Los meses pasaron, ya era febrero y los exámenes del primer cuatrimestre me salieron bien a pesar de que me costaba bastante concentrarme para estudiar.
No podía evitar cruzarme de vez en cuando con Shaoran por los pasillos de la facultad, pero por suerte él no intentaba acercarse a mí.
Se limitaba a mirarme y seguía su camino al igual que yo.
La conversación que había tenido con Meiling cinco meses antes no dejaba de dar vueltas en mi cabeza cuando lo veía.
Me costaba creer que Shaoran lo hubiera pasado tan mal, pero ella no tenía motivos para mentirme contándome todas esas cosas.
De todas formas eso no cambiaba nada, él me dijo cosas horribles y se marchó destrozándome el corazón. Si ahora se arrepentía era su problema.
Aunque en el fondo... me sentía diferente, cada vez que lo veía el corazón me daba una sacudida.
Una tarde a mitad de febrero entré por primera vez desde que estudiaba en esa facultad a la biblioteca, necesitaba leer un libro que solo se encontraba ahí para preparar un trabajo.
Lo saqué usando mi carnet universitario y subí por las escaleras a la última planta.
Allí solo había despachos de profesores y era raro cruzarte con alguien, me gustaba ir cuando quería leer o estar un rato sola.
Al entrar en el pasillo busqué uno de los muchos bancos que había junto a la zona del péndulo para sentarme y leer, cuando encontrara lo que necesitaba iría a hacerle unas fotocopias al libro y podría devolverlo.
Caminé sin despegar la vista del libro hasta que escuché un pequeño sollozo.
Al levantar la cabeza pude ver que alguien estaba llorando en silencio al otro lado de la sala.
Me pareció extraño... ¿sería un profesor? ¿o un alumno?
Me acerqué para ver si necesitaba ayuda y cuando estaba a unos metros frené en seco.
El que estaba allí era Shaoran, él no me había visto porque tenía los ojos cerrados.
Nunca le había visto llorar, ni yo ni nadie de su familia por lo que me había contado Tomoyo años atrás.
Dudé si acercarme o no, tal vez le había pasado algo malo y después de todo si podía ayudarle lo haría.
Cuando estaba a unos pasos de él, alzó la mirada y me vio.
Sus ojos se abrieron con pánico y se levantó de golpe. Vi que tenía la marca de varias lágrimas que habían caído por sus mejillas.
-oye... ¿estás bien?- le pregunté en voz baja.
Apartó la mirada pero vi como otra lágrima salía de su ojo derecho y él la secaba con los puños de su jersey.
-pensaba que por aquí no venía nadie. no quiero molestarte, ya me voy-.
Me sentí bastante mal al verlo así.
Cuando pasó por mi lado le pregunté -¿te ha pasado algo malo?-.
Shaoran dejó de andar y me miró.
-sí, pero fue por mi culpa-.
Espera... ¿estaba hablando de nosotros?
-si estás intentando que sienta lástima por ti... no lo vas a conseguir- escupí entre dientes.
Él no dijo nada más y se alejó, el corazón se me encogió mientras lo vi bajar por las escaleras.
Una semana después, todavía me acordaba de las lágrimas de Shaoran.
Hablé del tema con mis amigos, todos pensaban que estaba así por mí menos Eriol y Rei.
En opinión de ellos tendría algún problema por algo de su carrera y debería hacer como si no hubiera visto nada.
Esa mañana, al salir de clase había quedado con Tomoyo, me pidió que fuera a su casa para hablar.
Desde que Shaoran se fue ella se había distanciado de su primo, y aunque me dijo que eso no tuvo nada que ver con lo que pasó entre nosotros yo me sentía culpable porque ya no se llevaran tan bien como antes.
De hecho, cuando descubrí que él había vuelto a japón le hice prometer a Tomoyo que se esforzaría por volver a llevarse bien con él, y parecía que me había hecho caso.
Pero ir a hablar con ella sobre Shaoran no me hacía mucha gracia, sospechaba que eso era lo que me esperaba.
Y mis sospechas acertaron.
Cuando llegué a su piso y conseguí que Cho me soltara, las dos nos encerramos en su cuarto.
Nos tumbamos en su cama mirando al techo y la escuché suspirar.
-sé que no quieres oírlo pero necesito darte mi opinión-.
Llevábamos meses sin hablar de él, como mucho yo le contaba lo que me pasaba pero le había pedido que no le dijera nada a su primo ni a nadie.
-estoy harta de ver como los dos estáis mal y no hacéis nada para solucionarlo-.
Un sentimiento de rabia creció dentro de mí pero lo controlé, Tomoyo no tenía culpa de nada.
-yo no he hecho nada malo- le dije.
-lo sé, pero también sé que aún lo quieres-.
Suspiré y cerré los ojos.
-Sakura, no te diría nada de esto si no supiera que él está totalmente arrepentido. Créeme, he hablado con él decenas de veces estos meses y sabe que se portó como un capullo pero... todas esas cosas te las dijo pensando que así le olvidarías más rápido. Se pasa los días pensando en ti-.
Abrí los ojos y miré a mi amiga, su rostro reflejaba mucha tristeza.
-no le daré la oportunidad de volver a hacerme daño-.
Ella resopló y se apoyó en un costado para mirarme.
-creo que a mí también me costaría perdonarle si fuera tú... pero al menos deberías hablar con él y darle la oportunidad de explicarse-.
Me incorporé y nuestros rostros quedaron a la misma altura.
-ha tenido dos años para buscarme y no lo ha hecho-.
Ella acarició mi mejilla con uno de sus dedos.
-ahí donde lo ves resulta que es un cobarde-.
Sonreí y empecé a entrelazar el pelo de mi amiga formando una trenza.
-te quiero, Tomoyo... pero no me gusta que te haya pedido que hables conmigo-.
Tomoyo me sujetó las manos.
-te equivocas, siempre que hablamos me pide que no te diga absolutamente nada-.
Abrí los ojos sorprendida, su primo le había hecho la misma petición que yo.
-la decisión es tuya, Sakura. al menos piénsatelo-.
Asentí y nos miramos en silencio mientras terminaba su trenza.
-¿por qué se distanció de ti cuando se fue?¿te lo ha dicho?- pregunté.
-sí, me dijo que le daba vergüenza hablar conmigo después de lo que le había hecho a mi mejor amiga-.
Suspiré y un estremecimiento me recorrió.
-tu primo avergonzado... eso es digno de ver- respondí.
Las dos nos reímos y Tomoyo me abrazó.
La semana siguiente no vi a Shaoran ni una sola vez por la facultad.
Después de darle muchas vueltas había decidido que quería hablar con él y justo en ese momento desapareció.
Antes de eso me lo cruzaba por lo menos dos veces a la semana.
Todavía tenía su número en el teléfono así que pensé que lo mejor sería escribirle.
Sakura: "¿podemos hablar?"
Las clases terminaron y volví a casa para comer con mis padres.
Mientras recogía los platos noté la vibración en mi bolsillo.
Shaoran!: "como quieras"
Sakura:"te espero en el parque en media hora"
No había mejor sitio para hablar con él que ese.
Fui a mi cuarto a quitarme el chándal, me hice un par de trenzas y me puse la misma ropa que llevaba esa mañana.
Me despedí de mis padres diciéndoles que no volvería tarde y me marché.
Al llegar al parque todavía no había niños, hasta las cinco lo más normal era que estuviera vacío.
Lo sabía bien por todas las tardes que había pasado allí con Shaoran, mirara donde mirara tenía recuerdos con él.
Me senté en el columpio y empecé a mecerme.
-acabo de tener un déjà vu- escuché detrás de mí.
Shaoran se acercó y se sentó en el columpio que había a mi lado.
-ahora habría sabido defenderme mejor- respondí con una media sonrisa.
-sí, y me alegro de haber contribuido a eso-.
Nos quedamos en silencio un momento, yo no sabía bien qué decir y parecía que él tampoco.
-lo siento mucho-.
Dejé de mecerme al escuchar eso y lo miré.
Los ojos de Shaoran estaban algo apagados.
-no sabía lo mal que lo habías pasado cuando me fui, yo no quería que te pasara nada de eso-.
Vaya, así que Tomoyo le había informado de mis problemas con la comida y de mis temblores.
-eso fue culpa mía, no debí dejar que me afectara tanto-.
Shaoran apartó la mirada y la fijó en el tobogán del centro del parque.
-me arrepiento tanto, Sakura... fui un idiota por hacer caso a mis padres y creerme sus palabras-.
Resoplé pero él siguió hablando.
-no debí dejar que me alejaran de ti, les odio y ya no vivo con ellos-.
-lo sé- contesté sin querer.
Shaoran me miró sorprendido y su rostro se enfureció.
-¿quién te lo ha dicho?¿Tomoyo?- preguntó.
-no... hace unos meses Meiling vino a hablar conmigo-.
Él apretó los puños encima de sus piernas.
-no te enfades con ella, si no me hubiera dicho nada no estaría aquí hablando contigo-.
Las manos de Shaoran se suavizaron y miró al suelo.
-¿qué es lo que te ha contado?- preguntó en voz baja.
-todo... y Tomoyo también-.
Se levantó del columpio mirando al infinito.
-en realidad... me da igual, ya no tengo nada que perder- dijo entre dientes pero pude oírlo.
Se acercó y se puso de rodillas delante de mí sujetándome las manos.
-haría cualquier cosa por tu perdón, Sakura. pídeme lo que sea-.
El corazón se me encogió dolorido y tuve que dejar de mirarlo.
-no puedo vivir sin ti, lo he intentado pero no soy capaz-.
Una lágrima empezó a bajar por mi mejilla pero él me la limpió.
-yo también lo he intentado- susurré.
Una mano de Shaoran me levantó la barbilla y nuestros ojos se encontraron.
Los suyos seguían reflejando lo mismo que cuando me miraba años atrás y eso me provocó escalofríos.
De repente se me ocurrió una idea para ponerle a prueba.
-tiñe tu pelo de rosa-.
Shaoran se quedó callado unos segundos y pestañeó varias veces.
-¿qué?-.
-sí, ponte el pelo rosa fucsia y déjalo así -.
Shaoran suspiró y sin dejar de mirarme preguntó -¿si hago eso me perdonarás?-.
-... puede ser-.
-entonces lo haré hoy mismo- respondió muy serio.
Me levanté del columpio.
-vamos, te ayudaré a hacerlo-.
Aguanté la risa mientras caminábamos hasta una tienda cercana y yo misma escogí el paquete con el color correcto.
Como él no tenía ni idea del tema no se dio cuenta de que el tinte que había cogido se iba con los lavados.
Lo acompañé a su apartamento y los dos entramos en el baño.
Saqué todos los componentes del tinte y le miré.
-¿estás listo? después no habrá vuelta atrás, más tarde no podrás teñirlo de tu color ni nada de eso porque se te estropeará el pelo- dije alzando una ceja.
Hacía mucho que no me divertía tanto.
-¿tú sabes hacer esto?- preguntó algo nervioso.
-sí, se lo hago a mi madre- respondí encogiéndome de hombros.
-vale, hazlo entonces- dijo sentándose.
Le extendí el producto por todo el pelo con cuidado y le expliqué que tenía que dejarlo actuar el tiempo necesario para que hiciera efecto.
Después me fui a esperarlo en una plaza que había enfrente de su apartamento, dejándolo solo para que se lavara la cabeza.
Mientras lo esperaba me descojoné de la risa.
Un rato después vi a un Shaoran con el pelo rosa fucsia salir de su edificio y acercarse a mí.
Ahí ya fue imposible contener las carcajadas.
