T- Taciturno
Siempre se había considerado una persona taciturna, pues pensaba que cuanto menos supiera la gente de él, menos tendría que perder. Esa forma de pensar y de actuar hizo que estuviera a punto de perder a la mujer de su vida, primero declarándose de manera altanera y orgullosa en los terrenos de su tía, y después, cuando no fue a hablar con ella cuando acompañó a su amigo Bingley a pedir la mano de la señorita Jane Bennet.
Pero el destino era caprichoso y, a pesar de todo, Elizabeth le correspondió cuando volvió a declararse, esta vez de manera mucho más empática y con el corazón en la mano, tras una visita tempestuosa de Lady Catherine.
Elizabeth había sacado lo mejor de él, eso era evidente para todos los que lo conocían, pues era mucho más sociable, sonreía sin parar, no le importaba frecuentar reuniones sociales siempre que fuera en compañía de su bella e ingeniosa mujer. Pero también había provocado que fuera mucho menos cuidadoso con su forma de hablar, o sobre la cantidad de palabras que decía con determinadas personas.
Él, que se vanagloriaba de ser cauto y decir las palabras precisas cuando correspondía para responder el tema que se estuviera abordando sin necesidad de entrar en detalles que llevaran la conversación a temas que era preferible no tocar. Él, que imponía respeto y provocaba el silencio en las mejores fiestas al ingresar con su semblante serio. Él había cometido la terrible equivocación de expresar ante su suegra lo maravillosos que eran los bailes en Pemberley y que hacía mucho que no se celebraba uno.
La mujer, entendiendo aquel comentario como una invitación para celebrar uno como festejo del reciente embarazo de Elizabeth, el primero del matrimonio Darcy, comenzó a planificarlo todo en alto, parloteando sin cesar y sin consultar nada a nadie, sacándolo por completo de sus casillas.
Con los nervios a flor de piel, Fitzwilliam tomó el brazo de su esposa con suavidad y la condujo fuera del salón, queriendo hablar con ella a solas. Lizzy, sabedora de la crispación de su esposo, no dudó en acompañarlo.
-¿Puedes aplacar a tu madre, por favor?
-¿Yo? ¿Por qué debo hacerlo yo cuando ha sido culpa tuya?- Le comentó divertida- ¿Cómo se te ha ocurrido hacer ese comentario delante de ella?
-¡No lo he pensado! ¡Estoy tan emocionado por tu embarazo que no pienso lo que digo!- Comentó algo molesto, para después tomar aire y calmarse- No quiero celebrar ningún baile aquí ahora, preparar uno de la magnitud que implica que sea aquí no me parece apropiado en tu estado, son demasiados quebraderos de cabeza, y si además tu madre va a implicarse, me temo lo peor.
-¿Qué le ocurre a mi estado? ¿Es que el embarazo me impide pensar o dirigir la casa?- Preguntó fingiendo sentirse ofendida, pero en realidad, adoraba que él se preocupara tanto por ella.
-No he querido decir eso- Le respondió asustado, pensando que la había hecho enfadar- No te alteres, por favor.
-¡Aquí estáis!- Exclamó la señora Bennet, que salía en busca de su hija emocionada- ¡Lizzy, tenemos muchas cosas que planificar, y tú estás aquí, departiendo con tu marido, sin tener en cuenta mis pobres nervios! ¿Qué hablabais aquí que fuera más importante que un baile de celebración?
-Precisamente hablábamos del baile- Respondió Lizzy, mirando a su madre mientras se agarraba a su esposo del brazo- No creo que sea el momento idóneo para que se lleve a cabo.
-¿Cómo qué no? ¿Por qué motivo?
-Estamos a pocas semanas de Navidad, seguramente nevará en breve, haciendo muy dificultoso el acceso a la casa, además del frío que hará para unos vestidos de fiesta- Empezó a explicar, pero vio que su madre no pretendía dejarse engatusar por tales argumentos, así que jugó su única baza segura- Además, no me siento demasiado bien, las náuseas matutinas me dejan agotada y bastante débil, y me duermo a cada instante- Le dijo, notando como su marido la abrazaba con fuerza en señal de agradecimiento- Es preferible aplazar el baile hasta que yo me encuentre mejor y el tiempo sea más conveniente.
-¿Entonces no tendremos un baile?- Preguntó terriblemente consternada- ¿Tan mal te encuentras? Si quieres puedo prepararte un brebaje milagroso que me tomaba yo cuando estaba embarazada, seguro que así estarías repuesta.
-Agradecemos su interés, señora Bennet, pero el doctor ha dicho que es preferible que pase las náuseas sin tomar ningún tónico- Le aseguró su yerno- Ya habrá momento para celebraciones.
-Si, supongo que si- Dijo decepcionada- Aunque es cierto que el invierno no es el mejor momento, mejor esperar tres o cuatro meses.
-Claro mamá, ya hablaremos de ello cuando haga mejor tiempo- Le comentó, pensando que hablaría con su padre para que buscara un pretexto para mantenerla ocupada hasta que diera a luz y olvidara los bailes en Pemberley.
-Seguro que para primavera podemos arreglarlo- Comentó Darcy sin pensar, notando al instante como su mujer le daba un fuerte codazo en las costillas, haciendo que se le cortara la respiración durante unos segundos.
-¡En primavera! ¡Qué gran idea, señor Darcy!
Y con esa idea se marchó la mujer emocionada, pensando de decoraciones para esa fecha, en colores para los vestidos y cintas, y todo cuanto pudiera precisar un baile al nivel de Pemberley.
-¡No vuelvas a pedirme que te salve de mi madre si después vas a permitir que se salga con la suya!- Le comentó enfadada- ¿Cómo se te ocurre proponerle primavera?- Darcy se quedó boquiabierto al percatarse de que su mujer tenía razón- ¡Me parece que es a ti a quien el embarazo le impide pensar con claridad!- Y se marchó de allí, dejándolo con mal humor.
Definitivamente, todo era mucho más fácil cuando era un hombre taciturno.
Aquí tenéis una nueva viñeta, espero que os haya gustado.
No sé si os habríais imaginado así a Darcy alguna vez, pero yo creo que una vez casados, siendo él más abierto y sociable, este tipo de situaciones le pasarían en más de una ocasión, sobretodo al principio. ¿Qué pensáis?
Espero vuestras opiniones.
Nos leemos pronto
