Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XXIX
"¿Saldrías conmigo en una cita?"
Y ahí supe que siempre se trató de un "Él". Siempre se trató de ti, Yuuri.
—Dios mío —estaba sentado frente a él, mordiéndose las uñas por los nervios al escuchar toda su historia. Jamás había imaginado siquiera que Viktor vivió todo aquello. Siempre creyó que su ídolo vivió una hermosa infancia, una perfecta pubertad y una adolescencia feliz.
—Esa ha sido mi vida.
Viktor estaba nervioso, no sabía cómo reaccionaría Yuuri ante toda la información soltada tan de golpe. ¿Lo juzgaría? ¿Lo rechazaría?
—No puedo creerlo. ¿Cómo aguantaste tanto?
El ruso se encogió de hombros y sonrió de lado.
—En esos momentos no pensaba "Oh, estoy atravesando una circunstancia muy difícil", no, simplemente me enfocaba en seguir adelante, seguir sin detenerme para llegar a momentos mejores.
—Afortunadamente tuviste a Yakov y a Lilia contigo. Y a Makkachin, a tu hermano, a Irina.
—A pesar de eso… —murmuró y miró sus pies enterrados en la tibia arena—… había días en los que me sentía muy solo.
Yuuri lo miró y un nudo inmenso se formó en su garganta. Lo sentía vulnerable, como alguien a quien se debe de proteger.
Recordaba lo que recién le había dicho y la piel se le ponía de gallina.
—¡Jamás volverás a sentirte así! —lo abrazó sorpresivamente, apretándolo con fuerza—. Haré todo lo que esté en mis manos para que nunca experimentes eso de nuevo, lo prometo.
—Yuuri —se le fue el aliento y se tensó considerablemente. Quería llorar, pero no deseaba hacerlo frente a él.
—Quiero ser tu persona —apoyó sus manos en los hombros ajenos y se separó del abrazo para mirarlo a los ojos, notando lo brillosos que estaban por las lágrimas que no dejaba salir y percatándose igualmente que no entendió muy bien a lo que se refería—. Quiero ser esa persona en la que confías plenamente, tu mejor amigo, tu amante, el amor de tu vida, el hombro sobre el que puedes llorar cada vez que lo creas necesario. Quiero ser esa persona incondicional para ti, alguien que estará ahí a pesar de cualquier circunstancia. Permíteme serlo —había tanta determinación en su voz y en su expresión, que Viktor no pudo hacer otra cosa más que caer rendido ante sus encantos.
—¿No lo sabías? —sonrió temblorosamente—. Tú eres mi persona, eres todo lo que acabas de mencionar y más.
Yuuri esbozó una enorme y pura sonrisa, juntó su frente con la de Viktor y apretó sus mejillas con un amor infinito, sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Tú también eres mi persona —murmuró antes de rozar su nariz con la de él en un acto demasiado tierno e íntimo—. El amor de mi vida —sentía mariposas en su estómago, como si aún fuese un adolescente.
No lo pensó más, y luego de varias caricias tentativas, unió sus labios con los de él en un beso entrañable, lento, profundo. Ambos derramaban su amor, pasión y compromiso en esa muestra de cariño.
Ya era de noche, pero a ninguno le importó mucho. Viktor se tumbó sobre la arena y Yuuri a su costado, recargado en su pecho, lo suficientemente cerca como para alargar la sesión de besos que se prolongó hasta que la marea subió y los mojó a ambos. Sin embargo, no se fueron, sólo se alejaron del agua. Yuuri se sentó entre las piernas de Viktor y éste lo aprisionó ahí, abrazándolo por la espalda y recargando su mentón en el hombro de su amado, respirando en su cuello y haciéndole cosquillas.
Ninguno quería irse a casa, estaban muy a gusto ahí, los dos solos y disfrutando de los sonidos de la naturaleza. No era necesaria la presencia de palabras, ambos se sentían cómodos en ese agradable silencio, brindándose tiernas caricias en la piel aún cálida por el sol recibido.
Yuuri aprovechó esos momentos y se puso a pensar y recordar todo lo que Viktor le dijo sobre su pasado, su historia… vaya que era sorprendente. Pero lo que más le impactó, fue el asunto con su padre y el hecho de que a él también le habían dicho los médicos que jamás volvería a patinar.
—Amor.
—¿Hmh? —amaba que lo llamara así, estaba tan feliz que sólo lo apretó más contra su pecho, posando sus manos sobre esos abdominales bien trabajados de su novio. No podía estar más cómodo.
—¿En verdad no ibas a patinar más?
—Me dijeron que no —sonrió de lado, con desafío—. Pero les demostré a los médicos que estaban equivocados. Por eso cuando ocurrió lo mismo contigo, preferí no decírtelo, tenía la esperanza de que volvieras al hielo a pesar del mal pronóstico, y mira, lo conseguiste también. Yo sólo quería evitarte el dolor de enterarte de algo así, algo que no era cierto.
—Oh, Viktor —se conmovió—. Ahora entiendo muchas cosas —se llevó una mano a la frente, aún sorprendido—. ¿Por qué no hablamos de todo esto antes?
—Nunca preguntaste —sonrió, encogiéndose de hombros.
—¿Tengo que preguntarlo para que me lo digas? —se enfurruñó un poco.
—Tienes razón, lo siento.
—Aún no puedo creer que estuviste casado un año ¡Eso ni siquiera fue un matrimonio real! —no sabía si reír o no.
—Por eso no le di mucha importancia.
—Ahora entiendo —miró la arena que cubría sus pies—. ¡Y no querías hijos!
—Tú lo has dicho: "No quería", en tiempo pasado. Ahora sí los quiero. Si es contigo, sí —dio una pequeña mordida en el cuello blanco y hermoso que tenía al alcance.
El aludido se sonrojó un poco, pero no dijo nada al respecto, sólo cambió el tema.
—Y tu padre…
—No me digas nada sobre él —refunfuñó.
—Ya puedo comprender mejor su relación —le valió y siguió tocando el tema—, pero… ¿En serio nunca lo vas a perdonar?
—No puedo decir que nunca lo haré, pero tampoco puedo asegurar que algún día lo haré. Sólo sé que eso no pasará hoy ni mañana.
Viktor no pudo verla, pero la expresión de Yuuri entristeció un poco.
Se quedaron en la playa hasta que se hizo muy tarde. Regresaron a casa juntos y durante el camino iban platicando.
—¿Qué haremos luego de que hables con Minami?
—Podemos hacer lo que sea ¿Quieres ir al cine?
OoOoOoO
Al día siguiente fueron muy temprano al Ice Castle. Cuando llegaron al lugar, el joven pupilo de Yuuri se emocionó bastante al verlo, tanto que corrió hacia él con intenciones de abrazarlo, pero esas intenciones fueron borradas cuando lo vio caminar de la mano de Viktor Nikiforov. Ambos cruzaron miradas llenas de resentimiento y el más joven no se dejó intimidar, pero ver sus manos juntas le destrozaba el alma.
—Yuuri-kun ¿Cuándo volviste? —preguntó con una sonrisa casi normal, ni siquiera se molestó en saludar al ruso.
—No hace mucho —no quiso decir que ya era su tercer día en Hasetsu—. Y no sé cuánto más me quede, vine a hablar contigo sobre algo importante ¿Podemos charlar?
Minami asintió con la cabeza, Yuuri miró a su novio y éste entendió, yéndose y dejándolos solos.
—Tú y Viktor… ¿Ustedes están juntos al fin?
—Sí —sonrió genuinamente—. Al fin.
—Me da gusto —sus palabras y su tono triste de voz no coincidían.
—Minami —suspiró—. Yo quiero decirte que…
—Ya no serás mi entrenador ¿No es así?
Yuuri parpadeó con sorpresa.
—Lo siento mucho, no podré serlo porque… —miró a lo lejos, a su amado novio iniciando una charla con una Yuko demasiado feliz al igual que sus tres hijas—. Quiero estar junto a él, aún si eso significa cambiar de país, por eso no puedo tener compromisos aquí en Japón, no quiero fallarte al seguir siendo tu entrenador y hacer mal mi trabajo.
—Está bien, entiendo —un nudo se formó en su garganta—. Fue bueno mientras duró, aprendí mucho en ese tiempo y te lo agradezco —dijo con total madurez.
—No ha terminado, seguiré entrenándote hasta que encuentres a alguien que pueda sustituirme.
—No, por favor. Está bien así, dejemos el asunto aquí —sonrió de lado—. Disculpa, ya iba de salida, debo hacer algunas cosas —se despidió con un gesto de la mano y se esfumó. Yuuri quiso ir tras él, pero se detuvo, no había nada que pudiera hacer por él.
OoOoOoO
Viktor se había puesto muy feliz al saber que al fin se habían librado de ese chiquillo, pero se sintió sumamente culpable cuando fue al baño y al estar ya en los lavabos pudo escuchar que alguien lloraba dentro de un cubículo. Momentos después salió Minami con la cara muy roja y llorosa.
Ambos se miraron, Viktor con sorpresa y culpabilidad, Minami con tristeza. No se dirigieron palabra alguna. El chiquillo salió luego de mirarlo con decepción.
Ese momento estuvo remordiéndole la conciencia al ruso, pero no impidió que la pasara en grande cuando al salir del Ice Castle se fueron directo al cine. Entraron a ver una película que ni supieron de qué trató, pues era de mañana, la sala estaba sola y ellos aprovecharon eso, manoseándose lugares prohibidos.
—Viktor, nos pueden ver.
—No lo harán. La sala está sola y había muy poco personal afuera. No vendrán.
—Pero…
—Shhh.
—¡V-viktor! —jadeó al sentir sus manos presionando su entrepierna aún por sobre la ropa.
—¿Nunca lo has hecho en el cine?
—¡¿Y tú sí?! —se espantó.
—No —sonrió pícaramente—. Pero me encantaría hacerlo.
—N-No, ¿Por qué eres así? Viktor, no.
—No veo que me detengas —le desabrochó el pantalón e introdujo su mano en él hasta sacar el miembro semi-erecto.
Yuuri se avergonzó tanto que se cubrió el rostro con ambas manos.
—Me quedé con las ganas hace un par de días, cuando Mari nos interrumpió. Nadie nos va a interrumpir ahora.
—¡Estamos en un cine!
—Y nos van a descubrir si sigues gritando así —le picó una mejilla—. Ven, siéntate en mi regazo —palmeó sus muslos.
Yuuri lo meditó sólo dos segundos antes de incorporarse y sentarse a horcajadas sobre sus piernas. Viktor rodeó con sus brazos la cintura del menor, apretándolo y quemándolo con sus caricias escurridizas bajo la playera. Lo soltó sólo para liberar su miembro ya erecto.
—¡Ah! ¿En serio lo vamos a hacer? —preguntó, jadeante mientras enredaba sus brazos alrededor del cuello de su amado.
—Lo estamos haciendo —tomó con su mano ambos miembros.
Yuuri estaba sorprendido, sus emociones se sentían más intensas. Quizás se debía a que la adrenalina de hacerlo en un lugar público se estaba apoderando de su ser. ¡Podían ser atrapados en cualquier momento! Pero ese pensamiento se fue borrando con los besos que Viktor comenzó a repartirle por todo el cuello. Eso, más sus caricias traviesas en la entrepierna de ambos, fue el acabose. No había vuelta atrás, ahora lo hacían porque lo hacían.
Luego de un rato de caricias, besos y mordidas, los dos comenzaron a moverse y acomodarse para hacerlo de una manera más cómoda, pero eso era muy difícil.
—Amor, recuéstate un poco en el asiento, para poder sentarme bien sobre ti.
—No puedo hacerlo más, es todo.
—Viktor, sólo hazte más para abajo, no alcanzo.
—Sí puedes, ¿Dónde quedó tu elasticidad?
Oh no, lo había retado.
Yuuri frunció el ceño e hizo muestra de su perfecta condición, sin embargo, los sillones eran muy incómodos. Después de todo no estaban diseñados para ese tipo de actividades.
—Maldito descansabrazos —masculló el japonés al ver que no se podía mover—. A la mierda todo. Viktor, levántate.
—¡Yuuri! Amazing! —se emocionó al verlo así, rudo y serio.
Los dos se pusieron de pie y Yuuri se dejó hacer y preparar por su amado. Entonces los dos unieron por fin sus cuerpos. Viktor tuvo que cubrirle la boca a su novio, pues estaba siendo demasiado ruidoso.
—¡Viktor! ¡Ay! ¡Viktor!
—¿Te gusta? —preguntó con voz pícara y profunda.
—¡No! ¡Detente, tengo un calambre en la pierna!
—Oh.
El ruso salió de él y Yuuri de inmediato trató de sentarse, pero sus pies se enredaron en su pantalón y terminó cayendo de sentón sobre varios asientos
Viktor estalló en sonoras carcajadas.
—¡Rompiste el descansa brazos! —lo apuntó con el índice.
Era muy chistoso ver a un hombre adulto burlándose así de otro mientras él se encontraba con los pantalones abajo y una erección de envidia.
—¡Cállate! —se sonrojó hasta las orejas. Se miraron a los ojos unos segundos sin decir nada. Viktor trataba de analizar si su Yuuri en verdad estaba enojado, y en ese pequeño lapso de tiempo…
—"Los hundiré en la desesperación y destruiré al mundo. ¡Todo el mundo va a desaparecer!"
Los dos miraron la pantalla, asustados por el tono terrorífico de voz que usaba el actor. Viktor no entendió ni una palabra, pero igual se asombró.
—Wow! Yuuri, ¡Ese actor se parece a ti!
—Gritaré como él si no te haces cargo de esto —se señaló a sí mismo, a ambos.
—Ya, no te enojes mi amor —lo ayudó a incorporarse—. Ya sé qué hacer.
Se sentó en el asiento que había quedado más amplio debido a la falta de posabrazos y subió los pies al respaldo de enfrente.
—Móntame.
Yuuri sintió una descarga de excitación recorrer todo su cuerpo.
Lo había dicho de una manera tan simple y serena que el rostro del japonés casi estaba morado. Aunque no le pareció mala idea y acató la indicación obedientemente.
De pronto la sala se vio inundada en ruidos extraños y gemidos que hacían competencia con los gritos agónicos de las víctimas del calamar que había poseído el cuerpo de un chico.
—¡Hey! ¡Ustedes dos! ¿¡Qué demonios hacen?!
La pareja dio un brinco del susto.
—¡Ahhhhhh! —Yuuri quiso incorporarse y huir, pero Viktor lo detuvo.
—Tranquilo —susurró el ruso.
El guardia comenzó a acercarse a ellos, afortunadamente estaban en lo más alto de la sala.
—Oh no —Yuuri enrojeció hasta las orejas, su modo eros se esfumó por completo—. Te dije que nos atraparían —le pegó con el puño en el pecho.
Viktor se rio a lo grande.
—¡¿De qué te ríes?! ¡Tonto! —se paró como resorte y se subió el pantalón, guardando su miembro aún muy erecto e insatisfecho por no haber terminado.
—¿¡Qué están haciendo?! —el guardia comenzó a subir la escaleras.
—¿¡Usted qué cree?! —le gritó Yuuri, listo para huir.
Viktor no entendía absolutamente nada, pues todo lo hablaban en otro idioma. Miró a su cerdito y le excitó escucharlo hablar japonés estando tan enojado, su voz se oía tan… sexy.
—¡Vámonos, Viktor! ¡Corre! —lo tomó de la mano y lo jaló para huir de ahí. Ni siquiera le dio oportunidad de subirse bien el pantalón.
Así salieron corriendo del cine, Yuuri por delante, jalando a su novio de la mano mientras que éste usaba su mano libre para evitar que se le cayeran los pantalones al suelo.
Luego de salir, corrieron un par de cuadras, hasta que Viktor se tropezó con sus propios jeans, cayendo de cara al piso y con el trasero expuesto al aire.
—¡¿Por qué no te subiste el pantalón?!
—No me dejaste hacerlo —respondió con falta de aire debido a la carcajada que lo inundaba.
Yuuri lo ayudó a ponerse de pie, se abrochó el pantalón y de pronto:
—¡Selfie! —dijo el ruso, sacando su teléfono y tomando la foto.
Yuuri se vio en la foto, había salido muy avergonzado y con el ceño fruncido, mientras que el otro salía más sonriente que nunca, con su sonrisa idiota en forma de corazón.
De inmediato subió la foto a las redes sociales: #SaliendoDelCine #Huída #JeansOff
Con esos hashtags dio a entender todo. Más tarde, cuando Yuuri viera eso, se infartaría.
—¿Estás enojado? —iban de la mano, atravesando un lindo parque lleno de vegetación, era demasiado lindo el lugar como para que Yuuri estuviera tan de malas, su ceño estaba fruncido y caminaba a pasos pesados, tomando la delantera.
—¿Eh? —parpadeó, dándose cuenta de que sí estaba molesto, pero no con Viktor.
—Tienes una arruga aquí —le pinchó la frente con su dedo índice.
—No estoy molesto —suspiró e intentó recuperar sus ánimos. Se giró y abrazó a su novio, necesitaba un momento de pausa para digerir todo lo que había pasado, no estaba acostumbrado a ese tipo de cosas, pero debía admitir que le había gustado la adrenalina.
—Yuuri —canturreó—. ¿Qué es eso que siento en mi muslo? —murmuró suavemente. Confirmó sus sospechas cuando su amado lo abrazó más fuerte, estaba avergonzado.
—Wow! El pequeño Yuuri sigue despierto ¿Por eso caminabas tan raro?
Yuuri quería molestarse con él por bromear con esas cosas, por invitarlo a tener sexo en el cine, pero simplemente no podía enojarse porque él mismo lo había disfrutado bastante. Así que se echó a reír a lo grande, pronto se contagió Viktor. Los dos parecían un par de idiotas riéndose sin causa en medio del lugar.
Se abrazaron más de cerca y juntaron sus frentes, notando así la respiración acelerada del otro.
—No eres el único —arrimó sus caderas a las de su novio—. El pequeño Vitya también quiere acción.
—Yo no lo llamaría "pequeño" —sonrió de lado, incitándolo al pegar más su cuerpo al de él.
Viktor inclinó un poco su rostro, lo suficiente como para rosar con su nariz la del otro, causándole un poco de cosquillas. Siguió con la acción hasta que no resistió y besó sus labios en un tierno y profundo beso.
Las manos de Yuuri se ciñeron en las mejillas de su amado, apegándolo todo lo posible a él, mientras que Viktor no soltaba su cintura.
El japonés mordió los labios ajenos, pidiéndole acceso con la punta de su lengua. Nikiforov suspiró dentro del beso, justo cuando sus lenguas se encontraron y jugaron entre sí.
Sentían mucho calor a su alrededor, y no sólo era el infernal calor de verano, vaya que no.
—Demonios —masculló Yuuri—. ¿Por qué aceptaste ese trato con mamá?
—No lo sé, no estaba pensando —suspiró.
—Será mejor distraernos un poco.
—¿Por qué? Yo no quiero —hizo puchero—. ¡Mira! Hay unos arbustos muy frondosos por allá. Podemos ir y….
—¡No más sexo en áreas públicas! —casi gritó—. Al menos no por hoy —desvió la mirada, muy avergonzado.
—Yuuri… —puso ojitos de cachorro y se le acercó aún más, invadiendo mucho su espacio personal. Yuuri estuvo a punto de ceder y decirle: "Hazme lo que te venga en gana y en frente de quien quieras" pues su loción le embargaba los sentidos, dejándolo tonto e irracional.
—¡No! —exclamó en un gritillo escandalizado, se dio media vuelta y comenzó a correr en dirección opuesta a Viktor.
—¡Yuuuuuuuuuri! ¡Hace mucho calor! —jadeó luego de perseguirlo unos cuantos metros—. ¡Yuuuuuri! No te voy a perseguir, ya me cansé —el japonés no se detuvo, así que Viktor tuvo que usar su último recurso—. ¡Ni siquiera puedes correr bien con esa erección en tu pantalón! —gritó a todo pulmón. La poquita gente que había cerca lo miró, algunos sin entender el inglés y otros con rostros escandalizados.
—¡Ahhhhhhh! —gritó Yuuri, a lo lejos y corriendo más rápido.
El ruso terminó sentándose en una banca, desde donde pudo ver bien a su amado dándole vueltas al parque. Dio dos vueltas enteras antes de llegar junto a él, jadeante y sudoroso.
—¿Ya te descargaste?
—Ya —respondió con la respiración aún muy agitada.
—Ven, siéntate —palmeó el espacio en la banca junto a él. Sobre esa banca estaban las ramas de un frondoso árbol, brindándoles una agradable sombra.
El japonés hizo caso y se sentó a una distancia prudente de su novio, éste de inmediato pasó su brazo sobre los hombros de su amado.
—Viktor, estoy empapado de sudor.
—Ya lo noté —no quitó su brazo de ahí, poco le importaba ese hecho.
—Y tú estás muy caliente. Hazte para allá.
Pero el mayor no se movió, no hasta que Yuuri lo atacó con cosquillas.
—Ya, ya ¡Está bien! —rio a carcajadas—. Ya no te abrazo.
Ambos terminaron riendo, divertidos.
El día estaba verdaderamente soleado, faltaba poco para el mediodía y el sol estaba casi en todo su esplendor. Querían ir a casa, pero sentían que se derretían, así que se quedaron bajo la sombra de ese árbol, viendo a la gente pasar. Y como Viktor era sumamente caprichoso, terminó poniendo al menos su mano sobre el muslo de su pareja. Había notado que las japonesas que pasaban por ahí se les quedaban mirando mucho, y miraban a Yuuri con deseo, así que al poner esa mano en su muslo, demostraba lo completamente gays que eran y demostraba también que no estaba disponible, que ese cerdito era suyo y de nadie más.
De pronto pasó frente a ellos una mujer con una carriola, dentro de ésta, la bebé no dejaba de llorar. Parecía estar de mal humor, pues incluso lanzó uno de sus juguetes, cayendo a los pies de la pareja en la banca.
—Oh, lo siento —se disculpó la mujer, hablando en japonés.
Viktor sólo sonrió, recogió el juguete y se puso de pie para entregárselo a la niña, quien se le quedó viendo, curiosa.
—¡Que linda niña! —exclamó Nikiforov al verla.
Yuuri también se puso de pie e hizo la función de intérprete al ver que la mujer no entendía lo que decía el otro.
—Dijo que su hija es muy linda.
—Oh, muchas gracias —sonrió—. Por lo regular no se comporta así, pero el calor hace que se ponga de mal humor. Siento mucho que les haya lanzado el juguete.
—No se preocupe por eso —sonrió y señaló a su novio—. Él también se pone muy de malas con este clima.
Ambos rieron mientras Viktor estaba concentrado en jugar con los deditos de la nena, quien se había calmado por completo al interactuar con ese extraño.
Minutos después, las dos desconocidas desaparecieron, dejando a un ruso muy feliz y hablando maravillas de los bebés: "Son tan lindos", "Sus caritas dan ternura", "Son adorables", "Hacen pucheros muy tiernos" y blah, blah, blah.
Llegó un momento en el que ambos se quedaron en silencio. Viktor miraba a la lejanía con cierta nostalgia en los ojos, y eso no pasó desapercibido por Yuuri. El pobre se sintió inquieto.
—Cariño —murmuró en voz bajita.
El aludido salió de su ensoñación y miró a su amado con una sonrisa tierna y su cabeza levemente ladeada hacia la derecha.
—He estado pensando mucho en esto desde que me contaste sobre tu pasado. Sé que antes no querías tener hijos porque temías ser un mal padre, pero al verte tratar con bebés… puedo ver claramente que tu deseo de ser padre es muy intenso, pero, ¿Por qué ese cambio tan repentino?
—Ya te lo dije: Fue por tu causa.
—¡¿Pero por qué?!
—Simplemente porque no había amado a nadie más en este mundo como te amo a ti. Antes tenía muchos temores, pero desde que te conocí me hice un poco más fuerte —sonrió de oreja a oreja—. Ahora siento que podría enfrentar cualquier cosa a tu lado. Sé que si yo fuera un mal padre, tú me corregirías.
—Pero… yo no sería buen padre. ¿Por qué estás tan seguro de ello? ¿Y si soy yo el malo? No, no me gusta la idea.
—No tengas miedo —puso una mano sobre la de su amado—. Y claro que serías un buen padre. Yuuri, tienes un instinto de protección muy grande. Tu amor es muy cálido y puro. Serías un padre muy centrado y maduro, estoy seguro. En cambio yo… —aguantó una risilla—. Me temo que si tuviera hijos los consentiría demasiado y cometería muchos errores. Además de que heredarían mi desobediencia —se rio abiertamente, tan feliz que se le notó un hoyuelo en la mejilla derecha.
Yuuri pudo ver que su felicidad se desbordaba cuando hablaba de niños, hijos propios.
—Si tienes hijos… —tragó en seco, sintiéndose verdaderamente triste—…eso ocurriría si tienes hijos propios. Es algo que no puedo darte —despegó la mirada del suelo sólo para toparse con la expresión arrepentida del ruso.
—Oh no, Yuuri, no digas eso.
—Pero es la verdad. Al quedarte conmigo pierdes la oportunidad de ser padre.
—Claro que no la pierdo, podemos adoptar. Ya te lo había dicho antes.
—Lo sé…
—Pero tú no quieres hijos.
El japonés no respondió, sólo miró a su amado a los ojos y notó su tristeza.
—Y lo entiendo, Yuuri. Ni siquiera eso me va a alejar de ti, porque… —fue interrumpido.
—Hijos —dijo de pronto—. No suena tan mal si es contigo. Quizás lo piense. No te aseguro nada, pero… —no pudo continuar, pues Viktor se le había echado encima, abrazándolo como pulpo y casi asfixiándolo.
—¡Yuuri! ¡Mi amor! ¡¿Lo dices en serio?! —estaba demasiado feliz, tanto, que respiraba muy rápido.
—Viktor —rio—. Tranquilo, casi estás hiperventilando —rio más ampliamente cuando su amado restregó su mejilla contra la de él—. Te dije que lo pensaría.
—Es más que suficiente para mí. Luego veré cómo hacerle para convencerte del todo. ¡Ah! Me haces tan feliz.
Regresaron a casa en taxi, pues Viktor no dejó de quejarse del calor, tampoco dejaba de mencionar lo feliz que estaba porque quizás a futuro serían padres.
Cuando llegaron al onsen, se dieron un baño con agua fresca y se sentaron a comer como si no hubiese un mañana. Luego de la comida terminaron tendidos sobre el tatami, durmiendo plácidamente y con Makkachin a un lado.
Horas después despertaron debido al calor. Viktor siguió quejándose un poco, y bueno, también había despertado con mucha hambre.
Yuuri fue directo a la cocina, partió una sandía entera en rebanadas y volvió a donde estaba su amado, ofreciéndole la fruta tan refrescante. Los dos pasaron un rato en el jardín, comiendo sandía mientras metían sus pies en una gran tina con agua. Vaya que era refrescante.
Transcurrieron un par de días llenos de libertad, paz y mucha relajación. Una de esas noches, Viktor y Yuuri comenzaron a beber sake, se les pasó un poco la mano con el alcohol, pero la pasaron tan bien que se quedaron dormidos en el suelo. Yuuri fue quien despertó a media noche y se llevó a su novio en brazos hasta dejarlo descansando en su cuarto.
Todos los días maldecía el momento en que su pareja aceptó el trato con su madre. En especial en esos momentos, teniendo a un Viktor hermoso, tumbado bocarriba sobre su cama y con la ropa del onsen medio abierta, descubriendo uno de sus pezones.
Tenía ganas de echársele encima y hacer cosas indebidas con él, pero rompería el trato con su madre.
Miró la hora: Dos y media de la mañana.
A la mierda todo. Esa noche tendría acción. Nadie podría interrumpirlos, además estaban muy lejos de la habitación de Mari o de sus padres, podrían hacer todo el ruido que quisieran.
Se quitó la playera, y sin borrar la sonrisa pícara y ebria de su rostro, se subió a la cama.
Con movimientos tan sigilosos y ágiles como los de un gato epiléptico, terminó encima de él.
—Nee, Vitya ¿Estás dormido? —murmuró en su oído, más alto de lo necesario.
El ruso ni se dio por aludido, en respuesta le dio un fuerte ronquido.
—Te estás haciendo el dormido ¿Verdad? —sonrió, picarón.
Pero Viktor no respondió, seguía en la misma posición, con brazos y piernas extendidos, bocarriba y roncando ligeramente.
Yuuri tuvo que recurrir a medidas un poquito más drásticas. Lo desvistió torpemente hasta dejarlo en ropa interior. Descendió hasta sus muslos y besó la cara interna de éstos, subiendo por una de sus caderas y continuando el recorrido por su vientre, deteniéndose en esa línea vertical de pequeños vellitos que comenzaban desde su ombligo y se perdían por debajo de la ropa interior.
Notó con satisfacción que la piel de su amado se erizaba ante su contacto, mas no se despertaba.
—Vitya —se quejó—. Despierta —se echó totalmente sobre su cuerpo, dejando todo su peso sobre el ruso y apoyando el mentón entre sus pectorales, esperando a que reaccionara.
Pero Viktor no despertó.
Le hizo cosquillas en la barriga, en las axilas, pero no abrió los ojos, a pesar de que se reía entre sueños.
—Vamos a hacer cosas sucias, Viktor… —susurró en su oído.
El ruso comenzó a reírse más fuerte, era una risilla tonta y ebria.
—Yuuri —murmuró—. No te lo comas, Yuuri.
—¿Qué cosa, amor? —usó un tono demasiado seductor.
—¡Mi katsudon! No te… no te lo comas —hizo un puchero tierno, tomó a Yuuri como almohada y se giró en la cama, ajeno a la gran oportunidad que estaba perdiendo.
—¡Viktor! —gritó, revolviéndose entre sus brazos sin lograr zafarse—. Tonto, vaya hora para dormirte.
Se estuvo quejando un rato hasta que cayó rendido al sueño junto con su amado.
OoOoOoOoO
—¡Estoy en casa! —saludó Yuuri—. Mamá ¿Has visto a Viktor?
—Bienvenido, hijo —sonrió—Vi-chan está tomando un baño en las aguas termales.
—¿Eh? Pero si tenía mucho calor —chasqueó la lengua y se fue directo a su cuarto. Decidió tomar un baño junto con su novio.
Cuando entró a las aguas termales, fue como revivir un momento pasado en su vida.
Viktor estaba dentro del agua, con sus brazos fuera y extendidos hacia los costados, se expresión estaba llena de paz, hasta que lo vio, fue ahí cuando se puso de pie lentamente.
—¡Yuuri! — lo apuntó con una mano, y sin dejar de sonreír, le dijo—: me dejaste solo y medio desnudo en la mañana ¿A dónde rayos fuiste?
El aludido se sonrojó al ver que estaba en la misma pose y con la misma expresión de la vez que llegó a Hasetsu, dispuesto a entrenarlo. Habría experimentado un déjàvu de no ser por el significado de sus palabras llenas de resentimiento.
—Te dejé una nota.
—Yo no vi ninguna nota —se llevó ambas manos a las caderas, quitando su sonrisa perfecta y frunciendo el ceño.
—¡La dejé sobre tu buró!
—No vi nada.
—Es que eres un despistado.
Viktor siguió respondiendo y quejándose. Yuuri quiso contraatacar, pero…
—No puedo darte una respuesta coherente mientras estés desnudo frente a mí, bien lo sabes —admitió y se quitó la toalla que cubría sus partes privadas, sin ningún recato.
Ahora los dos estaban a la par.
El ruso no despegó la mirada de su amado en ningún momento, lo siguió hasta que éste se encontraba ya a su lado dentro del agua.
—Discutamos menos y disfrutemos más —besó su hombro desnudo, tentándolo. Así terminaron juntos, con sus cuerpos dentro del agua y disfrutando.
De vez en cuando se daban pequeños mimos y se besaban partes descubiertas de sus cuerpos. Yuuri recargó su cabeza sobre el hombro de su amado y éste recargó la suya sobre la del japonés.
Se quedaron en silencio y tranquilidad hasta que Viktor habló.
—¿Dónde estabas, amor? —no iba a quitar el dedo del renglón. No por nada era Viktor Necio Nikiforov.
—Fui por mis nuevos anteojos. Te dejé la nota, esperando a que la vieras. No quise despertarte porque imaginé que despertarías con resaca, yo aún la siento —suspiró—. De hecho no creí que te fueras a levantar antes de mediodía, anoche bebimos demasiado.
—Lo sé, incluso tuviste que cargarme hasta mi cuarto. Eso fue adorable —buscó la mano de Yuuri a tientas bajo el agua. Cuando la encontró entrelazó sus dedos.
—Espera… ¿¡Estabas consciente?! ¿¡Estabas consciente y aun así me dejaste con las ganas?! ¡Eres cruel! —no era muy su estilo, pero el puchero le salió mejor que a su novio.
—¿Con las ganas de qué? —sólo tardó unos segundos en entender a lo que se refería—. Oh no. ¡No! Yo me quedé dormido y… —entornó los ojos—. ¡¿Qué intentabas hacerme, Yuuri Katsuki?! ¿¡Me querías violar?! —se escandalizó.
—¡N-no hice nada!
—¿Y por qué no lo hiciste? No me hubiera molestado —lo miró sugerentemente.
—¡Vi-Viktor! —se azoró bastante.
—Es verdad, lo hubieras hecho. De todas formas anoche tuve un sueño muy erótico en el que estabas tú —deslizó su índice por el pecho del menor, viendo cómo algunas gotas de agua escurrían por éste, dándole a su piel un aspecto tan hermoso que parecía un ser de otro mundo—. De hecho, cariño, en mi sueño había dos Yuuri.
—¿Dos Yuuri? Y… —se puso nervioso—. ¿Qué hacían?
—Nada inocente, te lo aseguro —soltó una risilla al mismo tiempo que se le acercaba un poco, invadiendo su espacio personal.
—¿Puedes mostrarme lo que hacían?
Los ojos del ruso se agrandaron ante esas palabras. Lo había dicho con un poco de timidez, pero lo había dicho a fin de cuentas. Hace varios años no se habría atrevido a hacerlo. Su Yuuri le estaba teniendo cada vez más confianza para ese tipo de cosas.
—Me temo que haríamos demasiado ruido si te lo muestro aquí mismo —susurró sensualmente en su oído, mordiendo al final su oreja y causándole un estremecimiento muy notorio.
—Viktor… —gimió.
—Definitivamente no podemos hacerlo aquí —suspiró pesadamente y apoyó su frente sobre el hombro ajeno—. Te extraño, Yuuri —hizo puchero.
—Eso te pasa por andar aceptando tratos poco convenientes —frunció los labios y se cruzó de brazos.
Viktor ya no dijo nada, se quedó descansando sobre su hombro, respirando tan tranquilamente que Yuuri creyó que ya se había dormido. Aprovechó esa oportunidad y por debajo del agua lo rodeó con sus brazos, abrazándolo por la cintura y sintiendo la piel tan suave de su cuerpo.
—Puedes bajar más tus manos.
El otro se sobresaltó. En verdad había creído que estaba dormido.
Yuuri hizo caso y bajó un poquito sus manos.
—Más.
Las bajó.
—Más
Lo hizo de nuevo.
—Amor, no seas tímido —apoyó su mentón sobre el hombro del otro, mirándolo traviesamente a los ojos y viendo su tierno sonrojo—. Ponlas aquí —tomó sus manos y las dejó sobre su cadera—. Puedes tocar lo que quieras y apretar a tu gusto —le guiñó un ojo, riendo al verlo tan acalorado.
—D-de acuerdo.
Viktor hizo lo mismo, apretando con posesividad el cuerpo de su novio y apachurrando la piel a su gusto, en especial su barriguita. Vaya que extrañaba que estuviera un poco fuera de forma, así tendría más para apretar.
—Viktor, hagámoslo está noche, en tu cuarto.
El aludido levantó el rostro con emoción, pero ésta se desapareció al recordar la promesa con su suegra.
—No, amor. Hay que aguantar. Hicimos un trato con tu madre.
—¡Pero Viktor…!
No pudo continuar, pues el otro ya le estaba dando un dulce beso en los labios.
—Será como un reto —besó ahora su nariz—. Veamos cuánto somos capaces de aguantar.
—Ya hemos aguantado mucho.
—Sí, pero ahora estamos juntos, la abstinencia no será estando separados.
—Será más difícil.
—Quizás.
—¿Por qué hiciste ese trato? —soltó al aire, sin intenciones de recibir una respuesta.
Viktor río.
—Si aguantamos años sin tener intimidad entre nosotros, estoy seguro de que aguantaremos unos días, más si estamos juntos.
Yuuri hizo una mueca, no estando muy seguro del razonamiento de Viktor. Y vaya que tenía motivos para dudar.
Esos "días" se convirtieron en semanas. Ninguno lo había planeado, pero habían transcurrido varias semanas y aún no se iban. Tampoco era como que tuvieran planes ya hechos sobre su futuro. Su estancia allí era como un "Stand by" a sus vidas, en medio de un "paraíso", como Viktor solía llamar al onsen.
Durante esas semanas en las que acordaron no tener sexo, ocurrieron cosas interesantes. Ambos se dedicaron el tiempo necesario para conocerse a fondo, como personas. Dejaron el sexo de lado y se concentraron en sólo disfrutarse uno al otro.
Comían todo el día, veían películas y dormían juntos la siesta por la tarde. Seguían sin pasar la noche en la misma habitación, pues era parte del trato, pero eso sólo orilló a que el lado cursi de ambos se activara. Antes de irse a dormir se tardaban una eternidad despidiéndose, como si no fueran a verse en mucho tiempo.
—Descansa mi amor —besó su frente con una ternura infinita. Yuuri sonrió ampliamente, sintiéndose dichoso en su totalidad.
—Hasta mañana —ahora él lo beso, pero fue más atrevido y le robó un beso en los labios que duró más de lo esperado.
No se querían separar a pesar de que llevaban días enteros juntos.
—Duerme bien, kobuta-chan —le pellizcó el trasero, a lo que Yuuri sólo río y rodó los ojos antes de acercarse a su oído y murmurarle unas palabras que lo dejaron sonrojado y sin habla. Y como cereza del pastel, le apretó las nalgas con ambas manos, firme y seguro.
Todo eso hizo flaquear al ruso, quien sonrojado y enamorado cual colegiala, sólo fue capaz de soltar un pesado suspiro.
—Hasta mañana mi amor —le dedicó una última mirada seductora antes de darse media vuelta y dejarlo en medio de la estancia, abrazándose a sí mismo y conteniendo a duras penas sus gritos internos.
Se pasó una mano por el cabello mientras veía a su novio caminar rumbo a su cuarto. No desperdició la oportunidad y lo recorrió enterito con la mirada antes de soltar un suspiro lleno de emoción.
—Este hombre me trae loco —murmuró para sí mismo.
—Todos aquí lo hemos notado, cuñadito.
El aludido casi se va de espaldas al escuchar esa voz. Miró en todas direcciones, pero no encontró a nadie, no hasta que Mari se levantó del sillón en el que estaba recostada leyendo una revista.
—¡Mari! —se llevó una mano al pecho, espantado y pálido.
—Parece que viste un fantasma —se burló un poco—. Por lo que veo, mi hermano y tú están cumpliendo con el trato. Eso es bueno, me da gusto —sonrió—. ¡Pero no puedo creer que tarden tanto en despedirse! Ni si quiera Yuzu y yo tardamos tanto ¡Y eso que él sí vive lejos de aquí! Tú estás sólo a unos metros de su cuarto ¡Metros!
Viktor sólo río y se encogió de hombros.
—Mari, no sé cómo explicarlo con palabras… yo lo amo, e incluso despedirme de él en las noches es difícil para mí. Sinceramente en este punto de mi vida no sé qué haría sin él.
—Se han vuelto muy dependientes uno del otro —lo dijo en un tono no muy alentador.
—Sí, pero no puedo evitarlo. Él es como una extensión de mí y yo de él. Ya no podemos estar separados.
—¿Y qué tal te parece mi hermanito? Ahora sí han tenido tiempo para conocerse.
Viktor no se movió de su lugar, y mirando aún por donde se había ido Yuuri, suspiró largo y pesado.
Mari tenía la fortuna de conocer a su cuñado de cerca y podía identificar bien sus estados de ánimo y el significado detrás de sus expresiones.
—Estás jodidamente enamorado.
—Lo estoy —respondió sin duda.
—Y traes a mi hermano en la misma situación. Son un par de tontos —rio.
—Felices tontos enamorados —se encogió de hombros y la miró a los ojos. La japonesa jamás le había visto una expresión más relajada y serena—. Nunca en mi vida había sido tan feliz como lo soy ahora con Yuuri. Tu hermano es un hombre increíble —suspiró, extasiado por la felicidad que desprendía por cada poro—. Lo he conocido mejor y me he enamorado más y más de él.
—Me vas a dar diabetes —se burló un poco.
—No me digas que no sientes lo mismo por el doctor Hanyu.
Mari esbozó media sonrisa y se puso de pie, dispuesta a irse a dormir.
—Eso y más —dijo, pasando al lado de su cuñado y palmeando su hombro.
Durante los días siguientes se tomaron tiempo de ir a practicar un poco al Ice Castle. Así por primera vez en años pudieron compartir la pista. Un sentimiento hermoso los invadió por completo al experimentar de nuevo ese tipo de sensaciones. No había compartido el hielo desde que fueron entrenador-pupilo hace ya varios años. Era bonito volver a esos tiempos, sólo que en esa ocasión patinaban por mera diversión.
—Muéstrame lo que tienes, Katsuki —lo retó deslizándose hasta el otro extremo de la pista para poder verlo desde ahí.
Yuuri sonrió y aceptó el reto, demostrándole lo mucho que había progresado en esos años, lo mucho que se esforzó para llegar a ser el mejor del mundo. Viktor no tardó en unírsele y quién sabe cómo, pero terminaron patinando improvisadamente en pareja.
Era temprano en la mañana, el establecimiento estaba sólo para ellos dos, pero Yuko y sus hijas traviesas estaban en el lugar, y fue alguna de ellas quien puso música, eligiendo una canción en específico que emocionó a los patinadores.
—¡Yuuri! Amo esa canción.
—¿Me concedes esta pieza? —se le adelantó, extendiéndole una mano galantemente. Viktor contuvo sus gritos internos y aceptó al instante, tomando el mando de esa danza tan sensual que se abrió paso entre ellos. No se lo había dicho a Yuuri, pero amaba secretamente el tango, le parecía un tipo de danza tan sensual y erótica, casi tanto como ver a Yuuri en pole dance, bueno, no tanto.
La canción "Sway" de Michael Bublé se escuchó aún más fuerte, seguramente las gemelas acababan de notar que sus planes habían funcionado.
—Te mueves muy bien —se sorprendió Yuuri, sintiendo la mano de Viktor bien sujeta a su cintura mientras que la otra lo sostenía de su mano.
—Lo haría mejor en piso —pegó su cuerpo al otro, deslizando sus manos sensualmente por toda la espalda, arrancándole un suspiro a su novio.
Los dos continuaron patinando juntos, muy pegaditos uno al otro. Yuuri se dejó ser cargado por su amado en unas piruetas improvisadas. Vaya que a Viktor le gustaba demasiado esa canción, sin mencionar que tenía buen ritmo para ese tipo de música, su cuerpo se movía de manera sensual y hermosa.
La canción finalizó con los dos en medio de la pista, agitados y muy sonrientes, ajenos a que habían sido grabados de principio a fin y que muy pronto ese video estaría en todas las redes sociales.
Luego de practicar un par de horas más, disfrutando de las canciones que ponían las gemelas, decidieron salir y tomarse un respiro, pero apenas se habían quitado los patines cuando de pronto la misma canción de Michael Bublé resonó en las bocinas del establecimiento, más fuerte que antes.
Viktor brincó de la banca y se paró frente a Yuuri, mirándolo con sus enormes ojos brillantes y expectantes. El aludido sonrió y sin poder negarse se puso de pie y aceptó la mano que su novio le ofrecía, éste lo jaló y le demostró lo buen bailarín que podía ser.
Ambos se desenvolvieron en una danza sorpresivamente sincronizada, demasiado para ser improvisada. Las manos de Viktor se movían descaradamente y con seguridad por todo el cuerpo de Yuuri, y éste estaba feliz de sentir que esas grandes manos no se separaban de su cuerpo. La danza se convirtió en algo mucho más candente de lo esperado, tanto que, las gemelas y Yuko se quedaron sin palabras al verlos.
La poca gente que había en los vestidores se les quedó mirando, disfrutando de esos dos locos felices bailando en calcetines.
Esos días en Hasetsu quedarían marcados en la vida de ambos como aquellos días en los que hacían lo que querían cuando querían, disfrutando de su reciente reconciliación y amándose más que nunca, descubriéndose mutuamente y dándole importancia sólo a su relación.
En las mañanas se había vuelto costumbre que Yuuri entrara a la habitación de Viktor para despertarlo con una gran taza de café muy endulzado, mientras que él lo acompañaba con una taza de café negro. También era costumbre tardar una eternidad en despedirse en las noches, Viktor hacía un drama, sucumbiendo a sus ganas de pasar la noche juntos, pero Yuuri era fuerte y lo ayudaba a mantener su promesa.
Viktor era tan dramático que incluso le mandaba mensaje a su novio cuando ya estaba dentro de la cama, deseándole buenas noches y diciéndole lo mucho que ya lo extrañaba.
Los dos estaban atravesando una etapa de "Luna de miel", sólo que sin sexo en ella.
Una mañana salieron muy temprano del onsen, ni siquiera salía el sol todavía. Tomados de las manos salieron a dar un paseo por la ciudad, acompañados por Makkachin, disfrutando de los paisajes y del fresco clima veraniego de las mañanas.
Los temas de conversación no se les terminaban y las ganas de estar cerquita del otro tampoco cesaban. Iban a correr juntos, a patinar y a disfrutar de la playa, Viktor era amante del mar, el sol y la arena, alegando que en su ciudad nunca se metía al mar, pues el agua siempre estaba helada. Yuuri disfrutaba verlo tan feliz y vivaz. De esta manera los recuerdos de los últimos años se iban sepultando lentamente bajo toneladas de nuevos hermosos recuerdos que iban formando juntos.
Uno de sus momentos favoritos del día era cuando tomaban una siesta juntos, tumbados sobre el tatami y con un ventilador dándoles directo. El sonido arrullador de las chicharras los acompañaba, junto con el aroma a mar que llegaba hasta el interior de Yu-topía y el sonido de las campanillas de viento colgadas en la puerta corrediza abierta de par en par.
Viktor era el primero en caer rendido al sueño, pues Yuuri no dejaba de acariciar su cabello con un cariño y delicadeza infinita, arrullándolo lentamente. Amaba ver cómo los ojos azules de su amado se abrían y cerraban de vez en cuando, hasta terminar cerrados y no abrirlos en un par de horas más. Al japonés poco le importaba que uno de sus brazos se quedara sin riego sanguíneo por la cabeza de Viktor descansando sobre su hombro, pues amaba tenerlo tan cerca.
Una noche, ninguno de los dos tenía deseos de despedirse y dormir por separado, querían estar juntos, seguir platicando, pasar las veinticuatro horas del día juntos. Cualquiera que los viera diría que eran demasiado cursis y empalagos, pero se habían contenido tanto tiempo que nada más les importaba.
Fue tanto su deseo de seguir charlando y disfrutando de su compañía, que se quedaron sentados en la sala, en el sillón más amplio frente a la televisión. Platicaron hasta que Yuuri sugirió ver una película, una de sus favoritas. Estaba en japonés, pero le puso subtítulos en inglés para que su amado pudiera comprender, y así de paso le enseñó un poco de su idioma.
Terminaron de ver "Spirited Away" y Viktor se convirtió en un río de lágrimas.
—Dime por favor que hay una segunda parte —tomó a Yuuri de la playera y lo zarandeó dramáticamente.
—No la hay.
—¡No! Pero… ¿Chihiro va a olvidar a Haku? ¿Se volverán a ver? ¡¿Qué pasará con Haku?! ¡¿Y si todo fue un sueño?! —entró en crisis existencial.
Yuuri la había visto ya tantas veces que era inmune al dolor y a la incertidumbre que la película causaba.
—Tranquilo mi amor —lo abrazó, acariciando su nuca y cabellos—. El final se quedó abierto, podemos imaginar cualquier posibilidad.
—Entonces Chihiro lo olvidó, Haku regresó a las aguas termales y Yubaba lo asesinó.
Yuuri soltó una risilla, aguantando sus ganas de carcajearse.
—Haces teorías demasiado locas.
—¡Es que es posible! —lo encaró, con sus ojos llorosos y un rostro lleno de expresiones dramáticas.
Ahora sí, Yuuri se carcajeó.
—¡No te burles! —le pegó en el pecho con puño cerrado.
—Lo siento —se limpió una lagrimilla por las risas—. Mejor pongamos otra película para contrarrestar esta.
Puso "Howl's Moving Castle" y Viktor se animó bastante, durante la película le dijo a Yuuri que él era como Sophie, ambos no eran conscientes de su hermosura. Yuuri se sonrojó e infló sus mejillas.
—Y tú eres igual de vanidoso, dramático y caprichoso que Howl.
—Tienes razón —admitió con una sonrisa de oreja a oreja.
—Se supone que es aquí cuando te ofendes y haces un drama —alzó una ceja, sorprendido.
—Hazme piojito —fue lo único que dijo antes de recostar su cabeza sobre el regazo de su novio, sin dejar de mirar la película.
—Idéntico —murmuró entre risillas, y como venganza, el otro giró su cabeza lo suficiente para incrustar sus dientes en el muslo del japonés—. ¡No me muerdas! —se quejó, pero Viktor lo hizo más fuerte—. Oye, eso duele —se inclinó sobre él y tomó represalias, le mordió la oreja.
Jamás se esperó que Viktor diera un salto hasta terminar en el piso, rodando de un lado a otro.
—¡Ey! —se carcajeó—. ¿Qué haces?
—No hagas eso —dejó de rodar y lo miró a los ojos, poniendo su mirada de cachorrito—. No lo hagas si no te vas a hacer responsable de las consecuencias —su mirada cambió por una completamente lujuriosa.
—Oh… —se sonrojó totalmente—. L-lo siento —había olvidado por completo que esa parte de su anatomía era como un interruptor que daba paso al eros de Viktor Nikiforov.
Logró tranquilizarlo al pedirle que volviera a acostarse en su regazo para hacerle piojito, evitando a toda costa sus orejas.
Terminaron de ver la película y Viktor se sintió más animado. Continuaron su maratón y cerraron con broche de oro al ver "La tumba de las luciérnagas" donde ambos se echaron a llorar como bebés.
Estaban tan a gusto con la mutua compañía, que ninguno de los dos quiso irse a dormir, pues eso significaría separarse.
(Passacaille in Barcelona)
—Yuuri —se acostó sobre sus muslos, usándolos de almohada y mirándolo profundamente a los ojos—. Me quedan nueve preguntas.
—¿De qué hablas?
—Nuestro juego de hace varios años quedó incompleto. Recuerda que estábamos aquí mismo, en este sillón. Jugábamos a las veinte preguntas y no terminamos, me quedan nueve y a ti creo que catorce.
—Lo había olvidado —se asombró mucho—, pero vamos, pregúntame lo que quieras —apagó la televisión y lo miró con entusiasmo.
Viktor tomó una mano de Yuuri y la dejó sobre su cabeza.
—Acaríciame —pidió con una sonrisilla muy tierna.
—Eres como un niño mimado —rio.
—Y así me amas.
—Te amo.
—Bien. Dime ¿Qué esperas de mí como pareja? No sólo ahora, sino también a futuro.
Esa pregunta tomó un poco por sorpresa al japonés, quien lo pensó un poco antes de responder con serenidad.
—Espero tu amor incondicional, tal como me lo has proporcionado hasta la fecha. Tu comprensión y esa manera tan única de hacerme sentir especial, de animarme cuando estoy deprimido. No puedo decirte que quiero algo más, pues ahora mismo lo tengo todo, eres perfecto para mí, Viktor Nikiforov —acarició su mejilla con un amor infinito.
Los ojos celestes se volvieron algo cristalinos.
—Lo siento. Me he vuelto muy sensible —se limpió el rostro con el dorso de su mano.
—¿Cómo te imaginas esta relación en un par de años?
—Uhm… —se llevó un dedo a los labios. Sus ojos brillaron cuando encontró la respuesta—. Tú y yo, viviendo juntos, en nuestro propio hogar, ya casados y muy felices, dedicándonos a lo que más nos apasiona —suspiró—. De sólo imaginármelo ya me emocioné —esa emoción se notaba también en sus manos que se apretaban la una a la otra con algo de impaciencia. El pobre deseaba ya vivir esas experiencias.
—Casados…—suspiró con una sonrisa boba. El tema del matrimonio se había vuelto algo muy complicado en su relación, pues se mencionaba de vez en cuando, mas no ocurría nada, se encontraban algo estancados—. Me gusta tu idea, yo veo lo mismo, aunque… ¿Dónde viviríamos?
—Podemos vivir aquí, en Japón.
—Pero tú no soportas el calor —acarició su frente, despejándola de cualquier cabello.
—Lo haría por ti, además, no siempre hace calor, también hace mucho frío en invierno. A decir verdad, viviría en cualquier parte del mundo, siempre y cuando estés conmigo, sólo eso pido.
—Yo pienso igual —sonrió con emoción—. Ahora te toca, ya hice dos preguntas, sigues tú.
—Descríbeme en dos palabras.
—Eso no es una pregunta.
—¿Podrías describirme en dos palabras?
Yuuri se palmeó el rostro, divertido.
—Increíble.
—Ah… Really?
—Sexy. Muy sexy.
—Yuuri… —se mordió el labio—…créeme que en eso tú me ganas, por mucho.
—Claro que no —rio.
Viktor frunció el ceño, no le gustaba que su amado se menospreciara tanto a sí mismo.
—Yuuri ¿Cuál es la parte favorita de tu cuerpo? —preguntó de pronto.
—¿Eh? ¿Qué pregunta es esa? —rio con nervios.
—Responde —le picó la barriga.
—Bueno… creo que, uhm, quizás ¿Mis ojos?
—¿Qué respuesta es esa? —frunció el ceño y apretó los labios—. Deberías responder con más convicción. ¿Esa es tu parte favorita?
—No realmente —suspiró y miró al techo—. Nunca lo había pensado.
—Piénsalo.
—Ya sé. Mis manos.
—¿En serio?
—Sí —se las miró—. Me gusta que con ellas puedo sentirte —acarició su cuello y descendió hasta su pecho, sintiendo cada milímetro de suave piel.
—A mí también me gustan mucho tus manos —tomó una de ellas y la besó despacio—. Son largas, pálidas y tus dedos son un poco huesudos. Muy diferentes a las mías —puso su mano contra la de Yuuri, palma con palma, comparándolas y viendo que eran casi del mismo tamaño, sin embargo, las de Yuuri se veían un poco más delicadas que las del otro.
—La tuyas son grandes —sonrió Yuuri, entrelazando los dedos con los de él—. También me gusta que con ellas puedo hacerte cosquillas.
Le hizo cosquillas por todas partes, inclinándose sobre él e inmovilizándolo. El pobre ruso se convulsionaba por la risa que esas caricias traviesas le causaban.
Cuando se calmaron, siguieron con su juego de preguntas.
—¿Cuál es la parte que menos te gusta de tu cuerpo? —inquirió ahora Yuuri.
—Mi frente —ni siquiera lo pensó.
—¡¿Qué?! ¿Por qué?
—Es muy amplia —se acomodó el flequillo de manera que le cubriera un poco—. Nunca me ha gustado, incluso en el jardín de niños me molestaban por ello.
—¿Irina?
—Ella no lo hacía por molestar. Otros niños sí, se burlaban un poco —frunció los labios.
Yuuri no podía creerlo. Su más grande ídolo, Viktor Nikiforov ¿Sufrió de bullying?
—Pero yo amo tu frente —la descubrió por completo y depositó un tierno besito en ella.
Los ojos azules brillaron con intensidad. Tuvo que apretar sus labios para no soltar sus gritos internos.
—Yuuri Katsuki, eres inigualable —se incorporó lo suficiente para alcanzar sus labios y atacarlos con un apasionado beso—. Me haces sentir especial… —acarició sus mejillas.
—Eres especial.
Si Viktor estuviera de pie, habría sentido sus piernas temblar como gelatina.
—Tengo otra pregunta. Yo no recuerdo bien la noche del banquete en la que nos conocimos, pero quisiera saber ¿Cuál fue tu primera impresión de mí?
—Pensé que eras una persona muy desinhibida. No podía creer que hubieses quedado en sexto lugar después de ver lo bien que te movías. Jamás había visto a un ebrio bailar tan bien como tú —se burló un poco—. Pero lo hacías tan bien que comencé a grabarte con mi teléfono. Hasta la fecha resguardo esas fotos y videos en un disco duro externo, a salvo de cualquier amenaza. Cuando estoy triste sólo voy y veo mi galería de ti, eso me motiva increíblemente mucho.
—Entonces seguro te sorprendiste cuando me conociste mejor. No fui lo que esperabas.
—Superaste mis expectativas.
—Oh Viktor —se le cortó la voz—. ¿Por qué viniste hasta Japón aquella vez?
—Curiosidad. No, más que eso —sus ojos brillaban intensamente mientras lo narraba—. No sólo era curiosidad sobre aquel chico sexy de movimientos sensuales, no; esa noche creaste en mí una fuerza de atracción increíblemente poderosa. Recuerdo que estabas tan ebrio que me pediste que fuera tu entrenador. Dios, jamás olvidaré ese momento —cerró los ojos tratando de recordarlo—. Seguro alguien lo grabó, pediré que te lo muestren.
—Ni lo menciones —se cubrió el rostro con ambas manos, muy avergonzado.
—Y respondiendo a tu pregunta de forma más directa… —se llevó una mano al mentón— ¡¿Cómo no iba a buscar al chico que me hizo interesarme en un hombre?! Sabes que antes de ti jamás había sentido atracción por alguien de mi mismo sexo y ahora no me gustan las mujeres —rio—. Esa noche estuvimos a punto de tener relaciones, pero te quedaste dormido, y agradezco al cielo por ello, sino no recordarías nuestra primera vez.
—Oh Dios, esto es vergonzoso.
—Por eso vine a buscarte, necesitaba conocerte sobrio, pero fue una gran tristeza percatarme de que habías olvidado todo —suspiró—. Y bueno, definitivamente también vine a buscar al gran patinador que eres. ¡Hiciste mi rutina a la perfección! Era imposible contener mi impulso de viajar y encontrarte.
Yuuri contuvo sus ganas de gritar como todo buen fanboy.
—Y continuando con las preguntas… ¿Qué es lo que más te excita cuando estamos en la cama? —preguntó sin tapujos. Yuuri se sonrojó un poquito, pensando de inmediato en eso que tanto amaba.
—Me encanta cuando besas la parte interna de mis muslos. Eso me enloquece. También adoro cuando me muerdes con fuerza, e-eso y… cuando me das palmadas—suspiró.
Viktor se incorporó casi de un salto.
—¿Te gusta el juego rudo?
—Sí —se rascó la mejilla y desvió la mirada.
—Debiste de haberlo dicho antes —sonrió peligrosamente de lado—. Me había estado conteniendo un poco, por miedo a asustarte, pero ahora que lo sé… —la comisura derecha de sus labios se alzó traviesamente, esbozando una sonrisa con tintes de sadismo en ella.
—¡Llevas quince preguntas! Déjame hacer una, aún me faltan nueve —desvió un poco el tema, aunque no le costaría admitir que le entraron unas ganas increíbles de arrancarse la ropa y hacer lo mismo con su novio.
—De acuerdo, hazlo —sonrió con normalidad. Ya no se recostó sobre Yuuri, sólo se sentó a su lado en el sofá, en esa posición india que lo hacía ver más juvenil y un tanto infantil.
—¿Tienes alguna fantasía sexual? —fue directo y conciso—. ¿Crees que pueda cumplírtela?
—Dos preguntas —rio, divertido con el cambio en el tono de preguntas—. Sí, la tengo, sin embargo no sé si estés dispuesto a soportarlo —lo miró sugerentemente, llevándose una mano al mentón.
A Yuuri se le puso el rostro rojo.
—Dímela.
La sonrisa de Viktor se tornó más peligrosa que antes, tomó a su novio de los hombros y se acercó a su oído para susurrarle unas cuantas palabras que fueron más que suficientes para que casi le saliera humo por los oídos al menor.
—Puedo soportarlo.
—Amor, no tienes que responderme en este momento, piénsalo y…
—Puedo soportarlo —insistió, no menos sonrojado—. Tenemos que intentarlo pronto.
Viktor se emocionó y se le echó encima, diciéndole lo mucho que lo amaba, y que por complacer sus caprichos lo haría disfrutar mucho de esas ideas pervertidas que cruzaban su cabeza.
—Con lo que me acabas de decir me imagino un poco el tipo de fetiches que tienes, pero aun así voy a preguntar, Viktor ¿Tienes algún fetiche que sobresalga más que los otros?
—Lo tengo —miró el cuerpo de Yuuri de arriba abajo y se saboreó los labios—. No lo tenía antes de ti, pero ahora no puedo dejar de pensar en tu trasero, día y noche.
Yuuri se echó a reír.
—No es broma —dijo con seriedad—. Tu trasero es una adicción para mí. Y bueno, tengo otro fetiche, pero nunca te lo había dicho —se sonrojó un poco y para Yuuri fue una vista hermosa—. Hacerlo con los ojos vendados ha sido una de mis fantasías desde hace tiempo, pero no me había animado a sugerirlo.
—¿¡No te habías animado a sugerirme eso y sí lo otro!? —se azoró bastante.
—Estamos a la par, nos quedan cinco preguntas —rio—. No, no me había animado. No me sentía preparado para que conocieras mi lado pervertido, al menos no del todo.
—Eres un pervertido y un precoz —se cruzó de brazos—. Aún estoy sorprendido por el hecho de que perdieras tu virginidad a los catorce. ¿Por qué lo hiciste?
—Curiosidad —se encogió de hombros—. Debí de haber esperado, lo sé. No permitiré que mis hijos cometan el mismo error que yo. Los obligaré a que sean como su papá cerdito.
—¡¿A quién le estás diciendo "Papá cerdito"?! —se exaltó. Viktor sólo se echó a reír a lo grande. Ignorando el hecho de que ya eran las tres de la mañana.
—A ti, mi amor —besó su nariz—. Te quedan sólo tres preguntas.
—Rayos.
—¿Qué deseos pedirías si tuvieras una lámpara mágica?
El japonés se rio por el cambio tan drástico en las preguntas, pero le gustó y se puso a pensar.
—Comer sin engordar, estar siempre a tu lado y…—enumeró con sus dedos. De pronto su expresión entristeció un poco—…poder darte hijos biológicos.
—¿Hablas de… embarazo? —se sorprendió.
—Sí —se recargó contra el hombro de su novio, ocultando su expresión triste. Viktor no dudó en abrazarlo.
—Te verías hermoso embarazado —le picó la pancita.
Yuuri rio ante esa locura.
—Como si eso fuera posible —suspiró.
—Bueno, al menos uno de tus deseos puede hacerse realidad.
—¿Comer sin engordar?
—¡No! Estar conmigo siempre —hizo un puchero.
—Oh, sí —se aguantó la risa—. Tengo otra pregunta, pero quiero que la tomes en serio.
—Dime.
—¿Piensas reconciliarte con tu padre?
—No.
—Pero…
—No, Yuuri. No está en mis planes, sinceramente espero no verlo en muchos años.
—Pero es tu padre.
—Lo sé, y eso no lo detuvo a hacer lo que hizo. Así que no.
—Vitya, tú no eres así —acarició su cabello—. Tú no guardas rencor.
—Cambiemos de tema.
Yuuri suspiró. Tendría que pensar en algo para hacer que ese odio se fuera desapareciendo poco a poco.
—¿Por qué te gusta tanto el helado de chocolate?
—Solía comerlo muy seguido con mi madre. Cuando me siento triste lo como y recuerdo cuando ella vivía —se encogió de hombros—. Me hace feliz y me puedo comer un galón entero en un momento.
—Qué envidia…
—Deberías dejar de hacer dieta. Estamos en temporada baja, come lo que quieras, vuelve a ser mi cerdito —le picó la panza—. Extraño a mi cerdito.
—¡No! —su convicción era inquebrantable, a menos que le pusieran un katsudon en frente.
—¿Por qué no dejas que tu cuerpo tome la forma que él desee? —preguntó con curiosidad.
—Porque quiero seguir patinando, necesito tener buena condición, bien lo sabes.
—No creo que sea sólo por eso.
—¡Y porque no quiero que me digan gordo! —se sonrojó.
—¿Ni siquiera yo? Me gusta decirte gordito, cerdito, kobuta-chan.
—B-bueno, sólo tú ¡pero no lo hagas siempre! —lo apuntó amenazadoramente con un dedo.
—De acuerdo. Nos queda sólo una pregunta a cada uno. Aprovéchala.
—¿Sientes algo por Irina? Es decir, algo que no sea sólo amistad. Es que fueron esposos y eso es algo muy importante, un matrimonio tiene mucho peso, aunque sea uno ya pasado —se mostró un poco inseguro al respecto, sin embargo, no había tono de reproche en sus palabras.
Viktor se cruzó de brazos, cerró los ojos y frunció el ceño antes de enfrentar a Yuuri y jalarle las mejillas con un poco de fuerza.
—No siento algo por ella, al menos nada más allá de la amistad, ella es como mi hermana.
—Una hermana con la que tuviste sexo.
—De acuerdo, eso no sonó muy bien —aguantó la risa, más que nada al ver la seriedad en su amado. Le volvió a estirar las mejillas—. Pero ya te conté mi pasado y todo lo referente a ella. Sabes lo que vivimos y cómo terminó lo que alguna vez tuvimos.
—Lo sé —quitó las manos que maltrataban cariñosamente sus mejillas—. Es sólo que no puedo evitar sentirme un poco celoso.
—Entiendo, pero creo que eso desaparecería si la conocieras. Dejarías de sentir celos al ver cómo es nuestra relación ahora.
—Tal vez —comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos.
—Yuuri, me queda una pregunta por hacerte y quiero que la pienses muy bien antes de responder —lo dijo con tanta seriedad que el otro se espantó un poco—. De tu respuesta depende nuestro futuro.
—Me estás asustando ¿Qué es?
—¿Quieres vivir conmigo en San Petersburgo? Hablo de vivir juntos, como una pareja formal. Con tu cepillo de dientes, ropa y todas tus cosas en mi casa.
La sangre se le fue hasta los pies al japonés.
—¿Qué? —involuntariamente tomó entre sus dedos el anillo que colgaba en su cadena.
—Piénsalo, no hay prisa, yo puedo…
—¡Sí! —se lanzó sobre su novio, tumbándolo sobre el sillón—. ¡Por supuesto que quiero! No hay nada qué pensar ¡¿Nos vamos mañana?! ¡¿Sí, sí?!
La risa abierta y cantarina de Viktor se escuchó en toda la estancia. No podía estar más feliz con la reacción de su novio. Yuuri estaba tan feliz y sonriente que parecía desbordar emoción por cada poro de su piel. Creyó que iba a necesitar pensarlo un poco más, pero al parecer no fue necesario.
—Me hace tan feliz que aceptaras —lo apretó entre sus brazos y suspiró pesadamente, sintiendo una paz y felicidad tan plena que era imposible de describir.
—Es que no hay nada qué pensar, la respuesta sólo podía ser un sí —rio—. ¿Cuándo nos vamos?
—Bueno, antes que nada debemos hablarlo con tu familia, después de todo les estoy robando a su retoñito.
—Tonto —le pegó en el pecho con el puño cerrado, riendo antes de volver a abrazarlo y besar su mejilla—. Muero porque ese día llegue ya.
—Tenemos mucho qué planear y mucho por vivir. Esto apenas comienza.
—Exacto: apenas comienza —besó sus labios.
Los dos se quedaron acurrucados en el sillón, acariciándose en silencio y en medio de la oscuridad de la noche. Pensando en todas las cosas hermosas que podrían vivir de ahora en adelante. Su relación estaba retomando el ritmo que había tenido hace años. Se sentían felices, sin ataduras, como si tuvieran un lienzo blanco frente a ambos, listo para ser llenado de colores y formas.
OoOoOoO
Llevaba horas hablando con su amigo por videochat, Minami podía ver a Phichit, pero éste no podía ver al japonés.
—¿Por qué no prendes tu cámara? Déjame verte —pidió el moreno.
—No funciona.
—¡Mentiroso! —rio—. Vamos, enciéndela. Llevamos horas hablando y no me has dejado verte.
Hubo silencio. El tailandés estuvo a punto de preguntar si aún se encontraba ahí, cuando de pronto se encendió la cámara.
—¡Minami! —se emocionó y sonrió ampliamente, pero su sonrisa desapareció al verlo con sus ojos rojos, hinchados y todavía un poco llorosos—. Oh, Minami.
—Lo siento —más lágrimas salieron de sus ojitos. De inmediato las limpio y sonrió a la cámara—. Por eso no quería ponerla.
—¿Sigues triste por lo de Yuuri?
—Sí, no puedo evitarlo —se encogió de hombros.
—Tú y Yuuri son muy parecidos. Ambos perdidamente enamorados de su ídolo.
—Con la gran diferencia de que él sí cumplió su sueño al estar con Viktor, yo no. Jamás estaré con Yuuri.
Phichit no sabía qué decirle. Si el cariño que le tenía no fuera más allá de la amistad, quizás podría darle consejos buenos, pero no en esa situación, no cuando estaba experimentando sentimientos de amor hacia él.
—Pero está bien. Si Yuuri es feliz, yo soy feliz. Lo único que quiero es no verlo de nuevo tan devastado como cuando estuvimos en Canadá.
—Ya veo… —por primera vez en la noche, sonrió con algo de tristeza.
Por lo regular se guardaba esos sentimientos tristes para él mismo, pero últimamente le era cada vez más difícil contenerse y decirle la verdad a su amigo.
—Entiendo que estés triste, después de todo es un amor no correspondido lo que estás atravesando —suspiró—. Es muy doloroso —desvió la mirada.
—Phichit-kun ¿Has pasado por algo similar? —preguntó con curiosidad.
El tailandés se reprendió mentalmente por ser tan obvio.
—Algo así.
—¿Y cómo hiciste para superarlo?
—No he podido hacerlo. En realidad me di cuenta hasta hace poco.
—¿De tus sentimientos por esa persona?
—Sí.
—¿Y por qué no se lo dices?
—Él está enamorado de otra persona.
—¿¡Es un chico?! Phichit-kun, no sabía que tú…
—Sí, es un chico, pero él quiere a alguien más y tampoco es correspondido —se puso un poco nervioso.
—Entonces dile lo que sientes. Quizás él no esté enamorado de ti, pero al conocerte mejor y al saber que lo quieres, puede que se vaya enamorando de ti, y así lograría superar su amor no correspondido. Podrían ser felices los dos —por un momento pareció olvidar sus propios problemas.
Los ojos de Phichit brillaron con ilusión.
—¿Tú crees que sea lo correcto? Es decir, puede que ya no quiera hablarme al saber lo que siento.
—Entonces no habrá sido realmente tu amigo. Yo le dije a Yuuri lo que sentía, y… bueno, lo hice cuando él estaba ebrio y creo que no lo recuerda —suspiró—. Pero díselo, no pierdes nada.
—Eso espero.
—Phichit-kun, gracias por escucharme y aceptar mi llamada a pesar de que allá contigo ya sea la una de la mañana.
—Sabes que cuentas conmigo —sonrió—. No importa la hora.
Se quedaron en silencio unos momentos antes de que Minami volviera a hablar.
—En realidad… gracias por todo, desde un principio, gracias. Eres el único amigo al que le he contado este asunto con detalle.
—Me siento honrado —bromeó un poco.
—Es curioso que seamos tan buenos amigos a pesar del poco tiempo que tenemos de conocernos.
—Y es más curioso que nos hayamos conocido gracias a Yuuri —suspiró con nostalgia.
Los ojos del menor se entristecieron al escuchar ese nombre.
—Tengo que superar a Yuuri, debo superar este amor por él.
—¿Por qué lo amas tanto? —inquirió de pronto, sorprendiendo al japonés.
—Porque… no sé explicarlo. Él siempre fue mi motivación y mi mayor ejemplo a seguir. Siempre he admirado su determinación y su fuerza, aunque él se empeña en decir que no lo es —esbozó una sonrisa triste—. Yuuri es único, y tiene un corazón tan puro y bello que me inspira ganas de protegerlo de cualquier amenaza. Ni siquiera puedo ver que esté triste, pues un impulso se apodera de mí y hago lo que sea con tal de verlo feliz.
—Ya veo… —se llevó una mano al mentón, reflexivo.
Phichit sentía algo similar por su amigo, pero un poco más intenso.
—¿Entonces él no será más tu entrenador?
—No. Él fue amable y se ofreció a seguir entrenándome hasta que encontrara a alguien más, pero yo le pedí que dejáramos las cosas así —suspiró—. Luego Viktor me encontró llorando en el baño —chasqueó la lengua.
—Minami ¿Vas a salir de viaje en estos días?
—No. De hecho estoy por salir de vacaciones de la universidad, pero estaré en casa ¿Por qué?
—Sólo tenía curiosidad —sonrió traviesamente y se despidió con algo de prisa de su buen amigo.
Tendría que hablar con Celestino antes de intentar cualquier cosa, pero tenía un plan, un gran plan.
Un par de días después, Phichit apareció en la puerta principal de la casa de Kenjiro.
—¡P-Phichit-kun! ¿¡Pero qué haces aquí?!
—¡Hola! —saludó enérgicamente con su mano alzada—. Vine a levantarte los ánimos ¿Todavía estás en pijama? Ya es medio día —se metió a la casa de su amigo como si fuera la propia, con toda la confianza del mundo.
—¡¿Viniste desde Tailandia?! ¿¡Sólo para eso?!
—Pero claro que sí, eres mi amigo —se encogió de hombros—. Me dijiste que no tenías entrenador, así que vine a hacerte una propuesta.
—¿Qué quieres decir?
—Hablé con Celestino y está dispuesto a entrenarte, pero necesitarías mudarte a Bangkok conmigo.
—Wow! —se asombró bastante.
—Le mostré un video de tu patinaje a Celestino y debo decirte que le encantó. Dijo que te parecías mucho a Yuuri, incluso en los errores —rio—. Él quiere trabajar contigo para pulir esos detalles ¿Qué te parece?
—Yo… —estaba demasiado sorprendido.
—Piénsalo y me respondes en unos días.
—¿En unos días?
—Me quedaré en Hasetsu durante un par de días, quiero conocer la ciudad y la playa ¿Me acompañas? ¡Vamos a hacer turismo! Lo tomó del brazo, emocionado y sacando su teléfono para tomar una selfie.
—¡No! Estoy en pijama —se sonrojó.
—Muy tarde, ya la estoy subiendo —dijo sin mirarlo y tecleando muy rápidamente en su teléfono mientras caminaba rumbo a la sala de la casa—. Ve a cambiarte, yo te esperaré para ir a pasear.
Minami no le dijo nada, se fue corriendo rumbo a su habitación y se cambió rápidamente de ropa. Le dijo a sus padres que saldría y se fue a dar un paseo con su amigo, pensando en todo momento en la propuesta tan tentadora.
Tenía muchas ventajas y pocas desventajas. Si aceptaba, aprendería mucho, viajaría al extranjero y patinaría junto a uno de sus mejores amigos. También le parecía tentador el hecho de cambiar de aire, alejarse de casa y despejar su mente de todo aquello que le recordaba a su amor no correspondido.
Esa tarde, mientras hacían turismo, el joven japonés aceptó la propuesta.
Phichit estaba tan feliz que quiso celebrarlo yendo a patinar juntos. Fueron al Ice Castle y ahí se encontraron con cierta parejita muy acaramelada, patinando juntos y riendo como si nada a su alrededor importara más que sus manos unidas.
—Si quieres podemos ir a otra parte —sugirió Phichit, siendo compresivo y omitiendo el hecho de que no había ido a saludar a su mejor amigo. Yuuri ni siquiera sabía que estaba en Japón.
—No, está bien así. Tengo que saber afrontarlo, no puedo huir todo el tiempo —respondió, mirando fijamente hacia la pista, donde mucha gente pasaba el rato divirtiéndose, y entre ellos estaban Viktor y Yuuri, patinando mientras se tomaban de las manos. Ambos tonteaban y jugueteaban entre ellos, empujándose y riendo. Eran el mejor ejemplo de una pareja feliz.
—Se ven muy felices —mencionó Phichit, contento por su amigo Yuuri.
—Yuuri al fin es feliz —esbozó una sonrisa sincera y suspiró—. ¡Vamos por unos patines! —lo tomó de la mano y corrió a donde Yuko, ajeno al tierno sonrojo en las morenas mejillas del otro.
El encuentro entre mejores amigos fue inevitable. Yuuri a penas lo vio, se deslizó con prisa atravesando la pista hasta llegar a Phichit y abrazarlo. El aludido se sorprendió un poco, pues Yuuri jamás fue tan efusivo, pero no por eso no correspondió, al contrario, lo hizo con mucho cariño y felicidad.
Platicaron unos momentos y se pusieron al tanto de sus vidas mientras que sus acompañantes patinaban tranquilamente de un lado a otro, esperando por ellos.
Minami se aburrió de patinar solo y se acercó a los otros dos, justo en el momento en el que Yuuri le decía a su mejor amigo sobre la propuesta de Viktor.
—¡¿Vivirán juntos?! —se emocionó el moreno, emoción que desapareció al ver la expresión devastada de Minami.
—Sí, no puedo esperar más. Nos vamos a ir en un par de días.
—Así que lo de ustedes va muy en serio ¿verdad? —inquirió Minami con una sonrisa leve, conteniendo sus ganas de huir de ahí.
Yuuri no supo qué responder, sólo asintió con la cabeza. El momento fue muy incómodo.
—Me alegro por ustedes —palmeó la espalda de Yuuri antes de darle un abrazo—. Espero que sean muy felices —murmuró en su oído, apretándolo fuerte entre sus brazos. Tenía poco tiempo para hacerlo, sólo segundos, así que lo hizo rápido y certero.
Antes de que alguien pudiera decir algo, el rubio tomó de la cintura a su amor platónico, aprovechó que tenían casi la misma estatura para aprisionarlo contra su cuerpo y besar sus labios de manera espontánea. Lo besó con fuerza y fiereza, con pasión acumulada, dejándole literalmente la boca abierta por la impresión ¿Acaso había sido la lengua de Minami lo que sintió?
De pronto ambos japoneses fueron separados con brusquedad.
—¡No hagas eso! —exclamó el tailandés, jalando a Minami con fuerza, alejándolo de Yuuri con enojo y muchos celos.
—¡¿Pero qué demonios crees que haces?! —un ruso muy cabreado se había aparecido también en la escena. Había jalado a Yuuri al mismo tiempo en el que el moreno alejó al otro.
La expresión de Minami era neutra. Su cara no demostraba ningún sentimiento, ni siquiera cuando el ruso alto y enfurecido se deslizó hasta llegar frente a él.
—¡Te atreviste a besar a mi novio! —enfatizó mucho el "mi" —. Eres un niño que no entiende advertencias ¿Verdad? —lo tomó de su playera y lo alzó un par de centímetros del hielo, espantando a la gente a su alrededor que se esperaba ya un pleito.
La expresión de Minami siguió igual.
—No deberías de enojarte. Le robé un beso ¿y qué? Tú lo tienes día y noche, sólo para ti. Tienes su amor incondicional y su corazón entero. Que yo lo haya besado debería serte indiferente.
—Pues no lo es —masculló entre dientes, zarandeando al joven.
—Basta —intervino Phichit—. No hizo bien, lo sabemos, pero tampoco hay que llegar a extremos —miró a su amigo—. Minami, discúlpate.
—No.
Todos se asombraron al ver la actitud del menor.
—Gracias —dijo de pronto Yuuri, todos lo miraron con cara de pocos amigos, excepto el menor de todos—. Gracias por tu cariño, pero no puedo corresponderlo. Yo amo a Viktor. Lo siento mucho, Minami —en verdad se sentía mal por él.
—Está bien. Lo sabía incluso antes de besarte. Ese beso, Yuuri, fue mi despedida. Sellé mis sentimientos por ti, ahora seguiré adelante. Me iré a entrenar con Phichit y Celestino a Bangkok. Espero seas feliz con él —miró al ruso—. Y si algún día quieres huir de sus garras, puedes venir hacia mí, no lo dudes.
—G-gracias —se rascó la nuca con nerviosismo.
Viktor sólo apretó puños y dientes, bajando al hielo al chico y mirándolo asesinamente. Puso sus manos sobre los hombros del rubio y se inclinó hacia él.
—Atrévete a hacer algo como eso de nuevo, y no verás la luz del día jamás —esbozó una pequeña y demoniaca sonrisa al separarse de él—. Que te vaya muy bien en cualquiera que fuera la ciudad que mencionaste —se deslizó hacia Yuuri, tomó su mano y se fueron de ahí.
Minami se giró a ver a Phichit y por primera vez vio su mirada llena de tristeza.
—¿Qué ocurre?
—Nada. Iré a dar una vuelta —sin decir más, el moreno se fue.
OoOoOoO
Estaban a unas horas de irse al aeropuerto y Yuuri aún no tenía sus maletas listas. Ya habían hablado con la familia y todos estuvieron de acuerdo con la decisión que tomaron los dos. Los dejaron irse con la promesa de que los visitarían seguido. Tanto para Yuuri como para Viktor, fue muy difícil despedirse de Hiroko. Pero toda la familia los despidió con mucho cariño, felices de verlos al fin en buenos términos.
—Vamos, amor, no tienes que llevar muchas cosas. En casa hay de todo, sólo lleva un cambio de ropa y ya.
—¿Y con qué me voy a vestir?
—Con mi piel sobre la tuya, sólo eso —lo abrazó desde atrás y besó su cuello, haciendo que un escalofrío recorriera toda la columna del menor.
—¡V-viktor! Claro que no, necesito llevar suficiente ropa.
—Es broma —rio contra la piel del cuello pálido de Yuuri—. Te compré suficiente ropa, no tienes que llevar nada.
—Oh por Dios, Viktor ¿Qué tanto planeaste?
—Muchas cosas —lo rodeó hasta pararse frente a él—. Todo en mi casa está tal cual lo dejé el año pasado —acomodó un mechón de cabello negro detrás de la oreja, mirándolo con mucho amor—. Tus cosas están ahí, nada ha cambiado. Nuestro hogar nos espera.
El cuerpo entero de Yuuri se estremeció por la emoción.
—No puedo esperar más. Uno de mis sueños está por cumplirse.
—Y espero que una de mis fantasías también se cumpla pronto —acortó la escasa distancia entre sus cuerpos, posando sus grandes manos en las caderas deliciosas del menor—. Además, aún te debo el castigo.
—¿Por lo de Minami? —frunció el ceño—. Amor, yo no tuve la culpa.
—Pero no lo apartaste de inmediato —infló sus mejillas— Así que te daré un buen castigo cuando lleguemos a casa.
Yuuri iba a decir lo mucho que amaba escuchar eso "A casa", "Nuestro hogar"; pero se contuvo para no arruinar la emoción del momento.
—Espero que sea un buen castigo —suspiró contra los labios de su novio, antes de dar un respingo al sentir una gran mano apretando en medio de sus nalgas.
—Pero claro que lo será. Te haré suplicar por más, lo prometo —gruñó contra sus labios, segundos antes de devorarlos con hambre atrasada.
—Necesito que ya estemos en tu departamento —jadeó.
—Nuestro departamento, Yuuri, será tu hogar de ahora en adelante.
El aludido se sonrojó un poquito.
—Nuestro hogar —sonrió con mucha ilusión.
—Espero que sea de tu agrado.
—¡Pero claro que sí! Al fin voy a conocer el lugar donde vivió mi más grande ídolo por años. Seré tu novio, pero no he dejado de ser tu fan número uno.
Yuuri logró hacer que su novio se sonrojara y se cubriera el rostro con una mano.
—Eso me recuerda algo… te tengo una sorpresa en casa.
—¿Qué es?
—Es una sorpresa —le picó la frente con un dedo—. Obviamente no te diré.
Después de un largo viaje, los tres llegaron a San Petersburgo, sanos y salvos.
El aeropuerto le trajo feos recuerdos a Yuuri. La única vez que estuvo ahí fue triste y muy difícil. Pero ahora todo era diferente, ahora iba de la mano con Viktor, rumbo a su departamento. Se moría de ganas de conocer dónde vivía, mirar sus paredes y conocer más sobre sus gustos. Quería adentrarse más en ese pequeño mundo de Viktor Nikiforov.
El ruso no logró convencerlo de llevar sólo un par de prendas y pertenencias, Yuuri terminó llevando más cosas de lo esperado. Ambos esperaban un taxi en la entrada, parados junto a un montón de maletas pesadas.
Durante el trayecto a casa, Yuuri no dejaba de mirar por la ventana del auto, maravillado con la ciudad y sus parques que parecían bosques. Viktor sonreía divertido ante la emoción de su novio, observándolo en silencio y sintiendo mil mariposas en el estómago al tomar su mano y sentir que le respondía de igual manera, acariciándolo con su pulgar.
El japonés estaba maravillado y asombrado con los enormes edificios antiguos con cientos de pequeñas ventanas rectangulares. Conforme avanzaba el taxi, los edificios y casas a su alrededor se veían cada vez más elegantes y modernos. Fue así hasta que llegaron a un vecindario muy elegante. Se notaba la diferencia de clases sociales con sólo mirar las banquetas bien cuidadas, los jardines extensos en las casas y los edificios altos con departamentos –seguramente muy lujosos- dentro de ellos.
Por un momento había olvidado que su novio era un hombre con mucho dinero y con una clase social más alta que muchos de sus conocidos. Se sentía nervioso al estar a punto de conocer más sobre él.
—Llegamos. Este es mi hogar —se bajaron del taxi y Yuuri pudo admirar el alto edificio ante ellos. Sus paredes desbordaban lujo tras lujo. Por un momento se sintió intimidado—. Nuestro hogar —besó sonoramente su mejilla y procedió a cargar las maletas. No dejó que su amado llevara ni una sola.
Entraron al vestíbulo y los recibió el amable portero. Enseguida subieron hasta el último piso y al fin el japonés conoció el departamento de su amado.
En el lugar predominaban tonos índigo, grises y blancos. El lugar estaba perfectamente decorado, Viktor tenía un exquisito gusto en arte y decoración. Había mucha armonía en todo el departamento. Era más amplio de lo que Yuuri se imaginó, no tenía nada en común con su departamento en Vladivostok, absolutamente nada. Este era fácilmente tres veces más amplio.
Yuuri miró todo a su alrededor, maravillado y asimilando el hecho de que viviría ahí de ahora en adelante. Estaba comenzando una etapa nueva en su relación con Viktor.
—¿Te gusta? —lo sacó de sus pensamientos.
—Me encanta. Tienes buen gusto. Se ve muy a cogedor.
—Irina me ayudó.
—Ya veo…
—Te daré un recorrido por el lugar luego de que desempaquemos tus maletas, ven, vamos a nuestra recámara —lo tomó de la mano con la emoción brillando en sus ojos y lo jaló hasta llegar a la habitación principal.
A penas puso un pie dentro, Yuuri sintió el delicioso y característico aroma de Viktor golpeándole con fuerza en la nariz. Ese cuarto olía delicioso, olía a Viktor.
El lugar era espacioso. Las paredes eran de un tenue celeste oscuro, las molduras blancas y una gran ventana con vista a la ciudad. En medio de la habitación se encontraba una cama de considerable tamaño y con apariencia de ser muy esponjosa y cómoda, sus sábanas eran blancas y aparentemente cálidas. Todo a su alrededor gritaba "Soy muy caro, no me toques", temía ensuciar o romper algo.
—Acomoda tus cosas en donde gustes haz lo que quieras, también es tu casa —lo abrazó desde atrás, apoyando su pecho contra la espalda del japonés. Éste acarició sus brazos y besó una de sus manos.
—Muchas gracias —se giró aún en medio del abrazo y le dio un beso en los labios muy tiernamente.
—¿Quieres desempacar, almorzar y luego dormir un poco? O podemos hacerlo a la inversa —se talló un ojo, somnoliento.
—Uhmm… ¿Y si comemos antes? Tengo mucha hambre.
—Rayos. No tengo nada de comida. Creo que hay helado en la nevera, pero sólo eso —se avergonzó un poco.
—¿Quién come helado con este clima? —se burló, pues era verano, sin embargo aún hacía frío.
—Por supuesto que yo —sonrió con orgullo—. Iré a comprar algo de comida ¿Quieres algo en especial?
—Sorpréndeme —sonrió.
—Bien —tomó lo que parecía ser la llave de un auto colgando de un llavero en la pared y se acercó a él para darle un beso fugaz en los labios—. Volveré pronto, haz las travesuras que quieras —le pellizcó la nariz y se fue junto con Makkachin, quien decidió acompañarlo al ver que saldría.
Yuuri se quedó solo en ese gran departamento. No lo pensó dos veces antes de hacerle caso a Viktor y ser travieso. Adelantó ese recorrido que haría con Viktor. Se puso a inspeccionar cada rincón de ese bello lugar, maravillándose por lo lindo y acogedor que era. Se emocionó bastante al ver que tenía una bañera bastante amplia y dos recámaras más además de la principal, después de todo se trataba de un piso entero.
No se atrevió a hurgar entre sus cosas, pero sí dio un recorrido entero. Miró la cocina y se emocionó al ver lo amplia que ésta era. Qué lástima que Viktor no supiera aprovecharla.
Se le ocurrió preparar algo de té, así que buscó un recipiente para hervir agua y lo llenó de ésta hasta el tope, pero cuando intentó cerrar la llave, no pudo, ésta se rompió antes de cerrarse por completo, dejando una pequeña fuga en el grifo.
—Rayos, rayos, rayos —se puso nervioso, no llevaba ni una hora en el lugar y ya había roto algo.
La fuga era pequeña, pero suficiente como para ser notada, sin mencionar la perilla rota.
Decidió bajar a recepción y pedirle ayuda al amable portero, haría uso de lo poco que sabía hablar en ruso. Lo hizo y éste le dijo que le llamaría a un plomero para arreglar aquello. Así Yuuri se fue tranquilo de regreso al elevador, listo para subir de nuevo al último piso, pero antes de que las puertas se cerraran, una chica muy guapa y de enigmáticos ojos azules detuvo las puertas antes de que se cerraran.
—Buenos días —saludó Yuuri con educación, pero pronto se puso nervioso al ver que ella no respondía. Sólo se le quedaba mirando con cara de infinita sorpresa.
—¡Yuuri Katsuki!
—¿M-me conoces? —se apenó bastante.
—¡Pero claro!
—¿Quién eres?
—¡Soy tu fan! —sonrió de oreja a oreja.
El aludido sonrió con emoción, sin embargo, había algo en ella que se le hacía muy familiar, mas no pudo recordar de dónde.
—¿Qué haces en Rusia?
—Me acabo de mudar al departamento de mi novio —se rascó la nuca con algo de nerviosismo.
—¡¿En serio?! ¡Qué felicidad!
El japonés se sintió algo intimidado con la efusividad de la chica. La miró con detenimiento, era muy bonita, demasiado.
—¿Tienes que hacer algo en estos momentos?
—Sólo voy a esperar a que llegue, fue a comprar algo de comer.
—Te invito a mi departamento. Tomemos un café. ¿Vienes?
—Me encantaría —aceptó gustoso.
Continuará…
