—Todos ellos son unos idiotas. Se nota que les da igual quiénes viven o mueren aquí.

Kelly, la chica de anteojos rosas sentía un sabor amargo en su boca. Prueba de que ambas hermanas estaban enojadas era el MonoDroid, pues éste dió múltiples anuncios de cómo muchas de las relaciones habían bajado a cero.

A ese punto ya no les importaba si le caían bien o mal a alguien.

—Me pregunto quién habrá sido el cerdo que se atrevió a preparar esa comida... y todavía se atreven a hacer sus reuniones en la cafetería.

Nelly refunfuñaba. Comenzó a dolerle la cabeza. Kimiko notó que ambas gemelas tenían ojeras muy remarcadas.

—Al menos tú no eres como ellos, Kimiko.

—En realidad... estaba por comer, pero las ví a ustedes irse y su reacción y... las imágenes del cuerpo de Eliza vinieron a mi mente.

—Te sentirás mejor al no comer, te lo aseguramos Kimiko. ¿Por qué no te unes a nosotras? Mi hermana y yo hemos empezado una alimentación exclusiva de jugos, frutas y verduras. No volveremos a comer carne.

—Gracias, chicas... ustedes son tan amables... se nota cómo no cambian ni siquiera en mis sueños.

—¿Sueños...? ¿Qué sueños?

La joven castaña de anteojos amarillos preguntó. Le inundaba la cabeza de curiosidad por saber. Nishimura les explicó de sus constantes jaquecas y sueños donde veía a todos en un instituto, compartiendo momentos felices.

Se notaba que una de las hermanas quería decir algo pero se abstuvo.

Kimiko pasó un buen rato platicando con ambas señoritas. Le explicaron un poco de la historia del cine, de los mitos de películas perdidas y cintas que sólo estaban en las memorias de los más viejos.

Nelly por otra parte explicaba que la escritura era natural para los humanos, pues desde tiempos de los ancestros, ellos comunicaban mediante garabatos o señales gravadas indicaciones o pensamientos.

—¿Sabes, Kimiko? Estaba pensando en hacerte la protagonista de mi próxima película. No necesitaré una actriz... ¡Porque serás tú misma!

—¡Oh! Sería un placer participar en tus obras, Nelly.

—¡Claro, Kimiko!

La Cineasta Definitiva estaba segura que harían un excelente equipo.

Kimiko sentía que había crecido con las gemelas. Ellas tenían muchas cosas para compartir. Regresó contenta a su habitación. La plática con las hermanas la hizo sonreír, no la comida siendo un caso curioso.

Cuando iba de camino vió algo peculiar en la enfermería: Estaban José y Asajú junto con Sergei.

—¿Qué les pasó?

Kimiko preguntó parada desde la puerta. Si ella entraba unas cuchillas saldrían del suelo y la matarían.

—Tuvieron una peculiar hinchazón en la lengua. Creo que la comida estaba muy caliente.

José y Asajú tenían las lenguas de fuera. Estaban hinchadas y rojas.

—¿Qué tienen en sus manos?

Kimiko pidió que Romanov revisara las palmas del mexicano y el africano. Habían pequeñas burbujas.

—Es un... sarpullido...

Algo había de extraño en las condiciones de sus compañeros. Aún así no iba a tomarle importancia pues éstos se comportaron muy groseros con ella y con las gemelas.

—Espero que se recuperen. Y Sergei, no me vuelvas a invitar un carajo si tus intenciones eran esas.

La Forense se despidió con una peculiar sonrisa. Sergei la ignoró y atendió a sus compañeros pues ellos eran su prioridad.

—A ver, hombre. José, hazme caso. Quiero que los dos tomen ésta loción y la hunten en sus manos. Aquí hay unas cremas para que se las pongan cuando sientan comezón.

—¿Y... la... lengua?

Asajú no podía hablar bien.

—Es posible que las flores tuvieran algo... que yo recuerde eran decoración, pero ustedes se comieron la mayoría... les daré unos medicamentos.

Sergei caminó a la vitrina de fármacos y sacó unos antibióticos.

—A menudo la lengua inflamada puede ser por comer cosas calientes, reacciones alérgicas o herpes... pero me voy más a lo segundo. Tomen ésto.

El paramédico concedió un par de cajas con pastillas para chupar sabor miel y limón.

—¿Tienen otros problemas aparte de la hinchazón? ¿Les duele tragar, les duele algo más? ¿Tienen problemas para respirar?

Ninguno de ellos quería hablar. Le dieron las gracias asintiendo y salieron de la enfermería.

Sergei no se quedó con la duda y fue con Darko a preguntarle si las flores eran comestibles, o si bien formaban parte de la decoración y debían dejarse aparte.

Lo vió platicando con Jerzain en las cocinas. Se acercó irrumpiendo en la conversación.

—Asajú y José se sienten mal. Deduzco que tuvo algo que ver con tu comida. ¿Qué flores trajiste, Darko? Porque la carne no creo que haya sido la causante.

El paramédico estaba preocupado, ya que no sabía si más compañeros estaban enfermos o desarrollaron algo a raíz de ello.

—No, amiguito. Le traje cinco pares de flores totalmente comestibles a Jerzain para que él las decorara... v veo que hizo un excelente trabajo.

—¿Cinco pares? Amigo... si hubiera sido así, no hubieran alcanzado flores para los doce compañeros. Hasta sobraron platos.

Jerzain contradijo.

—¿Eh? Imposible. Me aseguré de que fueran cinco pares ya que le pregunté a Nelly si ella y su hermana Iban a querer comer con nosotros, y me contestó en un "Ya veremos"...

—¿Qué?

Jerzain estaba dudoso por lo que le había contestado Kalinić.

—¿Entonces trajiste cinco pares porque...?

—Porque yo no acepto "Ya veremos" como respuesta. Excluí a las gemelas y por eso traje para todos menos para ellas.

—Darko... ¿Entonces de dónde salió el sexto par?

—¡Chicos!

Sergei interrumpió.

—¿Me están diciendo que no tienen puta idea de lo que nos dieron de comer?

—¡No, Sergei! Verás... es que al parecer un par de flores apareció entre la comida... ¡Pero Darko! Tú fuiste quien decoró la comida... ¿Por qué dices que no sabías nada? Los dos vimos los seis pares de flores.

Darko se apartó. No quería tener a su compañero tan de cerca.

—¡Pensé que tú trajiste ese par extra! Por eso no te contesté nada...

—¿Qué flores trajiste, Darko?

Sergei quería saber el nombre de cada una de ellas.

—Monoduck me dijo que las comestibles eran Begonia, Claveles, Pétalos de Rosa, Borraja y... Centáurea. Esas fueron los cinco pares de flores que yo traje.

Darko fue muy preciso en señalar en los platos que fueron dejados en la mesa del comedor las flores y sus nombres. Pero hubo algo peculiar.

—Yo no traje esa flor...

Darko señaló a dos platos con flores rosadas.

—¿No...?

—No...

El Sicario Definitivo le contestó a Sergei mientras él agarraba con sus dedos los pétalos.

—No, definitivamente no traje ésta flor. ¿Crees que sea bueno ir a investigar qué tipo de flor es?

—Me parece lo más razonable.

Romanov contestó seco. El trío se encaminó al invernadero. En el sitio el joven calvo les explicó a sus compañeros el lugar exacto donde sacó las flores.

Darko aún con el pétalo en la mano fue a una esquina, una esquina muy peculiar que Sergei había recordado con su búsqueda anterior con José.

—Flor de Adelfa...

Sergei dijo el nombre de la flor al mismo tiempo que Darko leía su nombre en la placa de metal de la maceta.

—Sí... ¿Qué hay con ella?

Darko parecía iluso ante lo que acababan de describir.

—Hijos de perra... hijos de...

Jerzain sintió cómo su mundo se volvía negro. Se mareó por unos instantes. Quería que fuera una mentira, pero no era otra cosa más que la realidad.

—Han intoxicado a José y Asajú...

Fue lo que salió de sus labios.

En cuanto dijo eso el grupo bajó lo más rápido que pudo y empezó a tocar en las habitaciones de ambos hombres. Debido a los golpes y los gritos de ellos algunos estudiantes se acercaron.

—¡ABRE JOSÉ! ¡HE DICHO QUE ABRAS LA PUTA PUERTA!

Jerzain golpeaba con todas sus fuerzas la puerta de madera. Lo mismo hacía Darko en la habitación del joven Guerrero Definitivo.

—¿Por qué tanto escándalo?

Las gemelas bajaban del segundo piso.

—¡Han intoxicado a José y Asajú! ¡Alguien intentó matarlos!

Sergei les respondió a las chicas que finalmente comprendieron el por qué se sentían tan extrañas.

—Oh por Dios... ¡Vamos a avisar a los demás!

Nelly tomó de las manos a su hermana y fueron a buscar a los demás estudiantes.

—¿Qué tan rápido actúa el veneno de la Adelfa, Jerzain?

Sergei le preguntó al Criminal Definitivo, pues éste parecía conocer a la planta.

—¡Depende de las dosis! Ellos se comieron las putas flores... estaban en la carne... y...

Jerzain quería asegurarse de algo más que vió en la cafetería, específicamente en los vasos donde bebieron el Guardabosques y el Guerrero. Cuando los tomó con sus manos y vió el interior...

Los vasos con agua tenían flores dentro, solamente eran esos dos vasos ya que los demás no tenían presencia alguna de la flor.

—¡Les pusieron ésta mierda hasta en el agua! ¡MONODUCK!

Jerzain le ordenó al director que abriera la puerta de ambos hombres. Éste lo hizo y fue ahí que vieron una escena grotesca.

En la habitación de Asajú había manchas de vómito en el suelo, un camino de algo parecido a excremento que conducía al baño y la cama repleta de sangre.

Cuando Sergei, Darko y Jerzain empujaron la puerta entreabierta del baño...

Ahí estaba el Guerrero Definitivo.

Se estaba convulsionando en el suelo, entre la porquería y sus desechos. Se daba múltiples golpes en el pecho y agarraba su cuello como si su vida dependiera de eso.

Tras unos segundos que parecían una eternidad, él dejó de luchar.

Asajú Sakariyau había muerto.


"¡DING DONG DONG DING!

¡Un cuerpo ha sido encontrado! Después de cierto periodo de tiempo el Juicio Escolar comenzará! "


Monoduck confirmó lo que sus ojos veían a través de ése mensaje.

—¡JODER!

Jerzain quería golpear algo pero sabía que estaban en una escena del crimen.

Sergei ni siquiera tuvo tiempo de procesarlo cuando fue a buscar a Kimiko.

Darko y Jerzain fueron a la habitación de José. Cuando la puerta abrió gracias a Monoduck...

El mexicano estaba tirado en el suelo, acariciando su estómago. Se notaba que sudaba y además había sarpullido en varias zonas de su cuerpo.

—Creo que no me siento bien...

El hombre moreno se quejaba de un terrible dolor.

El Sicario y el Criminal ingresaron con tal de ayudar al joven.

—¡José! Hombre... ¿Tiene salvación, Jerzain?

Darko no sabía de la potencia de ese veneno, por lo cual era ignorante.

—No... no la hay... las cantidades que ingirió son mortales... mierda...

Jerzain ayudó al Guardabosques a acostarse en su cama.

—José... quiero que te mantengas tranquilo. ¿De acuerdo?

—¿Qué pasa, Jerzain? ¿Por qué hay otro Anuncio de Descubrimiento de Cuerpo?

Él preguntó haciendo distintas muecas.

—Asajú ha muerto, amigo... Han matado a Asajú...

—¡Qué mal! Pobre hombre... ojalá pudiera ayudarlos pero... estoy... ah...

—Para ya, José... quiero que me escuches. No te queda mucho tiempo... ¡Ayúdanos a resolver tu asesinato!

—¿Muerto, yo? Pero... si estoy hablando...

López no creía lo que escuchaba. Le parecía una fantasía.

—Alguien envenenó la comida que tú y Asajú tomaron de las gemelas... las dosis que comiste de las flores, la carne y el agua son demasiadas... no te queda mucho tiempo, mi amigo... ayúdanos...

Jerzain le imploraba mientras acariciaba sus grandes manos.

—Oh, con que así termina... moriré...

Necesitaba tiempo para procesarlo. Era una avalancha de emociones, pues no era como que muriera todos los días.

—¿Crees en Dios, José?

Darko fue inesperado con esa pregunta.

—Sí, Darko... creo en Dios... ¿Por qué me hicieron ésto...? Yo no le hice nada a nadie...

José lloraba de coraje. Alguien lo había apuñalado por la espalda sin hacer nada.

—Bien, José... ahora mismo necesitamos de tu colaboración. Antes de que mueras... y vayas con Dios... necesitamos que te defiendas del hijo de puta que te hizo ésto.

Kalinić iba en serio con su comentario. Quería darle fortaleza a su compañero a pesar de que no se llevaba bien con él.

—Sí... iré con Dios... iré con él... debo ayudarlos desde la tumba. ¿Qué es lo que quieren saber?

Jerzain hizo preguntas importantes, como la velocidad con la que comió, el tiempo que tardó en sentirse mal, si había comido de otro plato o solamente el que tomó de las gemelas, si el agua que bebió tenía un sabor raro o si había pétalos de rosa.

Las respuestas iban siendo anotadas por Darko quien se mantenía concentrado en escuchar bien y no estropear la confesión.

—Hemos descubierto que... te intoxicaste con Adelfa...

—ME intoxicaron... yo sabía que era esa flor, pero quise confiar en ustedes... en tu comida, Darko... y me comí todo. Pensaba que el ardor era porque la comida estaba caliente... pero no...

—Lamento mucho que ésto de haya ocurrido, José... ¿Jerzain? ¿Puedes dejarnos por un momento?

Levi accedió.

Por obviedad dejó la puerta abierta, pues esa iba a ser una futura escena del crimen.

Darko buscaba las palabras necesarias para hablar con José.

—Te pido disculpas... por mi culpa tú...

—Voy a morir, eso es lo que pasará. Ahora jamás podré saber qué fue de mi pasado... o qué pasó con mi familia...

—Estoy apenado por eso... no quería que ésto fuera así. De verdad que... perdóname, José... perdóname.

—¿Sabes? Me siento bien... siento bien que haya sido yo el que comió eso y no las gemelas, o alguno de ustedes...

—¡Pero no había motivo para eso! No tenías por qué ser tú... vamos a encontrar al bastardo, o a la maldita que te hizo ésto...

—Confío en que así será... ¿Cuánto tiempo me quedará? Veo que eso mató a Asajú muy rápido... sólo han transcurrido cuatro horas desde que comimos...

Kalinić estaba tan mal consigo mismo que abrazó al Guardabosques.

Desde hace mucho tiempo prometió cambiar para bien, y ser amigo de los supervivientes para ayudarlos a salir de esa pesadilla.

—Me está costando aceptar ésto, Darko... que moriré... aunque algo es seguro: No moriré en vano. Por cierto... no sabía que empezaste a creer... creía que eras ateo.

A José le parecía curiosa la actitud tan radical de Kalinić.

—Yo... no sé qué creer... nunca supe en qué creer... pero no quiero amargarte. Si crees... si crees que hay dios, y que algo te espera te deseo lo mejor... perdóname José...

—¡No te lamentes, Darko! Yo ya no tengo tiempo para enojarme contigo... o con quien me haya matado... joder... el dolor no acaba... he vomitado bastante y he tenido algo de diarrea...

Darko se sentía miserable. Nunca había sentido empatía por alguien que estaba agonizando frente a él.

—Si pudiera haría que fallecieras con honor... porque ésto es bajo. Ésto.. No hay dignidad en ésto...

Se reservaba el derecho de llorar. No lloraría por José evidentemente, sino por lo inútil que se sentía. Por su culpa dos compañeros serían los siguientes.

Ya quería ver cómo lo culpaban porque él fue quien tuvo la magnífica idea de hacer una comida.

—Darko, tengo sed... ¿Puedes traerme algo de agua por favor?

—¡Claro!

Kalinić no quería irse, pero sabía que debía salir de la habitación en algún momento ya sea para ir al juicio... o para darle espacio a Kimiko.

—Que Dios te bendiga, José...

Darko se despidió desde la puerta.

—¡Pediré por ustedes cuando esté en el cielo! Ahí los esperaré...

José López lucía tan feliz. Esa sonrisa no desaparecía.

Darko no tardó mucho en llegar a la cocina, fue ahí que encontró a Jean Paul.

—Escuché lo de Asajú...

El joven de anteojos se sentía culpable por eso. Había tristeza en su rostro.

—Sí...

—Seguro la Adelfa tuvo algo que ver. Encontraremos al maldito que hizo ésto.

El Historiador Definitivo tomó una lata de refresco y se retiró. Kalinić creía que su actitud era rara. Tomó un vaso de cristal, sirvió agua de un garrafón y regresó a la habitación de José.

Cuando estaba en la puerta...

José estaba durmiendo.

Darko reconoció ese rostro tan tranquilo.

Tiró el vaso de cristal, provocando que el sonido atrajera la atención de Kelly y Juana quienes estaban cerca.

Cuando ellas llegaron al lugar vieron a Darko hincado, estaba llorando en el borde de la cama de José, el Guardabosques Definitivo. Repetía lo mucho que lo sentía, hasta se disculpó de su primer encuentro en el gimnasio.

"¡DING DONG DONG DING.

¡Un cuerpo ha sido encontrado! Después de cierto periodo de tiempo el Juicio Escolar comenzará!".