Capítulo 20

Hinata

Luego de confesarle todo a Narut sigo sin sentirme mejor.

Me abraza, pero puedo sentir que no está tranquilo, y yo tampoco lo estoy. No puedo abrir los ojos y dejar que la realidad de donde estoy me calme. Estoy encerrada en perpetua oscuridad, y sin importar lo fuerte que me apriete contra su pecho, sigo pensando en Lord Unto cada vez que me voy a dormir. Su largo y horrible nombre, y su cruel y frío corazón. Jamás lo he conocido, pero sé que es maldad pura.

No necesito conocerlo para saberlo. No puedo imaginarme a una persona capaz de cegar a un caballo o a un perro desobediente. Sé que muchos alienígenas creen que los humanos no son más que mascotas, pero ¿quién le haría eso a una mascota? Solo la peor clase de persona.

El hecho de que esté allí afuera me persigue. Por unas cuantas semanas, he podido pretender que estoy a salvo, que todo está bien. Pero este Lord Unto podría reclamar su propiedad en cualquier momento. ¿Qué hago, entonces?

Hice que Narut prometiera guardar el secreto entre nosotros, que no le dijera a los demás que escuché el nombre de Lord Unto, porque quiero evitarlo, y cualquier confrontación. Solo quiero esconderme lo más lejos posible del rincón del universo donde mora Lord Unto y rezar que jamás me encuentre.

Después de todo, estoy segura que escapar es un acto terrible de desobediencia, y solo puedo imaginar que otras partes corporales me quitará si logra ponerme las manos encima. Eso me aterra, haciéndome acurrucarme contra el pecho de Narut toda la noche. Esa noche duermo muy poco, y cuando lo consigo, sueño con mi cautividad.

Despierto a la mañana siguiente sintiéndome más cansada que nunca, y me cuesta dejar el camarote. Parte de mí quiere esconderse para siempre, pero sé que haré que los demás se pregunten qué pasa, por lo que me es más fácil pretender que no hay nada mal. Me fuerzo a levantarme de la cama, a vestirme y luego a ir al comedor. Puedo escuchar que hay gente adentro, aunque guardan silencio cuando entro. Hay un ligero zumbido bajo mis pies que me dice que la nave se mueve.

Hemos dejado la estación, y no puedo decir que me sienta mal por ello. Mientras más lejos mejor.

—Buenos días —saludo, forzándome a sonreír. Alzo la mano, tomando el borde de la mesa para guiarme. —¿Ya hicieron té?

— Hinata. Qué bueno que llegaste —la voz de Shikamaru suena seria, incluso algo seca, sin rastro de su alegría habitual. Eso me alarma.

—Si —le respondo calmadamente. —¿Estamos todos aquí?

—Si, estamos todos —responde Narut, y me siento dividida entre un estremecimiento placentero al escuchar su deliciosa y profunda voz, y miedo, porque que estemos todos reunidos en un mismo lugar a la vez es muy extraño. Algo pasa.

Me fuerzo a permanecer en calma.

—¿Oh? —me volteo hacia su voz, está sentado a la mesa de la que me agarro. El aire a mi lado está quieto, así que tanteo, notando que el asiento más cercano a mí está vacío. Así que tomo asiento. —¿Qué sucede?

—Discutíamos nuestro próximo trabajo — Temari suena apagada.

—¿Oh? —una mano roza la mía. Reconozco los dedos callosos y la piel peludita y suave; Narut. Quiere tomarme de la mano. No sé si me agrada o me preocupa más.

Se siente como si algo estuviese mal. Enredo los dedos con los suyos y me fuerzo a sonar tan plácida como siempre.

—¿Cuál es el próximo trabajo? Creí que engatusábamos a alguien en la estación.

—Eso podemos hacerlo luego —dice Shikamaru. —Este trabajo en particular tiene una ventana de tiempo más corta. Interceptaremos un cargamento.

—¿Qué clase de cargamento? —pregunto, ya que hay demasiado silencio. Si de verdad están todos aquí, no están diciendo nada.

Alguien se aclara la garganta. Un hombre. No sé cuál de los cuatro fue.

Entonces Narut me aprieta la mano.

—Sabes a quién perseguimos.

Me estremezco. Es por eso que todos están aquí. Es por eso que todos guardan silencio y hay una tensión palpable en el comedor.

—Van tras Lord Unto —comento, sonando tan apacible como puedo. Por dentro estoy gritando, pero por fuera estoy tan calmada.

—Su nombre completo es Lord Unto'Abarri'Nil Vohs Bekhinto, Señor de Nueve Amaneceres y Amo de la Treceava Luna —dice Shikamaru, y luego resopla. —Bastardo pomposo —nadie se ríe a pesar de su pausa, por lo que continúa. —Le va a llegar un cargamento de bienes ilegales. De seguro varios esclavos humanos, quizás junto a otras especies prohibidas. No creemos que sea materia oscura o algún tipo de armas porque tiene una tripulación muy pequeña con él. Hemos contactado a algunos de nuestros conocidos y descubrimos que está vacacionando en su barcaza cerca de la luna acuosa de Ekhos II. Es un buen momento para llegar, abordar su nave, llevarnos a sus recientemente comprados amigos y enviar su nave directamente al sol. Será un accidente terrible y lamentable.

—Kef, no puedo esperar —gruñe Narut.

—Será peligroso —advierte Temari. —Lo más seguro es que tenga una tripulación completa con él. Eso quiere decir que habrá guardias y seguridad de primera.

—Me gusta el peligro —dice mi Narut, tronándose los nudillos. —Solo dame la oportunidad.

—No niego que este señoritingo necesita que le bajen los humos —dice Shikamaru.

—Pero no estoy seguro de tener el músculo necesario para hacerlo nosotros.

Espero desesperadamente que alguien alce la voz. Que alguien sea razonable y diga que no, que es demasiado. Que hay otros trabajos.

—Claro que lo tenemos —dice Narut, sonado ansioso por pelear. Mi roto y sediento de sangre Narut. —Este tipo no volverá a tocar a mi Hinata. Tenemos que acabar con él.

—Solo si todos estamos de acuerdo —dice Shikamaru. —¿Hinata?

—No soy de la tripulación. No realmente. No puedo decidir por ustedes —digo, y sueno tan calmada.

Narut me aprieta la mano, pero yo no le regreso el apretón. No importó que le pidiera que no dijera nada. Le dijo a los otros y ahora van tras Lord Unto. Es mi peor pesadilla hecha realidad. Saben que es peligroso. Solo no les importa.

—¿Pero y lo de La Espada de Obsidiana? —pregunta Ino. — Sai dice que escuchó un rumor que trataron de abordarlo hace unos meses y los hicieron pedazos. Partículas espaciales por todas partes.

El alma se me cae a los pies.

Narut solo se ríe, apretándome la mano.

—Su tripulación era un atajo de inútiles. La Espada no podía abordar ni una nave pilotada por gatitos. No sé cómo se les ocurrió tratar de atacar una barcaza completamente tripulada. Nosotros no somos tan estúpidos.

Los demás murmuran acorde, pero no los escucho. Solo puedo pensar en Lord Unto. Alguien tan brutal debe estar rodeado de guardias. Me han dicho que Narut y los otros son buenos peleando, pero no los conozco lo suficiente como para sentirme segura de eso. En lugar de ello, imagino lo que pasaría si intentaran abordar la nave y fallaran. Seré esclavizada otra vez. También Ino y Temari. A los demás los matarán.

Narut morirá.

Se me hace un nudo en la garganta y pienso en el hombre junto a mí. Recuerdo la sensación de su piel bajo mis dedos, la manera en que se estira cuando sonríe y como le vibra el pecho al reír.

Lo gentil y cuidadoso que es conmigo.

Si lo pierdo, me romperé por completo. Sé que ya estoy dañada, pero él es una de las pocas cosas que me mantiene cuerda.

No puedo perderlo.

Guardo silencio mientras los demás discuten planes y estrategias. Al parecer hay una manera de deshabilitar la barcaza sin exponernos a su radar. Una persona puede pilotar una cápsula de escape, la cual no aparecerá en el radar. Una vez lo suficientemente cerca, el piloto puede ponerse el traje y flotar hacia la nave. Le adherirá un sensor que hará que la nave dispare una alarma de motor, y mientras manda señales en falso, el Idiota se acercará discretamente y atacará. Narut, Sai y Shikamaru abordarán al instante, con Ino y Temari como apoyo. Lo han hecho docenas de veces antes, aparentemente, y por como hablan, a este punto ya es rutina.

Narut irá en la cápsula de escape. Será quien flote en el espacio en solo un traje, para adosar el sensor a la parte baja de la barcaza. Si lo encuentran, lo matarán al instante. De solo pensarlo se me hace nudos el estómago, aunque Narut sigue tomándome de la mano como si no fuera gran cosa.

Pero es una gran cosa para mí.

Y aun así guardo silencio. Solo escucho. Yo permaneceré con Sasuke en el puente, escuchando las frecuencias radiales para asegurarme que las fuerzas policiales no intervengan ni llamen refuerzos. Todo está planeado.

Escucho el chirrido de las sillas al levantarse la gente para marcharse. Narut me aprieta la mano. Cuando todo queda en silencio, señalando que estamos solos, me habla.

—Estás callada.

Aparto mi mano de la suya.

—Estoy bien.

No estoy bien. Estoy aterrada y furiosa. Les dijo de Lord Unto, incluso después de que le rogara que no lo hicieran, y ahora todos arriesgaran sus vidas para robarlo.

Pueden decir que lo hacen por dinero, o por las esclavas, pero sé que es porque yo hablé. Lo sé. Y Narut ocupará el lugar más peligroso. Intento imaginarlo flotando discretamente hacia la barcaza y me aterro.

¿Y si lo pierdo? He trabajado muy duro las últimas semanas para ser independiente, pero el solo pensar en perder a Narut me quita el aliento. No es que lo necesite para que me guíe por la nave o para que sea mi amigo.

Solo lo necesito. Necesito su presencia. Necesito su afecto y apoyo. Necesito más que ese breve beso de anoche.

¿Acaso me enamoré sin darme cuenta? Porque de pronto el estar en sus brazos se siente como lo más natural del mundo, y ahora me pregunto si estoy por perderlo.

Siento que me muero por dentro. La desesperación es como si fuera a perder la vista otra vez, pero esta vez lo que perderé será el corazón.

No puedo lidiar con esto. Me levanto y me marcho.

Escucho a Narut unos pasos más atrás de mí. No me habla hasta que me dirijo al camarote.

—Deberías ir al puente —me dice. —Ponte el cinturón. Perderemos gravedad al emerger, y no quiero que te hagas daño.

ÉL no quiere que YO me haga daño. Quiero echarme a reír (o a gritar) pero solo sigo caminando, manteniendo el rostro plácido.

—Tendré cuidado.

Narut suelta un ruidito frustrado, y espero escuchar sus botas alejándose, pero me sigue al camarote. Claro que lo hace. Es sobreprotector y dulce, y si cree que puedo correr el más mínimo riesgo, se asegurará que esté protegida. Justo como con este estúpido ataque a la barcaza.

No le importará si pierde la vida, y es lo que más me molesta. La amarga frustración y la impotencia me hierven en la sangre con cada paso. Para cuando llego a la puerta y toco el panel a tientas, estoy temblando de rabia contenida.

Él me sigue de cerca. Por supuesto. Luego que la puerta se cierra tras nosotros, Narut me agarra del brazo, volteándome.

—¿Por qué no hablas conmigo? —la irritación lo hace hablar secamente.

—No hay nada que decir —le respondo con dulzura. —No pasa nada malo.

Narut suelta otro ruido frustrado.

—¿Entonces por qué viniste a esconderte al camarote en lugar de ir al puente?

Me siento tentada a espetarle que es porque no quiero. Pero mantengo la expresión plácida y calmada. Tan calmada.

—¿Qué te hace pensar que hay un problema?

Él gruñe por lo bajo.

—Porque te conozco, Hinata. Sé cómo piensas, y sé que esto no es más que una fachada para ocultar tu miedo. No me dices lo que sientes porque tienes miedo y eso me vuelve loco. ¿Así va a ser entre nosotros?

—¿Cómo va a ser entre nosotros? —pregunto en tono ligero. Él no se equivoca, y no sé si me asusta o me molesta.

—No hagas esto —puedo sentir su mano en mi hombro. —No me ocultes lo que piensas. Muéstrame algo, ¡maldita sea! ¡Cualquier cosa! ¡No eres un robot, kef! ¡Sé que tienes emociones allí! ¡Deja de ocultarte de mí!

La rabia y mi miedo por él se me escapan a borbotones. Alzo la mano y lo golpeo.

O por lo menos lo intento. Siempre olvido lo alto que es y mi mano termina rozando apenas su mandíbula, pero el significado es claro.

Un silencio sepulcral cae sobre el camarote.

Una ola de miedo me inunda y me hace temblar las rodillas. No, no, no, grita mi cerebro. Ahora si es verdad que no estás a salvo. Quiero colapsar en un montón tembloroso de disculpas y obediencia.

Pero Narut no me deja. Se echa a reír con ganas, alzándome en brazos.

—Oh, no, nada de eso —murmura. —Es la primera emoción real que me has mostrado aparte de anoche. No tengas miedo. Dime que piensas, porque me encanta, kef. Vuelve a golpearme si quieres —hay una tonalidad extraña en su voz, una que jamás he escuchado, como si esto lo excitara.

Respiro profundo, porque no puedo decidir si su reacción me excita o es que solo estoy monumentalmente molesta. Le golpeo el pecho mientras me acuna contra él.

—¿Importa lo que piense? —golpe. Golpe. —Ya todo está decidido.

—Ciertamente —concuerda él.

Ahora él es el calmado y me enfurece. Vuelvo a golpearle el pecho.

—Te conté mis temores en privado. En privado. Y aun así fuiste y se lo contaste a los demás. ¡Prometiste que no lo harías!

—No pienso dejar que se salga con la suya —dice Narut, como si no hubiera discusión. Así que lo vuelvo a golpear, porque el muy bastardo no lo lamenta en lo más mínimo. —Lo siento, Hinata, pero tu seguridad es lo más importante para mí. Pagará por haberte lastimado, y me aseguraré de que no pueda lastimar a nadie más.

—¡Eso. No. Me. Importa! —con cada palabra, golpeo su hombro de nuevo. Se siente bien, y no puedo parar. Cierro el puño y lo golpeo. Mis golpes no son efectivos contra su armadura natural, pero mi objetivo no es causarle dolor, es sacarme esto de mi sistema. —¡Harás que te maten!

—No, no me matarán.

Su soberbia confianza me enfurece aún más.

—Estoy tan… furiosa contigo ahora. ¡Bájame!

—Me gustas furiosa —no suena afectado en lo más mínimo. —Y no importa lo molesta que te pongas, no cambiaré de opinión.

—¡Entonces que otro vaya en la cápsula! Que otro arriesgue el cuello. ¡Quédate en la nave conmigo! —aferro su túnica porque quiero ahorcarlo. No sé cómo deshacerme de toda esta energía frustrada, así que aferro puñados de su camisa y tiemblo de la rabia. —¡No lo hagas por probar un punto!

—No es por probar un punto —dice Narut. —Es porque te amo y eres mía.

Ahogo un grito. Por un momento quiero golpearlo y besarlo a la vez. Las ganas de besarlo ganan, y suelto una mano de su túnica, tanteando hacia su mandíbula, y esperando que él comprenda mis intenciones.

Gruñe por lo bajo y entonces posa sus labios contra los míos gentilmente. Pero quiero algo más que gentileza, porque todas las emociones embotelladas se me están saliendo por los poros. Lo aferro por la camisa, apretando mi boca contra él casi salvajemente. Estoy hambrienta y necesitada, y acaricio sus labios con la lengua, demandando la entrada. Quiero darle un beso le que transmita toda la frustración y las emociones que siento. ¿Quiere que le muestre algo? Le mostraré todo. Así que lo beso con fuerza, lastimándonos los labios al entrechocar los dientes. No es educado, ni dulce, sino fiero, furioso y despiadado.

Y bueno. Oh, tan bueno.

Continuará...