Capítulo 24: Lo que pudo haber sido y no fue.

A la mañana siguiente, Harry y Ginny llegaron al Ministerio de Magia cogidos de la mano, como ya empezaba a ser costumbre en ellos. Ginny todavía flotaba entre algodones. Cuando, la noche anterior, Harry y ella volvieron a casa, ella le contó una media verdad: que tendría un vestido preparado para la boda; un vestido que a ella le encantaba y que estaba segura de que a él le entusiasmaría. Aunque, a pesar de que se moría por hacerlo, no le comentó absolutamente nada sobre todo lo que había sucedido en el pequeño cuarto de costura de Madam Orts. Se sentía liviana, entusiasmada... y caminaba como si realmente su cuerpo fuese de fino y ligero algodón. Al entrar en el Cuartel General de Aurores, saludó al todo el mundo con una sonrisa radiante y cautivadora.

Harry también mostró una sonrisa distendida, al pensar que su compromiso había sentado a ambos tan bien; cosquillas de impaciencia le mordían el estómago. Un día; sólo quedaba un día para unirse en cuerpo y alma a la mujer de su vida. Aún no lo podía creer.

Iban a separarse con un dulce beso en la mejilla para ir cada cual a su puesto de trabajo, cuando fueron interceptados por Ron, quien los saludó con semblante preocupado. Inmediatamente, Harry mudó también la expresión de su rostro, recordando sus responsabilidades.

—Me marcho a hacer las gestiones que acordamos ayer —el pelirrojo anunció, entendiéndose con el Jefe a la perfección, a través de sus miradas. Harry asintió, conforme—. Hola, Ginny. —Cariñoso, besó a su hermana en la mejilla.

Sin embargo, Ginny no le permitió marchar; lo cogió por un brazo, reclamando toda su atención.

—Ron, ¿tienes un momento? —le preguntó.

Él enarcando una ceja y buscó su mirada, suspicaz, pues se había dado cuenta de que ella parecía estar agobiada por algún problema.

—Que sea rápido. ¿Qué necesitas? —respondió, pensando que su hermana deseaba comentarle un asunto importante ya que, si no lo hubiese sido en las actuales circunstancias, habría dejado la conversación para otro momento.

—¿Puede ser en privado?

Harry enarcó una ceja, pero no dijo nada. Y Ron también se sorprendió. E.J., quien acababa de sumarse al grupo al verlo llegar, no dudó en aprovechar la oportunidad.

—Jefe, quizá este sea un buen momento para que nosotros hablemos también —pidió a Harry, con cierta con timidez—. Me gustaría poder convencerte de que me des una oportunidad para ayudaros. Haré lo que sea —aseguró.

Harry desvió la mirada hacia ella y le sonrió con cariño.

—Por ahora, no, E.J.; esta vez no —negó, amablemente—. Tendrás tu oportunidad —prometió.

Aunque ella no le creyó. Haciendo un gesto involuntario de derrota y frustración, declaró con voz resignada.

—No... si ya me ha advertido Benjamin que, después de lo que pasó el lunes, yo no tengo futuro, aquí —se lamentó.

Al escuchar aquel nombre saliendo de los labios de la joven, Harry y Ron abrieron los ojos de forma desmesurada y cruzaron sus miradas, llenos de alarma. Inmediatamente, ambos habían pensado lo mismo: acababan de encontrar al topo que estaba filtrando información al presunto violador y asesino. Aunque un topo muy especial: por supuesto, la chica no era consciente de lo que estaba haciendo.

—¿Benjamin? —Ron exigió saber, mientras la cogía fuertemente por los hombros, casi sacudiéndola, de forma perentoria—. ¿Benjamin qué? ¡Por Merlín! ¡Respóndeme!

Ella lo miró, desconcertada.

—Benjamin Blacksoul, mi novio. ¿Por qué quieres saberlo? Él y yo llevamos saliendo ya varios meses. Pero eso, ¿a ti qué te importa? —le reprochó con enfado, intentando zafarse de sus manos.

—Oh, Dios... Oh, Dios... Oh, Dios... — Harry se lamentó por lo bajo, consciente del alcance de la revelación de la morena.

Su mente se puso en marcha rápidamente y separó a ambos aurores con firmeza.

—E.J.: olvida esa pregunta —le ordenó, tajante—. Y tú, Ron: continúa con el plan original. Quiero respuestas, ¿entendido?

—Por supuesto —Ron asintió e hizo un gesto de disculpa a E.J. con la cabeza, comprendiendo que Harry no contaría nada a la chica hasta que no tuviese pruebas fehacientes del bombazo que iba a soltarle. Si él no jugaba bien sus cartas, en cuanto le diese la noticia de lo que ambos sospechaban que estaba sucediendo, ella no haría más que indignarse y correr a poner en alerta a Blacksoul.

—¿Cómo que la olvide? —E.J. inquirió, suspicaz—. ¿A qué ha venido todo esto? Los dos estáis de un raro hoy…

—Tú, hazme caso —el Jefe le ordenó, con dureza—. Y otra cosa: quiero que hoy, Ginny y tú me localicéis en el Archivo todos los expedientes antiguos de casos que hayan acabado con la muerte de los culpables en Azkabán —le ordenó.

Encomendarle aquella tarea, fue lo primero que se le ocurrió para asegurarse de que E.J. no tendría oportunidad de hablar con su "novio", al menos durante la mayor parte del día.

Por un momento, la pelirroja vio súplica dirigida a ella en los ojos de su prometido y asintió en silencio, conforme.

—Sé que no estás aquí para hacer este tipo de trabajo —se disculpó con Ginny—. Pero necesito vuestra ayuda urgentemente. Todos mis aurores están ocupados.

—Tranquilo, Harry; no tienes porqué darme explicaciones —ella le aseguró—. Pero Ron: necesito hablar contigo, es muy importante —volvió a la carga con su hermano, inmediatamente después.

Ron la cogió de la mano con un gesto cariñoso, aunque impaciente, y buscó su mirada.

—Ahora, no tengo cabeza para nada que no sea el trabajo, Ginny —le explicó, intentando calmar su ansiedad—. ¿Por qué no me lo cuentas a la hora de comer?

—Está bien. Pero tenemos que hablar a solas —insistió.

Él la miró con extrañeza, pero asintió.

—Pasaré a recogerte a la hora de comer.

—¡Gracias! —Le dio un beso en la mejilla, esperanzada.

—Nos vemos, Jefe —Ron se despidió. Y se marchó como alma que lleva el diablo.

Ginny temía que Harry la acosase a preguntas curiosas. Pero contrariamente a lo que esperaba, él no hizo mención alguna sobre su rara actitud; algo que ella aprovechó para marcharse hacia el archivo rápidamente, llevándose a E.J. casi a rastras.

Oooo HP oooO

A medio día, Harry y Hermione compartieron una agradable comida en su restaurante habitual. Aunque muy preocupado por el tema que le robaba prácticamente todo su tiempo en el Cuartel General de Aurores, Harry mostraba sin cesar una sonrisa feliz, radiante, que Hermione no pudo pasar por alto.

—Cualquiera diría que te han echado una maldición de parálisis facial —ella bromeó, mirándolo sonriente—. Tienes una cara de adolescente enamorado…

Al escucharla, él amplió su sonrisa aún más.

—Ella es perfecta, Hermione; perfecta para mí, en todos los sentidos—aseguró, encantado—. Creía recordar cómo es sentirme el hombre más feliz del mundo a su lado. Pero al experimentarlo de nuevo… Esa mujer me trae loco —declaró con pasión.

—Con todo el hermetismo del que sueles rodear tus sentimientos... con tanto esfuerzo que, normalmente, me cuesta sonsacarte... Y cuando quieres, al hablar de ella te sobran las palabras —le reprochó con cariño y rió levemente, divertida—. Jamás te he visto tan feliz, a no ser que Ginny tuviese algo que ver en ello. Y pensar que ambos habéis estado apunto de perderos el uno al otro… A veces, la vida es muy complicada.

—No. No lo es. Somos nosotros quienes nos la complicamos.

Su mejor amiga lo miró con ojos como platos.

—No puedo creerlo… ¿Desde cuándo Harry James Potter es un hombre tan positivo y optimista? —quiso saber, atónita.

Él le ofreció una sonrisa soñadora.

—Ella me enseña con su ejemplo día a día —le aseguró—. Ginny es tan espontánea, tan sencilla a veces… No estoy diciendo que sea simple, sino sencilla —puntualizó—. Para ella, todo es tan natural… Yo me como la cabeza una y otra vez con las cosas más tontas. En cambio, ella actúa, sólo actúa, sin más.

—De eso, nada. En ese sentido, ambos os parecéis. Tú también eres un hombre de acción; siempre lo has sido —atestiguó.

Harry le ofreció una media sonrisa torcida, disconforme.

—Vamos a ver, señor 'no me acuerdo': ¿cuándo te has quedado al margen de un problema, cuando has podido lanzarte a él de cabeza para intentar resolverlo? —preguntó con obviedad.

—Creo que nunca; aunque esa no es la cuestión. —Sonrió a su mejor amiga con todo su cariño, antes de continuar con el fin de acallar su réplica inminente—. Ya que, antes de hacerlo, siempre he dado mil vueltas al asunto: preocupado, cargado de responsabilidad, temiendo no ser capaz de conseguir lo que quería y dañar a alguien con ello. Sin embargo, ella actúa simplemente porque le sale del alma.

—Y a ti, ¿de dónde te sale, cuando actúas? Pero si tú eres el hombre más pasional que conozco…

—Dicho así, suena fatal —se quejó.

Y ella hizo una mueca de burla, divertida.

—De verdad, que yo no veo tanta diferencia entre ambos. Es cierto que la responsabilidad es un signo distintivo de tu carácter. Y otro es el inmenso afán de protección. Quizá estos dos aspectos sean aquello que más os diferencia. Tú eres más controlador; ella, más espontánea. ¿No te parece?

—Lo que me parece, es que tú eres divina.

Ella le dio una palmada cariñosa en el brazo, complacida.

—Oye… ¿No te ha resultado un poco rara la actitud que Ron y Ginny han mostrado hoy? —ella cambió de tema, pensativa—. No cuela, que ambos necesiten hablar a solas sobre la situación de Molly, debido al accidente doméstico que ella sufrió ayer. Si fuese así, no habrían intentado, por todos los medios, que tú y yo no les acompañásemos —razonó, preocupada.

—Bueno… Está claro que ninguno de los dos es un artista inventando excusas. —Le guiñó un ojo con complicidad.

—Entonces, ¿tú piensas que ha sido una excusa? —Hermione preguntó, sorprendida.

—¿Y tú no, después de lo que acabas de decirme? Tranquila. Ha sido Ginny quien se ha empeñado en hablar a solas con Ron. Está claro que ella necesita una charla de hermanos; a solas. Ron lo ha entendido así y ninguno de ambos ha sabido cómo decírnoslo. Esta situación no tiene nada de especial. Ten en cuenta que, últimamente, siempre que ellos se encuentran, tú y yo estamos de por medio. Aprovecharán para ponerse al día, nada más —él concluyó, muy tranquilo.

—¿Al día? ¿De qué? —quiso saber, molesta—. ¿Qué pueden contarse el uno al otro, que ambos no sepan ya?

—Tú y yo somos hijos únicos —le recordó—. Aunque Ron, tú y yo seamos como hermanos, realmente tú y yo no sabemos qué es compartirlo todo, absolutamente todo con un hermano, o con varios, prácticamente desde nuestro nacimiento. Déjales que disfruten de esa relación tan especial.

—Supongo que tienes razón…

—¡Vamos, Herms! ¿Es que hoy no te basta con mi compañía? —bromeó, con una sonrisa pretendidamente ofendida.

—¡No es eso! —ella respondió rápidamente—. Es sólo que, yo estoy demasiado acostumbrada a que Ron comparta conmigo todo lo que le pasa.

—Oh, por eso no te preocupes; esta noche, él te lo contará todo, entre las sábanas —aseguró, con picardía.

—¡Cómo eres, Potter! —Lo traspasó con una mirada de reproche, enrojeciendo.

—¿Quéééé? ¿Es así o no es así? Tú y yo ya no somos unos críos, como para andar con falsa vergüenza.

—Ya... Pero hacía tanto tiempo que tú y yo no hablábamos de estas cosas…

—Porque yo estaba amargado. Siento haberte intentado echar de mi vida en ciertos aspectos. — Acarició su mejilla con ternura—. En serio: tranquilízate. Estoy seguro de que no sucede nada malo. Si así fuera, tú y yo habríamos sido los primeros en saberlo.

—Tienes razón. Además, esta situación me ha permitido disfrutar de ti, a solas, durante un rato. Tienes muchas cosas que contarme, señor conquistador —afirmó, curiosa.

—Realmente, no sé si he sido yo quien la ha reconquistado a ella o ha sido ella quien se ha dejado reconquistar y me ha hecho creer lo contrario. Eso sí, he usado mis mejores armas, te lo juro — aseguró, aún sorprendido—. Ha sido todo tan natural, tan bonito…

—Eso es porque los dos deseabais lo mismo y con las mismas ganas. Si Ron te escuchase hablar de este modo, se reiría de ti y te diría que eres toda una nenaza —se burló, sacándole la lengua.

—Sí. Ya me gustaría verlo a él por un agujerito, cuando te tiene a ti en sus brazos; seguro que es mucho peor que yo lo estoy siendo ahora —contraatacó, fingiendo estar molesto—. No hay más que fijarse en sus ojos, cuando te mira. ¡Es todo un corderito!

Imitó la cara angelical de su amigo, lo que hizo que la chica rompiera a reír.

—Es maravilloso que Ron y yo estemos juntos y los tres sigamos siendo tan amigos como siempre. ¿Qué habría pasado, si los dos os hubierais enamorado de mí? —preguntó con arrogancia, aunque en broma. Se estaba divirtiendo mucho con aquel jueguecito de 'provocación'.

Pero Harry tomó sus palabras totalmente en serio.

—Lo he pensado alguna vez.

Ella lo miró, sorprendida. No esperaba aquellas palabras provenientes de sus labios. Y mucho menos, dichas con tanta naturalidad.

—Yo te adoro, Hermione. Te quiero mucho más que como amiga; aunque no como pareja —declaró—. Ron sabe comprender este hecho y lo acepta. ¿No te has dado cuenta de que yo soy el único que puede acercarse a ti sin sentir constantemente, en su cogote, la presencia de una mirada asesina? —Sonrió con calidez.

—Sí. Tú eres el único, mi otro príncipe azul —asintió, enternecida—. Yo siento exactamente lo mismo por ti.

—Pues no pienses en lo que pudo haber sido y no fue, sino el lo que tenemos, que siempre existirá.

—Me sentiría morir, si te perdiera —susurró, emocionada.

—Yo desearía hacerlo, si eso pasara —él aseguró, sin atisbo de estar bromeando.

Ninguno de los dos añadió ni una palabra más. Durante un bueno rato, comieron en silencio, perdidos en sus propios pensamientos.


COMENTARIOS DE LA AUTORA

Veréis este capítulo un poco cambiado con respecto al original. No me parece bien que Ron y Ginny cuchicheen al margen de Harry, estando con él. Por eso, esa escena la he cambiado. Y he metido un poco más de 'picardía' en la conversación entre Hermione y Harry (un poco tan sólo).

Dedico el capítulo a:

—En primer lugar, a Dayazo, Natesgo y Nicole.82, quienes han dejado comentarios al capítulo anterior. No sé si los respondí, con eso que me iba de vacaciones y estaba en plan 'no doy palo al agua'. Si no fue así, aquí va mi infinito agradecimiento hacia vosotras tres.

—En segundo lugar, a patriciamartin151197 y a crislectora, por haber añadido este fic a sus Favoritos y a sus Alertas.

—En tercer lugar, a robgzz92 (si incluyo el punto después de 'rob' me lo quita todo) y a misticfairy378, por haber añadido este fic a sus alertas.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

Rose.