- ¡Maldita sea! Juro que te vas a morir, Maldita huérfana.

- Señor, todo está listo para la reunión de hoy. ¿Señor?

- Ah… Sí, claro.

- ¿Le pasa algo, señor?

- No, no es nada ve y prepara lo que te pedí.

- Como diga señor Grandchester.

Dos semanas ya habían pasado desde que se había ido y cada noche volvía a soñar con ella y la noche anterior no había sido la excepción. Creía que al devolverle el crucifijo todo se acabaría pero al contrario. Cada día la recordaba más, la extrañaba a morir quería tocarla, sentir sus labios ver esa sonrisa y la forma tan dulce en que lo miraba. En todos sus sueños ella sonreía, se mostraba cercana tan dulce, compartían momentos juntos.

Sin embargo esa noche…

- Ayúdame… ¡Por favor! ¡Ayúdame!

- ¡¿Dónde estás, Candy?! Era un lugar oscuro y parecía no haber nada a kilómetros de ese lugar. Solo escuchaba el eco de su voz pero no la veía.

- Ayúdame… De pronto ella apareció.

- Se alegro de verla y con una sonrisa se quiso acercar.

- Perdóname… Dijo Candy con lágrimas en los ojos.

- ¿De que hablas?

- Por favor, perdóname… La mirada de Candy era vacía y las lagrimas se habían secado en sus mejillas entonces detrás de su vestido ella saco un arma.

- ¡¿Q-que haces?! ¡Dame eso!

- Ella levanto el arma hasta la altura de su pecho.- Lo siento...

- ¡NO! ¡Boom! . El fuerte sonido de un rayo lo hizo despertar, Se toco la frente y estaba sudando, al ver la hora noto que eran las 3.00 am. Aún todo estaba oscuro. - ¿Qué fue eso? ¿Por qué ella…? ¿Acaso le habrá pasado algo? Te-tengo que saberlo. En su mesa de noche había un teléfono y se apresuro en marcar a casa. Tuvo que llamar muchas veces pues nadie contestaba sin embargo al 5to intento alguien contesto.

- Residencia Grandchester. ¿Quién habla?

- Lotty, soy Terry.

- Oh, señor Grandchester. Dígame en que puedo serle útil.

- Solo llamaba para preguntar cómo esta mi familia.

- ¡Oh, muy bien!

- La señora Annie, está llevando un embarazo muy tranquilo y la señora Agnes está a su lado dándole algunos consejos.

- Me alegra y… los demás. ¿están bien?

- El señor Niel, está muy ocupado con su trabajo y pasa muy poco tiempo en casa.

- Ya veo y…

- ¿Le preocupa algo señor?

- Eh… y como ¿Cómo ha estado, Candy?

- Oh la señorita, Candy. Bueno no sabría decírselo.

- ¿Cómo? ¿No está en casa?

- No señor.

- Pero ¿Creí que estaba cuidando de mi hermana?

- Así es señor pero ocurrió algo.

- ¡¿Qué?! ¡¿Le paso algo?! ¡¿ESTÁ BIEN?!

- Señor, cálmese. Yo no puedo decirle nada porque la señorita Candy está en el hogar de Pony. Ella se fue el día de ayer, al parecer algo ocurrió con una de las damas y la señora Candy pidió permiso para ausentarse una semana.

- Oh, entiendo. Dijo más calmado.

- ¿Le puedo ayudar en algo más, señor?

- No, eso era todo.

- Hasta luego, señor.

- Adiós. Al menos esta con las hermanas, eso me tranquiliza.

Dos noches después el mismo sueño se repetía y volvía a despertar sudando.

- Pero señor, ¿está seguro de esto?

- Muy seguro, tú estás muy familiarizado con este tema y sé que lo harás muy bien.

- Me siento halagado por su confianza pero señor yo nunca he dirigido una reunión tan importante.

- Lo harás bien, confió en ti.

Ese mismo día Terry tomo el tren que lo llevaría de regreso a casa.

- Hermana María, no se levante.

- Pero ya estoy bien, déjame ayudarte.

- No, usted tiene que descansar ese brazo. Dijo la jovencita de cabellos rubios

- Señorita Pony dígale algo.

- Hermana María, ya sabe como es Candy.

- Pero ya estoy muy bien, solo fue un pequeño golpe.

- ¿Pequeño golpe? Hermana María usted se fracturo el brazo.

- Candy, tú misma lo dijiste solo fue un brazo, no fueron ambos. Además la familia Grandchester se enojara por no estar cumpliendo con tu obligación.

- No se preocupe hermana, hable con Annie y ella me dio el permiso.

- Lo que no entiendo es cómo se fue a romper las cadenas riendas del caballo. Dijo la señorita Pony.

- Debió haber sido por lo vieja que estaba.

- No hermana María, la soga no se rompió por el tiempo que llevaba, esta fue cortada.

- ¿Cortada? Pregunto Candy.

- Así es, cuando la hermana María subió a la carreta para comprar más leche el caballo apenas tiro de la cuerda y esta se rompió, haciendo que ella cayera y se quebrara el brazo. Cuando fui a ayudarla me encontré con la cuerda y esta tenia señales de haber sido cortada.

- Señorita Pony, eso es absurdo ¿Quién podría haberlo hecho? Los niños le tienen miedo a los caballos. Dijo la hermana María.

- No lo sé, pero tal vez podría haber sido un bandido que intentaba robarse el caballo. Recuerde que algo parecido sucedió aquella vez que entraron a robar aquí.

- Bueno no lo había pensado. Pero ¿Qué querrán de nosotros, si solo somos un orfanato? No tenemos riquezas, apenas y vivimos de las donaciones.

- Es verdad pero no se me ocurre nada más.

- Ahora sí, lejos de los Grandchester nadie podrá ayudarte, Huérfana idiota. Decía un hombre sentado sobre un sillón mientras sostenía una navaja con la que recodaba como había cortado ligeramente la cuerda que sostenía al caballo. – Muy pronto, muy pronto pagaras por todo ¡JURO QUE JAMÁS DEJARE QUE SEAS FELIZ!

...

- ¡Terry!

- ¡Hermano! ¡volviste! Las dos damas corrieron a los brazos de su familiar.

- Creí que volverías después. Dijo la abuela.

- Bueno… arregle todo antes de tiempo y bueno… Estoy de vuelta.

- ¡Que alegría! Dime que quieres comer, le diré a Lotty que te prepare lo que más te gusta.

- Estoy bien con lo que cocine abuela, no te preocupes.

- ¿Estás seguro?

- Si, ahora quisiera irme a mi habitación.

- Oh por supuesto, debes estar agotado por el viaje.

- El asintió.

Al caminar por el pasillo, se detuvo frente a la habitación de Candy, cerró los ojos y continuo caminando hasta llegar a su recamara.

- Se ducho y se cambio a algo más cómodo. Intento dormir pero era inútil, cerraba los ojos y aparecía ella. De mala gana se paró de la cama y salió de su habitación.

- ¿Creí que ibas a intentar dormir? Era la voz de Annie.

- Eh… yo…

- Estás preocupado por Candy ¿verdad?

- No… si… digo no… bueno si pero ¿cómo lo sabes?

- Lotty nos dijo que habías llamado y que preguntaste por todos pero especialmente por alguien más.

- Esa mucama, debería mantener su boca cerrada. Dijo con molestia.

- No sé que pasó exactamente entre ustedes pero conozco tu carácter y sé que eres muy impulsivo.

- ¿Yo...? Dijo Terry ofendido.

- Sí, siempre te dejas llevar por tus emociones, antes de hablar. A veces me pongo a pensar si hice bien en pedirle que regresará, eres insoportable y al traerla solo la condene a tener que soportarte.

- La culpa lo carcomía por dentro.

- Ella era la mujer perfecta para ti y tú la desaprovechaste. En serio quiero a Candy y deseo que encuentre a alguien que la valore.

- ¿Alguien? Pregunto.

- Así es, estoy segura que muchos morirían por ella.

- De pronto la idea de verla con otro le hizo experimentar una sensación desagradable. Ella no puede estar con otro.

- ¿Y por que? Ella es libre, tiene todo el derecho del mundo a ser feliz. Es una mujer amable, hermosa, educada y solidaria pero sobre todo ella es leal.

- Leal… esa palabra le recordó aquella vez que la vio con Anthony. Ella lo había traicionado, los vio con sus propios ojos, ellos estuvieron a punto de besarse. Sin embargo por más que intentaba pensar en ella como traidora su corazón le decía que estaba equivocado. ¿Cómo debería actuar? Seguir a su corazón o hacerle caso a la razón. ¿De verdad creía que ella lo había traicionado? Hasta para él esa idea era estúpida. Candy no era esa clase de persona. - ¿Dónde está? Dijo finalmente.

- Ahora que pretendes ¿Acaso quieres echarla de nuevo?

- No, yo solo…

- ¿Solo que?

- Quiero pedirle perdón.

- ¿Y crees que será tan tonta como para perdonarte así simplemente?

- ¿Y que sugieres que haga?

- Dile que la necesitas, que eres…

- ¿Un tonto? Dijo él.

- Tonto no sería la palabra que yo diría más bien fuiste un idiota.

- ¡Oye! Se quejo.

- Pero es cierto o me lo vas a negar.

- Está bien… le diré que fui un idiota, un tonto pero ¿será suficiente?

- Bueno tendrás que esperar a ver como lo toma, fuiste muy grosero con ella.

- ¿Y si no quiere saber más de mi?

- Es un riesgo que tendrás que tomar.

- Dime donde esta exactamente, tengo que hablarle ahora.

- ¿Por qué no la esperas aquí? Ella vendrá en unos días.

- No puedo esperar tanto, siento que si no le pido perdón ahora me arrepentiré el resto de mi vida.

- Tranquilo, ella está bien. La hermana María sufrió un pequeño accidente y Candy no podía estar tranquila así que le di una semana libre.

- ¿Estás segura que está bien? ¿Te llamo y te lo dijo?

- Bueno no lo sé, el hogar de Pony no tiene un teléfono.

- Pero cálmate está con ellos, ¿Por qué estas tan nervioso?

- Saldré un momento.

- Pero ya esta atardeciendo.

- No te preocupes, regresare a tiempo para cenar. Fueron las últimas palabras de Terry antes de salir e irse en su auto.

- Lotty, ¿Has visto a mi esposo? Pregunto Annie cuando se encontró con la mucama.

- No señora.

- Gracias. La mucama se fue continuando con sus labores.- ¿Qué extraño? Él no tenía trabajo el día de hoy.

- Su corazón latía con rapidez, sentía que si no la veía no podría estar tranquilo. Manejo tan rápido que tan solo le tomo minutos llegar al hogar de Pony.

- Se armo de valor y toco la puerta esperando verla.

- Sin embargo quien le abrió la puerta fue la señorita Pony. Señor Grandchester ¿Qué lo trae por aquí?

- Buenas tardes, supe lo de la hermana María y quise saber cómo estaba.

- Oh, está recuperándose pero adelante, le preparare un té.

- Terry acepto la invitación.- Creí que Candy estaba aquí. Dijo al no verla por ningún lado.

- Oh, ella se fue al mercado del pueblo, hace unos días tuvimos problemas con la leche y ella se ofreció a ir a recogerla esta vez.

- Oh así que está en el mercado del pueblo, Eh… lo siento pero tengo prisa señorita Pony ¿podríamos dejar la invitación para otro día?

- Pero…

- Sabía que entendería, nos vemos pronto. Dijo Terry subiendo con rapidez a su auto.

En el mercado del pueblo, Candy estaba cargando la carreta con galones de leche.

- Creo que esto será suficiente, ¿Cuánto le debo señor? Luego de pagarle, Candy subió a la carreta que era tirada por el caballo.- ¡Oh, cierto! Casi lo olvido, tenía que comprar verduras frescas. Candy vio que cerca había un puesto donde un señor vendía verduras. – No te vayas a mover. Dijo Candy al caballo. Busco en el bolsillo de su vestido las monedas, tan solo le quedaba unas pocas, Rogo para que le alcanzaran. Afortunadamente el señor era amable y logro conseguir muy buenas verduras por un precio cómodo.

- Ahí estaba, pero ¿Acaso cree que podrá cargar todo eso ella sola? Se bajo del auto y camino hacia ella.

- Candy giro al escuchar el sonido de un coche detenerse y al reconocer al dueño que bajaba del auto se apresuro en caminar a la carreta.

- ¡Oye espera! Grito Terry caminando más rápido. – Sigue siendo tan terca. Pensó Terry con una sonrisa. Mientras caminaba para alcanzarla vio algo extraño, una sombra oscura que apareció detrás de uno de los puestos de los mercaderes. ¡Eso era! Reconoció el arma era una pistola y esta apuntaba a… Corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron.

- ¿Qué estas…? ¡BOOM! Candy sintió un empujón y cayó al piso lastimándose la rodilla.

- ¡Ahhh! La gente del pueblo gritaba desesperada, muchas mujeres abrazaron a sus hijos otras corrieron. - ¡Santo cielo! Eso fue un disparo.

- Al abrir los ojos Candy vio como toda la gente la miraba con horror ¿Qué había pasado? ¡Terry! recordó que él la había empujado. Se sentó en el suelo y entonces se dio cuenta que no la miraban a ella. Ella siguió la mirada curiosa de los demás y vio a alguien tirado en el suelo. Una ráfaga de viento frio paso por la espalda de Candy, se levanto y se acerco al cuerpo que estaba tirado en el piso. Sus ojos se abrieron con terror.

- ¡Terry! reacciona, reacciona por favor. Candy lo movía pero él ni reaccionaba su pecho estaba manchado y la sangre sobresalía de él, tomo su mano e intento moverla pero esta cayó al suelo. Su cuerpo estaba cada vez más frio.

- ¡Ahí esta! ¡Atrápenlo! Un grupo de pobladores fue corriendo tras un hombre encapuchado.

- ¡Oh!

- ¡Abuela! ¿Estás bien? Decía Annie.

- Si querida, solo sentí algo extraño aquí en el pecho… ¿Por qué no baja tu hermano? Ya casi es hora de la cena.

- No te preocupes abuela, el vendrá pronto. Dijo que llegaría a tiempo a la cena.

- La abuela asintió pero su corazón no dejaba de dolerle, sentía un mal presentimiento.

Continuará…

HOLA CHICAS… Les traigo nuevo capitulo, lo iba a subir el martes pero bueno me anime y lo subi hoy para que lo disfruten.

Bueno les comento que los capítulos que se vienen traerán grandes sorpresas que tal vez no se imaginaban algunos sucesos serán tristes que afectarán mucho a nuestra pecosa dejandole una huella imborrable en el corazón así que esperen de todo porque se revelaran muchas cosas del pasado.

Les mando besos a todas y espero sus comentarios que los leeré con mucho gusto. Gracias por sus saludos en mi cumpleaños. Nos leemos pronto.