí mismo y temblaba. No por miedo a Zeke y su Oráculo, sino por toda la impotencia que bullía en su sangre.
—El Oráculo no perdona la traición, ten eso en cuenta.
Escuchó que Zeke decía con un aire de superioridad, cuando Liviu levantó la mirada, sus ojos azules brillaban con rabia e insolencia, luego la sangre que había estado saboreando en su boca por demasiado tiempo, fue escupida en los zapatos del otro híbrido. Éste apenas reaccionó al ataque, miró a Livui con rostro estoico y luego, colocó ambas manos en cada sien de la cabeza del guardián.
El dolor mental que le fue infligido no era nada en comparación del terror que había sentido ante la idea de perder a su médium, ante el horror que le provocaba que un hermano atentara así contra la vida de su propia sangre; pero cuando el dolor se fue, enseguida se instaló una sensación de adormecimiento en todo su cuerpo, en su propia mente. Zeke lo estaba poniendo en un estado de coma muy agresivo del que ya nunca podría despertar. Al menos no con éste cuerpo y él era consciente de eso.
No lo había matado, lo castigó con la humillación de permanecer prisionero de su propio cuerpo y mente.
La sensación fue como ser arrastrado y tragado por un profundo y denso océano oscuro, que lo succionaba y jalaba al fondo negro de un abismo que nunca tendría final. La oscuridad lo invadió y lo único que podía escuchar eran ecos de voces lejanas, lo único que podía sentir era el enojo, la rabia, el dolor, la perdida que lo ahogaban lentamente, que lo mutilaban sin piedad y que contaminaban cada recoveco que alguna vez había sido tan luminoso como un día soleado."
Levi comprendió, al final de todo lo que había visto, que Liviu había sido esa luz que habían obligado a apagarse a la fuerza. Y ahora, donde Liviu sólo veía oscuridad y enojo, Levi ya podía ver la dorada luz con claridad. Lo había hecho desde que se dio cuenta de que él también podía hacer cosas buenas, aunque la gente siguiera pensando que pertenecía a la oscuridad. Lo hizo desde que Eren había accedido a ser un amigo para él a pesar de todo lo horrible que se empeñaba en ser. Había empezado a ver la luz desde que comprendió todo el cariño que Mikasa sentía por él y que se desbordaba de sus ojos. Todas las personas tienen una porción de luz en su interior, que bajo las circunstancias adecuadas y un poco de amabilidad, se podía encender.
Era por eso que Levi se aferró a los recuerdos de Liviu más que a los propios. Necesitaba salir de aquí y más que nada, necesitaba mostrarle que todavía había una oportunidad para elegir ser alguien más, para elegir brillar porque todos nacen destinados para hacerlo y nadie merece que su luz sea apagada. Necesitaba mostrarle la luz de nuevo porque nadie nunca merecía estar por siempre en la oscuridad.
—No voy a dejar que toques a mi guardián.
La amenaza se escuchaba aterradora saliendo de los labios de Eren y a pesar de que Liviu se escondía aún más detrás de su guardián, Mikasa no cedió y no se dejó amedrentar. Una vez, hace tiempo, no había sido capaz de proteger a su hermano, hoy no le sucedería lo mismo con Levi. Isabel, quien había visto toda la escena en un completo silencio, por fin notó qué era aquella sensación tan extraña que había tenido cuando llegó al vagón.
—Eren— Madame Escarlata llamó con suavidad al médium y luego dijo:— Detente, hay algo mal con Levi.
La mirada frenética de Eren se apartó de Mikasa y Annie, y se enfocó en ella. Sus ojos parecían gritar "traición" cuando se dio cuenta de que Isabel ahora estaba del lado de Mikasa. Isabel sabía que en esta etapa de su vínculo con su guardián, el médium tendía a ser muy agresivo e irracional, pero ella esperaba que hubiera una parte de Eren que quisiera escuchar y que aún fuera racional.
—Por favor, Eren— Ahora fue el turno de que Mikasa hablara.— Si no hacemos algo ahora mismo, terminara consumiendo a Levi y ya nunca podrá volver.
Eren estuvo a punto de abrir la boca, quizá de preguntar a qué se referían Isabel y Mikasa, cuando algo sucedió. Su guardián comenzó a quejarse y sus pálidas manos volaron hacía su cabeza, Eren y las chicas se quedaron paralizados ante lo que vieron cuando sus ojos se enfocaron en el guardián. Había algo que quería desprenderse del cuerpo de Levi y entre más trataba de mantenerlo a raya, más fuerte eran los gritos que salían de sus labios.
La gente que viajaba en el mismo vagón comenzó a agruparse para poder echar un vistazo a lo que estaba pasando, murmuraban acerca de permitir que la gente con desordenes mentales se subieran al tren e incomodaran al resto de los pasajeros. Parecía que Levi hablaba solo y seguía gritándose a sí mismo: "¡Vete, vete!". Eren se acercó a su guardián, por un momento dudando entre tocarlo o no pero al final, terminando por colocar sus manos sobre sus hombros.
—Levi, está bien— Susurró en un intento para tranquilizarlo.— Estoy aquí, quédate conmigo.
Cuando sus ojos y los de Levi chocaron, él pudo ver como el gris se alternaba en cambiar con un azul metálico una y otra vez, como cada vez que sus ojos cambiaban de color, podía sentir un aura distinta. Cuando el azul regresaba, él podía oler el aroma de la muerte, un olor a tierra húmeda de cementerio y flores muertas. De inmediato entendió por qué Levi siempre tenía ese aroma impregnado a él a pesar de estar vivo; pronto comprendió que había un alma dentro de su cuerpo que estaba tratando de tomar el control.
Instintivamente dio un paso hacia atrás, lejos del cuerpo familiar de Levi y que sin embargo, ahora le parecía tan ajeno. Las manos de Isabel ya brillaban con magia color escarlata y pronto cadenas mágicas fueron colocadas alrededor del cuerpo de Levi haciéndolo caer de sentón sobre los asientos, Mikasa inmediatamente invocó un Reloj de arena e intento retroceder en el tiempo, pero fue imposible. El tiempo no funcionaba en los muertos.
Isabel se apresuró y antes de que las cadenas mágicas se rompieran, ella colocó la palma de su mano sobre la frente de Levi. Le costó mucho trabajo entrar a la mente de Ackerman y más aún, le costó trabajo inmovilizar al ser que se negaba a volver a la oscuridad. Ella mandó una chispa verde a través de la mente de Levi, para proyectar el rostro de Eren por cada rincón de su mente. Trataba de crear un incentivo para provocar una reacción en Levi.
Pudo mantener la proyección por algunos segundos antes de que los recuerdos del alma invasora se arremolinaran por toda la mente de Levi. Ella vio todas las memorias, tanto de Levi como del invasor y pronto todas las piezas comenzaron a encajar. El alma que habitaba en el cuerpo de Levi era una reencarnación pasada que no había trascendido correctamente. Isabel no sabía mucho sobre estos temas, pero entendía que ese ser más que ser un alma como tal, era más bien el pasado que se había estancado debido a la rabia.
Entre los médiums se creía que un alma podía dividirse en tres partes: pasado, presente y futuro. Ésta alma era en realidad, el pasado de Levi. Una reencarnación pasada que de alguna manera no pudo completar su ciclo espiritual; ahora entendía por qué Eren seguía insistiendo que Levi estaba fragmentado de alguna manera. El pasado necesitaba ser liberado o volvería a reencarnar en el presente y el Levi actual no regresaría, en el peor de los casos, ocasionaría un caos en el karma y el multiverso entero, provocando fallas en la realidad.
Apartó las manos de la cabeza de Levi después de varios segundos, parecía que de alguna manera había logrado noquear al espíritu del pasado que se aferraba a la vida. Eren agitaba suavemente el cuerpo de Levi Ackerman, llamándolo por su nombre y animándolo a despertar, pero él no reaccionó ante los llamados insistentes, así que el médium se irguió y miró con desesperados ojos a Isabel.
—¿Qué hiciste?— Preguntó con urgencia.
—Le di una oportunidad a Levi— Respondió a cambio la hechicera.— Si es lo suficientemente fuerte, podrá zafarse del control que la otra alma ejercía en él.
La gente que se había aglomerado a su alrededor, guardó silencio. Muchos pares de ojos permanecieron en el rostro inconsciente de Levi y por varios segundos nada relevante sucedió. Mikasa se acercó con ojos llorosos al cuerpo inconsciente de su medio hermano y se inclinó para tomar el rostro de Levi entre sus manos, estaba tan pálido que no era difícil volver a sentir el mismo pánico que sintió la noche en que perdió a Liviu.
De repente, los ojos de Levi se abrieron y algo negro se despegó de su cuerpo, algo que ni siquiera Eren pudo ver. Revoloteó sobre el cuerpo de Levi por algunos momentos antes de transferirse a un nuevo huésped. Entonces Mikasa cayó desmayada en cuestión de instantes y Eren apenas fue lo suficientemente rápido para atraparla antes de que impactara con el piso. Annie corrió hacia ellos y de forma frenética comenzó a zarandear a Mikasa con preocupación.
Cuando Levi comenzó a toser y a querer levantarse fue que Eren soltó a Mikasa y la dejó a cargo de Annie, en favor de asegurarse que Levi estuviera bien. Isabel y él se acercaron a Levi con algo de cautela al principio, luego la hechicera se apresuró en colocar una mano sobre la frente del chico para saber quién había sido el que despertó. Levi de inmediato apartó la mano de Isabel y sus desorbitados ojos se enfocaron en Mikasa.
—Rápido, Eren— Exclamó con voz rasposa.— Ahora tiene a Mikasa.
No fue lo suficientemente rápido, antes de que Isabel o Eren pudieran hacer cualquier cosa, escucharon el grito lleno de dolor de Annie cuando fue arrojada al otro extremo del vagón. La gente que se había reunido para ver qué ocurría, de inmediato comenzó a gritar y correr al otro vagón. Mikasa se levantó entonces, sus ojos ya no eran negros, ni amables. Eran de un azul que se consumía en la rabia y el dolor. Su ceño se frunció cuando sus ojos se enfocaron en Eren sosteniendo la mano de Levi. Torció ligeramente los labios y luego convocó un portal.
—Levi Ackerman— Exclamó con voz severa.— Si quieres a tu viajera de regreso, tendrás que devolverme a mi médium.
Isabel realizó un hechizo para tratar de inmovilizarla pero éste llegó demasiado tarde, el portal ya se había cerrado para cuando el hechizo fue finalmente lanzado. El tren hizo una sacudida violenta, pero ni siquiera eso pudo disipar el silencio que la ausencia de Mikasa provocó.
¡Hola a todas/os! Espero que se encuentren muy bien y que estén teniendo un lindo fin de semana. Paso rápidamente por aquí para dejarles la actualización de éste fanfic. Lo realmente importante aquí es que ya estamos a dos capítulos de terminar y espero que para éste punto de la historia, ya las cosas comiencen a quedar más claras. Pero de todas formas, si aún quedan dudas, yo con mucho gusto se las resuelvo si no incluyen spoilers del final. También, como vi que muchas apoyaron la idea, voy a incluir toooodas mis notas de After life al final del fanfic, sobre las tribus y un poco de los genes, así que bueno, eso. Creo que de momento es todo lo que tengo que decir. Muchas gracias a las personitas que leen o comentan, de verdad espero que el capitulo haya sido de su agrado. Ahora sí, nos estamos leyendo para la próxima.
¡Saluditos!
Love you 3000, Dragón. 🐉🌹
