Capítulo 21

Algo más

—¿Quieres un poco de ensalada?

—No, gracias…Ya creo que cené suficiente.

—Ok… Yo tengo hambre. Ese chapuzón en el lago me ha abierto el apetito — sonreía tomando asiento junto a la morena.

La cena como cada noche, volvía a reunir al grupo al completo alrededor de la fogata.

—¿Has pensado algo para la venganza?

—No, la verdad es que no se me ocurre nada, excepto…—se detuvo lanzando una mirada hacia Dave, que, como cada noche, amenizaba la reunión tocando algunas canciones con la guitarra.

—¿Excepto qué?

—Que le robemos la guitarra o algo así.

—Mmm…Pero eso sería una venganza sin gracia. Yo quiero que se avergüence y no consiga nada con Mel.

—Gay.

—Exacto, es lo único que puede fastidiarle lo suficiente.

—Ok… ¿Y se te ocurre alguna forma de convencer por completo a Mel de que lo es? Porque yo estoy segura de que ella ya no cree nada. De hecho, estoy segura de que ni siquiera cree que nosotras…Ya sabes.

—¿Por qué no va a creer que nosotras estamos juntas?

—Primero, no para de ponerte a prueba con Finn. Segundo… Estoy segura de que Dave quiere enmendar su mentira, y seguro que busca la fórmula de hacerlo.

—¿Tú crees?

—Si Mel se entera que Dave le mintió, no va a querer nada con él.

Quinn hablaba con rotundidad, pero omitía el hecho de explicarle a Rachel la verdadera razón por la que creer que Dave iba a tratar de solucionar ese conflicto con Mel. Su amenaza había mermado al chico, que jamás espero que ella supiese de esa mentira. Tenía claro que Dave iba a hacer lo que fuera por evitar que Quinn terminase confesando que era una mentira, y decírselo de una forma más liviana a Mel, era la solución.

—Tienes razón. Pero, ¿cómo crees que le va a decir que lo nuestro no es cierto? Quiero decir, estaría confesando que mintió.

—No lo sé, pero te aseguro que lo hará. Y tenemos que evitar que así sea si queremos que Mel nos siga creyendo con el tema gay.

Rachel resopló.

—¿Y cómo haces creer a una persona que otra es gay?

—Pues…No sé. Yo le dije a Mel que la mayoría de sus amigos de Kitesurf lo son y bueno, parece que creyó algo.

—¿Sus amigos? ¿Le dijiste eso?

—Sí, y no estoy muy orgullosa de ello. De hecho, me arrepentí en el mismo instante en el que lo dije. Pero después de lo del lago, el remordimiento es menor.

—Ok… Supongo que es una mentira piadosa

—Sí, otra más.

—Cierto. Oye…—se mostró pensativa— ¿Y si le enviamos algún mensaje como si fuésemos alguno de sus amigos "gays"?

—¿Con qué teléfono? Porque el mio lo tiene agendado y el tuyo también.

—Yo no se lo he dado.

—Pero yo sí. Te recuerdo que te gastamos una broma telefónica.

—Oh, cierto —masculló lamentándose al recordar la estúpida broma que a punto estuvo de hacer que denunciara a su propio profesor.

—Pero espera… Estoy segura de que él no reconoce tu número. Si consigo cambiarle el nombre, no sabrá que eres tú.

—¿Puedes hacer eso?

—Puedo intentarlo…Le he pedido su teléfono en alguna ocasión para hacer fotos, y puedo usar esa excusa.

—Genial…Si lo consigues podremos ponerlo en apuros.

No necesitó mucho más. A Quinn le bastó la respuesta de Rachel, para emprender de nuevo un plan que iba a llevar a cabo en ese preciso instante. De hecho, apenas tardó un par de minutos en decidir acercarse al chico, para confirmar que su excusa era perfecta.

Y así fue.

Dave ni siquiera le dio importancia al hecho, y permitió que Quinn se adueñara de su teléfono, mientras él se esmeraba en seguir animando al grupo con sus canciones. Una tarea que Quinn llevó con total discreción, solo con la mirada que Rachel le regalaba desde la distancia.

Y es que la morena no perdía detalle de los movimientos de Quinn, mientras trataba de averiguar cuál sería el siguiente paso. Porque cambiarle el nombre a su número en la agenda, no era lo más importante. Lo que realmente le iba a dar sentido al plan, era el mensaje que Dave debía recibir para ponerlo en apuros frente a Mel. Y no supo por qué, pero fue precisamente al mirar de reojo a Melanie, que permanecía sentada junto a Dave, cuando se le ocurrió la idea.

Ni siquiera esperó a que Quinn regresara junto a ella. Fue a su encuentro cuando la vio devolverle el teléfono al chico, y empezó a caminar hacia ella.

—Quinn, acompáñame —le dijo tomándola de la mano, y obligándola a que se desviase hacia la zona de las carpas.

—¿Qué? ¿Dónde vamos?

—Se me acaba de ocurrir algo, y necesito que estemos a solas.

—¿A solas? ¿Vamos a la cabaña?

—No, ahí puede entrar alguien. Cuanto más apartadas estemos, mejor —añadió, y de nuevo fueron ajenas a la curiosidad que provocaban en el resto del grupo por verlas así, cogidas de la mano mientras se apartaban de ellos. Una curiosidad que por supuesto, no iba a pasar desapercibida tampoco para Dave y Melanie.

—¿Aquí? —preguntó Quinn al ver como se detenía casi en la imaginaria línea que dividía la zona de acampada con el bosque.

—Sí, necesito internet en el teléfono, y si nos alejamos, perderé señal.

—Ok. ¿Qué pretendes? —cuestiono tomando asiento en uno de los postes de la valla— ¿Se te ha ocurrido ya lo que le vamos a escribir?

—Sí, así es. Veras, he pensado que, si le mandamos un simple mensaje, puede que Mel ni se entere. Seguro que Dave lo borra, como estuve a punto de hacer yo con vuestra broma telefónica. Tenemos que enviarle algo que realmente llame la atención de Melanie, y eso solo va a suceder cuando ellos estén juntos.

—Ok. Se lo mandamos cuando ya estén en la tienda. ¿Te parece?

—Exacto. Ese es el momento.

—Ok. Perfecto. Ahora la duda es qué le vamos a enviar.

—Precisamente en eso he pensado. Algo llamativo para Mel, tiene que ser algo que automáticamente salte en el teléfono de Dave. Ya sabes, algo con sonido… ¿Me sigues?

—Pues… ¿Pretendes enviarle un audio?

—No. Un video.

—¿Un video? ¿Un video de qué, Rachel?

—Algo para chicos —musitó con una repentina timidez.

—¿Algo para chicos?

—Sí…Ya sabes. Uno de esos videos que, bueno… Que, ya sabes…—balbuceó sin poder evitar que sus mejillas se encendieran.

—Espera… Rachel, no es lo que pienso, ¿verdad?

—¿Qué piensas?

—¿Quieres mandarle un video porno?

Ni siquiera se atrevió a contestar tras oír la pregunta. La vergüenza se había apoderado de su estado, y la incrédula sonrisa de Quinn frente a ella no era el mejor de los antídotos para remediarlo.

—Si… Si le mandamos algo así, seguro que lo abre para ver qué es, y Mel lo verá también… Imagino.

—¡Oh dios!

—¿Qué? Oye, no pienses que yo veo…

—Es genial la idea —interrumpió Quinn sorprendida.

—¿Lo crees?

—Si, es perfecta. Si Mel lo ve, Dave seguro que le dice que no sabe de donde salió, o quien lo manda. Y ella creerá que está disimulando. Rachel… Es genial.

—Entonces… ¿Lo hacemos?

—Claro. Vamos, busca algo, o lo busco yo.

—Yo…Yo lo busco, pero… ¿Dónde lo busco? —preguntó confusa.

—No sé, pero seguro que hay algún lugar para descargar videos así.

—Ok. Allá voy —masculló, y desde ese instante, la mirada de Rachel se iba a centrar única y exclusivamente en la pantalla de su teléfono, mientras Quinn la observaba curiosa desde su improvisado asiento.

Si había algo que jamás habría imaginado, era ver a Rachel Berry concentrada en buscar videos de sexo gay en su propio teléfono. Y eso que ya todo lo que estaba viviendo con ella, le parecía completamente surrealista. Pero ahí, justo en ese instante, estaba presenciando el culmen de los disparates que aquella aventura le estaba regalando. Y lo mejor de todo, es que le estaba encantado. Se estaba divirtiendo como nunca antes lo había hecho, y ni siquiera era consciente de lo que iba a llegar a reírse en los siguientes minutos.

—Aquí, aquí hay una página donde se pueden descargar —dijo Rachel llamando su atención—. Pero son cortos, apenas de un par de minutos…—espetó sin dejar de mirar la pantalla de su móvil

—Suficientes para sorprenderle —respondía completamente embelesada en la chica—. No vamos a enviarle una peli porno completa, Rachel.

—Ok —balbuceó sin siquiera mirarla—. Bien, aquí hay una lista. ¿Cuál descargo? —preguntó confusa.

—No lo sé, el que más te guste.

—A ver —musitó ignorando la broma—, te digo títulos y tú me dices si te gustan o no. ¿De acuerdo?

—Ok.

—Bien. Hay uno que se llama… Dos mineros y un gran pico —leyó y sus ojos buscaron de reojo a Quinn, que apenas pudo contener la risa al escuchar el título—. Mejor otro…

—Sí por favor, busca otro…

—Ok. A ver éste. Este se llama… El carpintero la clava bien.

Volvía el cruce de miradas incrédulas, llenas de sonrisas y total y absoluta vergüenza por parte de la morena que, por cada título que leía, sentía que el rubor aumentaba en su rostro.

—Busca alguna en la que no haya una profesión por medio, Rachel. No quiero traumatizarme el resto de mi vida.

—Ok… Ok. He encontrado una. Amor en el Titanic. Esa debe ser más romántica, ¿no?

—Si tú lo dices.

—¡Quinn, ayúdame! —exclamó tratando de acabar con aquel suplicio.

—Ok…Ok, descarga esa, Amor en el Titanic. Quien sabe, a lo mejor aparece Leo Di Caprio.

—Sí, y Kate también —replicó aceptando la propuesta, y clicando sobre el enlace de bajada—. Listo, en un minuto está.

—Ok… Ahora hay que pensar que ponerle en el mensaje. Porque no le vamos a enviar el video como si nada, ¿no?

—Le escribimos algo dejando evidencia que nos conocemos.

—Ok, pero hay que pensarlo bien. No vale enviarle eso y quedar como una confusión. Tiene que parecer real.

—Sí…sí —respondía mirando la pantalla—. Descarga completa

—¿Ya?

—Sí, apenas dura un minuto y medio.

—Va, pues ábrelo.

—¿Cómo? ¿Pretendes verlo?

—Rachel, tendremos que saber que le enviamos. Imagínate que es una película de dibujos animados. Vamos, ábrelo.

—Ok… Ok, pero tú lo miras conmigo.

—Ven aquí —le ordenó ofreciéndole su propio cuerpo como apoyo, Rachel aceptó la invitación, acoplándose entre sus brazos.

—¿Lista? —le dijo permitiendo que ella también tuviese la visión perfecta de su teléfono.

—Lista —respondió sonriente alzando los brazos sobre sus hombros.

Ni dos segundos de reproducción tardó en detenerlo. A Rachel le bastó descubrir la primera de las secuencias para hacerlo— ¡Oh dios, oh dios! —exclamó, y Quinn se llevó la mano a la boca, tratando de contener la sonora carcajada que estuvo a punto de soltar tras ser testigo de su reacción— ¡Quinn! —espetó apartándose— ¿Cómo le vamos a enviar eso? —preguntó asustada.

—Es un video porno, Rachel. No esperes una escena romántica del Titanic. Y ha sido idea tuya.

—Pero eso… Eso…Oh dios mio, ¿ese se supone que era Jack? —cuestionaba al tiempo que asimilaba lo poco que había podido visionar.

—Eso parecía. Pero no era Rose quien estaba con él.

—Era el capitán —interrumpió—, y… ¡Oh dios! Eso es imposible.

—¿De qué hablas, Rachel? —preguntó sorprendida— Es una película.

—Quinn, eso es imposible, ¿verdad? —insistió provocando la confusión en la rubia— Quiero decir, es imposible que eso sea real. No, no puede ser.

—¿A qué te refieres con eso?

—Al tamaño —soltó provocando de nuevo la risa en la rubia—. Eso no era normal, es imposible que lo sea…

—Rachel, tampoco es para tanto.

—¿Qué? ¿Qué dices? ¿Pero tú has visto bien? —cuestionó al tiempo que volvía a mostrarle el teléfono con el video, y Quinn no dudó en mirarlo mientras ella giraba la cara.

La sonrisa divertida de Quinn iba transformándose poco a poco en un gesto de incredulidad conforme veía más segundos de aquel video.

—¡Oh dios! —acertó a exclamar.

—¿Ahora qué?

—Vale…Aparta eso de mi vista —le ordenó y Rachel le obedeció rápidamente.

—Te lo he dicho, eso no es normal. Al menos hasta donde yo conozco.

—Bueno, tampoco hay que darle mucha importancia. Tendrá su truco para lidiar con algo así. Estará acostumbrado —espetó bajando de su improvisado asiento.

—¿Un truco? Apuesto a que es un montaje. Es imposible que algo así consiga entrar ahí, precisamente.

—Vamos, Rachel. Son profesionales, se dedican a eso.

—Pero Quinn, ¿tú lo ves normal?

—No, pero no creo que sea lo peor que tengan que hacer, la verdad.

—Pues que quieres que te diga, yo veo eso y se me quitan las pocas ganas que tengo.

—¿Pocas ganas? —repitió curiosa y Rachel bajó la mirada— Creía que no estabas preparada aún.

—Una cosa es estar preparada, y otra no…—Rachel no pudo continuar con la frase tras descubrir la traviesa sonrisa de la rubia frente a ella—. Soy un ser humano Quinn, todo el mundo…

—Va…va —interrumpió tratando de no incomodar más aún a Rachel.

—¿Tú no?

—¿Yo no qué?

—Tú no tienes… Bueno, ya sabes.

—¿Por qué no hablas claro, Rachel?

—¿Nunca has tenido esa necesidad? Ya sabes Quinn, no me hagas decirlo.

—Dios, eres un desastre —sonreía divertida—. Eres un caso especial.

—No me engañes Quinn, todo el mundo tiene necesidades, y seguro que tú también. Y más después de haberlo probado —Quinn volvía a sonreír. Realmente se estaba divirtiendo con aquel tema de conversación, pero Rachel lo llevaba a un extremo que sobrepasaba el límite—. ¿Por qué te ríes?

—Rachel, primero me dices que no estás preparada, luego te exaltas de esa manera al ver unos segundos de ese video, y ahora me dices que, aun así, tienes ganas de…

—No, no —interrumpió—. Yo no he dicho que tenga ganas, yo he dicho que el cuerpo reacciona, aunque tú no lo quieras. Pero no con ese video, al menos a mí eso no me llama la atención.

—¿Cuándo reacciona tu cuerpo? —preguntó curiosa— ¿Qué te llama la atención?

—No sé, cosas…

—¿Qué cosas?

—Acciones, situaciones…

—¿Situaciones? ¿Qué situaciones hacen que te llamen la atención?

—Pues por ejemplo la otra noche cuan…—se detuvo. Debía detenerse tras ser consciente de lo que estuvo a punto de confesar.

Un hecho que debía mantener guardado, y que la involucraba precisamente a ella, cuando la observó dormir, mientras intuía que estaba teniendo un sueño erótico.

No, aquello no era algo que estuviese en sus planes para confesar. Ni siquiera era algo para escribir en su diario personal, porque con sólo imaginarlo conseguía que su cuerpo se tensara, y la vergüenza la inundara por completo. Por suerte reaccionó a tiempo, pero a Quinn no le sirvió aquella interrupción.

—¿Qué? ¿Qué pasó la otra noche?

—Nada, olvídalo —volvía a lanzar una mirada hacia su móvil, tratado de cambiar el tema.

—No, ahora me lo dices… ¿Qué te pasó la otra noche?

—Nada Quinn, no seas intensa. No me sucedió nada —se excusó sin apenas convicción.

—¿Por qué no me lo dices?

—No creo que te convenga saberlo —fue tajante.

—¿Qué? ¿Tiene algo que ver conmigo?

—No —mintió—. Olvídalo, ¿ok?

—Está bien, pero no entiendo porque tanto secretismo. Que yo sepa somos amigas.

—¿Por qué no cuentas tú algo?

—¿Qué quieres que te cuente?

—¿Nunca has tenido una situación comprometida por culpa de "esa" necesidad?

—¿Situación comprometida? No te entiendo.

—¿Nunca te has puesto nerviosa al ver algo o no sé, al imaginarlo?

—¿Imaginarlo?

—O soñarlo.

—¿Qué dices Rachel, no entiendo muy…?

No hubo más palabras. Quinn comenzó a recordar tras ver como Rachel hacía referencia a los sueños, e inmediatamente, recordó el sueño erótico que tuvo dos noches atrás, en el que curiosamente aparecía Rachel.

Creyó que su vista se nubló en ese instante, pero no, solo era el repentino calor provocado por la vergüenza que sintió al ser consciente de todo. Al saber que Rachel segundos antes estuvo a punto de mencionar algo que sucedió la misma noche en la que ella tuvo aquél maldito sueño, síntoma inequívoco de que seguro se había percatado de aquello.

¿Hablé en sueños? ¿Susurré? ¿Gemí? Las preguntas comenzaban a bloquear a la rubia, que deseaba con todas sus fuerzas que algún tipo de interrupción cortase la conversación, pero no pasó nada.

Rachel seguía clavando sus oscuros ojos sobre los de ella, esperando una respuesta que no sabía si iba a poder dar.

—¿No entiendes qué? —cuestionó cambiando completamente el rol. Ahora era ella quien trataba de poner nerviosa a la rubia.

—Nada Rachel. Vamos…Regresemos con los demás —se excusó al tiempo que comenzaba a andar.

—Hey…Espera —sujetó el brazo de la chica— ¿Qué ocurre? ¿No eres capaz de confesarme que tú también tienes necesidades?

—Rachel, todo el mundo las tiene, tú lo has dicho.

—No…No espera —volvía a retenerla.

—Rachel…Basta, no quiero hablar de eso.

—Está bien, pero creí que éramos amigas y las amigas pueden hablar de… sexo. Tú misma lo has dicho antes.

—Tú y yo hemos hablado de sexo muchas veces, nunca me he negado, pero esto…esto es…

—¿Es qué? Si todos tenemos necesidades, no veo motivo para que sea tema tabú. Al menos entre amigas.

—Está bien…—se revolvió envalentonada— Dime, ¿qué quieres saber?

—¿Cuándo reacciona tu cuerpo? ¿Con qué te…excitas?

—¿Por qué quieres saber eso?

—Porque quiero saber si soy igual que el resto, o soy un bicho raro.

—¿Con qué te has excitado tú?

—Con situaciones y momentos particulares.

—¿Cómo cuáles?

—Soy yo la que te estaba preguntando, así que no me desvíes la atención y dime, ¿con qué se excita Quinn Fabray?

—Pues con las mismas cosas que cualquier ser humano.

—¿Te excita ese video que hemos visto?

—No —fue rotunda.

—¿Y si fuesen un chico y una chica?

—No veo esa clase de videos, da igual que sean chicos o chicas. No es algo que me llame la atención.

—¿Nunca has tenido un sueño erótico?

Quinn respiró. Trataba de disimular, pero le costaba todo un mundo poder hacerlo.

—Supongo —espetó desviando la mirada—. ¿Y tú? ¿Te excitas con eso?

—¡No! — exclamó— Ni hablar.

—Tampoco es algo malo.

—Ya…ya lo sé, Quinn. No lo digo por eso, es solo que no es lo que a mí me… Vamos que no es lo que yo necesito.

—¿Y qué necesitas? —preguntó rápidamente.

—Necesito más el cariño, las caricias… No sé.

—¿Y cómo lo sabes si aún no has estado con ningún chico?

—No necesitas hacerlo para saber lo que te gusta o no…

—Rachel, una cosa es lo que te gusta y otra cosa es lo que te excita.

—Para mí es lo mismo…—espetó tratando de convencerse a sí misma, pero sus palabras comenzaban a volverse en su contra.

Recordar que ella se había excitado con sólo imaginar lo que Quinn estaba soñando dos noches antes, le confirmaba que la rubia tenía razón. Que no era necesario que te gustase algo para que te excitara de aquella forma.

—Hagamos un trato. Cuando des ese paso, dime si sigues creyendo en lo que me dices.

—Eso no tiene sentido.

—Si lo tiene. Si después de eso sigues pensando igual, házmelo saber. Si no…

—Pero Quinn, dar ese paso no me va a aclarar eso, porque cuando lo haga será por amor, y seguiré pensando que es la mejor forma de hacerlo.

—Yo no estoy hablando de amor, yo hablo de conocer tu cuerpo…De reaccionar ante cosas que ni en tus más remotos sueños habías imaginado que podría suceder.

Tragó saliva. Definitivamente Quinn tenía razón sin duda, pero no podía o, mejor dicho, no se atrevía a dársela.

—Rachel, yo me he llegado a excitar con situaciones que jamás pensé que pudiera ni siquiera imaginar —Quinn fue pausando su respuesta. Las imágenes de aquél sueño en el que se veía haciendo el amor con Rachel sobre el lago, comenzaban a inundar su mente, provocando pequeños escalofríos que conseguían paralizarla.

Rachel apenas prestaba atención a las palabras. Hacía ya varios minutos que hallaba su mirada profundamente perdida en el suelo, tratando de ordenar su mente, de buscar una excusa para salir de ahí antes de terminar confesando que era cierto.

Por suerte, aquella breve interrupción que ambas habían deseado durante toda la conversación, llegó por parte del profesor, que instándolas a que regresaran a la fogata, comenzó a explicar cuáles iban a ser las actividades para el día siguiente.

Un día que se presentaba especial.

El 4 de Julio era la fecha señalada para la celebración oficial de la acampada, y darla por finalizada. Una gran fiesta, algún que otro baño en el lago, y el punto culmen con los fuegos artificiales era el final perfecto para aquella mágica e inolvidable semana.

Comenzar a organizar los preparativos para el gran día fue lo que las llevó a no volver hablar del plan durante las horas siguientes, en las que se alargó la reunión alrededor de la fogata.

Rachel guardaba con impaciencia que llegase la hora para enviarle el video a Dave, pero a su vez, temía que llegase el momento de volver a la tienda de campaña junto a Quinn.

Una incesante vergüenza, e incluso algo de temor se había apoderado de ella desde que mantuvieron la conversación. Un temor que venía aumentando por culpa de la imagen en bucle que se repetía una y otra vez en su mente, cada vez que cruzaba la mirada con ella. Sus movimientos, sus susurros y los suspiros que dejó escapar mientras ella la observaba dormir, era algo de lo que no se iba a olvidar rápidamente. Y mucho menos en aquel instante tras haberlo recordado durante la conversación.

Y sentía temor porque no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar cuando ambas volvieran a colarse en el interior de la tienda. Porque, probablemente, Quinn seguiría cuestionándola acerca de sus necesidades física, y no estaba segura de poder seguir disimulando que se había llegado a excitar viéndola dormir.

Pero inevitablemente, el momento de regresar a las carpas, llegó.

Quinn fue la primera en acceder a la tienda, mientras Rachel procuraba alargar aún más el momento de hacerlo. Apenas pudo aguardar unos diez minutos, cuando se vio en la obligación de enfrentarse a ese extraño temor.

—¡Hey! ¿Aún hay gente ahí afuera? —Quinn ni siquiera esperó a que se colara por completo en la tienda, cuando la cuestionó. Permanecía recostada sobre su saco de dormir, revisando su móvil.

—No, ya se fueron todos. Sólo están Miller y varios monitores.

—Bien… ¿Y Dave y Mel? ¿Están ya en la tienda?

—Dave sí. Creo que Mel había ido a la cabaña.

—¿Qué hacemos? —preguntó sin apartar la vista de la morena, que ya procedía a colocarse el pijama.

—No sé. ¿Quieres que se lo enviemos ya?

—Tiene que ser cuando estén despiertos…

—Voy, voy a ir yo a la cabaña, y averiguo si ya regresó Mel. ¿Ok?

—¿Vas a ir sola?

—Sí. No te preocupes, ya te he dicho que Miller está ahí fuera. Voy, disimulo en el baño y regreso. ¿Ok?

—Ok. Estaré esperándote. No tardes, empiezo a tener sueño.

—No, no tardo —le sonrió instintivamente. Rachel terminó de colocarse el pijama sin volver a mencionar palabra alguna, y abandonó la tienda dispuesta a cerciorarse de que Dave y Mel estaban en el interior de la suya, y así poder llevar a cabo el plan perfecto. Pero su intención quedó en nada cuando descubrió que ninguno de los dos estaba en la carpa. Y eso no entraba dentro los planes.

Ni en su tienda ni en la cabaña de los servicios, donde Rachel fue a comprobar tras no lograr divisarlos por el resto del camping. Y no fue hasta que abandonó la cabaña en cuestión, cuando logró dar con ellos.

No, no estaban en el interior, sino en el lateral de la misma, justo donde descubrieron al dichoso alce un par de noches antes. O al menos eso pudo distinguir por los murmullos que escuchó. Y rápidamente, casi por inercia, Rachel decidió ocultarse en el lado opuesto y aguardar impaciente a su aparición.

No tardó en suceder. Apenas unos segundos después, la voz de Dave se hacia mas alta y clara, y Rachel pudo deducir que estaban entrando en la cabaña de los servicios. Ni lo dudó. Cuando quiso darse cuenta, estaba justo en la entrada, procurando evitar que pudieran descubrirla, y prestando atención a la conversación que mantenían.

Fue todo un acierto, pensó.

—Te digo que no, que nos están mintiendo.

—Dave, por más que me lo pidas, no voy a hacer eso… ¿No lo entiendes?

—Escúchame, Quinn me mintió. No están juntas —soltó Dave y Rachel no pudo evitar llevarse las manos a la boca al ser consciente de lo que estaba haciendo el chico. Justamente lo que Quinn ya le había dicho, que pretendía salir airoso de su propia mentira.—. Me lo dijo para tomarme el pelo.

—Está bien, perfecto Dave. Si te han mentido, pues ya está, pero vámonos a la tienda. Es tarde y no quiero que nos vean aquí.

—No, no está perfecto, porque no me crees. Y no me gusta quedar como un mentiroso. Te voy a demostrar que se están riendo de mí, y de ti, también.

—Pero, ¿cómo me lo vas a demostrar? Dave, no hay más que verlas, están todo el día juntas, regalándose mimos y carantoñas. Las he visto besándose, y ni siquiera Rachel reacciona cuando le hablo de Hudson. No me puedes convencer de nada.

—Solo hay que observarlas cuando están a solas, Mel. Los mimos y las caricias lo hacen para engañarnos. Te digo que a solas ni siquiera se miran.

—Por amor de dios, que las vi besándose. Que estaban escondidas en mitad del bosque besándose, Dave.

—Porque sabían que estábamos allí —insistió de nuevo— ¿Qué te crees que hacen esas dos dentro de la tienda cuando todos duermen?

—¿Dormir?

—¿Y cómo duermen? Porque se fuesen pareja dormirían juntas, abrazadas.

—Eso no tiene nada que ver.

—Mel, están en un camping, a solas en una tienda y te recuerdo que se supone que nadie lo sabe. Deberían estar juntas y, no sé, hacer las cosas que hacen las parejas, ¿no?

—Bueno. ¿Y qué pretendes decirme con eso?

—Hace unos minutos vi como Rachel se metía en la tienda, ahora deben estar despiertas. Pues que en un rato vamos a ir y te vas a dar cuenta que no son pareja.

—¿Qué? Eso es absurdo, Dave. Además, no pienso espiar a nadie, si es lo que pretendes.

—Pues yo sí. y te lo voy a demostrar. Quinn me contó que nunca se había llevado bien con Rachel, que habían discutido mucho durante el curso, e incluso la ha ridiculizado. Y ahora de repente están enamoradísimas, ¿no? Eso es una estupidez. Y yo te voy a demostrar que mienten.

Fue lo último que Rachel logró escuchar de la conversación, porque el desconcierto y el temor a que la descubriesen allí, la llevó a abandonar el lugar emprendiendo una veloz carrera hacia su tienda, donde Quinn ya casi había empezado a caer vencida por el sueño.

—¡Oh dios! ¡Quinn! —exclamó lanzándose hacia el interior.

—Hey… ¿Qué pasa? —la voz de la morena irrumpiendo con fuerza en el interior, la llevó a reincorporarse por inercia.

—Dave y Mel nos quieren espiar —dijo plantándose de rodillas frente a ella, con la voz entrecortada.

—¿Qué?

—Dave le estaba contando a Mel que lo nuestro es mentira, que tú le habías engañado y que se lo iba a demostrar espiándonos —soltó quedándose casi sin respiración—. Y…y Mel no quería, pero Dave ha insistido con que no dormíamos juntas, y ella se negaba…

—Rachel, Rachel —interrumpía Quinn tratando de organizar su mente— ¿Puedes hablar con calma? No estoy entendiendo nada.

—Ok. Ok, lo siento. Es que me he puesto nerviosa, porque seguro que vienen ya hacia aquí.

—¿Qué vienen quién?

—Dave, ha convencido a Mel para espiarnos esta noche. Estaban en la cabaña, y los he escuchado hablar.

—¿Qué? ¿Por qué quieren espiarnos?

—Según él, si somos pareja debemos dormir juntas, abrazadas…O, como él ha dicho —tragó saliva—, deberíamos estar aprovechando el tiempo que tenemos a solas.

—Eso es una estupidez, Rachel. ¿Acaso las parejas no duermen separadas?

—Eso mismo le estaba diciendo Mel, pero Dave insistía.

—Ok, ok. Tranquilízate. Si quiere vernos dormir abrazadas, pues nos verán. Tenemos la suerte a nuestro favor de saber que nos van a espiar.

—Si, pero…

—¿Te molesta que finjamos dormir abrazadas?

—¿Qué? No, claro que no.

—¿Entonces? Tu cara no es de estar muy convencida.

—No es eso. Es que Dave ha dicho algo más.

—¿Qué…qué ha dicho?

—Pues que me acababa de ver entrar aquí, y que por lógica… Pues, pues tú y yo…

—¿Tú y yo qué?

—Quinn…

—Deberíamos estar despiertas, no dormidas… ¿Verdad?

—Eh, si…

—Y si estamos despiertas pues…

—Pues deberíamos estar haciendo algo más —susurró Rachel desviando la mirada hacia el suelo, completamente presa de la vergüenza que volvía a apoderarse de su cuerpo, y su mente.

—¿Algo más? —repitió Quinn siendo plenamente consciente del nuevo escenario que se abría ante ellas, y Rachel regresó la mirada hacia ella.

—Sí, Quinn… —balbuceó— Algo más.