Capítulo veinticuatro: Todas ellas
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"Son perfectas... Cualquier hombre será feliz con ellas, porque han sido criadas para sufrir"
-Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez
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Estaba sentada sobre el lomo de Fuuma, deambulando por el Pantano de la Cruz con insomnio, cumpliendo su tarea diaria.
Ella y Joel se habían conocido allí; ella lo recordaba, él seguramente murió creyendo que no.
Él murió, ella lo mató.
Ella había conocido a Fuuma mucho antes, quizás un año antes, cuando permanecía bajo la tutela de Aaron, previo a asumir como Pilar. Ella supo quién era él siempre, ella supo que algún día lo asesinaría con sus propias manos y no le tembló el pulso al arrebatarle la vida. Ella siempre terminaba por acabar con todos, aunque quisiera mantener a alguno de ellos a su lado.
Claro, la misma vieja y aburrida historia de siempre.
-Grrrr.
El zorro se detuvo y ella terminó con sus cavilaciones internas, aún debía serle útil al Infierno para limar asperezas y salir del foco para concentrarse en sus verdaderos objetivos.
-¿Qué hueles, Fuuma? -inquirió, ella podía comprender a las bestias incluso si no entendía sus palabras.
Una hembra preñada, también huele a sangre y miedo, le transmitió el zorro.
-¿Un demonio? -sintió curiosidad.
Huele a barro, hiervas y a cadáveres, respondió. Es mucha sangre, de distintos dadores. Ella palmeó su cabeza y el zorro apresuró el paso en dirección a la extraña mezcla de olores. Luciana se hacía una idea de lo que encontraría allí, aquella extraña mezcla no está tan extraña, era más normal de lo que uno podía imaginar.
Aquella sección del pantano poseía árboles secos y despojados de sus hojas, con troncos de un marrón grisáceo enfermo y un suelo infértil grumoso. Habían muchos huesos desparramados por el suelo, restos y sobras de los demonios. Ella observó el cielo, era un día nublado y parecía que pronto llovería.
Es allí, señaló el camino delante con su nariz. No escucho ruido, pero sus latidos son claros, está con vida. Ella asintió y desmontó a la bestia demoniaca oriunda del Pantano tan temible. Caminó con cuidado, su presencia oculta y su respiración controlada para no alertar a su presa. Se escondió detrás un árbol mohoso, observó el suelo con marcas de fuego y las ofrendas dentro de él. Una bruja, una bruja dedicada a la magia negra estaba dando a luz en el Pantano. Observó su rostro sudoroso, sus piernas desnudas y los colgantes en su cuello, el trozo de tela entre sus dientes que amortiguaba sus alaridos de dolor y Luciana se preguntó si su hermana sufrió del mismo modo al alumbrar a su pequeño sobrino. El vientre de la bruja estaba cruzado por marcas hechas con sangre, el contrato con el demonio en el cual cedía a su progenie al Infierno como muestra de lealtad, de adoración hacia el carnero.
Un último esfuerzo, un último pujido y Luciana observó al niño arribar a la luz, el cordón umbilical aún uniéndolo a su madre y los restos de placenta y sangre sobre su pequeño y rosado cuerpecito. Ella frunció el ceño, era la cosa más… extraña que jamás había visto. La bruja respiraba agitadamente, exhausta debido a la tarea para la cual todas las hembras solían estar destinadas.
Decidió que era suficiente, el acto, el cual había presenciado ella algunas veces más en el pasado, siempre le dejaba un sabor amargo en el paladar. No entendía, ella jamás entendía cómo las brujas podían entregar con tanta facilidad el fruto de una tarea tan ardua y duradera. Nueve meses en el vientre, un alumbramiento lleno de dolor y ellas entregaban a sus hijos como si nada. No lo entendería jamás, nunca en su vida.
Si ella tuviese uno, un niño o niña, no podría entregarlo a menos de que fuera sobre su cadáver, luego de luchar mucho más de lo que ellas luchaban en el parto, y por más tiempo del que ellas lo cargaron en su vientre.
Sin embargo, ella jamás tendría la oportunidad de probar aquello, porque jamás podría alumbrar ni gestar algo en su podrido e inútil vientre.
-Busca el rastro de algún humano. -le pidió a Fuuma, luego de regresar a su lado- Estoy segura que hoy trajeron algunos para almacenar su sangre y devorar sus carnes, se acerca el fin de ciclo lunar y todos pierden un poco la cordura.
Entendido, asintió con obediencia. Ella rascó detrás de su oreja, el zorro gruñó extasiado y aquello le recordó a sus hermanos mayores.
Yo nunca, jamás, los dejaría ir tan fácilmente… No sin antes dejar mi vida en ello, fue el último pensamiento que le dedicó al tema en cuestión.
…
Sakura jamás había conocido a Mirko, para ser sinceros, ella jamás conoció a ninguno de los señores demonio si Aaron tenía algo que decir en ello. Sí se cruzó con algunos siervos, algún que otro esbirro en su camino mientras cumplía con las misiones de Aaron y mientras ella recolectaba los objetos que necesitaba para- bueno, en fin. Había tenido el placer de conocer a varios de ellos en el transcurso de aquél año, no le extrañó darse cuenta que todos ellos compartían, al menos, tres rasgos en común.
El primero, eran desesperante mente hermosos. Bellos, perfectos, combinación genética envidiable. Y Mirko no era la excepción. Con ojos tan brillantes que parecían sacados de una película de fantasía, un rostro con rasgos afilados y proporciones justas. El cabello marrón oscuro con reflejos cobrizos, un rastrojo de barba cuidado y masculino, moderno. Su forma demoníaca lucía imponente, alas aterradoras y piel medianoche, ojos color carbón y su cabello aún peinado a la perfección. Un ser sacado del Infierno.
Ser poderoso, por supuesto, era la segunda cualidad. Los señores demonios eran pertenecientes a la casa principal, sangres puras y con más de doscientos años todos ellos. No inmortales, pero sí longevos en demasía. El poder corría por sus venas junto con la sangre, como el título de la corona con la sangre azul. Mirko no escondía su presencia, ella podía sentirla tan clara en el aire como la atmósfera previo a una tormenta eléctrica. Igual que aquél siervo con un cuerpo mejorado, pero multiplicado por cinco.
Lo observó, los observó a ambos, a él y su doble. ¿Un clon? ¿Una copia? ¿Un juego de humo y espejos? Pero ella lo había observado recibir golpes de Tomoyo, el humo no se había disipado y el espejo no se fracturó en cientos de pedazos. Luego del primer ataque, la gran bola de humo, la copia tomó el lugar del original y Mirko se escondió entre las sombras con su presencia oculta, la copia adoptando su postura a la perfección.
-¡Cuidado!
Y el original estaba en la espalda de Tomoyo, con sonrisa de miedo y garras ansiosas de capturar a su prima.
Ella disparó dos balas, Espada convertida en una semiautomática Bersa Thunder nueve milímetros que disparaba balas creadas con su propia energía mágica contaminada con la sangre de Aaron; era letal.
Tomoyo se quedó congelada en su lugar, la observó directamente a los ojos e incluso parecía algo temerosa.
-¡Detrás de ti! -advirtió al verla shoqueada.
La primera bala impactó contra su hombro derecho, la segunda rozó su cuello y ella vio el hilo de sangre mientras el demonio alado retrocedía. Ella disparó una tercera bala hacia la cabeza de la copia, ésta se deshizo en un humo ciruelo y ella se posicionó junto a Tomoyo, las alas blanquecinas de su prima contrastando junto a las suyas oscuras debido a su sangre combinada con la de Aaron.
-…Sakura. -murmuró su prima y ella sabía que Mirko lo oyó claramente, la idea de pasar desapercibido yéndose por el caño.
Sus ojos se tornaron oscuros, las venas resaltando alrededor de éstos. Se quitó la gorra que sujetaba sus cabellos castaños, levantó el mentón con un porte seguro frente al escaneo del señor de Francia.
-El Puen Tum y la bruja de las cartas amada por nuestro señor, Francia ha sido honrada esta noche con su presencia. -comenzó a carcajearse.
Tercero y último, todos ellos creían que capturándola, ganarían puntos extras con Aaron. Y claro, todos ellos estaban en lo cierto. Sin embargo, tal vez sólo Pía estaba al tanto de los experimentos que el gran demonio llevó a cabo con ella. El resto, el resto sólo la veía como la muñeca rebelde que había escapado del baúl de los juguetes, como si él hubiese colocado un cartel con una recompensa.
-Piénsalo de nuevo. -sugirió ella, volviendo a apuntarlo con Espada convertida en arma- Honrar no es a lo que hemos venido, toda tu amada Francia podría arder esta noche. -advirtió mientras observaba a su prima de reojo, sin saber exactamente qué es lo que estaba haciendo allí.
Tal vez sí, tal vez sí había un precio a cambio de ella, pero no dejaría que nadie lo lograse.
Su prima pareció reaccionar con aquellas palabras, porque levantó su arco y apuntó nuevamente al demonio.
-No tienes que ser nuestro enemigo. -le dijo- Dime dónde está, mi batalla es con ella, mi guerra está en África y no aquí, en Europa. -su voz fluía con seguridad, decidida.
-Nos dices dónde está ella y nos marchamos, sin problemas contigo. -se atrevió a agregar ella, necesitando que Francia se mantuviera marchando con normalidad para descubrir qué había en los túneles. También necesitaba que Tomoyo se marchase, todos estaban detrás de ella, también.
Mirko frunció el ceño y las observó condescendientemente, altivo. Sakura estiró el dedo sobre el gatillo, se preparó para una balacera.
-Ana no huye de ti, pequeño Puen Tum. -aclaró en dirección a su prima- No vengas a mi tierra, tú, una forastera, con aires de-
Su prima disparó, la flecha de luz pasó junto a la mejilla del demonio, pero éste ni siquiera se molestó en esquivarla.
-Con aires de todopoderosa. -concretó su oración a medio terminar- Te faltan varios años por vivir y muchas batallas por luchar para plantar cara a uno de nosotros, a amenazarnos-
-¿Amenazar? -lo interrumpió, esta vez con su propia diatriba- Le estoy advirtiendo. -corrigió ella- No tengo nada que perder, todo por ganar si los enfrento. -avanzó, ella volvió a levantar su brazo y apuntar al demonio- Mi victoria tardará un tiempo, estoy segura, pero los enfrentaré a todos ustedes y no me temblará el pulso.
Y disparó, Tomoyo disparó una flecha. Mirko la esquivo, Tomoyo cambió el arco por una vara y se lanzó hacia el demonio. Observó el ángulo de sus codos, el espacio entre sus manos sobre la vara, predijo la patada en su pierna izquierda y Sakura supo que su prima no era la misma niña que vestía vestidos con holanes en Tomoeda. Decidió cubrirle las espaldas desde la distancia, parecía ser que esta era una batalla que su prima debía luchar por sí misma.
El señor de Francia no tenía un arma, pero encontraba cada golpe con sus garras y lanzaba manotazos con esperanza de rasgar algo de su prima. Se mordió la lengua al sentir las ondas purificadoras que expedía su prima, seguramente con el objetivo de afectar a su enemigo. Ella misma sintió la sangre arder debajo de su piel, su cabeza palpitar.
Una explosión llamó sus atención y observó al trío luchando contra el siervo mejorado, Eriol había sido lanzado contra un árbol junto con Shaoran, pero el siervo de París ardía en llamas anaranjadas. El caballero de su prima se encontraba de rodillas detrás del siervo, una espada atravesando su tórax, exactamente en el pecho; siete centímetros hacia la izquierda y todo habría acabado para él.
-Tienes una ventana. -escuchó ella a través del auricular en su oído, era la voz de Marco- Aprovéchala, escapa.
Observó hacia el Este, él estaba en la azotea de un edificio de apartamentos.
-¡Amads! -gruñó Eriol, una herida en su sien derecha sangraba y dejaba corriendo un riachuelo carmesí a un lado de su rostro.
Ella soltó un disparo hacia Mirko, Tomoyo había bajado la guardia al oír a su acompañante.
-¡Tómalo contigo y llévatelo de aquí! -espetó ella en la dirección del trío.
-Vienen los refuerzos, podrían usar la puerta de la Torre para traer todo un ejército. -le advirtió el mago italiano- ¿Piensas tirarlo todo a la basura luego de todo este tiempo?
Levantó su mano hacia el cielo, dos pequeñas bengalas de fuego salieron disparadas, la señal de refuerzos que había acordado con Kero. Lo sintió emerger desde el Sur, cuatro presencias desconocidas desde el Norte y ella supo que vendría muchos más.
-¡Llévatelos! -le ordenó a su guardián- ¡Cruza la puerta y llévatelos a un lugar seguro!
Le dio la espalda a su prima, pudo vislumbrar dos autos provenir a toda velocidad en su dirección, eran los refuerzos de Mirko. Tres cartas se materializaron frente ella: Disparo, Gemelos y Laberinto.
-¡Necesitamos ganar más tiempo! -les hizo saber a sus cartas- ¡Deténganlos! -ordenó y las tres partieron hacia el Norte.
Se volvió hacia el demonio y su prima, Mirko la estaba sujetando por sus cabellos y su prima tenía el labio partido.
-¿En serio creíste que podrías vencerme? -gruñó él, su aliento fétido justo sobre Tomoyo. Ella apretó el gatillo, él bloqueó la bala con el cuerpo de su rehén, el proyectil impactó sobre el brazo izquierdo de su prima- ¿Quieres disparar una vez más y ver dónde impacta la siguiente bala? -la desafió- Adelante. -él sonrió, una sonrisa perfecta- Te reto.
Espada se desvaneció entre sus manos, ella quedó desarmada.
-¿Quieres jugar conmigo? -inquirió ella, tratando de ganar tiempo- Déjala a un lado, yo puedo darte más diversión y lo sabes. -sonrió con sorna- Aaron mencionó que te gusta enfrentar enemigos poderosos, siempre insististe en un encuentro con él. -mencionó- Pero él jamás vino a ti, jamás vino a París.
Su pecho comenzó a arder a medida que el sello de su contrato se expandió por su cuerpo. Su esternón, sus hombros, sus brazos y espalda, su cadera y vientre.
Kero estaba con Shaoran y Eriol, Amads los estaba observando desde el suelo y ella supo que, ahora sí, no iría a ninguna parte mientras Tomoyo estuviera entre las garras de Mirko. El siervo seguía ardiendo, pero no estaba completamente vencido. Laberinto estaba reteniendo dos de los esbirros, Disparo y Gemelos estaban entreteniendo un tercero, pero el cuarto se escapó y estaba yendo tras sus amigos.
-Pero él me enseñó todo lo que sé. -llevó una mano hacia su pecho, el sello sobre su cuello y rosando sus mejillas- Y puedo mostrárselo todo... -ofreció, seductora- Puedo darte un encuentro, un mejor encuentro que mi prima.
Gracias a Dios, Tomoyo mantenía silencio y se dedicaba a observar su movimiento.
-…¿tú? -la burla en su voz sólo la incentivó a mejorar.
-Madre no va a estar contenta con esto. -fue la última advertencia de Marco, silencio radial fue todo lo que recibió después.
Sus ojos se tornaron obsidianas, iguales a los del señor demonio de aquellas tierras, su cuerpo entero fue cubierto con las llamas negras de tinta y ella sacó las cuchillas escondidas en sus muslos.
-¿Quieres tener… -inclinó su rostro sonriente a un lado- a la bruja de las cartas? -inquirió ella- Entonces, ven por mí.
…
Escupió la sangre acumulada en su boca y volvió a observar a las alturas, la sangre en sus venas ardiendo con furia al ver las manos de aquél señor demonio sobre su protegida.
-Dulce, ¡ya voy por ti! -le informó, una mano sobre la empuñadura de la espada en su pecho, reuniendo la fuerza para arrancarla fuera de sí.
-Toma a Eriol. -ordenó ella, congelándolo en su sitio- Y a Shaoran, también. -agregó.
-¿Qué locura cruza tu cabecita ahora, Tomoyo? -gruñó él y jaló del arma- ¡AHHHHHHG! -exclamó con dolor.
Arrojó la espada al suelo, cubrió la herida abierta con ambas manos, ahora debía esperar un minuto o dos para que cerrase. La que estaba clavada en su hombro no dolía tanto como la que había arrancado, tenía algunas costillas astilladas y aquello ardía con un dolor sordo.
-Sakura tiene un plan, quiero ver hasta dónde llega. -se explicó brevemente, él la observó a la distancia siendo sujetada por Mirko, pegada a su pecho- Si tenemos que escapar, será más fácil si tú y Eriol están juntos. Abriré dos portales, cruzaremos al otro lado.
Él no le creyó mucho, ella sólo le decía lo que él quería oír y ambos lo sabían.
-Sé un buen caballero. -oyó la voz de la otra en su mente, sacándolo de su eje- Haz lo que te ordeno.
Arrancó la segunda espada, la sangre dejó de emanar de su pecho y los sellos morados grabados en su cuerpo con la sangre de Tomoyo comenzaron a brillar debajo de sus ropas, él supo que las heridas habían sanado con mayor rapidez debido a Tomoyo y él se preguntó si ella sentía el dolor infligido sobre su carne.
-…m-me la-s… me-e las paga-rán. -masculló Martin, el siervo de París, mientras las llamas se consumían lentamente.
Él caminó hacia ambos magos, quienes mantenían sus ojos en los cielos, junto con el guardián de Sakura.
-Un esbirro cruzó las cartas y viene hacia aquí. -advirtió el león alado en su dirección- Laberinto está conteniendo dos más, no sé cuánto resista Disparo con el otro si Sakura no-
-Y-yo me encargo. -lo interrumpió- Mueve tu culo, Harry. -masculló entre dientes, llamando la atención de ambos magos- Ya oís-te, tenemos tra-bajo.
Eriol lo observó con ojos sospechosos, con aquellos ojos azules enormes y llenos de preguntas que era mejor no hacer ahora.
-Tenemos que ayudar a Tomoyo y Sakura. -contrarió él.
-Las peleas de chicas no le conciernen a los hombres, créeme. -masculló en contra de su voluntad.
-Está luchando contra un señor demonio. -le recordó, algo enfadado- No creo que sea un pelea de chicas.
-Eriol. -espetó en tono de advertencia- Sígueme el juego, no hagas más preguntas.
Pero él lo siguió observando con aquellos malditos ojos, con esa mirada molesta que Tomoyo seguro adoraba en él.
-Eriol. -insistió.
-Ella te lo ordenó, ¿no es cierto? -preguntó, pero no esperó una respuesta real y sus brazos soltaron chispas turquesas- Ella está por hacer una locura.
-Ella y Sakura, ambas. -murmuró el chino por los bajo, entre dientes- Si nos quieres fuera de aquí, es porque ellas tampoco planean quedarse demasiado tiempo. -dijo y el guardián asintió- De todas formas, nuestro plan no era quedarnos a luchar hasta el final.
-Tampoco es el nuestro. -escupió él- Vamos. -ordenó- ¡Andando! -y tiró del brazo de Eriol, lejos de Tomoyo, Sakura y Mirko.
Tuvo que jalarlo todo el camino, Eriol jamás dejó de observar atrás y hacia el cielo, aunque él tampoco.
No llegaron muy lejos antes de que todo fuera oscuridad, lo último que él pudo ver fue a Martin levantarse del suelo con la ropa calcinada, desnudo, y observar al cielo como el resto de los mortales.
Luego, el suelo debajo de sus pies se desvaneció.
…
Cuando volvió a abrir los ojos, Johnson la estaba observando mientras descansaba su espalda sobre la pared junto a la puerta. No llevaba puesto su uniforme, simplemente una camiseta blanca y unos vaqueros oscuros, al igual que su cabello suelto. Ni siquiera parecía un asesino, tampoco un estúpido.
-¿S-soy la primera? -inquirió ella, su garganta seca.
Él dejo de sostener la pared y se acercó a un lado suyo, había una jarra con agua fresca y él le sirvió en un vaso de polietileno algo de ella.
-La pri-mera que salvas. -agregó mientras él la ayudaba a beber- La primera que no vuelve muerta bajo tu mando.
-Alpha llevó el mando esta vez. -aclaró él, siempre correcto- También he salvado la vida de mis compañeros en el pasado. -le comentó- Pero claro, los chismes sobre mí no tratan sobre mis logros, sólo sobre mis fracasos. -dijo, su ceño fruncido. Tomó asiento junto a su camilla.
-¿Dón-de está Anika? -quiso saber- No la oí salir, ¿salió?
Él asintió.
-Chester tiene algunas puntadas y Anabella está con transfusiones, pero volvimos todos. -le aseguró- ¿Tú estás bien?
Ella no respondió, ella no quería responderle nada a él.
-Estás enfadada. -observó él- Has estado más enfadada que nunca conmigo desde que derribamos el Aviario. -entrecerró los ojos- ¿Qué sucede, Ailén?
Ella sólo quería lanzarse sobre él y lastimarlo, herirlo mucho.
Él suspiró, se levantó de su asiento pero no se marchó, tampoco se acercó más a ella. Caminó sin sentido, caminó con tranquilidad alrededor de la habitación y ella lo siguió atentamente.
-Tú ya estabas en Plata cuando el director me dio de baja del campo hace poco más de diez años. -dijo él, sus ojos sobre los de ella- Zarina dirigía India en ese entonces, tú estabas bajo su mando.
Ella sabía a dónde iba aquello, ellos jamás conversaron abiertamente sobre aquel tema.
-Hiciste una gran carrera. -asintió ante sus propias palabras- Estrella, segunda generación; todos hablaban de ti porque tu madre jamás fue encontrada por Paz. -entrecerró los ojos, hizo una pausa en su diatriba- No hay muchos registros sobre ella debido a su muerte temprana y su falta de uso de sus habilidades como Estrella. Hija de campesinos en el interior de una provincia… pero tú…-sonrió- Tú resaltaste entre todos ellos, por eso Paz te encontró y te trajo aquí.
-Yo también leí tu archivo. -habló ella- Yo también sé cosas sobre ti, no creas que por eso me conoces.
-Te trajo aquí. -continuó él, ignorando sus palabras- Te trajo aquí y tú trabajaste más duro que nadie para ganarte a cada Estrella y por eso, porque todos ellos confían en ti, Paz te dio el cargo de representante en Estrella en Plata y, por ende, con los ingresantes.
-¡Me dio el puesto porque todos confían en mí, sí! -exclamó ella- ¿Quién confía en ti, Johnson? -escupió cada palabra- Abandonaste a tu equipo en el campo, murieron todos ellos por tu culpa. Eres un asesino. -dijo- UN ASESINO. -repitió.
Él se detuvo, ella no.
-Antepusiste la misión por sobre tu equipo, sos una basura. -escupió- Sos una mierda, sos un ser inmundo y no pertenecés aquí. -su acento materno y el neutro del Instituto se mezclaron en su lengua- ¡El director no te puso a mi lado porque seas un buen líder, él te trajo por mí! -llevó ambas manos hacia su pecho, enardecida- ¡Estás aquí por mí!
-Estoy aquí porque ganaste mucho poder y tus fines son egoístas, Ailén. -asintió, dándole la razón- Porque ya no se te puede enviar a la Casa de las Risas, no ahora que tienes demasiado poder en Plata y no ahora que no podemos prescindir de más soldados.
Ella se sentó en la camilla, una punzada sorda de dolor en su pecho le recordó que estaba con medicamentos fuertes y sólo por eso no estaba llorando del dolor, pero la adrenalina en sus venas le daba la fuerza para seguir.
-¿Soldados? -gruñó ella- ¿No que somos sus niños queridos? -citó al director.
-Él quiere niños, pero sabe que necesita soldados. -respondió, algo molesto- Soldados fieles, que compartan su visión de un mundo mejor.
-…¿Por eso nos lleva a la Casa y nos droga, Johnson? -escupió- Porque eso es lo que nos hacen a los que pasamos por la Casa de las Risas. -le reveló- Nos drogan, nos retienen, nos lavan la cabeza.
-Parece que tu cabeza no quedó del todo limpia. -ignoró el resto de sus palabras, concentrándose en su discusión- ¿Cuánto tiempo estuviste allí? ¿Un año, dos? -entrecerró los ojos- ¿Qué le sucedió a la chica que llegó de allí? ¿La que tenía una fe ciega en el Instituto? ¿La que llevaba cada orden dada a la perfección? -la señaló, acusador, su tono cada vez más grave- ¡Estrella debe seguir al director, no a ti! ¡Incluso Luna comparte tus ideales antisistemáticos, rebeldes y anarquistas!
-¿Rebeldes, anarquistas? -repitió, incrédula- ¡Fomento la unión, la camaradería! ¡Plata no es una máquina fría y sin corazón como lo es Oro, que funciona perfectamente como un reloj! -llevó una mano a su cabeza, una migraña formándose debido a la discusión- Somos eficientes, pero no colocamos la seguridad de nuestros compañeros por encima del objetivo… No dejaremos nuestras vidas por Paz, Johnson. -lo observó a los ojos, lástima reflejándose en ellos- Tenemos un límite.
El capitán de Épsilon llevó una mano hacia su cabeza y despeinó sus cabellos con exasperación, sus ojos saltando de un lado al otro mientras ella lo observaba de perfil. Oro era el lugar de Johnson, ambos compartían políticas totalmente opuestas y ella sabía que aquello lo desesperaba, lo hacía odiarla por ser distinta y no ver las cosas con sus mismos lentes.
Él era una máquina fría, ella una persona con la sangre caliente.
Él se volvió hacia ella, Ailén esperó oír sus siguientes palabras.
-…recuerda que el director tiene algo que tú quieres. -murmuró por lo bajo, acercándose unos pasos hacia su camilla como si alguien pudiese escucharlo- No lo hagas por él, hazlo por ti.
Y se marchó de allí sin volver a observarla,
sin ver cómo sus palabras hicieron mella sobre ella,
sin importarle sus sueños y esperanzas rotas,
y ella agradeció que él no lo hiciera.
…
Sakura lucía salvaje, fiera y como todo un demonio. Las marcas negras sobre su piel, sus ojos venosos y oscuros, las alas en su espalda no parecían las de un ángel.
-¿Tienes miedo? -se burló la bruja, todavía tentando al demonio que mantenía prisionera a su prima, utilizándola como escudo humano- Si me tienes miedo a mí, ¿qué será cuando tu señor te conceda la oportunidad de un encuentro? -torció una sonrisa burlona- ¿Mojarás tus pantalones, acaso?
El agarre de él sobre los cabellos de Tomoyo se ajustó, la joven siseó por lo bajo ante la molestia.
-Niña tonta. -escupió.
Él movió la mano que la sostenía alrededor de su pecho hacia su espalda, sus garras se clavaron sobre su piel y empujó hacia abajo. Los ojos de Tomoyo se abrieron enormemente, un alarido de dolor rompió el silencio de la noche y Mirko la soltó, dejándola caer en picada, mientras él se dirigía hacia Sakura. Con una velocidad mejorada debido a la energía que le proporcionaba el sello, ella lo encontró a mitad de camino con sus armas.
-Esos sellos, esa boca demasiado altanera… -comenzó a decirle él, sospechoso- ¿Qué hizo mi señor contigo, bruja de las cartas?
Ella le soltó una patada, Rayo pasó energía a través de la conexión y Sakura aprovechó sus brazos temblorosos para atravesar la defensa de sus brazos y perforar su cuello con una de sus dagas. Retrocedió, observó en dirección al suelo y se encontró con los ojos contempladores del siervo. Unos metros más allá, Tomoyo había dejado atrás sus alas y se encontraba sobre el suelo, la herida en su espalda expuesta y sangrando.
Lanzó su segunda y última daga hacia Mirko, éste la sujetó por el filo a medio camino y ella drenó toda su energía en la carta Oscuridad.
Todo terminó, ella se dejó caer junto a Tomoyo, debían huir a través de la puerta.
-Tod-o estará… bien. -murmuró su prima mientras pasaba su brazo alrededor de su cuello y fueron en caída libre.
Vio margaritas y rosas blancas, un arrollo con peces brincando y un árbol muy bonito con hojas verdes y un tronco grueso, ramas fuertes.
-¿Dónde-dónde estamos? -tartamudeó ella, confundida.
-¡Sakura!
-TOMOYO.
Con el cuerpo débil de su prima entre sus brazos, manchando las rosas blancas de rojo, así fue como las encontraron Shaoran, Eriol, Amads y Kero, de nuevo en su forma compacta.
-¿Dónde estamos? -volvió a preguntar mientras Amads tomaba el cuerpo de su prima entre sus brazos, con cuidado, y la tendía sobre su regazo, arrodillado en el suelo, mientras revisaba su herida- ¿Fue Tomoyo? No llegué a la puerta, yo no-
Sentía su cuerpo pesado, estaba segura que le dio todo a Oscuridad para que París completo quedara a ciegas. Observó sus manos, el sello seguía extendido sobre su cuerpo y ella necesitaba sellarlo, ella-ella-
-Sakura, Sakura.
Shaoran tuvo cuidado de no tocar su piel desnuda, pero se encargó de sostenerla por la espalda para que no se desparramara en el campo de margaritas.
Tenía que sellar el sello, Gia le había enseñado a abrirlo y cerrarlo, ya que aquél sello la comunicaba con Aaron y él podría utilizarla como puerta de salida de la prisión en la que Ángel lo metió.
-Quémame el pecho. -balbuceó, preparándose para el dolor.
-…¿qué? -escuchó mascullar a Eriol, quien revisaba las heridas de Tomoyo junto al árabe.
-¡QUÉMAME EL PECHO! -ordenó ella.
Atinó a empujar a Shaoran hacia atrás antes de que su guardián flotara sobre ella y escupiera una pequeña bola de fuego.
-AHHHH.
Cerró los ojos, sintió unas lágrimas rebeldes en las orillas de sus ojos. El fuego no duró demasiado, una pequeña llama bastaría en aquella ocasión.
El olor a carne asada, la piel de un rosa chillón, la ropa chamuscada y el shock del ataque imprevisto; Shaoran estaba conteniendo la respiración, estaba sorprendido y muy asustado. El cuerpo de Sakura se sacudió, se sacudió tres veces en espasmos involuntarios debido al dolor, para luego quedar flácido sobre el campo verde y blanco.
-¿Pueden cubrirla, por favor? -pidió el peluche amarillo- No tengo ninguna manta.
Para sorpresa de ambos magos, que seguían sin reaccionar, fue Amads quien se sacó su camiseta y cubrió el pecho desnudo de la bruja.
-Pero que sello más problemático el que usa tu ama, peluche. -masculló- Utilizando el dolor físico como catalizador para desactivarlo, nadie está tan loco para aceptar uno así… Aunque supongo que ella no tuvo otra opción. -agregó mientras se levantaba del suelo, el cuerpo de Tomoyo entre sus brazos- Tráiganla dentro, estará molida una hora o dos.
En piloto automático, Shaoran la tomó entre sus brazos y siguió al caballero de Tomoyo, Eriol detrás suyo.
Tomoyo estaba consciente, pero no emitía palabra alguna, ni siquiera a Amads. El caballero arrojó las mantas que cubrían los sofás de dos plazas y la colocó boca abajo sobre uno, Eriol guio al mago chino a depositar a la bruja sobre el otro.
-¿Qué mierda estaban haciendo en París ustedes dos, Shaoran? -gruñó el árabe, cabreado por haber salido huyendo y saber que fue la única posibilidad de salir allí con bien- La última vez que los vimos, tú estabas con el Concilio en China y Sakura living la vida loca por quién sabe dónde.
Pero él no respondió, ni siquiera miró en su dirección.
-¡Habla, peluche! -arremetió, entonces- ¿Qué hacen ustedes tres juntos, qué hacen en París? -exigió saber.
-No te debemos explicaciones, no te debemos nada. -respondió, serio y sin perder el control o elevar la voz- Cuando despierte Sakura, nos marchamos y asunto olvidado. Cada uno por su lado, otra vez. -espetó, dando el tema por cerrado.
-Yo qui-ero hablar c-con Saku-ra. -le hizo saber Tomoyo, aún desde su posición en el sofá- Podrá-n marcharse lue-go.
-O quedarse. -propuso Eriol- Pueden quedarse, si eso quieren.
Kero estuvo a punto de responder, pero Shaoran recobró la noción del tiempo y el espacio.
-No podemos quedarnos, ni siquiera fue nuestra intención que nuestros caminos se cruzaran. -llevó ambas manos hacia su rostro, cubriéndose con agotamiento más allá de lo físico- ¿Qué estabas buscando en París, Tomoyo?
-De tod-as formas, agra-decemos la ayuda. -mencionó ella, esquivando su pregunta- Amads, ll-eva a Sakura a uno de los cuartos arriba. -pidió, levantándose de su posición con cuidado, tomando asiento tratando de no hacer contacto con su espalda y el sofá- No tene-mos comida, pero hay agua en las cañerías.
Amads la observó con cuidado, pudo ver dos Tomoyo sentadas en el sofá, una soportando el dolor y la otra señalando las escaleras, con su ceño fruncido y labios crispados. Él no espetó ninguna palabra cuando se inclinó para tomar a la bruja, el mago y el peluche lo siguieron escaleras arriba en igual silencio.
Cuando se perdieron escaleras arriba, Eriol se inclinó junto a ella.
-¿Está envenenada? -quiso saber él.
-Me ras-gó un ala. -masculló ella- La herida de la esp-alda está sanando, pero la otra… tomará dos o tres días. -escupió, enojada consigo misma.
Él la tomó por el mentón, observó la sangre seca en la esquina de su labio de aquella herida que ya se había desvanecido, sus ojos aún brillaban y él supuso que porque se sentía débil y herida. Debían lavar su espalda, había sangrado un poco y el líquido carmesí manchaba toda su espalda media y baja.
-¿Puedes ponerte de pie? -inquirió- Debemos lavarte, tú también debes ir a la cama y descansar.
Pareció pensarlo un poco, pero ella asintió y él maniobró el brazo de ella sobre su cuello. Contó hasta tres y se levantaron juntos, había un baño junto a la cocina, con una ducha. Entraron, él se detuvo en el umbral y la observó al rostro.
-Tengo… tengo que lavarte la espalda. -le hizo saber, ella asintió sin dudarlo.
Se acercaron frente al lavado, ella se sostuvo allí y él la ayudó a quitarse la blusa. La parte de la espalda ya estaba rasgada, él tiró y terminó de romper la parte del cuello y la retiró por el frente. El gancho del sostén estaba inútil, las tiras del bretel caían flojas por sus hombros pero ella mantuvo el frente con uno de sus brazos. No sabía si retirar sus pantalones, pero ella lo observó, a la espera, y él llevó sus manos hacia la cintura de éstos y comenzó a retirarlo. Los bajó por sus largas piernas cremosas, él retiró sus zapatillas planas y terminó por deshacerse de la ropa.
Ella estaba en ropa interior, ellos dos estaban en el baño.
-¿Puedes… abrir la ducha? -inquirió ella, interrumpiendo el silencio sordo allí, y él se apresuró a girar la llave del agua.
Ella intentó apartar su largo cabello, pero su otro brazo estaba ocupado y él se hizo cargo. Hizo un moño alto, lo sujetó con su liga y ella se colocó bajo el chorro de agua.
El agua cayó sobre su cuello, entre sus omóplatos y se llevó la sangre de su herida ya cicatrizada. Agua de un tono rojizo descendiendo por sus caderas y sobre su ropa interior, sobre su trasero y él no pudo evitar seguir el curso del agua con sus ojos azules oscuros.
Él tomó una esponja y una barra de jabón con aroma a vainilla, una mano en su hombro para estabilizarla y la otra con la esponja, tallando con cuidado la sangre de su espalda. En el medio, hacia la derecha de él, pudo observar un conjunto de ramificaciones rosáceas debajo de su piel allí donde debieron de rasgar su ala. Bajó la esponja hacia la altura de su cintura, recorrió la zona con su pulgar y la oyó sisear por lo bajo.
-¿Te duele? -inquirió, alejando su tacto de la zona afectada.
-Es como… una astilla, molesta y arde. -explicó ella- No creo que pueda volar hasta que se cure la herida. -mencionó por lo bajo, dolida- …debí ser más rápida.
-Fuiste tan rápida como pudiste. -contrarió él.
-Entonces debí ser más inteligente. -se corrigió ella- Si Sakura no hubiera estado allí… Podría haber perdido mis alas. -se lamentó y él frunció el ceño ante aquello- …debí ser mejor.
Él besó uno de sus hombros desnudos, le causó escalofríos y ella exhaló, temblorosa.
-Aprenderemos de nuestros errores, Tomy. -fueron sus sabias palabras- No volveremos a cometerlos, pero sólo seremos mejores aprendiendo de nuestros errores.
El agua siguió cayendo, tibia, mientras él se alejó con lentitud de su cálida piel. Ella se dio la vuelta, lo observó con aquellos ojos brillantes y él quedó cautivado ante la imagen erótica de ella, semi desnuda, debajo del agua cálida, observándolo con aquella intensidad en sus ojos.
-… ¿Serás mi caballero, Eriol? -inquirió ella en un susurro.
Él asintió, ella levantó su brazo para acariciar su mejilla y las copas de su sostén cayeron algunos centímetros más de sus hombros.
-Sí. -respondió, aquella siempre era su respuesta.
Ella sonrió y se inclinó hacia él, uniendo sus labios en un beso lento y húmedo. Las manos de ella fueron hacia su cabello, él rodeó su cintura con uno de sus brazos y gimió involuntariamente al encontrarse con su piel desnuda. Su otra mano en la mejilla de ella, inclinó su cabeza hacia atrás para tener un mejor acceso hacia su boca y ella gimió también. Lento, ellos siempre tenían todo el tiempo del mundo cuando sus bocas se fundían. Su mano acarició la cintura de ella, la sintió temblar bajo su tacto y decidió complacerla con sus tratos. Apretó sus labios entre los suyos antes de pedir permiso para fundir sus lenguas, ella lo recibió con calidez y él la sujetó más cerca de su pecho. Las curvas suaves de ella se aplastaron sobre él, la humedad de su cuerpo le dio calor.
-Tenemos… invitados. -mencionó él, separándose de su cuerpo, recobrando la compostura antes de perder la razón. Después de todo, él era un hombre y ella una mujer.
Ella cerró los ojos, respiró hondo y él no pudo evitar seguir el movimiento de sus pechos casi desnudos.
-¿Podrías traerme algo de ropa? -pidió ella, sus ojos abiertos y opacos otra vez- Creo… que puedo ducharme por mi cuenta.
Él asintió y se dio la vuelta, no le extrañó encontrarse con Amads junto a la cocina.
-Esos amiguitos tuyos no pueden quedarse, Eriol. -mencionó, no habían sonrisas burlonas en su rostro a pesar que ya debía imaginarse lo que había estado haciendo en el baño con Tomoyo- Sakura sigue siendo peligrosa, no importa si es aliada o no. -se cruzó de brazos- Si se queda junto a nosotros, sólo le haremos las cosas fáciles a los chicos malos.
-Aquí nadie puede ingresar, tú lo sabes. -mencionó mientras se acercaba junto a él para recoger el conjunto de ropa que había traído el árabe, seguro escuchó la ducha desde el primer piso con su agudo oído- Y sí, ellos son aliados.
-¡Viste el sello sobre Sakura, esa cosa es siniestra! -espetó, algo sacado de sus cabales- ¡Un sello de Aaron, esto no es un juego!
Los ojos del caballero se iluminaron, sus labios crispados y sus dientes expuestos.
-… no, no es un juego. -él estuvo de acuerdo- Pero Sakura y Shaoran son familia, es la decisión de Tomoyo y de ellos si se quedan o se marchan.
Habiendo terminado de expresar su punto, volvió sobre sus pasos y abrió la puerta del baño luego de obtener el permiso de Tomoyo. Dejó la ropa sobre el váter y se retiró.
-Sólo no olvides toda la historia, Eriol. -mencionó Amads mientras pasaba frente a la cocina, con dirección al primer piso.
…
Era de noche, él se hallaba postrado en el suelo, hecho un ovillo ya que en el acuífero hacía frío y había algo de humedad. Iba día y medio desde que Camille se había sumido en un sueño profundo a sí misma, él no se había despegado de allí ni por un solo segundo.
Se sentía triste.
Se sentía solo.
Se sentía mal.
Ya la extrañaba. Incluso mientras mantenía sus salidas y escapadas furtivas con aquel halcón, ellos dos se la pasaban juntos la mayor parte del día. A pesar de lo que su padre había sugerido, ellos no tenían una conexión sexual, no tenían piel en absoluto. Sí, tenían química y sí, ellos funcionaban fenomenal como compañeros.
Ella era como la hermana que Ruelle nunca quiso ser, la hermana que él siempre quiso.
Fue entonces que recordó a Ruelle, estaba tan hermosa y viva, como el sol. Ella siempre había sido una niña hosca, problemática y que se auto aislaba de la manada. Era hija de su padre y una loba solitaria que vagaba por el Zoológico, él nunca supo si era nativa del Norte o del Sur, sólo se hablaba de lo fuerte que era. Chayo, la loba solitaria, con quien su padre se había involucrado y procreado un segundo descendiente. Ruelle era bastarda, pero él siempre la amó como si fueran del mismo vientre, de la misma madre. Su hermanita había sido nómada, junto con su madre, los primeros seis años de su vida como cachorra; al sexto año de su nacimiento, su padre la reclamó como sangre suya y exigió su custodia en el Desierto. Chayo se negó, Ruelle era suya y ella de Ruelle; Regino sólo había sido un paso en la vida de ambas.
Sin embargo, Tabitha vivía para su compañero de vida y su cachorro, y ella sabía lo que la cachorra significaba para su familia. La señora del Desierto del Sur se enfrentó a la loba nómada, su pelaje estaba salpicado con carmesí y su cuello baboseado y con mordeduras; Ruelle colgaba del hocico de Tabitha cuando llegó a sus vidas para quedarse.
Nunca más volvieron a saber de Chayo en el Zoológico.
-Pequeño torpe.
Se sentó sobre sus cuartos traseros ante la presencia de su madre, sus largos cabellos caían perfectamente lacios enmarcando su rostro con rasgos afilados.
-Madre, deberías estar durmiendo. -mencionó él, el sueño estaba regresando a él luego de una maratón desvelada- Te resfriarás aquí abajo.
-Niño tonto, yo debería regañarte a ti. -frunció el ceño- No al revés, ¿no lo sabes?
Bajó la mirada, jamás podría ser nada más que sumiso y un cachorro frente a su madre. Niño tonto, eso era exactamente lo que era, no era un apodo cariñoso: era la realidad.
-¿En qué estás pensando que luces tan alicaído? -inquirió mientras se sentaba en el suelo, al lado suyo- No debe ser por la bruja, ella es una mujer y toma sus propias decisiones. -le restó importancia- Y no debe ser por aquél Pilar, porque entonces te frustras y te enojas mientras escondes tu dolor. -entrecerró los ojos, ella estaba buscando una respuesta- Debe ser por la niña, entonces.
La niña, su madre jamás llamaba a nadie por su nombre. No habían más 'niñas', para su madre Ruelle era la única niña.
-Han pasado varias lunas ya… -mencionó mientras observaba el acuífero, el agua ondulante- Jamás creí que tu padre la exiliaría. -confesó, y fue la primera vez que oyó tales pensamientos de la boca de su madre- Creo… que fue el único acto benevolente que él ha tenido en su vida… -llevó un pulgar entre sus labios- La niña nunca pudo crear lazos aquí, jamás perteneció al Zoológico.
-Ruelle ni siquiera lo intentó. -negó él- Mi hermana jamás nos dio una oportunidad, o al Desierto. -gruñó- ¡Ella jamás nos dejó-
-La niña lo intentó. -contrarió- Ella… sólo que no dio una segunda oportunidad, en eso es como tu padre. -rodó los ojos, se quedó en silencio.
Gotas, gotas caían del techo y creaban ondas en la superficie.
Una,
dos,
tres.
-El halcón está merodeando la cueva. -ella informó, él supo que hablaba de Alvar de inmediato.
-¿Cami habló con él? -inquirió, confundido- ¿Sabe que está… bueno, que no está disponible por el momento? -agregó, presintiendo la respuesta.
Su madre se puso de pie, sus movimientos fluidos e ininterrumpidos, precisos. Ella no respondió, él bufó sabiendo que debería darle la noticia al hijo del jefe de los halcones.
…
Lucio observó a su querida Micah, ella estaba cepillando su corto cabello albino frente al espejo y él pensó: Increíble que el mundo quepa en la palma de su mano.
-¿Has recibido noticias de Paz, querida? -quiso saber él, ya que el día de ayer se debió de llevar a cabo la subasta.
Ella dejó su cepillo a un lado, lo observó por sobre su hombro y él podía apreciar el cansancio de alguien atrapado en la vida, destinado a repetir el ciclo una y otra y otra vez. Cansada, Micah Delaune estaba cansada.
-Los contenedores fueron incinerados, Pía debe estar enfurecida. -fueron sus palabras.
-Enfurecida no, ella debe estar lanzando llamas por su linda boquita. -rió él- Su señor no estará contento, y ya van dos veces que mete la pata. -negó, divertido- ¿En serio planeas unirte a Paz, Micah? -torció la boca, aún sin hacerse a la idea- Creí que jugarías esta mano sola, por todo lo grande.
-Paz es quien se une a mí, Lucio. -corrigió mientras se daba la vuelta para encararlo- Todo será más fácil si parece que yo le abro las puertas a él, ellos tendrán miedo de que revele más secretos de los que sé y el camino será despejado.
Ella tomó su chaqueta gris oscura de la percha junto al espejo de su tocador, se la colocó y encaminó hacia la salida.
-¿Él ha llegado ya? -se levantó de su lugar y observó a través de la ventana. En efecto, allí estaba el águila, posada sobre el árbol del jardín.
Hancock mantenía una especie de trato con Micah, él desconocía los detalles jugosos ya que todo se había desarrollado semanas antes de su llegada. Sin embargo, algo podía decir acerca del águila que encabezaba la parvada predilecta de Aaron: no traicionaría jamás la mano que le dio de comer.
Entonces, ¿qué hacía con Micah Delaune?
El cambia formas se alejó de la ventana y tomó las escaleras hacia la sala, Micah estaba abriendo la puerta principal cuando él puso un pie fuera de las escaleras.
-Has regresado, supongo que con noticias de mi agrado. -mencionó ella mientras Hancock abandonaba su forma alada y se paraba sobre sus dos piernas, inclinado con respeto.
-Sean ha contactado conmigo. -dijo- La subasta fue interrumpida, agentes externos irrumpieron y bombardearon el lugar.
-¿Bombas…? -murmuró él, confundido.
-Dinamita y fuego de sol, tienen a todas las dotaciones de bomberos en el lugar. -agregó el águila- Quemaron los contenedores por completo, Pía se supone que escapó sin daños aparentes.
-Su imagen es la que resultó dañada con este ataque. -fueron los acertadas palabras de la joven- Estimo que Sean tiene planeado una gala ahora que Pía quedó mal parada.
Hancock asintió.
-El diez de marzo se celebra en Bolivia el carnaval de Oruro, Sean ha invitado a los señores se Asia y Europa central, así como al señor de Estados Unidos a disfrutar de los carnavales en sus tierras. -informó- Quiere que asistan algunas de mis aves, cualquiera de ellas, en representación del Aviario.
La albina entrecerró los ojos, asintió para sí misma y, luego, sonrió.
-Un ave, cualquiera. -repitió- Un signo de su alianza con el Aviario, pero no demasiado obvio para levantar sospechas, sólo para demostrar un punto: Sean tiene la alianza que Pía tanto rogó.
Lucio pasó una mano por sus cabellos anaranjados, todo era tan divertido junto a Micah. Ella orquestaba el caos desde las sombras tan fácilmente, casi sin proponérselo, y aquello siempre garantizaba gran diversión a futuro.
-¿Qué es lo que quiere que haga, sacerdotisa? -inquirió el jefe de la gran parvada, aún inclinado ante ella.
Micah avanzó desde el umbral hasta la orilla del pórtico, su mentón arriba y una de sus manos sobre su cadera.
-Vas a enviar seis aves, todos machos. -dijo ella- Una en representación de cada especie en tu parvada. -él asintió, pero ella no había terminado- Quiero que todas ellas siempre ronden a Sean, que estén a la vista siempre pero conserven su distancia.
-Uh, amor rudo, cariño. -se rió él.
-Y voy a necesitar una lista de los señores que asistan. -agregó- Eso es todo.
Lucio observó atentamente al hombre-ave asentir y volver a erguirse, se dio la vuelta y, luego de desprender algunas plumas sobre su jardín, se marchó volando hacia el Sur.
-¿Crees que Pía aparezca en Bolivia, Micah querida? -inquirió él, verdaderamente curioso por conocer el futuro de la mano de la gran sacerdotisa; grandes predicciones suyas azotaron al mundo.
-Hn… -ella pareció pensar en su respuesta con cuidado- No. Pero no dudo que tendrá varios ojos allí.
Él sonrió.
-Y quieres mostrarle…. Qué exactamente. -se sentó en el sofá, ella entró y cerró la puerta.
Micah buscó su mirada y Lucio se enderezó bajo sus ojos marrones, presintió que las siguientes palabras que salieran de su boca serían importantes, serían un anuncio a tener en cuenta.
Que Micah, casi que casi, estuviera a punto de sentenciar a la raza humana.
Al mundo entero.
-Que todos ellos vean. -casi ordenó- Que todos estén al tanto de esta crónica. -alzó el mentón, su pecho se infló con coraje- La crónica de una muerte anunciada. -dijo ella- Todos ellos están del lado del muerto, espero y lo sepan.
Y marchó escaleras arriba, Lucio se quedó de una sola pieza en la silenciosa sala.
…
Limpió el vaho del espejo, observó el interior de su bíceps izquierdo con ojos brillantes y frunció el ceño al notar estrías oscuras como el petróleo.
-Ella nos disparó.
Observó a un lado en su reflejo, labios fuertemente apretados y ojos entrecerrados fue lo que vio.
-La bala de Sakura y las garras de Mirko… ¡Da gracias de no estar postrada en una cama!
Dejó caer la manga de su camiseta oscura, arregló su cabello en una coleta alta y se colocó sus pantalones y zapatos antes de salir del baño.
-No soy tan débil, no lo somos. -gruñó para sí misma.
Salió por la puerta trasera al exterior, se sentó en el césped, junto al arroyo, mientras repasaba sus movimientos en las últimas veinticuatro horas; había sido improvisación tras improvisación, era obvio esperar el caos. Ana había escapado, ellos se habían enfrentado a Mirko y fracasado. Ella estaba herida, pero el resto estaba a salvo y era lo único que contaba. Estaban Sakura y Shaoran, ni siquiera en la fantasía hubiese esperado que ellos dos estuviesen allí.
Ni siquiera había visto la sombra de Ana, ni siquiera eso.
-Necesitamos volver a Arabia. -le hizo ver ella- Aprovechar y tomarla mientras ella no esté.
Ana no estaba, pero Kaios no había bajado la guardia en su ausencia.
-No sólo tomarla, también necesito poder mantenerla. -frunció el ceño- Necesito desplegar gente en las calles, sacar a todos lo que estén con Ana antes y hacerme de confianza.
-La gente confía en ti.
-Ellos confían en el Puen Tum. -casi se quejó- Veneran una figura, necesito que confíen en la persona detrás de la figura. -cerró los ojos-… ya no quiero más confusiones, no quiero la grandeza. Sólo quiero ayudar.
Abrió los ojos y observó dos pares de amatistas idénticas a un palmo de distancia.
-Toma a los mestizos, sácalos a las calles contigo y deja que el mundo sea testigo de la nueva era. -ordenó con voz autoritaria.
-…porque seremos uno. -murmuró ella.
-Porque somos uno.
-¡Dulce!
Se dio la vuelta, Amads y Eriol la estaban esperando en la puerta trasera; ella se levantó y dio un vistazo atrás, su consciencia había abandonado una forma visible y se encontraba dormida en su mente una vez más. Por la mirada de su caballero, ella supuso que había oído parte de su conversación consigo misma. A él no le agradaba que lo hiciera, seguramente no por el contenido de la conversación, sino por la existencia de la misma. Tal vez, él creía que estaba algo loca.
-Sakura está despierta. -le informó Eriol cuando ella se encontró a unos pasos de distancia de ellos- Está en la sala.
-Casi que se retuerce y chilla del dolor. -agregó el árabe entre dientes- Pero consciente y con ganas de marcharse de aquí como si la corriese el diablo.
Le cedieron el paso y ella encabezó la marcha, Shaoran estaba de pie a un lado de su prima y el peluche sobre su hombro.
-Hola, Sakura. -dijo ella mientras se detenía a unos metros del sofá, ambos hombres flanqueándola- Shaoran y Kero también, parece como si hubiésemos vuelto a casa. -mencionó, algo divertida.
Pero nadie sonrió y nadie se rió.
-Gracias por el escape, Tomoyo. -mencionó la bruja, uno de sus brazos rodeando su estómago- Pero creo que ya nos vamos.
Recordó aquella vez, también estaban todos ellos reunidos así como más miembros de su familia; Ángel fue la anfitriona en esa ocasión. Tomoyo misma había intentado huir de la escena, fue el Pilar la que lo impidió al cerrar puertas y ventanas con sólo el movimiento de sus muñecas.
Pero ella no era Ángel.
-¿Estás segura? Tus heridas aún no sanan. -señaló ella- Nadie puede llegar aquí, yo tampoco los estoy echando por lo pronto. -agregó, creyendo dejar en claro su visto bueno.
-Debemos volver. -insistió el mago.
-Nos fuimos hace un par de horas de allí, París debe ser un caos inservible aún. -le hizo ver su caballero- Regresarán para toparse con perros de caza y patrullas.
-Mirko debe esperar que regresemos. -mencionó ella- Deberían mantenerse lejos de Francia por unos días, al menos.
-Ya que estamos en ello. -mencionó el mago, pareciendo haber encontrado el latiguillo perfecto para hacer una de sus preguntas curiosas- ¿Qué estaban haciendo en París ustedes tres?
Uh, pregunta equivocada.
-¿Nosotros? -gruñó inmediatamente el peluche- ¿Por qué ustedes estaban enfrentando al siervo y el señor de París, eh?
Ella observó a su caballero de reojo, en advertencia. Debería mantenerse controlado y no soltar la lengua.
-Diría que asuntos privados. -se acomodó los lentes- Pero, entonces, ustedes responderían lo mismo y estaríamos en la nada otra vez…
-Exacto. -sonrió Sakura.
-Estábamos buscando a alguien. -confesó ella- No planeé luchar contra Mirko, pero él sí y eso fue lo que sucedió. -descansó su mano en su cintura- Creí que estabas residiendo en China… Permanentemente. -agregó.
Tomoyo mantuvo sus ojos sobre Sakura pese a que la pregunta iba dirigida hacia Shaoran. La última vez que Shaoran había hablado de Sakura, las cosas… no habían terminado bien.
-Necesitaba ayuda. -intervino Sakura- Me metí en… algunos problemas, no sabía a quién más pedir… ayuda. -admitió entre dientes- No quería que el Concilio o el Consejo se enteraran.
-Ellos creen que estoy en la India, debía tratar una posible alianza allí pero cambié la fecha. -asintió él, confirmando su cubierta- Tengo que estar allí en dos días.
-Por eso debemos irnos. -finalizó la bruja mientras se ponía de pie.
Observó su pecho, todavía llevaba puesta la camiseta se su caballero y sangre seca en su cuello y la piel de un rosa suave; llevó su escaneó a su rostro y ojos esmeraldas la encontraron.
-Si no nos crees, mírame con tus otros ojos, Tomy. -ofreció ella- Ambas sabemos que no te puedo engañar con esos ojos. -sonrió.
La propuesta a la desconfianza abierta y el nombre en forma de diminutivo amistoso, Sakura era buena mintiendo y Shaoran sustentaba sus mentiras. Tenían todo para levantar alarmas de sospecha, pero ella no estaba allí para indagar en sus secretos.
-…no hace falta. -rechazó ella- Quería devolverte el favor y saldar la deuda que he creado en París. -le hizo saber a su prima- Tengo hiervas y ungüentos, puedes ducharte y te daré un cambio de ropa para que puedan seguir con su camino.
-No hará falta. -rechazó de inmediato y ella frunció el ceño.
-Insisto. -presionó- No es mucho, pero te devuelvo la ayuda.
-No quiero que me devuelvas ninguna ayuda, Tomoyo. -le hizo ver ella, una sonrisa nerviosa en sus labios- En serio.
-Pero yo no quiero deberte nada. -le hizo saber.
Sí, no… No quiso que sonase así, tan brusco como para dejar el semblante del trío en blanco, incómodamente en blanco.
Le dio gracias a Eriol, en su interior, por interceder.
-Si tienen tanta prisa, recomendaría que volviesen a Francia, pero no a París. -ofreció- Al menos, no ahora.
La pareja se observó, luego al peluche, quien asintió, y Shaoran dio un paso adelante.
-Tomaremos el cambio de ropa. -dijo él- Con eso estamos a mano, ¿verdad? -observó a la castaña, pero ella ya se estaba encaminando al baño que se encontraba junto a la cocina.
Ella observó a Amads y él partió escaleras arriba, ella y Eriol se removieron incómodos frente a su amigo de la infancia.
-Los enviaré a Lyón. -informó ella- Queda en el lado opuesto a París, pero pueden escapar a Italia si los arrinconan.
-Eso puede funcionar, sí. -asintió, evitando el contacto visual.
Fue extraño, no se suponía que fuese así. Luego, Amads volvió y Kero desapareció en dirección al baño con la muda de ropa. Siete minutos más tardes, Sakura y él estaban de vuelta y a la espera de la partida.
Fue extraño, lucían como las personas que conocía hace años, pero se sentían como desconocidos. El trato rígido, forzado, tomado con pinzas.
Fue extraño,
-Ah, se me olvidaba. -mencionó Sakura, casi con aburrimiento, mientras extendía su brazo con su mano en puño- Pensé que vería a Luciana primero, pero, de todas formas, también te iba a dar una copia. -explicó mientras abría su mano y le revelaba una canica amarilla- Toya me lo dio a mí, Skull se le dio a él. -dijo- Creí justo que todas lo viésemos, ya que no se ve el rostro.
Ella tomó la canica, el portal estaba abierto y Sakura arrastró a Shaoran con ella a través de él.
Fue extraño, claro… aquella visión la descolocó más de lo debido.
…
