Voz

"Estamos aquí con el más reciente fichaje de los Adlers, integrante del campamento nacional juvenil en múltiples ocasiones: Ushijima Wakatoshi. Dinos, ¿cómo te sientes al respecto?"

"Bien"

"Queremos saber más de ti, ¿tu familia viene a verte jugar?"

"No"

"Oh...¿hay algún motivo para ello?"

"No creo que sea relevante"

"Gr-gracias por responder, iremos con el próximo jugador"

Shirabu cerró el computador después de eso, dejándolo sobre la mesa antes de recostarse sobre el sillón. No importaba cuántas entrevistas viera ninguna daba más información de la que ya sabía, ni siquiera Tendou, el mismo Tendou que consideraba nivel diamante en su habilidad de vieja chismosa, tenía idea de cómo era su familia más allá del divorcio de sus padres años atrás.

¿Serían igual a él? ¿Tendrían ese aspecto serio, pero el corazón tan amable como el que gozaba su senpai? ¿Su color de ojos? ¿El tono de su cabello? ¿La forma de sus cejas?

Suspiró, tenía demasiadas dudas y ninguna que haya podido responder, aún cuando ya había pasado una semana desde que acordaron el viaje. Rodó exasperado en el sillón hasta que se calmó y tomó la revista de los Schweiden adlers que había estado hojeando antes de ponerse a ver la entrevista.

Su mano recorrió el contorno de la portada, una tenue sonrisa atrapando sus labios hasta que el sonido de un mensaje lo sobresaltó, cayendo la revista sobre su rostro. Acercó su celular con un gruñido, frunciendo el ceño al ver que nada más ahora Taichi le respondía al mensaje que le había mandado ayer.

[No te preocupes, de seguro les agradarás]

Entrecerró los ojos con sospecha, Kawanishi no era de los que respondía así, ¿tal vez se trataba de un tema más serio del que había pensado?. Divagaba en eso hasta que se dio cuenta que el mensaje seguía mucho más abajo.

[P.D: No te olvides de escribir en tu testamento que me dejarás tus zapatillas. Látom]

Por supuesto, seguía siendo el mismo Taichi de siempre.

Volvió a dejar el celular a un lado con gesto hastiado, por supuesto no sin antes enviarle una amable foto de su dedo del medio levantado como recordatorio de su amistad.

Tras un rato sin hacer nada, optó por levantarse del sillón, guardando la revista en su bolso para que Ushijima no la viera y después se dirigió a la cocina a preparar un batido mientras esperaba a que el mayor llegara de su trote matutino. Habían acordado que luego de eso ambos se alistarían para ir a tomar el tren que los llevaría a Miyagi.

A Miyagi...

Donde la familia de Ushijima los esperaba...

Tragó duro tratando de volver a centrar su atención en la fruta siendo triturada y no en él siendo triturado psicológicamente en unas horas más.

No debía pensar demasiado, una cosa a la vez, solo terminar el batido, el batido, el batido, el batido...

—Shirabu, ¿estás bien?

Dio un salto en su lugar, sorprendiéndose de ver a Ushijima en la puerta más pronto de lo que esperaba. El mayor solo ladeando la cabeza confundido por su reacción.

—B-bienvenido, no lo escuché entrar...— Pudo decir tras reponerse de la sorpresa.

—¿No? Dije: "Ya estoy en casa"— Mencionó extrañado, dando un paso más cerca de donde estaba— ¿Te pasa algo?

—Nada importante— Dijo desviando su mirada de vuelta a la licuadora.

—Si es algo que te molesta, entonces si es importante.

Shirabu suspiró, lo conocía su suficiente para saber que no estaba dispuesto a irse de ahí hasta obtener una respuesta.

—Supongo...que empatizo demasiado con la fruta en la licuadora— Respondió a sabiendas de lo estúpido que sonaba, no atreviéndose aún a contarle la verdadera razón detrás de sus preocupaciones.

Ushijima lo observó con porte serio y un gesto de cuidadosa reflexión.

—Shirabu— Lo llamó, obteniendo la atención de quien ya comenzaba a servir el batido en dos vasos— No eres una fruta.

—Si, creo que biológicamente no lo soy— Respondió con una media sonrisa ofreciéndole uno de los vasos.

—Y, aún si lo fueras, no dejaría que ninguna licuadora te hiciera daño.

El armador sintió su corazón apretarse ante sus palabras, preguntándose cómo algo que sonaba tan ilógico le podía sonar tan romántico. Definitivamente esto del amor correspondido estaba alterando su percepción de la realidad.

—¿Gracias?— Dijo sin saber muy bien qué decir, una tenue sonrisa en sus labios antes de tomar de su vaso, a la vez que Ushijima hacía lo mismo.

Una vez acabaron con su batido, Ushijima se ofreció a lavar las cosas, pero Shirabu se lo impidió diciendo que debía arreglarse pronto para que no pierdan el tren. Terminó por dirigirse al baño no muy convencido mientras el menor se disponía a limpiar la licuadora.

—Se me olvidaba— Volteó extrañado al ver que Ushijima había regresado, sin embargo, cuando planeaba preguntarle al respecto fue que las palabras quedaron retenidas en su boca al ser ésta repentinamente atrapada por los labios contrarios.

Su espalda chocó con el lavaplatos detrás, sus manos mojadas impidiendo que pudiera sujetarse más que del borde del inmueble mientras el mayor se hacía cargo de dirigir el beso. Cuando se separaron solo pudo ver confundido a Ushijima, aún incapaz de hilar alguna oración decente.

—Leí en internet que un beso diario ayuda a fortalecer las relaciones de pareja— Dio por toda explicación, viéndolo como pidiendo su aprobación al respecto.

—B-bien— Dijo haciendo una nota mental de empezar a acostumbrarse a cosas como esa.

—Bien— Asintió satisfecho el contrario, apartándose para salir de la cocina.

Shirabu se dispuso a terminar de limpiar la licuadora, su corazón aún latiéndole como loco por la repentina acción. Vio de reojo a la puerta, pensando por unos momentos si llegaría a ver algún día a Ushijima actuando así de nervioso por su causa.

Suponía que tal vez eran metas demasiado altas, por lo que, por el momento, se conformaría con solo pensar en el hecho de que Ushijima estuvo buscando información sobre lo que hacían las parejas por el bien de su reciente relación.

Quizás Taichi tuviera razón con su mensaje y no tenía razón para preocuparse.

Fueron dos horas de viaje, las cuales Shirabu pasó terminando de leer unos apuntes que había traído mientras observaba con tinte divertido a Ushijima sumamente concentrado en la película para niños que transmitieron.

—Era una película de gran trasfondo— Meditó con tono reflexivo una vez se bajaron, como si no hubiera estado viendo una de las películas de Barbie minutos atrás.

—Hay más películas de ésas— Comentó, deleitándose del brillo sorprendido en sus ojos oliva— Podríamos verlas al volver a Tokio.

—De acuerdo— Aceptó hasta cierto punto emocionado por ello.

—¿Su casa está muy lejos?— Preguntó Shirabu mientras se encaminaban a la salida de la estación.

Ushijima negó, a lo que asintió convencido, sin embargo, cuando ya llevaban tres autobuses, dos taxis y un viaje en carreta comenzó a cuestionarse seriamente el sentido de las distancias del zurdo.

—Ya estamos cerca— Anunció el mayor ayudándolo a bajar de la carreta, Shirabu sintiéndose algo mareado por el largo viaje.

—¿De verdad?— Preguntó esta vez no muy seguro, despidiendo apenas al amable señor que siguió su camino después de haberlos acercado por el camino de tierra.

—Si, puedo verla desde aquí— Dijo señalándole una casa que dejaba verse unos metros más allá.

Había estado relajado la mayor parte del viaje, pero ahora que estaban cada vez más cerca, comenzaba a sentir su estómago apretado y la garganta seca. Ni siquiera los partidos más difíciles que habían tenido en la preparatoria lo habían hecho sentir así. Lo más cercano que recordaba era el día que se había confesado a la persona que caminaba distraídamente a su lado y no podía decir que era precisamente un día que le gustara recordar.

—Estás pensando demasiado de nuevo— Lo sorprendió el mayor, saliendo de su catastrofismo para notar sus iris oliva puestos en él.— Aquí— Ushijima colocó su dedo índice entre sus cejas— Cuando lo haces comienzas a fruncir el ceño.

—¿Lo hago?— Preguntó cubriéndose la frente, sorprendido de no haberse dado cuenta de su propio hábito.

—Si, lo haces desde hace tiempo— Respondió con simpleza— Cuando te molestaba el bloqueo en los partidos, cuando intentabas resolver los ejercicios de física o cuando perseguías a Goshiki con la escoba del gimnasio.

Estaba frunciendo el ceño solo de recordar los desastres que causaba su kouhai, cuando comenzó a procesar el verdadero significado tras sus palabras.

—¿Pasa algo?— Preguntó Ushijima sin entender.

—No, es solo que...no sabía que me observaba con tanta atención— Dijo casi en un murmullo, pero fue suficiente para que el más alto lo escuchara.

Ushijima fue consciente entonces de sus propias palabras, sintiéndose extrañamente en evidencia de algo que ni siquiera se había percatado que quería ocultar. Sus mejillas tomaron un tenue rubor que pudo pasar desapercibido para cualquiera, menos para quien estaba tan acostumbrado a identificar hasta el más mínimo cambio en su rostro desde que lo conocía.

—Sigamos, se nos hace tarde— Señaló el zurdo, volviendo a enfocar su mirada en el camino ante la mirada aún perpleja del castaño.

—S-si— Lo siguió sin comentar nada más, el atisbo de una sonrisa pellizcando sus mejillas mientras pensaba que con lo que acababa de presenciar ya tenía suficiente para ser feliz durante toda su vida.

No tardaron mucho en llegar al portón que daba a la entrada de una pequeña parcela, numerosos arbustos y flores rodeando la casa, además de un invernadero un poco más allá. Sinceramente, no distaba mucho de lo que Shirabu construía en su mente cada vez que Ushijima le hablaba respecto a los cultivos que hacía y de sus cuidados, solo faltaba...

—Los animales están al otro lado— Mencionó Ushijima— ¿Quieres verlos más tarde?

Shirabu asintió animado, viendo cómo los labios del contrario se curvaban ligeramente, haciendo que se cuestionara seriamente si lograría sobrevivir mucho tiempo más con su corazón volviéndose loco cada vez que hacía rostros como esos.

—Llegaste, Wakatoshi.

Ambos dirigieron la mirada a quien había hablado, un tono mesurado, pero cargado de la misma firmeza que utilizaba el zurdo para hablar. Shirabu lo supo de inmediato observando el porte elegante de la mujer que acababa de asomarse desde la entrada de la casa, su cabello oscuro cayendo apenas sobre la blusa negra que llevaba puesta y unos ojos afilados posarse en él, sintiéndolo tan familiar a la primera vez que se presentó en el club de volleyball ante la mirada de la estrella del equipo.

Tan parecidos...Ushijima definitivamente tenía la misma mirada que su madre.

No supo muy bien qué hacer considerando que la mujer no dejaba de verlo, analizando hasta el más mínimo detalle que pudo encontrar, soltando un ligero suspiro de alivio al ver que apartó su mirada para ver a su hijo acercarse.

—Buen día, madre— Saludó con tono respetuoso, a lo que Shirabu notó los ojos de la mujer ablandarse.

No parecía una mala persona.

—Es bueno verte, ¿cómo estuvo el viaje?

—Bien.

—Me alegro.

Shirabu entendió que lo de pocas palabras parecía venir de familia, pensando por unos segundos que si Tendou hubiera estado ahí ya hubiera a empezado a hacer bromas con ello.

—No sabía que vendrías con alguien— Dijo dirigiendo su mirada a Shirabu con un tinte de curiosidad—. Mucho gusto, soy la madre de Wakatoshi, Ushijima Fuyuko.

—E-el gusto es mío...hum...Ushijima-san— Dijo indeciso, acercándose hasta la entrada e inclinando levemente su cabeza, sintiendo la mirada de ambos puesta en él— Soy Shirabu Kenjiro.

—Está bien, puedes decirme Fuyuko— Dijo con una leve sonrisa— Los amigos de Wakatoshi siempre serán bien recibidos.

—Se lo agradezco, F-Fuyuko-san— Respondió, reteniéndose a corregir el "amigos" y esperando que a Ushijima no le moleste, aunque éste parecía distraído pensando otra cosa.

—Pueden pasar— Les indicó la entrada con tranquilidad—. Tu abuela te está esperando en la sala.

—De acuerdo— Asintió Ushijima, haciéndole un leve gesto al armador para que lo siguiera.

Lo único que podía pensar Shirabu al entrar es que comenzaba a entender mucho más de donde provenía la personalidad del rematador. La decoración tradicional japonesa, cada mueble o retrato ubicado de forma prolija en su lugar y los pasillos tan silenciosos que le daba un ligero escalofrío el imaginar a un niño crecer en una atmósfera como esa.

En un silencio tan asfixiante como ese...

Llegaron a una sala que destacaba por su gran ventanal, la luz filtrándose por éste y cayendo cerca de donde los esperaba una anciana sentada tranquilamente con un té frente a ella. Sus cabellos blancos sujetados en un moño elegante mientras partes de su kimono caían parsimoniosamente sobre la mesa.

No había puesto, ni siquiera un pie, sobre el suelo del salón antes de sentir su mirada puesta en ellos. Ella no tenía tanta similitud con Ushijima, uno que otro rasgo, pero fuera de eso, aquella mirada tan helada definitivamente no se parecía a la que conocía.

En silencio, ambos se sentaron en los puestos frente a ella, Shirabu aún sin atreverse del todo a verla directamente, en tanto la madre de Ushijima se dirigía a la cocina.

—Wakatoshi— Pronunció la mayor, un tono autoritario que bastaba para hacerle saber que era ella quien daba las órdenes en ese lugar—. Si te dignaste a venir, espero que sea con la noticia de que dejaste esa estupidez del volleyball.

Abrió un poco más los ojos por la sorpresa, mordiéndose los labios por reflejo para evitar que saliera alguna palabra por impulso.

"¿Estupidez...del volleyball?"

La imagen de Ushijima levantándose a trotar en la madrugada, sus remates a medianoche y el reflejo de la cancha en sus ojos cada vez que estaba por empezar un partido se repetía en su mente. Frunció el ceño, quedándose en silencio con esfuerzo.

—No lo dejaré— Respondió el más alto, un tono que daba a entender que ya había repetido esas palabras con anterioridad— No vine por ese motivo.

—Fuyuko me lo comentó— Mencionó con un suspiro molesto— Pensar que vendrías solo por una alfombra, ¿desde cuándo te interesan cosas como ésa?

Shirabu bajó la mirada, sintiéndose aludido con la pregunta, después de todo, era en gran parte por su causa. Para su suerte, la madre del zurdo volvió a entrar a la sala con un par de vasos, dejándolos frente a ellos tras servir algo de jugo, Shirabu agradeciéndole con un movimiento de cabeza.

—¿Ha sido muy difícil vivir por tu cuenta, Wakatoshi?— Preguntó Fuyuko acomodándose en el puesto junto a la anciana.

—No, Shirabu me ayuda con muchas cosas— Respondió con simpleza, a lo que el armador sintió sus mejillas calentarse.

—Un gasto de dinero innecesario— Soltó su abuela frunciendo el ceño.

—Mamá, ya hablamos de esto— La miró de reojo la mujer.

—Dejar que haga lo que quiera no lo llevará a ninguna parte, Fuyuko— La interrumpió— Lo único que lograrás será que se parezca cada vez más a su padre.

Shirabu apretó las manos sobre su regazo, las mujeres seguían discutiendo, a lo que desvió la mirada a la persona a su lado, el único que se mantenía en silencio, sus ojos enfocados en el líquido del vaso.

Parecía...tan acostumbrado a eso.

No, probablemente ese no era el motivo. Ushijima si parecía querer responderles, podía saberlo al centrarse un poco más en sus ojos.

Pero...su voz, esa tan firme y decidida que le conoce desde el primer día, no estaba siendo escuchada.

—Una persona mediocre, a eso es lo que llegará, con gente que se le reúne solo por conveniencia, pero no se da cuenta porque todo lo que haces es-

—No es verdad— Sintió las miradas de todos puestas en él, pero ya no podía seguir guardando silencio. No cuando sabía que le estaban haciendo daño con sus palabras—, Ushijima-san no es mediocre y jamás lo será, es una persona increíble que inspira a los demás con su estilo de juego. N-no conozco a su padre, pero si puedo decir que Ushijima-san ha llegado hasta donde está a base de constancia, que las personas que se reúnen a su alrededor es porque realmente lo estiman y quieren...porque es una gran persona, así que no, no estoy de acuerdo con lo que está diciendo.

La mayor le devolvió la mirada, un peligroso tono oscuro en sus iris, sin embargo, no se amedrentó ni revocó lo que acababa de decir.

—Oh ¿y tú crees que lo conoces mejor que nosotras?— Siseó notablemente enfadada— Llegas a mi casa, sin siquiera presentarte y comienzas a cotorrear estupideces, ¿quién te crees?

—Tiene razón, siento no presentarme antes— Dijo manteniéndole la mirada, sintiendo su corazón golpetear fuertemente en su pecho— Soy Shirabu Kenjiro, el novio de Ushij...de Wakatoshi— Se retractó al recordar que ellas tenían el mismo apellido, tan concentrado en sus palabras que no notó el ligero cambio en los ojos de la persona a su lado.

La anciana abrió los ojos perpleja, su ceño haciéndose más profundo a cada segundo que pasaba, en tanto su delicado kimono sufría las consecuencias de ser apretado fuertemente en sus manos. Por el contrario, la madre de Ushijima solo lo observó en silencio, probablemente ya intuyendo su relación desde antes, lo único que hacía era dar leves vistazos a la anciana a su izquierda.

No recibió ninguna respuesta, lo que solo lograba ponerlo más nervioso.

Dios, y pensar que estaba en esta situación por los dementes que se les ocurrió que podían hacer magia con velas de cumpleaños. Solo pensar en ellos hacía que sus ansías de amarrarlos a su balcón para que sean comida de palomas creciera.

Sintió un leve roce en una de sus manos, viendo cómo Ushijima mantenía la vista al frente, pero había apoyado con ligereza una de sus manos sobre la suya.

Fue entonces cuando el miedo y el nerviosismo desaparecieron por completo.

—Ya que están aquí, podrían ayudarme a cubrir la alfombra para el viaje— La madre de Ushijima rompió el silencio, levantándose de donde estaba y haciéndole una seña para que hagan lo mismo.

—Solo con Wakatoshi debería ser suficiente— Dictaminó la mayor tras un sorbo de su té, deteniéndolos cuando ya se estaban moviendo de su lugar, los ojos fijos en el armador— ¿Por qué no te quedas a charlar?

No la conocía lo suficiente, pero algo le hizo pensar que ese tono no era precisamente usado para hacer preguntas.

—Mamá— La voz de la mujer muy cercana a lo que parecía un respetuoso ruego.

Ushijima también se detuvo, mostrando su reticencia a dejarlo solo, haciendo que Shirabu se lo agradeciera mentalmente antes de apoyar con suavidad una mano en su espalda.

—Me quedaré— Dijo sorprendiendo al rematador, mostrándole una media sonrisa cuando volteó a verlo— Ve, yo estaré esperando aquí.

El zurdo no parecía muy seguro al respecto, aún así terminó por asentir, saliendo de la sala seguido por su madre, quien le dio una última mirada que no supo interpretar antes de desaparecer de su vista.

Tanto Shirabu como la anciana se quedaron solos en la sala, un silencio que se le hizo pesado, mientras trataba de recordar que esa señora de porte tan serio también tenía parte del hombre al que tanto amaba, así que no tenía sentido temerle. Sin embargo, no fueron muchos segundos después cuando ese pensamiento se desvaneció por completo junto al líquido del vaso que le acababa de derramar sobre la cabeza.

Apenas reaccionó a levantar la mirada por sobre las gotas que aún caían bajo su flequillo, viendo cómo volvía a acomodarse en su puesto como si nada.

—Pensar que un asqueroso homosexual se creería con el derecho de hablarme así— Pronunció con tono despectivo— Metiéndole tus sucias creencias en la cabeza a mi nieto, ¿qué impúdico truco usaste para seducirlo? ¿Cuánto lo manipulaste para que llegara a aceptar estar en una relación contigo?

Mordió sus labios, la mirada puesta en donde su ropa comenzaba a pegársele por el líquido. Nunca se había empeñado tanto en retener lo que quería decir, detener el impulso a hacerle lo mismo por la humillación por la que lo estaba haciendo pasar, la imagen de Ushijima menguando su ira mientras cerraba sus ojos para respirar profundo.

—¿No responderás? ¿Solo hablas cuando está Wakatoshi para defenderte?

—No veo la necesidad de hacerlo— Respondió devolviéndole la mirada—, dudo que cualquiera de mis palabras cambie su opinión acerca de mí.

La mayor hizo una mueca muy parecida a la exasperación, apretando con sus manos las mangas del elegante kimono.

—Tú eres el ejemplo perfecto de lo que estoy diciendo, dándole todas esas libertades y así es cómo termina— Dijo señalándolo vagamente— Todo porque su padre no encontró mejor manera de complicarnos la vida que dejándole ese sueño tan inútil.

—De mí puede decir lo que quiera, pero no permitiré que desestime el esfuerzo de Ushijima-san— Dijo manteniéndole la mirada dejándola callada— Algo como un sueño inútil, ¿realmente conoce a su nieto? ¿De verdad cree que se hubiera ido de Miyagi sin la real intención de convertirse en el mejor jugador?— Sabía que estaba hablando demasiado, pero ya estaba harto de esa casa que parecía querer callarlo todo—. Inténtelo alguna vez, vea aunque sea uno de sus partidos, le puedo asegurar que solo eso será suficiente para darse cuenta de lo mucho que ama lo que hace.

No hubo respuesta de su parte y Shirabu tampoco la esperó, se levantó de su asiento después de una leve reverencia y salió del salón.

[¿Querías las zapatillas blancas o las rojas?]

Suspiró después de mandar el mensaje, apoyando su cabeza en el cerco con gesto derrotado. La sensación pegajosa del jugo sobre su rostro solo aumentando su mal humor, ni hablar de los mosquitos que se atrevían a molestarlo en estos momentos.

Bueno, pudo ser peor.

No, la verdad no, probablemente en una escala del 1 al 10 ya estaría alcanzando el millón.

¿Ushijima se enfadaría con él por haber tratado de mala manera a su abuela? ¿Ella lograría convencerlo de que le hizo alguna clase de brujería y rompería con él?

No importaba cuantos casos visualizara en su mente todos terminaban mal, por lo que optó por simplemente apoyar su frente sobre sus rodillas.

[¿Tan mal fue?]

Vio el mensaje de Taichi por el rabillo del ojo, soltando otro suspiro justo cuando un nuevo mensaje llegaba.

[Si quieres algo para animarte, mira esto]

Adjuntó una foto donde se veía a Goshiki con un bigote falso y unas gafas oscuras tratando de comer su ramen mientras el armador de Datekou parecía contarle algo, una peluca que parecía disfraz de halloween sobre su cabeza. Ambos llevando un cartel de "No soy Goshiki" y "No soy Koganegawa" respectivamente.

Soltó un resoplido divertido, dando un sobresalto al sentir de repente algo húmedo sobre su mejilla. Vio con algo de pánico a la vaca junto a su rostro, dándose cuenta de que en su intento de huida había acabado junto a la cerca de los animales.

La vaca volvió a pasar la lengua por su mejilla, probablemente gustándole lo dulce del jugo, para después echarse a su lado.

Bien, no le agradó a la abuela de Ushijima, pero al menos parecía caerle bien a su vaca.

—Le gustas— Se sobresaltó al escuchar la voz de Ushijima, teniendo la tentación a volver a huir al notar que se acercaba— No suele darse con mucha gente.

—¿Es así?— Dijo viendo al animal dormitar a su lado, intentando no ponerse nervioso cuando vio que Ushijima se detenía frente a él.

—No estabas en la sala.

Movió con nerviosismo sus dedos sin atreverse a mirarlo, el mayor agachándose al notar algo extraño, frunciendo el ceño después de pasar la mano por su flequillo.

—Estás mojado— Evidenció mientras Shirabu no sabía donde meterse— ¿Pasó algo con-?

—Lo hice a propósito— Lo interrumpió, aún sin atreverse a devolverle la mirada— Q-quería refrescarme...— Dijo reprendiéndose mentalmente al no ocurrírsele nada mejor.

No estaba seguro de porqué parecía querer ocultar lo sucedido, solo no quería ver el rostro entristecido de Ushijima si llegaba a enterarse que no se llevaba bien con su familia. Además, sentía que el problema con su abuela tenía que resolverlo de forma personal.

El zurdo se quedó en silencio, Shirabu presintiendo que no lo había convencido del todo.

—¿Qué hay de la alfombra?— Preguntó tratando de cambiar el tema.

—Ya está lista— Indicó— Pero mi madre dijo que no podremos irnos hoy porque es peligroso tomar la ruta de noche.

—Oh.

Genial, ahora tendría que cuidar que la abuela de Ushijima no intente deshacerse de él mientras duerme.

—Hueles a naranja— Comentó el mayor acercándose a su rostro, las mejillas del armador calentándose por la repentina cercanía, más aún cuando sintió su aliento sobre su cuello.

—¿S-si?— Fue lo único que pudo decir, los ojos de Ushijima viéndolo de esa forma intensa que le ponía la piel de gallina.

Los labios del zurdo no tardaron en posarse sobre los suyos, ambos ansiosos de volver a probarse aún cuando no habían pasado tantas horas separados.

—Creí que internet decía que era un beso por día— Mencionó con una tenue sonrisa cuando se separaron levemente.

—Me gusta besarte— Dijo el mayor como toda explicación, acentuando su sonrisa.

Un carraspeo llamó la atención de ambos, Shirabu ya a nada de lanzarse de rodillas al suelo y pedir piedad para su pobre corazón cuando vio a la madre de Ushijima con la vista puesta en las vacas como simulando no haber visto nada cuando claramente lo había hecho.

—Pensaba mostrarle su habitación a Shirabu-kun— Mencionó—, pero si están ocupados...

—No, no, está bien— Dijo el armador con el rostro rojo, levantándose de donde estaba ante el sutil gesto decepcionado del zurdo.

Le hizo un leve gesto de despedida con la mano, a lo que Ushijima se lo respondió, sacándole una sonrisa. Después de eso, siguió a la mayor en silencio, distrayéndose con una que otra foto colgada por las paredes hasta que se detuvo en una, debatiéndose internamente por si no se vería muy desesperado si le sacaba una foto para tenerla de recuerdo.

—¿La quieres?

La mujer lo miraba con una sonrisa sincera, acercándose a sacar la fotografía del marco y tendérsela.

—N-no podría, yo...— Trató de negarse avergonzado, pero la mujer solo la puso sobre sus manos.

—Está bien, nosotros tenemos muchas más— Dijo antes de seguir caminando— Además, realmente parecías quererla— Añadió con un deje divertido, haciendo que sus mejillas se colorearan.

Terminó por aceptar la foto, sonriendo por inercia al ver que Ushijima tenía ese porte tan serio desde niño. Su fiel pelota de volleyball en uno de sus brazos mientras parecía debatirse con qué dedos mostrar a la cámara.

Oh, definitivamente guardaría esa foto por siempre.

Llegaron a una sencilla habitación que parecían disponer para los invitados, ayudándola a colocar el futón para después observar con extrañeza la bolsa que le tendía.

—Es algo de ropa, es de Wakatoshi así que probablemente te quede algo grande— Explicó con una mueca apenada—. Lo siento mucho, eso te lo hizo mi madre, ¿no es así?

Suspiró casi imperceptiblemente al darse cuenta que no podría ocultarlo de ella.

—Lo sabía, ella no quizo decírmelo cuando volvimos a la sala, pero solo con ver el vaso y parte del jugo desparramado me di cuenta— Dijo frunciendo el ceño entre enfadada y avergonzada— No sabes cuánto lo siento.

—Es-está bien, no tiene que disculparse— Negó algo incómodo de verla inclinándose frente a él.

—Ella suele ser bastante estricta cuando se trata de la crianza de Wakatoshi, más aún cuando nos separamos con mi esposo— Dijo con iris apagados, perdidos ligeramente en los recuerdos— También tengo la culpa por nunca detenerla, así que te pido perdón.

—En ese caso...no debería ser yo quien escuche esa disculpa— Soltó por reflejo, los ojos de la mayor abrirse sorprendidos, a lo que se apresuró en aclarar:— N-no quise sonar irrespetuoso, es solo...es solo que tal vez debería darse un tiempo para escuchar lo que su hijo tiene que decir al respecto también...

Ella se quedó en silencio, Shirabu temiendo haberlo arruinado de nuevo hasta que una suave risa se escuchó.

—Me alegro— Soltó con una sonrisa— Pensar que Wakatoshi encontraría a una persona que lo quiere tanto, me alegro mucho.

Su rostro se tiñó de rojo, lo que solo acentuaba la sonrisa de la mayor.

—Dime, ¿es cierto lo que dijiste antes?— Preguntó con tono tranquilo— ¿De verdad tiene buenos amigos a su lado?

—Si, los tiene, son bastante...excéntricos— Dijo a falta de una palabra que los describiera mejor—, pero todos le tienen un gran cariño.

Ushijima Fuyuko formó una gran sonrisa, pequeñas lágrimas acumulándose en sus cansados ojos cuando le dijo:

—Gracias.

Ushijima no podía dormir.

Eran contadas las ocasiones en que tenía ese problema, pero también era sumamente molesto para él.

Volvió a removerse entre las frazadas, quedando con la vista puesta en el techo, uno distinto al que se había acostumbrado a ver. Ya no estaba el sonido de los autos fuera, ni el del viento filtrarse sutilmente por su ventana. Tampoco una persona que sabía que descansaba a solo dos paredes de distancia.

Se levantó de la cama con el objetivo de ir por un vaso de agua, sus pasos haciendo eco entre las paredes, recordándole por unos momentos cómo era el caminar por esos mismos pasillos años atrás.

Silencioso.

Frío.

Solitario.

Iba atrapado en esos pensamientos cuando notó una cabellera de tono cobrizo asomarse desde una de las habitaciones, sus labios curvándose ligeramente al notar de quien se trataba.

—Shirabu.

El menor dio un sobresalto, volteando a verlo en posición de guardia con lo que parecía uno de sus zapatos, pero deteniéndose cuando visualizó so rostro entre la oscuridad.

—¿Ushijima-san? ¿Qué hace despierto tan tarde?

—No podía dormir.

Shirabu lo miró extrañado, sabiendo lo inusual que era eso en él.

—¿Y tú?

—Me pareció escuchar a alguien fuera, así que salí a ver— Dijo con una media sonrisa, su postura relajándose— Me alegro de que fuera usted.

—¿Con un zapato?

—Le juro que no intentaba golpear a nadie con él— Aclaró levantando los brazos, haciendo una ligera mueca avergonzada segundos después— Tal vez solo en defensa propia.

Ushijima sintió cómo el frío que había estado sintiendo antes comenzaba a transformarse en calidez.

—Volveré a la habitación entonces— Anunció el armador, pero antes de lograrlo Ushijima había detenido sus pasos sujetándolo de una de sus manos— ¿Ushijima-san?

—Shirabu— Dijo con un leve titubeo previo— ¿Te molesta si duermo contigo?

El rostro del castaño era un poema, sus brazos tratando de conjugarse con lo que intentaba decir hasta que pareció resignarse en la lucha consigo mismo y se apartó levemente del marco de la puerta para dejarlo pasar.

Fue cuando ya estuvieron los dos dentro de la habitación que Ushijima notó que Shirabu estaba usando una de sus playeras, la cual evidentemente le quedaba grande, lo cual probablemente también explicaba el porqué no estaba usando la otra parte del pijama.

—El pantalón no lograba sostenerse— Explicó al adivinar el curso de sus pensamientos, disimuladamente tratando de bajar un poco más la prenda para cubrir sus piernas.

Ushijima comenzó a cuestionarse si realmente había sido una buena elección quedarse ahí, más cuando no parecía querer apartar la mirada de la piel del armador, reprendiéndose mentalmente por eso.

—Sacaré el otro futón— Anunció ante el asentimiento del contrario, ambos llegando a la conclusión de que dormir en el mismo futón estaba fuera de discusión...al menos por ahora.

Lo acomodó junto al del castaño, cubriéndose con las frazadas, a la vez que veía a Shirabu hacer lo mismo. Ambos mantenían la vista puesta en el techo, demasiado avergonzados para dirigirla a la persona a su lado.

Recordó la voz de Shirabu en la sala, un tono de voz tan seguro que le dio una sensación de alivio que no comprendía del todo.

Como si lo hubiera aligerado de una pesada carga que no se había dado cuenta que llevaba.

—Shirabu.

—Si.

—Me gustaría que empezáramos a llamarnos por nuestros nombres.

El armador se levantó ligeramente de donde estaba, sus ojos marrones viéndolo desconcertado.

—Pero es mi senpai, eso sería-

—Soy tu novio también— Dijo manteniéndole la mirada— ¿No es así?

Las mejillas del menor obtuvieron ese tono carmín que tanto le gustaba, viendo cómo se tomaba unos segundos antes de volver a hablar.

—Wakatoshi— Pronunció devolviéndole la mirada, la sensación de que su corazón bailaba al son de la dicha en su pecho lo hizo poner una mano sobre éste para intentar calmarlo.

—Kenjiro— Dijo de vuelta, una sensación dulce recorrer sus labios en cada sílaba y más cuando notó el brillo en sus iris miel al escucharlo.

Volvieron a quedarse en silencio, el armador haciendo un gesto nervioso con sus labios.

—Creo que será más difícil de lo que pensé— Concluyó sincero— Deme algo de tiempo para acostumbrarme.

—De acuerdo— Se ahorró el decirle que no le molestaba esperarlo por años si era necesario.

El silencio volvió a cubrir la habitación, pero éste era uno reconfortante que lo arrullaba mejor que cualquier canción de cuna. Terminaron acomodándose uno frente al otro, ambos demasiado entretenidos en ver hasta el más mínimo detalle del rostro del contrario hasta que el castaño se fue quedando dormido poco a poco.

Cuando cayó completamente dormido, Ushijima se encargó de cubrirlo mejor con las mantas, una ligera sonrisa adornando sus labios cuando pasó con suavidad los dedos sobre su ceño.

El compás de su respiración fue más que suficiente para hacer que el sueño fuera ganándole también.


¡Hola, hola! Me costó mucho subir este capítulo, la página no me dejaba por más que intentaba T-T

Capítulo con problemas, dramas y algo fluff para el final ❤️

Espero que les haya gustado!

Saluditos virtuales!