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Había pasado una semana de que Marinette estuvo en el hospital. Y ella apenas le hablaba, ni siquiera quería mirarlo.
Ella se encerraba en su estudio todo el día. Y cuando Adrien llegaba, no cenaban juntos.
Él se sentía muy deprimido, le recordaba un poco a cuando era joven y cenaba solo.
Y parecía que iba a seguir así.
Si embargo un martes de la próxima semana, Marinette se acercó a él, lucía un poco triste y le murmuró.
«Lo siento por desconfiar de tí» y se notaba arrepentida y triste.
Él se sintió feliz por primera vez en la semana y no dudó en tomarla en brazos.
«Te amo mucho Adrien, te amo como no tienes idea. Espero que todavía me ames» suplicó ella, sin alejarse de los fuertes brazos de su amada.
Él no respondió nada, pero la besó en los labios y esa fué una respuesta siguiente.
«¿y si me dejas darte algo?» preguntó ella con una sonrisa misteriosa.
Él se sonrojó al recordar las veces que ella usaba esa sonrisa.
Sintió que sus piernas se volvían gelatina, ella no pareció darse cuenta.
Él sólo asintió.
Y ella lo llevó a su dormitorio.
«¿Extrañaste que te tratara como mi esposo?» indagó Marinette, que se encontraba tapada sólo con las sábanas.
Él asintió, estaba rojo y muy feliz.
«Empiezo a recordar ciertas cosas... Y más aún cuando pasamos tiempos a solas» murmuró ella, con una sonrisa sugestiva. Y prosiguió a devorar el cuello de su amado.
Adrien se sintió tan contento.
Y Marinette estaba empezando a actuar como lo hacía antes de perder la memoria. En la intimidad recordó todo lo que a él le gusta.
Se sintió totalmente complacido. Y es que ella lo tocó como solamente lo haría su esposa.
Lo único que se escuchaba en la habitación eran los suspiros y sonidos húmedos de ambos. Él se sentía en el cielo.
«Amor, necesitamos solucionar todo este lío con Alya» dijo con repentina seriedad, él sólo pudo asentir, pues aún se encontraba en el interior de ella y estaba desenfocado.
Ella sólo sonrió complacida al ver que su marido no podía concentrarse en otra cosa que no sea la unión de sus cuerpos.
«Eres tan tierno» ella lo picoteó en los labios.
«Mari...» murmuró, mientras ella succionaba uno de los pezones del chico.
En otro lado de la ciudad, estaba Lila, mirando un balcón, mientras planeaba su próximo ataque.
Y por suerte gracias a una infiltrada en al empresa de MDC descubrió que Marinette estaría mañana en una subasta importante.
Mañana sería un gran día.
