Palabra: culpa.


La historia del reino Shirakumo

I had all and then most of you
Some and now none of you
Take me back to the night we met
I don't know what I'm supposed to do
Haunted by the ghost of you

The Night We Met, Lord Huron


Cuando Izuku despierta, descubre a Kacchan con una pierna encima de Shouto y al príncipe aferrado a su brazo. Lo despierta al intentar moverse. Lo ve desperezarse y en el proceso despertar a Kacchan, que gruñe con los ojos cerrados.

—Es muy temprano.

—No sabes qué tan alto está el sol, Kacchan.

—Es muy temprano, Izuku, cállate.

Intenta subirse la manta del futón por encima de la cabeza, pero Shouto lo evita sin querer al estirar los brazos hacia arriba.

Kacchan vuelve a gruñir.

Izuku elige ignorarlo. Es lo mejor por las mañanas y se pone en pie saltando los dos cuerpos. Busca su camisa y su chaleco entre las cosas tiradas en el suelo y, cuando intenta ponérselo, Shouto lo agarra por la muñeca.

—También tienes pecas en la espalda —murmura.

Izuku sonríe.

—Unas pocas. No demasiadas. Pero están allí. Y en el pecho.

Shouto sonríe. Todavía está medio adormilado y parece que su cerebro tiene problemas para despertarse.

Una de sus manos aferra la muñeca de Izuku, la otra toca su espalda.

Tiene la tentación de reírse. Kacchan está entre ellos, con los ojos cerrados y apretados, intentando dormir. Shouto está medio incorporado en el futón, tanto como puede, estirado. Eso no puede ser cómodo.

—Es demasiado temprano —repite Katsuki. Con menos fuerza que la vez anterior y a punto de rendirse.

Shouto por fin lo suelta y se concentra en Kacchan.

Izuku deja de mirarlos por un momento, mientras se pone la camisa y el chaleco y cuando voltea Shouto se ha dado la vuelta, está mirando directamente a Kacchan. Y tiene el dorso de su mano sobre su mejilla.

—Es un milagro que no haya intentado morderte —le dice Izuku— para que lo dejes en paz.

—Lo mordería de vuelta —replica Shouto y la manera en que lo dice es tan seria que Izuku sólo puede sonreír.

Nota como a Kacchan se le hace más difícil mantener los ojos cerrados y fingir que sigue dormido. Se ríe. Al principio intenta ocultarlo y luego ya no.

Shouto le recorre la mejilla con los dedos.

—Déjame verte, Katsuki.

—Me estás viendo, deja de joder.

—Abre los ojos —pide Shouto. Hace una pausa—. Por favor.

Katsuki gruñe.

—Por favor.

Izuku sólo está viéndolos y conteniendo las ganas de volver al futón y enredarse entre ellos. Pero si no se levanta él, nadie va a levantarse. Y tienen que habar con Aizawa.

—Por favor, Katsuki.

Katsuki los abre de golpe.

—No sabía que los príncipes rogaban.

Shouto lo besa.

—Algunos sí.

Izuku aprovecha que Kacchan tiene los ojos abiertos para agarrarle un brazo y jalarlo. Puede moverlo un poco.

—Vamos, Kacchan. Shouto. —pide. Más bien, ordena, pero todavía tiene una sonrisa en la cara así que puede convencerlos de que se levantan por voluntad propia—. Iré a preguntar si Aizawa está por aquí.

—¿Aizawa?

El cerebro de Shouto necesita más aire para despertar.

—Es un caballero errante. Algo así. Parece mercenario, pero no hace cualquier trabajo.

—Fue el primero que nos enseñó a usar la espada —espeta Kacchan y por fin, por fin, se incorpora tallándose los ojos—. Es del norte, pero no parece. Demasiado tiempo en las praderas.

—¿Del norte? —Shouto también vuelve a incorporarse y de hecho se pone en pie, saltando a Katsuki para buscar su propio chaleco y su camisa—. ¿De qué reino?

Kacchan intercambia una mirada con Izuku. Alza una ceja. Adivina lo que está pensando. La respuesta tarda y Shouto los mira ambos. ¿Intuirá que algo pasa?

Al final, Izuku suspira.

—Nació en el reino de los Shirakumo.

El reino de las nubes.

Es muy claro para Izuku que Shouto comprende el porqué de la duda, la mirada intercambiada.

—Ya nadie habla de los Shirakumo —dice Shouto y se muerde un labio.

Izuku asiente. El reino de las nubes es ya un reino fantasma. Nadie sabe en realidad qué ocurrió. Nunca ha ido al norte, pero dicen que allí no queda nada vivo. Una maldición o algo peor.

—Bueno —corrige Shouto—. Nadie habla con mucha audiencia. Los chismes corren por las cortes.

—¿De verdad?

—Izuku… —interrumpe Katsuki, alzando una ceja. «¿En serio?», le está diciendo. Pero Izuku sólo tiene curiosidad. Quiere saber. Ningún bardo canta la tragedia de los Shirakumo porque no quedó ninguno que la viera con sus ojos. O eso cuentan. Izuku tiene otras sospechas.

—Vamos, en las aldeas sólo sabemos que el reino murió. Todo. La tierra, la gente, los animales, las plantas —dice Izuku—. ¡Nos enteramos meses después! Cuando los viajeros empezaron a contarlo.

—Yo no sé mucho —admite Shouto—. Lo que saben las demás cortes, supongo. Nadie sobrevivió así que nadie sabe los detalles.

Izuku se muerde el labio. Siempre que sale la historia sospecha que Aizawa sabe cosas, pero no cuenta nada.

—Pero en las cortes suelen saberse cosas que no llegaron tan lejos, a las aldeas. Cosas que se hablaban sin los sirvientes cerca, para evitar los chismes —sigue Shouto—. El heredero murió antes de la maldición.

Oboro Shirakumo. Todo el mundo le decía «El heredero» porque era el único hijo que los Shirakumo habían logrado tener. Un milagro. Las historias lo situaban como carismático, agradable, definitivamente material real. Pero sus padres habían muerto en un atentado. Los asesinos se habían hecho pasar por parte de su guardia. Los habían asesinado en sus camas. De ahí en adelante, las historias solían variar. Quienes se atreven a contarlas —nunca los bardos— las modifican a su antojo. Después de todo, no queda nadie vivo que pueda contradecirlos. Los más dramáticos dicen que el heredero mismo encontró los cadáveres y juró venganza. Otros aseguraban que fue una de las damas de la reina quien vio primero a los muertos y soltó un grito que resonó en todo el palacio. Nadie conoce la verdad, entonces.

Nadie, nunca le había contado a Izuku que El heredero había muerto antes de que la maldición se extendiera por su reino.

Era muy joven, dicen las historias. Un rey de cabello azul claro que controlaba el cielo. Las nubes mismas se arrodillaban ante él.

—No sé bien la historia. Le pregunté a mi hermana pero no le gusta hablar de eso —explica Shouto. Izuku también sospecha que no tenía demasiado tiempo para hablar con ella—. Dicen que un día llegó un mensajero contando que el rey había muerto sin heredero. Un ataque al palacio. Que un miembro de su guardia había intentado defenderlo y se había negado a creer que estaba muerto. —Shouto se encoge de hombros—. Supongo que los nobles se emocionaron al pensar en un reino entero sin heredero. Pero las siguientes noticias fueron sobre la maldición.

Izuku sonríe.

Kacchan lo nota y, al ponerse en pie, le entierra una mano en el cabello y lo desacomoda.

—No sabía esos detalles —admite Izuku.

—Tampoco importan tanto —dice Shouto—. Son sólo chismes. Para pasar el tiempo. El Reino Shirakumo está muerto.

Ya no queda nada en sus tierras.

Shouto sacude la cabeza para acomodarse el cabello y le alcanza su capa a Katsuki, que se la acomoda en los hombros. Izuku ve como la mano de Shouto se detiene un momento demás en sus hombros, en la parte de las pieles.

—Vamos —dice.

Afuera descubren que Rumi no mintió. Aizawa está hablando con uno de los miembros de la tribu. Parece tan desganado como siempre, pero Izuku puede observar una cicatriz nueva, debajo de su ojo derecho. Demasiado nueva, todavía se ve bulbosa. Hizashi Yamada no está muy lejos. Izuku no lo ve, pero oye su canto. Seguro está entreteniendo a los niños.

Cuando se acerca es cuando ve al gato. Está sobre uno de los hombros de Aiazawa y agita dos colas. Izuku no había visto nunca un gato de dos colas. O de tres, para el caso. Ese tiene cara de aburrido —aunque nunca ha sido muy bueno entendiendo los sentimientos de los gatos— y tiene el pelaje de un color morado oscuro.

Esperan alrededor hasta que Aizawa se desocupa, el gato baja de un salto por su hombro. Izuku es el primero en acercarse.

Aizawa rueda tanto los ojos al verlos que Izuku cree que se le quedarán blancos para siempre.

—Adolescentes problema.

—Tenemos veinte —aclara Kacchan, frunciendo el ceño.

Aizawa no comenta. Sólo alza una ceja al ver a Shouto con ellos. Es obvio que su mirada se detiene más tiempo en él.

—Y son tres.

Izuku carraspea.

—Él es Shouto.

—He oído que el príncipe Todoroki tiene el cabello de dos colores. Blanco y rojo —apunta Aizawa, dejándoles en claro que conoce su identidad—. Todos los mercenarios lo buscan. —No le despega los ojos de encima—. Y ustedes deciden esconderlo a simple vista.

—Estamos buscando a unos mercenarios. —Izuku le sonríe.

Sabe que en el fondo Aizawa se preocupa por ellos. No en vano les da consejos y ha buscado protegerlos siempre que ha podido. Aizawa estuvo en la partida de búsqueda que buscó a Kacchan cuando se lo llevaron.

El caballero errante alza una ceja.

—Necesito más información.

—Vamos a otra parte —dice Kacchan.

«Otra parte» resulta ser de vuelta en su tienda.

Ocupan la alfombra. El gato de dos colas se queda en la puerta, lamiéndose las garras.

—¿Y bien, niños problema?

Kacchan señala a Shouto, sentado en medio, que no se da cuenta hasta momentos más tarde y suelta un respingo. Recupera la compostura demasiado rápido y abre la boca.

—Unos mercenarios me capturaron. Hace tiempo. Semanas. Uhm. —Shouto suspira. A Izuku le parece que está intentando con mucha fuerza poner en orden sus pensamientos—. Había uno con cicatrices. En el rostro. Creo que en los brazos también, pero no alcancé a ver. Quizá debí de… Bueno, el rostro. La mitad de su rostro. —Shouto hace un gesto señalando parte de sus mejillas hacia abajo y luego debajo de los ojos—. Piel quemada unida con metal al resto de su piel. Ojos azules. Había alguien más, pero no lo vi. —Frunce el ceño, parece esforzarse demasiado por recordar. Izuku nota que su respiración se agita más. En un impulso alza una mano y la pone en su hombro. Al principio el príncipe reacciona con el contacto, sube el hombro en un reflejo, pero al final su respiración se relaja un poco—. El de la piel quemada ahm. Le decían Dabi. Oí que alguien. Pero…

—¿Algo más?

—Creo que tiene magia de fuego.

—¿Crees?

—No podría…

—¿Lo viste usarla? —interrumpe Aizawa.

—No.

El caballero entorna los ojos. Izuku lo ve, preocupado.

—¿Cómo te capturaron?

—Un hechicero… Estábamos en la ciudad amurallada. No sé cómo pasó. Recuerdo. Negro. Mucho negro. ¿Un portal?

Las cejas de Aizawa prácticamente están tocándose.

—¿Cómo sabías?

—… ¿Qué?

—¿Cómo sabías que su magia era el fuego? —pregunta Aizawa. Voz fría. Directa.

Shouto lo mira directo a la cara. Kacchan frunce el ceño y alterna sus ojos entre los dos. Izuku está evaluando lo que ocurren.

—Intuición —dice Shouto.

Izuku detecta la mentira en su voz. No es sólo que sepa que es mentira, porque él y Kacchan saben que cree que es Touya. Es que la ve en la manera en la que no le puede sostener más tiempo la mirada a Aizawa, en sus manos, en su respiración, en su tono.

Aizawa también lo ve y por un momento no dice nada.

Lo examina.

Y entonces se detiene en su rostro.

Se inclina hacia ellos y sin aviso, agarra a Shouto por la barbilla, obligándolo a alzar la mirada. Es apenas un momento en el que le ve los ojos.

Luego lo suelta.

Aizawa aprieta los labios.

—Supongo que los muertos no se pueden quedar muertos. Mmm.

—¿Cómo…?

El caballero le señala el ojo izquierdo.

—Es del mismo color. Y dijiste magia de fuego. Conocí a tu hermano. De lejos. Aún era un niño. Muy niño. No lo había pensado hasta que… ¿Dijiste algo sobre portales?

—Sí —dice Shouto—. Un portal negro.

—Como una nube negra.

—Algo así.

Aizawa asiente.

—Sé a quienes buscan.

A Izuku se le enciende el rostro. Es una pista. Shouto parece estar pensando en algo.

—Si conoció a mi hermano, eso significa que… —Traga saliva. Ve a Aizawa directo—. Estuvo en las cortes.

Aizawa aprieta los labios.

—¿Cierto? —insiste Shouto.

Izuku no sabe hasta dónde quiere llegar porque ese es el primer atisbo que tiene del pasado de Aizawa en años. Sólo saben que es un caballero errante y que es terriblemente fiel a Yamada —y viceversa—. Nada más. Además del detalle del reino que nació.

Asiente ante la pregunta de Shouto.

—¿Cómo un miembro de la corte sobrevivió a la maldición del reino Shirakumo…?

—¿Cómo…? —Aizawa se interrumpe al ver a Izuku a Kaccha—. Claro. Ustedes sabían de dónde soy.

—No que fueras un perro de la corte —espeta Kacchan.

—¿Cómo sobrevivió un miembro de la corte a la maldición? —insiste Shouto.

—No estaba allí cuando ocurrió —dice Aizawa.

—¿Por qué fuiste al reino Todoroki? —insiste Shouto.

—Era un soldado. En ese entonces —dice Aizawa—. Y no veo que tiene que ver esto con…

—Sólo el príncipe Shirakumo visitó la corte. ¿Hace diecisiete años? —La pregunta es más para sí mismo—. Da igual. Un año antes de que muriera, menos, no sé. Yo era un niño entonces. Mi padre me mantenía apartado y nunca vi al príncipe Shirakumo ni a su guardia. Pero sé que estuvieron allí. Eso quiere decir que…

Aizawa le sostiene la mirada.

Izuku entiende lo que Shouto está implicando.

Era parte de la guardia del Heredero. Y eso sólo significa una cosa.

—Tú sabes qué ocurrió —dice Izuku. No es una pregunta—. No con la maldición. Con el Heredero. Tú tienes ese secreto.

Puede ver a Aizawa poniéndose a la defensiva. Tiene el mismo lenguaje que un gato. La manera en que se crispa y frunce los labios no le deja a Izuku lugar a dudas: tiene razón.

—Nunca le pregunten nada a Hizashi. Nunca —espeta—. Si lo hace, se arrepentirán para el resto de sus días. ¿Entendieron? —Eso va más dirigido a Izuku u a Katsuki—. Es en serio.

Izuku asiente.

—Clarísimo.

Shouto no deja de mirarlo.

—¿Por qué no contar la verdad? —pregunta. Izuku no sabe si es demasiado valiente o demasiado estúpido para seguir indagando—. El reino ya estaba muerto. —Aizawa le dirige la misma mirada que le dirigiría a un montón de estiércol, pero Shouto es firme—. Eras parte de la guardia del heredero…

—Es mi secreto —interrumpe Aizawa y su voz sale como un siseo—. Yo no voy a preguntarte qué haces buscando a tu hermano muerto.

Shouto desvía la mirada.

Izuku aprieta la mano sobre su hombro.

—Sólo quiero saber. —Hay un tono más débil en su voz, más afectado que hace unos momentos—. Si es él. No estoy seguro.

Aizawa suspira.

—¿Ese grupo que buscan? Tiene un nigromante. Experto en volver a la gente a la vida según sus caprichos. O en sanar a los que están casi muertos. Pero todo lo que toca lo arruina. Lo condena a la destrucción. —Sacude la cabeza, dándose cuenta de que ya se fue por la tangente—. ¿Crees que es tu hermano muerto? Es tu hermano muerto. Casi seguro.

Izuku no puede contener la pregunta dentro de sí.

—¿Tú a quien buscas?

Aizawa lo mira. Izuku siempre creyó que tenía los ojos duros, resultado de la severidad con la que enseñaba a jóvenes a usar la espada, pero ahora se da cuenta de que siempre han sido ojos tristes. El caballejo busca algo en una bolsa colgada a su cinturón y se la arroja.

Es un sello, con el emblema de los Shirakumo. La nube blanca sobre el cielo abierto.

—Fue lo único que quedó.

¿Venganza?, piensa Izuku.

No.

Es otra cosa.

Hay tristeza en sus ojos y con ella se mezcla la culpa. Es la misma que Izuku ha visto en los ojos de su madre cuando alguien habla de su padre perdido.

Izuku abre mucho los ojos y siente a las lágrimas juntarse.

—Ni una palabra —espeta Aizawa, poniéndose en pie.

—¿Crees que está vivo?

—No. No lo creo —responde—. No sé si hay algo vivo bajo… Mitsuki mencionó que partirán al atardecer —dice, cambiando de tema radicalmente—. Pueden venir con nosotros. Creo que tengo un rastro sobre ese grupo de mercenarios que buscan.

—Lo siento —murmura Izuku. No tiene fueras para pararse.

—No lo sientas. Pasó hace mucho tiempo.

Izuku sabe que, así como Shouto asegura que su hermano está vivo, una parte de Aizawa confía en que quede algo qué salvar de Oboro Shirakumo, el Heredero.


Notas de este capítulo:

1) Nunca me contengo a la hora de meter la historia de Shirakumo, esta es la más obvia hasta el momento. La cosa de los AU es que puedes reinterpretar las cosas como quieras.

2) Me encantan los pequeños momentos todobakudeku, como toda la escena al despertar porque demuestran que están cómodos con el otro. De momento. Nada asegura que no la van a cagar en el futuro cercano.

3) Siento que estoy escribiendo más lento porque ya empezó mi proceso de soltar esta historia y todavía me faltan siete capítulos. AH. Espero que hasta este momento se hayan divertido o hayan sentido algo leyéndola.


Andrea Poulain