Jonathan deja ir a Mista. Se le ha ido el sueño, así que permanecerá echado en la habitación. Por un momento se le ocurre buscar a Dio, pero lo desecha a favor de darle un poco de privacidad.

Mista por su parte cree que es buen momento de ir a despertar al resto de los habitantes de la casa. Se pasa primero por la habitación donde Bruno y Leone descansan.

Se asoma por la puerta, dejando que un poco de la luz del pasillo se filtre iluminando al par.

Bucciarati duerme sin ropa, pero hecho un ovillo entre las sábanas frescas y los brazos de Abbacchio. Abbacchio duerme abrazando a Bucciarati, lleva una bata blanca encima que se ha puesto luego de bañarse. La luz le despierta y a Mista lo recibe arrojándole la lámpara de la mesita de noche que de puro milagro esquiva; esta se estrella contra la pared.

Abbacchio intenta conciliar el sueño de nuevo, después de todo, tiene lo más valioso de su no-vida entre sus brazos.

Mista decide salir salir de ahí andes que Leone decida usar alguna otra cosa como proyectil. Espera tener más suerte con Narancia. Con el decidiría tocar la puerta primero.

– ¡No me vayas a arrojar nada, Narancia!

La puerta del cuarto de Narancia se abre por si sola, la habitación se encuentra totalmente a oscuras, pero la entrada está libre para Mista.

Narancia se encuentra oculto detrás de la puerta, prácticamente colgado del techo; reconoce el olor de Mista, sabía que estaba cerca aún antes de que tocara la puerta. Espera a que entre para jugarle una broma.

– ¿Narancia? Oye ¿Estas despierto?

Entra con cierta duda a la habitación, parece vacía, aunque a oscuras no es que alcance a ver demasiado. La puerta se cierra y Mista pega un brinco, esta a nada de sacar su alma antes de que el verdadero susto le caiga de encima.

– Abbacchio esta de mal humor, casi me parte la cabeza ¿Tienes hambre? Quiero comer pero no quiero hacerlo sólo, conseguí varias bolsas de… – Al llegar al pie de la cama, se da cuenta que está vacía. – ¿Narancia?

Narancia camina por el techo, lo mas silencioso que puede hasta quedar sobre Mista, detrás suyo. Espera el momento perfecto para tirarse sobre él.

– ¿Qué cosa decías de la comida?

Un grito poco viril y aterrado se deja escuchar por toda la casa, seguida de una grosería que sin duda se la había aprendido a Fugo.

– ¡Narancia, casi me matas del susto! ¡Cómo se te ocurre! ¡¿Cómo trepaste al techo?!

Y al grito poco varonil de Mista le sigue la escandalosa risotada de Narancia.

– ¡Debiste ver tu cara! – Grita entre risas. – ¡Se te fue el color de la cara!

Se hace a un lado, para ir a encender las luces. Se ve mucho mejor que la noche anterior, ha sido quien más sangre había consumido del grupo y eso se ve reflejado en su físico.

– ¡CASI ME MATAS DEL SUSTO, A LA PRÓXIMA TE VOY A DISPARAR! – Gesticula muy enojado, sacando su arma. Sin duda lo llena de felicidad verlo con "vida" de nuevo como al resto pero quizá deberían de poner algunas reglas de lo que los vampiros pueden o no hacer.

Casi al instante Abbacchio entra a la habitación, tan enojado como hace unos momentos atrás.

– ¡DEJEN DE HACER RUIDO, BRUNO ESTA INTENTANDO DORMIR EN LA OTRA HABITACIÓN!

Aunque él también esta gritando.

Ni las amenazas de Mista, ni los gritos de Abbacchio hacen que Narancia deje de partirse de la risa.

Y entre todo ese griterío, Bruno no tarda en llegar a la habitación, cubierto por las sabanas que lleva arrastrando.

– ¿Porqué gritan tanto? Es muy temprano para esto. Leone, no es necesario gritar.

– ¿Ya ven lo que provocaron? ¡Despertaron a Bruno!

– ¡No fue mi culpa, Narancia fue que me asustó! – Acusa con Bucciarati. – ¡Se colgó de la pared y me cayó encima, luego Abbacchio entró gritando!

– ¿Se colgó... – bosteza, haciendo notar sus colmillos – del techo? ¿Podemos hacer eso?

– ¡Si! ¡Hubieran visto a Mista! ¡Casi le da un infarto!

– ¡No es gracioso, Narancia! Ahora podrían estar velándome ¿Qué le dirían a Giorno, eh?

– Si nos trajo a la vida también podría traerte a ti ¿No? Y hablando de ese crío ¿Dónde esta?

Mista bufa, no le atrae mucho la idea de morir en un futuro cercano, aún sabiendo que Giorno podría arreglar ese ''inconveniente''.

– Giorno y Fugo salieron a arreglar algunos asuntos. Yo estoy a cargo de cuidar de ustedes.

– Abbacchio tiene razón, si te mueres te puede regresar. ¡Creo que podriamos morderte y no habría problema!

No es que Mista no confíe en sus amigos, sólo no confía en sus apetitos. Discretamente da un paso hacia atrás; no le gustaría que Giorno regresara a casa para encontrarlo desangrado.

– Narancia, no nos vamos a comer a Mista. – A Bruno no se le escapa el sutil retroceso del pistolero. – Además, él está a cargo mientras Giorno no esté aquí.

– Creo que tú harías un mejor trabajo del que yo hago Bucciarati, cuando Giorno vuelva tenemos que hablar de la organización, ustedes no pueden salir de día pero eso no tiene porqué cambiar las cosas, todos luchamos por esto.

– Hablaremos con Giorno sobre esto. – Las sábanas se le están deslizando, así que para evitar algún "accidente" se la amarra en la cintura. – Hasta entonces tu continuas al mando. Giorno te ha dejado a cargo porque confía en ti y eso debe ser por una buena razón.

– Tal vez la razón es que no había nadie más disponible. Es decir, aún está esta Polnareff pero él no tiene pulgares… ni manos. Tengo ventaja en ese sentido. Hago lo mejor que puedo, Bucciarati pero ustedes nos hacían falta.

Hay muchas cosas por las que necesitaban una reunión, demasiado por discutir referente a la organización y cuáles serán sus nuevos puestos. Leone hace una mueca, no va a acostumbrarse a tener que llamar a ese mocoso Don.

–¿Qué más podemos hacer, Narancia?

El menor hace un puchero, no dice más y mejor se trepa a la pared, quedando colgado de espaldas en el techo.

– Esto es lo único que he logrado hacer hasta ahora.

– ¿No has notado como tu vista o el olfato mejoraron? También me siento bastante fuerte. – Y hambriento pero no va aceptar frente a Bruno que tampoco le parece mala idea morder a Mista.

– Puedo ver con claridad aun si no hay luz. – Se siente con mucha más energía que la que ha tenido antes. – Y podía oler a Mista aun antes que entrara a la habitación.

– ¿Porqué todos hablan de mi aroma? – El susodicho frunce el ceño, casualmente levanta un brazo para olerse la axila. – ¡No huelo tan mal! Además, Abbacchio huele peor que yo ahora.

– Eso es porque estuve enterrado por al parecer un año ¿Cuál es tu pretexto?

– Narancia y Bucciarati no huelen así.

– Dejando el aroma de Abbacchio y de Mista a un lado––

Ahora, al unisono, Mista y Abbacchio reclamaron que ninguno de los dos olía feo. Ambos mienten y lo saben. Es tan cómico el ver al par reclamando por algo tan trivial como su olor corporal.

Bruno prefiere no continuar con el tema, porque no va a admitir que si, Leone apesta y no sabe si eso va a ser permanente o no.

– En vista que nada se ha derrumbado, puedo ver que has hecho las cosas bien hasta ahora.

– Viniendo de ti eso significa mucho para mi, Bucciarati. Tú nos enseñaste todo en este mundo, nos cuidaste como un padre, incluso a Abbacchio a pesar de ser un amargado–– Siente un nudo en la garganta, le ha ganado el sentimiento. Carraspea y voltea hacia la puerta, tallándose los ojos como si algo le molestara. – Ya que todos están despiertos, ¿Porqué no comemos juntos? Como antes.

Mista le provoca ternura; Bruno no se arrepiente de haberle sacado del agujero donde estaba, ni a Mista ni a ninguno de ellos.

– Por supuesto, sólo dame unos minutos para no acompañarlos vestido sólo con una sábana.

– Yo no tengo problema con tu vestimenta, Bruno. – En realidad preferiría que Bruno no llevase nada encima.

– Sospecho que no, pero no es el mejor atuendo para esto. – Toma de la mano a Leone para ir de regreso a su habitación.

Bruno y Leone se adelantan, dejando a Mista y Narancia a solas yendo hacia la cocina.

– Vamos a poner la mesa, Narancia ¡Y ya no vuelvas a hacerme bromas o le diré a Fugo!

– ¡No seas aburrido, Mista! Solo fue una pequeña broma.

Momentos después, se escucha un estruendo, seguido por una queja y los lloriqueos de Cinque. Narancia le ha dado un ''ligero'' empujón a Mista, sin considerar la fuerza que ahora posee.

Para entonces Leone y Bruno están en la habitación.

Es un poco aterrador que aún conserven la ropa de todos; ha pasado un año entero. Quizá esos niños eran muy sentimentales o el plan de Giorno siempre fue ese.

Al igual que Abbacchio, a Bruno le extraña que sus cosas se hayan quedado tal y como estaban en la casa de seguridad. Se toma nota mental de preguntarle a Giorno el porqué. Leone no sabe que pensar.

– Sino se me quita este olor lo voy a matar.

Apenas han llegado, Abbacchio deja caer su bata y le jala muy mañosamente la sabana a Bruno, luego va a sacar la ropa de ambos.

Bruno se cruza de brazos, mirando fijamente a Abbacchio; a pesar de su muerte no le ve ninguna cicatriz, al igual que en su propio cuerpo.

– Entonces admites que apestas.

– Tal vez y si me abandonas por eso, voy a tener una plática muy seria con Giorno.

– Abandonarte nunca ha estado en mis planes y eso no va a cambiar aun si apestas. – Sacude la cabeza y le dedica una sonrisa amorosa. Con olor o no, se acerca para abrazarle por la espalda. Recarga la frente contra su espalda, le había extrañado demasiado.

Abbacchio piensa que volvió a la vida enojado y lo primero que hizo fue atacar a Giorno, ahora que lo piensa tal vez como con lo de la orina, quizá se excedió un poco. Vivir "para siempre" con Bruno era perfecto para él. Eso no significa que vaya a disculparse con ese niñato.

– Me alegra que estes aquí, Leone…

– Me alegra estar vivo para tener una segunda oportunidad a tu lado. Me había conformado con morir por tu causa, estaba feliz dando mi vida por ti.

Por más serio que quiera mostrarse ante los demás, con Bruno no puede verse molesto. Toma sus manos para besarlas, son tan suaves como recuerda.

– No se dónde estuvimos este año; si fuimos al cielo o al infierno o si nos reencontrarmos.

–- No importa donde hayamos estado, si no donde estamos. Parece que el tiempo no será algo que nos falte de ahora en adelante.

– Mi ultimo recuerdo… estaba junto al mar. Unos niños estaban jugando cerca, su balón se atoró en una rama muy alta y fui a ayudarles. – Suelta sus manos para agarrarse el vientre recordando como aquel Stand lo atravesó con su golpe. – El jefe se escondía entre ellos, todo pasó tan rápido ¿Cómo era posible que se hubiera mezclado con esos niños? Traté de retener en mi mente su rostro pero no podía pensar en nada más que en ti, Bruno… – se gira para verle. – Moriste... pensé que aunque yo muriera tu seguirías aquí. Fallé ¿No es así?

Encarándole, ahora sus manos le sostienen del rostro con el mismo cariño que se refleja en su mirada.

– Tu muerte no fue en vano, Leone. Tú nos ayudaste a resolver el misterio y yo... yo ya estaba muerto, estaba usando tiempo que no me pertenecía.

Leone murió muy pronto y está atrasado en todos los hechos que siguieron a su muerte. Pero no es idiota, siente que algo no cuadra con todo eso.

– Fue ese día en Venecia, cuando lo decidiste. ¡Sabía que tenías algo raro! ¿Porqué no me lo dijiste, Bruno? Esos pudieron ser –– corrección, esos fueron sus últimos momentos juntos. – Yo habría hecho las cosas diferente...

Tal vez ya no haga faltar pensar en lo pasado, no cuando estaban reunidos de nuevo pero todo fue tan rápido y repentino y ahora Abbacchio es consciente que desde un inicio había perdido ya a Bruno.

Le ha puesto las manos en la cadera, tiene esa misma cara de abatimiento con la que le encontró ese día bajo la lluvia.

– No lo dije porque no estaba seguro de lo qué pasó. Y aun de haberlo estado, ¿Qué diferencia habría hecho? Teníamos una misión que cumplir, eso no me iba a detener.

Bruno había muerto y fue traído de vuelta temporalmente; no recuerda muy bien los detalles, sólo que sabía que había algo malo en él. No fue hasta la pelea contra Cioccolata cuando confirmó su condición. Para entonces ya estaba muy debilitado, había incluso perdido la vista.

Había aceptado su destino y se fue en paz, dejando a Giorno a cargo de todo.

– Nada de eso importa ahora. Estas conmigo y yo estoy contigo; el tiempo ya no es algo importante para nosotros y si esta es una condena por todos nuestros pecados anteriores yo no tengo problema con cumplirla mientras sea a tu lado.

Bruno tiene razón, no estaban como para detenerse a hablar y llorar en una amarga despedida.

Aún así, Leone se siente algo estafado y molesto. No debería obsesionarse con el pasado, no de nuevo, ¿Acaso iba a desperdiciar la segunda oportunidad con el hombre que lo sacó de la misera?

Bruno Bucciarati, su sólo nombre le trae felicidad.

¿Cómo va a ser eso una condena si esta a su lado?

– Tú eres demasiado bueno para ser castigado, Bruno. Salvaste a este grupo de pecadores y les diste un hogar. Si no hubieras aparecido esa noche me habría pegado un tiro. No sé si me gusta en lo que Giorno nos ha convertido pero tal vez he de agradecerle por unirnos de nuevo.

Odia la idea de deberle algo a Giorno pero se lo debe, lo acepte o no.

– ¿Tu agradeciéndole algo a Giorno? Eso si es algo que no esperaba ver.

Bruno no se considera exactamente un buen hombre, sólo alguien que hizo lo que pudo con los recursos que tenía a la mano. Tiene un pasado turbio, sus manos estaban manchadas de sangre aún antes de entrar a Passione, entre otras cosas que hizo en sus primeros años; cosas de las que no está orgulloso.

Abbacchio se volvió un hombre serio y amargado pero en ese momento, ante Bruno se rinde y desborda más amor del que cualquier en el grupo pueda imaginar. Besos, caricias; esas que no le dio antes de separarse y antes de ir más allá se recuerda que tienen un par de "niños" sin supervisión corriendo por la casa.

– No se si estoy listo para una eternidad de vigilar a esos cuatro.

– No puede ser tan malo. Si te hace sentir mejor, ni Mista o Fugo son como nosotros. – Cosa que le extraña, había asumido que Giorno les había convertido, pero parece que no es así.

A pesar de la apariencia de Abbacchio, a Bruno se le parece el hombre más dulce que ha conocido en toda su vida. Entre los besos y sus caricias, por un momento se ha olvidado que ambos deben de vestirse e ir con el resto.

Sin tener la intención de serlo, se convirtió en una figura paterna para ese grupo de "huérfanos" que adoptó en ese cruel mundo de la mafia y Abbacchio se volvió su compañero.

– Aún son humanos y me alegra que así sea.

No descarta que en el futuro sean convertido, quien sabe que pasa por la cabeza de Giorno. Leone besa en lo labios a Bruno y le pellizca el trasero antes de apartarse, es demasiada tentación para sus ojos- vístete o no voy a responder por mis acciones

– Son humanos por ahora.

Sinceramente a él no le molestaría convertirlos, pero no tiene la autoridad para hacerlo. Si Giorno no lo ha hecho aun debe de tener sus motivos y siendo su Don, debe de respetar su decisión.

Se aparta de Leone dirigiéndole una sonrisa pícara, tomando su ropa para vestirse.

– Si mueren tendrán una segunda oportunidad como nosotros.

Leone toma un cambio de ropa simple: pantalón negro, botas y la playera de alguna de sus bandas favoritas. Se viste pero sus ojos están siempre atentos a Bruno, un par de veces tiene la intención de ponerlo boca abajo en la cama y follarselo mientras le azota su precioso y perfecto culo. Una pena que no puedan hacerlo en ese momento, aunque la noche apenas está empezando.

Sigue pensando en ello mientras se cepilla el cabello y busca alguno de sus labiales, ninguno morado pero se conforma con uno que más que rojo parece negro, le va a besar en la boca con este apenas termine de vestirse.

Bruno suele vestir con finos trajes, pero en esta ocasión se toma la molestia de robarle una de las playeras a Abbacchio. No es como si fueran a salir de la casa de seguridad en unas cuantas horas. La playera le queda grande, tampoco combina con su pantalón pero le resta importancia a eso, su único maquillaje es la mancha de labial que le ha dejado Leone en sus labios.

– Preferiría no recurrir a eso en un futuro cercano, al menos dejar que ellos crezcan.

– Es justo, aún tienen mucho por vivir. – Está a punto de comentarle sobre hablar con los hombres que estaban con Giorno, pero aquel tema queda en segundo plano al verle así. – ¡Deja de tentarme de esa forma!

Toca tomarle de la mano y llevarlo fuera de la habitación antes de que pierda el poco autocontrol que le queda.

– ¿Tentarte? No sé de que hablas, Leone.

Se hace el desentendido, arreglándose la camisa que le queda grande. Sale a lado de Abbacchio para reunirse con Narancia y Mista.

– Sabes de qué hablo pero si no te queda claro te lo explicaré más tarde


Narancia no habia esperado tener tanta fuerza. Enseguida va a lado de Mista para levantarle.

– Esto es nuevo… – Se soba el trasero mientras se levanta con ayuda de Narancia. – ¿Alguna otra habilidad de la que deba preocuparme?

– No lo sé. – Quiere también saber qué es lo que puede y no puede hacer ahora. Entiende que salir de día es algo fuera de opción, pero tampoco le molestaría intentar usar su Stand, a fin de cuenta es de largo alcance. – ¿Qué habilidades tiene Giorno?

– ¿Además de revivir a los muertos? No estoy seguro, su habilidad con Golden Experience no ha cambiado – sin contar, por supuesto, el Réquiem. – Aunque él no tiene colmillos, realmente no lleva demasiado tiempo así.

– ¿No tiene colmillos o Fugo se los tiró? - No le extrañaría eso, no sabe aún qué tan fiel es Fugo hacia Giorno.

– Narancia, Giorno es el Don, Fugo no va a golpearlo.

– Nosotros traicionamos al jefe anterior. Además, es Fugo. – Aunque tal vez sea sólo con él con quien se pone agresivo. Hmm, no lo había pensado así antes.

– Creo que Fugo disfruta solo de pegarte a ti, así debe de demostrar su amor.

¡Pffft! Fugo no es como Giorno contigo. – Porque no se le olvidará nunca esa vez que los encontró en un momento muy comprometedor.

Narancia le ayuda como puede a Mista, aunque no sabe como acomodar los cubiertos. En realidad esta

Luego del susto y el empujón de Narancia y en lo que Abbacchio y Bucciarati aparecen, Mista se ocupa de poner la mesa y preparar algo para él; Narancia le ayuda, aunque no sabe como acomodar los cubiertos. No sabe si debe cocinarle algo a sus amigos o bastará con las bolsas de sangre. Hay tanto que no sabe sobre vampiros, seguro Abbacchio es un experto en esas cosas góticas.

– Giorno y Fugo son muy diferentes, claro ambos deben ser los más listos del grupo… y son rubios, pero fuera de eso son diferentes. Narancia no vayas a hacerle una broma así a Fugo, te va a volver a tirar los dientes.

– No hay problema, me crecen de vuelta. – Cosa que descubrió unas horas después de haber regresado del cementerio. Y siendo sincero, el golpe no le dolió tanto como solía hacer.

– ¡Si tan solo hubiera sido así desde el inicio Bucciarati no habría tenido que llevarte al dentista tantas veces!

– Si... pero seguro Fugo se las habría arreglado de otra forma para pegarme.

Narancia no le da tanta importancia a la usual agresividad de Fugo; sabe que se lo merece, también sabe que no es muy listo y a pesar de eso él le había estado tratando de ayudar para poder regresar a la escuela.

Ahora tampoco está muy seguro si eso va a ser posible ya que la escuela es de día y él sólo puede salir de noche.

Narancia ignora por completo la existencia de los turnos vespertinos.

Guido Mista no ve fallas en la lógica de Narancia.

Mista se pregunta cual será el destino del grupo, cree que fuera de los horarios y el menú nada cambiará.

Cocina mientras tararea, de rato la cocina se llena de un agradable aroma a especias y carne. se ha hecho una frittata de jamón. Narancia no sabe cocinar, así que no es de gran ayuda para Mista. Se queda sentadito en una de las sillas; el aroma de la comida es exquisito, pero no se le antoja como antes lo hacía.

Mista solía cocinar para tres, supone que ahora será para dos. Y ya que la mesa esta puesta lo mejor posible, va al refrigerador por las bolsas de sangre. Tuvo que sobornar al personal del hospital para conseguir una buena dotación; las pone en la mesa sobre una charola con hielos, pone copas por si son necesarias, no deja de verse… mórbido.

''Esta es tu vida ahora, Mista'', piensa que por lo menos hablar de canibalismo será menos raro.

Mista es supersticioso, al igual que un creyente devoto; no le importa tomarse tiempo a mitad de una misión para alimentar a sus Sex Pistols y encima suele ser herido por sus propias balas.

Y ya no pueden devolverlo, es suyo para siempre.

El mejor pistolero en toda Italia y con una suerte muy cuestionable. Perfectamente en balance, como debe de ser. Tampoco es para ignorar que en ese momento hay un total de cuatro personas sentadas en el mismo lugar; por supuesto, mientras nadie se lo haga saber, no hay motivos para entrar en pánico.

Ni Mista ni Narancia son los sujetos más brillantes dentro de la organización, no de la forma en que la gente normalmente lo consideraría. Pero a pesar de sus excentricidades, saben cumplir con sus misiones, su lealtad también es algo que lo compensa enormemente.

– Así que de ahora en adelante así serán las cosas.

La voz de Abbacchio al llegar junto con Bruno saca a Mista de sus pensamientos.

– El huevo es para mi, no se lo vayan a comer.

– Paso, le pusiste demasiada pimienta, podía olerlo desde el pasillo.

Es imposible ignorar el olor a pimienta en el desayuno; sin embargo es el olor de la sangre lo que hace que las pupilas de Bruno Bucciarati se dilaten.

Abbacchio prefiere tomar una de las bolsas y llenar las tres copas. Algo como beber sangre humana y que debería ser grotesco termina por abrirle el apetito como jamás imaginó.

Es mórbido, pero esas son sus vidas ahora. Tendrán que sobornar a mucha gente para obtener las dotaciones necesarias.

Ni un rayito de luz natural entra a la casa, por fortuna viven en un siglo donde la luz eléctrica le quitaría lo siniestro a su mera y vampírica presencia.

Mista no les va a decir pero va a alternar sangre animal con sangre humana, según él no puede saber tan diferente.

Abbacchio le pasa su copa a Bruno y Narancia, si se la derrama jura que le va a servir a la próxima en un vaso entrenador como un niño chiquito.

Cuando los ve reunidos en la mesa, a Mista le entra el sentimiento otra vez, se talla los ojos limpiándose las lágrimas que se le escaparon.

Bruno levanta su copa. De no ser por lo espesa y el olor, podría jurar que se trata de vino. Al ver a Mista limpiándose las lágrimas, le pasa un pañuelo de tela de la mesa. Es surreal pensar que hasta hace poco ellos estaban muertos.

– ¡No estoy llorando! Es que también le puse mucha cebolla. – Comenta a la defensiva cuando Bucciarati le da el pañuelo.

– Si, sin duda se trata de eso.

Luego de ser despedido, Leone se volvió un alcohólico, ¿Cuántas veces cuidó Bruno de él cuando recaía? Por fortuna ninguno de los chicos le vieron en sus peores momentos.

A la sangre le da el mismo tratamiento que a un buen vino: la observa, la huele y la degusta con cuidado; a diferencia de anoche, puede controlarse. Al beber la sangre piensa en ello, sabe que se harán adictos a esta, la beberán por placer más que por necesidad.

Se van a volver criaturas muy peligrosas.

Narancia sostiene la copa con cuidado; en realidad él había preferido mordisquear la bolsa, pero habría hecho un maldito desastre como el que hizo anoche con el pobre vigilante del cementerio.

Bucciarati no inspecciona tanto la copa como lo hace Abbacchio, con sólo olerla le es suficiente antes de dar un sorbo a esta. Su sabor es distinto al de la sangre fresca de la noche anterior; no es desagradable, pero prefiere la sangre cálida y no refrigerada.

Ese pensamiento es perturbador. No quiere tener que disfrutar ese sabor, pero al igual que Leone, sospecha que esa no va a ser una opción. Tampoco es un pensamiento que esté dispuesto a compartir con Mista.

A los diez minutos las pláticas raras de sobremesa de Mista empiezan, ¿Cómo les gustaría su ataúd?, les pregunta, he visto que los vampiros duermen en ataúdes.

Podría hablar de la situación de Passione, informales de los padres de Giorno pero no, el quiere saber qué tipos de ataúdes debe comprarles.

Abbacchio fantasea con poner una piedra sobre el de Giorno para que no pueda salir.

Hay aún muchas preguntas al aire, todas relacionadas al estado actual de las cosas. Pero quizás sea mejor preguntarlas cuando Giorno esté ahí.

– Me basta con dormir en la cama––

– Querrás decir compartir la cama con Abbacchio.

– Somos dos adultos plenamente conscientes de sus actos, – responde Leone con un bufido. – Bucciarati y yo llevamos mucho tiempo juntos, no pueden pretender sorprenderse hasta ahora. – Aunque nunca lo hicieron oficial ante ellos. – Y no, Mista, no queremos ataúdes. Asumo que mientras la luz no entre a la habitación no corremos ningún peligro; además, ya bastante raro es que estemos de vuelta y nuestra nueva forma de vida. La organización soportó las excentricidades del antiguo jefe pero no significa que soporten las nuestras.

No es que Mista no le haya escuchado; todo lo contrario, tanto así que una idea se le ocurre.

– Abbacchio, ustedes dos deberían se casarse, sería una forma de celebrar que volvieron ¿Qué opinas, Narancia? Haríamos una ceremonia y todo y Giorno les daría su bendición.

Leone casi se atraganta con la sangre, incluso se le ha derramado un poco de esta en su playera.

– Mientras menos sepan sobre nuestro regreso es lo mejor. – Oh, la reacción de Leone no tiene precio. Bruno muy discretamente esconde la sonrisa dando un sorbo a su copa. – Pero una ceremonia privada no suena como una mala idea.

Mirando hacia el pasado, Leone no recuerda exactamente cuando se volvió una relación sería y ahora Mista sugería que él y Bruno se ''casaran'' y a este encima le agradaba la idea y no es que a él no.

– Primero tienes que pedírmelo, Bruno. No recuerdo que lo hayas hecho o que me hayas dado un anillo de compromiso.

– ¿Y para cuando tú y Giorno? Ustedes dos son muy unidos si no mal recuerdo.

– ¡Narancia! – La sola mención es suficiente para que se ponga tan rojo como un tomate. – Giorno es el Don. No puedo pedirle algo así de repente, además somos muy jóvenes y… y… ¡Ni siquiera hemos llegado tan lejos!

– ¡Pero si vi a Giorno dándote una mamada hace tiempo! – Se llevó el secreto a la tumba y de ahí no pasó. Estaba seguro de lo que había visto. Pero bien los ángulos son engañosos y ya no quiso ver mas. – Si eso no es llegar lejos entonces no sé que sea.

Se puede oír a Cinque preguntándole a Mista que es una mamada y Mista grita; quiere que de lo trague la tierra.

– ¡Eso no es cierto! ¡Giorno nunca me ha dado una mamada! ¡Yo no olvidaría algo así! ¡¿De dónde sacas esas cosas?!

– ¡No mientas, Mista! – Le dedica una sonrisa socarrona, él sabe lo que vió. – Yo los vi en Venecia.

– ¡No se que viste pero eso jamás pasó! – Aunque no le hubiera molestado. – En ese entonces Giorno y yo éramos sólo amigos.

– ¿Entonces ahora tu y Giorno son más que amigos?

– Es complicado… no tenemos nada oficial, ¡Es el Don de Passione no podemos andar ahí jugando a los novios así como así! ¡Y deja de mirarme así, tampoco hemos llegado tan lejos! – Ahora se siente frustrado. – ¿Y qué hay de tí y de Fugo?

– ¡¿Que?! – Ahora es Narancia quien casi tira su copa. – ¡No! Fugo y yo no tenemos nada de eso.

– ¿Ah no? ¡Si todos en Nápoles pensaban que eran novios!

– ¿Qué ustedes dos no eran novios? Hasta pensábamos tener una plática con Fugo sobre el consentimiento. – Muy quitado de la pena, Leone rellena su copa. No esperaba aquella gran revelación por parte de Narancia. – Sabía que Giorno era un crío muy precoz.

Bucciarati se bebe en silencio el contenido de su copa hasta acabársela, después le quita la bolsa a Abbacchio para acabarse lo que queda en esta.

Hasta donde sabe Fugo tiene un interés mayor en Narancia, pero no dirá nada de nada. Prefiere mantenerse al margen de aquella escandalosa conversación.

– El anillo es fácil de conseguir. La locación, siendo un evento privado puede ser aquí mismo.

– Quiero un anillo de oro negro, Bucciarati y que me lo pidas de forma adecuada y solo así me lo pensaré.

Se hace el difícil solamente, él le diría que si a todo.

– Pensaré en como pedírtelo de la forma adecuada, Abbacchio.

– Esperaré hasta ese momento, pero no tardes demasiado. Podrían surgir otros pretendientes. – Responde con una sonrisa discreta mientras el otro par ya esta siendo muy escandaloso… como siempre.

– ¿Crees que algún otro prospecto vaya a cuidar de – hace un ademán on la cabeza hacia el ruidoso par de adolescentes – ellos?

– Pensé que eran tuyos, no míos. Ya estaban aquí cuando llegué.

Bruno no puede hacer más que reírse, mientras que el otro par sigue con su escandalosa conversación; como lo hacían hacía un año atrás, como si los horrores de esa semana nunca hubiesen pasado y la vida continuase.