Reencuentro desagradable
Ya era tarde en El Jardín Gris, en unas horas el sol comenzaría a ocultarse, pero por el momento el cielo aún lucía con un color azul.
Una sonrisa juguetona resonaba en los oídos del pobre encargado del aseo, Alfem solo quería pensar que era una alucinación por su dolor de cabeza, pero su instinto le gritaba que era real, que debía de estar alerta, a pesar que todo su cuerpo comenzaba a fallarle
—Oh… Vamos querido, ¿no me vas a saludar? —dijo entre sonrisitas— o acaso ¿prefieres un cariñoso abrazo de mi parte?
Un sonido de una pisada pasó como un rayo por la cabeza de Alfem.
—¡ALEJATE DE MÍ! —gritó con mucha desesperación mientras tiritaba sosteniendo en sus brazos un saco de tierra, el cual dejó nerviosamente de nuevo en la carretilla— ¡No te acerques! Qu-Quédate donde estás… yo…
Alfem se miraba las manos temblorosas, el miedo le nublaba el juicio, sus pensamientos eran difusos y caóticos, como si en su cabeza se hubiera desatado una tormenta. En su interior solo se hacía interrogantes al igual que se trataba de convencer que nada de esto estaba pasando, pero negarlo era inútil, desde que se encontró con ese gato, esto solo era cuestión de tiempo.
Lo que más le frustraba era que no importó todas esas veces que lo ensayó mentalmente, cuantas pesadillas tuvo, o cuanto lo conversó con Froze, nada de eso funcionó en este momento. Tenia la leve esperanza que podía guardar medianamente la calma, pero no pudo, al escucharla, cada dolor, cada grito, cada horrible experiencia que vivió atacaron su mente sin piedad, ya que la presencia que se encontraba detrás de él solo representaba tormento y aflicción; no la quería cerca.
—Vamos… No puedo mostrarte la dicha de verte sí me das la espalda —dijo calmadamente manteniendo la distancia.
—Esto… Yo… No…
Tenía que recobrar un poco la compostura, no podía quedarse pasmado toda la vida, o los esfuerzos de todo este tiempo hubieran sido en vano, pero ¿cómo? No estaba listo, no sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones, aunque pudo notar que guardaba cierta distancia, como si supiera que no la soportaba, eso era extraño, ¿cómo lo sabía? Ella no era de las personas más consideradas con su prójimo, es mucho más probable que ella al saber que no podía mantenerse cuerdo al tenerla cerca le sacaría el mayor provecho para su propia satisfacción, pero eso no importaba en este momento, debía mantenerse enfocado.
El sentimiento de que posiblemente le haría daño estaba demasiado presente, cosa que lo aterraba y lo aturdía, pero necesitaba llenarse de coraje, un poco del valor que veía en aquella persona que lo había atendido desde el momento en que llegó, debía hacer valer el esfuerzo que ella había puesto en él, se sentía en deuda, al igual que con todos sus otros nuevos amigos.
Así que, con mucha fuerza de voluntad, con pequeños pasos, Alfem comenzaba a voltearse para ver de frente a quien lo atormentaba.
—H-Hola Poemi, tanto tiempo sin verte… —dijo nervioso, con cierto tono de timidez, escondiendo lo mejor que pudo su pánico. (sus anteojos se veian)
Al girar pudo observar a la joven que vio crecer desde niña, aunque esto debería dar un sentimiento de cierta nostalgia, notar lo cambiada que lucía solo lo inquietaba más. La mirada depredadora que fue clavada en él, hacía que instintivamente evitara hacer contacto visual, además toda esa ropa estrafalaria de gala lo incomodaba, ¿qué pasaba con ese sombrero con tres puntas? Era innecesariamente grande, con alas casi del largo de sus brazos, y con una cabeza de alto, era demasiado, ¿estaba escondiendo deliberadamente sus cuernos? ¿Quería verse como una bruja? Todo esto solo traía más preguntas que solo incomodaban a Alfem que estaba dando todo para permanecer ahí sin salir huyendo.
Poemi pudo notar fácilmente lo incomodo que él se sentía, lo cual disfrutó placenteramente, pero una vez que lo vio bien, una mueca de asombro se reflejó en su rostro, una un tanto difícil de leer, ya que no solo se le pudo ver una gran impresión en su mirada, sino que también una pisca de temor, que de inmediato se convirtió en unos maliciosos ojos juguetones.
—¡Vaya! Los poderes de un dios realmente son asombrosos, ¿no es así, Emalf? —exclamó felizmente Poemi, con cierto toque de fascinación en su voz.
Tal respuesta enérgica hizo retroceder un poco a Alfem.
—¿A-A qué te refieres? —dudó— ¿Lo, lo dices por estas asombrosas gafas? Son un gran regalo de mi señora Etihw. —dijo con cierto orgullo, tocándose los lentes con los dedos, levantando estos un poco produciendo pequeños reflejos del sol—¿C-Cómo su piste que era trabajo de un dios? Realmente son asombrosas. ¿No lo crees? Jeje.
Entre un nervioso y orgulloso Alfem, Poemi quedo impactada, eso la había tomado totalmente por sorpresa, nunca pensó que él haría una broma en este momento, era tan desconcertante que no pudo evitar echarse a reír.
—JAJAJAJA. ¡Claro que no, tonto! ¡Quien pensaría que esas cosas serían creación de un dios? ¿Acaso no es obvio? ¡Tu cara! ¡Poemi está impresionada como te reconstruyeron el rostro! Jajajaja—Vociferó con mucha felicidad— Oh vaya, caí en una vieja costumbre, lo siento, supongo que te has convertido en todo un bufón estando aquí.
—¿Eh?
Aparte de la risa que Poemi se estaba conteniendo por lo ocurrido, para Alf, un silencio incómodo congeló un poco sus sentidos.
—N-No entiendo a lo que te refieres —murmuró nervioso, sin tener realmente la intención de entender a lo que se refería.
—Es que ¡sólo mírate! ¡Tu nariz, tus mejillas, hasta puedo ver que tienes todos tus dientes! —exclamó maravillada, aunque una duda vino a ella— Pero debo decir que tal vez, esta dios… ¿tiene alguna dificultad en reconstruir ojos? ¿Por eso usas gafas? ¿Tal vez ajustar la visión de un ojo al ya existente será complicado? Aunque puedo apreciar que solo se preocupó de lo importante, mantuvo tus orejas rasgadas, dudo que eso sea por falta de poder… ¿Tal vez tú mala visión también fue adrede? Tendré que anotar eso… Ahora quiero saber el estado del resto del cuerpo, que otros lugares reconstruyó o mantuvo… Lástima que no tenga mucho tiempo… ¡¿Qué más da?! No importa, sigue siendo un trabajo fascinante de observar a primera vista. Aunque también tendré que dejar una queja. ¿Por qué tienes el brazo inmovilizado? ¿Tú regeneración se vio a afectada al vivir aquí? O… ¿También es obra de ella? Sí es así… que envidia me dan esos poderes divinos. ¡Eso nunca lo logré hacer!
Todo esto lo decía en un tono un tanto analítico, más que le estuviera hablando a Alfem, es como si se lo estuviera diciendo a sí misma, como si estuviera viendo algún tipo de muestra de laboratorio que debe ser examinada con rigurosidad.
¿De qué demonios está hablando? Era lo que pensaba Alfem al escucharla. En cierta medida, sabía exactamente a lo que se refería, pero no quería admitirlo, no quería procesar lo que escuchaba y perder la cordura, ella solo estaba jugando con él. Ella… Ella de alguna manera debía saber sobre la condición en la que estaba su memoria, no se lograba imaginar como se pudo haber llegado a enterar, pero no había otra razón para que le mintiera de esta forma… Solo le decía todo esto para hacerlo desesperar, estimulando su mente y crear recuerdos que jamás vivió… Las imágenes que venían a su cabeza no podían ser reales, ya que era más macabras que aquellas con las que convivía y atormentaban a diario. En definitiva, no quería creer lo que ella decía.
—¡¿Qué MIERDA estás HABLANDO?! —explotó Alfem en desesperación— ¡¿Qué mi cara esta mejor de lo que recuerdas?! ¡POR SUPUESTO QUE ME DEBO VER MEJOR! ¡TENGO UNA MEJOR VIDA AQUÍ! ¡POR ESO…!
—¿Realmente no lo entiendes? —sonrió con malicia— No recuerdo con claridad el día en que te cercene la mejilla, pero te puedo asegurar que estabas totalmente consciente, al igual que cuando hice el tratamiento para separar tu ojo de tu cuerpo.
Imágenes, ruidos, sensaciones, vinieron como rayos, bastó menos de un segundo para que comenzara a temblar, tocándose inconscientemente el lugar donde debía haber una cuenca vacía, donde ahora estaba un globo ocular, tal contradicción le dolía de una forma familiar. Junto con otro recuerdo, él en frente un espejo, su mano ensangrentada, el de una melena rubia deteniéndole y una melena azabache sanándole.
El dolor de la contradicción que negaba todo el sufrimiento que vivió, un dolor tan profundo que ya era parte de su ser, le desgarraba tanto que tuvo que negarse a sí mismo para dejar de sentir tal malestar.
—Ese fue un gran experimento, aunque las primeras veces que te reventaba los ojos volvían a generarse, pero una vez que lo extraje creando el enlace, para después usarlo, nunca más volvió a crecer, eso fue un suceso muy curioso. Pasó lo mismo con algunas de tus garras.
En la manera que se expresaba daba a entender que ella era consciente de cómo se estaba sintiendo Alfem, aunque este no dijera ni una sola palabra y tuviera la mirada oscurecida, con solo ver lo quieto que se encontraba, como notoriamente apretaba más y más sus puños, una sonrisa malintencionada fruncía.
Su voz cada vez se volvía más molesta.
—Son valiosos recuerdos que guardo dentro de mí, así que hacerse el tonto conmigo no te servirá de nada, sé que tú también los tienes, o ¿quieres que rememore los momentos más destacables? Eres un demonio fuerte, no es como que esos bellos momentos te hayan causado algún daño, ¿verdad? —dijo con una sonrisa de oreja a oreja— Supongo que te estás haciendo el interesante, pero solo te hace ver como un niño que quiere atención ¿sabes? Así que te daré en el gusto. ¿Te acuerdas de la silla?, ¿y quienes se sentaron en ella? Seguro que recuerdas al primero, ese sujeto que…
Suficiente.
—¿Podrías… callarte…? —interrumpió Alfem con una voz quebrantada.
—¿Dijiste algo? No te pude oír bien.
—Te dije que ¡TE CALLES MALDITA SEA! —explotó en ira y resentimiento— ¿Acaso no te das cuenta que no tengo ni la menor puta intención de escucharte? ¿Qué me arrancaste un ojo? ¡VAYA GRAN COSA! Te recuerdo que me arrancaste las alas, me cortaste mis cuernos, jugaste con mi cuerpo más de una vez. ¿Acaso hace mucha diferencia que me hubieras desfigurado? ¿Haría alguna diferencia que me hubieras hecho alguna otra cosa? ¡Fui un verdadero estúpido al pensar que me liberarías cuando pudieras ayudar al inútil de tu padre!
Mientras gritaba con pequeñas lágrimas de un llanto contenido, Poemi frunció el ceño.
—Recuerdo perfectamente cuántas veces me prometías una y otra vez mi libertad, lo repetías tanto como si tu propia vida dependiera de ello. ¡Pero vaya mentira de mierda! ¡¿Por qué llegue a pensar que te preocupabas por mí?! ¿Cómo llegué a pensar que te importaba en algo? Siquiera… ¿signifiqué algo para alguno de ustedes?
Se afligía más con cada oración que exhortaba, retorciéndose lentamente en sí mismo, buscando un refugio que no encontraba. Mientras Poemi, con su sonrisa ya borrada, se cubrió su rostro con la enorme ala de su sombrero.
—Emalf, ¿te puedo preguntar algo? —dijo Poemi de forma muy serena— Si enserio pensabas eso, si estabas convencido que te dije la verdad, entonces, ¿por qué no volviste en cuanto pudiste?
—¿Eh?
Desde la perspectiva de Alfem era una pregunta extraña, hasta fuera de lugar, aunque el tuviera cierta esperanza que lo extrañaban o le tenían algo de estima, eso no significaba que fuera a volver a ese horrible sitio, en donde conoció el verdadero tormento, donde nacieron las pesadillas que no lo dejan dormir, y en el lugar donde no tenía a nadie en quien confiar.
—¿No es eso obvio? No soy tan imbécil —dijo un poco más calmado, aquella pregunta le había vuelto un poco la compostura.
Ella lo miró y rio.
—Vaya, por un momento pensé que lo eras. Después de lo que te hice. ¿Quién sería tan necio para creer que alguna vez fue querido? ¿Quién pensaría en tener algún sentimiento en un mero objeto? Después de todo si un juguete se rompe, solo debes remplazarlo. ¿No es así? Pensar lo contrario sería muy gracioso.
Alfem solo podía apretar los dientes para contenerse ante la burla a sus ilusiones más hermosas, que, aunque eran una mentira fueron un buen escape ante su sufrimiento.
—Sin embargo, tenías razón, yo te aprecio mucho Emalf —dijo con una tierna sonrisa.
Escuchar esto solo hizo que todo el cuerpo de Alfem entrara en alerta, nada bueno podía venir de algo así.
—¿Sabes algo? Tú eres irremplazable para mí. Realmente te aprecio mucho, también hay quienes te extrañan tanto como yo, así que por favor vuelve con nosotros.
No se podía entender este increíble cambio de actitud, pero de algo si se estaba seguro, esto era repugnante, lo único que lograba cada vez que hablaba era tan solo generar odio y rechazo en el corazón de Alfem.
—No eres un simple juguete, eres algo mucho más especial que eso, solo yo conozco tu verdadero potencial, solo yo conozco tu verdadero valor, así que no te hagas de rogar y vuelve. Realmente te extraño mucho.
Esto parecía una broma de mal gusto, pero, aunque fuera verdad, y aun hubiera quien lo extrañara en su antiguo hogar, ya era demasiado tarde. Tal vez, si ella conociera lo que es la consideración y la empatía, su intento de traerlo de vuelta habría sido mejor, pero como parece que carece de ese conocimiento solo se dejó llevar por su lado más sádico, disfrutando de como sufría con los recuerdos que estimulaba, dejando desde un principio en evidencia sus intenciones de seguir lastimándolo.
Así que ver tanta hipocresía y cinismo hizo crecer aún más el resentimiento de Alfem, uno solo comparable a la tristeza que le daba el saber que ya no tenía donde volver.
—¡¿Pero qué cojones estás diciendo?! —replicó hastiado— ¿¡Quien se tragaría esa mierda?! ¡juegas conmigo, con mis emociones, con mis recuerdos como si fueran un pedazo de basura para decirme después que me valoras? ¿Qué soy especial? ¿Crees que con esa clase de cosas voy a ir saltando a tus pies? ¿Enserio? ¿Enserio pensaste eso? ¡¿Quién en su sano juicio lo haría?! Además, no crees que tampoco tiene sentido. ¿Quién le creería a la persona que le botó como un perro al borde de la muerte? ¿Podrías pensártelo dos veces antes de decir una idiotez así?
—¿Botarte como un perro? ¿De qué hablas? Yo nunca me desharía de ti, como te dije eres demasiado valioso para hacer eso —dijo confiada con sinceridad.
Pero no importaba lo que dijera, Alfem no la escucharía más, no importaba lo que ella pensara, ya era irrelevante para él. Era tanto su indiferencia que ya le había vuelto el dolor de cabeza que tuvo desde que despertó. Aun así, debía permanecer alerta, esta mujer era peligrosa, pero solo podía esperar a que alguien lo socorriera si intentaba algo.
Este reencuentro, aunque corto, para lo único que sirvió fue para colocar la última piedra en la tumba de lo que alguna vez fue Emalf, cosa que dolía como nadie se podría imaginar.
—Oh… que desilusión… veo que no me crees… —dijo con una cara llena de una gran hipocresía— Pero es verdad, por favor vuelve con nosotros, te voy a tratar bien. Ya encontré la forma para ayudar a mi papi, pero no puedo hacerlo sin ti.
—Je —rio Alfem.
—¿Qué es lo que es tan gracioso?
—Hablas como si siquiera me importara en algo lo que dices —dijo confiado—. Ve y búscate a otro idiota que te ayude.
—Ya lo intenté…
—¿Qué?
Una autentica pena o, mejor dicho, ¿decepción? se notaba en Poemi, esto solo le era un recuerdo de los tormentos de Alfem.
—No importaba cuanto buscara, a cuantos sacrificara, ninguno podía ocupar tu lugar, todos y cada uno de ellos fallaba en lo esencial, nadie tenía la suficiente fuerza de voluntad. Nadie tenía tantas ganas de vivir como tú, que aun después de todos esos años aun quería seguir respirando. ¿Lo entiendes? No hay otro sujeto de pruebas mejor que tú, no hay gritos mejor que los tuyos, no hay nadie con esa resistencia obtenida por años y años de esfuerzo. Así que vuelve y terminemos lo que una vez empezamos.
—Eres repugnante…
—Jeje. No es como si fuera algo raro, después de todo somos demonios.
—Que excusa más conveniente para poder ser una hija de puta —dijo un tanto para sí mismo, después de todo, al vivir aquí él aprendió que eso solo es un pretexto barato; el problema no era que ella fuera un demonio, sino que simplemente era estúpida.
—Así que vuelve, nadie es como tú, tu sufrimiento, tu persistencia, tu evolución, ¡eres el conejillo de indias perfecto! ¡Tus ganas de vivir jamás se iban! Aunque había momentos en que parecía que desfallecías al final lograbas sobrevivir, ¡eso era lo más magnífico de todo! ¡Así que VEN! ¡VUELVE A MI LADO! ¡Si tan solo pudiera llevarte de vuelta por mí misma! ¡Pero vamos! ¡No está esa zorra aquí! ¡Ahora no hay nada que te pueda detener! Por favor, déjame escuchar tus gemidos una vez más.
Al parecer ya no había razones para esconder sus verdaderas intenciones, era solo una manifestación de depravación, que solo perturbaba a Alfem, que ante tal espectáculo no sabía qué hacer, estaba alerta, pero ¿por qué simplemente no se lo llevaba a la fuerza? ¿Por qué estaba rogando de esta forma? Esto se preguntaba cuando de repente un grito interrumpió la situación.
—¡PARA CON TODO ESTE SHOW, POEMI!
Era Vendetto, tras escuchar el escándalo de afuera salió a mirar, pero al notar a su hermana se quedó escondido, no la había visto en mucho tiempo y se notaba algo cambiada, no quería que lo viera y que le reprochara lo mismo que su amigo, además que le daría una mejor perspectiva de todo este asunto; podría confirmar la historia de Emalf, no es que desconfiara de él, es solo que todo eso le pintaba mal rollo.
—Herma… Tú qué… ¡TÚ! ¡¿Cómo osas interrumpir este bello momento?! —dijo furiosa.
—¡¿Bello momento?! ¡¿Pero qué…?!
—¡¿Por qué tienes que resolver tus problemas en frente de mi tienda?! —interrumpió Yosafire refiriéndose a Alfem, saliendo de la florería.
—Chica no crees que no es el momento para… —trató de hablar Vendetto.
—Nada de eso, no quiero que hagan otro agujero en frente de mi local, fue muy problemático la última vez, aunque todo ese alboroto me trajo clientes… pero no quiero más problemas. Así que tú, la del sombrero grande, ¿te puedes ir? —dijo Yosaf con desdén y muy molesta, realmente todo esto le parecía un completo fastidio, pero si algo le pasaba a ese sujeto, Froze se pondría triste, cosa que le incordiaba más.
Alfem se veía sorprendido por la llegada de los dos, estaba tan inmerso en la situación que se había olvidado por completo de ellos, cosa que al verlos se sintió un poco más seguro.
Mientras Poemi los miró atónita, sorprendida por quienes se presentaron, preguntándose porque de entre todos los que podrían venir a socorrerlo tenía que ser el ingrato de su hermano y además de ella, a quien no importaba los siglos que pasaran no la olvidaría jamás. A pesar de esto, debía pensar en algo rápido, no podía perder la compostura, entonces recordó lo que le contó su preciado gatito.
—¡Oh! ¡Vaya! Así que tú eres la dulce florista que atendió a mi adorable Michi, te debo las gracias —dijo eso mientras se tomaba con ambas manos su vestido haciendo una pequeña reverencia—. No ha sido mi intención incordiarte, se nota que eres una dama muy gentil y con gran dedicación, eso lo sé al observar las hermosas masetas y flores que mi Michi trajo. Así que, por favor, deja llevármelo conmigo, vine aquí en primer lugar a comprarte flores, pero no puedo dejar pasar esta oportunidad.
Alfem entro en pánico, no sabía sí Yosafire le facilitaría las cosas a esta maldita bruja, además que ella no mostraba mayor emoción, como que todo su enojo se disipó al escuchar. Él repetía muchas veces dentro de sí que Yosafire no permitiría que esa mujer se lo llevara, ¿verdad?
—¿Eres la bruja de Michi? Es un gusto en conocerte, el hablaba maravillas de ti, y realmente me alegro que valores mis retoños, son mi orgullo. Además, no sabes lo feliz que estaría sí te llevaras lejos a este sujeto de aquí, así no tendría que verle la cara nunca más —dijo Yosafire muy tranquila, casi como un desahogo, clavándole la mirada a Alfem—. Pero sabes… no puedo ayudarte, no es como que lo pueda obligar o nada, y que este viviendo aquí o no, esa decisión no me incumbe y no me interesa, no quiero estar atada en ningún sentido a la vida de este incordio.
—¿Entonces también te pondrás en mi camino…? —dijo desilusionada— Pensaba que me ayudarías… Esto si es una verdadera sorpresa. Al parecer cierto juguete es muy amistoso, mira todos los amigos que tienes aquí.
El sarcasmo era notorio, ella trataba de esconder su risa con su escamada mano, ya que el asunto de que este juguete tuviera alguien que lo apreciara era risible, en su estado actual solo sería una carga para sus cercanos, así que los perdería eventualmente, lo abandonarían al ser una molestia.
—No confundas las cosas, no soy amiga de este imbécil —reclamó con un tono de fastidio—. Solo te estoy diciendo que no es cosa mía que él se quede o se vaya, es libre de decidir.
—Vaya… pero eso igual es ponerse en mi camino, ¿por qué está dedicada floricultora defiende a está cosa?
—Ah… —suspiró Yosafire con pesadez— No me estás escuchando… También, podrías dejar de tratarlo como un objeto, se sabe que no es muy listo, de hecho, se le reconoce por ser un tarado, pero no le quita que siga siendo una persona, así que deja de hacer eso, es molesto.
—Sí que eres considerada, eso sí no me lo esperaba, pero no puedo cumplir con esa petición, eso ya no puede contarse como una persona, además es mío y trataré mis pertenencias como a mí me parezca, es mí problema, así que yo te pediré que no te metas en eso.
—Eres desagradable, ya entiendo porque el idiota no quiere ir contigo.
—Poemi, enserio, no es agradable que trates así a mi amigo —agregó Vendetto.
—No quiero oír nada de un hermano tan desconsiderado como tú, ni siquiera una mera carta o visita en tantos siglos. ¿Cómo quieres que te considere como mi hermano siquiera? Así que no te atrevas a dirigirme la palabra —gruñó con una mirada fiera a quien era su hermano, toda su templanza se había desvanecido y no se dio siquiera la molestia de esconder su disgusto.
Después de ver a su hermano pasmado por la sorpresa, recuperó rápidamente la compostura para enfrentar a Alfem y Yosafire, con una evidente molestia.
—Bueno, no tengo todo el tiempo del mundo y se está haciendo tarde, no quiero preocupar a mis pequeños…
—¿¡Tienes hijos?! ¡¿Pero cómo?! ¡¿CON QUIEN?! —exclamó Vendetto interrumpiendo la serenidad de Poemi.
—¡Mis familiares, estúpido! ¡¿No te dije que no me hablaras?! —gruño Poemi ante la conjetura sin sentido de aquel de quien ya no quería saber nada.
—¡Estoy molesta! ¡Terminemos esto de una vez por todas!
La bruja vestida de carmesí hizo aparecer una pequeña flama en su mano la cual se convirtió en un objeto puntiagudo plano de color rojo, un poco curvado con ranuras circulares, el cual al verlo Alfem y Vendetto quedaron congelados.
—¿Eso es lo que creo que es? —preguntó Vendetto con incredulidad.
¿Eso era lo que pensaba que era? Por los años que habían pasado no estaba seguro del todo. Pero Alfem que también lo observaba a su lado, no quitaba los ojos de aquello que Poemi sostenía en sus garras.
—¡Oye no te quedes ahí! ¡¿Es o no lo que pienso que es?! ¡Oye!
Vendetto gritaba a Alfem para que reaccionara, pero este solo murmuraba algo inteligible, pero con solo un pequeño gesto supo cuál era su respuesta; Alfem se había llevado la mano a la cabeza, como buscando aquello que debía estar ahí, uno de sus cuernos, una parte de su ser que estaba perdida ahora estaba a solo unos metros de él.
