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"Gracias", Gohan recibió un vaso de agua desde la mano de su hermano. Acto seguido, desabotonó el último botón de su camisa, tomando un largo suspiro, sentándose en la orilla del fregadero. No pasó mucho hasta que notó como Goten se encontraba mirándolo con los brazos cruzados y en silencio. "Te traeré unas pastillas para el dolor de cabeza", el más joven opinó, saliendo de la cocina. No había más que una luz central encendida, por lo que Gohan poco podía ver. Sin embargo, la figura de su hermano era difícil de no identificar, especialmente por el gran parecido que tenía con el padre de ambos. Así, cuando le vio salir, se preguntó cómo estaría soportando él todo esto. Suspirando, se colocó de pie para tomar más agua desde la llave, alegre de que el dolor en su frente parecía haber disminuido a la mitad. Acto seguido, abrió el refrigerador más cercano y encontró un pedazo de queso amarillo que se echó a la boca, confirmando que no recordaba la última vez que había consumido un plato con comida caliente.
"Te prepararé algo", la voz de su hermano apareció al mismo tiempo que su presencia. El chico avanzó, dejando tres píldoras en la mesa, para luego, dirigirse hacia un estante y sacar unos huevos. Gohan lo miró y accedió, sin ánimo de poner un reparo a su actuar, particularmente porque estaba muerto de hambre. Así, tomó las píldoras, las dejó en la boca y tomó el último trago largo desde el vaso de agua. "Gracias, Goten", pronunció, sentándose en la mesa y pasando una de sus manos por el rostro. Mientras su hermano menor sacaba unas pancetas y jamón desde el refrigerador, Gohan acercó el bolso de cuero que había traído desde la cabaña del maestro Roshi, donde estaba el manuscrito que había encontrado. Sin mediar en explicaciones, sacó el gran documento y comenzó a revisar papeles, esta vez, centrándose en el relato más que en las fotografías (la mayoría, en blanco y negro). Leyó, por ejemplo, las indicaciones de entrenamiento que el maestro tortuga estableció para su padre y Krillin, también estaba el relato de la búsqueda de las esferas, la historia de Piccoro Daimaku, entre otros.
"¿Qué es eso?", Goten preguntó, de improviso, tomando unas fotos de la mesa, en particular una de una mujer con una especie de vestimenta árabe, "¿es Bulma?, ¿Yamcha?", mencionó, ahora tomando la fotografía con ambas manos. "Así parece", Gohan habló, hojeando el libro. "Esta foto debe tener más de 25 años", Goten volvió a hablar, esta vez sonriendo, para luego dejar la foto en la mesa y volver a revolver el contenido del sartén, "¿dónde lo encontraste?". "Estaba en la cabaña de Roshi, bajo unas cajas", el mayor de los Son respondió. Luego de eso, el silencio volvió a atraparlos. Desde su posición y por una pequeña ventana, Gohan notó que afuera ya amanecía en todo su esplendor, por lo que debía ser, al menos, las ocho y tantos de la mañana. De pronto, Goten apagó el fuego y buscó una superficie de madera, que dejó por sobre la mesa, apoyando el sartén con la comida hecha: huevos revueltos, panceta, jamón y unos trozos de queso encima. Asimismo, buscó unos panes que entregó a su hermano, para luego sentarse y comenzar a comer.
Con el tenedor en la mano y aún sin tocar nada, Gohan miró como el chico comenzaba a comer con gran apetito y muy concentrado. Ahí recordó que años habían pasado desde que ambos compartieron un desayuno juntos… y solos. Esa costumbre, solo se encontraba en sus recuerdos, cuando era él quien preparaba comida para ambos en la mañana. En esas ocasiones, en el Distrito 439, ambos se levantaban muy temprano para desayunar, luego estudiar y, libres de dicha tarea, dedicar tiempo a recorrer el enorme terreno que acompañaba la casa. Ahora, no sólo los años ya habían transcurridos, sino que Gohan tenía la idea de que algo se había roto entre ambos. Probablemente, desde el mismo momento en que él decidió entrar en su modo de piloto automático, como ella le había insistido muchas veces. Ahora, no solo tenía claridad que su silencio había roto parte de la relación que tuvo con ella, sino también habían caído más personas en el camino, entre ellos, su hermano menor. Tan solo pensarlo le provocaba un sentido de culpa muy similar al que sintió cuando Célula ya estuvo muerto, junto a su padre. "¿Cómo está Pan?", se atrevió a preguntar.
"Ya sabes como es", Goten no dejó de comer y respondió sin mirarlo de frente, "ella siempre te dirá que está bien. Haciéndose la fuerte". Después de una pausa, el joven saiya miró hacia el manuscrito de Roshi, tragando. Luego, miró a Gohan, "¿cómo estás tú?". Por el tono de su voz, el primogénito Son sabía que Goten llevaría esta conversación a reprocharle su tendencia racional, a no aceptar las cosas como se presentaban y a su ímpetu de continuar en una perpetua búsqueda de soluciones, tal como el padre de ambos. Por lo mismo, no pudo responder. El saiya mayor se levantó y se dirigió hacia la cafetera que ya comenzaba a echar humo, junto al aroma de café. Sirvió dos tazas y las llevó a la mesa. Su acompañante giró la cabeza a ambos lados y continuó comiendo, mirando el sartén con el ceño fruncido, como si intentara dejar el tema disolverse entre ambos. "La verdad es que… no estoy bien", Gohan murmuró honesto, a la vez que tomaba asiento y se llevaba el café a la boca, mirando un punto fijo al fondo de la cocina. Entonces, ambos cruzaron miradas, a lo cual Goten retomó la idea, apoyando su mano derecha por sobre las fotografías en blanco y negro: "¿qué estas buscando en estos papeles?".
"No tengo una respuesta concreta pero…", el guerrero abrió su mano libre, como si intentara sonar creíble, por consiguiente, miró a su hermano menor, "creo que hay algo importante ahí". "¿Te refieres a las oleadas?", el chico retrucó, tomando café. "No", Gohan carraspeó, "eso no tiene solución", giró la cabeza con los ojos cerrados, tratando de espantar el dolor de cabeza. "Entonces, ¿qué?", esta vez, su hermano menor dejó de comer, cruzando sus brazos, ansioso, apoyando su espalda en el respaldo de la silla. Su acompañante dejó la taza por sobre la mesa, colocando sus manos por sobre las piernas, pensando si era momento de hablar desde su corazón y no desde la razón, desde aquel sentimiento que percibió en sus sueños y en la ducha de esa madrugada. Algo que se alejaba de tener mucha lógica. "Creo que tenemos que hablar con Uranai Baba", Gohan mencionó, finalmente. El efecto en su hermano menor fue inmediato, pues él lo miró con un rostro descolocado, como si hablara incoherencias: "¿la hechicera?, ¿aquella que trajo a papá de regreso por un día a la tierra?". Para finalizar, Goten colocó un rostro de pocos amigos. Por su parte, el primogénito Son apretó los labios, asintiendo con la cabeza, dando el sí.
Goten no se detuvo, se levantó y tocó su cabeza, rendido: "Estás buscando cosas donde simplemente", se giró a verle, "¡donde simplemente no hay nada!", abrió sus manos a los lados, sin ocultar la decepción. "Escucha…", Gohan habló, colocando los dedos de sus manos en el borde de la mesa. "Sé qué vas a comenzar a hacer", el chico le refutó de inmediato, ahora apuntando a los papeles de Roshi, "construirás tus teorías, comenzarás quien sabe qué viaje y dejarás a tu familia de lado". "Goten", esta vez, el saiya mayor subió el volumen de su voz, acusando recibo de las palabras de su hermano menor, destinadas a herirlo. Bien sabía él que el chico no perdería ocasión para reprocharle una lista de cosas relativas a su actuar, una lista emocional que guardaba hace años. Y así fue: "no intentes decirme lo contrario, pues sabes que eso harás ahora".
La frase de Goten provocó que Gohan cerrara los ojos, tratando de controlarse a sí mismo. En el acto, intentó recordar a todos aquellas personas que ya no estaban y que le insistieron, hasta el final, que su hermano no era más que un chico herido. En especial, trajo a su mente a ella. Y todas las veces en que le insistió que hiciera el esfuerzo de escucharlo, nada más. Así, el primogénito Son trató de no defender su postura. No pudo explicarlo muy bien, pero una emoción arribó a apretarle la garganta, dejándolo mudo, sin poder continuar hablando. Por segunda vez, la recordó a ella, con sus ojos azules, suplicantes: sólo escucha a tu hermano.
"¿Vas a imitarlo, Gohan?, ¿dejarás a Pan sola, viendo como te vas?". Con el corazón a galope, Gohan tragó saliva. Al mismo tiempo, notó que su acompañante ahora se encontraba con la espalda apoyada en el fregadero, con los brazos cruzados, a simple vista cansado, pero aún mirándolo, esperando una respuesta. En el acto, confirmó que él no era el único arrebatado por las emociones pues, descubrió en Goten unos ojos brillantes, a punto de derramar lágrimas, tal como él mismo se encontraba. Al parecer, ahora ambos tenían al frente sus recuerdos y asuntos inconclusos. "¿Qué pretendes buscar con Uranai Baba?", el aludido dejó caer, a la defensiva, volviendo a mirar a su hermano con seriedad, "o mejor dicho, ¿qué quieres encontrar?". Gohan siguió sin moverse, sólo dejando a la vista sus hombros caídos.
De pronto, Goten cambió de posición, perplejo, como si captase la respuesta implícita, casi arrebatado en shock. Acto seguido, subió el tono de voz, "¿esto… esto se trata de Videl?". Gohan colocó su mano en el rostro, notando por décima vez cómo, con tan solo escuchar su nombre en voz alta, sentía como si una vara delgada atravesara su pecho. No supo cómo, pero logró avanzar hasta estar frente a su hermano, quien no dio tregua, apuntando hacia el suelo. "Gohan, ambos vimos su cuerpo en aquel hospital, ambos la enterramos, ¿¡qué más necesitas!?".
Mientras Goten colocaba sus manos en la cintura, Gohan continuaba controlando su respiración, con la cabeza baja. Finalmente, se armó de valor y lo miró de frente, con un rostro ausente. "De algún modo", tragó saliva, respirando, tomando fuerza para hablar desde su corazón, algo de lo cual no tenia mucha práctica, "sé que ella está viva, Goten". El aludido abrió los ojos, como si despertara de un sueño con violencia, ahora llevando ambas manos a su frente: "por Kamisama, suenas igual…", tomó una pausa, bajando el tono de voz, a uno más oscuro, "que nuestro maldito padre".
Al escuchar la declaración, Gohan sintió su pecho apretarse, herido. No por su padre, sino por el límite que ambos habían parecido cruzar, de no poder hablar sin maldecir. Tragando saliva, calmándose, procedió a tocar el hombro de su hermano menor: "No…", el saiya mayor giró la cabeza a ambos lados, "no te refieras de ese modo a papá". "¡Pues obsérvame haciéndolo!", Goten retrucó en voz alta, quitando su mano del hombro con un manotazo. Acto seguido, el joven se abrió paso, adelante, tomando el abrigo que había dejado por sobre la mesa. Estuvo a punto de llegar al dintel, cuando fue detenido por su hermano, quien lo alcanzó rápido. "Espera", le tomó el hombro, por segunda vez. Pese a que pensó que el chico volvería a zafarse del tacto, esta vez no ocurrió. Gohan no insistió y dejó sus brazos a un lado, esperando a que su hermano girara a verlo.
"No quiero contradecirte", el primogénito Son murmuró, bajando la cabeza, rogando que su acompañante no decidiera salir y dejarlo ahí, en soledad. "Sólo quiero que no te refieras así a nuestro padre. Somos… mejor que eso", luego volvió a mirar a Goten, quien seguía mostrándole la espalda. En cierto punto, efectivamente, el chico giró a verle, con una mano en la frente, aún exasperado, decidido a dar voz a sus emociones: "no entiendo cómo, después de tantos años", se tomó una pausa, mirándolo de frente, "lo sigues defendiendo".
Gohan frunció el ceño y cerró los ojos, tratando de mantener la calma. En eso, sintió que Goten caminó a su lado, regresando a la mesa, no sin antes darle un breve empujón con su hombro. Le escuchó sacar café y sentarse, nuevamente, pero él se quedó estático, aún mirando la manilla de la puerta. En realidad, se quedó pensando si podía ser capaz de hablar lo que tenía en mente. Tragando saliva, la recordó a ella, por tercera vez, mirándolo con sus ojos azules humedecidos, en la última noche que estuvieron juntos, preguntándose: si no es hoy, ¿cuándo? Entonces, Gohan suspiró largo y colocó sus manos en los bolsillos, regresando a su antigua posición, donde aún quedaba un poco de café tibio. Su hermano menor estaba cruzado de brazos, mudo y, a simple vista, aún enfadado.
"Créeme, por favor, yo no pretendo defender a papá", el primogénito Son tomó asiento, colocando sus codos por sobre la mesa, mirando hacia el cielo, tomando valor: "es cierto. Él siempre ha sido diferente a todos nosotros, a todos sus amigos, también", pausó, para beber un poco de café, "la verdad, nunca fue el padre que deseamos". Ahora, Goten miró hacia el lado, evitando su mirada, muy similar a lo que su hija Pan tendía a hacer cuando quería disimular su sentir. "Eso lo dices porque, al menos, tú pudiste pasar tiempo con él cuando eras pequeño, yo nunca he sabido quién es él, realmente", el joven semisaiya respondió, aún sin mirar.
"Es cierto", ahora Gohan pasó una mano por su frente, "pero no eres el único", tragó saliva, "yo nunca lo he podido sentir como una figura paterna", suspiró, mirando al centro de la mesa, "para eso, estaba Piccoro". Esta vez, Goten no respondió, pues bien sabía que él estaba en lo correcto. Y es que ninguno de los dos podía rescatar al saiyajín legendario como un padre presente y estable. El primogénito Son carraspeó, aprovechando la pausa y que su acompañante no lo miraba, para tomar la decisión de hablar: "Pese a todo eso, creo que este último mes he podido entenderlo un poco más". "¿Entender qué?, ¿qué él prefiere irse a entrenar con un desconocido, que quedarse con su esposa o hijos?", Goten retrucó de inmediato, cruzando los brazos y mirando a su hermano con un rostro de ironía. Gohan, en respuesta, apretó los labios, un tanto agotado: "en parte, sí".
El más joven soltó un bufido un tanto incrédulo, levantando una ceja: "¿estás hablando en serio?", le mencionó, girando la cabeza a ambos lados, rendido. En saiya mayor tomó la taza en sus manos y se levantó para sacar más café. En cuanto llenó la taza, se dejó caer en la silla, tocando la mesa con su índice derecho. "Tienes razón en todo lo que has dicho, Goten, especialmente en que él no fue el padre que esperábamos. Sin embargo, creo que de todas sus características, hay una en especial que he llegado, finalmente, a comprender", Gohan apoyó sus brazos en la mesa, tomando en sus manos la taza. Sentía el pecho alborotado, como si nunca hubiese hablado en la vida y hoy fuese su primer día. ¿Sería así el hablar desde tus emociones?, "y me refiero a su capacidad de ser fiel a sí mismo".
Goten lo miró confundido. Como acto instintivo, tomó café y miró a la ventana, negando nuevamente las reflexiones de su hermano mayor. Gohan continuó: "nuestro padre vive como si cada día fuese el último, siempre buscando su lugar en este mundo". "Creo que estás siendo muy indulgente", el más joven habló, firme. "No tiene que ver con perdón, la verdad. Tiene que ver con aceptación", el primogénito Son habló un tanto dubitativo, no por no creer en sus palabras, sino porque sentía que se encontraba haciendo algo completamente nuevo, pero que comenzaba a tomar forma y… a valer la pena.
Como era de esperar, sus palabras no dejaron su cabeza y boca sin dejar un rastro más emocional pues, Gohan sintió sus ojos con lágrimas y sus mejillas calientes. Por lo mismo, pasó su mano por el rostro y suspiró largo: "No sé si tú y yo podamos decir algo similar, en la búsqueda de nuestra felicidad". Algo causó que Goten lo mirara de forma brusca, como si las palabras enunciadas lo hubiesen insultado. El saiya mayor prefirió adelantarle: "Sabes lo que quiero decir. Me refiero a seguir ésto", lo miró directamente al rostro, señalando su pecho, concentrado y más sereno. Sin embargo, el joven no iba a dejar que todo fuese fácil, pues, después de cerrar los ojos, giró la cabeza y se colocó de pie, como si estuviese dispuesto a irse. "Lo siento, Gohan", el chico habló despacio, mirando hacia otro lado, "yo… no puedo perdonarlo".
"Está bien", el aludido lo imitó colocándose de pie, "no te pido que hagas algo al respecto de esto". Acto seguido, tragó saliva e inspiró largo. "Sin embargo, sí quiero pedirte… que me ayudes a mí". Por primera vez, Gohan sintió que la tensión en la cocina disminuyó a más de la mitad. Al menos, así lo dejaba notar su hermano menor, quien bajó los hombros y giró su cabeza hacia atrás, asombrado de que él le pidiera una mano. "Quiero que me acompañes a ver a Uranai Baba".
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Apartando platos, tazas y elementos de cocina, Kaiosama dejó sobre la mesa un gran mapa viejo, de esos que aparecen en las películas de piratas, desteñidos y algo desgastados. A diferencia de esa metáfora, este papiro tenía letras y símbolos que ella no podía entender, pero que hacían perfecto sentido al dios, quien se encontraba observándolo con los brazos cruzados y su mano en el mentón. Por su parte, Videl sintió unas ganas enormes de tomar aire fresco, por lo que se levantó de la mesa y se dirigió hacia afuera, mirando el horizonte de color azul oscuro, muy parecido a como se veía la noche en la Plataforma Celeste.
Por primera vez en toda esta travesía especial, se percibía nerviosa, con el estómago en ascuas y la sensación de que se acercaba a una especie de límite. Era como caminar cerca del borde de un precipicio, que sólo muestra vacío y oscuridad. Tragó saliva y cerró los ojos. Por instinto, trató de buscar las energías de su hija, de… él, por supuesto. Pero nada llegó a su percepción. Ahora, lo más veraz que tenía era que, pese a contar con su cuerpo, brazos y piernas, no podía negar la realidad de que ella estaba muerta y, probablemente, jamás volvería a ver un amanecer de la tierra.
De pronto, la mujer sintió una brisa fresca y se abrazó a si misma, intentando darse calor. Esto es increíble, pensó. La sola idea de poder encontrar a Son Gokú, la estremecía. Algo dentro de su pecho le decía que debía llegar hasta él. Entonces, Videl miró hacia el frente, hacia la oscuridad, desde donde admiró a lo lejos cómo se dibujaba el Camino de la Serpiente. A su corazón llegó ese viejo anhelo de volver a hablar con Gohan, de relatarle todo lo que había escuchado de Uub, de Kaiosama. La añoranza se asemejaba a esas primeras noches después de que se separaron, cuando decidió comenzar a acostumbrarse a su ausencia.
Como era de esperar, no fue tarea fácil, pues ese había sido uno de los puntos que más le atraía del saiyajín: la complicidad. Esa paz de conversar horas y horas juntos. Suspirando, Videl trajo a sus recuerdos ese último momento juntos, en una cama de Corporación Cápsula, asombrada de lo lejos que ya se sentía esa memoria, ese breve instante de paz y calma para ambos. Un break dentro de todo lo que la vida les había deparado juntos.
"¿Estás bien?", la voz de Uub la sacó de sus cavilaciones. Ella giró levemente la cabeza en su dirección. El muchacho se acercó a su lado, con las manos en la cintura. "Sí", la mujer afirmó, tocándose los ojos. "¿Aún tienes sueño?", el guerrero insistió, con un rostro preocupado. Videl negó con la cabeza, "no como antes, sólo… me siento cansada". "Bien", respondió él, "de todas formas, debes descansar ahora, mañana partiremos temprano hacia el Lugar Lejano". "¿Partiremos?", ahora Videl se giró de cuerpo completo, con el ceño fruncido, a lo cual el chico afirmó con un movimiento ascendente de su cabeza, apuntando a su propio pecho: "yo te acompañaré".
Comentario: Este capítulo y el anterior, fueron escritos de un sopetón, repletos de una catarsis de encierro de cuarentena. Ni siquiera imaginan mi risa cuando llegó a mi correo el comentario de LDGV advirtiendo de mi error de colocar a kamisama como kaiosama (que amable eres, mil gracias), ¡creo que mi mente confundida es una víctima más del encierro!, ¿Como van ustedes?, deseo de corazón que estén con salud y acompañados. Un abrazo.
