Los personajes y lugares fueron creados por J.K. Rowling, yo sólo cambio la historia.
¡A leer!
Fruto prohibido
Todo era un caos y no sólo en mi cabeza. Ron me evitaba llevándose a Harry de por medio. Ginny al enterarse intentó hablar conmigo y hacerme razonar… ¿razonar? ¡Es algo que no he parado de hacer en todo este tiempo!
Ginny no entendió mi punto y prefirió darme espacio y no la culpo, de alguna forma yo tampoco entiendo mi punto.
Estar con Ron había sido divertido, pero por alguna extraña razón, a pesar de que era algo que deseaba desde hace tiempo, no logró superar lo que ya tenía con él. Todo era torpe y antinatural. Todo lo que hacía con él tenía que ser planeado y seguir con un patrón.
Debo tomar su mano, debo besarlo, debo estar con él, debo cumplir con los requisitos que especifica lo que es ser una pareja… nada nacía de mí y puedo estar segura de que de él tampoco.
Había intentado reprimir este pensamiento, pero no podía más, no podía evitar comparar todo. No podía seguir con algo artificial con Ron cuando con Malfoy sentía lo que para mí era lo correcto. Hice mal, no trato de justificarlo, pero sentía que todo era genuino con él.
¿Soy una estúpida por pensar de esa manera? ¡Claro que lo soy! Pensamiento que se reforzó al ver la reacción de Malfoy cuando intenté desahogarme. Toda la noche me di golpes en la cabeza, tenía que cerciorarme de que mi cerebro estuviera funcionando… ¿En serio me convencí a mí misma de que una serpiente es de confianza?
- ¿Hermione? – escuché del otro extremo del pasillo y me sorprendí. Vi hacia todas partes desorientada, había pasado gran parte de mi recorrido como prefecta caminando en el mismo pasillo sin darme cuenta.
- Es tarde, no puede haber estudiantes en los pasillos – dije sin saber a quién me dirigía.
- Entiendo – dijo Zabinni mientras salía de la oscuridad mostrando las manos como símbolo de paz. – Estaba ayudando a Snape con algunas cosas… -
- Bueno… será mejor que regreses a tu casa común si no quieres meterte en problemas – dije con tono serio. Por el momento no quería tratar con personas y mucho menos con Zabinni que, por alguna extraña razón no podía evitar estar alerta cada vez que estaba con él.
- Uff… hoy no es tu día ¿eh? – dijo acercándose lentamente mientras pasaba una mano por la pared del pasillo. – Yo también estaría molesto si tuviera que estar de guardia un domingo por la noche – se encogió de hombros.
- Bueno, realmente yo me ofrecí… - la sala común no era un lugar tan cómodo últimamente… - Pero… eso no tiene nada que ver. Podrías por favor ir a tu habitación, no quisiera… -
- Creí que éramos amigos Hermione – dijo con una sonrisa que intentaba mostrar amabilidad, amabilidad que no expresaban sus ojos.
Mi corazón comenzó a palpitar de prisa, algo tenía que me hacía sentir vulnerable, como una presa.
Zabinni se detuvo a un lado de mí y me observó de pies a cabeza, esta vez con una sonrisa que mostraba todos sus dientes. Se acercó lentamente a mí y yo comencé a pensar que me había petrificado.
Acarició la venda de mi brazo y seguido a eso tomó un mechón de mi cabello y lo llevó a su nariz, la cual estaba a escasos centímetros de mí. Logrando recuperar fuerzas de no sé dónde, lo aparté de mí dándole un empujón y él sólo bufó. Comenzó a caminar hacia mí mientras yo daba pasos torpes hasta que mi espalda topó con la pared del pasillo, cosa que lo hizo sonreír aún más.
- ¿Qué está pasando aquí? – dijo Ron desde el otro lado del pasillo acercándose con paso firme. – Las reglas son claras, ningún alumno puede estar fuera de la sala común a estas horas – la sonrisa de Zabinni desapareció como si nunca hubiera existido.
- Ya me iba Weasley – dijo con tono cansino. Posó su mirada en mí una última vez y una sonrisa ladina apareció de inmediato. Caminó hacia Ron y chocó su hombro con el de él, Ron sólo se limitó a rodar los ojos.
Yo seguía con la espalda pegada a la pared y mi respiración incontrolable. Zabinni desapareció al final del pasillo y sólo hasta ese momento pude posar mis ojos en Ron.
- ¿Todo bien? – dijo con evidente preocupación, pero manteniendo la distancia. Yo no pude evitar dar otro vistazo al final del pasillo para cerciorarme de que Zabinni se había ido. Ron siguió mi mirada y se giró para ver al final de pasillo, frunció el ceño al ver que no había nada ahí y comenzó a acercarse mientras su rostro perdía color. - ¿Te hizo daño Hermione? – se puso delante de mí entregando toda su atención a mí y yo me lancé a sus brazos.
Él me rodeó con sus brazos inmediatamente y recargó su barbilla en la coronilla de mi cabeza y fue ahí cuando sentí que podía respirar bien de nuevo.
- Ya no me dejen sola – la frase salió de mis labios sin pasar por el control de calidad que siempre estaba instalado en mi cabeza. Todo estaba siendo demasiado…
- Lo siento Hermione – suspiró. – No debí dejar que esto afecte tu amistad con Ginny y Harry, mucho menos con la nuestra –
- Lo siento mucho… - dije mientras ajustaba más el abrazo y sin poder evitar que lágrimas salieran de mis ojos.
- Está bien, vamos a superar esto, hemos superado cosas peores… – se encogió de hombros y sobó mi espalda con sus manos. – … ogros, perros de tres cabezas, hombres lobo … - reí y levanté mi rostro para mirarlo a los ojos.
- Arañas gigantes, basiliscos … - continué y él alzó las cejas.
- Creo que a quien deberíamos de dejar es a Harry… – bromeó. – El punto es que nuestra amistad ha sido larga y no deberíamos permitir que dos semanas de un intento de relación la arruinen ¿no crees? – limpió con su pulgar una lágrima solitaria que caía por mi mejilla.
- De hecho, fueron veintiún días – corregí.
- ¿Siempre tienes que saberlo todo? – rodó los ojos, haciéndome reír de nuevo. Él rio y volvió a abrazarme con fuerza. - ¿Ahora me dirás qué pasó con Zabinni? – preguntó inseguro.
- No lo sé… tal vez tenía muchas cosas en la cabeza y no supe cómo reaccionar… - comenzamos a caminar por el pasillo, él con su brazo sobre mis hombros y yo con mi brazo rodeando su cintura.
- ¿Reaccionar a qué exactamente? – dijo sin entender.
- Sólo quería molestarme – dije enfadada. – No es nada – me encogí de hombros y Ron no indagó más en el tema.
- Tú sólo das la indicación y yo le parto la cara – besó su puño y lo sostuvo un rato delante de mi cara.
- Parece que te faltan más sábados de castigo – bufé.
- Los que sean necesarios por proteger a mis amigos – sonrió y esa sonrisa hizo que un gran peso se me quitara de encima. Por imposible que pareciera, todo volvería a la normalidad, claro, con un poco de tiempo.
Lunes y desperté como si hubiera descansado como nunca. Me arreglé para bajar a desayunar y como siempre, fui de las primeras en llegar al gran comedor. Ron y Harry no tardaron mucho en unirse e incluso Ginny olvidó lo de darme espacio para sentarse con nosotros, justo a un lado de Harry, cabe destacar.
Todo parecía marchar como hacía mucho no marchaba, hasta que un platinado decidió aparecerse. Su sola presencia, indiferente hacia mí como habíamos pactado sin necesariamente pactarlo, me hacía recordar el extraño sentir en mis entrañas cada vez que lo veía y el pensamiento de que "no todo estaba bien" regresó a gobernar mi mente.
Sabía que lo estaba siguiendo con la mirada, podía notarlo en su expresión, era justo la misma expresión que tenía la noche del sábado cuando lo acorralé con mis palabras. No pudo resistirlo y conectó sus grises ojos con los míos… ¿nervioso?
Un tropiezo lo hizo apartar su mirada de mí y sus ojos no volvieron a mirar mas allá del piso… ¿Inseguro?
Tomó asiento junto a los gorilas que llama amigos y comenzó a distraerse con la comida. Sabía que lo estaba observando, por eso no alzaba la mirada y por primera vez desde que lo conozco, un casi imperceptible rubor rosado apareció en sus mejillas… ¿avergonzado?
Justo cuando pensé en apartar la mirada, él me miró directamente y sus ojos brillaron. Apartó la mirada deprisa, creyó que ya no lo estaría observando. ¡¿Tímido?!
Su actitud me parecía curiosa, normalmente cuando sabía que lo miraba se pavoneaba como un pavo real lleno de colores y belleza que merecía la pena admirar. Mis miradas eran como aplausos que le hacían inflar su egocéntrica cabeza y ahora, pareciese que los papeles habían cambiado.
Nerviosismo, inseguridad, vergüenza, timidez… sabía que era algo nuevo que yo no había visto en él, pero… ¿será algo nuevo para él también?
Tal vez no fui tan estúpida como creí, tal vez no cometí un error al terminar con Ron, tal vez, esa serpiente sentía algo por mí…
- ¿Nos vamos? – dijo Harry y la nube de pensamientos se desvaneció por completo.
Me levanté de mi asiento, empujé mi cabello hacia atrás de mi hombro con toda la gracia posible y sonreí a mis amigos, sabía que me observaba, sabía que los papeles habían cambiado.
Las clases habían terminado y me sentía llena de energía. Sacudí mis manos húmedas en el lavamanos y las sequé con una toalla mientras me veía en el espejo. Arreglé un poco mi cabello, tomé mi mochila, la colgué en mi hombro y me dispuse a salir del castillo. Esta tarde había práctica de Quidditch y había decidido apoyar a los chicos.
Al salir de los sanitarios, una persona comenzó a caminar a la par junto a mí. No necesité girar para confirmar quién era…
- Creí que te había asustado – dije con indiferencia mientras veía de reojo cómo jugaba con una manzana verde, la cual se veía pequeña en su mano. Un anillo de tamaño prominente reflejaba los rayos del sol que se colaban por los ventanales del pasillo…
- ¿Una ratita de biblioteca como tú…? ¿asustarme? – dijo sarcástico. Llevó la manzana a su boca y le dio un gran mordisco. Sólo en ese momento me giré a verlo, aprovechando que saboreaba la jugosa manzana mientras veía por la ventana.
Su túnica estaba abierta al igual que los primeros botones de su camisa y, para añadir un poco más de despreocupación a su apariencia, llevaba su mano izquierda dentro del bolsillo de su pantalón. Su mirada dejó las ventanas para observar con gran concentración el agujero que había provocado en su manzana mientras masticaba con elegancia.
Su rubio cabello, el cual caía en su frente y por poco en sus ojos si no fuera por la pequeña inclinación de su cabeza, brillaba como si el sol lo hubiera encendido. Pero si algo brillaba en ese momento, además de su labio inferior por el jugo de manzana, eran sus ojos. Sus ojos opacaban el brillo del mercurio y lo hacían parecer menos denso…
- ¿Te diviertes? – dijo clavando sus ojos en los míos para después dar un segundo mordisco a la manzana y sonreír. Yo sólo le di un empujoncito con mi hombro sin poder ocultar mi sonrisa.
Como si se tratara de una experta en robos, Granger me arrebató la manzana de mi mano justo cuando le iba a dar un tercer mordisco. Fui demasiado lento como para detenerla y fue ella quien dio el tercer mordisco. Debo admitirlo, eso fue bastante molesto, pero ver su sonrisa de satisfacción con la mejilla regordeta apaciguó la explosión que se estaba formando en mí.
- ¿Pensaste en lo que te dije el sábado? – solté mientras la veía masticar con la vista hacia enfrente. Todo este tiempo había estado pensado en una solución a la situación, no digo problema porque me convencí a mí mismo de que no había ningún problema, podía ganar ambas cosas si todo iba conforme a mi plan…
- ¿Tú pensaste en lo que te dije el sábado? – dijo con tono irónico y me lanzó la manzana mordisqueada totalmente fuera de mi alcance haciendo que cayera al suelo y rodara un poco más adelante. No pude evitar detenerme y verla sin entender qué es lo que había pasado.
Esto no salió para nada como lo tenía en mente. Me siento la más estúpida. Me adelanté y levanté la manzana que ya se había arruinado por la suciedad del suelo y mi mochila se deslizó por mi hombro hasta caer, la dejé ahí y limpié un poco la tierra pegada a la manzana y se la tendí a Malfoy, definitivamente los papeles habían regresado a su lugar y yo me había convertido en un manojo de nervios, timidez, inseguridad y vergüenza…
Tomé la manzana con la punta de mi dedo medio y pulgar para no ser grosero por dejarla con la mano tendida, pero definitivamente no me pude hacer cargo de lo que expresaba mi cara. Di un paso más, tomé su mochila y la puse en mi hombro.
- Lo siento… - dijo mirando al suelo y reanudando la marcha hacia la salida de Hogwarts. - … creí que tus reflejos… tú… buscador… - reí. ¿Cómo alguien tan inteligente puede ser tan torpe?
Llegamos a la puerta del castillo y yo lancé con todas mis fuerzas lo que quedaba de la mugrienta manzana y la vi caer en los jardines. Granger se estremeció un poco por el repentino movimiento de mi brazo y eso también me pareció gracioso. ¿Qué le está pasando?
- Entonces… ¿nos vemos el domingo? – insistió. Apartó un mechón de cabello de mi hombro y colocó mi mochila con cuidado. – Tengo algo preparado para ti – dijo bajando un poco la voz mientras miraba fijamente mi hombro para después ver mi cabello y al final, alejar la vista hacia el paisaje, evitando por completo conectar su mirada con la mía.
Me veía como si estuviera evaluando cada uno de mis movimientos y yo no podía verla a los ojos. Una corriente de viento comenzó a mover su cabello e inmediatamente lo apartó de su cara. Observé por un momento como su mirada vagaba hasta que se quedaron fijos en un punto que se encontraba detrás de mí, abrió un poco los ojos y noté cómo contuvo un poco la respiración.
- Hablaremos luego – dijo de repente y sin más, me dio la espalda y comenzó a caminar con paso apresurado hacia el campo de entrenamiento.
La observé alejarse por un momento y debo decirlo, me dejó confundido…
- Buen intento – dijo Blaise mientras me daba una palmada en la espalda, cosa que ya se le estaba haciendo costumbre.
Lo miré de reojo y vi que él observaba en la misma dirección a la que yo estaba mirando antes de que me interrumpiera.
- ¿Qué estás tramando? – dije desconfiado.
- No creíste que te la dejaría así de fácil ¿oh sí? – dijo burlón, lo cual no me pareció para nada gracioso.
Lo tomé de la túnica con fuerza tomándolo por sorpresa y lo arrastré lejos de la puerta hasta pegarlo a la pared. En él ya no quedaban rastro de sonrisitas o burlas.
- No te metas con Granger – dije con los dientes tan apretados que apenas pude articular las palabras. - ¿Entendiste… Blaise? – él recuperó la compostura y apartó mi agarre de un manotazo para después empujarme.
- Tranquilo – alzó las manos antes de que me acercara de nuevo a él. – Es sólo un juego, ¿recuerdas? – no supe qué decir. – No me digas… ¿te encariñaste Malfoy? – dijo con el tono burlón regresando en su voz.
- Es una sangre sucia – dije escupiendo las primeras palabras que se atravesaron por mi mente y las cuales dejaron un mal sabor en mi boca. Él se encogió de hombros y volvió a darme una palmadita en la espalda y comenzamos a caminar de regreso al castillo.
- Exacto, eso es lo que es…- dijo con la sonrisa que tanto odiaba. Sus ojos tenían un brillo que le añadía un tono maquiavélico a su rostro. Él planeaba algo.
Por el momento era mejor mantener al margen el tema de Granger, bastante atención captó mi reacción con Blaise, fui estúpido y nada sutil. Costará que Blaise se olvide del fruto prohibido en el que se había convertido Granger.
Entre serpientes existe una clase de rivalidad constante en la cual cada uno se esmera porque nadie consiga lo que quiere. Entre más desees algo, más serpientes intentarán apartarlo de ti sólo por el simple hecho de que conseguirlo te haría feliz.
Los Slytherin somos serpientes rastreras y una serpiente rastrera desea que todos estén a su mismo nivel, si no es que más abajo.
HAPEE BIRTHDAE HARRY!
Aunque probablemente para Harry este capítulo no sería un buen regalo porque, ¡qué trauma que Hermione estuviera con Draco! Pero, supongo que J.K. Rowling sí apreciaría la imaginación haha creo...
Espero que les haya gustado el capítulo y que tengan o hayan tenido un 31 de julio lleno de magia.
La semana pasada recibí un review de un usuario invitado al cual no puedo contestar pero agradezco mucho tu mensaje! Yo también espero que ya llegue el final de la historia y saber qué les parece, ¡qué nervios!
En fin, que tengan un bonito fin de semana
Nos leemos pronto ;)
La ChancludaM
