Capítulo 28: Una promesa inquebrantable
En un lugar desconocido, se podía escuchar los pitidos de una máquina que se veía el pulso de unos individuos que se encontraban acostados en tres camas. Eran nada menos que la familia Galaxy.
Aurora estaba en la cama de la izquierda, Stellar el del medio y Comet el de la derecha. Todos tenían la maquinita para observar sus pulsos. Los tres parecían que no iban a despertarse en ningún momento. La madre de los pequeños no tenía los lentes puestos ya que estaba en una mesita al lado de su cama y otra mesita, estaba también la pañoleta negra del pequeño que sorprendentemente, seguía intacto.
En un cojín del lugar, se encontraba sentada la princesa Celestia en una esquina observando a los tres ponis con una tristeza reflejada en su cansado rostro ya que se notaba su melena desarreglada igual que ojeras. No llevaba la corona ni su collar, solo sus zapatillas. Parecía que llevó días sin dormir bien.
—…— la alicornio daba un gran bostezo y se restregaba un ojo. Con su magia, tomaba una taza de café que tenía en una mesita a su lado para darle un sorbo —…— suspiraba deprimida y dejaba la taza en la mesita —Espero que se despierten pronto…— daba otro bostezo y empezaba a cabecear un poco. No soportaba más el sueño, pero de igual forma, intentaba no dormirse, sin embargo, el sueño le ganaba poco a poco haciendo que sus ojos se cerraran lentamente, aunque los abría de golpe para sacudir su cabeza. Agarraba la taza para tomar café y miraba que ya no tenía —Oh, genial…— dejó la taza en su sitio y daba un bostezo. Observaba fijamente las camas y empezaba a cabecear nuevamente. Sus ojos se cerraban lentamente. Quería mantenerlos abiertos hasta que los cerró por completo quedándose dormida.
.
.
.
—Princesa… Princesa Celestia, despierte— la llamaba alguien haciendo que la aludida empezara a despertarse para acto seguido, dar un bostezo.
— ¿Qué pasa?— preguntaba somnolienta mirando a una enfermera que estaba a su lado.
—Lamento haberla despertado, alteza, pero la señora Aurora despertó— respondía con una sonrisa. Al escuchar eso, la princesa se sacudía la cabeza para ver fijamente a la cama donde estaría la pegaso roja y se daba cuenta que estaba sentada, y comía un emparedado que le había traído la enfermera, pero sin usar sus lentes.
— ¿Desde cuando despertó?— preguntó Celestia con una gran sonrisa al verla despierta.
—Desde hace una hora, si no me equivoco— respondió con educación.
—Ok. Gracias, enfermera… ¿Se puede retirar? Quisiera hablar a solas con ella— pedía levantándose del cojín.
—Ok, princesa Celestia. Si necesita algo, solo llámame a mi o a una de mis compañeras. Siempre estaremos a su servicio— decía la enfermera dándole una reverencia.
—Claro, pequeña poni. Si necesito algo, las llamo— comentaba con una sonrisa cansada.
—Ok, princesa. La dejo sola para que hable con la paciente— al decir eso, se levantaba para retirarse del cuarto abriendo la puerta y la cerraba detrás de ella. La alicornio empezaba a caminar en dirección a Aurora que le costaba masticar el emparedado que tenía en el hocico, pero se daba cuenta que la tía de sus hijos se acercaba y lo tragó en seco para luego toser un poco.
—… V-Vaya. Cof. Cof. Por fin se despertó la bella durmiente— habló la pegaso con un tono algo bromista mirándola de reojo. Celestia se detenía a un costado de la cama.
—Me alegro que despertarás, amiga y por lo visto, tu humor sigue igual, al menos sí estoy yo presente— mencionó la princesa con una sonrisa alegre. La aludida lanzaba un bufido para después dar otra mordida al emparedado — ¿Te gusta lo que te trajo la enfermera?— preguntó con curiosidad.
—…— la yegua roja levantaba una pezuña para que esperara un poco y se tragaba lo que tenía en el hocico, y tomaba un poco de un jugo que tenía en la bandeja —… Mis sándwiches son mejores que ésta porquería, porque en serio, este emparedado parece que lo hubieran hecho con arena. Difícil de tragar y te tardas como dos horas masticando ésta estupidez. Si yo fuera una dueña de un restaurante de emparedados, las despediría a todas por hacer comida de mala calidad hasta me dan ganas de golpear al responsable que preparó esta cosa, porque ni sándwich es— hablaba mirando a esa comida con desprecio.
—… Por lo visto, estás bien. Tu cerebro no se vio afectado para nada— daba una risita al terminar de decir eso.
—Je. Je. Muy graciosita, traserona real— comentó con burla.
—Mira quien lo dice, gran trasero rojo— mencionó burlona. Las dos se miraban fijamente molestas, pero después sonreían y la alicornio la abrazó teniendo cuidado ya que Aurora seguía conectada a la máquina —Me alegro que estés bien. Había temido lo peor— agregaba deprimida.
—Tranquila. Estoy bien, Celestia. Eso para mí, no es nada— decía la pegaso con un tono calmada para luego separarse del abrazo — ¿Y tú? ¿Estás bien?— preguntaba curiosa.
—Sí, estoy bien. Al menos no me afectó la cabeza al estar tanto tiempo hipnotizada— comentaba la princesa pasando una pezuña en su cabeza.
—Me alegro…— la yegua roja cambió su expresión a tristeza para dirigir su mirada a sus hijos que aún no despertaban. Celestia se daba cuenta de eso y ponía una pezuña en su hombro.
—Tranquila. Ellos están bien. Solo se encuentran dormidos— trataba de tranquilizarla.
—Ya lo sé… La enfermera me dijo que Comet tuvo como dos paros cardiacos… Al escuchar eso, me asusté que mi pequeño… estuvo a punto de morir… Si moría… … Nunca me lo perdonaría… … …— la pegaso cerraba sus ojos y unas lágrimas recorría sus mejillas. La alicornio veía eso con tristeza y la abrazaba poniendo su cabeza en su pecho.
—Tranquila, Aurora. Tu hijo sigue vivo y respirando con normalidad. Eso es lo que importa— mencionaba con un tono consolador acariciando la melena de Aurora que lloraba un poco en el pecho de la tía de sus hijos.
—… Si… Tienes razón…— rompía el abrazo para limpiarse los ojos —Solo que… mis pequeños pasaron por mucho… … … No me imagino como debieron sentirse estando solos y yo estuve a punto de… de…
—No pienses en eso, Aurora. Pasó pasó. Esa loca asesina ya está muerta. Así que no debes preocuparte más por eso ¿ok? Esa desgraciada recibió su merecido y Equestria podrá vivir en paz, al menos— hablaba la yegua blanca con seriedad.
—… Ok…— la madre de los pequeños daba un sorbo al jugo que tenía para luego mirar a la princesa — ¿Te vas a quedar parada o te vas a sentar? No creo que puedas crecer más— agregaba rodando sus ojos fastidiada mirando a otro lado.
—Ok, ok. Me siento— la alicornio se iba a sentarse en la cama por el borde.
—Ni se te ocurra poner ese gordo trasero tuyo en la cama ¿Qué quieres? ¿Qué se caiga la cama?— preguntó molesta.
—Pero bueno, te traje aquí en el hospital para que no te murieras igual que tus hijos ¿y así es como me lo pagas? Además, que soy tu princesa. Así que más respeto o te encierro en los calabozos— decía con una mirada intimidante, aunque la aludida la veía con tranquilidad.
— ¿Tú te atreverías a encerrarme?— preguntaba con una ceja alzada.
—… Por supuesto que no. Con lo que vi en el bosque Everfree, tu romperías las cadenas, la celda hasta el calabozo y todo el fondo real, iría para los calabozos para quedarse el reino quebrado y nos iríamos a la ruina— respondía Celestia suspirando fastidiada.
—Entonces, búscate otro lugar para sentarte… princesa Celestia— lo dijo con burla. La mencionada suspiraba resignada para traerse el cojín con su magia para sentarse a un costado de la pegaso.
—…— la susodicha miraba un momento la bandeja —Por cierto ¿Dónde están las pequeñas?— preguntaba refiriéndose a Rainbow Dash y a Fluttershy.
—Pues, primero lo primero, fui a llevarlas a enfermería para que la revisen y cuando le dieron el alta que no fue por mucho tiempo, las llevé con sus familias que se preocuparon mucho por ellas— respondía con una sonrisa.
—Me alegro que estén bien— decía sonriendo también.
—… … Aurora…
— ¿Sí?— la aludida la miraba curiosa.
—… ¿Me puedes explicar lo que pasó en el bosque? O sea esa transformación, ese extraño poder. Speed ni tú me hablaron mucho de ese fuego que solo tú tienes y que por lo visto, tus hijos lo heredaron, creo…— comentaba la alicornio confundida.
—… Ok… Te lo contaré, pero con una condición…— la veía con seriedad haciendo que la yegua blanca suspiraba fastidiada.
— ¿Cuál es esa condición?
—…— agarraba la bandeja para dársela — ¿Podrías traerme una comida decente? Porque con esta comida, no puedo. Si no me morí con la loca esa, me muero con este emparedado sacado del basurero. Así que llévate esto y restriégaselo a la cara, al que me hizo esta porquería ¿quieres?— habló con enojo.
—… Je, je. Ok, "su majestad". Te traeré comida decente para tu paladar— comentaba Celestia con sarcasmo mientras se levantaba y agarraba la bandeja con su magia —Aunque espero que me lo cuentes cuando regrese— agregaba algo fastidiada, pero sonreía, porque conocía bien su actitud al estar presente. Empezaba a retirarse abriendo la puerta.
—Sí, claro, pero procura no traerme comida hecho de tierra— decía con fastidio viendo como cerraba la puerta —…— se sobaba el estómago —Este emparedado del hospital es venenoso. Debería denunciarlos por traer comida contaminada a los pacientes— añadía fastidiada para acostarse en la cama observando el techo mientras esperaba a la princesa Celestia con su comida.
.
.
.
.
Se observaba ahora que Aurora estaba sentada con una bandeja en su regazo. Comía un plato de panqueques bien rico ya que se lo comía con gusto. La alicornio se encontraba sentada a su lado con una gota de sudor en la nuca.
—Mmmmm. Está rico. Esto sí es comida decente— decía la pegaso después de tragar para dar una sonrisa y le daba otro bocado.
—Je, je. Me alegro que te guste, amiga— comentaba con una sonrisa nerviosa —Es mejor que no le diga que le hice yo los panqueques, porque si no… como es ella conmigo, pensará que la quiero envenenar— pensaba con nerviosismo viendo a la yegua roja comiendo con gusto y bebía un vaso de jugo de naranja —Amiga… ¿ya me puedes explicar lo que pasó allá?— Preguntaba con seriedad.
—…— masticaba y se lo tragaba para poner una expresión seria —No te contamos nada, porque es confuso hasta para mi…— se quedaba mirando lo último que quedaba de sus panqueques —… Yo heredé este poder por mi padre, mi padre lo heredó por mi abuelo y mi abuelo por mi bisabuela, y así, sucesivamente…— alzaba su pezuña derecha por un momento y se cubría de su fuego rojo —Es un poder desconocido que hasta cualquiera pensaría de que raza viene este increíble poder…— apagó su pezuña para tomar lo último del panqueque.
— ¿Y tú… sabes de donde viene ese poder?— preguntó la princesa con curiosidad.
—… Nop— al decir eso, metía en su hocico lo que le quedaba de su comida.
—Pero ¿tu padre no te dijo de donde vino ese poder para empezar?— preguntaba extrañada. Aurora negaba con la cabeza al tragar lo que tenía en su hocico.
—No. Lo único que me dijo, es enseñarme a usar este poder de forma correcta, contarme que esto se hereda a mis hijos y los hijos de mis hijos, un poco más de información sobre del porque me da mucha fuerza, en mi caso… Nunca me habló el origen de esta cosa. Es como si fuera mejor llevar el origen del poder a la tumba o algo así— alzaba sus hombros mientras tomaba el vaso para bebérselo.
—Ya veo. Entiendo. Es un poder que no debe saber nadie de cómo se obtuvo para que no caiga en malos cascos, supongo— habló la yegua blanca comprensiva.
—Sí, supongo— ponía el vaso devuelta en la bandeja —… Aunque… mi papá me dijo una vez que cree, no estoy afirmando nada, pero cree que el origen de este poder, o sea al primero o primera que lo tuvo, no es ni siquiera un poni— agregaba pensativa.
— ¿En serio? ¿Y por qué lo piensas?— preguntaba confundida.
—No lo sé. No le pregunté, pero podría ser cierta o no, o sea ningún poni tendría este extraño poder ya que no soy unicornio ¿entiendes lo que digo?
—Sí, lo entiendo perfectamente. Es raro ver a una pegaso que le puede salir fuego de sus cascos— estaba de acuerdo con la madre de los pequeños.
—Sip… Yo lo veo como un aumentador o algo así, o sea si fuera otro fuego diferente al mío, subía mucho la velocidad y otro como el mío, me aumenta mucho la fuerza cuando solo cubro de fuego mis cascos y mi cuerpo con el fuego normal, no como la transformación que viste. Esa transformación es muy peligrosa hasta para mi… llegaría a perder el juicio. Es por eso que no me gusta usarlo…— decía con seriedad —Si lo usara por más tiempo, podría llegar a matar a cualquiera que estuviera cerca… hasta mis seres queridos… No podría distinguir de amigo y enemigo…— su vista se enfocaba en su hijo.
—Y-Ya veo… Pero lo de mi querido sobrino ¿Por qué fue eso?— preguntó curiosa.
—… Porque la loca esa le hizo algo haciendo que su fuego esté descontrolado haciendo que se enoje con facilidad, se vuelva inestable y podría llegar a lastimar a otros si se enoja…— su expresión cambiaba a tristeza —Mi padre me habló de esto cuando el poder esté descontrolado. Comet es muy pequeño para soportar todo ese poder que nubla su juicio hasta… moriría…
—Pero ¿puedes hacer algo para arreglarlo? No quisiera que mi sobrino le pase algo por enojarse. La ira es mala para empezar— comentaba Celestia con algo de sabiduría.
—Sí, lo sé, pero si se usa bien la ira, no, las emociones, entonces, podrá hacer lo que dicte su corazón. Lo que pasó con mi hijo fue un descontrol emocional. Puedo hacer que ya no tenga ese fuego negro con un entrenamiento que me enseñó mi padre, porque el negro significa inestabilidad emocional… Cuando lo vi en el bosque rodeado de ese fuego negro, me asusté mucho pensando de que mi hijo moriría sin poder hacer algo…— habló deprimida.
—Sí, pero tuve la oportunidad de dormirlo para que no llegue a mayores— le ponía un casco en su hombro —Así que tranquila, todo ya pasó y tu hijo está bien… excepto mis flancos que me dolieron mucho cuando me diste esa nalgada en el bosque, Aurora— la veía molesta —En serio ¿no pudiste despertarme como los ponis normales?— preguntaba fastidiada.
—Nop— lo dijo con simpleza sacándole la lengua. La aludida rodaba sus ojos.
—… Entonces ¿entrenarás a tus hijos para que controlen bien su poder?— preguntaba con curiosidad.
—Sí. No quiero que vuelvan a sucederle eso de nuevo. Que al menos… se puedan defenderse y no perder complemente el control del fuego que les dio… Hay cosas que deben saber, pero la verdad, prefiero que lo sepan cuando sean mayores de edad, porque si no, se vuelven locos y terminen quemando a sus compañeros de clase — respondía con algo de melancolía.
—Y-Ya veo…— se ponía algo nerviosa al oír eso —… Por cierto, hay algo que me deja confundida… ¿Por qué la pañoleta negra de mi querido sobrino sigue intacta? Vi que la llevaba consigo— estaba confundida al mirar el pañuelo que estaba en la mesita al lado de su sobrino.
—… Pues, no lo sé y eso es raro… Debe tener un buen material ese pañuelo para que no se carbonice— se encontraba confundida también.
—Ok… … Bueno, creo que te dejaré descansar— comentó la princesa levantándose del cojín para agarrar la bandeja que tenía Aurora con su magia ya que había terminado de comer.
—Ok… Fue lindo hablar contigo, Celestia… Tener una conversación "civilizada"— mencionaba viéndola con una sonrisa cálida —Por cierto Cely, ve a dormir, te ves horrible. Pareces sacada de la noche de Nightmare Night— agregaba con burla.
—Ok, amiga— rodaba sus ojos, pero sonreía de ver que su humor seguía intacto. Iba a retirarse, pero antes de abrir la puerta, recordaba algo, aunque ponía una cara de inseguridad si decirle o no, pero debía hacerlo —Amiga, esto… pronto enterrarán a… a… a… Speed, pero no lo harán si no les doy la orden… Si quieres, puedes venir a verlo antes de que…— fue interrumpida por la pegaso.
—No… No quiero verlo…— la yegua roja se acostaba para ponerse de lado con una mirada triste —… No podría soportar ver a m-m-mi marido ahora… y más v-v-verlo dentro de una a-a-ataúd…— su voz empezaba a quebrarse, pero intentaba no romper en llanto. La alicornio veía eso deprimida por su amiga.
—Ok, entiendo… ¿Quieres que les diga que lo entierren?— preguntaba para saber su respuesta.
—… S-Si… H-Hazlo… L-Lo veré después… E-En la tumba… … C-Cuando despierte mis hijos… … …— respondía con un sollozo.
—Ok, amiga… Nos vemos después— se despedía con tristeza abriendo la puerta para salir y lo cerraba detrás de ella dejando a los tres solos. Aurora se quedaba observando a sus hijos aun dormidos con los ojos humedecidos nuevamente y se le había escapado algunas lágrimas.
—… S-Speed… N-No será lo m-mismo sin t-ti…— sollozaba con depresión al saber que todo lo que pasó, no podría volver a aquellos tiempos y ella tendría que criar a sus dos hijos sola. Cerraba sus ojos para intentar dormir, aunque una lágrima rodaba por su mejilla derecha... Intentaba no llorar por la pérdida de su esposo, pero le sería difícil hacerlo por lo mucho que lo amaba.
.
.
.
.
Había pasado un día después de esa conversación. Aurora se encontraba acostada leyendo un libro que le había dado Celestia para pasar el tiempo. Era como el mediodía.
Estaba concentrada hasta que escuchó un quejido a un lado de ella. Dirigió de golpe su vista a la cama que le pertenecía a su hija. Sonreía alegre al ver que empezaba a despertarse. Así que dejaba el libro a un costado de ella para quitarse la sábana y se sentaba en la cama para poder salir de la misma.
—Mmmm…— Stellar daba un pequeño quejido y abría los ojos lentamente — ¿D-Dónde estoy?— preguntaba desorientada con una pezuña en su cabeza.
—Estas en la enfermería de Canterlot, mi pequeña— respondía su madre con una sonrisa que se acercaba lentamente. La aludida al observarla, empezó a asustarse y se escondía bajo la sábana —Hija ¿Qué pasa?— preguntó confundida.
—… ¿C-Cómo sabré que eres tú y no la esclava de esa loca?— preguntaba temerosa. Se notaba lo temblorosa que estaba bajo la sábana.
—Stellar, soy yo, en serio. Esa loca asesina ya no te hará más daño— respondió con una voz maternal.
—… … ¿En serio?— preguntó asomando su cabeza de la sábana, pero seguía desconfiada —A ver… camina frente de mí y te creeré— agregaba insegura.
—Ooookei— estaba algo confundida la adulta y empezaba a caminar frente a su hija. La pequeña se fijaba más en sus flancos y notó algo que la aliviaba.
—De verdad eres tu— decía saliendo de la sábana viéndola con unos ojos vidriosos.
—Pues, claro, soy yo, pero ¿Por qué me dijiste que caminara?— preguntaba confusa.
—Es que cuando estabas con esa loca, tu no parabas de mover tus flancos— respondía apenada.
—… Oh… Ya… Cuando estuve hipnotizada, no recuerdo casi nada de lo que hacía, pero lo que sí sé, era que… los hacía sufrir… a ti y a mi pequeño…— bajaba la cabeza con tristeza.
—Mami… ¿es verdad que esa… ya no nos molestará?— se acercaba un poco a la orilla para sentarse.
—Sí. Así es. Hice lo que pude para dejarle bien claro de que no se acerque a mi familia— comentó alzando su mirada con una sonrisa sincera.
— ¿En serio?... Me alegro. Por fin ya no tenemos que huir… Ya me cansé de caminar— mencionaba la potra acostándose en la cama cansada de forma dramática.
—Je, je. Sí, lo sé. Ahora están aquí, a salvo conmigo y con la tía Cely— sonreía maternal.
— ¿La tía Cely está bien?— preguntaba curiosa girando su cabeza para verla aun estando acostada.
—Sip. Muy bien. Aun come pasteles como siempre. Je, je— se reía un poco con burla.
—Je, je. Ya veo. Esa es mi tía…— le daba una sonrisa tierna — ¿Y Rainbow, y Fluttershy?
—En casa con sus padres. Las extrañaban mucho de no tenerlas en sus vidas— respondió con una sonrisa.
—Me alegro— las dos se miraban fijamente sin decir nada. La potrilla se veía su casco que estaba aún conectado a la máquina.
—…— Aurora estaba mirando a su pequeña fijamente y sentía una presión en su pecho —… Hija…
— ¿Si, mami?— la aludida giró la cabeza para mirarla con una expresión curiosa.
—… …— sin decir nada, la pegaso la abrazó de golpe sorprendiéndola —… P-Perdóname, Stellar… Perdóname…— se disculpaba y a la par, su voz se quebraba, parecía que iba a caer en llanto.
—Mami ¿Qué pasa?— preguntaba confundida del porque actuaba así.
—L-Lo lamento, mi q-querida hija…— su madre se alejaba un poco sin soltar los hombros de la potra —… S-Si te h-hubiera prestado más atención… … P-Podría evitar que… t-tú te sintieras r-rechazada por mi o por t-tu padre… S-Sé que fue un gran error dejarte s-sola en casa… m-mientras fui por C-Comet… o sea ¿Qué clase de m-madre haría e-eso?... D-Dejarte cuando m-más me n-necesitaba… … Yo…— no terminó de hablar, porque fue interrumpida por su hija.
—Mami, está bien… Mi hermanito era importante y tú querías ir a rescatarlo… No estoy molesta, aunque si un poquito al ver que te preocupabas más por mi hermanito que yo. La verdad, hubiera querido ser yo l-la… secuestrada y no él… y posiblemente, nadie de esto h-hubiera pasado… n-nadie me e-extrañaría… Nadie se p-preocuparía por mi… — tartamudeaba Stellar empezando a derramar lágrimas de sus ojos.
—Stellar, no digas eso. Claro que te extrañaría y me preocuparía mucho por ti… Tú eres la niñita de mis ojos… No importa quien fuera secuestrado ya que igual iría por Comet o por ti… Ustedes son mi vida… Me importan los dos… Puede ser que discuten mucho y dan ganas de darles un quédate quieto para que dejen de discutir… Pero son mis amados hijos y estuve muy orgullosa de tenerlos en mi vida… Si les hubiera pasado algo a alguno de ustedes, n-nunca me lo perdonaría… … y ahora, darme c-cuenta de que te sentías o-olvidada, de que p-prestaba más atención a Comet que a ti… Yo… me di cuenta que… n-no soy una b-buena madre… no soy una buena madre… Te fallé… Fallé a los dos…— habló Aurora con lágrimas en sus ojos y los cerraba.
—No digas eso, mami… T-Tu no nos fallaste… Tú eres una b-buena madre… Yo soy la m-mala hija… … Pensaba que nadie me quería y había dicho algo terrible… Yo… no merezco s-ser tu hija…— sollozaba la potrilla con lágrimas rodando por sus mejillas.
—No digas eso, hija… Tu siempre serás mi pequeña estrellita roja— decía la adulta sonriéndole con sinceridad sin dejar de derramar lágrimas.
—Mami… ¡Lo lamento!— exclamó lo último abrazándola con fuerza y ella le correspondía el abrazo. Se consolaban entre ellas, sacaban todo ese dolor que sentían por toda la situación que pasaron. Duraban un rato abrazadas y la pegaso rompía el abrazo poco a poco. Se secaba sus lágrimas.
—… Hija ¿tienes hambre?— preguntaba Aurora con una sonrisa maternal.
—… Sí, mami— respondía Stellar secándose las lágrimas, aunque se apenó al escuchar un gruñido en su estómago.
—Je, je. Ok. Te traeré algo de comer, porque la comida de hospital, es malísima— decía la yegua acariciándole la cabeza —Espera aquí, ahora vuelvo— agregaba tomando sus lentes para ponérselos y se retiraba para buscarle algo de comer a su hija mientras la pequeña se acostaba en la cama, pero su vista se enfocaba en su hermanito que seguía dormido.
—… Aun me quedaría una cosa por hacer para arreglar la estupidez que he cometido… Sé que no me perdonará, pero… al menos le diré que lamento por lo que dije en el tren…— pensaba la potrilla con una mirada triste al recordar en antaño lo que había salido de su hocico.
.
.
.
.
Había pasado un rato desde que Stellar se despertó. La pequeña estaba sentada comiendo un sándwich preparada por su madre ya que la adulta amenazó al cocinero del hospital de destruir la cocina si no la dejaba prepararle algo a su hija. La pegaso se encontraba sentada a un costado de su hija viéndola comer con una sonrisa.
—Como extrañé tus sándwiches, mami. Siempre pensando en un pan con cosas dentro— comentaba la potrilla llorando al estilo anime mientras masticaba lo que tenía en su hocico.
—Je, je. Me alegro, hija. Quise prepararte mi especial por tanto tiempo de no darte de comer uno de los ricos emparedados que hago— mencionó con una sonrisa presumida.
—Gracias, mami… aunque no merezco que me consientas— decía poniendo una expresión triste.
—Hija, no te pongas así. Tú te mereces que te consienta mucho, mi vida— comentó con una sonrisa maternal acariciándole su cabeza.
—Ok, mami…— se ruborizaba por tanto cariño que le daba.
Seguía la potra comiendo su sabroso sándwich hasta que de repente, alguien tocaba la puerta.
—Adelante— se abría la puerta dejando ver que era nada menos que Celestia. La princesa se observaba mejor que la otra vez. Con su melena y cola arregladas, se notaba que sus ojos tenían un poco de su brillo característicos, a la par que, llevaba sus accesorios de siempre.
— ¿Cómo estas, mi querida sobrina?— preguntaba la recién llegada cerrando la puerta detrás de ella para acercarse a la cama.
—Estoy bien, tía Cely— respondía Stellar con una sonrisa. La alicornio se ponía en el otro costado de la cama para acariciarle la cabeza.
—Me alegro que estés bien, sobrinita…— decía con una pequeña sonrisa. De repente, la pequeña la abrazaba poniendo su cara en su pecho dejándola confundida.
—Me alegra mucho que… seas tú, tía Cely— Celestia pestañeaba un poco para luego sonreírle y le correspondía el abrazo.
—… Lamento mucho si… he cometido algo imperdonable contra ti… … E-Espero que me perdones por cualquier m-mal que te h-haya hecho p-pasar…— la princesa se entristecía arrepentida y le salía una lágrima de uno de sus ojos.
—…— Stellar alzaba su vista para verla a la cara —No, está bien. No hay nada para perdonar. Tú no hiciste nada malo… ni me hiciste ningún mal. Así que no te preocupes— mentía un poco ya que recordaba un poco, aunque le era confuso que su tía le había disparado. No quería que se sintiera mal.
—Ok, mi sobrinita…— la yegua blanca sonreía al bajar la mirada para verla mejor hasta que bajaba su cabeza para decirle algo en el oído —Si quieres chocolate, solo decímelo y asaltamos una chocolatería— susurraba para guiñarle un ojo haciendo que su sobrina sonriera emocionada.
— ¡Celestia!— exclamaba Aurora molesta de que le diera un mal ejemplo a su hija.
— ¿Qué? Solo le digo que tiene una hermosa melena igual que tu… pero mejor— comentaba la princesa con una sonrisa burlona. La pegaso rodaba sus ojos fastidiada. En eso, la alicornio ponía una cara seria e insegura —Aurora ¿quieres ir a ya sabes dónde?
—…— suspiraba deprimida —Si… Al menos quiero decirle mi último adiós…— bajaba la mirada igual que sus orejas. La pequeña no entendía lo que pasaba, pero en eso, recordó algo dándole más sentido a lo que dijo su madre haciendo que se entristeciera.
—Papi… ¿ya está…?— no sabía cómo decirlo.
—Sí, hija mía… Tu padre ya está en un lugar mejor… y yo pienso ir a un lugar para despedirme de él, para que sepa que siempre lo amaré esté donde esté— comentaba con una triste sonrisa.
—Ok, mami… ¿Le puedes decir que también lo amo igual que Comet?
—Sí, hija. Se lo diré— Aurora le acariciaba su cabecita.
—Entonces ¿nos vamos?— preguntaba Celestia con algo de tristeza.
—Sí, vamos— respondía la pegaso con seriedad y miraba a la potrilla —Mi vida, ahorita regreso ¿ok? Quédate aquí y ponte al pendiente si tu hermanito despierta ¿entendido?
—Sí, mami. No te preocupes y cuando despierte, le hablaré de lo que pasó— habló su hija con una sonrisa.
—Ok, mi estrellita. Nos vemos— se despedía dándole un beso en la frente de Stellar para luego empezar a retirarse del cuarto.
—Nos vemos, mi querida sobrina— se despidió también la princesa dándole un beso en la frente de su sobrina y empezó a seguir a su amiga fuera de la habitación cerrando la puerta detrás de ella dejando a los pequeños en el cuarto.
.
.
.
.
En un lugar de Canterlot, donde se encontraban tumbas de cada ser querido que ha fallecido y ahora descansaban eternamente. Frente de una lápida, estaban Aurora y Celestia, una al lado de la otra mirando fijamente lo escrito en la lápida.
Aquí yace el capitán de la guardia diurna de la princesa Celestia.
El mejor soldado que cumplía con su trabajo hasta el fin.
Mejor amigo.
Mejor padre.
Nunca te olvidaremos, Speed Galaxy
—…— la pegaso no decía nada. Se quedaba viendo la lápida de forma inexpresiva.
—… Si quieres llorar, llora y no lo guardes…— habló la alicornio observando a su amiga de reojo de forma serena.
—No, estoy bien… Ya derramé muchas lágrimas… No creo que tenga más…— se notaba que su voz se quebraba, pero la yegua roja se hacía la fuerte —… Curioso… mi marido me dijo que si se muere algún día, que no lo vuelvan cenizas para que yo no esté besando a un jarrón o no esté haciendo cosas raras con él… Je, je… Lo golpeé tan fuerte que lo saqué de la casa por tacharme de rara… … Era un t-tonto… … … pero era mi tonto… …— sus ojos se humedecían y no podía evitar escaparle una lágrima de sus ojos. En eso, sentía como Celestia la abrazaba con una de sus grandes alas. Aurora sin poder resistirlo, apoyaba su cabeza contra el pecho de la princesa con los ojos cerrados —L-Lo… voy a e-extrañarlo… m-mucho…— sollozaba con sus lágrimas empezando a rodar por sus mejillas.
—Lo sé, amiga… Y-Yo también lo extrañaré…— decía la alicornio que no evitaba soltar lágrimas de sus ojos.
Las dos se quedaban calladas llorando en silencio. Ellas recordaban momentos con el semental, algunos de alegría, otros divertidos y otros de tristeza.
—… Speed tiene suerte de que… tenga dos yeguas que lo aman mucho…— comentaba la yegua roja con un sollozo.
—… Aurora… t-tengo algo que confesarte…— habló la princesa nerviosa y ruborizada.
—… Ya sé lo que dirás. Que siempre amaste a mi esposo ¿verdad?— al oír eso, la dejaba en shock y se sonrojaba mucho.
— ¿C-Como lo supiste?... Acaso… ¿soy tan obvia?— preguntaba con nerviosismo.
—Pues… viéndote como te comportabas con mi marido, era obvio— respondía la pegaso separándose de la aludida mientras se secaba sus lágrimas.
—Oh… L-Lo lamento… No es mi intención amar a un semental casado… Solo que como era mi único amigo en la vida y que me convirtió parte de la familia, me enamoré de él… aunque soy una princesa y no debí tener esos sentimientos hacia alguien casado… … Espero que no estés enojada conmigo…— bajaba la cabeza arrepentida igual que sus orejas.
—…— Aurora la miraba un momento —Las princesas también tienen derecho a amar. Así que no seas tan dura contigo misma— decía con una pequeña sonrisa.
— ¿Qué?... ¿No estas enojada conmigo?— preguntó confundida.
—Nop. Puede ser que al principio, sentía celos de ti y veía tus intenciones. No iba a dejar que me lo quitaras, aunque seas una princesa, Celestia— respondió con burla.
—Aaaaaaa y así fue como me torturabas, me humillabas ante él… Debí imaginármelo— habló la alicornio fingiendo estar fastidiada.
—Si… … pero ¿sabes algo? Si hipotéticamente yo fuera la que se muere y Speed no, mi marido ya tendría a alguien para que lo consuele y lo amara igual que yo… No estaría preocupada para nada al saber que está tú a su lado… Además, mis hijos te estiman mucho y te aman… — comentó con una sonrisa mirando la tumba donde yacía su difunto esposo.
—… Gracias, amiga— agradecía la yegua blanca con una sonrisa.
—De nada… A pesar del dolor de trasero que me dabas, confío en ti de que los cuidarás… y que yo espiritualmente, te diera una patada en tus enormes flancos de forma sobrenatural. Je, je, je— se reía un poco maliciosa.
—… Emmmm ¿Gracias?— estaba nerviosa con esa risa y tenía una gota de sudor en la nuca.
Volvían a estar calladas nuevamente mirando la lápida por un minuto.
—Entonces amiga ¿Qué vas a hacer ahora? O sea cuando se recupere completamente tus hijos ¿volverán a tu casa que está en Cloudsdale?— preguntaba la alicornio con curiosidad.
—… No. No pienso volver a esa casa… Esa casa me traería recuerdos muy dolorosos igual que mis hijos…— la pegaso bajaba la vista igual que sus orejas estando triste.
—Ya veo, pero no te preocupes. Tú y tus hijos son bienvenidos a quedarse en mi castillo todo el tiempo que quieran hasta si quieren, pueden vivir conmigo como parte de la realeza— decía Celestia con una sonrisa.
— ¿Harías eso por nosotros?— preguntó Aurora mirándola extrañada.
—Sí. Es mi deber velar por ustedes y porque lo hago por Speed. Cuidando a su familia— respondió con una sonrisa sincera.
—Ya veo… Te agradezco la oferta, pero la tengo que rechazar. No quiero que mis hijos se vuelvan parte de la realeza. Se volverían como el sobrinito tuyo… ¿Cómo se llama? El principito ese malcriado que conocí la otra vez y que dejé sus flancos tan rojos que no se volvió a sentarse otra vez por faltarme al respecto— comentaba fastidiada de recordar ese día.
—Je, je. Sí. Lo siento por eso . Blueblood tiende a pasarse un "poco"— rodaba sus ojos.
—Si ese "poco" significa que tuvo el descaro de tocarme los flancos, pues, sí. Se pasa un "poco"— habló con burla —Pero bueno, olvidando ese tema, pienso que nos quedaremos en el castillo por un tiempo o mejor dicho, que mis hijos se quedaran en la castillo contigo por un tiempo ya que yo iré de viaje…— agregaba observando el cielo con seriedad.
— ¿De viaje? ¿A dónde irás?— estaba confundida.
—A buscar un nuevo hogar para que mis hijos y yo podamos estar tranquilos, pero también será en un lugar para que pueda entrenar con tranquilidad a mis hijos para que controle mejor ese fuego de su interior— explicaba un poco la madre de los pequeños.
—Ya veo, pero ¿Por qué no los llevas contigo?— preguntaba curiosa.
—Porque… no quiero que estén conmigo de subiendo y bajando trenes por todo el reino. Además… también es para… auto reconocimiento… O sea quiero pensar, meditar por todas las cosas que pasó. Saber más del poder y como entrenar a mis hijos, y esas cosas— respondía sin dejar lo seria.
—Oh, entiendo. No te preocupes por tus hijos. Los cuidaré muy bien como si fueran mis propios hijos— decía con sinceridad en su voz.
—Lo se… pero al estar aquí, deben estudiar, o sea aquí no se libraran de los estudios. Son potros en crecimiento y quiero que estudien, aprendan mientras estoy de viaje— comentaba viendo a la yegua blanca con una sonrisa.
—Ok, amiga… Mmmmm. Podría meterlos en mi academia, pero solo son para unicornios…— se quedaba pensativa.
—Solo mételos en una escuela que no haya muchos estirados, ni nada por el estilo. Tampoco quiero que se vuelvan como ese principito— lo dijo con fastidio.
—Ok, amiga. Veré lo que pueda hacer— contestó la princesa con una sonrisa. La pegaso la veía y le dedicaba una pequeña sonrisa para luego abrazarse y Celestia la cubría con sus grandes alas. Aurora miraba de reojo la tumba de su difunto marido para después mirar al cielo.
—Hasta luego, mi amor. Espero que sigas viendo a nuestros hijos crecer y ser valientes como lo fuiste tú…— pensaba la pegaso con una sonrisa y una lágrima se escapaba de su ojo izquierdo rodando por su mejilla hasta caer al suelo como una gota de lluvia.
.
.
.
.
.
.
Ya era de noche en Equestria. Aurora se encontraba caminando por un pasillo del hospital. Caminaba a pasos lentos con la mirada baja. Estaba deprimida sabiendo que su esposo ya no estaría más con ella.
La susodicha llegaba a la puerta donde estarían sus hijos, pero antes de que abriera la puerta, escuchaba la voz de su hija.
—Hermanito… por favor… no digas eso… Mami, Tía y yo te queremos— habló Stellar con una voz triste. La adulta se extrañaba por lo que dijo y pegaba un momento su oreja a la puerta.
—Es cierto… Todo esto es culpa mía… Puede ser que sea pequeño, pero reconozco que papi no volverá más… Mami llora… Tú me odias… … Todos hubieran estado bien si yo… yo no existiera…— sollozaba Comet. Eso hacía que le rompiera el corazón a su madre. Quería entrar y consolarlo, pero en vez de eso, abría un poco la puerta para asomar la cabeza y podía observar que la potrilla roja estaba sentada en la cama de su hijo, aunque el pequeño le daba la espalda.
—Eso no es cierto, hermanito… P-Perdóname por lo que te dije en el tren… No fue mi intención… En serio, no lo fue— se arrepentía la pequeña con lágrimas rodando en sus mejillas.
—Me lo dejaste e-en claro y t-tienes razón… Era mejor que no hubieras venido por mí y me dejaras con esa rarita… … No merezco nada… Solo soy un estorbo…— el potrillo estaba resistiendo en no caer en llantos y se tapaba un poco con la sábana.
—Eso no es verdad… Tu eres mi hermanito y tú nunca serás un estorbo…— la mayor se arrastraba por la cama para ponerse frente a él para verlo a los ojos, aunque el pequeño no quería mirarla —… Yo soy la que no merece nada… Por mi culpa, esa loca te secuestró, por mi culpa, papi se… … Todo esto es mi culpa… Solo pensaba en mí… Solo pensaba lo mal que me sentía sin importarme lo que pensaras tu… … Yo soy la que debió desaparecer… No tu…— sus lágrimas rodaban a mares por sus mejillas. El aludido la miraba sorprendido —... Debí actuar como una hermana mayor… Sin que me diera envidia de mi propio hermanito… pero fui un fracaso… No merezco que me mime, mami… No merezco nada… … ... L-Lo que m-merezco e-es estar s-s-sola… c-como s-siempre…— no pudo más y rompió en llanto. Comet la veía fijamente y no podía evitar empezar a llorar —P-Perdóname, h-hermanito… p-por ser una m-mala h-hermana para t-ti…
—… No seas t-tonta…— el pequeño se sentaba en la cama para verla con los ojos llorosos —Yo s-soy el que debería pedirte p-perdón… p-por ser un m-mal hermanito… P-Por tener que s-soportarme s-siempre… s-sin importarme lo que s-sentías… P-Perdóname por ser t-tan pesado c-contigo…— sollozaba Comet y en eso, recibía un abrazo de su hermana.
—N-No… Tu perdóname… p-por no s-ser la hermana que e-esperabas…— le seguía pidiendo perdón y los dos dejaban de hablar estando abrazados llorando amargamente, pero se consolaban del uno con la otra. Sacándose lo que sentían entre ellos. Aurora tenía lágrimas en sus ojos. Por lo visto, no se le acabó las lágrimas y no pudo evitar entrar de golpe para galopar hacia la cama de los pequeños haciendo que llamara la atención de los dolidos.
—Oh, mis pequeños— la yegua los abrazaba contra su pecho.
—M-Mami…— los dos potros seguían llorando y la abrazaban con la cara en su pelaje mojándolo un poco. Se desahogaban los tres por lo que pasó y no querían separarse por nada en el mundo.
Había pasado un gran rato y se podía observar como los dos potrillos se quedaron dormidos por llorar mucho abrazados a su madre que estaba arrodillada frente a la cama ya que Aurora también se quedó dormida por tanto llorar. En eso, los tres eran levitados para acomodarlos bien en la cama poniendo a la adulta acostada mientras ponía a sus hijos junto a ella para luego ser arropados por la sábana.
—…— Celestia estaba en la puerta mirándolos con unas lágrimas cayendo de sus ojos y se los secaba —Que descansen… Mis pequeños ponis…— susurraba con una sonrisa triste y se retiraba cerrando la puerta lentamente detrás de ella para no hacer ruido ya que quería que siguieran durmiendo por todo lo que pasó. Se lo merecían.
.
.
.
.
.
.
Había pasado varios días desde entonces. Los hermanos Galaxy ya les había dado el alta para salir, pero que Comet evitara enojarse, porque su corazón aún estaba algo sensible y no se recuperó del todo.
La tía de los potros, les había dado una habitación del castillo para que estuvieran más cómodo, sin embargo, Aurora lo hubiera declinado de dormir ahí, pero no lo hizo ya que como pronto se iría, se aseguraba de que sus hijos estuvieran cómodos con la princesa mientras ella se iba de viaje, aunque también sabía de lo insistente que sería la alicornio.
Después de un par de días, los dos pequeños pegasos junto con la princesa, estaban en la entrada del castillo donde en la puerta era custodiada por dos guardias diurnos. Los tres susodichos se encontraban algo deprimidos ya que frente de ellos estaba Aurora con unas alforjas tapando su cutie mark.
— ¿De verdad te tienes que ir, mami?— preguntaba Comet con tristeza.
—Sí, mi vida. Me tengo que ir, pero no te preocupes, les enviaré una carta cuando pueda para que sepan de mí— respondía la pegaso con una sonrisa maternal y le acariciaba la cabeza de su hijo.
—Pero mami ¿no podemos ir contigo?— preguntó Stellar deprimida —Después de lo que pasó, pensé que esta vez, podríamos estar juntos…
—Sí, lo sé, pero no podemos vivir con la tía Cely por siempre, hija. Tarde o temprano debo buscar un lugar para vivir. Además, ustedes no pueden venir conmigo, porque deberíamos ir mucho en movimiento y no podemos descansar— respondió la yegua roja tratando de que lo comprendan. La alicornio miraba a su amiga. Ella sabía que la madre de los pequeños, no solo buscaría un lugar para vivir ya que buscará algo más que eso.
—Amiga, tú sabes que pueden vivir en mi castillo cuando quiera. Son mi familia también. Si no pudiste encontrar a donde vivir, tú y tus hijos pueden vivir conmigo— comentó Celestia con una sonrisa sincera.
—Gracias, Celestia. Lo tendré en mente si no encuentro nada— mencionó Aurora con una sonrisa.
—Mami…— la adulta veía al potrillo que tenía las orejas bajas — ¿Cuándo volverás?— preguntaba curioso.
—…— suspiraba deprimida —No sé, mi vida. Eso dependería si encuentro el lugar correcto. Puede ser que me tarde unos meses o un año… No lo sé con exactitud— comentaba apenada.
— ¿U-Un año?— la potra se sorprendía y se entristecía mucho al escuchar eso.
—P-Pero mami… ¿tú no… estarás cuando sea nuestros cumpleaños? ¿O el día de los corazones cálidos?— preguntaba su hijo deprimido y ponía una mirada tierna.
—Je, je. Ay, hijo. Cuando sea tu cumpleaños o el de tu hermana, o el día de los corazones cálidos, yo estaré aquí sin dudar… y con unos regalos— al escuchar eso ultimo el potrillo, cambió su semblante a una sonrisa de oreja a oreja.
— ¿¡En serio!?— gritaba emocionado. Su hermana estaba sorprendida. Quería brincar, pero aguantó las ganas.
—Sí. Intentaré conseguir recuerdos del viaje y esas cosas. Así que no se preocupen por sus regalos hasta me conseguiría el mejor chocolate del mundo. Je, je— daba una pequeña risita haciendo que Stellar gritara con una emoción nunca antes vista.
— ¿¡En serio!?
—Sip. En serio. Cuando vuelva, tendrán sus regalitos comprados por su querida madre. Serán mejores que los regalos de esa altota que no quiero decir su nombre, pero que la estoy viendo— decía la pegaso con una sonrisa burlona mirando a la alicornio que se ofendió.
—Oye— se quejó la princesa y pudo escuchar unas risitas detrás suyo. Giraba su cabeza para ver a los guardias que reían un poco por lo que dijo la yegua roja, aunque cuando sintieron la mirada de Celestia, recuperaban la compostura.
— ¡Siiii!— gritaban los dos hijos de Aurora brincando de alegría.
—Je, je, je. Sabía que se alegrarían si les dijera esto… Después de todo, siguen siendo potrillos… Al menos tienen un poco de su inocencia… aunque…— pensaba la madre de los pequeños y se fijaba en Comet que saltaba con alegría —… Mi hijo maduró algo rápido ya que sabía que su padre no estaría más y no me preguntó más sobre él… … Eso es lo que temía… … Todo lo que sufrimos, hizo que cambiáramos mucho por dentro…— pensó con tristeza —Por cierto princesa Celestia, gracias por las alforjas. Ya me sentía desnuda sin ellas— agradecía con una sonrisa.
—Emmmm. Amiga, si te das cuenta, siempre estamos desnudas— decía la alicornio extrañada.
—Sí, lo sé, pero hace mucho tiempo que me acostumbré a estar con alforjas. Tú sabes porque— comentaba guiñándole un ojo.
—Oh, sí, claro— entendía a lo que se refería.
—Y gracias también por el préstamo. Cuando pueda, te devolveré lo que gasté— mencionaba la pegaso apenada.
—No te preocupes por eso. No hace falta que me pagues. Es un regalo de mí para ti, amiga. Quiero que te vaya bien y… consígueles regalos a tus hijos. A ver si son mejores que los míos— la princesa le sonreía desafiante.
—Je. Dalo por hecho— decía con burla —Bueno mis pequeños, ya me tengo que ir. El tren llegará a la estación en cualquier momento y no quiero perderlo— agregaba con una triste sonrisa haciendo que los aludidos se entristeciera de nuevo.
—Ok, mami— decían al unísono. La yegua roja se acercaba a sus hijos y les daba un beso en sus frentes.
—Nos vemos, mis pequeños. Pórtense bien y háganle caso a su tía Cely ¿ok?— les sonreía de forma maternal.
—Sí, mami— respondió Stellar con una pequeña sonrisa.
—Sí, mami. Me portaré muy bien con la tía Cely— respondía con una sonrisa. La adulta daba una risita y se acercó a la alicornio para darle un abrazo.
—Cuídalos muy bien ¿ok?— la alta yegua con una sonrisa, le correspondía el abrazo.
—Claro, amiga. Como dije, los cuidaré como si fueran mis propios hijos hasta los protegeré por si pasa algo… Daría mi vida por ellos…— Celestia no podía evitar salirle una lágrima de un ojo al recordar a su mejor amigo Speed.
—Lo se igual que yo…— la madre de los potros rompía el abrazo para retroceder un poco de ellos y abría sus alas —Hasta luego— se despedía para dar media vuelta y emprendía el vuelo para empezar a volar en dirección a la estación del tren de Canterlot.
Sus hijos se despedían de la yegua a gritos y movían sus pequeños cascos hasta que cuando la perdían de vista, bajaban sus cascos tristes debido a que no sabían cuando la verían otra vez y se preocupaban por su madre. La princesa se ponía entre los potrillos para arrodillarse y los abrazaba con sus grandes alas.
—No se preocupen, mis queridos sobrinos. Su madre estará bien. Ella es una yegua fuerte ¿recuerdan?— al oír eso, los dos potros alzaban sus miradas para verla con una sonrisa.
—Sí, tienes razón, tía. Mami es fuerte y nadie podrá con ella— decía Comet con una sonrisa de confianza.
—Sí. Mami sabe cuidarse sola y si alguien la molesta, lo envía al hospital— comentaba Stellar con una sonrisa.
—Eso no lo dudo. Je, je— la alicornio se levantaba para levitar a sus sobrinos para ponerlos en su lomo — ¿Alguien tiene hambre?— preguntaba la adulta mirándolos de reojo y observaba que levantaban sus cascos —Ji, ji. Me lo imaginé— agregaba con una sonrisa y empezaba a caminar entrando al palacio con sus sobrinos que los cuidaría mientras su madre estaba de viaje… Sin saber cuándo regresaría nuevamente la pegaso roja.
Mientras la susodicha volaba en dirección a la estación del tren con un objetivo en su mente, que era buscar un lugar para vivir, pero el objetivo principal era… un auto reconocimiento… como saber más de los poderes que tenía en su interior para ayudar mejor a sus hijos.
.
.
.
.
.
Dos semanas después
Los dos hijos de Aurora Galaxy, se encontraban a un par de metros, frente a las puertas de una escuela de Canterlot. Los dos pequeños llevaban una alforja y Comet seguía con su pañoleta negra tapando la cicatriz que tenía.
—…
—… Bueno hermanito, tenemos que entrar o empezarán las clases— decía Stellar insegura mirando a otros potrillos charlando y entraban con toda la normalidad del mundo.
—… Pero…— el potrillo estaba algo temeroso ya que sería ir a una nueva escuela y no tenía a sus amigas en ese lugar.
—Tranquilo. No estás solo. Estoy contigo por cualquier cosa que necesites— mencionaba la mayor mirándolo con una sonrisa haciendo que el aludido también le sonreía.
—… Gracias, hermana— agradecía apenado.
—Bueno, entremos— decía la potra y su hermanito asentía con la cabeza, pero antes de que dieran más de tres pasos, alguien llamó al pequeño.
— ¿Comet?— el aludido giraba su cabeza para ver sorprendido a nada menos que a Wisp. La potrilla verde que conoció en el orfanato. Ella se acercaba a los hermanos Galaxy confundida — ¿Stellar? ¿Qué hacen aquí?— preguntaba confusa.
—… Emmmm. Estudiamos ahora aquí— respondía la mayor debido a que el potro no sabía que decir al encontrarse nuevamente con la pequeña potra verde.
— ¿En serio? ¿Los adoptaron y ahora viven en Canterlot?— preguntó Wisp sorprendida.
—… No exactamente— respondió Stellar apenada.
—…— Comet miraba callado a la potrilla verde con timidez. La aludida lo veía devuelta.
—… ¿Estas… usando la pañoleta que tir… digo que se me cayó al suelo?— Wisp no pudo evitar ruborizarse —Wow. Se ve muy lindo con eso— pensaba mirándolo fijamente.
—Emmmm. Sí y olvídate de que te lo regrese, porque es mío— respondía el potrillo mirando a otro lado fingiendo estar molesto.
—No, no te preocupes. Tengo más de esas pañoletas. Así que eso sería como mi regalito. Ji, ji— daba una risita la potrilla verde.
—…— solo inflaba sus mejillas —… … L-Lo siento…
— ¿Eh? ¿Qué dijiste?— preguntaba la terrestre confundida.
—Lo siento por… lo que pasó en el orfanato…— se disculpaba arrepentido por su actuar con ella en el orfanato.
—… Pfff. No estoy molesta ni nada por el estilo. Además, yo también tuve algo de culpa por lo que pasó. Así que sin rencores— comentaba Wisp sonriéndole con los ojos cerrados.
—…— Comet se quedaba callado un momento y sonreía un poco.
—… Creo que deberíamos ir a clases ¿Tu sabes que salón estudiarás?— preguntaba la potra verde curiosa.
—Emmmmmm. No— negaba con la cabeza apenado.
—Entonces, te daré un pequeño tour. Ji, ji— daba una risita —Ven, vamos— decía empezando a caminar para entrar a la escuela. El potrillo iba a entrar también.
—…— Stellar estaba callada viendo a su hermanito irse dentro. Se deprimía un poco ya que pensó que se olvidó de ella. No era una novedad, pero a veces quería que él se acordara de que e...
— ¡Hermana!— sus pensamientos fueron interrumpidos para mirar al pequeño a punto de entrar a la escuela y se fijó que Wisp también estaba esperando— ¿Te vas a quedar ahí o entraré solo a la escuela?... En serio, no me dejes entrando solo— agregaba algo apenado.
—… Ya voy, hermanito— habló la mayor con una sonrisa alegre para empezar a trotar un poco para alcanzarlos y los tres entraban dentro de la escuela mientras la potra verde empezaba a hablar.
Después de tantas tragedias que pasaron, los dos hermanos se hacían ahora muy unidos sabiendo que se podrían apoyar del uno al otro y que esta vez… nadie estaría solo.
The End.
Gracias a todos por seguir este fic hasta el final.
Sí, esto es todo ¿Habrá secuela? No tengo idea, ya tengo muchos fics pendientes que ya debí terminarlos hace tiempo XD
En otras palabras, no haré ninguna secuela ya que mi objetivo de este fic, era mostrar los orígenes de mis ocs, con un poco más de detalle :v
Si quieren saber más de mis ocs o de este universo, lean el fic llamado "La vida de un caza recompensa" de mi amigo Brodek117 para ver más de este mundo, pero en ese fic, el protagonista es Brodek, no mis ocs, aunque de igual forma, es de este mismo mundo por así decirlo.
Bueno, como este es el final, les aclararé algo.
Mi oc Comet Galaxy tiene la cutie mark que debe tener, pero en negro ya que como dijo Aurora, tiene una inestabilidad que afecta sus emociones y también fue culpa de Lunar cuando le hizo esa cicatriz en su pecho.
Así que cuando Aurora ya entrene a Comet y a Stellar, Comet ya tendría su cutie mark en azul, porque su madre le enseñaría a controlar mejor su fuego y calmarse un poco para no enojarse con facilidad cuando un idiota empieza a ser muy molesto :v
Creo que esto ya es todo. Si aún tienen dudas, díganme en los comentarios y yo se los respondo en mensaje privado.
Eso es todo.
Gracias por leer esta historia.
Nos leemos en otro fic :3
