Arco 1: Detective Hikigaya Hachiman
Capítulo 22 - Flor de la jungla (Parte II)
Capítulo 22.1 - La fortuna de los difuntos
Hikigaya Hachiman POV
*Banco Privado Tokishima, distrito Chiyoda
[28 de Agosto / 4:38 PM]
—… así que… ¿qué opinas? —preguntó Hiura desde el asiento del conductor.
—… ¿eh? —respondí con la elocuencia de un estudiante de primaria al que pillaron soñando despierto en clase. Aparté la vista de los edificios y autos que pasaban zumbando mientras conducíamos por la autopista.
—Sobre lo que dije. ¿Qué opinas?
—Voy a ser honesto contigo, Hiura —dije cansado, inclinándome hacia atrás en el asiento del pasajero—. No escuché una sola palabra de lo que dijiste.
Hiura se rió—. Aquí estoy, desnudándome, ¿y así es como soy tratado?
Hice una mueca ante la imagen mental—. Eso sonó mal en todos los sentidos. Incluso el figurativo.
—Lo siento, Hiura-san —se disculpó Shiba desde el asiento trasero—. Senpai lleva tiempo sin dormir, así que está un poco irritable.
—Oye —le gruñí a mi compañero—, me eché una siesta anoche.
—Dormirte durante una hora mientras revisabas los informes no cuenta. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste más de cuatro horas seguidas?
—… no me acuerdo —dije, luego de pensarlo por un momento.
Hiura me miró por el rabillo del ojo—. Esa… ¿probablemente no es una buena señal?
Me encogí de hombros—. No me ha matado todavía.
—Lo hará —prometió Shiba. Lo miré fijamente a través del espejo retrovisor. Él respondió a aquello con una sonrisa que mostraba su dentadura perfecta. Tch.
Me resistí al deseo de mandarlo a la mierda, en lugar de eso resoplé y miré por la ventana una vez más. El auto de Hiura viajaba suavemente por la carretera. El tráfico era del tipo que había antes de la hora punta, así que el camino estaba libre en su mayor parte. Me recliné más en el asiento de cuero artificial. La comodidad que me proporcionaba me tentaba a cerrar los ojos, pero el pinchazo en la parte posterior de mi cabeza me lo negaba. Podría estar cansado. Reconocí que aquella posibilidad existía.
Pero no lo estaba. De ninguna manera.
—Estoy hablando en serio, eso sí. ¿Qué opinas? —preguntó Hiura de nuevo, llamando mi atención otra vez.
—Y yo también hablo en serio —insistí—, no te estaba escuchando.
—¿En serio? Y yo pensaba que sólo pretendías ser un idiota.
—Ya me conoces: a nadie sin decepcionar.
—Como sea, estaba hablando de cuentas bancarias. Este caso me ha hecho pensar si es una buena idea el tener una cuenta bancaria compartida o no. —Hiura ignoró mi ocurrencia y resumió rápidamente lo que debió haber dicho antes.
—Puede que no haya estado sintonizando… —admití descaradamente, subiendo la mano para apuntar con mi pulgar hacia detrás de mi cabeza—. Pero estoy seguro de que esa pregunta podría haber sido respondida por el Maestro del Descaro Shiba. De todas formas, ese parece un problema del que, siendo realista, sólo tienes que preocuparte una vez que te cases.
—Vamos. Te va a pasar eventualmente. ¿No tienes alguna idea? —rió Hiura. El sonido del parpadeo del intermitente se pudo escuchar en la cabina del auto mientras éste cambiaba de pista, tomando una subida que nos llevaría a otra carretera. Intercambiamos las vistas de la ciudad por la de la costa, en la que se encontraban atracados los barcos de pesca.
—¿Qué? Claro que no. Pensar así es tentar al destino. Además, soy demasiado atractivo para casarme.
—Claaaro —dijo Hiura en voz baja, haciendo obvia su incredulidad—. Hablemos de esto de forma hipotética, pues. ¿Tendrías una cuenta bancaria compartida con tu esposa?
—… morderé el anzuelo. No, no lo haría. Es una mala idea por donde lo mires.
—¿Te importaría decirme por qué?
—En caso de divorcio no hay forma de saber quién compró qué. Ella me lo quitaría todo: la casa, los muebles, los objetos electrónicos, el auto, y la mejor mitad del gato.
—¿La mitad del gato?
—Presiento que ella mataría al gato sólo para fastidiarme.
—Primero que todo, ¿con qué tipo de mujer estás considerando casarte en toda esta situación hipotética? Y segundo, ¿por qué es el mal encarnado?
—¿Ah? —gruñí con justa indignación—. ¿Crees que me equivoco? Pregúntale a Shiba.
—No me metas en esta ridícula conversación, por favor —respondió Shiba con rapidez y de forma estoica.
—¿Ves? Esas son las palabras de alguien que se ha enfrentado a las fauces de la bestia y ha vuelto con vida. ¿En serio querrías compartir una cuenta bancaria con alguien que puede ver todas y cada una de las compras que has hecho, el dinero que gastas, y que además, puede potencialmente llevárselo todo? ¡Sólo piensa en el pobre gato!
—¿La confianza no es un factor aquí? —preguntó Hiura con recelo—. ¿Quién te lastimó?
—El mundo —declaré dramáticamente—. Si la confianza importara entonces no tendría problemas con cuentas individuales. Confiaría en que no fuera tan estúpida con el dinero, y esperaría que ella hiciera lo mismo. Y si no, no suena como una relación sana de todos modos. Establecer lo que es tu propiedad es una faceta importante en la vida. Como lo es mantener la vida del gato.
—Tu hermana te robaba los juguetes de pequeño, ¿verdad?
—Como dije: lastimado por el mundo.
—Estoy seguro de que Senpai no era de los que compartían —mi compañero añadió de pasada.
—¿Puede el entrometido, por favor callarse? —me quejé—. Y para tu información, sólo contaría como robo si yo me opusiera. Mi hermanita no es capaz de nada malo.
—… esa fue una gimnasia mental como para ganarse una medalla de oro, Senpai…
—Ya entiendo —dijo Hiura de repente, atrayendo mi atención y la de Shiba—. Sólo necesitamos conseguirte una chica y estarás bien.
—¿Estás sordo? Soy demasiado para cualquier mujer mortal. Ya lo dije. Apóyame, Shiba.
Cometí el error de mirar por el espejo retrovisor y captar la sonrisa salvaje en el rostro de Shiba.
—Senpai tiene razón. Es por eso que sólo sale con diosas.
—… —Mi mandíbula se abrió ante la traición. ¿Et tu, Shiba?
—Oh ho… ¿así que los rumores son ciertos? —preguntó Hiura, sonriendo como el Gato de Cheshire [1]—. Esa linda mujer-
—No. Guarda silencio. No quiero oír nada de un mujeriego como tú. —Por desgracia, estaba siendo asediado por todos los lados.
—¿Disculpa? ¿De dónde sacaste eso?
—Tienes toda esta vibra de tipo alto, oscuro y atractivo. A todo el mundo le encaaaanta hablar contigo. Especialmente a las mujeres. ¿Cómo se llamaba, Shiba? ¿Esa chica que siempre se sienta con Hiura en el almuerzo?
—¿Te refieres a Ookai-san?
—¿Qué tiene de malo que hable con Ookai? —preguntó Hiura, frunciendo el ceño.
—Es de Archivos. Eso está al otro lado del edificio. Tienen su propia cafetería, y aún así ella viene a la nuestra. Suma dos más dos.
—Lo hice, y es definitivamente cuatro. No hay nada pasando allí. Sólo somos amigos.
—Eso es lo que dices tú. ¿Pero pensará ella eso? ¿Qué la detendrá de imaginarse cosas?
—¿Quizá el hecho de que sabe que estoy casado?
Cualquier sensación de agotamiento que teóricamente debía estar sintiendo (pero claro que no lo sentía, y aunque fuera posible que estuviera cansado, no era nada que unas cuantas latas de MAX no pudieran solucionar) había desaparecido. Me senté en mi asiento—. ¿Estás casado?
—Sip.
—¿Atado?
—Ajá
—¿Con una cadena en la pierna y en el alma?
—¿Podrías no referirte a mi esposa de esa manera?
—… ¿con certificado y todo?
—Eso es lo que pone en mi declaración de impuestos.
—Y tú… ¿actúas así?
—¿Qué hay de malo en cómo actúo?
—Claro, como si fueras el enemigo de todas las mujeres —dije sin rodeos.
—¿Es un pecado hablar con otras mujeres aparte de mi esposa?
—Oh no, señor. Lo que haces tú va más allá de "hablar". Aléjate de mi hermana, villano.
—Estás haciendo un gran trabajo cambiando el tema hacia mí —dijo Hiura, con una sonrisa en la cara.
Shiba soltó una risa, lo que únicamente incitó a Hiura a reírse de mí también. Por suerte, llegamos a nuestro destino poco después, lo que me permitió conservar algo de mi dignidad.
—Bueno —Shiba colocó una mano sobre sus ojos para bloquear el sol—. Esa fue una charla esclarecedora sobre cuentas bancarias. Hagamos uso de ella.
Ante nosotros se encontraba un edificio que parecía fuera de lugar y de época en Tokio. Su diseño era decididamente grecorromano y estaba construido con ladrillos y argamasa. Las columnas de piedra estaban coronadas por impresionantes e intrincadas volutas. El techo estaba cubierto de una hoja de metal pintado de un verde brillante que me recordaba al cobre oxidado. Las líneas oscuras y decoloraciones de color ámbar en la piedra dejaban entrever la edad del edificio.
—La sede principal del Banco Privado Tokishima —dijo Hiura mientras caminaba—. Uno de los bancos privados más grandes de Japón. Entremos, yo hablaré.
—Como quieras. —Me metí las manos en los bolsillos y seguí al detective mayor. Shiba nos siguió de cerca.
La entrada era de un granito que brillaba al sol, invitándonos a entrar. Las puertas giratorias eran pesadas, compuestas de latón y vidrio. Sin embargo, no tuvimos que hacer ningún esfuerzo, ya que un portero empujó de una de las manijas, dándonos acceso. El portero parecía salido de una película, vistiendo un traje nítido con tonos rojos junto a unos inmaculados guantes blancos de algodón. ¿Cómo mantenía eso limpio?
—Somos de la Policía Metropolitana de Tokio. Llamé con antelación —dijo Hiura al portero.
Me distraje por lo fascinante que me pareció el interior. Los techos abovedados estaban acompañados por unas cálidas lámparas de sodio que inundaban el área en una suave luz ámbar. Los clientes se encontraban sentados en lujosos sofás o parados en las diferentes cabinas hablando individualmente con algún cajero. Había un ambiente relajado entre todo el murmullo. Algunos empleados con etiquetas de identificación se dirigían directamente a los clientes. No había una sola fila a la vista. Todo el mundo vestía ropa cara que le quedaba perfecta. Las sonrisas falsas y la opulencia iban de la mano, al parecer.
—Esto realmente es otra cosa —respiró Shiba a mi lado. Giré mi cabeza para mirarlo. Se encontraba mirando hacia delante, memorizando cada aspecto por el que pasaban sus ojos—. Puedo ver por qué las celebridades y los ricos hacen sus transacciones aquí.
—Los políticos también —añadí—. Lo que me hace preguntarme cómo es que un chico como Aoi tenía una cuenta aquí.
—Sus padres eran adinerados.
—Lo eran, así que, ¿por qué no estamos investigando las cuentas bancarias de ellos? Hay algo raro.
—¡Hikigaya! ¡Shiba! —nos llamó Hiura, caminando hacia nosotros—. Vamos a hablar con la gerenta de esta sucursal.
—¿Con nadie más? —preguntó Shiba, arrugando las cejas.
—Era la única persona con la que el banco nos iba a dejar hablar —le respondió Hiura.
—¿Así que el gerente es una mujer? —pregunté.
—Eh, ¿sí? —respondió Hiura, confundido—. ¿Qué tiene que ver eso con-?
—Fantástico. Ve tú y confraterniza con ella.
—¡E-espera! Hikigaya, ¿adónde vas?
—A una aventura —le dije mirando por encima de mi hombro—. Que te diviertas.
—¡¿S-Senpai?!
Permítanme ser franco por un momento.
Al contrario de la creencia popular, ser detective no requiere de demasiadas habilidades o intelecto. El principio de parsimonia es lo que me viene a la mente. Ese adagio que dice que la solución/explicación más simple a menudo es la correcta. Sobrepensar las cosas o intentar hallar patrones donde no los hay es una manera segura de desviarse de la verdad en un caso. Cuando ocurre algo tan extraño que no se te ocurre ninguna otra razón de por qué podría haber sucedido, lo más probable es que tu corazonada esté en lo cierto.
Así que cuando Hiura irrumpió en la oficina durante esta mañana con la noticia de que la cuenta bancaria de Aoi había sido vaciada, no había muchas cosas que pudiera significar.
Caminé por el piso de mármol, maravillado por el patrón de tablero de ajedrez en blanco y negro. Cada cuadrado estaba envuelto en un trozo de metal. Probablemente de bronce si las puertas del edificio servían como indicación. Mis pasos resonaron, mezclándose con el suave murmullo de las diversas conversaciones y transacciones a mi alrededor.
Me detuve en el centro, y barrí con mi mirada todo a mi alrededor. La gente rica estaba por todas partes, de vez en cuando se escuchaba alguna risa o chiste por ahí. Nadie hizo contacto visual conmigo. Acercarse imprudentemente a cualquiera para tener una charla sería un desastre, ya que era muy probable que toda esa gente tuviera amigos en cargos altos. Me pude imaginar a Aoi encajando en este lugar casi como si estuviera en su casa. Con su pelo bien cortado, su ropa de primera, acompañada de un comportamiento de nobleza y-
¿Qué es esto?
Una persona se había levantado de su asiento entre un conjunto de sofás que rodeaban una mesa de cristal. Era un hombre que parecía tener entre veinte a treinta años. Le dijo algo a su grupo de amigos… ¿o conocidos? ¿Compañeros de negocios? No sabría decirlo, me encontraba demasiado lejos como para escuchar lo que estaban diciendo. El hombre se dirigió a un escritorio en donde estaba sentada una cajera. Intercambiaron unas cuantas palabras y el tipo sacó su billetera. Era plegable, de un color marrón claro.
En realidad, era un color marrón extremadamente claro. Lo más probable es que fuera de cuero genuino, por lo que se había descolorido por el uso. Era una billetera nueva. Demasiado para su edad. No, probablemente yo estaba pensándolo de más. No tenía idea de cómo los ricos trataban sus objetos personales. Por mi parte, no tenía ninguna experiencia de la que sacar algo. Hice una billetera con cinta adhesiva de Doraemon para mi uso personal.
Lo que sí que no fue imaginación mía, fue la tarjeta blanca que el hombre sacó de uno de los pliegues.
Sentí que mis ojos se abrían como si me hubiera despertado por segunda vez este día. A esta distancia no podía equivocarme: la forma y el tamaño eran idénticos a los de la tarjeta blanca que tenía en mi propia billetera. La cajera le dijo algo al sujeto, quien asintió con la cabeza, tomó la tarjeta blanca con ambas manos y la cambió por una tarjeta azul sólida que el hombre recibió con entusiasmo. La forma y el tamaño de la nueva tarjeta parecían ser los mismos que los de la tarjeta blanca. No sólo la tarjeta blanca que le fue entregada a la cajera, sino también la que Saito me había entregado.
Mi corazón empezó a acelerarse ante las implicaciones. Sin saberlo, me había metido en la guarida del león. Y yo no era más que un conejo. El camino sí llevó a Aoi.
—¿Puedo ayudarle, señor?
—¿D-disculpe?
Una voz me sacó de mis pensamientos y respondí por reflejo. Parada a mi lado había una mujer vestida con un atuendo de negocios muy elegante. Inclinó la cabeza hacia un lado y me miró de forma peculiar.
—Me disculpo si lo asusté —dijo educadamente, haciendo una ligera inclinación con la cabeza—. Me había dado cuenta de que estaba parado aquí y me pregunté si necesitaba ayuda con algo.
—N-no… yo no… —comencé, tomado por sorpresa. Mi cerebro se estaba moviendo a la misma velocidad que mi corazón. La experiencia apagó el pánico tan pronto éste había comenzado a invadirme, para reemplazarlo por la lógica fría.
Cálmate. Esta es una oportunidad.
—Lo siento, estaba un poco sorprendido por la gente. No me esperaba ver a tantos políticos o celebridades reunidos en un solo lugar.
La mujer soltó una risita educada—. Ah, sí, algo común en los recién llegados. El Banco Privado Tokishima atiende tanto a las grandes corporaciones como a particulares, ofreciendo consultoría, asesoramiento financiero y servicios bancarios. Nuestra base de clientes está basada en recomendaciones, y son seleccionados escrupulosamente.
Interesante elección de palabras.
—Todavía no tengo una cuenta bancaria aquí, pero asumo que ustedes dan tarjetas.
—Sí, por supuesto. Tarjetas bancarias de tarifa estándar con banda magnética que usamos para verificar credenciales y permitir el acceso a la información financiera.
—¿De verdad? ¿De casualidad tendrán otras tarjetas? ¿Quizá una tarjeta de recompensas?
—Hmm… esa es una buena pregunta. —La mujer pensó por un segundo, golpeándose la mejilla con un dedo—. No es necesariamente una tarjeta de recompensas, pero tenemos un sistema de membresía por niveles que da beneficios a los miembros.
—… Ya veo. Eso suena como algo de lo que a uno le gustaría formar parte. ¿Cómo se convierte uno en un miembro asociado?
—Desafortunadamente, el Banco Privado Tokishima no se ocupa del proceso de asociar membresías. Un comité de terceros se encarga de ello, ya que hay una cantidad sustancial de información privada que debe ser manejada con cuidado, especialmente considerando nuestra clientela. Aunque puedo enviar una solicitud para que revisen su estado para ver si califica.
—Yo– ah. —Noté a Hiura caminando hacia mí; Shiba no se veía por ningún lado—. ¿Qué pasa?
—Disculpen, siento interrumpir —se disculpó Hiura amablemente.
—En absoluto. Si alguno de ustedes necesita ayuda, por favor no duden en hacérmelo saber. Estamos orgullosos de nuestro servicio al cliente en el Banco Privado Tokishima. —La mujer hizo una elegante reverencia y se marchó.
Hiura y yo intercambiamos miradas.
—¿Qué te parece? —pregunté.
—Un desafío, me parece. —Hiura sostuvo su barbilla con una expresión reflexiva—. Un enigma. Claramente profesional. Va a ser difícil.
—Estamos igual entonces.
—Más difícil aún por el ambiente. Sus estándares deben ser altos por la clase de clientela con la que trata a diario. Así que olvídate de impresionarla con algo más que tu personalidad. Algo pequeña de estatura, pero tiene esa seriedad. Es un buen partido para ti.
—Sí, estoy de acuer- ¿eh? —parpadeé.
—¿Qué?
—¿De qué estás hablando?
—¿De qué estás tú hablando?
—¡Del caso! ¿Qué tiene que ver mi personalidad con todo esto?
—La cajera del banco con la que hablaste recién. Es muy linda. Deberías intentarlo.
—No.
—¡No seas así! Tendrá un poco de maquillaje, pero estoy seguro de que es bonita sin él. De un sólido 7 a un 8 y medio. —Hiura me dio una palmadita en el hombro como si fuera mi hermano mayor. Aparté rápidamente su brazo.
—¿No estás casado tú?
—Ok, wow. Estás siendo tímido. No creí que eso pasara contigo. No te preocupes, te echaré una mano.
Una sensación de aprensión me llenó mientras veía a Hiura girar sobre su talón.
—Espera. No. ¡No acoses a-!
—Volveré enseguida.
Observé con impotencia cómo Hiura se alejaba. En sólo un momento, hizo conversación con la mujer. Ella sonrió un par de veces mientras hablaban. Hiura apuntó hacia mí una vez, y los ojos de ella me siguieron poco después. Me volteé rápidamente, sin ningún deseo de verme atrapado en esto. Unos pasos llamaron mi atención. Vi a Shiba caminando por el pasillo hacia mí.
—¿Senpai? ¿Dónde está Hiura-san?
—Siendo un bastardo. Ponme al corriente, Hiura no lo hizo.
—¿Qué es lo que no hice? —El diablo del que se habló apareció. Hiura me entregó un trozo de papel doblado, atrayendo una mirada curiosa por parte de Shiba.
Abrí el papel, e inmediatamente lo aplasté en mi puño—. Voy a asesinarte y nunca podrán encontrar tu cuerpo.
Hiura frunció el ceño de tal forma que arrugó su frente—. Oye, sólo trataba de ayudarte. Somos amigos, ¿no es así? —Sonó genuinamente herido.
—No lo somos. Y aléjate de mi hermana. Y de la hermana de Shiba.
—Yo no tengo ninguna hermana, Senpai.
—Vaya. —Hiura silbó ante mis contundentes palabras—. ¿Eres un tsundere también? Eso explica mucho.
Sentí como mi cara ardía mientras Shiba se ponía una mano sobre la boca en un intento fútil de contener la risa.
—Elige un dios y reza —dije con tono salvaje. [2]
—N-no hagamos esto aquí… —tartamudeó Shiba, interponiéndose entre nosotros.
Le dirigí a Hiura una mirada fulminante. Hiura estaba tranquilo, y me sonrió de manera arrogante. Malditos riajuus. Era como un Hayama Hayato un poco menos guapo que finalmente pudo desarrollar una personalidad. Por desgracia, era una que giraba en torno al ingenio.
—Así que, ¿qué averiguamos? —suspiré, mirando hacia arriba y cerrando los ojos. Masajeé con mis dedos el puente de mi nariz para tratar de aliviar la presión detrás de mis ojos. Mi pregunta cambió la atmósfera a nuestro alrededor instantáneamente.
—No mucho —admitió Hiura, con su voz adoptando un tono franco—. La cuenta bancaria de Aoi fue vaciada un minuto después de que pasara la medianoche.
—En esencia después de que todas las transacciones fueran procesadas —añadió Shiba—. La parte extraña es que no fue algo extraño.
—¿Qué quieres decir? —pregunté.
—Las solicitudes de transacción para transferir el dinero fueron hechas de forma internacional. Desde Suiza. Pero fueron pre-aprobadas con dos años de anticipación. Así que pasó todas las comprobaciones y verificaciones de seguridad.
—Alguien más aparte de Aoi tenía acceso… puede que incluso contra su voluntad —concluí.
—Hay alguien más involucrado, claramente —dijo Hiura—. Pero estas solicitudes no pueden ser rastreadas. Las solicitudes del sistema bancario están encriptadas por razones de seguridad. La gerenta dice que un computador o varios están probablemente involucrados. Se hicieron millones de transacciones para obtener el dinero de la cuenta de Aoi.
—… ¿qué has dicho? —quedé atónito.
—Lo que escuchaste. La gerenta considera que lo más probable es que se haya usado una IA para canalizar el dinero. Debido a que las fuentes de la transacción fueron pre-aprobadas, ya no hay nada que puedan hacer salvo alertarnos luego de que todo haya sido movido.
—Podemos asumir que el dinero está siendo transferido directamente entre cuentas de todo el mundo en este momento. Están tratando de cubrir sus huellas. Las huellas digitales están más allá de nuestro alcance; moverán el dinero más rápido de lo que podremos rastrearlo. —Shiba miró su libreta y encerró algo en un círculo.
—Avanzamos dos pasos… y retrocedemos uno. —Suspiré una vez más—. La conclusión más lógica es… que hay algo o alguien involucrado desde hace tiempo que está detrás de esto. Tiene recursos a nivel internacional.
Shiba miró repentinamente su libreta—. Esperen. ¿No estamos investigando lavado de dinero también?
Mis ojos se abrieron de par en par y la boca de Hiura se abrió y cerró, sin decir nada.
—Mierda.
Nos quedamos en silencio.
—Tendremos que hacérselo saber al Jefe —dijo Hiura mientras se encogía de hombros—. Esto ya va más allá del Departamento de Policía. Es problema de la PSIA ahora. [3]
—En circunstancias normales, estaría encantado de dejarle el trabajo a otra persona, pero esto parece… inconveniente. —Mis palabras hicieron que Shiba me mirara de forma comprensiva.
—No hay mucho que nosotros podamos hacer. Llevemos estos testimonios a la comisaría. Los encargados de lavado de dinero también deberían obtener esta información. Pobrecitos, quedarán destrozados. ¿Transferencias de dinero a cuentas extranjeras controladas por una IA? Cielos —dijo Hiura mientras se alejaba.
Tiré el trozo de papel con el número telefónico a un basurero cerca de la entrada, y volví a dirigir mi mirada al opulento banco, grabándolo en mi memoria.
El breve momento que me tomó hacer esto fue suficiente para separarme de Shiba y de Hiura. El auto de Hiura había sido encendido, con el dueño sentado en el asiento del conductor. Caminé hacia allí y tiré de la puerta del asiento del pasajero. Estaba cerrada.
—Está cerrada —dije.
Shiba bajó la ventanilla, haciéndome ver que estaba sentado allí—. Sí, está cerrada.
—No me digas, Sherlock —exhalé—. Vale, lo entiendo. Iré en el asiento trasero. —Me moví e intenté tirar de la segunda puerta sin aval—. ¿Qué es lo que pasa? No estoy para bromas ahora.
Shiba subió la ventanilla y miró a Hiura. Intercambiaron algunas palabras en una conversación que no pude oír a pesar de que mis oídos estuvieran a unos centímetros de distancia. Hiura asintió una vez y Shiba respiró profundamente antes de volver a bajar el cristal que había entre nosotros.
—Vives cerca de aquí, ¿no, Senpai?
—Sí, a unos veinte minutos en metro, ¿qué tiene que ver eso con–? —Todo encajó en mi cabeza. Miré a mis compañeros entrecerrando los ojos—. ¿Así que a eso están jugando?
—Senpai, tienes que ir a casa y dormir. El Jefe está preocupado por ti, y nosotros también.
—¡Esto fue premeditado! —acusé, señalando con el dedo a Hiura y a Shiba—. ¡Es un motín! ¡Traición! ¡Los esposaré a los dos!
Los ojos de Shiba brillaron con enfado y abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por una nueva voz.
—¿Hikigaya-san?
Mi cabeza se volteó hacia la fuente. Un hombre estaba parado junto a un gran auto negro, un Rolls Royce, si el adorno que adornaba su capó era indicación. Llevaba un traje negro perfectamente planchado, el pelo bien peinado con algunas canas que indicaban su edad. No era alguien viejo de por sí, sólo alguien con más… experiencia. Lo que más me llamó la atención fueron los familiares ojos azules.
Ay, mierda.
—Yukinoshita… san
Yukinoshita Yoshirou. El miembro de la Dieta que representaba a Chiba, con ambiciones de postularse para Primer Ministro. Propietario y antiguo CEO de una de las mayores empresas constructoras de Japón. También el padre de cierta fiscal del distrito y de cierta abogada. Y aquí estaba, mirándome sonriente, como si se hubiera encontrado con un amigo al que llevaba mucho tiempo sin ver.
—¡Ah, sabía que era usted, Detective Hikigaya! —dijo jovialmente Yukinoshita-san—. ¡Qué coincidencia encontrarle aquí!
—Yo- eh- sí… quiero decir, ¡sí! —tartamudeé. El carisma que rezumaba el hombre disparó miedo por toda mi espina dorsal. Caminó hacia mí y me tendió la mano, la cual estreché con cautela. El hombre me estrechó la mano con vigor y con una sonrisa.
—¿Qué está haciendo aquí?
—Estábamos- eh- investigando algo… en el banco. —Mi lengua perdió repentinamente toda su elegancia en presencia de un ser superior.
—Oh, ¿y ya acabaron? Si tiene tiempo, ¿por qué no me acompaña a tomar un té?
Estaba dispuesto a declinar la oferta educadamente, pero me había olvidado de Tweedledum y Tweedledee en el auto a mi lado. [4]
—Justo a tiempo. ¿Por qué no vas a comer algo, Senpai? —sugirió Tweedle-Shiba.
—¡Sí! Nosotros responderemos por ti, no te preocupes —aseguró Tweedle-Hiura.
Shiba subió la ventanilla por última vez y el auto se marchó. Se escaparon como bandidos, con los neumáticos chillando un poco mientras el auto avanzaba por la calle.
Suspiré.
Capítulo 22.22222 - El más grande de los grandes
Hikigaya Hachiman POV
*Café del Hotel de la Península, distrito Chiyoda.
[28 de Agosto / 5:12 PM]
Intercambié un sitio de clase alta por otro. Me encontraba sentado en una preciosa silla de cuero en un café caro que estaba ubicado dentro de un hotel igualmente caro. Las cortinas de seda a mi izquierda se dirigían a una parte profunda e instintiva de mi ser que susurraba en mi mente: "Tú no perteneces aquí".
Sí, Subconsciente-gaya-kun. Opino lo mismo.
—Buenas tardes, Yukinoshita-san. Es un placer tenerlo de nuevo en nuestro establecimiento. ¿Ya ha pensado lo que va a ordenar? —Un camarero se paró junto a nuestra mesa sosteniendo una libreta y un bolígrafo. Vestía un chaleco negro y una camisa blanca, las piernas estaban cubiertas por un delantal blanco. En realidad, ¿no sería inapropiado llamarlo camarero? ¿Debería llamarlo garzón? Dios, suena tan pretencioso.
—Hola de nuevo, Kino-kun —Yukinoshita-san saludó al garzón (bleh) con la sonrisa y la calidez que uno reservaría para un amigo cercano—. Y sí, creo que estamos listos. ¿Podría servirnos a mi amigo y a mí un té verde junto a unos mochis para compartir?
—Muy bien, Yukinoshita-san. —El garzón (¿camarero?) anotó la orden antes de girar hacia mí—. ¿Y usted, señor?
Parpadeé—. Ehhhhh… ¿eso es suficiente para empezar? —Me retorcí mientras que la entonación en mi voz al final hacía sonar lo que acababa de decir como una pregunta. El camarero (¿garzón?) asintió y se marchó, diciéndonos que volvería pronto.
—Este lugar hace unos deliciosos dulces. El sakuramochi es para morirse. ¡Oh, pero no le diga nada a mi esposa! ¡Se supone que estoy haciendo dieta! —Yukinoshita-san me guiñó el ojo de una manera carismática que encajaba perfectamente con su sonrisa de cien mil yenes.
—Y-ya veo. —¿Cómo demonios se suponía que debía responder a eso? Me estaba hablando como si fuéramos confidentes. Lo peor es que estaba empezando a creérmelo.
Mis dedos jugueteaban con una copa de vidrio que contenía agua y cubitos de hielo.
—Así que dígame, Hikigaya-san. ¿Qué ha hecho el Banco Privado Tokishima para captar la atención de la policía? —Yukinoshita-san hojeó el periódico que le entregaron cuando entró al restaurante.
—… acababan de alertarnos de un posible crimen que ocurrió. No los estábamos investigando a ellos exactamente. No puedo decir nada más.
Vale. Bien. Muy bien. Todavía era capaz de formar frases coherentes.
—Ah, ¡ya veo, ya veo! Me preocupaba que el banco se hubiera metido en algunos problemas. Es bueno saber que todavía puedo ir ahí. Financiaron algunos de mis emprendimientos más ambiciosos cuando era más joven. —El político dejó salir una fuerte risa—. Debo decir, eso sí; me alegra ver que la generación más joven está trabajando tan duro. Cuando nos conocimos, nunca me imaginé que fuera convertirse en la persona que es ahora.
¿Eso se supone que era un insulto? ¿O un cumplido?
Mi falta de respuesta no pareció molestar a Yukinoshita-san, quien continuó hablando—. Oí que se pasó por mi casa hace poco. Espero que mi esposa y mis hijas le hayan brindado la hospitalidad adecuada.
—¡P-por supuesto! —repliqué nervioso—. Fue- eh- agradable.
Asintió con satisfacción—. Muy bien. Mi esposa desea invitarle a una cena apropiada, debe volver a visitarnos en un futuro cercano.
—Las cosas están un poco agitadas en la policía ahora mismo… pero lo tendré en mente.
—Por supuesto, por supuesto —Yukinoshita-san aseguró con una sonrisa— El trabajo es lo primero, especialmente considerando la importancia de los agentes de la ley. Aunque hablando de lo anterior, mi hija menor parece estar cada vez menos disponible para cenar. ¿Es usted el culpable?
Noté el brillo predador en sus ojos, lo que me hizo sudar frío.
—¡N-no! —negué con rapidez, con mi mente tratando de buscar una respuesta adecuada que no resultara en mi muerte—. Ha habido algunas reuniones últimamente. Antiguos compañeros de clase, reencontrándose con Hiratsuka-sensei y todo eso.
—¿Hiratsuka? Ah, la profesora de Sobu. Muy bien. Me alegra ver que Yukino se mantiene en contacto con sus amigos. Los verdaderos compañeros siempre permanecen contigo, sin importar el tiempo o la distancia.
—S-sí. —Yo tuve un buen grado de culpa en eso último.
—Jamás te entregaré a mi hija.
—¿D-disculpe?
Estoy muerto. Komachi, lo sien–
—Perdón, era sólo una broma, una broma. Quería probar decir eso una vez.
Me reí débilmente por la sonrisa resplandeciente en el rostro del padre de una de mis amigas más antiguas, que también resultaba ser uno de los individuos más poderosos del país. La yuxtaposición me hizo sentir mareado.
—Tengo curiosidad; si no recuerdo mal, Hiratsuka-sensei tuvo su último año en Chiba durante su segundo año. Me enteré por Haruno de que estaba casada.
—Sí, lo está. Con Tsurumi Kenji, el jefe de policía del Departamento de Policía de Tokio —respondí con mesura.
—Ahhhh, bueno, mis felicitaciones y mis mejores deseos para ella. Tengo entendido que es un hombre honrado.
Antes de que pudiera concordar con él, nuestro camarero (¿garzón?) llegó con dos platos, equilibrados con elegancia uno en cada mano. Colocó ambos cuidadosamente sobre la mesa, platillos con tazas de té y una pequeña bandeja llena de coloridos pasteles en forma de orbes fueron puestos frente a nosotros.
Yukinoshita-san rápidamente se adelantó y tomó un mochi rosa con los dedos y lo comió con un pequeño sonido de satisfacción. Me quedé sorprendido momentáneamente por su falta de modales en la mesa. Parecía ser algo que sólo podría ver hacer a la Yukinoshita más joven en su lecho de muerte.
—Delicioso como siempre —dijo Yukinoshita-san—. ¿Sabe? Últimamente me he familiarizado bastante con los Tsurumi. He tenido múltiples reuniones con el hermano mayor, el Teniente Coronel Tsurumi Kenta para discutir asuntos con los militares entre las reuniones de la Dieta.
Mi mano que estaba tratando de alcanzar los palillos a mi lado se detuvo. ¿El Capitán se había reunido con el padre de Yukinoshita? ¿El comandante estaba en Tokio? Espera, ¡¿Teniente Coronel?! ¡No había oído nada sobre eso!
—Erm… eh… —Mis labios se agitaban mientras yo trataba de procesar la información que se me había tirado encima.
—Es un hombre muy conocedor. Y muy honesto también —me informó Yukinoshita-san, terminándose el mochi antes de volver a tomar otro—. La Dieta ha aprobado recientemente una inversión monetaria para ampliar la Agencia de Seguridad Pública e Inteligencia tras el reciente ataque terrorista. Toda esa situación con los rehenes en la embajada filipina armó un buen alboroto. Sentí que era necesario hablar con un experto para ver qué más podíamos hacer para evitar tales situaciones en el futuro. El Coronel fue muy amable con los consejos, aunque me molesta que el dinero se esté moviendo de los programas sociales a esto.
Suspiró con una sonrisa derrotada—. Otro proyecto de ley está en marcha, impulsado por los Conservadores y otros que están a favor. Quieren aprobar el entregar armas más poderosas para las fuerzas de seguridad de nuestro país. Como entregarle ametralladoras y rifles de asalto a la policía. Las preocupaciones sobre ese plan están aumentando, ya que nuestras políticas de inmigración también están cambiando. Todavía tenemos refugiados en nuestras fronteras, y es posible que estemos apagando el incendio con gasolina.
—Yo…
—Y encima, quieren desviar los fondos destinados a la inmigración de esos pobres refugiados para iniciar el desarrollo de una nueva pistola de servicio, y comenzar con la producción en masa en un plazo de dos años. Es como si pensaran que el dinero crece de los árboles. Nuestra economía no puede manejar todo esto. Necesitamos una fuerza de trabajo lo antes posible.
—…
Yukinoshita-san cerró la boca antes de dirigirme una sonrisa tímida—. Me disculpo. Soportar todas estas reuniones de la Dieta no ha sido agradable, no con toda esta charla sobre la guerra y la violencia.
—Yo… entiendo —dije lentamente—. Necesitaba sacarse eso del pecho.
—¡Exacto! En verdad es una persona comprensiva. Si tan sólo tuviéramos más como usted dentro del gobierno, las cosas seguro cambiarían para mejor.
—Creo que me está sobrevalorando un poco.
La sonrisa del senador me dejó claro de que creía que yo estaba bromeando.
—¿Usted cree? Aún así, deseo conocer la perspectiva de un agente de la ley. ¿Qué piensa de los pasos que está dando Japón?
Mi boca se secó ante la pregunta. ¿Mi opinión? ¿Por qué mi opinión importaba? ¿Acaso yo era una especie de representante de la policía ante sus ojos? Temblé, perturbado ante tales pensamientos. Mis pensamientos no valían nada, Sri Lanka dejó eso claro.
Por favor, deténgase. Esta responsabilidad es demasiado. No le de tanta importancia a un fracaso como yo.
—Me preocupa el futuro de Japón —Yukinoshita-san continuó, sin esperar a que yo dijese nada. Ah, vale. Era una pregunta retórica. Todavía se estaba desahogando. Bien—. Mi familia vive aquí. Mis ancestros vivieron aquí. Tenemos tanto para mirar hacia atrás, cosas buenas y malas. No puedo dejar de sentir que nuestro camino actual es un error.
—La violencia engendra más violencia —dije—. A la gente no le gusta ser puesta en peligro. Las armas apuntando en una dirección tienden a atraer más armas de la otra dirección.
—¡Sí! ¡Eso es justo lo que estaba pensando! —exclamó Yukinoshita-san con una sonrisa feliz—. Todos queremos construir un Japón más seguro, pero este camino que estamos tomando ahora me parece… contraintuitivo. Pero haré lo que pueda para hacer realidad mi sueño. Y tengo que agradecerle por ayudarme en ello, Hikigaya-san.
—¿E-eh? Yo no he hecho nada.
—¿No se convirtió en detective? Y antes de eso, ¿no sirvió como miembro de nuestras fuerzas armadas?
—… eso no fue…
—Hikigaya-san. —La voz de Yukinoshita-san bajó a un tono suave, uno paternal—. La humildad es buena, pero todas las cosas deben ser con moderación. Demasiada humildad frustra a aquellos que la escuchan. Ha escogido una carrera de la que debería estar orgulloso. Pone su propia seguridad en riesgo para que otros puedan dormir en paz. ¿Cuántas madres pueden llevar a sus hijos a la escuela sin temor? ¿Cuántos civiles no se preocupan por el futuro porque usted se asegura de que sea seguro? Usted ayuda a mantener la paz. Si tuviera que ser honesto, ha estado haciendo más que yo en la construcción de aquel Japón pacífico.
No era capaz de hallar las palabras en ningún lado. Él estaba exagerando. Él simplemente… Yo no era la persona que estaba describiendo. La nobleza no era un factor en mis acciones… era…
Yukinoshita-san estaba simplemente equivocado. El hecho de que Japón se estuviera volviendo más militarizado era prueba de ello. Hice lo que hice porque estaba tratando de escapar de aquella jungla. Un esfuerzo inútil, como esta conversación me hizo darme cuenta. No podía escapar de la Jungla porque ahora la Jungla estaba por todas partes. Esparciéndose por todo el mundo como la más virulenta de las enfermedades tropicales, sumiendo al mundo y a la gente que lo habitaba en fiebres y frenesíes.
—Yo…
—Es una persona increíble, detective. Ha salvado a mis hijas, a las dos. No puedo agradecerle lo suficiente, y aún así hace más y más. Es alguien verdaderamente desinteresado. Necesitamos más hombres y mujeres de su calibre y fortaleza en el mundo.
Mi boca se secó, y de repente me di cuenta de que sentía una piedra atascada en el centro de mi garganta. No me gustaba a donde estaba yendo esta conversación.
—Detective Hikigaya, usted es un héroe. Es el tipo de persona que este país desesperadamente necesita.
Héroe.
Un héroe.
Acaba de llamarme…
Probablemente interpretando mi silencio como bochorno. Yukinoshita-san me dirigió una sonrisa juguetona—. Estoy seguro de que mis hijas piensan igual. Mi esposa también. Es un héroe para nosotros, y estoy seguro de lo es para todas esas personas a las que ha ayudado.
Yukino… ¿creía que yo era un héroe? No. Imposible. Ella me conocía… me conocía mejor que eso. Yo no soy un…
No podía serlo.
No.
No debía serlo.
Una persona como yo no era ningún héroe. De hecho, los héroes han muerto por gente como yo.
—… gracias… —Me lo tragué todo, incluida mi desesperación. Mentí con la cara más seria que pude poner.
Me terminé el té y le hice un gesto de despedida a Yukinoshita-san, quien me ofreció algunos de los mochis. Me obligué a tomar uno de los de matcha al final. El hombre se negó a dejarme pagar mi parte de la cuenta, pagando todo él. Incluso se ofreció a llevarme a casa, pero conseguí rechazar la oferta.
—Tenga una agradable tarde, Detective Hikigaya. Considere esto una invitación oficial para ir a cenar con nosotros en un futuro cercano, nos encantaría recibirlo.
—Lo tendré en mente.
Me tendió la mano, y yo la estreché con recelo. La mano de Yukinoshita-san se sentía como fuego. ¿O era porque mi propia mano se sentía como hielo?
—Por favor, continúe con el buen trabajo —me dijo.
¿"Continúe"? ¿Cómo se supone que iba a continuar algo que nunca empecé?
Capítulo 22.333333... - No lo olvides
Hikigaya Hachiman POV
*Apartamento, Shibuya
[28 de Agosto / 10:10 PM]
Era de noche. Noche significaba cena.
Estaba tratando de comer una comida hecha a partir de las sobras que quedaron de un día que no podía recordar. Mis palillos estaban siendo sostenidos por los dedos de mi mano derecha, mientras que mi mano izquierda se encontraba apoyada ociosamente junto al tazón de arroz. No creo que siquiera haya puesto el arroz en el microondas. Acababa de sacarlo de un envase que había en el refrigerador. Me quedé mirando los fríos granos blancos, con la esperanza de que estimularan mi apetito, aunque fuera un poco. Pero mi estómago se había vuelto de piedra en algún momento.
El reloj de la sala de estar sonaba de forma rítmica, con cada movimiento resonando por toda la sala.
⸢Habían puesto la mesa debajo de un árbol, delante de la casa, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero estaban tomando el té⸥
—…
⸢Sentando entre ellos había un Lirón, que dormía profundamente, y los otros dos lo hacían servir de almohada, apoyando los codos sobre él, y hablando por encima de su cabeza⸥
—… —No dije nada, y bajé lentamente mis palillos al lado del tazón. Una lenta oleada de náuseas me asaltó, amenazando con convertirse en un maremoto dentro de unos momentos.
⸢"Muy incómodo para el Lirón", pensó Alicia. "Pero como está dormido, supongo que no le importa"⸥
La voz dejó de hablar y tarareó en contemplación—. Sí, yo no diría que importe. ¿Y usted? ¿Señor Lirón?
Mi cabeza volvió a palpitar y me forcé a abrir los ojos. Me encontraba en mi asiento habitual en un extremo de la mesa, pero la silla a mi derecha estaba ocupada. Allí se encontraba sentado un joven con una sudadera con capucha color naranja brillante y con una mancha blanca en el lado izquierdo del pecho. Largos y delgados dedos afeminados sostenían un pequeño libro encuadernado en cuero, sin título. Sonreía como el Gato Sonriente, algo que parecía totalmente fuera de lugar considerando que tenía un agujero en el centro de su cabeza, del que caía una gota de sangre hacia su nariz.
—¿Realmente hay necesidad de recitar Alicia en el País de las Maravillas? —Mi voz era áspera y rasposa. Casi soné como si estuviera suplicando.
—Pobre Señor Lirón. Pobre, pobre Señor Lirón. —Ouma Daichi se rió burlonamente de mí—. Sufriendo de forma tan clara y obvia, pero a la vez una condición tan natural que los demás no pueden sino asumir que no le molesta.
—… es igual —gruñí.
Mi respuesta pareció aturdir a Ouma por un momento antes de inclinarse en su silla, aullando de risa como un loco—. ¡Ah! ¡Eres demasiado entretenido, Detective Hikigaya! ¡Demasiado! ¿Te han dicho que eres intrigante a más no poder?
—No importa.
—Tsk, tsk. —Ouma agitó un dedo y chasqueó la lengua, decepcionado—. No nos involucremos en esta canción y baile, detective. Convencerse a uno mismo de una mentira puede ser una habilidad impresionante, pero como Cenicienta, la magia eventualmente debe desaparecer. Ven a enfrentarte a la realidad conmigo.
Cómo se atrevía…
—Me he estado enfrentando a la realidad, todo este tiempo. He tenido que hacerlo.
—Por favor. No te creerás eso, ¿verdad? Después de todo, si un problema no es reconocido, nunca podrá ser un problema, ¿no? La vida es todo luz y arcoíris cuando simplemente te rehúsas a ver las tormentas y los incendios.
—No necesita ser tan agradable. Estoy bien con lo que tengo ahora mismo.
—Curioso… te enorgulleces de enfrentarte a la realidad, pero al mismo tiempo pareces estar olvidando el pasado. ¿Dónde he escuchado esto antes? ¿Sobrevivir en el infierno porque "estoy bien"? ¡Bravo! ¡Bravo, detective! Vives en un mundo de fantasía construido a partir de convenientes omisiones a la realidad. Esto contradice tanto lo que eres, que creo que deberíamos añadir una tercera "H" a tu nombre. Para "Hipócrita".
—…
—Un niño abusado y aislado en su juventud, que sólo deseaba ayudar a la gente porque le encantaba lo que eso le hacía sentir. El ser necesitado, el ser apreciado, todas esas cosas cálidas que un niño necesita. Pero no recibiste ninguna de ellas.
—… las personas son criaturas horribles. Lo aprendí a esa edad.
—Y aun así, anhelabas los cumplidos. Aun así, sentiste esa agradable sensación vaga en tu interior, incluso si las personas a tu alrededor no soportaban mirarte. Y te odiaste a ti mismo por ello.
—… —Apreté mi mano derecha, y me encontré con el sonido de mis nudillos crujiendo.
—Es perfectamente razonable, Hikigaya. Desear estar cerca de los demás es perfectamente humano, pero el único problema con tu metodología… eras tú.
—…
—No sabías cómo acercarte a los demás. Tenías miedo del rechazo, pero deseabas aquel sentimiento de altruismo. Ese pequeño estallido de éxtasis que se produce cuando has hecho algo para dar valor de tu existencia. Así que ayudaste a otros esperando recibir esa autoconfianza. Creíste que no importaba cuánto te lastimaras a ti mismo, siempre podrías levantarte y convencerte de que te habías convertido en algo más. ¡Hilarante!
Otra carcajada, que parecía la de una hiena y se acentuaba con las sibilancias.
—Qué bajo hemos caído. Probablemente a veces te sientas y te preguntas cómo las cosas han llegado a este punto. La necesidad de ayudar a otros en la escuela evolucionó a una enfermedad en la que debes salvar a otros. Aún odias el hecho de que estás aquí.
—Yo… rompí una promesa —dejé salir con un respiro—. Olvidé una lección que creí haber aprendido.
—¿Autoculpabilidad? ¡Ya déjate de delirios, detective! No olvidaste la lección, te diste cuenta de lo fallida que era en las junglas de Sri Lanka. ¿No me digas que te has olvidado de Mina? Esa pequeña muchacha, tal vez de un metro de altura. Se le daba genial hacer cestas. ¡Incluso intentó enseñarte! Oh, cómo vuela el tiempo, me pregunto si su cuerpo todavía seguirá donde lo dejaste… Hmm, aunque pensándolo mejor, es probable que a estas alturas ya se la hayan comido los buitres o alguna otra bestia. Una lástima.
—¿Qué quieres de mí?
Ouma parpadeó como un búho—. ¿Yo? Detective, estoy aquí por ti. Debería preguntarte qué es lo que tú quieres. No puedo decirte cómo o por qué sobreviviste a esa jungla, pero puedo decirte que la felicidad es algo pasajero. Así que, ¿qué es lo que quieres? ¿Catarsis? ¿Nirvana? ¿Iluminación? ¿Razón de ser?
—…
—Tú existes puramente para ayudar a los demás. Toda la base de tu ser nació de ello, y fue moldeada por ello. Pero sabes que no todo puede ser salvado, así que apartas tus ojos de todos los que están fuera de tu alcance, y te comprometes a salvar al que puedas. Una verdadera lección, ganada con esfuerzo durante aquel año. Incluso ahora, en este trabajo que haces y los casos que aceptas, no es lo que te dices a ti mismo. Sabes que, en el fondo, haces todo esto por ti. En realidad no te importan los demás, sólo quieres sentirte bien.
—No… yo…
—Hazte cargo, mi querido amigo. —Ouma se recostó en su asiento, ahora de repente sosteniendo mi copia de La Conquista de la Felicidad—. Veamos… Capítulo 16: "Esfuerzo y resignación." Ah, aquí estamos: "Sin embargo, la verdad no siempre es interesante y la gente cree muchas cosas sólo porque son interesantes. La doctrina poco interesante es en muchos casos, la verdad".
—El interés significa poco para mí, es un hecho. Tú lo sabes.
—¿En serio? El interés también puede significar deseo, ¿sabes?
—… ¿deseo?
—Un adolescente que encontró tal vez la única cosa en su vida que le dio un significado, sin darse cuenta. Lo atesoraste como a una frágil vela, y cuando las llamas te picaron en las manos, de repente te viste protegido por los que te rodeaban. Como un cuento de hadas. Pero todas las cosas llegan a su fin, y cuando aquella fuente estaba desapareciendo, te entró el pánico. Súbitamente te diste cuenta de lo que habías hecho, de las debilidades que habías permitido que se formaran. Cómo ese "buen sentimiento" estaba ahora con alguien más en lugar de ser una construcción dentro de tu propia mente.
—Yo sólo quise… lo mejor… para todos.
—¿Todos? —se burló Ouma—. ¿Y qué hay de ti?
—¿Por qué yo importo? No merezco importar.
—Sí. Así es, no lo mereces. Tú tomaste las decisiones. Tú te buscaste esto. ¿Todavía puedes mirar a ese hombre a la cara?
—…
—Es incluso romántico, la verdad. Un joven que se dejó caer en la debilidad y el egoísmo, quien iba cuesta abajo, se encuentra cara a cara con un hombre mucho más grande de lo que podría haber imaginado.
—… basta. Él no era así. Nunca pongo mis expectativas en la gente.
—¿Quién dijo nada de expectativas? Este hombre era exactamente como lo viste. No es simple idolatría, es algo mucho más visceral. Es una adoración apasionada, como a un héroe. Después de todo, tú viste a este hombre por lo que era. Lo viste enfrentarse a adversidades y tragedias con una fuerza inquebrantable. Dedicó su vida a ayudar a los demás y encontró consuelo en ello. Es obvio, realmente. Él era todo lo que siempre quisiste ser. Querías ser como él.
—…
—En lugar de imponer expectativas en otros, hiciste lo opuesto. Te las impusiste a ti mismo. Esperanza. Una esperanza de que, tal vez, podrías llegar a ser como él si encontrabas ese mismo algo que él encontró. Y así seguiste su camino sin pensarlo dos veces. Un camino que te llevó directo a la milicia.
—Él…
—… fue en tu momento de debilidad, cuando todo se derrumbaba, que él te dio su guía involuntariamente. Y ahora te estás preguntando por qué las cosas acabaron de esta manera.
—Oh…
—Veo que lo entiendes ahora. Hikigaya, tú eres la causa. No pudiste soportar ni una tajada de infelicidad. Una minúscula probada de aquella dicha fue demasiada para dejarla ir. Patético.
—…
—Viviste mientras otros murieron. No hay respuesta. No hay razonamiento. Acéptalo. Sabes lo que tienes que hacer.
—… darle un sentido a esta vida. Justificar mi existencia.
—Exacto. De lo contrario, ¿para qué seguir viviendo? —Ouma me sonrió—. No te olvides de mí, ¿me lo prometes?
—Nunca.
Mis ojos se abrieron de forma repentina y mi costado palpitó dolorosamente. Estaba aturdido, pero reconocí el piso de madera debajo de mí. La silla en la que estaba sentado se cayó de costado. Me dolía el abdomen y noté que mi tazón de arroz también estaba en el suelo, con su contenido esparcido como pequeñas manchas de pintura.
Debí haberme caído de la silla. Me volteé sobre mi espalda, ignorando los estallidos de agonía. El reloj de la pared indicaba que eran las 2:33 AM del 29 de agosto.
—Joder…
Al menos no se podía poner peor.
—¡Hachiman!
… ¿por qué tuve que hablar?
Había alguien más en el cuarto. Giré la cabeza para ver a Shizuka mirándome con una expresión de horror. La bolsa plástica que sostenía en sus manos cayó al suelo.
—Oh… hola… ehh… vamos, no es lo peor que me has pillado haciendo —bromeé torpemente.
Shizuka corrió hacia mi lado y se arrodilló—. ¡¿Qué pasó?! ¿Estás bien? ¿Te puedes sentar?
Gruñí mientras ella me ayudaba a sentarme—. Nada grave… creo que me quedé dormido mientras cenaba.
—¿Cena-? —Las palabras de Shizuka se detuvieron cuando miró al suelo y notó los restos que desparramé—. ¡Sólo hay arroz! ¡Y te caíste de una silla en la que estabas sentado!
Tosí—. No puedo cocinar, ya lo sabes. Y no soy el individuo más coordinado, no necesitas recordármelo.
El rostro de Shizuka era sombrío, mi triste intento de broma no había salido bien—. ¡Rumi dijo que iba a pasar a hacerte la cena esta noche!
—Oh… creo que llegué a casa bastante tarde. —Tonto Hachiman, ¿cómo pudiste?
—La estás evitando, Hachiman. Sabes a qué horas viene ella. Sé que lo sabías.
Maldita sea, vio a través de mí. Pero el capitán debe hundirse con su barco… de mentiras.
—No sé de qué estás hablando.
—Kenji me dijo que lo estás volviendo a hacer. Estás colapsando. Hachiman, por favor…
—… es un caso importante —murmuré, apartando la vista con culpa.
—¿Es por es que Haruno dijo que la estabas evitando a ella y a Yukinoshita también?
Me resistí al deseo de acurrucarme como una pelota y fingir que no escuchaba nada de esto.
—No sé qué es peor —Shizuka suspiró—. Por un segundo temí que iba a tener que romperle el corazón a una adolescente. Pensé que tal vez habías decidido empezar algo con Yukinoshita y que por eso estabas evitando a Rumi, pero me enteré de que no hablabas con ella tampoco. Y luego te encuentro tirado en el suelo… creí que estabas muerto.
—Lo siento…
—"Lo siento" no basta, señor —me respondió suavemente, con sus dedos secando las lágrimas prematuras de sus ojos para luego colocar su mano sobre mi frente y sentir mi temperatura. Sus dedos se sentían cálidos al tacto, llenos de vida.
—Sólo… ok, vale. Estoy cansado —admití—. Déjame ir a dormir y estaré fresco como una lechuga mañana.
—Buen intento. —Shizuka me levantó y me empujó a mi habitación, en la que sacó un abrigo de mi closet y lo arrojó sobre mis hombros como una manta improvisada.
—¡¿Qué-?! —intenté protestar, pero la mujer me lanzó una mirada que sofocó cualquier resistencia que mi cerebro estuviera tramando.
—Te vas a nuestra casa. —Rápidamente sacudió la cabeza, dándose cuenta de la ambigüedad de sus palabras—. No, te QUEDAS en nuestra casa hasta nuevo aviso.
—¡No puedo hacer eso!
—Lo harás. Irás a trabajar desde nuestra casa, volverás del trabajo a nuestra casa. Vivirás ahí, dormirás ahí, comerás ahí, mearás ahí. Te QUEDARÁS ahí. Te QUEDARÁS con NOSOTROS. ¿Entendido?
—… sí, señora.
—Bien. Ahora empaca tus cosas. Haré saber a tu madre y a Komachi sobre esto.
Un deje de calidez se sintió en mi interior, pero me pareció oír algo que me susurraba desde la parte de atrás de la cabeza.
Hikigaya, tú eres la causa.
No pudiste soportar ni una tajada de infelicidad.
Una minúscula probada de aquella dicha fue demasiada para dejarla ir.
Patético.
Miré a Shizuka mientras ella doblaba cuidadosamente mis camisas para el trabajo. ¿Esto era también parte de esa pequeña dicha a la que me había vuelto adicto? ¿Sería capaz de protegerla si eso significaba dejarla ir?
¿Sería capaz de dejarla ir?
Simplemente ya no tenía idea. Pero sí sabía que no podía perderla de vista. No tenía permitido dejarla atrás.
No te olvides de mí, ¿me lo prometes?
Dejé escapar un aliento tembloroso.
—Nunca.
[1] El Gato Sonriente de Alicia en el País de las Maravillas.
[2] Referencia a una frase que dice Frederick, personaje de Fire Emblem: Awakening ("Pick a god and pray").
[3] Agencia de Seguridad Pública e Inteligencia. "PSIA" por sus siglas en inglés.
[4] Más referencias a Alicia en el País de las Maravillas.
