Un señuelo
Hay algo oculto en cada sensación
Ella parece sospechar
Parece descubrir
En mi debilidad
Los vestigios de una hoguera
Oh mi corazón se vuelve delator
Traicionándome
Por descuido
Fui victima de todo alguna vez
Ella lo puede percibir
Ya nada puede impedir
En mi fragilidad
Es el curso de las cosas
Oh mi corazón se vuelve delator
Se abren mis esposas

Un suave látigo
Una premonición
Evocan llagas en las manos
Un dulce palpito
La clave intima
Se van cayendo de mis labios

Un señuelo
Hay algo oculto en cada sensación
Ella parece sospechar
parece descubrir
En mi
Que aquel amor
Es como un océano de fuego
Oh mi corazón se vuelve delator
La fiebre volverá
De nuevo

Un suave látigo
Una premonición
Evocan llagas en las manos
Un dulce palpito
La clave intima
Se van cayendo de mis labios

Como un mantra
De mis labios

Soda Stereo — Corazón Delator


Aioros observa como el suero corre a través de la vía intravenosa sujeta a su brazo derecho, a un lado duerme su madre. Había despertado hacía aproximadamente veinte minutos, al menos eso lleva contabilizados en su mente, un doloroso habito que adquirió durante su cautiverio; contar los segundos, los minutos y las horas encerrado en aquella sala, le ayudaron a mantenerse en vilo, eso, y su enorme preocupación por la salud de Saga.

Aioros no puede apartar el dolor que le quema en el pecho cuando, una y otra vez, le llegan a su mente las escenas vividas, los ojos enfermos del peli azul, la sonrisa impropia del gemelo, una persona completamente distinta, viviendo como huésped, como parásito en el cuerpo de Saga, utilizando su mente y voluntad, para cometer atroces actos. Aun así, no puede entender esa maníaca obsesión por lastimar el cuerpo de su novio, de hacerle padecer las peores de las humillaciones, al punto de querer asesinar su propio cuerpo, sabiendo que con eso, también moriría él, sea quien sea que fuera.

Se queja al moverse, le duele el cuerpo, la posición en la que fue obligado a estar todo ese tiempo le esta cobrando factura, mientras que sus huesos crujen. Sin embargo no se puede quejar, a pesar de no ser del todo cómoda, está agradecido de poder estar en una cama nuevamente. Suspira.

No conoce de medicina, de psicología o psiquiatría, no tanto como le hubiera gustado. Dada su carrera, tiene conocimientos básicos con respecto al ser humano biológica y psíquicamente, pero no los suficientes para juzgar lo que Saga adolece, pero está más que claro que sufre de un terrible trastorno mental, algo que desdobla su personalidad, había leído poco sobre eso, sobre los trastornos de personalidad o personalidades múltiples, trastorno que está casi seguro, padece su novio.

Sus constantes cambios de humor, su paranoia, su encierro mental, su misteriosa alma, Saga es la persona más compleja que ha conocido y padecido sobre todo.

Siente un profundo pesar por ello, por los tormentos que llevó el gemelo a lo largo de su vida, escondido y asustado, se imagina la lucha diaria con su mente, esas pérdidas de memoria repentina, los sudores nocturnos, el sangrado casi habitual de su nariz, nunca lo había visto hablar solo, pero si murmurar entre sueños. Aioros quiere llorar por el condenado destino que les ha tocado vivir. Desea verlo, abrazarlo, darle todo su apoyo y ayuda, sacarlo adelante y alentarlo a construir una vida juntos. No le importa lo sucedido ni lo que pudo ser, su realidad es esta y no se ve en un futuro cercano ni lejano, ni nada… no se ve más que con Saga. Tal vez lo suyo ya sea una obsesión.

—Despertaste—la suave voz de su madre lo trajo de nuevo a la realidad— ¿Cómo te sientes?

—Bien—Sasha le sonríe con lágrimas en sus ojos.

—Creí que me moriría sin saber de ti, estoy agradecida con los Dioses el que hayas vuelto a mí a salvo.

—A mí también me alegra verte mamá, ¿cómo está Saga?—pregunta. Su madre presiona los labios—por favor dime—el temor de haberlo perdido es tan enorme que lo sofoca.

—Gracias al cielo, la operación pudo salvarle la vida pero aún no despierta, lleva dos días inconsciente desde entonces—Aioros arruga su nariz al tiempo que junta su entrecejo.

— ¿Dos días? ¿Cuánto he dormido?—pregunta confundido.

—Tres… la policía está esperando que despiertes para interrogarte—la voz de su madre no cambia el tono sufrido y susurrante, seguramente ha llorado demasiado y la garganta le dolía.

—No quiero hablar hasta que vea a Saga.

—Aioros, por favor, cuéntame a mí qué sucedió, nadie más lo sabrá si así lo deseas. Tu padre y tu hermano están afuera desesperados por verte así, despierto.

—Pasé la mayoría del tiempo drogado, no recuerdo mucho—miente. Sasha ahoga un gemido, mientras las lágrimas vuelven a aparecer.

Su llanto alarma a Sísifo que ingresa a la habitación seguido de Aioria, tanto padre como hermano, se asombran y agradecen el verlo despierto y no delirando como había estado desde que llegó a la clínica. Aioros los observa visiblemente conmovido, es agradable estar con su familia otra vez, a salvo, pero su preocupación puede más, como para permitirse la felicidad completa, esa sólo será, si Saga se recupera.

Aspros se encuentra sentado en uno de los sillones de la sala de espera, había casi obligado a Kanon y Asmita a regresar a la casa para que descansen un poco, necesitan fuerzas, lo que se avecina no es nada agradable y la salud delicada que su mujer presentó esos últimos días le preocupa demasiado. Aprieta el vaso con café, ya ni sabe cuántos ha bebido para mantenerse despierto, esperando noticias de la evolución en la salud de su hijo. Saga se mantiene estable, pero aun no respira por su cuenta. El médico le ha dicho que de seguir así, Saga podría caer en coma, que esperarán las siguientes setenta y dos horas de evolución pero sino, lo inducirán a un coma farmacológico para preservar su cerebro y así evitar las consecuencias de un derrame. Tal drástica decisión pondrá en jaque su salud y su vida. Una vez más el médico le recalcó que ellos hacen lo posible, pero está en la voluntad del joven el que despierte o duerma… para siempre.

Las ojeras surcan el rostro del griego que se ve amarillento y enfermo. Se pasa los días y las noches rezando, implorando por que le devuelvan a su hijo, pero su propia fe comienza a quebrarse. Todavía no se sabe nada de lo ocurrido en la estancia. Los detectives en el caso, le han dicho que la autopsia de Valentine reveló que murió por heridas múltiples de arma blanca, había sido acuchillado por lo menos quince veces y que llevaba muerto cerca de un mes.

Aguardan la evolución de Saga y Aioros para esclarecer el caso y así dar por fin con Hades. Muerto Radamanthys y Valentine, están otra vez en cero con respecto al paradero del jefe.

Asmita y Kanon llegaron en ese momento.

—Aspros, el que debe descansar ahora, eres tú, mi amor—dice su mujer preocupada.

—No puedo moverme de aquí, no hasta que Saga despierte.

— ¿Sigues pensando que…?—Asmita no pudo completar la pregunta.

—Estoy seguro que fue él…—pronuncia en un tono fúnebre—la actitud de Aioros esa noche me lo confirma, eso y la declaración de Dégel.

—Dégel debería haber hablado con nosotros antes—espeta molesto Kanon.

—No Kanon, Dégel hizo lo correcto, no debemos encubrir a Saga, por más doloroso que sea, si se llega a saber que él estuvo detrás del secuestro y el asesinato de ese sujeto…—Asmita se larga a llorar, siendo abrazada por Aspros—Nosotros no podemos encubrir algo así, no estaríamos ayudando a tu hermano, el necesita tratamiento, su salud mental empeoró increíblemente y de callar, es probable que nosotros, su familia, lo esté condenando…

Kanon sabe que su padre tiene razón, pero cualquier cosa relacionada a ese francés, le sabe a la más amarga de las derrotas y eso incluye a su padre, el bibliotecario.

Asmita se remueve de su asiento con el rosto descompuesto, el aroma al café que aún tiene su esposo en manos, le ha dado terribles nauseas.

— ¿Qué sucede contigo Asmita? Sé que todo este asunto te tiene destrozada, pero tú eres una persona fuerte—acaricia su rostro. Su mujer toma la mano entre las suyas al tiempo que las besa y comienza a llorar descontroladamente.

— ¿Mamá qué sucede?—pregunta alarmado el gemelo.

—Quería dar la noticia cuando estemos los cuatro reunidos, pero…

— ¡¿Pero qué?!—dice impaciente su esposo.

—Estoy embarazada.

— ¿Qué?—susurra en un hilo de voz su esposo.

— ¿Qué?—repite su hijo.

— ¿Cómo es que…? Nos habían dicho que ya no podías concebir…

—También es una sorpresa para mí, estoy tan asustada, mi hijo lucha por vivir allí dentro, lleno de cables, y ahora tengo un nuevo bebé que también debe luchar por vivir, ya que mi cuerpo puede matarlo en cualquier momento—exclama desesperada. Aspros la estrecha con fuerzas en sus brazos.

Debería sentirse feliz por la noticia, y lo hace pero también esta aterrado en igual dimensión. Es un milagro, un milagro en la tragedia que padecen.

—Cálmate, cálmate mi amor, no permitiré que eso suceda.

El medico llega en ese momento. Aspros ve en su rostro una seriedad que le hela los huesos.

—Saga ha despertado—dice.

La primera declaración se hizo inminente. Aioros había recibido la noticia de que Saga ha despertado y que podía respirar por su cuenta. El alivio que sintió en su interior fue inmenso. Saga todavía se encuentra aturdido y no recuerda en que día esta o porqué se halla en la clínica. Pero está vivo y consciente, eso es todo lo que Aioros necesita para estar bien.

Dos policías y un detective entran a la habitación donde se encuentra, Aioros frunce el ceño, pero eso no les afecta en lo más mínimo a los hombres que están de pie junto a la cama. Los policías se ven jóvenes, no mucho mayor que él. En cambio el detective si parece un hombre bastante mayor, tal vez más que su padre, lleva el cabello cobrizo y sus ojos son de un verde mucho más oscuro que los suyos.

—Aioros Sfakianakis, soy el Sargento Dohko, detective a cargo de este caso, vengo…

—A hacerme preguntas, ya lo sé—dice el castaño sin mucha expresión.

—Entonces me ahorra el aburrido protocolo—el rostro del hombre no cambia su seriedad, ni se inmuta ante el evidente desagrado de Aioros—Necesito que me relate, específicamente, todo lo que recuerde desde el día en que lo secuestraron, quiénes fueron, a dónde lo llevaron y qué le hicieron.

No dijo más nada, aguardando en silencio y sin moverse. Por experiencia, sabe que darle espacio al silencio es lo más efectivo y que si su interrogado es de mente débil—léase un joven inexperto—se rendirá primero y comenzará a habar.

—Ese día estaba preparándome para ir a casa de mis padres, era mi cumpleaños—comienza a relatar el castaño—tocaron el timbre, eran alrededor de las cuatro de la tarde, había hablado por teléfono con Saga, quien había ido con su padre a un campo de su propiedad—Aioros habla con claridad y pausado, con la voz firme, como si diera un discurso ensayado, no titubea sorprendiendo al experimentado detective—, luego de que abriera la puerta para ver quien tocaba, no recuerdo más nada—dice de repente.

— ¿No vio quién era la persona?—pregunta el detective algo escéptico.

—No—miente—.Cuando desperté ya estaba atado de pies y manos en un lugar que no conocía.

—Es una coincidencia que el joven Argyropoulos se haya ausentado de su casa ese día, cerca de las cuatro de la tarde y no haya regresado sino, hasta las siete, ¿no le parece mucha casualidad, Aioros?

—Saga es mi novio, no mi esclavo…—sentencia frunciendo el ceño.

—Claro—sigue hablando en ese tono sardónico que empieza a molestarlo—, el problema es que Saga fue visto ingresando al departamento de Valentine de Arpía, media hora antes de que se produjera tu secuestro, minutos más, minutos menos—Aioros abre sus ojos y la consternación cae en su rostro—veo por su expresión, que no sabía ese detalle.

—No—se limita a responder el griego con cierta melancolía.

—Aioros, sólo debes decirme quién lo secuestró. Seguramente alguien le daba de beber, de comer… alguien lo golpeo, ¿fue Valentine? Lo dudo, lleva muerto más de un mes, ¿Radamanthys? ¿Le suena ese nombre?—el joven niega—ya veo, incluso es imposible dado que se hallaba en Argentina cuando lo asesinaron… ¿Fue Saga?—Aioros no dice nada—.Cuando la policía entró ese día a la estancia, el joven Argyropoulos le apuntaba con un arma, estaba a punto de dispararle, ahora, la cuestión aquí es, ¿Por qué?

Aioros… no dice nada.

—Piense muy bien qué está haciendo joven Sfakianakis—los policías salen de la habitación—, es probable que si calla, perjudique más a Saga, piense bien—se marcha.

Aioros larga todo el aire en sus pulmones, antes de comenzar a llorar.

A Saga le hicieron pocas preguntas. El gemelo todavía no se encontraba en condiciones de responder, no recordaba nada, ni el supuesto encuentro con Valentine, el momento en que fue secuestrado, mucho menos el intento de asesinato hacia Aioros. Algo que lo dejó desahuciado. Sí tiene vagos recuerdos de su cautiverio, pero todos son demasiado confusos y difusos y cada vez que intenta recordar algo más, un súbito dolor en sus sienes le hace doblarse de dolor. Comenzaron a hacerle estudios nuevamente, las resonancias muestran un funcionamiento normal del cerebro y ninguna anomalía cancerígena.

Recuerda todo eso de su infancia, y porqué se lo hacían. Lo supo entonces, tiene la certeza, pero antes, necesita hablar con Aioros.

Kanon había esperado a que Aioria se marchara y que Sísifo y Sasha estuvieran en la cafetería, para ingresar a la habitación del castaño. En cuanto Aioros lo ve, supo que Kanon de alguna forma, ya sabía la verdad.

— ¿Cómo está Saga?—no hubo saludos.

—No lo sé realmente…pero al menos esta vivo—Kanon se acerca y se sienta en la silla que esta junto a la cama— ¿Fue él?—pregunta sin más.

—Sí—confiesa.

Kanon aprieta sus ojos con el dolor desbordándose por todas partes y sus labios menguan hasta casi desaparecer.

—También asesinó a Valentine, ¿no es así?

—Él mismo me lo dijo—para Aioros, ese, es el verdadero interrogatorio.

Kanon se levanta su camisa y le muestra una cicatriz casi imperceptible, la dibuja con la yema de su dedo y luego vuelve a acomodarse la ropa.

—Saga me hizo esta herida cuando teníamos cinco años, gracias a que no fue lo suficientemente profunda pude salvarme, pero los médicos le dijeron a mis padres que de haber tardado un poco más, podría haber muerto—Aioros no se muestra sorprendido—Nunca supe cómo se llamaba, en aquel entonces Saga sólo lo llamaba «mi amigo», los psiquiatras dijeron que él era esquizofrénico.

—Lo que padece no es esquizofrenia—dice el castaño—Saga llegó ese día a mi departamento, pero no era él… era completamente otra persona, ni siquiera caminaba como Saga. Su voz era distinta, sus gastos. Todo. No buscó golpearme, lo hizo pocas veces, no me torturó físicamente, esa parte se la llevó él, era terrible ver como se golpeaba a sí mismo, como se… él llegó a…—no puede siquiera terminar la frase pero Kanon no necesita que lo haga para entender a qué se refiere. Aprieta sus parpados una vez más, con la certeza de que cualquier cosa que pudo haberse imaginado quedaba chica a lo que realmente sucedió en esa estancia—me decía que yo lo vería sufrir y que mataría a Saga por amarme…

Permanecen en silencio, cada uno en sus cavilaciones, cada uno buscando la manera desesperada de ayudar a Saga.

— ¿Saga se acostó con ese sujeto, Valentine?—inquiere de repente, Kanon se siente incapaz de responder, pero asiente. Aioros suspira cansado.

—Fue antes de que ustedes decidieran ser novios. Al parecer ese sujeto estaba obsesionado con mi hermano, y Saga… o su alter, lo utilizó como cebo. Estaba claro que culparían a Valentine… él junto a Radamanthys, tenían una organización de trata de personas y drogas.

—Dime algo Kanon, ¿ustedes eran conscientes de dónde estaban metidos?

—Es claro que no. Saga siempre me advirtió de que ese lugar tenía un aura extraña, siempre sintió rechazo… y yo lo obligué a meterse allí…

—Yo sigo amando a tu hermano y quiero ayudarlo, no me importa lo que sucedió o lo que hizo, porque estoy seguro y lo sabes bien, Kanon—Aioros lo observa intensamente—Saga jamás haría algo así por propia voluntad.

—Entonces debes decir la verdad, Saga debe ser consciente de lo que hizo, sólo entonces podrá recibir ayuda.

— ¿Tus padres también lo saben?

—Sí, sólo necesitábamos confirmarlo.

—Aioros, te traje un vaso de…—su hermano calla al ver a Kanon en la habitación— ¿Kanon qué haces aquí?

—Nada, sólo quería decirle a Aioros que Saga preguntó por él, ya me iba—.No lo observa y se marcha tan rápido como puede. Aioria da un suspiro antes de dejar el vaso de jugo en la mesita.

— ¿Qué sucede entre ustedes?—pregunta el mayor.

—Nada, ya no sucede nada entre Kanon y yo—Aioros lo observa sorprendido—es largo de explicar, cuando estés mejor, te lo contaré todo.

—No tengo más nada que hacer por aquí, así que soy todo oídos.

Aioria se queda mirando un momento a la puerta, antes de comenzar a contarle sus problemas a su hermano. Aioros necesita distraerse un momento de Saga, porque se volverá loco de tanto pensar, aunque claro, lo que Aioria está a punto de contar, lo dejará bastante perturbado también.

La mansión de los Heinstein está situada en un hermoso prado que bordea al río Havel, en Berlín. Es una preciosa edificación de etilo colonial. Shura queda impresionado por la belleza natural de ese lugar, su auto se detiene ante las imponentes rejas, un guardia lo recibe, preguntando nombre y el motivo de la visita. No le parece extraño, ya suponía que con Pandora dentro, la familia ha redoblado la seguridad. Dice su nombre, que es amigo de la joven Pandora, lo hacen aguardar mientras comunican de su presencia. Unos diez minutos después, el mismo guardia abre la gran reja y le permite el paso—adelante, puede pasar—dice sin ninguna expresión, tal y como se espera del cliché alemán. Rodea un enorme jardín, con una fuente en el centro y se detiene sobre la entrada a la mansión, Pandora junto a los que supone son sus padres, aguardan. Shura desciende del auto y la joven alemana no tarda en correr a recibirlo con un abrazo por demás significativo.

En él iban cargados años de humillaciones y miedos, de deseos de libertad y amor, de odio y de un enorme y bello sentimiento de volver a vivir nuevamente. Shura no viene a hablar de lo que ocurre o lo que ocurrió, Pandora ya lo sabe. Sabe que el hombre que odió y supo amar también, ha muerto. Que Radamanthys tuvo el final patético que se merece, porque todo en él era digno de repudiar. Que no tuvo un sepulcro y que su cadáver aún sigue en alguna morgue aguardando por el descanso que jamás tendrá. Y también que Valentine, siguió ese camino.

Eso a ellos no les interesa, nunca más serán presas de la voluntad de Radamanthys, porque Pandora es libre y Shura, lo está siendo. Los padres de la joven lo reciben con vítores y abrazos, gracias a él, tienen a su hija nuevamente, gracias a él Pandora tiene una familia, un hermano llamado Alone, y su perro Adolf aún sigue vivo—Shura bromea sobre el particular nombre del perro—ellos no hablarán nunca más de Grecia y su pasado…

Pasean por los bosques, contemplan el atardecer al borde del río y cenan juntos en familia. Shura debe irse al día siguiente.

—Me preguntaba si… podríamos mantener esta amistad a pesar de las distancias—dice Pandora, mientras observan la enorme luna en la terraza de su habitación.

—Estoy seguro—dice obnubilado por el brillo que la luz de luna le da a los ojos amatistas de la joven—internet facilitará las cosas.

—Si—callan, por una hora, por más o menos, no saben bien, luego ella vuelve a hablar—gracias por venir.

Shura no dice más nada, sólo la abraza. Solos, la joven se permite llorar por aquel desgraciado que murió y se llevó su niñez, su inocencia y también parte de su amor, sólo por un momento, sólo un instante, luego llora por sentirse feliz y libre. Shura limpia sus lágrimas y besa su mejilla.

Al día siguiente Shura parte a España, su madre lo aguarda en el aeropuerto. Su casa, su nuevo hogar, es una residencia preferencial, elegante y moderna, sus abuelos han muerto, pero su madre si se ha vuelto a casar con un hombre llamado Felser. No tiene más hijos y su padrastro sinceramente es una persona agradable.

El español comenzará con su rehabilitación de forma ambulatoria, no sabe qué le deparará más adelante, pero lo que sí sabe son dos cosas; su fuerza de voluntad será inquebrantable y Pandora estará allí… con él.


Gracias por leer.