Los personajes de Twlight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.

Disfrútenlo.


Día 23

Escuchaba a alguien cuchichear, intentaba continuar durmiendo, pero era en vano, ya que había despertado gracias a la voz de mi novio a mi lado.

—Voy a hablar con ella. Sí, creo que va a aceptar. Claro que quiero verte. Está bien. También. También te amo —escuché hablar a Edward y mi corazón empezó a acelerarse. ¿Con quién diablos estaba hablando?

—¿Quién era? —indagué, girándome hacia él, aún un poco aturdida de sueño.

—Ah, ¿ya despertaste? Creí que estabas durmiendo, no fue mi intención despertarte —dijo con una sonrisa en el rostro.

—¿Con quién estabas hablando?

—Mi mamá, quiere que vayamos a almorzar con ella, y dijo que no aceptaba disculpas rebuscadas.

—Ah… —dije, sintiéndome tonta por haber desconfiado, aunque sea por apenas algunos segundos, que Edward podría estar hablando con una mujer cualquiera.

—¿Está todo bien, Garrapata? —cuestionó, dándome un beso en la mejilla.

No, me siento insegura y paranoica. Quiero saber por qué nunca tocaste el tema sobre lo que va a pasar con nosotros dentro de una semana, después de tener que irme de esta casa. ¿Por qué no me contaste sobre la propuesta que te hizo Jessica relacionando a Tanya? ¿Por qué lidias mejor con esto que yo?

—Está todo bien, sí. Creo que solo estoy un poco zonza del sueño —hablé con una sonrisa débil.

—¿Puedo mandarle un mensaje a mamá confirmando mi presencia?

—Claro.

—¿Está todo bien de verdad? Sabes que puedes hablar conmigo sobre cualquier cosa, ¿cierto?

—Lo sé —respondí, dándole un besito en los labios—. Puedes decirle a Esme que será un placer almorzar con ella.

—Ok —dijo con entusiasmo, agarrando el celular.

Me levanté de la cama y caminé hasta el baño, me cepillé los dientes y me quedé ahí parada, perdida en mis pensamientos. Debía conversar con Edward sobre mis inseguridades, pero tenía miedo, la vulnerabilidad me estaba ganando.

—¿En qué tanto piensas? —cuestionó él, colocando los brazos alrededor de mi cintura.

—En nosotros…

—Hmmm… —murmuró, pasando la nariz por mi cuello—. Cuéntame.

—Yo… yo… —comencé a hablar, pero más parecía estar balbuceando que cualquier otra cosa.

—¿Qué pasó, Garrapata? —preguntó, girándome en sus brazos.

—Nunca sentí esto por nadie —admití, colocando mis brazos alrededor de su cuello y abrazándolo con fuerza, de modo que no pudiese huir, aunque quisiera.

—Tampoco yo —susurró en mi oído—. Nunca, solo por ti.

Me relajé en sus brazos. Aunque temiese por el futuro, sería una loca si creyera que todo ese tiempo Edward estaba fingiendo sobre lo que sentía por mí. Ya escuché tantas palabras de amor en esta vida, pero era ahora, con él, que me sentía realmente amada.

—¿Bajemos? Tenemos que desayunar y avisarle a la abuela que no vamos a almorzar aquí. Sería bueno irnos después del desayuno.

Cuando llegamos al primer piso, Zaza aún estaba en la cocina, preparando las cosas del desayuno. Canturreaba una canción de la radio y no nos vio llegar.

—Ya sé a quién voy a llamar para un dueto —habló Edward, parándose al lado de ella, y yo aproveché para sentarme en la silla que estaba en la barra.

—¿Quieren matarme? —indagó Zafrina, colocando una mano en su pecho.

—¡De ninguna manera! —dijo Edward, agarrándola de la mano—. ¿Qué piensas sobre ser backing vocal¹ en mi siguiente concierto, abuela?

—¡Niño, puedes parar de jugar conmigo!

—¡Estoy hablando en serio! ¿Te imagina con ropa brillante, cantando animada para un gran público? ¡Siempre he creído que tienes potencial para ser una superstar! —habló riendo.

—Lo criamos con cariño y hace estas cosas… —dijo Zafrina, balanceando la cabeza de un lado para otro—. Para de tonterías y sé útil ayudando a llevar esto a la mesa.

—Ok, vamos —estuvo de acuerdo, agarrando una cesta de panes y una jarra térmica con café.

Los dos salieron de la concina con las manos ocupadas, pero noté que la jarra de jugo de naranja aún estaba al lado del lavaplatos, decidí ayudar y bajarme de la silla en la que estaba sentada, pero apenas mis pies descalzos tocaron el piso helado, una nueva canción empezó en la radio y fui atraída por su envolvente melodía y la dulce voz de la cantante. No tenía idea de qué canción era esa, pero cuando me di cuenta de lo que su letra hablaba, me identifiqué en el mismo momento.

"Darling, hold me, (Querido, abrázame)
Hold me, hold me,
(Abrázame, abrázame)
And never, (Y nunca)
Never,
(Nunca)
Never,
(Nunca)
Let me go
(Me abandones)"

Mis ojos involuntariamente comenzaron a mojarse e intenté recomponerme cuando escuché los pasos de alguien acercándose a la cocina.

—Falta el jugo —dijo Edward, agarrando la jarra y deteniéndose cuando observó mi rostro—. ¿Qué pasó?

—Nada —hablé, girándome—. Ya regreso.

—Bella, qué está… —comenzó a hablar, pero desistió cuando salí del cuarto y fui en dirección a la escalera.

Dulce fue mi ilusión al pensar que no vendría detrás de mí.

—¿Por qué estás extraña? —cuestionó, subiendo la escalera, prácticamente tirándose a mí.

—¡No sé!

—¿Es por causa de los paparazzi? ¿De lo que las revistas están hablando?

—No. Tal vez.

—¿Es el TPM?

—Siempre crees que... —comencé a reclamar, pero deteniéndome a pensar hice mis cuentas y esta vez, finalmente, Edward había acertado. Perfecto, voy a tener que quedarme sin él y peor aún, menstruando—. Esta vez, acertaste.

—¿De verdad? —preguntó, aparentando satisfacción con su conclusión.

—Sí. Mierda —refunfuñé.

—Está bien, Garrapata —habló, colocando los brazos a mi alrededor y girándome, aún en la escalera. El hecho de estar dos escaleras arriba me dejaba a la misma altura que él—, conviví con una Alice adolescente con TPM. Era cruel. Muy cruel.

—Puedo imaginar —hablé, soltando una carcajada.

—No quiero verte así de mal, ¿ok? Sé que no tienes control sobre tus hormonas, pero estás tan extraña, distante. Las cosas no están pasando como las planeamos, pero estoy seguro que dentro de poco los paparazzi van a encontrar otra historia para vender. Con TPM o no, sé que eso también es una preocupación para ti.

—Ok.

—¿Qué vas a hacer ahí arriba?

—Agarrar mi celular.

—Ah, está bien —dijo él, quitando los brazos que estaban alrededor de mi—, estaré abajo, comiendo con Zaza, ¿ok? No tardes.

—Está bien —hablé, dándole un beso en los labios.

Entré a nuestro cuarto y agarré mi celular, que estaba dentro de un bolso tirando encima de una silla. Busqué un nombre en mi lista de contactos y apreté el botón verde en la pantalla.

—En un mundo ideal, esta llamada sería para invitarme a participar en un ménage²; pero como te conozco, apuesto que es porque estás enloqueciendo. ¿Cierto?

—Un poco, sí.

—¿Qué pasó?

—Ah, Jake, me estoy sintiendo peor que una estúpida. Estaba todo bien hasta que esas malditas fotos salieron. Antes, solo me sentía un poco insegura porque tenía miedo de que después se arrepintiera de todo esto, ¿sabes? Porque aparentemente a nadie le agrado.

—Cuándo Edward va a tomar la decisión y hablar sobre eso, ¿eh? —cuestionó Jake.

—No lo sé. Le pedí que no hablara sobre eso, por ahora.

—¿De verdad, Bells? Ya hace mucho rato debieron haberlo hecho público. Les dije que los iban a descubrir, ¿no fue así? No sabían contenerse. Sinceramente, creo que esconderlo es la peor cosa que hicieron, el público juzga por lo que ve en las portadas de las revistas. Si Edward fuera a algún programa a hablar sobre lo que realmente pasó, van a comprender mejor su lado de la historia.

—¿Y si aún después de eso continúan odiándome?

—¿Y qué si la gente te odia? Hermosa, quien va a estar subiendo y bajando encima de él al final de todas las noches eres tú.

—Jake…

—Ok. Hablando en serio, no le pongas atención a eso; infelizmente, las personas siempre están buscando alguna cosa para odiar.

—Nunca pensé que mi vida fuera a cambiar de esta manera en tan poco tiempo —suspiré.

—Y aún va a cambiar más, pero no dejes que esas tonterías abatan tu relación. Estabas tan feliz en estos últimos días.

—Lo sé —dije, ponderando si debía o no hablar sobre la conversación que escuché entre Jessica y Edward, necesitaba conversar con alguien sobre eso—. Anoche estaba subiendo al cuarto cuando escuché a Jessica y a Edward teniendo una conversación extraña. Ahí todo se volvió peor.

—¿Cómo así? Jessica es la asesora de él, ¿cierto?

—Sí. La escuché diciendo que él debería decir que nada pasó entre nosotros dos, pero lo peor fue que después le vino con unas estupideces, que debería salir con Tanya y crear un romance porque el público gusta de ellos y que yo arruinaré su carrera.

—Mierda de asesora. Por más que ella hable, solo él puede decidir si va a hacer alguna cosa o no; la decisión siempre será de él.

—Lo sé, pero lo sugirió y le pidió que pensara sobre ello. ¿Y sabes lo que respondió? "Ok". ¡Él dijo ok!

—¿De verdad? ¿Realmente crees que Edward sería capaz de hacer una cosa así? No me parece ese tipo de persona.

—No lo sé, Jake; no espero una cosa de esas del Edward con el que conviví estos días, pero tampoco sé de lo que sería capaz para mantener su carrera en el mismo nivel de siempre. Es su sueño y soy solo su novia.

—No te subestimes.

—Tengo miedo. Lo amo —admití, mi voz saliendo débil, como si fuera un susurro.

—Por el amor de Dios, no vas a comenzar a llorar, siempre te pones así cuando dejas que alguna inseguridad te abata. ¿No recuerdas cómo llegaste aquí después de James? Todo pasa, hermosa. Sinceramente creo que Edward no sería capaz de hacer una cosa de esas, pero no lo conozco. Solamente conversando con él es que tendrás alguna respuesta sobre tus inseguridades.

—No me contó sobre la conversación que tuvo con Jessica, le pregunté y no me contó sobre lo que hablaron.

—Verás que no quería preocuparte más de lo que estás. De verdad, Bells, habla con él.

—Lo haré.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—Sería bueno que la próxima vez que me llames sea para contarme algunos detalles o me invites a un trío, porque si te escucho de nuevo llena de paranoia, voy ahí y te cacheteo.

—No necesitamos ser agresivos —hablé, soltando una risita.

—Ah, lo sé, pero ¿quién nunca soñó con darle una cachetada a su amiga cuando ella comienza a entrar en pánico? Ni en las películas me dejan hacer eso. Necesito encontrar un papel de gay en el cine.

—Va a ser liberador, ¿eh?

—Mucho. Probablemente el papel más fácil de mi vida. ¿Cuáles son las posibilidades de que "Brokeback Mountain"³ tenga un remake?

—Creo que muy pequeñas. Más bien, "Las aventuras de Priscila, reina del desierto"⁴ tiene más oportunidades.

—¡No bromees conmigo que me animo! —dijo, soltando una estruendosa carcajada y lo acompañé—. Es así como me gustas, risueña, feliz. Me lo prometiste, ¿eh?

—Sí, lo prometí y lo cumpliré. Más tarde iremos a la casa de su mamá, y en la noche voy a hablar con él, te lo prometo.

—Ok. Mándame un mensaje para decirme que todo fue bien.

—Tranquilo. Voy a bajar que me está esperando para desayunar.

—Perfecto. Dile que le mandé un beso.

—Lo va a adorar —hablé sarcásticamente y ser rio—. Besos, Jake, gracias por todo.

—¡Siempre que lo necesites, hermosa! ¡Besotes!

Al bajar, Edward me miró con preocupación, pero abrí una sonrisa y aparentemente logré tranquilizarlo. Cuando me senté a su lado, junté su mano con la mía bajo la mesa; a ninguno de nosotros le importó comer con solo una mano.

—Subiremos para tomar un baño. Mamá nos llamó para almorzar allá. ¿Quieres ir? —le preguntó a Zafrina.

—No, ya acordamos encontrarnos con tu madre la semana que viene.

—Para chismosear, ¿eh?

—Claro que no, niño, vamos solo a ponernos al día —dijo con una sonrisa.

—Las conozco, no me engañan.

Después de alistarnos, Félix nos esperaba para ir a casa de Esme. Los paparazzi aún estaban en el portón, pero felizmente, ninguno de ellos iba en algún automóvil, imposibilitando que nos siguieran. La casa estaba solo a un poco más de una hora de distancia y el viaje pasó volando gracias a la siesta que tomé en los brazos de Edward.

—Vamos a pasar toda la tarde aquí, te llamo cuando pases a buscarnos, ¿ok? —Le dijo Edward a Félix cuando salimos del carro.

—No hay problema.

Cuando tocamos el timbre, Esme nos recibió con los brazos abiertos y tenía una enorme sonrisa en el rostro.

—¡Los extrañé! —dijo ella, abrazando a Edward—. Que milagro tener la oportunidad de verte en tan poco tiempo.

—Eres tan dramática, mamá —dijo él, abrazándola de vuelta y creo que ella le dio un pellizco.

—¡Háblame bien, Edward!

—También te he extrañado —bufó él, haciéndome reír.

—¡Y mi querida Bella! ¿Cómo estás? —preguntó ella, envolviéndome también en sus brazos y dándome un beso en la mejilla, el cual inmediatamente retribuí.

—Estoy bien.

—Vamos a entrar. Tu papá está al teléfono con Emmett.

—¿Viene?

—Por lo visto no, Rose no quiere salir de casa. Llamé a Alice también, ¡pero esa niña no me atiende desde ayer!

—Ahora que empezó a salir con ese chico le está dando un descanso a todo el mundo —bromeó Edward.

—Ella está más quieta, ¿no es verdad? Bien, por lo menos aún voy a tener más tiempo para prepararme cuando vea a su novio de nuevo. Solo a Alice se le ocurre salir con un actor porno.

—La verdad, ella quiere que quede bien claro que ahora solo dirige películas —completé.

—Ah, verdad. Bien, tiene mi apoyo desde que no salga por ahí haciendo alguna película porno. Carlisle va a estar renegando encima de mí y no necesito eso.

—¿Qué están hablando de mí? —preguntó Carlisle. Dios, por favor, haz que mi novio esté enterito como mi suegro cuando llegue a los cincuenta.

—Nada, estábamos hablando de Alice. ¿Qué dijo Emmett? —cuestionó Esme.

—Que no va a poder venir, queda para la próxima —dijo él.

Se giró hacia Edward y lo abrazó, dándole leves golpes en su espalda. En seguida fue mi turno de saludarme, poniendo una mano sobre mi mejilla y ofreciéndome una sonrisa. Mis mejillas coloradas ya me estaban entregando.

—Qué bueno que nos acompañarán en el almuerzo de hoy. ¿Cómo estás, Bella?

—Bien… —respondí tímida.

—Tengo que terminar el almuerzo, ustedes se pueden quedar en la sala, conversando —nos informó Esme.

—¿Necesitas ayuda? —cuestioné, queriendo ayudar, ser útil de alguna manera.

—Creo que podré hacerlo sola, pero puedes distraerme mientras termino.

Edward y Carlisle se quedaron en la sala mientras la seguí a la cocina. La casa de los Cullen era mucho más pequeña que la de Edward, pero aun así era como cuatro de la mía. Por todos los cuartos que pasábamos, era posible ver fotos de sus hijos y adornos diversos, cosas que Edward ya me había dicho que su madre tanto amaba. Sonreí al ver, cerca de la escalera que llevaba al segundo piso, la escultura con la que me había presentado.

—Estoy haciendo pasta, porque sé que nunca fallas con eso —dijo, mirando el horno—. Espero que seas una gran fan del rondelli⁵

—Me encanta.

—Tocaron el timbre justo después de poner la comida en el horno, entonces va a tardar un poquito para estar listo.

—No hay problema, desayunamos antes de salir.

—¿Todo bien en el camino? Zafrina me dijo que anoche había algunos fotógrafos en la puerta de la casa.

—Sí, anoche hicieron un plantón ahí, pero hoy al menos nos dieron un descanso, o al menos es eso lo que espero —dije con una risa débil.

—¿Estás lidiando bien con todo esto, mi amor?

—Es un poco tormentoso. No sé si leíste alguna cosa de lo que están hablando, pero es todo mentira, quisiera que las personas lo hubieran sabido de otra manera. Por un lado, tengo miedo de estar perjudicando la carrera de Edward, y que aceptar esto solo va a empeorar las cosas y, por otro lado, me da miedo perder mi empleo, después surge el miedo de perder a mi novio…

—¿Ya conversaron sobre todo esto?

—No —hablé bufando—. Sé que estoy equivocada, que debería hablar con él, pero es difícil, ¿sabes?

—Lo sé, pero conversar es siempre la mejor solución. Una de las mayores peleas que tuve con Carlisle fue porque le conté que estaba embarazada de Alice cuando ya estaba en el tercer mes de gestación.

—¿De verdad? —pregunté perpleja—. ¿Él no se dio cuenta?

—Obvio que se dio cuenta, pero no dijo nada, estaba esperando que yo hablara sobre eso. No planeamos a Alice, nuestro objetivo era tener un hijo después que Emmett tuviera cinco años, pero terminó siendo antes. Yo era joven y estábamos pasando por una fase difícil, los problemas pasan en todas las relaciones. Me sentía insegura, pensando que Carlisle iba a culparme por el embarazo porque nunca fui la persona más responsable del universo a la hora de tomar anticonceptivos —dijo aburrida.

—¿Se decepcionó?

—Cuando finalmente saqué coraje, dijo que estaba molesto, que sabía que lo estaba escondiendo y que era una tonta al pensar que me culparía por alguna cosa. A veces, nuestro error es creer que podemos adivinar las reacciones de las otras personas.

—Las cosas con Edward parecen pasar de una manera más intensa; al mismo tiempo, el cómo me trata hace que me sienta segura, también tengo miedo de que pase alguna tontería que lo aleje de mí.

—No gastes tu tiempo pensando en cosas negativas; estoy segura que si conversan, todo ese peso que está en tus hombros se va a ir, y verás que todo no pasaba de una inseguridad boba.

—En la noche voy a conversar con él.

—Perfecto. Si hace alguna tontería, puedes llamarme que voy ahí con una chancla en la mano.

—Ok —hablé riendo.

—Ahora cuéntame una cosa que estoy loca por saber: ¿Cómo reaccionó la zorra de Jessica cuando vio las fotos? Debe haber llorado sangre.

—No le gustó ni un poco, al menos fue lo que dijo Edward. A ella no le agrado, ¿eh? Dice que no soy buena compañía para él, porque soy una periodista y esas idioteces que siempre inventa para crear problemas en mi relación. Tampoco hago ánimo de agradarle porque no la soporto.

—Ya me cansé de decirle a Edward que debería buscar otra asesora, si al menos ese mocoso me escuchara. Qué buenos tiempos eran cuando le decía algo y era solo cuestión de amenazarlo, diciéndole que no lo dejaría tocar el piano por una semana, y rapidito me obedecía. Bien podrías chantajearlo…

—¿Cómo?

—Sexo —dijo, como si fuese la cosa más obvia del universo.

—¡Esme! —exclamé, sintiendo mis mejillas colorearse.

—Ah, por el amor de Dios, ¿eh, Bella? Hasta parece que son dos santitos y están guardándose vírgenes hasta el matrimonio. Los chantajes sexuales funcionan fácil; fácil con Carlisle.

—Esta familia es increíble… —murmuré y Esme comenzó a reírse a mi lado.

—Solo te estoy dando unos tips de relaciones —dijo riendo.

—Sí, estás aconsejándome dejar a tu hijo sin sexo —hablé, riéndome junto a ella por la frase que salió de mi boca.

—Solo en el caso de ser necesario —avisó—. La vida es muy imprevista, ¿eh? Quién diría que estaría hoy aconsejando a mi nuera a chantajear a mi hijo.

—Ni me digas. Edward y yo hemos tocado ese tema.

—¿Qué esperas de aquí a un año, Bella?

—¿Cómo así?

—¿Dónde te ves de aquí a un año? ¿Cuáles son tus expectativas para el futuro?

—Hmmm… no lo sé. Espero estar sintiéndome tan feliz como en los últimos días. ¿Quién sabe y tal vez estar aquí, recordando esta conversación que tuvimos? ¿Tal vez contándote cómo chantajeé sexualmente a tu hijo la noche anterior? —dije riendo—. No sé lo que esperar, Esme. Quiero estar con Edward, feliz… amando.

—Entonces has que suceda —dijo, guiñándome—. La mamá de Carlisle acostumbraba siempre a hacer eso conmigo, todas las veces que íbamos donde ella me preguntaba lo que esperaba que pase el próximo año. Siempre decía solamente una cosa: mi deseo era siempre tener a Carlisle a mi lado, no importaba la situación que creara en mi mente. Eso siempre lo logré.

—Son una bella pareja, Edward tiene mucho orgullo de ustedes. Creo que incluso entiendo un poco cómo se siente porque también me siento muy orgullosa del matrimonio de mi papá y madrastra. Siempre hicieron de todo para que la relación funcione.

—¿Cómo está lidiando tu familia con el hecho de que tengas un novio "famoso"?

—Mi papá siempre va a estar feliz si yo estoy feliz. Aparentó un poco de celos, pero creo que tal vez sea porque casi no he tenido tiempo para él desde que comencé con este trabajo. Edward y él se conocieron vía internet.

—Entiendo. Además, disculpa entrometerme, pero ¿ustedes ya decidieron cómo van a llevar este noviazgo después de acabar tus días viviendo con él?

—No —hablé, exhalando con fuerza—. Sinceramente, antes ni siquiera pensaba en eso, solo viviendo cada día junto a él, pero ahora… falta solo una semana y no tengo idea de lo que Edward pretende hacer.

—¿ sabes lo que quieres?

—Quiero que sigamos juntos, independiente de la situación, creo que él también quiere eso, pero sería bueno escucharlo de su boca. Solo podemos resolverlo juntos.

—Exactamente. Te ama, ¿sabías?

—¿Qué? —indagué, sintiendo mi corazón acelerarse y mariposas bailar en mi estómago.

—No me lo ha dicho, pero lo sé. Una madre sabe reconocer cuando su hijo está loco de amor —habló sonriente—. Espero que te lo haya dicho.

—No me lo ha dicho, pero lo siento, las pequeñas cosas que hace me demuestren ese amor. Espero sepa que es recíproco.

—Debe saberlo, el primer te amo es siempre difícil de decir.

—¿Te acuerdas de cuándo se lo dijiste a Carlisle?

—Sí, pero creo que sería pasarse de los límites contarte detalladamente el momento exacto —dijo ella, soltando una carcajada—. Lo que importa es que, aunque después de que haya repetido las mismas palabras justo después de mí, ya sabía mucho antes que él me amaba. Ahora, me siento un poco nostálgica, recuerdo cómo si fuese ayer… creo que estoy volviéndome realmente vieja.

—Bobadas, ¡estás perfecta!

—Lo intento, ¿eh? Carlisle no se pasa ni una crema y está de esa manera, mientras yo tengo un cajón solo de productos antiarrugas. Vida injusta —dijo ella, haciéndome reír—. Hmmm… ¿Sientes ese olorcito? Vamos a ver si ya podemos llevar esto rápido para adentro.

Con todo preparado y con un olor de hacer babear la boca de cualquier mortal, llevamos la comida al comedor y llamamos a Carlisle y Edward para que se juntaran a nosotras.

—¿De qué tanto hablaban? —Edward cuestionó, dándome un beso en la mejilla. Le retribuí con un leve beso en los labios y él pareció un poco sorprendido con mi acción, tal vez porque estábamos sentados en frente de sus padres.

—Cosas de mujeres —evadí.

Comimos intercambiando algunas palabras, Esme preguntó cómo estaba la popularidad de la nueva música de Edward y afirmó que todos los días escuchaba la canción varias veces sonando en la radio. Edward respondía de forma educada y animada, dejándome contenta porque había superado lo sucedido la última vez que estábamos todos juntos.

—¿Sabes lo que me gustaría mucho? —preguntó Esme retóricamente después de terminar su comida—. Que, así como en los viejos tiempos, tocaras una canción para nosotros.

—Claro, mamá —dijo Edward, sonriendo, pero apenas se levantó de la silla para atender al pedido de su madre, su teléfono comenzó a sonar.

—¿Quién te está llamado en horario de almuerzo? Esa gente no tiene educación, ¿no? —indagó Esme. Algo me decía que, para reclamarle de esa manera, sabía muy bien quién era en esa llamada.

—Disculpa —dijo él y en seguida atendió el celular—. ¿Aló? Estoy en casa de mis padres. No, voy a regresar a casa. No puedes marcarme cosas así, sin avisarme. No sé si me gusta eso, Jessica. ¿Y por qué tenemos que hacer eso en público? ¿No puede ser por el computador o incluso en casa? Tenías que haberme preguntado antes de decidir las cosas. Lo sé. Lo sé. Creo que será bueno, solo eso. No te estoy amenazando, solo estoy siendo honesto. Ok. Bella va conmigo. ¿Nos vamos a encontrar allá? Pásale la dirección a Félix, él va a buscarme aquí más tarde. ¿A qué hora tengo que estar allá? Ok. Entonces dale la dirección a él y dile que me busque aquí a las seis y nos vamos directo para allá. Está bien. Ok. Chao.

—¿Qué pasó? —pregunté, un poco ansiosa por lo que tenía que decir.

—Después de aquí iremos a una cena que Jessica marcó con Tanya y su asesora. Vamos a discutir algo sobre los extras del DVD, al menos fue eso lo que entendí.

—¿Realmente cree que estar en público con Tanya es lo que necesitamos ahora? —cuestioné preocupada.

—No sé qué pasa por la mente de Jessica —dijo bufando—. En fin, vamos adentro que haré lo que hago mejor. Quiero decir, solo relacionado con una cosa… ¿eh, Garrapata?

—Sí, solo relacionado con tu capacidad de incomodarme en frente de otros, ese definitivamente es tu mejor talento —dije y comenzó a reír.

Entramos en una sala pequeña que en el centro ostentaba un modesto piano negro. Edward dijo que Esme había hecho de todo para dejar el lugar parecido a su casa en Chicago, mostrándome una foto que adornaba una de las paredes. Era una fotografía de Edward tocando piano con toda la familia reunida, celebrando navidad hace tres años.

—Tanto tiempo que no me visitas, que el piano ya está empolvado —habló Esme.

—Debes estar usando alguna metáfora porque con esa manía de la limpieza, dudo que tengas un solo pelo en ese piano —dijo, sentándose al banco—. ¡Y es menos de tres meses que vine!

—¡Tienes que visitarme una vez por semana! Y a quién le importa, ¿eh? Solo te tuve en mi vientre por nueve meses…

—Señora Esme, sin chantajes emocionales. ¡Puedes detenerte! —dijo en tono acusatorio y Esme roló los ojos—. ¿Puedo tocar?

—¡Toca! —habló, con una sonrisa orgullosa.

Entonces comenzó a tocar una canción que era conocida a mis oídos. Por primera vez, en lugar de observarlo, miraba de manera discreta a sus padres. La expresión de adoración en el rostro de ellos era tan clara que una sonrisa se formó en mi rostro y apenas me notó, Esme retribuyó el mismo gesto.

—Ustedes, dentro de poco van a tener que limpiarse la baba —dijo Edward, riendo.

—Quédate quieto y continúa tocando —protestó Esme.

—Eso es explotación, ¿viste? Siéntate aquí conmigo, Garrapata, ven a ayudarme.

—No tengo idea de cómo tocar eso, Edward.

—Te enseño, ven —dijo, halando de mi mano y colocándome sentada a su lado.

—Disculpen, van a tener que escuchar esto —hablé, mirando a Esme y Carlisle que, al contrario de mí, parecían encontrar todo muy divertido.

—Tienes que apretar estas de aquí —dijo, poniendo mis dedos encima de dos teclas—, y con esta mano presionas estas dos.

—Ok —hablé, apretando todas.

—Solo cuando te diga.

—Esto no va a funcionar.

—Es muy fácil.

—Para ti… —murmuré.

Como era de esperar, el intento de Edward de enseñarme a tocar alguna cosa fue pésima. Cuando me equivoqué las primeras notas, todos lo encontraron gracioso, pero cuando sonidos ensordecedores comenzaron a salir, nadie logró evitar las muecas, y veía el momento en que Esme se iba a arrepentir de haber entrado en esa sala de música.

—Creo que eres más talentosa cuando estás con las manos en otra cosa —habló Edward a mi lado y le di un jalón de orejas—. ¡Mierda, Garrapata! ¡Jalarme la oreja no! ¡Eso dolió!

—¡Para de estar hablando de cosas indecentes en frente de tus padres! —susurré.

—¿Qué indecencia? ¡Estaba refiriéndome a la comida! ¡Eres una excelente cocinera! Dios del cielo, después soy yo el pervertido. No logras pasar un minuto sin pensar en vulgaridades, ¿eh, Garrapata?

—¡Para, Edward! —hablé, sintiendo mi rostro rojo y rogando para que nadie estuviera escuchando nuestra conversación, pero cuando me giré vi que Carlisle estaba intentando contener la risa. Perfecto, tuvo que escucharme decir eso, solo para ponerme más incómoda.

—Niños, ¿quieren comer alguna cosa dulce? No preparé nada, pero tu papá trajo una torta de chocolate que tiene buena pinta.

—Yo quiero —hablé animada—, es de chocolate.

—No te olvides de embarrarte mucho —Edward habló bajito en mi oído.

—Mira, hoy estás tan imposible, que voy a seguir el consejo de tu madre en este mismo instante.

—¿Qué consejo?

—Ah, créeme, no quieres saber.

Esme trajo un trozo de torta y, para no ser la única hambrienta al comer, le rogué a Edward para que también aceptara un pedazo. Cuando estábamos casi terminando la deliciosa maravilla de chocolate, Carlisle sacó un tema que llamó por completo mi atención.

—¿Qué tal si jugamos un poco de mímica?

—No. Absolutamente no —protestó Edward.

—Solo un poquito —hablé, mirando a mi novio, ya que era el único que había protestado.

—No, te vuelves una persona muy miedosa.

—Solo una partidita.

—No, Garrapata.

—Mierda… —murmuré y en seguida me acerqué a su oído—. Es una lástima, porque si jugáramos y ganáramos, te podría, quien sabe, dejar que juegues nuevamente con las chicas

—¿Me estás chantajeando con sexo?

—Sí.

—Ok, gente —dijo Edward, girándose hacia su madre y padre—. Solo una partida.

Infelizmente, no le ganamos a Esme y Carlisle. Edward incluso se decepcionó un poco y pidió jugar una vez más, pero Esme dijo que una partida había sido suficiente.

Pasamos el resto del poco tiempo que teníamos, antes que Félix apareciera para llevarnos, sentados en la sala, conversando sobre todo y todos. Aparentemente, la vecina de Esme estaba traicionando al marido millonario con el jardinero llamado Alejandro, y ella los atrapó la semana pasada teniendo sexo en el jardín. Esme hablaba de todo con tanto entusiasmo que no me sorprendería si en mitad de la conversación admitiera que poseía unos binoculares y permanecía en la ventana espiando lo que acontecía en su vecindario.

Cuando el reloj marcó las dieciocho horas, Félix llegó para buscarnos y nos despedimos rápidamente de Esme y Carlisle, prometiendo visitarlos apenas nos fuera posible.

—No te olvides que la base de toda relación es la comunicación, ¿viste? —cuchicheó Esme en mi oído cuando estaba por entrar al carro.

—Ok, gracias por el almuerzo.

—De nada, mi cielo.

Apenas entré en el carro, Edward estaba con el celular y enfrente, Félix ajustando el GPS.

—¿Qué pasó? —le pregunté a Edward.

—Voy a llamar a Jessica y ver si ya está saliendo de casa para encontrarnos allá —dijo, aprestando el botón del aparato y llevándoselo a la oreja—. Ya estoy saliendo de aquí, ¿vas a tardar? Ok. ¿Es necesario que hagamos esto en público, Jessica? No estoy protestando. Está bien, está bien. Chao.

—¿Y entonces?

—Va a retrasarse. Vamos directo a Aquarius.

—¿Qué restaurante es ese?

—No sé, no lo conozco. Jessica dijo que es un lugar más reservado y que probablemente no tendremos paparazzi importunando.

—¿Por qué no podían conversar en otro lugar? ¿Tiene que ser necesariamente en un restaurante?

—Jessica dijo que es porque las cosas están pesadas entre Tanya y yo, ya que esas fotos que salieron infelizmente terminaron envolviéndola. Lo encuentro una tontería, pero no cuesta nada.

—Apuesto que no está ni un poco feliz con que estés llevándome contigo.

—La verdad no reclamó, probablemente ya se acostumbró a que de mi lado no vas a salir más —dijo, dándome un suave beso en los labios.

—Perfecto —hablé, retribuyéndo su pequeña demostración de afecto.

Al llegar al restaurante, aparentemente el lugar no era tan reservado como Jessica había dicho, ya que dos paparazzi estaban en la puerta y el lugar era todo hecho de vidrio, dando la impresión de estar en un acuario. Todos los que estaban afuera podían ver lo que ocurría adentro. Eso ya no me estaba oliendo bien.

—No vamos a quedarnos esperándola, ¿cierto? —indagué cuando aún estábamos dentro del carro.

—No, dijo que Tanya ya estaría adentro con su asesora. Imposible quedarnos aquí con los paparazzi.

—Ok —hablé, colocando la mano en la puerta del carro para salir. Cuando miré el rostro de Edward, tenía el ceño fruncido y aparentaba estar un poco confundido—. ¿Qué pasó, Cachorro?

—Nada —dijo, dándome una sonrisa y en seguida saliendo por su lado del carro.

Apenas estuvimos expuestos, los paparazzi hicieron fiesta. Félix estaba detrás de nosotros, pero era en vano intentar protegernos de los fuertes flashes que eran disparados en nuestra dirección. ¿Cuál sería la historia melodramática que mañana irán a estampar en las revistas?

—¿Edward, sabes que Tanya está en el restaurante? ¡No hagas sufrir más a la joven trayendo contigo a Isabella! —gritó uno de los hombres.

—¿Viniste a una cita? —indagó otro.

—Isabella, ¿qué tienes para decir? —cuestionó otro que, aparentemente surgió de la nada. Ellos siempre surgen de la nada.

—¡Bella, si Edward no te quiere, yo te quiero! —exclamó uno, soltando una estruendosa risa, pero aparentemente solo él lo había encontrado gracioso.

Edward estaba con las manos cerradas, caminando rápido frente a mí, volviendo ese, el último comentario que escuché de los hombres de afuera, ya que fueron detenidos de entrar al establecimiento por los hombres de seguridad.

—Buenas noches, señor Cullen, sea bienvenido a Aquarius.

—¿En qué mesa está la señorita Denali?

—Está en el centro del salón, sígame, por favor, que lo llevaré hasta la mesa.

—Señor, voy a quedarme en el bar, tomando una coca ¿ok? Cené con Zafrina y Carmen antes de salir de casa —dijo Félix, apuntando al bar, donde había otros tres hombres mirando un partido de fútbol americano en la televisión.

—Claro —dijo Edward y en seguida se giró para seguir al hostess⁶ hasta la mesa que teníamos.

Tanya estaba literalmente en el centro del salón, y me preguntaba si no tenía la capacidad para escoger un lugar que llamara menos la atención. Una mujer morena estaba a su lado y me recordaba haberla visto ya algunas veces, probablemente era su asesora.

—Hola —dijo Edward. Tanya y su asesora rápidamente se levantaron para saludarlo.

—¡Hola, Edward! —dijo la rubia de manera exagerada—. Estábamos solo esperándote para pedir las entradas. Esta es Julie, ya la conocen, ¿verdad?

—Sí, Bella me está acompañando, tampoco creo que necesite hacer las presentaciones, ¿no es cierto?

—Pues sí, aunque no la conociéramos sabría quién es gracias a las portadas de las revistas de los últimos días.

—Lo sé, infelizmente fuiste metida en esta situación… —comenzó a disculparse, pero la rubia puso la mano arriba para interrumpirlo.

—No hay problema, Edward —dijo con un guiño.

—Aquí está su menú, señor —dijo el mesero, acercándose a nosotros y entregándonos un menú a Edward y a mí—. ¿A las señoritas les gustaría pedir algo más?

—Un agua con gas, por favor —pidió Tanya—, y una ensalada de langosta de Maine.

—También me gustaría una ensalada; y una más, por favor —dijo Julie, apuntando a su copa de vino.

—Bella… —murmuró Edward a mi lado—. Todo aquí son frutos del mar.

—Lo estoy viendo —hablé, mirando el menú—, quién diría que existieran tantos tipos de ostras…

—No quiero comer pez —refunfuñó.

—Hay carpaccio de atún —comenté, apuntando a lo que estaba escrito en el menú, con la esperanza que fuera algo que le agradara.

—Argh.

—Para de refunfuñar. Pide un plato principal que solo comerás una vez —cuchicheé—, tienen salmón a la parrilla, lo comiste esa vez que lo hice para ti.

—Pero ese no va a ser tú quien lo hizo.

—¿Algún problema? —cuestionó Tanya, mirándonos, probablemente curiosa por saber lo que susurrábamos.

—No —mentí.

—No soy muy fan de los frutos del mar —admitió Edward.

—Ah, sí, pídeles que te hagan otra cosa —dijo Julie.

—No hay nada más que frutos del mar.

—¿Y entonces? Saben quién eres, eso basta. Es solo que pidas lo que quieras que ellos te atenderán. Todo es una cuestión de status, querido.

—La verdad, me conformaría si hicieran estos macarrones de aquí, pero sin el camarón y el salmón.

—Lo puedes pedir de la manera que quieras, Edward, te van a atender —dijo la asesora de Tanya.

Ella estaba en lo cierto, cuando Edward solicitó el plato de la manera que quería, el mesero pareció anotar todos los detalles y preferencias de Edward. Era obvio que, si no fuera uno de los cantantes más populares del momento, el funcionario ni siquiera pondría atención a sus deseos.

Estábamos en medio de nuestra comida, cuando Edward quiso sacar el tema que era el motivo de estar ahí.

—Jessica aún no llega, pero creo que podemos hablar sobre el DVD. ¿Cuál es la idea que ustedes tienen?

—Queríamos hacer tipo un documental, ya sabes, para poner los extras con algunas historias sobre mi vida, ya sabes. Entonces en una parte tendría testimonios de amigos, ya sabes. Ahí quisiera que hablaras un poco de mi en esa parte porque estoy segura que los fans se pondrían muy felices, ya sabes.

Dios mío, si esa chica dice una vez más un "ya sabes", juro que voy a enloquecer. Intentando no prestar atención a lo que balbuceaba, miré a mi alrededor y vi que dos paparazzi estaban siendo detenidos de fotografiar a través del vidrio por los hombres de seguridad del restaurante. Venir hasta este lugar, que nos dejaba tan expuestos, definitivamente había sido un error. No veía la hora de irnos.

Tomándome por sorpresa —gracias a mi distracción—, el celular que estaba en mi bolsa comenzó a tocar y todos en la mesa me miraron.

—Con permiso —hablé, levantándome y caminando hasta el baño para atender el celular con más privacidad.

Apenas llegué hasta el retrete, miré la pantalla y el numero era privado. Al atender, la llamada se calló. Esperé unos minutos más para ver si me volvían a llamar, pero nada.

Guardando el aparato nuevamente dentro de mi bolsa, salí del baño y fui en dirección a la mesa en la que estábamos antes, pero cuando me estaba acercando, mis pies súbitamente pararon y no logré caminar más gracias a la inesperada escena que se mostraba frente a mí.

Tanya estaba riendo junto a Edward y tenía su mano sobre el puño de mi novio. Él parecía haber encontrado gracioso y también reía junto a ella; entonces, la rubia se inclinó y rápidamente pegó sus labios a los que pensé me pertenecían solo a mí.

Mi corazón estaba disparado y parpadeaba rápidamente, rogando para que todo no pasara de ser una alucinación de mi mente. De pronto, vi flashes siendo disparados cuando miré hacia atrás, probablemente aún con una expresión de shock en el rostro; los paparazzi lograron liberarse de la seguridad y estaban libremente fotografiando todo lo que ocurría dentro del restaurante. Mis manos comenzaron a temblar por el pánico que estaba sintiendo, y las luces eran tan fuertes que apenas lograba ver lo que estaba pasando frente a mí.

Intentando escapar, corrí hacia el hall del restaurante, donde Félix estaba en el bar y fui inmediatamente en su dirección.

—Félix, llévame a casa —le pedí.

—¿Qué pasó, señorita? —indago preocupado, levantándose del banco en el que estaba sentado—. La señorita está pálida, siéntese, por favor.

—Sácame de aquí, Félix, por favor —pedí nuevamente.

—Ok —dijo, colocando el brazo sobre mi hombro y llevándome en dirección a la puerta.

Cuando salimos, los paparazzi comenzaron a gritarme al oído.

—¿Qué pasó, Isabella? ¡No logramos ver lo que estaba pasando dentro! ¡Cuéntanos! ¿Por qué estás tan abatida?

—Edward eligió a Tanya, ¿no es verdad? —dijo uno de los hombres, acercándose a mí.

—¡No te me acerques! —grité.

—Vamos, Bella —dijo Félix, abriendo la puerta del carro para mí.

Mientras Félix conducía, la noche de hoy estaba en replay en mi mente. ¿Eso significaba que Edward había aceptado hacer lo que Jessica le pidió? ¿Era por eso que parecía tan vacilante cuando salimos del carro y entramos al restaurante? ¿Tenía tanto miedo de lo que yo pensara que esperó a que me fuera para poner su plan en acción?

Se estaba riendo con ella y después besándola. Mientras sospechaba que eso no significaba nada para él, sabía que él había hecho una elección. Si al menos me hubiera contado, tal vez no me alarmaría. ¿A quién estoy queriendo engañar? Es claro que me alarmaría de cualquier manera. Edward siempre pareció tan diferente de todos los otros con quien he convivido; pero, así como buena parte de las personas que lucharon para llegar aquí, también se vendió a la fama. Me sentía traicionada.

También me sentía una idiota. Aunque todo ese tiempo no quería volver pública nuestra relación, tenía una pequeña parte de mí que soñaba con que Edward ignoraría las palabras de Jessica y que encontraríamos una manera de hacer que funcionara, aceptándolo o no. Tal vez él estaba en lo correcto desde el principio y lo primero que debimos hacer era admitir que estábamos juntos. Ahora estaba aceptando a alguien que quería ser aceptada, al contrario de mí.

—¿La señorita está mejor? —indagó Félix, mirando por el retrovisor.

—No —murmuré, mirando a la ciudad a mi alrededor.

—¿Hay alguna cosa que pueda hacer?

—Solo llévame a la casa de Edward.

El celular de Félix comenzó a sonar y él atendió.

—Sí señor. Ella está conmigo. No sé. No. Quiere volver a casa. Sí. No. Bella, Edward está preguntando si podemos volver para buscarlo.

—¿Puedes dejarme en casa primero? —indagué y aceptó.

—Si. Voy a dejarla a casa y en seguida paso a buscarlo. Aparentemente sí, señor. Ok.

Cuando llegamos a casa, algunos paparazzi aún estaban ahí y mi impulso era gritarles a todos. Apenas el carro paró, abrí la puerta y me fui corriendo dentro de casa, subí a mi cuarto y tiré mi bolsa en la cama, intentando calmarme. De pronto, una furia comenzó a surgir y mi mente estaba tan caótica que no lograba organizar mis pensamientos.

¿Cómo creía que podía simplemente aceptar hacer una cosa de esas y no hablar conmigo? ¿Por qué la fama era tan importante? ¿Qué tenía de tan especial esa niñita que a todo el mundo le agradaba? ¿Por qué diablos tenía que escuchar lo que Jessica dijo?

Me senté en la cama e intenté calmarme respirando profundo, él no pudo haber aceptado eso, ¿pudo? Si eso era solamente una mentira contada a los demás, ¿por qué me importaba? ¿Por qué me lastimaba?

La decepción fue apareciendo y junto a ella el arrepentimiento. ¿Será que una vez más me envolvía con alguien que me mentía? ¿Y si Jessica le dijo que yo no era lo suficientemente buena y que debería librarse de una vez de mí? Lo que pasó hoy solo me provo que definitivamente prioriza su carrera.

—¿Garrapata? —escuché la voz de él atreves de la puerta.

—No quiero conversar ahora.

—Pero yo quiero. Habla conmigo.

—¡Lo vi! —grité.

—¿Qué? Bella, no… fue solo algo estúpido que dijo Jessica —habló. ¿Lo estaba admitiendo?

—Edward, por favor. No quiero conversar ahora, tengo rabia —hablé, sintiendo que mi garganta se apretaba, intentando controlar lo herida que me estaba sintiendo en ese momento.

—¡Nunca quieres conversar en el momento! ¡No seas estúpida, sabes lo que siento por ti! —gritó y solo me quedé callada. En algún momento se iba a cansar—. ¿Garrapata? Bella…

Escuché una voz femenina y la distinguí como la de Zafrina. Edward protestó algunas veces y algunos insultos dejaron su boca, podía sentir que también estaba con rabia.

Cuando ningún sonido más fue emitido del otro lado de la habitación, me quité la ropa y me acosté en la cama, mirando hacia el techo y dejando que finalmente las lágrimas de rabia cayeran por mi rostro.


(1) Backing vocalist: Vocalista de respaldo

(2) Menage: ménage à trois es un término que describe un acuerdo doméstico de tres personas para mantener relaciones sexuales y formar un hogar. Se traduce literalmente como «hogar de tres»

(3) Brokeback Mountain: en Latinoamérica, esta película es conocida como "el secreto de la montaña"

(4) Las aventuras de Priscila, reina del desierto: es una película australiana de 1994, donde dos hombres gays y una mujer transexual que trabajan como drag queens atraviesan el desierto australiano para hacer una actuación en la sala de fiestas de un hotel.

(5) Rondelli: no encontré traducción para este plato, sin embargo, basándome en las imágenes y videos tutoriales de cómo hacer este plato, son rollitos de pasta, viene relleno de jamón y queso, y se lo hace al horno; tipo lasaña pero hecho de forma diferente :P

(6) Hostess: anfitrión.


Simplemente daré las gracias infinitas por su paciencia, esperando que se encuentren bien de salud en esta época tempestuosa de la humanidad; esperando también que hayan disfrutado del capítulo. La escena extra se la enviaré a quienes me dejen sus rr, y si no, pues la leerán el domingo, que la subiré como es costumbre.

Gracias, gracias, gracias…

Beijos.

Merce